INDEPENDENCIA HISPANOAMERICANA Y LUCHA DE CLASES

(Olmedo Beluche

La Independencia hispanoamericana fue una revolución en el pleno significado de la palabra, tanto como la francesa de 1789 o la norteamericana de 1776 o la Rusa de 1917. Todas las revoluciones clásicas, esto ha sido señalado por muchos, parecen desarrollarse en un ciclo que va trasladando el poder a través de las diversas clases sociales y sus fracciones, desde las más moderadas hasta las más radicales, para luego volver a asentarse sobre las moderadas, pero expresando una nueva realidad social y política surgida de entre el polvo y los escombros de años de luchas.

La otra cara del Plan Ceibal: Informática en la educación formal

(Pablo Romero)

la realidad del Perú a través de dos entrevistas de Guillermo Yucra Moreno

Entrevista a Róger Rumrrill: Amazonía Peruana, movimientos indígenas y lucha por los recursos naturales

Por: Guillermo Yucra

LA PAREJA GOBERNANTE

(Oscar Rovito)
Vaya al ruedo esta apostilla,
escrita en rima sencilla...

Yo fulan@, zutan@ y/o mengan@,

en mi simple condición de ciudadan@,

aún sabiendo que todavía no es momento

me he propuesto efectuar un lanzamiento.

Y lo hago desde este humilde muro,

por nuestra descendencia y su futuro;

porque quiero que salgan adelante,

quiero que siga esta pareja gobernante.

Propongo que los dos sean entonces

fórmula presidencial del 2011.

Que sea realidad y no ironía

del arco opositor con su falsía.

COLLAGE PARA ESTHER CASTAÑEDA

(Rosina Valcarcel)

La democracia en Nuestra América sigue en riesgo

(Antonio Peredo Leigue)

200 años de república

Febrero 29, 2010

En 2010 se celebra el segundo centenario de la independencia de España. Para 1810, la efervescencia republicana había rebasado las contenciones que la monarquía impuso durante la colonia. La lucha duró varios años desde entonces, pero la ruptura con España era irreversible a partir de aquel año.

La celebración tiene connotaciones complejas, pues muestra trastornos que demuestran que, nuestra democracia, cuando realmente se ejerce como voluntad del pueblo, disgusta a las grandes potencias. Apenas iniciado el año, un devastador terremoto asoló la más empobrecida de nuestras naciones: Haití. Pero, al mismo tiempo, el avance de nuestros pueblos, alarma a los poderosos como un grave peligro para su seguridad y, en consecuencia, arman campañas para intentar, una vez más, derrocar al presidente Hugo Chávez en Venezuela o al presidente Evo Morales en Bolivia. El bicentenario se vuelve tenebroso con la movilización de tropas estadounidenses que llegaron a Haití –si, la misma Haití asolada por un terremoto– en son de conquista.

El bicentenario no es, pues, una celebración; más bien tiene el carácter de una confrontación. La respuesta de nuestros países en Cancún, frente a tales intentos, ha sido sólida. Se conforma la comunidad de Nuestra América, como un frente unido contra la política de los poderosos. Cancún ha dado un claro mensaje: No se apropien de Haití. Es nuestra hermana y vamos a defenderla. Dijo también, muy claramente: No aceptamos los golpes de estado, actuaremos contra cualquier intento como el ocurrido en Honduras.

Tan fuerte ha sido el mensaje, que el gobierno de Washington envía, rápidamente, a su principal representante para intentar desenlazar la unidad lograda en Cancún. Porque, mientras Hillary Clinton recorre Nuestra América, los afanes golpistas recrudecen en Venezuela y una campaña de conspiración económica está en pleno desarrollo en Bolivia. El bicentenario ¿se celebra en un año crítico? o, más bien, ¿se fomenta un ambiente de crisis a propósito del bicentenario? Puede ser esto último, pues así se dio al cumplirse doscientos años de la independencia de Haití, en 2004.

“En efecto, el 15 de diciembre (de 2003) fue un día muy movido. Andy Apaid, jefe de la «oposición» al presidente Aristide, organizó una serie de manifestaciones esporádicas en las que unos cuantos infelices quemaban tres tristes neumáticos por unos pocos dólares para la mayor satisfacción de los periodistas franceses que Eric Bosc, de la embajada de Francia, llamaba para que fueran a fotografiar el «caos» cada día creciente en aquel país maldito gobernado por un «asesino», un «traficante de droga» y «psicópata perverso».

