SANTIAGO ARCOS Y LA SOCIEDAD DE LA IGUALDAD
(Sebastián Jans)
2.1. SANTIAGO ARCOS, SU ORIGEN E INFLUENCIAS
Este revolucionario chileno surgió en una de las etapas claves de la historia chilena, cuando se vivía la paz pelucona, luego de veinte años de gobierno conservador. Su acción y pensamiento lo convierten en el primer luchador social de nuestra vida republicana, y sus ideas influirán decisivamente en los años posteriores en el movimiento social chileno, a pesar de su breve permanencia de tres años en el suelo patrio.
Santiago Mariano del Carmen Arcos Arlegui, nació en Santiago, el 25 de julio de 1922, siendo el cuarto hijo de Antonio Arcos Arjona e Isabel Arlegui Rodríguez. Al poco tiempo de nacer, su familia marchó de Chile, producto de los problemas políticos de la naciente república, por lo que el niño no conocería su país de origen sino hasta cuando llegó por tres años a ocupar un lugar en su historia.
Su padre, de origen gallego, fue un oficial del ejército del rey español Fernando VII, que desertó para unirse a las fuerzas de Napoleón Bonaparte. Cuando el ejército de éste fue derrotado, Antonio Arcos huyó hacia Sudamérica, donde su puso a disposición del naciente Ejército de Los Andes, que organizaban San Martín y O’Higgins para liberar a Chile del dominio español. La estrecha amistad que mantiene con ellos, le permitirá convertirse, posteriormente, en el primer director de la Academia Militar chilena. Al abdicar O’Higgins, se ve obligado a huir a Mendoza, desde donde marcha a Brasil, donde se vincula con la Corte de Pedro I de Braganza, primer Emperador de ese país.
La inestabilidad política de ese país, estimula al gallego a marchar con su familia a París, donde toma contacto con el Mariscal Jourdain, un alto miembro de la Corte francesa, que había sido uno de los jefes del ejército napoleónico. Este lo vincula con los banqueros y prestamistas judíos, especialmente con Jacobo Lafitte, con estrechas relaciones con los hermanos Rotchilds, que, después de haber salido de un ghetto en Frankfurt, se estaban convirtiendo en magnates del capitalismo mundial.
De este modo, Antonio Arcos inicia sus actividades como banquero y especulador, mientras sus hijos se vinculan con la alta sociedad parisina, recibiendo una educación apropiada con su condición de burgueses cortesanos. Sin embargo, tiene una oveja negra, su cuarto hijo, quien se caracteriza por el desacato a la voluntad paterna. No es buen estudiante, ni siquiera pretende seguir estudios superiores, dedicándose a derrochar el dinero de su padre, frecuentando la vida noctámbula de París.
Era la Francia de 1842, donde el capitalismo se cimentaba en el país, aunque con menos bríos que en Inglaterra. El sistema fabril y la mecanización de la producción se implementaban en las zonas textiles del norte francés, en la minería, en la industria química, en las tejedurías de lana, en la refinería azucarera, en la industria del jabón y en la metalurgia. Mas de 2.000 máquinas a vapor se hallaban funcionando. París bordeaba el millón de habitantes, y las tres cuartas partes de la población francesa aún vivían del trabajo de la tierra. Según George Rude (1), el taller, lejos de desaparecer, se había arraigado, y todavía había cinco obreros por cada empleador. Lo que constituía la bourgeoisie eran los banqueros, los fabricantes mercaderes, los especuladores y los dueños de bienes raíces. Pero, aún cuando el capitalismo progresaba poco, las ideas sí tenían un avance muy importante.
En 1830, habían aparecido los primeros periódicos obreros: Journal des Ouvries, Le Artisan y Le Peuple, que estimularon las primeras insurrecciones de pequeños talleres y jornaleros en 1831, bajo el lema Vivre en travaillant ou mourir en combattant. En junio del año siguiente, 70 soldados y 80 insurrectos morirían en revueltas provocadas por las viviendas miserables, los bajos salario y la falta de trabajo. En 1834, nuevos estallidos de violencia se producen en Lyon. Es el año cuando la palabra socialismo es usada por Pierre Leroux, por primera vez, y las ideas de Blanc, Cabet, Barbet, Saint Simon y Blanqui circulan entre los obreros. El último de los nombrados siembra la insurrección popular y la lucha de clases, fundando clubes y sociedades secretas que estimulan la lucha de los ouvries por sus reivindicaciones.
Santiago Arcos frecuentaba los teatros, el bajo mundo y los medios intelectuales parisinos, fuertemente influenciados por aquellas ideas. Era la época de Baudelaire, Gautier, Victor Hugo, d’Aurevilly y Delacroix. Inglaterra, país que Arcos visitó, era agitado por las protestas y mítines de los cartistas, en los distritos manufactureros, entre los mineros de Tyneside y los hilanderos de Bolton. Las zonas industriales habían sido conmovidas por manifestaciones en 1837, 1839 y 1842, en Durbahn, Northumberland, Birmingham, Manchester y Macclesfield. Las revueltas "Plug Plot" se caracterizaron por la lucha por aumentos de salarios y las demandas de abolición del sistema truck, que consistía en el pago de salario por medio de mercancías en vez de dinero.
