POESÍA EN RESISTENCIA
POESÍA EN RESISTENCIA
Víctor Manuel Ramos
Los nombres de las moscas
Víctor Manuel Ramos
Sus nombres ahora
son:
Roberto Micheleti,
Romeo Romero Velásquez,
Cardenal Rodríguez,
Pastor Evelio,
Todos ellos, con la
constitución en una mano
Y la Biblia en la otra,
Hablando en nombre
del pueblo,
Reafirmando que aman
a Honduras y a los humildes,
Mientras con los pies
pisotean al pueblo
Y envían a los
soldados a reprimirlo,
para desgarrar tu
bandera, Patria amada,
para desgranar la
rosa de la juventud,
para derramar la
sangre de tus amados hijos
para cortar de tajo
el hilo de la esperanza.
Con la constitución
en una mano y la Biblia en la otra,
Rezando letanías a los santos de su devoción:
San Ricardo Maduro,
el panameño, patrón de los sin patria;
San Carlos Flores, el
fustigador, patrón de los intrigantes;
San Rafael Pineda,
nacido en otras tierras
pero transplantado a
Intibuca para que cumpliera
sus profecías en
estos terruños;
Santos Pepe y Elvin,
aspirantes a Presidentes
a pesar de la Constitución;
San Oswaldo López,
protector de los guardias civiles
(que estan en el
cielo, por supuesto).
Y tantos otros más,
situados en los nichos de la sacrosanta catedral,
Con los pies de sus
estatuas pisando la constitución.
Antes eran las moscas
Carías, dijo Neruda con el puño levantado
De su Canto General,
Y a esos bichos
asquerosos se unieron los Lozano Díaz,
Los Oswaldo López Arellano
y los Melgar Castro,
Que no podrán ser
olvidados
Porque devoraron,
como vampiros, la sangre del pueblo
Con sus viles golpes
de Estado y sobornos
Y los asesinatos que
impulsaron, todavía impunes.
Y porque, cobardes,
fueron incapaces de defender a Honduras de los invasores
Que llegaron desde
allende del Goascorán.
Luego vinieron los
Álvarez Martínez y su compinche Ramos Soto,
Con otros bichos de
menor cuantía,
Pero igualmente
hienas rebosantes de odio
Mancharon sus
manos partiendo el pecho
De los combatientes
que se levantaron
Contra el alquiler de
la patria
Que la convertían en
Base militar
Para destruir la
esperanza de Sandino.
El Presidente Reina
les arrebató la bandera
De ser los garantes
de la soberanía y subordinó a los chacales
a la orden de los
civiles que pretendieron representar al pueblo.
Pero no fueron
domeñados totalmente.
Se agazaparon,
escondiendo su talante de felonía y traición,
Lamieron como gatos
zalameros a los presidentes
Y ofrecían falsa
fidelidad a cambio de canonjías.
Vino, entonces, un
Presidente que dio la mano al pueblo
Y que le invitó a
comer con las uñas en la mansión presidencial.
La canallesca
empresarial y la elite verde olivo
Se asqueó de ver a
los chucos
sentarse en los
sillones del Salón Morazán y dejarlos malolientes,
No concebían que los
indios se limpiaran los mocos en los cortinajes
De los ventanales de la Casa de Gobierno.
Les dolió hasta el
tuétano ver al Presidente cumplir la promesa
de dotar de un burro
A un cacique tolupán.
Supieron,
perfectamente, que Zelaya Rosales, estaba abriendo un nuevo camino,
Que estaba enseñando
al pueblo que todavía es posible la esperanza,
Que enarbolaba la
bandera de las franjas y las estrellas
Con las manos de los
pobres y de los desamparados por la democracia
Y que pedía todo para
su pueblo.
Supieron
Que Morazán no había
muerto y que su espíritu rondaba sediento de justicia,
Se aterrorizaron. Las
moscas de ayer se revolvieron en sus tumbas.
