Muerte súbita y otros cuentos
RAÚL ISMAN
Muerte súbita
Un relato masmediático y otros cuentos
EDITORIAL
MUERTE SÚBITA
AYER POR LA MAÑANA
Macabro hallazgo en Barrancas
Clarín [18-2-95] Sorprendidos vecinos del barrio de Barrancas de Belgrano- al iniciar la práctica del jogging matinal- se encontraron ayer con el impresionante cuadro de una mujer desnuda, muerta en el césped del extremo superior de esta plaza pública.
Se hizo rápidamente presente una comisión policial cuyos integrantes procedieron a trasladar el cuerpo a la Morgue Judicial. En relatos oficiosos, uno de los agentes comentó que el cuerpo carecía de marcas de violencia, por lo que -aventuró- la muerte se habría producido por razones cardíacas o respiratorias. También dijo que la mujer era alta, muy bien formada, cabellos castaños oscuros hasta la cintura y que tendría unos 45 años.
Interviene el Juzgado Federal Nº 1 a cargo del Dr. Ludovico Cometa, quien caratuló el caso como muerte dudosa y dispuso la realización de la autopsia correspondiente.
Al cierre de esta edición, trascendió una información que aportaría alguna luz en este caso que se presenta muy oscuro: una joven de alrededor de veinte años se presentó en la seccional nº 25 de la Av. Scalabrini Ortiz 1350 para denunciar la desaparición de su madre desde el 16 de febrero a las 22 horas, hora en que salió a tomar un helado con un amigo. Trasladada a la morgue y sin existir confirmación oficial, se informó que la joven, presa del llanto, reconoció que el cadáver hallado en Barrancas era el de su madre.
PASIÓN SIN LÍMITES
Después del sexo, la muerte
Crónica 5º [19-2-95] Claudia Beatriz Elizalde, la joven de veintidós años que había denunciado la desaparición de su madre, reconoció ayer en la morgue judicial que el cadáver encontrado en Belgrano era el de su progenitora, Marcela Ulrich, de 44 años de edad.
La autopsia reveló que la muerte se produjo por asfixia intencional. Esto obligó a recaratular el caso como homicidio.
También se supo que el cadáver no presentaba signos de violación; pero era evidente que Marcela Ulrich había mantenido relaciones sexuales por vía anal y vaginal. Se estima que la muerte se produjo en la madrugada del día 17 hacia las cuatro de la madrugada.
Marcela, según su hija Claudia, había salido el 16 a la noche con un hombre que había conocido hacía muy poco. Deja además dos hijos adolescentes que seguramente vivirán con el padre, separado de la mujer asesinada desde hace más de cuatro años.
Según Claudia, su madre no llevaba dinero ni joyas y había salido con ropas sencillas, sin cartera. Toda esta vestimenta no pudo ser encontrada todavía. Pese a esto, se descarta el móvil de un posible robo. El cuerpo presentaba mordeduras del mismo tipo de dientes en los pechos, el cuello, la espalda y las nalgas, lo cual indicaría intensidad en las relaciones pero no violación ni el concurso de terceros para producir el deceso.
La joven Claudia, luego de reponerse de un ataque de nervios, dispuso que los restos sean retirados a un cementerio privado luego que el Juez Federal Ludovico Cometa lo permita, sin realizar velatorio.
BUSCAN AL HOMBRE QUE SALIÓ CON ELLA
Unica pista en el crimen de Barrancas
Clarín [19-2-95] La Policía y el Juez Interviniente, Dr. Ludovico Cometa, manejan como única punta del complejo ovillo que desean desentrañar al hombre que salió con Marcela Ulrich, la noche fatídica del 16 del corriente. Según testimonios de los hijos de la mujer asesinada, un hombre que se llamaría Carlos- quién había salido no más de tres veces con ella- pasó a buscarla para pasear y tomar un helado el 16 por la noche. Dado lo reciente de la relación, la mayor de los hijos, Claudia Elizalde, no pudo dar más detalles sobre él. Se sabe que es un hombre alto, canoso, elegante, de unos cincuenta años que dijo ser viudo, con dos hijos. No se pudo encontrar ningún dato de él ni en la agenda, ni en otras pertenencias de Marcela Ulrich. El misterioso señor de cabellos blancos es la única pista con la que cuentan los investigadores.