Barros Arana y Vicuña Mackenna señalan que el joven Arcos fue lector de los escritos de Saint Simón y Owen. Es imposible, además, que estando en Francia e Inglaterra, en ese tiempo, no hubiera leído a Cabet, Fourier y Louis Blanc, o escuchado sobre los planteamientos de Ledru-Rollin en el parlamento, o leído el diario La Reforme. Tampoco pudo dejar de leer a Proudhon, que en 1849, publicaba en París su libro "¿Qué es la propiedad?". Es mas, todo parece indicar que participó en alguna de las sociedades secretas organizadas por Blanqui.
En 1845, llegan a Francia tres chilenos que se vinculan a Santiago Arcos: ellos son los hermanos Francisco y Manuel Antonio Matta, y un joven soñador y elocuente que se hizo asiduo lector del anticlericalismo francés, Francisco Bilbao. Estos le despiertan a Arcos el interés por su país natal, ese Chile casi desconocido que existe allá, en los extremos de América del Sur. De este modo, al cumplir 25 años, Santiago le manifiesta a sus padres su voluntad de regresar a su patria de origen.
Con la anuencia paterna emprende el viaje, en cuya larga travesía conocerá a Domingo Faustino Sarmiento, con el cual establecerá una estrecha amistad, arribando ambos a Valparaíso en 24 de febrero de 1848.
Notas
1. "La multitud en la historia". George Rude. Editorial Siglo XXI.
2.2. CHILE A LA LLEGADA DE ARCOS
Su llegada es un hecho extraordinario para la provinciana capital chilena, donde la presencia de un joven llegado de París, se convierte en un requerimiento obligado para animar los saraos y las reuniones sociales de la aristocracia criolla. Las invitaciones a tales eventos le mantienen ocupado por varios meses, pero, no le impide observar la realidad de su país natal.
Arcos llega en las postrimerías del gobierno del general Bulnes. El despotismo del absolutismo presidencialista, que la Constitución de 1833 había consagrado, por obra de Portales y Mariano Egaña, significaba el predominio absoluto de la aristocracia pelucona. Para Alberto Edwards (1) aquel régimen había puesto fin al desconcierto político y administrativo, y se sustentaba en la única clase capaz de comprender y defender los intereses del país. El cuadro de las ideas mostraba el predominio de las tradiciones españolas del despotismo ilustrado. Julio Heisse (2) señala que Mariano Egaña, el mas destacado teórico de la república pelucona, soñaba con un gobierno a lo Carlos III, como lo hicieran Lucas Alemán, en México, o Bartolomé Herrera, en Perú.
La mentalidad de la aristocracia, que mayoritariamente fue contraria a la Independencia, pero que recibió sus frutos, era de influencia española, por lo que el espíritu tradicionalista predominaba en todos los niveles de cierta influencia en la sociedad. Como es lógico, esto se advertía incluso en la literatura y en la incipiente intelectualidad de la época, cuya sumisión a la influencia hispánica y al siglo XVIII era patética.
Por eso, la fresca brisa que el joven Arcos trae de París, no deja de entusiasmar a mas de algún liberal incipiente. Arcos trae un nuevo lenguaje, las nuevas ideas, los nuevos valores, que agitan las conciencias de los europeos. Trae en sí el mundo nuevo que irrumpe contra el absolutismo, de la mano de la nueva clase dominante: la burguesía.
Con la llegada de los barcos desde Europa, luego de semanas de cruce del Atlántico, y del lento orillar de la costa oriental sudamericana, hasta cruzar el Estrecho de Magallanes y llegar a Valparaíso, se conocen en mayo de 1848, las primeras noticias de lo que ocurre en París. En febrero de ese año, se realizaron reuniones que promovían la ampliación del sufragio, que fueron prohibidas por el gobierno de Guizot. Grandes demostraciones populares, que contaron con el apoyo de la Guardia Nacional, pusieron al país en estado de insurrección, y rebeldes armados asaltaron las Tullerías, provocando la abdicación y fuga del Rey. Se formó un gobierno provisional en el Hotel de Ville, donde figuraron Ledru-Rollin, Lamartine, Louis Blanc y el obrero metalúrgico Albert, que reconoció el derecho al trabajo, mediante talleres nacionales bajo administración estatal para los desocupados, derecho a agremiarse, jornada laboral de 10 horas, abolición de la prisión por deuda, voto para todos los varones adultos y la proclamación de la República.
Pronto, sin embargo, se abrió una brecha entre los socialistas y el gobierno, el que reprimiría a los obreros, siendo apresados Blanqui, Albert y Barbés. En junio, nuevas insurrecciones desataron la represión, ordenada por la Asamblea Nacional, dirigida por el general Cavaignac, provocando mas de 2.000 muertos, 15.000 detenidos y 4.000 deportados a Argelia.
El provinciano mundo de la aristocracia chilena comentó escandalizado sobre la barbarie de la chusma, solazándose de la paz de ofrecía el peluconismo. Sin embargo, en Santiago, los intelectuales de la generación cultural de 1842, comenzaban a agitar las banderas del liberalismo, bajo la influencia de algunos notables intelectuales extranjeros (el venezolano Andrés Bello, los argentinos Domingo F. Sarmiento y Bartolomé Mitre), que conducirían a la gestación del Club de la Reforma, y que, luego de las noticias que provenían de París, darían vida a la efímera Sociedad Caupolicán.