Las moscas Romeo, las
moscas Micheleti, las moscas con tiara
Y las moscas
pastorales sintieron el llamado de sus antepasados,
Sufrieron de pronto
la metamorfosis inversa
Y se tornaron en
gusanos de carroña
Para cortar, de tajo,
el porvenir de la Patria.
Fueron, cobardes,
Con armaduras
descomunales,
Al amparo de la noche
y de oscuros nubarrones,
A capturar, con gran
despliegue de fuerza,
Al presidente
desarmado, al Presidente en Pijama
Y lo enviaron al
extranjero. Y luego pensaron:
Ahora podremos dormir
tranquilos.
Y ahí estuvo su
error:
Un escalofrío
recorrió la columna vertebral montañosa de Honduras,
Que estremeció todo
el territorio, que enardeció todos los corazones,
Y se elevó cada voz
como una centella de desprecio.
Y quienes cumplían
órdenes han comenzado a escuchar
las campanas de las
gargantas enardecidas del pueblo
Y han visto como, a
la orden de “todos a una”,
Van abriendo los
cerrojos del Estado de sitio con que pretenden encarcelar al pueblo
Y hombres, mujeres y
niños, salen a las calles,
Evaden a los fusiles
en las montañas guiados por los quetzales,
Enfrentan a los tanques
con claveles rojos,
Y se esconden del
ronrón perseguidor en el abrigo que prestan los heroicos pinos enhiestos.
La voz del pueblo se
ha convertido, de repente,
En el canto de
turbulentos volcanes
que suena al unísono
por todos los rincones de la geografía:
“Golpistas: ¡Fuera¡”
Y no es mucho pedir,
Porque el pueblo sabe
Que para seguir
existiendo y hacer suya la patria
Solo el pueblo salva
al pueblo.
Y después de la
batalla en que nos levantaremos triunfantes,
Las estrellas de la
bandera serán los corazones de los caídos en combate.
Con la herencia de
nuestros héroes como estandarte de futuro,
El mundo libre nos
espera con los brazos abiertos.
Entonces, volveremos
a cantar.
Junio de 2009
VIENEN ENARBOLANDO LAS BANDERAS.
Víctor Manuel ramos
Donde cayeron los asesinados
bajaron las banderas a empaparse
de sangre
para alzarse de nuevo frente a
los asesinos.
Pablo Neruda
LOs
militares se apoderaron del aeropuerto,
Hasta allí llegó el
pueblo con sus banderas de esperanza enarboladas.
Los militares,
entonces, consumidos en la llama del odio,
Dispararon a diestra
y siniestra y las banderas se empararon
En la sangre de Isis
Obed Murillo Mencía,
En su corazón y su
cerebro fusilado por órdenes superiores.
Los militares se
apoderaron de las montañas
Y persiguieron a los
valerosos que evadieron sus escudos
Tras los cuales se
esconden cobardemente.
Ahí, en el humus de
las colinas, se esparció
El tuétano de los
huesos de Pedro Magdiel Muñoz
Y su sangre derramada
fertilizó la resurrección del pueblo.
El cuerpo de este
muchacho de la patria martirizado
Con incontables
puñaladas y las manos que levantaron la esperanza
Con sus huesos
fracturados, con las huellas de la criminalidad militar,
Siguen enarbolando
una bandera que no permite el silencio.
Los militares se
apoderaron de las casas
Y subrepticiamente
entraron sin orden judicial,
Derribando las
puertas a puntapiés y, frente a los ojos asombrados
De los niños, cegaron
la vida de Róger Bados,
Quien no le debía
nada a nadie, pero reclamaba la patria como suya.
Los militares se
apoderaron de las calles.
En medio de las
calles repitieron el crimen,
Apuntaron sus armas
contra quienes reclamaron ser dueños de las calles,
Esparcieron la muerte
que sale de sus fusiles contra
Róger Abraham Vallejo
Soriano,
Quien solo sabía
entregar el clavel de la sabiduría a los jóvenes.
