TERAPIA FELINA

(El nieto de Mordisquito)

(Lacan y Freud, nunca lo hubieran imaginado).

¡Estoy contenta! … Por fin pude comunicarme con el endiablado mundo de los humanos. Me llamo “Manucha”, soy una gata que en casa de mi dueña tengo ocasión de presenciar cosas de las que me gustaría hablar.

Primero debo hacer hincapié en el término dueña. Es una palabra un poco fuerte, un convencionalismo con que los humanos designan la propiedad de una cosa. Es sabido que los gatos somos una raza independiente, que brindamos nuestro afecto solo cuando nosotros lo decidimos. Si bien ella me aceptó en ese coqueto departamento, me brinda techo, comida, mimos ; recibe a cambio mi compañía, mis ronroneos, haciendo posible ese camino de ida y vuelta que se da porque tambien YO la elijo.

Sin embargo, para hacerla fácil, acepto usar esa palabra para designarla, despues de haber hecho la salvedad que NO SOY UNA COSA.

Para entrar en tema quiero contarles un poquito de mi historia anterior: Una tarde llegué a su casa acompañada por alguien que me recogió del Botánico, pensando que entre las dos podríamos aportarnos cariño y así fue.

Las cosas eran difíciles en la calle. Había que pelear por la comida siempre insuficiente. Eramos muchos en ese lugar. Varias veces tuve que soportar la crueldad de humanos que se divertían maltratándonos.

Felizmente para mi esa es una etapa superada. Ahora disfruto junto a ella cada ocasión en que recibe a otros humanos para desarrollar su profesión, bajo la atenta mirada desde una foto, de un viejo barbudo que segun dicen inventó ese trabajo. La gente viene, charla con ella un rato largo, escucha algun comentario y a cambio le deja eso que llaman dinero. Su tarea se designa con una palabra difícil: PSICOLOGA.

¡Son complicados los humanos! Muchas veces la plata es el tema del que hablan. Cuentan los inconvenientes relacionados con su falta, o el modo de ganársela. A nosotros los gatos, esa cuestión nos afecta menos, aunque debo reconocer que si viene a verla mucha gente, mi dueña me compra ese alimento balanceado que tanto me gusta. Cuando no venían muchos pacientes, tuve que bancarme la comida que ella misma me hacía y hay que reconocer que la cocina no es su fuerte.

El término pacientes, tampoco está bien usado ya que los que vienen no se caracterizan por tener la paciencia entre sus virtudes.

Otras veces en las sesiones surgen los conflictos originados con el sexo. Cuando los escucho recuerdo con nostalgia aquellos calores que me agarraban cuando veía en el botánico a ese gato pelirrojo de grandes bigotes que me atraía tanto, Desde que estoy aquí, y sobre todo desde que me llevaron a aquel veterinario, eso no volvió a pasarme. Esa vez me durmieron, desperté con una cicatriz en la panza y esa extraña sensación de no volver a acalorarme por gato alguno … ¿Me estaré perdiendo algo bueno ?

A menudo los pacientes tratan temas que los angustian como la soledad, allí no me siento identificada, me dan ganas de mimarlos, pero debo cuidar las formas.

Cuando aprendí el significado de la palabra autoestima no terminé de comprender. ¿Cómo es posible que no se crean valiosos ? Cada ser es único e ireemplazable. ¡Eso si que a los felinos no nos afecta ! En todo el barrio no hay gata con mejor opinión de sí misma que yo.

Todas estas cosas que estoy contándoles, daban vueltas en mi cabeza. No se me ocurría la manera de decirlo hasta que llegó un día un paciente nuevo. En la charla mencionó que solía escribir cuentos. Allí me dije: “Manucha, este tipo puede ayudarte”. Empecé a compartir cada una de sus visitas y a través de ese mecanismo que los humanos llaman telepatía, le transmití mis pensamientos. El cree que se le ocurrió una historia original, pero la cuestión que escribiéndola hizo posible esa comunicación con el mundo de los humanos que tanto anhelé.

Así fue como me ayudó mucho, ahora solo espero que mi dueña pueda ayudarlo a él. Yo estaré a su lado en cada sesión, acompañándolo.