AUTO OFICIAL DENUNCIADO
Imprevisible giro del misterio de Barrancas
Página 12 [20-2-95] El extraño asesinato de Barrancas de Belgrano, ampliamente difundido por los medios, podría sufrir un vuelco inesperado. Eduviges Cholula Zapiola, de 85 años de edad, vecina del barrio de Belgrano donde habita un primer piso y con balcón a la calle frente al sitio donde apareció el cadáver, se presentó ayer en el Juzgado interviniente y aseguró que estaba tomando el té a las cuatro de la madrugada en el balcón de su departamento, cuando vio como se detenía en la vereda de la plaza un automóvil negro, presume un Renault 21, pero la anciana dice no conocer mucho de coches. De allí descendió un señor rubio, robusto, quien abrió la puerta trasera y arrastró el cuerpo de la infortunada Marcela Ulrich. Pese a la oscuridad de la noche y a su avanzada edad, Eduviges Cholula Zapiola asegura que la patente del automóvil que partió velozmente sería oficial o diplomática.
El testimonio de dicha anciana derrumbaría la hipótesis principal de los investigadores que se basa en la búsqueda de un viudo cincuentón, de cabellos canos que salió con la señora asesinada.
[T.V. OFICIAL]
Programa Oscureciendo - 19 hs [20-2-95]
[ Comentador oficial y oficialista Mauricio Mendaz ]
-El público ya lo sabe, esto es un nuevo intento, una nueva maniobra de Página 12 para influir en la campaña electoral. Utilizan a una anciana, que parece hacer honor a su primer apellido, Cholula, para pretender rozar la imagen del gobierno con un crimen pasional. Esto rebasa todos los límites que la libertad de prensa puede tolerar, ¿verdad, Getulio?
[ Con ademán desencajado en primer plano Getulio Rusovich, coequiper ]
-Así es Mauricio, pero estos permanentes abonados a la carne podrida, no lograrán su objetivo. Fíjate que hemos encargado una encuesta a la consultora Mongo Aurelio, de reconocida objetividad y aquí tenemos el resultado: 85% cree que el gobierno no tiene nada que ver; 10% dice que el gobierno es inocente y el 5% lee Página 12.
[ Muestra a cámara un papel con sombreados, presumiblemente la encuesta ]
[ Mauricio Mendaz retoma la palabra]
-Está con nosotros el diputado Epaminondas Viruela No y a él le preguntamos su opinión.
-Sobre el intento de enlodar al gobierno no voy a opinar porque ustedes ya lo hicieron por mí.
[Mira fijo a cámara].
Yo voy a aportar un detalle a la investigación. Conocí a la mujer asesinada, la he visto en un pub de swingers, ustedes saben que estos son lugares de enganches de pareja. Estaba con un señor que yo no recuerdo pero cambié algunas palabras con ella, era muy atractiva, seductora. Yo recorro lugares de la noche como parte de mi campaña moralizadora, hay que conocer esos antros para poder tomar distancia y criticarlos.
[ Primer plano a Mauricio Mendaz ]
-Con estas revelaciones del diputado nos vamos a la pausa y después del corte estará aquí el hombre acusado de violar a una gallina bataraza en González Catán, quien quiere relatar a nuestros televidentes su verdad.
DESCONTROL PRESIDENCIAL
Imprevista conferencia de prensa
La Nación [21-2-95] El Presidente de la Nación, Doctor Reginaldo Carliños, ofreció en la quinta presidencial una ríspida y cortante conferencia de prensa.
Allí acusó a algunos medios de prensa, sin especificar cuales, de pretender enlodar al gobierno en el supuesto crimen pasional de Barrancas de Belgrano.