Todo en cumplimiento
supremo del mandato del supremo
Que se ha
comprometido a poner orden en el país
Y que sabe que ese
orden solo es posible
Tapando el firmamento
para que no se vean las estrellas de la patria,
Atrapando el viento
del pueblo en las plazas,
Domeñando la rebeldía
con la muerte
Cortando de raíz los
brotes que surgen de la sangre derramada,
Convirtiendo al
pueblo en perseguido,
Triturando y quemando
a los mártires desconocidos en lugares ignotos,
Para que los guarde
el silencio.
Los militares se
tomaron la patria dizque para salvarla del pueblo,
De la chusma dirigida
por su presidente. La asaltaron durante el negro
De la noche para que
no presenciáramos como pisoteaban nuestra bandera
Y enviaron a los
verdugos para castigar a quienes reclaman su patria,
A repartir tolete y
balas, para rendir a los nombres que están en la lucha.
Violaron a una frágil
flor,
Con un tolete en su
vagina, flor ensangrentada, corazón indomable,
Niña virgen ejemplar,
porque tu virginidad solo la puede disfrutar un macho
Y no un cobarde
amparado en el uniforme verde olivo.
Se tomaron la patria,
los soldados del supremo,
Y los soldados ya no
pueden cuidarle el sueño,
No pueden levantar
sus escudos para impedir que los fantasmas de los asesinados
Le impidan dormir
tranquilamente, porque donde abre un grifo
Le mana sangre y esa
sangre le salpica el rostro de traidor.
Los martirizados
dedos, los corazones traspasados por las balas,
Las vidas segadas
tras los matorrales, insisto,
No les dejan dormir,
Jefes supremos de la maldad.
Roberto Micheleti y
Romeo Velásquez.
No les dejarán dormir
porque estos compañeros
Ahora han vuelto,
cantando el himno de la alegría,
Con las banderas al
viento para reconquistar la vida,
La vida del pueblo
entero que es dueño
Del aeropuerto, de
las montañas, de las casas, de las calles, de la patria.
En medio de la patria
actuaron con sus fusiles los criminales,
En medio de la patria
que pretenden robarnos.
Pero, repito, con
orgullo levantamos las manos de los mártires
Desde la tierra, y no
les lloramos en vano, ni les enterramos
En el olvido, ni les
dejamos en la soledad de sus tumbas.
Ellos vienen con el
pueblo, Isis Obed Murillo Mencía,
Róger Bados, Pedro Magdiel
Muñoz,
Róger Abraham Vallejo
Soriano, porque a ellos
Ya no les hacen nada
las balas, pero siguen combatiendo
Con sus rostros de
sudor y valentía, porque son invencibles,
Siguen en medio de la
plaza, en medio de la patria,
Esculpiendo con sus
corazones fusilados,
El nuevo cuerpo de la
patria del pueblo.
No pretendan esconder
el crimen, criminales, no pretendan impunidad.
La lluvia volverá a
empapar las calles para limpiar la sangre,
Las voces volverán a inundar las plazas,
Los puños avanzarán
levantados hacia la guarida de los tiranos,
Para poner fin a los
días del sufrimiento.
Las banderas de la
resurrección no dejarán de flamear
En manos del pueblo
liberado.
Isis Obed Murillo,
Róger Bados,
Pedo Magdiel Muñoz y
Róger Abraham Vallejo Soriano
Estarán con nosotros,
en ese grandioso día
Del asalto a la
esperanza, en ese día en que el pueblo
Con sus héroes,
renacerán de nuevo, para siempre
Será posible, en ese
amanecer, el castigo ejemplar,
En la plaza que ahora
nos han quitado los militares.
2 de agosto de 2009.
WENDY ELIZABETH ÁVILA
Víctor Manuel Ramos
Muchacha,
Yo te vi en las marchas de la Resistencia,
Latir como el trigo en su espiga,
Batida por el viento
Tu bandera.
Te vi montada, en la motocicleta
De tu amado esposo,.
Elevando el estandarte de tu sonrisa.