En tanto, Arcos cruzaba la Cordillera de Los Andes, en la primavera septentrional de 1848, con el fin de aventurarse en las pampas argentinas. Existe cierta base para creer que ese viaje lo realizó como emisario de los liberales argentinos avecindados en Chile (Sarmiento, Mitre), imposibilitados de volver a su país, debido a ser perseguidos políticos. Poco después, el joven Arcos estaba de vuelta nuevamente en Chile.
Su padre, que ya bordeaba los 60 años, siguiendo el impulso de su hijo, llegó a principios de 1849, huyendo de los aires revolucionarios franceses, y fundó en Valparaíso el Banco de Chile de Arcos y Cía. Su habilidad como especulador experto, ganada como banquero en París, puso en serios aprietos a los prestamistas de Valparaíso, incapaces de equilibrar los bajos intereses que el gallego ofrecía por medio de su identidad. Con la complicidad del gobierno, se crearon una serie de trabas con el fin de limitar su campo de acción, y evitar la quiebra del anticuado sistema financiero chileno. Desalentado, Antonio Arcos cerró las puertas de su banco y regresó a Europa, a mediados de 1850, apenado por el fracaso de su empresa y por la rebeldía de su hijo, entregado a las pasiones de los homme en blouse, como se conocía a los rebeldes obreristas franceses. Al año siguiente, don Antonio moriría, legando una cuantiosa fortuna.
A su regreso de Argentina, es cuando Santiago Arcos comienza a protagonizar la historia de su paso por la lucha social de Chile. Se vincula al Club de la Reforma, donde se reencuentra con Francisco Bilbao, su conocido de París, y que también había conocido las barricadas de los ouvries. Allí advierte que está expresado un clima de sorda protesta, aún sin un curso consciente respecto a lo que había que hacer frente al régimen pelucón.
Bilbao era un orador incansable, de fuerte énfasis anti-clerical y laicista, demócrata y liberal extremista, que, según Marcelo Segall (3), lo convirtió en el arquetipo americano del poeta Lamartine. Dice este autor que, siendo Arcos y Bilbao de familias pudientes, su dinero les permitió leer, viajar y predicar la revolución sin dificultades materiales. Un fin común los uniría: convertir la república pelucona en una república liberal. La experiencia francesa e inglesa de Arcos, su vinculación con el socialismo utópico, le hicieron entender los problemas que afectaban a la joven República, con mas acierto que Bilbao: sabía que la única diferencia entre los conservadores era la riqueza, el poder y los cargos públicos, y no un proyecto político distinto. Sin embargo, su pensamiento, pese a todo, encaja en la revolución democrática de la burguesía. Segall considera que Arcos es la expresión intelectual en Chile, de la burguesía mas avanzada de su tiempo, que tuvo otros exponentes: uno de ellos, Antonio Orihuela, en el parlamento carrerino de 1811, e Isidoro Errázuriz, que plantearon en su tiempo el fin del latifundio. Ambos, sin embargo, no lograron unir sus proposiciones a un movimiento político, lo que sí ocurre con Arcos, que fue capaz de unir las propuestas de la revolución democrática burguesa a un movimiento político en ciernes, que se expresó en la Sociedad de la Igualdad, en un terreno propicio, arado y abonado por la crisis económica, en que el país cayó a fines del gobierno de Bulnes.
Notas
1"La fronda aristocrática"
2 "10 años de evolución institucional". Editorial Andrés Bello.
3 "Desarrollo del capitalismo en Chile". Editorial del Pacífico.
2.3. LA SOCIEDAD DE LA IGUALDAD
Los adeptos de Arcos fueron apareciendo, inicialmente, entre los alumnos del Instituto Nacional, y entre algunos literatos vinculados a la primera hornada intelectual chilena, surgida a partir de 1842. De allí que Edwards (1) plantee, que se trataba de "un simple movimiento académico". Vicuña Mackenna, revolucionario arrepentido en su madurez, diría posteriormente, que fue un movimiento que estuvo entregado a una juventud sin experiencia, cuyas quimeras peligrosas, le enajenaron la simpatía de todos aquellos que tenían intereses que defender. A éstos jóvenes e intelectuales, se sumaron los liberales emergentes, que habían fracasado tratando de dar forma a un Partido Philopolita y algunos de los "pipiolos" o liberales vencidos en Lircay, así como muchos artesanos o proletarios, receptivos a los nuevos aires que llegaban de Europa.
Son éstos los que acuerdan dar forma a una asociación, que en el campo de las ideas, primero, y luego, en la acción, constituyeran un movimiento ciudadano por las reformas, similar a los existentes en Francia. Uno de los más entusiastas con la idea, fue el joven líder laicista Francisco Bilbao, a los que se sumaron Eusebio Lillo, José Zapiola, Francisco Prado Aldunate, Manuel Guerrero, los obreros Mondaca, Ambrosio Larracheda y Cecilio Cerda, y el ex militar pipiolo Piña Borcosqui. Zapiola sostiene que fue Arcos quien propuso la fundación de esta sociedad, con características parecidas a las fundadas por Blanqui, es decir de carácter secreto con grupos no mayores a 24 personas. El nombre, en tanto, fue propuesto por Piña Borcosqui. Prado Aldunate, en tanto, era contrario a la idea de hacer grupos secretos, y propuso que se hicieran asambleas abiertas cada 15 días. El trato entre los miembros de la sociedad sería de ciudadanos.