El Presidente descalificó la verosimilitud del testimonio de la anciana Eduviges Cholula Zapiola, aduciendo la avanzada edad de la testigo.
El gobierno está empeñado en atraer inversiones y estas campañas de prensa parecen tener el objetivo opuesto. Así nunca vamos a recuperar la fe perdida de los mercados, manifestó el primer mandatario.
Cuando se conoció el testimonio de la anciana vecina de Barrancas de Belgrano cayó cuatro puntos el Merval. El presidente lo adjudicó a las repercusiones del sórdido hecho de sangre y agregó No puede ser que se vean autos oficiales donde no los hay, respondió indignado y abandonó la sala de periodistas, donde se realizó la conferencia, sin dar la posibilidad de nuevas preguntas.
PRIMICIA DE CRONICA
El canoso nos dice su verdad
Crónica. [22-2-95] Antes de presentarse hoy en el Juzgado del Doctor Ludovico Cometa, el hombre canoso- de quien se creía que fue el último en ver a la infortunada Marcela Ulrich- nos dio el testimonio que relatamos textualmente. El hombre, Carlos Antunez, comerciante de 48 años de edad, viudo, nos llamó por teléfono y nos citó en la oficina de su empresa- una distribuidora de artículos para sex-shops- y anunció que hoy se presentará a declarar. Habla quién se presume que fue la última pareja de la mujer asesinada.
-¿Cómo conoció a Marcela?
-Yo iba caminando por la avenida Santa Fe, hace una semana, más o menos cuatro días antes de la muerte, nos cruzamos, nos miramos y yo la seguí. Me pareció una mujer muy atractiva. No me acuerdo que le dije pero me dio conversación y la invité a tomar un whisky.
-¿Dónde fueron?
-A una confitería en Santa Fe y Scalabrini Ortiz. La conversación se puso muy interesante, rápidamente hablamos de sexo. Me contó que se había separado hacía cuatro años, porque el esposo se dedicaba al dinero por sobre todo y no respondió a sus deseos eróticos. Bueno, no quisiera extenderme, pero a la media hora nos besábamos con pasión y rápidamente nos fuimos a un hotel.
-¿No podían ir a una casa?
-Ella no quería ir a su casa por sus hijos y yo tampoco por los míos. Nos besamos sin parar en el taxi y ella no dejó de acariciarme el miembro viril durante todo el trayecto.
-¿Y en el hotel, las relaciones fueron satisfactorias?
-Y, ni falta que te lo diga. Hace mucho que no tenía una noche tan placentera, no voy a decir la cantidad de veces para no parecer fanfarrón, pero al terminar el turno me pidió otro, pero lo pidió con tanta pasión, besándome y acariciándome tan convincentemente que no pude negarme.
-¿Cómo siguió la historia?
-Al otro día, estaba yo tan agotado que no pude trabajar y la llame para citarla al día siguiente que fue la noche fatal.
-¿Qué pasó esa noche?
-Por el modo que me habló por teléfono pensé que volveríamos a un hotel, pero no, me pidió que fuéramos hacia Amontonados, un pub de swingers en la calle Anchorena.
-Para información de nuestros lectores, se denomina swingers a parejas que tienen relaciones con otras parejas o personas, o sea relaciones multitudinarias. ¿Y usted qué le dijo?
-Yo nunca imaginé que iría a un lugar así, pero ella me pidió todo muy cariñosamente y muy apasionadamente también.
-¿Recuerda cómo iba vestida?
-Sí, estaba con calzas negras ajustadísimas y una camisa también negra transparente, uno se excitaba de sólo de mirarla. Yo fui porque pensé que no ocurriría nada.
-¿Y allí qué pasó?
-El lugar es muy sugerente, poca luz, sillones amplios y cómodos. Al rato se acercó un rubio muy alto y robusto. Nos preguntó si podían con su compañera sentarse con nosotros.
-¿Qué contestaron ustedes?