Elevando tu entusiasmo, desde la garganta,
Las uvas rebeldes contra los traidores,
La matriz donde se incubaban
tus grandes ideales libertarios,
la miel derramada de tu ternura.
Tu piel de azaleas
Bronceada por los soles
De las marchas en protesta de fuego,
Contra el traidor que ascendió
Para perpetuar el crimen
De varios siglos en contra del pueblo.
Yo te vi erguida, tu puño
levantado,
Tu voz al unísono con la masa:
“el pueblo unido, jamás será vencido”.
Te vi, clavel libertario,
Tus pies como centellas sobre las calles
Por donde pasa el pueblo con relámpagos
De abrasadora resistencia
Enfrentado a los militares
Corroídos por el odio en contra de sus hermanos,
Enfrentando a la policía embrutecida
Para apalear a los corazones inagotables
Que redimen su derecho a la insurrección.
Yo te ví, furor y centella,
Muchacha bella para los jardines,
Enardecida voz, puño en alto,
Sueño de una patria redimida,
Sonrisa de esperanza,
Pasos de bandera en vuelo.
Y mientras hacías la guardia
Para el pensamiento morazánico,
Aquel que nos dijo con claridad de rayo
Cual es nuestra patria y cual la de los enemigos,
estallaron frente a ti,
Lámpara de luz eternizada,
Las bombas de los gases asesinos.
Hoy no estás en la marcha,
no aparece en la moto tu sonrisa vencedora,
No flamea tu voz,
Ni nos comunicas la esperanza con tu mirada.
Has partido a la eternidad de los padres de la patria,
Has ascendido para colocarte al par de nuestros padres,
A la diestra de Francisco Morazán.
Pero en las marchas, ese quetzal
Que embarga de júbilo a los combatientes,
Ese irisar de alas verdes y luces de vuelo,
Es tu presencia amada,
Muchacha de las batallas,
Muchacha de los amores del pueblo,
Wendy Elizabeth Ávila,
Tu nombre flamea en el corazón del pueblo
Y presidirá las marchas triunfales
Del día de la victoria.
4 de octubre de 2009
Oda a los marchistas
Víctor Manuel Ramos
Muchachas, Muchachos,
Hombres, Mujeres,
Hoy todos vuelven a las marchas,
A las marchas contra la dictadura.
Les veo enarbolando el corazón,
Les veo derramando lágrimas
Les escucho emocionados
Gritando las consignas libertarias,
Las banderas en el pecho y flameando libres.
En el fondo los militares,
Queriendo detener a la multitud
Acorazada con su ideal de libertad.
Si, los militares
con sus gases asesinos, con sus garrotes
Para apalear al pueblo que quiere paz,
Con sus fusiles que disparan balas de goma que matan,
Con sus máscaras, parecen venidos de otro planeta,
Para que cuando se abran las avenidas
Por donde pasará el pueblo liberado,
No les reconozcan sus caras de torturadores y salvajes,
Para no enfrentar la justicia verdadera
Que ejercerá el pueblo.
Por las calles y los senderos de todo el país
Los marchistas han ido derramando su sangre
Y las banderas más bien se confunden con el cielo
Levantadas por otras manos
Con el puño en alto,
Con la voz vibrante,
Con la espada del pensamiento de Morazán como escudo
Para no tener miedo a los tiranos.
Los marchistas
Llevan por todos los rincones de esta Honduras el fuego de la furia,
La cólera sostenida que cada día cobra más fuerza,
El ruido de las cacerolas,
La luz de la esperanza de las velas
Para convertirse en la piedra de tropiezo
De los usurpadores del poder.