El primer directorio de la sociedad, quedó formado por las siguientes personas: Eusebio Lillo, presidente; Manuel Guerreo, vicepresidente; Francisco Bilbao, secretario; José Zapiola, prosecretario; Arcos, Larracheda, Prado y Cerda, directores. Este directorio encabezó la constitución de organismos de base, como lo planteaba Arcos, los que no solo se formaron en Santiago, sino también en provincias, aunque los historiadores no han logrado establecer la cantidad que ellos, por predominar su carácter secreto. Pero, se sabe que hubo filiales en los barrios de Santiago y Valparaíso, en San Felipe, Copiapó, Coquimbo y La Serena. En esas ciudades se reunieron los ciudadanos igualitarios en saraos – es decir, encuentros sociales – y mítines públicos, para plantar árboles de la libertad. Algunos de esos grupos han quedado identificados por la historiografía. El número 1, fue presidido por Manuel Guerrero, teniendo a Zapiola como secretario. El número 2, lo presidía Arcos, con el joven Benjamín Vicuña Mackenna de secretario. En los caseríos de La Chimba, al norte del río Mapocho, funcionó otro grupo, formado por proletarios.
Hubo un convenio inicial entre los igualitarios, respecto de abstraerse de la lucha partidista de ese momento, manifestada entre los conservadores en el poder y los liberales en la oposición, sobre todo cuando ella se daba en torno a la designación de la próxima candidatura presidencial, volcando a cambio los esfuerzos en la promoción de las ideas igualitarias.
Al poco tiempo, se inició la publicación de un periódico, "El Amigo del Pueblo", con el mismo nombre del que publicara Marat, en las jornadas revolucionarias francesas de 1879. Su director fue Eusebio Lillo. A pesar del compromiso de no comprometerse en la pugna presidencial, Lillo no quiso mantenerse al margen de esa controversia, y se abanderizó contra la candidatura de Manuel Montt, lo que incidió en que poco a poco los demás igualitarios fueran viéndose involucrados en la pugna contingente.
Desde el periódico, los igualitarios disparaban sus acusaciones contra el despotismo conservador. Lillo decía abiertamente: "Queremos que nuestro pueblo se rehabilite de veinte años de atrasos y tinieblas. Queremos que los que representan hoy los principios de esos fatales veinte años, caigan de rodillas ante el pueblo que se levanta a recobrar su puesto". Bilbao, en tanto, transmitía con su estilo proclamatorio, que le dio el título de Lamartine chileno, "los que esperamos el triunfo de los buenos principios y tenemos fe en el porvenir, los que deseamos la luz y la abundancia para el artesano, liguémonos bajo una sola bandera y emprendamos la regeneración de Chile". Santiago Arcos, en tanto, trataba de mantenerse al margen de ese conflicto y planteaba otras preocupaciones: "La clase obrera ha pasado desapercibida para los hombres públicos de Chile, y ha llegado el tiempo de que esa clase obrera adquiera consciencia de su poder. Deber es de los que mandan prevenir ese momento en que, cansado el obrero de trabajar sin fruto y sin protección, reclame por la fuerza lo que no ha podido conseguir con la calma y el sufrimiento".
La mirada de Arcos, sin duda, se posaba en la realidad social, mas que en la pugna que cruzaba a los sectores pudientes. Advertía que existía un artesanado poco poderoso. A los campesinos no se les pasaba por la mente que su suerte podía ser diferente: mal vestidos, mal comidos, no parecían darse cuenta de su situación. Un gañán de campo ganaba un real y medio al día. Los mineros recibían de 4 a 6 reales por 12 horas de trabajo, de lunes a domingo. El sueño del pobre más audaz era irse a Copiapó y repetir la hazaña de un Juan Godoy, descubridor de Chañarcillo.
Para formarnos una idea aproximada de los oficios de la época, que nos permitan formarnos una idea de las clases sociales, y su relación con la división del trabajo, podemos citar algunas cifras de Segall (2), del año 1854, que no tienen una variación importante respecto de 5 años antes:
Trabajadores manuales
madereros 11.353
Mineros y pedreros 117.840
metaleros 4.191
arcilleros 6.071
curtimbreros 11.620
costureras 63.534
servidumbre 83.321
Burocracia
empleados 1.319
uniformados 7.343
escribanos 659
profesores 995
Otros
comerciante 18.997
arquitectos 1.152
Todos estos habitantes del país vivían marginados de los derechos que emanaban de su condición de ser partes integrantes y vitales de la sociedad, habilitables como ciudadanos, cuestión fundamental que el liberalismo debía promover, como una cuestión de principios.
Sin embargo, ello no estaba presente en los emergentes liberales chilenos. En las demandas que enarbolarían frente al régimen pelucón, no había cabida para tanta audacia, que pudiera repetir los excesos que Francia había tenido que vivir.