Eran esos los epítetos que utilizaba la prensa francesa contra el primer presidente democráticamente electo en Haití. Un periodista llegó incluso a escribir en Le Figaro: «El fracaso de Haití demuestra la incapacidad de los pueblos negros de gobernarse a sí mismos.» Nadie contradijo aquello”.
Claude Ribbe, periodista y exitoso escritor francés, hace ese relato impactante de los preparativos golpistas que, a cargo de un grupo francés, con el apoyo del gobierno de USA, se hacían entonces, para derrocar al presidente Bertrand Aristide. Dice que, en efecto, el 15 de diciembre fue un día muy movido, porque dos semanas antes, le dijeron, en tono pretencioso, que aquel día no llegarían ni saldrían vuelos de Puerto Príncipe.

Este periodista nos entrega un relato pormenorizado de aquel golpe de estado, a propósito del terremoto que asoló Haití. Su largo relato, comienza con esta curiosa, curiosísima reflexión:

“Yo lo sabía! Yo lo sabía muy bien que el olor emanando de los cadáveres de Haití en descomposición atraería [al escritor francés] Régis Debray, el hombre que cree que el Sr. Villepin [antiguo Primer Ministro del presidente francés Chirac] será coronado emperador de los franceses en marzo de 2012”. Si recordamos que Debray fue condenado a 30 años de cárcel, pese a que delató la presencia del Comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia, nos preguntamos: ¿qué hace en Haití el sexagenario intelectual francés? Ribbe nos saca de dudas rápidamente con una extraordinaria revelación: en aquel 2004 del bicentenario haitiano, Regis Debray fue encargado por su gobierno, para organizar y llevar a cabo un golpe de estado contra el presidente haitiano Aristide. Como ya vimos, la conspiración comenzó con una campaña de prensa.

¿Por qué se calumnió y luego se sacó de la cama a Aristide?, ¿qué razón había para temer a un sacerdote? La coincidencia es muy grande con sucesos de nuestros días. Pero, la razón profunda, era la demanda que había iniciado el presidente Aristide, ante tribunales internacionales, para que Francia devuelva la multimillonaria suma de dinero que le hizo pagar a título de indemnización por su independencia.

Regis Debray, en persona y acompañado por la hermana del primer ministro Villepin, armaron la conspiración pero, por supuesto, no podían dar un golpe de mano por sí solos. El señor Ribbe explica cómo se realizó el golpe: “Durante la noche del 28 al 29 de febrero de 2004, después de una última reunión entre el embajador de Estados Unidos, Foley, y su homólogo francés, Burkard, tropas estadounidenses (y probablemente también francesas) penetraron secretamente en Haití. En medio de la noche, Luís Moreno, jefe de la CIA en Puerto Príncipe, se presentó en el domicilio privado del presidente Aristide con una veintena de hombres de las fuerzas especiales. Varias decenas de soldados, armados con fusiles equipados de visores láser y sistemas de visión nocturna, asaltaron el lugar. Los estadounidenses obligaron al presidente Aristide y a su esposa a abordar un vehículo que los llevó al aeropuerto”. Así lo trasladaron al África. Así se consolidó un golpe de estado propiciado por los gobiernos de Bush padre y Jacques Chirac. Era la noche del 28 de febrero de 2004, año del bicentenario de la República de Haití. Entonces, usaron a un señor francés llamado Regis Debray, quien ha vuelto a Puerto Príncipe, después del terremoto. Ciertamente que no lo hace para ayudar a la reconstrucción. Debray se ha dedicado a ser agente de destrucción.

En Washington ya no está el señor Bush, pero la política sigue siendo la misma: cualquier acción es válida para contener la movilización de los pueblos. Lo hicieron en Honduras y, aunque todos los países de Nuestra América, condenaron el golpe y desconocieron el gobierno que instauraron, siguieron adelante.
2010 es el año del bicentenario en Sudamérica. Y aquí, en esta región, se intenta repetir la torpe pero efectiva acción golpista. Estamos a tiempo para impedirlo. Los gobiernos de los países que visite la señora Hillary Clinton deben coincidir en darle el mismo mensaje: habrá una reacción conjunta, de todos nuestros países, contra cualquier intento golpista en Venezuela, en Bolivia o en cualquier otra parte.