Ninguna treta de los batallones,
Ninguna intimidación de los militares que atosigan a la patria,
Podrá contra los marchistas:
Gases lacrimógenos, balas de goma,
Garrotes con clavos para herir hasta el corazón,
Escudos de infamia,
Tanquetas con chorros de agua que humillan,
Jueces cobardes, fiscales atemorizados:
Nada detiene al pueblo unido,
Nada detiene a las multitudes, nada las encadena,
Nada las acorrala,
Ni el decreto que viola las garantías constitucionales,
Ni las balas, ni los rostros llenos de odio de los policías,
Ni la pistola del Jefe del Estado Mayor Conjunto,
Ni las leyes ilegales del usurpador de la Presidencia,
Nada produce miedo entre los marchistas.
Por el contrario, cada día que pasa,
Con los mártires al frente y sus manos indomables
Llevadas como estandarte, Van conquistando la alegría,
La alegría definitiva de que por fin, conseguirán ser dueños de la
patria.
Al frente va la abuela de la Resistencia.
Marcha la abuela Dionisia Díaz
Con su cuerpo frágil pero firme, porque su presencia
Es una quemadura en la conciencia de los golpistas.
Los verdugos del pueblo se oponen a su paso
Con sus escudos de cobardía,
Pero ella es invencible y cada paso de sus pies decididos
Corroe las botas de los traicioneros militares
Y acobarda el ánimo de la cúpula de los sátrapas.
Abriendo ruta también marchan
Juan Barahona, Rafael Alegría,
Israel Salinas
Y desde la radio y la TV David Romero y Edras Amado López,
Y junto a los marchistas Jorge Miralda y Lenis Fajardo haciendo la
crónica de las luchas,
Y Mario Casasús, venido desde la tierra
de Allende, para hacer las entrevistas,
Y desde Italia, Gabriel Impaglioni, con su
canto de victoria,
Para que todos sepan que nuestro pueblo no camina solo,
Y que tiene fijo su destino, difícil, cansado, nada fácil,
Pero que conducirá, a la patria, a un día de victoria.
Como incienso de aromas libertarias,
No falta la brizna de la voz del Presidente,
Que empapa a los marchistas de una palpitación alada,
Que recorre los corazones y les devuelve la firme esperanza de la vida
liberada.
Como no están ausenten, a pesar de la bota destructora,
Las voces de aliento de Radio Globo y Canal 36.
Los cantares de los poetas del pueblo, de los cantantes del pueblo.
Pero los jóvenes, los que enfrentan con su juventud y su pecho abierto,
Los peligros inherentes a la tarea de construir
Una patria nueva, victoriosos jóvenes que me recuerdan a Alejando,
A su corta edad, pasando el Rubicón,
Estos jóvenes marchistas cargan, cada quien,
Las rocas de estrellas rutilantes,
El néctar de nuestros mares indomables,
con que se construirá la nueva patria,
La patria de las sonrisas, de la alegría, de la felicidad,
Levantada con argamasa de dignidad y sacrificio.
Cotidianamente, van los marchistas por la libertad.
Nadie los detendrá hasta que lleguen victoriosos
Y puedan sentarse a la mesa
A comer, toda Honduras y su pueblo reunidos, la tortilla
Elaborada con la harina
De la dignidad del pueblo vencedor,
En torno al monumento en honor a quienes
Fertilizaron el maíz de la liberación
Con su sangre inagotable.
22 de octubre de 2009
DIA DE VICTORIA
Víctor Manuel Ramos
Hoy el pueblo
hondureño está de nuevo en las calles.
La espada de Morazán,
en alto,
Sale a luchar por sus
libertades.
Rescatada de los
enemigos de la patria,
De las alimañas que
le han corroído el vientre.
Los tiranos salieron
al encuentro
Con sus garrotes, con
sus bombas lacrimógenas,
Con sus aceros
exterminadores,
Con sus fusiles
cargados de muerte,
Con su odio en contra
de los hermanos.
Quisieron poner alto
a la lucha por la libertad,
Quisieron dispersar
sus ideales,
Quisieron anclar las
aspiraciones de una nueva democracia,
Quisieron demoler su
fortaleza, arrollar las banderas.
El pueblo vio morir a
sus héroes
Pero fue en vano todo
el odio.