Indudablemente, el temor de la clase acomodada comenzó a dejarse sentir, como consecuencia de las proclamas y artículos de "El Amigo del Pueblo". Desde los inicios del gobierno de Bulnes, la figura de Manuel Montt fue realzándose como el más probable sucesor, lo que vino a ser confirmado, en mayo de 1849, cuando Camilo Vial perdió el Ministerio del Interior, ante la emergencia de la agitación que protagonizaban los opositores en las principales ciudades del país, donde los igualitarios estaban jugando un papel fundamental, que se iba haciendo cada vez más coincidente con la oposición liberal.
Las coincidencias de los grupos opositores se resumían en los siguientes puntos: una nueva Constitución, fuertemente liberal; derogación de las facultades extraordinarias y del estado de sitio; derogación de la reelección en los máximos cargos del Estado; supresión del Senado, recayendo la facultad legislativa en los ministros del despacho (diputados); poder judicial electo y renovable cada cinco años; ampliación del sufragio; absoluta libertad de imprenta; facilidad en el otorgamiento de la ciudadanía; abolición de los privilegios.
Esas propuestas harían escribir, medio siglo después, a Alberto Edwards, que su enunciación "no podía traer sino desorden y anarquía en un pueblo ignorante y atrasado". Lo cierto es que tales proposiciones eran bastante avanzadas para una época aún dominada por las ideas del despotismo, pero, bajo ningún punto eran descabelladas. Por el contrario, resumían el pulso de evolución necesaria que necesitaba, social y culturalmente, la sociedad chilena para romper con su reciente pasado colonial. Para la clase dominante, obviamente, constituían un peligro.
Por ejemplo, respecto del sistema eleccionario, el sistema establecido por la Constitución pelucona de 1833, colocaba en manos del Ejecutivo el poder designar los funcionarios electorales, los cuales se dedicaban fundamentalmente a librarse de los opositores. Los individuos con derecho a voto, para hacerlo efectivo, debían inscribirse en los municipios, los que calificaban al elector con un certificado. Federico G.Gil (3) señala que en 1864, el número de electores era de 22.261, y que, poco antes de las elecciones, los funcionarios electorales retuvieron 13.000 certificados de calificación, asegurando de este modo el triunfo de los candidatos del gobierno.
Notas
1) "Bosquejo histórico de los partidos políticos chilenos". Alberto Edwards. Editorial del Pacífico.
2) "Desarrollo del capitalismo en Chile". Marcelo Segall. Editorial del Pacífico.
3) "El sistema político en Chile". Federico G.Gil. Editorial Andrés Bello.
2.4. EL CLUB REFORMISTA DE LA CALLE DE SAN ANTONIO
En medio de la pugna presidencial, Santiago Arcos siguió dando forma a sus planes revolucionarios y la Sociedad de la Igualdad comenzaba a crecer e influir decisivamente en la sociedad santiaguina. Con el aporte de varios miembros adinerados de la sociedad, arrendaron un caserón ubicado en la esquina norponiente del actual cruce de las calles Monjitas y San Antonio, a una cuadra de la Plaza de Armas e Santiago, entonces el núcleo de la ciudad capital.
En esa casa, que había sido la sede del liberal Club de la Reforma, los igualitarios establecieron su Club Reformista, con el propósito de que fuera un lugar de encuentro de los ciudadanos de la igualdad. Hasta allí llegaban sus socios, para confraternizar y leer libros y periódicos que llegaban de Europa, trayendo las noticias y las ideas de una Europa convulsionada por los cambios. Allí también se efectúan las asambleas de los simpatizantes de la Sociedad.
La primera gran reunión de los ciudadanos igualitarios se efectúa el 14 de abril de 1850, movilizando a mas de 200 personas, un número considerable para la época, que daba la impresión de ser una reproducción de alguna journées de la Francia revolucionaria. Junto a elegantes jóvenes del Instituto Nacional, estaban los artesanos y los rotos de poncho y ojotas venidos de los barrios marginales. Arcos toma la palabra y plantea: "¿Qué fuerza sería suficiente para apagar el clamor de 10.000 ciudadanos obreros, que exigiesen reunidos mas justicia y más protección para su clase y para sus trabajadores?. ¿Qué gobierno subiría entonces al poder sin haber estudiado antes las necesidades del pueblo para remediarlas y hacerse aplaudir por las clases trabajadoras? Para conseguir talleres nacionales, escuelas gratuitas, es preciso que comience la clase de artesanos a unirse entre sí y fortalecerse. Es preciso que vaya adquiriendo conciencia de lo que vale y de lo que puede".
En sus palabras, indudablemente, hay una notable influencia de los sucesos franceses de 1848, que contempló como una de las reivindicaciones fundamentales por parte de las coalitions d’ouvrieres, la creación de talleres nacionales por parte del gobierno para hacer frente al problema de la falta de lugares de trabajo, asimilación de la idea de Blanc, que promovía los llamados talleres sociales. Es advertible, por lo demás, la diferencia entre Arcos y sus compañeros en la cúpula de la Sociedad, mas imbuidos por los conflictos políticos del momento. Para Arcos, notoriamente, los problemas sustanciales del país, son de carácter social y un cambio de gobierno no traería modificaciones en ningún sentido, en lo relativo al orden social.