-Marcela contestó, contestó sin consultarme. Y cuando quise reaccionar, ya estaban con nosotros. Ella era rubia, muy flaca, dijeron tener 37 años él y 35 ella. La mujer me empezó a hablar sobre la importancia de no engañarse en la pareja, de hacer las cosas abiertamente. Dijo llamarse Andrea; él, Luis.
Me contó que vivían con sus dos hijos pero tenían un departamento para sus fiestas equipado con bar, videos y cosas que compraban en los sex-shops. Mientras tanto Marcela se había ido a la pista a bailar con Luis y yo observaba que al rato ya se besaban con la misma pasión que me besaba ella dos días antes a mí. Andrea se percató de eso y me decía que no me preocupe, que yo la tenía a ella, la miré y eso me hizo sentir peor.
-Su testimonio le da validez al de la anciana Cholula Zapiola.
-Así es, y eso me ayudó a presentarme y aclarar mi situación porque soy inocente. Enseguida vinieron abrazados y Marcela me dijo que nos invitaban a su departamento especial.
-¿Y usted qué dijo?
-Me negué rotundamente, le dije a Marcela que teníamos que irnos pero ella se burló y se abrazó a Luis. Entonces yo me fui solo, serían las 12 de la noche, y a la mañana apareció muerta.
Hasta aquí el testimonio de Carlos Antúnez, el hombre que salía con la infortunada víctima y que hoy se presenta al Juzgado para decir su verdad sobre el misterioso crimen que conmueve al país.
Se confirmó anticipo de Crónica
Crónica 5º [22-2-95] Tal como anunciamos, se presentó en el Juzgado Federal, a cargo del Dr. Ludovico Cometa, el comerciante Carlos Antúnez, buscado por su relación con la asesinada Marcela Ulrich.
A las 9 de la mañana se hizo presente en Tribunales, donde formuló declaraciones a Crónica y Crónica TV, únicos medios presentes. Lo acompañaba su letrado patrocinante, el conocido penalista Armando Pleitos. Pasadas las 14 se retiraron por la puerta de la calle Talcahuano, exhibiendo fotocopias del expediente en la cual se leía que Antúnez no resulta procesado por el asesinato en cuestión.
El Dr. Pleitos manifestó que la investigación se dirigirá a ubicar a la pareja- muy bien descripta ante el juez por el señor Antunez- que tomó contacto con la señora asesinada. Se espera, además, un allanamiento inminente en el pub Amontonados, de la calle Anchorena 1446 de esta Capital.
Allí se espera obtener información, testigos y tal vez alguna prueba.
El defensor de Antúnez confirmó también que la muerte se produjo por asfixia.
CRIMEN DE BARRANCAS
Reportaje primicia al ex-esposo
Diario Popular [23-2-95] Confirmando nuestro exclusivo primer lugar en la información, entrevistamos en su casa de Zárate al Ingeniero Humberto Elizalde, ex-esposo de Marcela Ulrich y padre de sus tres hijos, ahora viviendo con él. Esto es parte de su valioso testimonio.
-¿Cuánto tiempo estuvo casado con Marcela?
-Dieciocho años.
-¿Fue una pareja feliz?
-No, su constante insatisfacción impuso un contexto tensionante a nuestra relación.
-¿Insatisfacción?, ¿En qué sentido?
-En por lo menos, dos sentidos. Económicamente nunca estaba satisfecha. Yo soy gerente de una empresa multinacional, gano muy bien; sin embargo siempre protestaba, inclusive luego de la separación, yo seguí pagando sus resúmenes de tarjetas de crédito que nunca bajaban de los $3000 mensuales. Personalmente, la amenacé con cortarle la extensión pero no concreté esa amenaza. Casados o separados, el dinero fue factor de discusión constante entre nosotros.
-¿En qué otro sentido se notaba su insatisfacción?
-En el sexual, siempre se enojaba conmigo porque no accedía a algunas prácticas íntimas que eran de su predilección.
-¿Cuáles?
-No me gustaría extenderme demasiado en detalles que no se deben hacer públicos, por respeto a mis hijos y a mí mismo, pero sus exigencias no tenían límite principalmente en lo referente a prácticas que no quiero difundir.