El pueblo ha
triunfado,
Ha vencido al tirano
y sus chacales
Y camina tras la
esperanza
De derrotar por fin
todas la iniquidades,
de construir los
cimientos del amor entre hermanos.
Al frente Manuel
Zelaya
El Presidente
Constitucional,
Tras él, la abuela de la Resistencia,
Juan Barahona, Rafael
Alegría, Israel Salinas,
Impaglioni desde
Roma, Celso desde Brasil,
Lenis Fajardo con su
micrófono,
Mario Casasús enviado
desde la tierra de Allende,
David Romero y sus
compañeros desde Radio Globo,
Edras Amado y sus
compañeros desde Cholusat Sur,
Jorge Miralda,
cronista de la Resistencia,
Y el pueblo entero,
Guiados por las
estrellas de Huanapú e Ixbalanqué
Para vencer por fin
las nuevas maldades de Xibalbá.
Y un arroyo claro y
profundo,
Un arroyo donde
abrevar agua fresca durante la lucha,
Serpentea con serena
voz patriótica:
La voz de los
mártires, sonora y brillante,
Que dio las órdenes
dispersadas por toda la geografía
De continuar la lucha
hasta la victoria
Para juzgar a los
culpables de los crímenes,
Hasta que su sangre derramada
se transmute en claveles
Que celebran la
conquista de, por fin, ser libres.
29 de octubre de 2009
Es la hora del combate
Víctor Manuel Ramos
Es esta la hora del dolor y del recuerdo.
Los ojos de los caídos nos ven.
Los oídos de los asesinados nos oyen.
Las manos de los torturados, de los mártires,
Levantadas claman con la luz de su sangre.
Pero julio y agosto ha llamado al pueblo
Y el pueblo ha estado en las calles,
Con sus banderas en alto,
Con sus voces en alto,
Con sus puños en alto,
En las ciudades, los valles y las montañas
Y con pasos de banderas ha reunido
Los amaneceres, las amapolas ensangrentadas,
Y ha llamado a repique de campanas libertadoras.
Ha gritado en medio de los gases lacrimógenos
“nos tienen miedo porque no tenemos miedo”.
Las gloriosas Fuerzas Armadas se llenan de más gloria:
Han asesinado a Obed Murillo Mencía
A Pedro Magdiel Muñoz, a Roger Bados,
A Roger Abraham Vallejo Soriano
Esparciendo el metal de su sangre ardiente
Por las calles y la campiña. Así se han llenado
De más gloria las gloriosas, así los jerarcas militares
Agregan más chapitas a su lista interminable
de condecoraciones inmundas,
Así han vuelto a disfrutar del llanto por los caídos.
Las gloriosas cada vez más gloriosas, más heroicas
En contra del pueblo desarmado,
Más valientes frente a las mujeres
Que levantan banderas,
Invencibles en la violación de mujeres.
He visto la barbarie con mis ojos,
Con mi corazón que también ve con ira.
He visto las botas llenando de congoja al pueblo
Y he oído el desgarrador grito de angustia
Y de cólera sostenido que recorre el espinazo de Honduras.
Pero no vamos a llorar,
No vamos a inundar la patria de lágrimas
Porque esta es la hora de la verdad, la hora del pueblo,
Y te llamo a ti, a todos, a todas
A que recordemos pero que elevando los puños y las voces
Levantemos a los muertos y marchemos
-ellos al frente- a tomarnos la patria
Que nos han raptado.
Es la hora del combate.
Epigramas
Víctor Manuel Ramos
Al que le caiga el guante..
No te recordarán, oh!, dramaturgo
Ungido por la dictadura,
En los discursos oficiales ni en
las antologías
Y tus libros, a duras penas,
Ocuparán un espacio en las
estanterías
De los imbéciles funcionarios del
gobierno
Que compraron por obligación,
Huérfanos de que un par de ojos
pasen por sus renglones.
Tú, si descansarás en paz.
Corrupción
De qué honorable diputado,
Padre de la patria,
Es esa mansión que hace sombra
A las casas de cartón.