Entre abril y julio de 1850, la Sociedad de la Igualdad había triplicado sus socios, y en algunas asambleas había un verdadero mar de chupallas junto a lujosos sombreros de paño. Sin embargo, las diferencias de propósitos de los igualitarios se iban haciendo mas patentes. Por un lado, estaba la cuestión política, que diferenciaba a Arcos de los liberales mas radicalizados que se amparaban en la Sociedad. Por otro lado, estaba la cuestión religiosa, que diferenciaba a Arcos de Bilbao. El periódico "El Amigo del Pueblo", a instancias de éste último, publicó dos trabajos que conmocionaron a los católicos, incluso de la misma Sociedad: "Las palabras de un creyente", de Lammenais, y los "Boletines del Espíritu", del propio Bilbao, en que proyectaba todo su fervor anticlerical. Estas publicaciones produjeron tal revuelo, que el obispo de Valparaíso optó por excomulgar a Bilbao, mientras las feligresías de las parroquias emprendieron una agresiva campaña contra la Sociedad de la Igualdad y a favor de la candidatura de Montt.
La policía, en tanto, por orden de las autoridades, se preocupaba de enfrentar a los igualitarios a su modo. El jefe de la sección de seguridad, capitán Tomás Concha, preparó un golpe de matonaje, para lo cual contó con la colaboración de Isidro Jara, El Chanchero, un oscuro personaje que era nieto de un cacique de Codegua, el que formó una partida con un grupo de hampones de La Chimba, reforzada por algunos policías. Este grupo de choque se dejó caer una noche sobre el Club Reformista de la calle de San Antonio, donde se encontraba una treintena de igualitarios, con el propósito de darles una soberana paliza. Cuenta Encina (1) que se produjo una formidable batahola que provocó la caída de las velas, mientras, en medio de la oscuridad, los pugilatos entre defensores y atacantes se hacían a tientas. Luego de varios minutos de incidencias, los asaltantes emprendieron la huida, siendo atrapados en la oscuridad por la policía del capitán Concha, creyendo que se trataba de igualitarios en fuga.
Estos incidentes y el constante ataque conservador contra los miembros de la Sociedad, fueron aumentando las simpatías de mas santiaguinos, al punto que una gran cantidad de opositores al gobierno, fueron aceptando el liderazgo de los igualitarios, provocando el aumento de la temperatura política. Demás está decir, dentro de los factores subjetivos que son del caso tener también presentes, que Bilbao era apoyado fervorosamente por las señoritas casaderas de la sociedad santiaguina, que idealizaron la figura de cabellos rubicundos, barba cuadrada y ojos azules del vibrante orador anticlerical. Los desfiles diurnos y nocturnos de los igualitarios se hicieron cotidianos, ante lo cual, el gobierno resolvió responder con un bando que reglamentaba las reuniones políticas. La Sociedad de la Igualdad resolvió entonces hacer una demostración de fuerzas, convocando a una marcha por la Alameda de las Delicias, el 14 de octubre de 1850, donde desfilaron de dos en dos, completando una cantidad que los historiadores hacen fluctuar entre 1.500 y 2.500 personas, todo un suceso para la época. Esa jornada hizo meditar al gobierno sobre los alcances y riesgos de la Sociedad, mientras la oposición aumentó su entusiasmo y se lanzó abiertamente a la conspiración.
En esos días, justamente, estalló un motín en la provincia de Aconcagua, que fracasó cuando las fuerzas del gobierno lograron capturar un cargamento de municiones que iba hacia la ciudad de San Felipe, para ser entregado a los conjurados. Aislados y sin municiones, los rebeldes debieron deponer las armas. Este hecho dio pretexto al gobierno para declarar el estado de sitio, el 7 de noviembre de 1850, y ordenó el apresamiento de los jefes del Partido Liberal y de la Sociedad de la Igualdad. Cayeron en manos de la policía Lastarria y Arcos, de la misma forma que Errázuriz, Lillo, Guerreo, Zapiola, Mondaca, Larrechea y Alemparte. Bilbao y otros líderes liberales lograron ocultarse para seguir fraguando planes contra el régimen. El 9 del mismo mes, se publicó un bando que prohibía la Sociedad de la Igualdad o cualquier grupo similar. Pocas semanas después, Santiago Arcos era desterrado a Perú.
En diciembre de ese año, en Valparaíso, se publicaba un escrito de Santiago Arcos, cuyo título era La Contribución y la Recaudación, que en una de sus partes decía: "Un malestar inmenso pesa sobre las sociedades humanas. El pobre, condenado a un trabajo monótono y repugnante, vive embrutecido. El rico ve su fortuna amenazada por cada proletario que pasa por su puerta. La desigualdad de las condiciones mantiene entre los hombres una guerra incesante. Las diferentes clases que forman la sociedad se odian".
Era la reflexión de un analista social que reconocía la existencia y el carácter de una forma de lucha de clases, en el seno de la sociedad chilena, con la agudeza de una mirada mas profunda que la provocada por intereses circunstanciales.
Los igualitarios y los liberales siguieron conspirando, mientras en Concepción se erguía la candidatura opositora del general José María de la Cruz. El odio de los liberales respecto de Montt, hizo que éstos olvidaran sus preocupaciones doctrinales y apoyaran la candidatura de ese general, tan conservador como el candidato oficialista. Los igualitarios, que siguieron actuando de manera clandestina, fueron inevitablemente arrastrados por las maniobras liberales, y se involucrarán en planes abiertamente rupturistas.
Estos planes culminarán el 20 de abril de 1851, cuando los seguidores del general De la Cruz y los liberales, delegaron en el coronel Urriola la dirección de un golpe de estado. Este militar, al mando de un regimiento, marchó ese día hacia el Cuartel de Artillería, ubicado en el cerro Santa Lucía, con el claro propósito de tomárselo por la fuerza, considerando que quien controlaba esa estratégica posición dominaba inmediatamente la ciudad. Acompañaban a esta fuerza militar rebelde una gran masa de igualitarios de los barrios pobres y liberales de la clase pudiente. La función de los éstos, bajo las órdenes de Bilbao, consistía en armar barricadas que impidieran el paso de las fuerzas gobiernistas. El intento fue infructuoso y la muerte de Urriola en la escaramuza, apresuró el desenlace y la derrota.
En tanto, en La Serena, mineros, artesanos y soldados, confraternizaron estableciendo y gobierno revolucionario, bajo el liderazgo de un tribuno local, quienes, posteriormente, soportarían un largo sitio de las fuerzas del gobierno, hasta deponer las armas.
Bilbao huyó a Argentina, mientras muchos de los dirigentes obreros y artesanos fueron apresados, juzgados y encarcelados. Marcelo Segall (2) sostiene que la causa principal del fracaso de los igualitarios, radicó en que éstos querían una revolución donde no existían las condiciones necesarias para hacerla, ni menos fuerzas sociales verdaderas para ponerla en marcha. Por cierto, hay varios factores que incidieron en la desaparición de la Sociedad de la Igualdad, luego del fracaso conspirativo del 20 de abril. Pero, el más importante radicó en que, sin Arcos y Bilbao, que daban las ideas y el empuje necesarios para la existencia de la organización, esta quedó sin los conductores que pudieran darle la adecuada continuidad.
Notas
1)"Historia de Chile". Francisco Antonio Encina.
2)"Desarrollo del capitalismo en Chile". Marcelo Segall. Editorial del Pacífico.
2.5. LA CARTA DESDE LA CÁRCEL
Las elecciones se realizaron en junio de 1851, en un clima institucional totalmente irregular y una contienda electoral manejada abiertamente por el gobierno. Concepción votó íntegramente por el general De la Cruz, así como una parte de Coquimbo, mientras el resto del país le dio la mayoría a Montt.
Concepción desconoció el resultado y el ejército de la provincia, al mando de su caudillo, se pronunció en armas. Sobrevino la guerra civil, que después de algunas escaramuzas menores, culminó en Loncomilla, donde las fuerzas al mando del ex presidente, general Bulnes, derrotaron a De la Cruz, que capituló en Purapel.
En septiembre de 1852, Santiago Arcos regresó a Chile, siendo apresado por orden del ministro Antonio Varas. Recluido en la cárcel de Santiago, le escribe a Francisco Bilbao, que vivía refugiado en Mendoza, sintetizando en la misiva su opinión sobre la realidad nacional de la época. Esta epístola, histórica como documento de análisis social, constituye una referencia obligada para el seguimiento de las ideas políticas y sociales en Chile. Jobet (1) sostiene que fue Arcos quien primero que planteó en la sociedad chilena la existencia de una lucha de clases. De igual modo, es el segundo en plantear la necesidad de una reforma agraria, considerando que el primero había sido el fraile Orihuela, en el parlamento carrerino de 1814.
En su carta, Arcos trata varios problemas de la época de manera aguda y profunda, ganándose el encono histórico de la clase oligárquica y de sus historiadores. "En todas partes hay ricos y pobres. – dice – Pero, no en todas partes hay pobres como en Chile. En Chile ser pobre es un accidente, no es un estado normal. En Chile es una condición, una clase que la aristocracia llama rotos; plebe en las ciudades, peones, inquilinos y sirvientes en los campos. La clase pobre en Chile, degradada sin duda por la miseria, mantenida en el respeto y la ignorancia, trabajada sin pudor por los capellanes de los ricos, es más inteligente de lo que se quiere suponer. Los primeros tiempos de la Sociedad de la Igualdad son prueba de ello".
Arcos, en su visión crítica, analiza las características de la clase dominante, donde nota diferencias de matices, pero, no de fondo: "La aristocracia chilena no forma cuerpo como la de Venecia, ni es cruel ni enérgica como las aristocracias de las Repúblicas Italianas, no es laboriosa y patriota como la inglesa, es ignorante y apática, y admite en su seno al que la adula y la sirve". Plantea que quienes conforman la aristocracia chilena son los españoles que obtuvieron mercedes y privilegios de la Corona, los mayordomos enriquecidos en dos o tres generaciones anteriores, y algunos mineros afortunados, los que, luego de la Independencia, no todos encontraron puestos y privilegios para sí y sus allegados, y como no hubo favores de la República para ellos, las ambiciones personales los dividieron en dos partidos: "Un partido se llamó pipiolo o liberal, no sé por qué. El otro, partido conservador o pelucón. No la diferencia de principios o convicciones políticas, no las tendencias de sus pro-hombres, hacen que los pelucones sean retrógrados y los pipiolos sean liberales. No olvidemos que tanto pelucones como pipiolos son ricos, son la casta poseedora del suelo, privilegiada por la educación, acostumbrada a ser respetada y acostumbrada a despreciar al roto. Los pelucones son retrógrados porque hace veinte años que están en el gobierno, son conservadores porque está bien, porque están ricos y quieren conservar el país en el estado que está, porque el peón trabaja por real y medio y solo exige porotos y agua para vivir, porque puede prestar su plata al doce por ciento, y porque pueden castigar al pobre si se desbanda. Los pipiolos son los ricos que hace veinte años fueron desalojados del gobierno, y que son liberales porque hace veinte años están sufriendo el gobierno, sin haber gobernado ellos una sola hora. Son mucho más numerosos que los pelucones, atrasados como los pelucones, creen ver que la revolución consiste en tomar la Artillería (2) y echar a los pícaros que están gobernando y gobernar ellos".