Palmerolo
En vano rebuznarás,
Borrico tolupán.
No harás entender a los golpistas
Que el pueblo unido
Jamás será vencido.
El burócrata
Su nombre ha sido cedido a una
escuela.
Pudo hacerse señor con grandes
cuentas bancarias
Tras largos años de amor a la
patria
Y a su secretaria de macizas caderas.
El inmortal
Su nombre de prohombre se olvidó.
Nadie se tomó el trabajo de
anotarlo para la historia.
En la placa de bronce en su
homenaje
El nombre del patricio lo
borraron
Los cotidianos orines de un
borrachín.
El que piensa que piensa
El presidente por sucesión
constitucional
Piensa que piensa.
Ya eso da mucho que
pensar.
Pascuala
Pascuala,
Vestido a la usanza lenca,
Los pies descalzos para plantarse
con firmeza en la tierra,
La vejes prematura,
Tomó el micrófono,
ahora que la Resistencia
Le permitió hablar,
Para platear, con voz firme,
Sus ansias de libertad.
Los herederos
Los soldados dicen ser herederos
de Morazán.
Para hacerse de la herencia
Tuvieron que asesinarlo.
MÁS EPIGRAMAS
Víctor Manuel Ramos
A David Romero y sus
compañeros de Radio Globo
Y Edras Amado López y sus
compañeros de Cholusat Sur
1
Me confesó el
señor diputado:
Realmente no
entiendo la poesía.
Y yo le pregunté:
¿Acaso pasaste
alguna vez por las aulas?
2
Hoy me enteré de
que el Presidente usurpador
Se siente
perseguido.
Mas bien lo que
siente, diría yo,
Son pasos de
animal pueblo.
3
El cardenal te
dio la hostia
General de
glorias sin batallas
Pero no te
pasará por el gaznate,
Improductivo
empeño,
Mientras tengas
frente a frente
A la soldadesca
manchada de sangre.
4
A dónde huirás,
gaznápiro
Zalamero del
poder.
Dónde
encontrarás armadura hermética,
Comprimidos que
te encierren en el sueño,
Tirano, mierda pura,
Para escapar del
acoso de los mártires.
5
No fueron ni en
el aeropuerto,
Ni en la
frontera, ni el El Durazno,
Ni en lugar
alguno del territorio patrio,
Los crímenes
contra la Resistencia.
Fueron en el
corazón del pueblo.
6
El cardenal y el
obispo
Rezan llenos de pánico,
piden perdón a
los cielos
por dar comunión
a los tiranos.
7
José Manuel
Zelaya
En cambio tú
eres bendito
Entre todas las
mujeres
Y los hombres
que aman
La libertad.
8
General golpista
Te está saliendo
el tiro por la culata.
9
Que dieran:
Presidente de
mentirijillas,
General valeroso
Contra el pueblo
desarmado,
Por tener una
abuela
Como la tiene el
pueblo:
La abuela de la
Resistencia.
10
El canciller
golpista
Apenas llega a
ministro del interior.
Sus relaciones
se limitan
A las que tiene
con el dictador
Y con su mujer a
quien ve por la televisión.
11
Poetas, afilad
los sables de la palabra
Dadles segundo
hervor a las metáforas,
Fermentad los
versos libres y las rimas
Que harán falta
en el día de la victoria.
12
Ministro
traidor,
Amante de los
lempiras y las visas yankees,
Ahora te
incendias de amor por la patria,
Mañana te
incendiarás en el fuego
De la venganza
del pueblo.
13
Oh! Anticipado,
Te apoderaste
del poder del pueblo.
Incensato, te
hiciste de lo que nadie te dio.
Cargarás la
culpa
De burlar la
voluntad popular
Hasta el fin de
las generaciones.
14
No importa a
donde duermas,
Ni si miles de
soldados vigilan tu casa
El grito
incesante de los mártires
te impedirá
la conciliación del
sueño.