Luego enfoca el problema agrario y la necesidad de realizar aquella parte de la revolución democrática y burguesa, que había transformado a Europa, y que los liberales chilenos consideraban una medida anti-natura: "La República de Chile no tiene tierras baldías que ofrecer al colono o al emigrante. Todo Chile está poseído (aún no se pacificaba la Araucanía ni se tomaba posesión efectiva de los territorios al sur de esa región). ¿Qué hacer? Diré de una vez cual es mi pensamiento que me traerá el odio de todos los propietarios, pensamiento por el cual seré perseguido y calumniado, pensamiento que no oculto porque en él está la salvación del país y porque su realización será ña base de la prosperidad de Chile. Es necesario quitar las tierras a los ricos y distribuirlas entre los pobres. Es necesario quitar sus ganados a los ricos para distribuirlos entre los pobres. Es necesario quitar sus aperos de labranza a los ricos para distribuirlos entre los pobres. Es necesario distribuir el país en suertes de labranza y pastoreo".
Para ello, propone como única condición ser ciudadanos. Insiste en que hacer aquel cambio radical es el único medio para poder cambiar el atraso del país. Solo con la revolución agraria cambiarían las bases sociales y el carácter de la convivencia nacional: "Mientras dure el inquilinaje en las haciendas, mientras el peón sea esclavo en Chile, como era el siervo en la Edad Media en Europa, mientras subsista esa influencia omnímoda del patrón sobre las autoridades subalternas, influencia que castiga la pobreza con la esclavatura, no habrá reforma posible, no habrá gobierno sólidamente establecido. El país seguirá a merced de cuatro calaveras que el día que se les ocurra matar a Montt y Varas, y algunos de sus allegados, destruirán con las personas de Montt y Varas el actual sistema de gobierno y el país vivirá siempre entre dos anarquías".
Después de unos meses, Arcos fue desterrado a Argentina, donde la convulsión política que vive ese país lo absorbe, igual que a Bilbao, aunque en bandos opuestos. Arcos se une a Sarmiento y Mitre, con los cuales colabora como voluntario de artillería, a la vez que escribe artículos en los periódicos liberales rioplatenses. Bilbao, en tanto, se pliega a la tiranía bonaerense de Urquiza, continuador de Juan Manuel de Rosas.
De Argentina, Arcos regresaría a París, donde publica un ensayo histórico sobre las provincias de La Plata. Allí recibe la parte de la herencia paterna que le correspondía por disposición testamentaria. Tiempo después figuraría como candidato del partido republicano federal en Ciudad Real, España. Cincuentón, Vicuña Mackenna se encuentra con él en Italia. En 1874, enfermo posiblemente de cáncer en la garganta, se suicidó de un tiro de revólver, junto al río Sena, en París, la ciudad que le abrió los ojos a la realidad social y lo convirtió en revolucionario.
De los historiadores del siglo XIX, todos minimizaron o condenaron la figura de Arcos. Vicuña Mackenna le dio la espalda. Barros Arana lo detractó. Solo hubo uno que reivindicó la figura de Arcos: Isidoro Errázuriz, un tribuno liberal de singular importancia en las luchas laicistas del siglo XIX, que, en su inconclusa obra Historia de la Administración Errázuriz, señala que Arcos representó las teorías económicas y niveladoras, las aspiraciones de democracia intransigente, que confundía en la misma maldición al despotismo y a la propiedad, y levantaba contra la República misma las barricadas de la insurrección de proletariado". Y agrega: "Arcos indicó la idea de levantar la clase obrera, de organizarla con entera independencia de los partidos y de la política militante y de educarla en el conocimiento y el amor de sus derechos. Arcos comprendía que la clase obrera necesitaba para intervenir eficazmente en la esfera de los debates públicos, adquirir cierto grado de ilustración, el conocimiento de sus derechos y la conciencia cabal de las injusticias de que era víctima".
En el siglo XX, los historiadores de la cultura marxista, no vacilaron en reivindicarlo y criticarlo. Para ellos fue un precursor, pero, un joven rico metido a revolucionario. Quien lo reivindicaría con más justicia sería Jobet.
Notas
1"Ensayo crítico del desarrollo económico-social de Chile". Julio César Jobet. Anales de la Universidad de Chile.
2 La referencia es evidente respecto de la intentona del 20 de abril de 1851.
Fuente: El desarrollo de la Ideas Socialistas en Chile. Sebastián Jans
www.archivochile.com/Historia_de_Chile/trab_gen/HCHtrabgen0015.pdf