15
Realmente urgía
Mel,
Para despertar
en el pueblo
El anhelo de
libertad.
16
Incensatos,
No saben de lo
que son culpables:
Desataron la
furia del pueblo.
¡Temblad!, ahora
es demasiado tarde
Para
arrepentirse.
17
Palmerolo, eres
tosudo como ninguno.
Haz dado una lecdción
ala oligarquía.
Una coz en las
posaderas a Elvin, a Micheleti y a Romeo.
3 de noviembre de 2009
Mi Patria
Que conste: mi patria es la mejor.
Pero, ¡cómo me duele!
Yo únicamente la he visto sufriendo;
La he comparado con el pájaro desplumado
Y su impotente y torpe vuelo.
Si yo la llamara por su nombre
-que es una metáfora dulcísima-
Alrededor de sus letras reuniría
Un océano que se bebió la lucha.
Qué tristeza al agitar sus alas,
Dos aspas que desbaratan el crepúsculo.
Inmola su sangre el pedernal
Y la despedaza en palomas ardientes
-alimento de todos.
Sublime magnolia, aroma de pólvora,
Sostenida por un cáliz de esperanza.
Poesía indefinida, su estatura de maíz
Se ha bañado en agua de rosas.
Sus dioses vegetales la abrieron
En el surco. Pistilo subversivo;
Las bayonetas de sus pinos
Danzan una danza de guerra.
Su mirada es arcana y vacía,
Necesita prematuramente anteojos.
Río que asciende turbulento y cae
Estremecido, mojado en lágrimas.
En mi patria no hay otoño,
Mas sus árboles deshojados
Le han dado una camisa frágil.
El mar la construyó con espuma
Y carne de pez.
Es grande y pequeña,
Pues me cabe en el pecho.
Mi patria es un abrazo
De madre emocionada y amorosa.
Oh! Patria, ruiseñor purísimo,
Yo apenas puedo soñarte feliz
Si tus ojos los tienes para llorar
Y tu rostro lo han llagado las lágrimas.
Pero que conste: mi patria es la mejor.
Interminable, altísima bandera.
Una metáfora dulcísima.
1968
Poema y nostalgia
Víctor Manuel Ramos
Honduras
Hemos llegado a los días
En que Lenin es perseguido
Por los obreros.
Ha salido al exilio
Nuevamente.
Sus estatuas derribadas.
Su nombre borrado de ciudades y avenidas.
Los trabajadores
Quieren volver al capitalismo.
Suspiran por la sociedad
Del libre mercado.
Se despezuñan por verse
En las vitrinas
Del consumo
Aunque no tengan
Dinero para comprar.
Quieren una sociedad democrática
Donde los explotadores gobiernan
Y los explotados –los obreros-
Son gobernados.
Pero no saben ellos
Las angustias de la explotación
Por eso están confundidos.
No conocen la humillación y el hambre.
Ignoran como nuestros pueblos
Se debaten en la miseria
Y los niños tienen los platos vacíos
Y mueren de hambre.
Ahora estoy confundido;
No sé realmente que buscan los pueblos.
Todo se ha vuelto extraño.
Y mientras Lenin es perseguido
Por los obreros,
Sólo sé que te amo
Y eso me anima para seguir adelante.
HOY HAS PARTIDO
Hoy has partido
A recibir el abrasante sol del Sur
Para ofrecer tu mano solidaria
A niños pobres y familias humildes.
Desde aquí te imagino ataviada de médico
Recorriendo con tus pies queridos
Las calles polvorientas
Y escucho los nudillos de tus manos
Tocar las puertas de la pobreza
Y tu voz amasada con caridades.
Así entras en el corazón de las gentes
Que te devuelven con su sonrisa
la más sincera y humana gracia.
Yo, desde lejos,
Con apetencia por tu compañía,
agradezco tus gestos invencibles que calman penas
Y repito que te amo, también,
Luna victoriosa en tu corazón,
Por el amor y la vida que repartes.
29 feb. 08.