-Comprendemos su planteo, pero la opinión pública quiere saber si los modos de vida de Marcela tuvieron que ver con su muerte.
-Creo que por desordenada que fuera su vida no justifica que la hayan asesinado. De todos modos algo malo había en su conducta como para haber ido al Pub donde aparentemente ocurrió lo peor.
-Durante su matrimonio, ¿Fue engañado?
El Ingeniero se negó amablemente a contestar y dio por terminado el reportaje, pero circularon rumores, entre ex-allegados a la pareja, que las relaciones ocasionales de la asesinada eran motivo de constantes peleas mientras duró el matrimonio.
EN BARRIO NORTE
Allanamiento sin resultado
Clarín [23-2-95] En la noche del 22 la Policía Federal, por orden del Juez Federal Ludovico Cometa, allanó el Pub Amontonados, sito en la calle Anchorena 1446 de esta Capital, desde donde Marcela Ulrich había partido para encontrar la muerte.
Cuando la comisión policial se hizo presente no había ningún cliente, cosa que era de esperar por el escándalo público que envuelve el lugar. No se encontraron drogas, ni rastro alguno que tuviera que ver con el crimen.
El encargado del lugar, Mohamed Alí Tell Eunuco, un sirio de 32 años que pudo acreditar residencia legal en el país, dijo no recordar la presencia en el lugar de la pareja Marcela Ulrich - J. Antúnez, pero reconoció que la pareja de personas rubias que se llamarían Luis y Andrea corresponden en su descripción a dos habitués del lugar.
La lupa de los investigadores se dirige a ubicar a la misteriosa pareja.
BAJO EL CALOR OFICIAL
Denuncia sobre el pub Amontonados
Página 12 [23-2-95] Llegó al juzgado del doctor Ludovico Cometa una denuncia anónima acerca del Pub donde fue vista con vida por última vez la desgraciada señora Marcela Ulrich. Según la nota referida, los dueños del Pub serían un importante empresario y ex-funcionario gubernamental y un sindicalista de la fracción de la Confederación de Empresarios Trabajadores conocida como “Los Superheroesamigos”.
El misterio del crimen parece agigantarse porqué hasta el momento, la Policía Federal no pudo dar con la pareja que tendría la clave del misterioso crimen.
El empresario en cuestión sería el ex-Secretario General de Privatizaciones Domingo Estado Bobo, actual cabeza del Holding R.T. que captó el 40% de las empresas transferidas a manos privadas. El otro, el sindicalista Clístenes Flexibilizo, es Secretario General de la Unión de Empleados Estatales Privatizados, sindicato que se hizo cargo de dos ramales ferroviarios y de varias minas en el sur del país, rápidamente clausuradas.
Sorprende a los observadores la presencia de dos personajes poderosos en un negocio de tan poca monta. ¿O se anudaban en el pub otras relaciones que no eran swingers?
DENUNCIA FEMINISTA
Basta de culpar a la víctima
Página 12 [23-2-95] Agrupaciones feministas de todo el país realizaron un plenario en la sede del Sindicato de Amas de Casa, para pronunciarse sobre la investigación del crimen de Marcela Ulrich. Las autoconvocadas señalaron que la Justicia una vez más nos muestra una notable lentitud en ubicar a los culpables mientras en sectores de la opinión pública parece ...aumentar el morboso placer de enjuiciar la vida privada de la víctima. Abundaron las expresiones críticas sobre sectores de la prensa que realizan un tratamiento sensacionalista.
El comunicado finaliza exigiendo ... el rápido esclarecimiento y condena de los asesinos de Marcela Ulrich, una mujer dos veces muerta, muerta por sus asesinos y vuelta a asesinar por las insidias difundidas luego del crimen.
Firmaron el comunicado diversas asociaciones feministas de todo el país. Al finalizar el cónclave, la dirigente Silvia Kozina distribuyó un comunicado donde urgía... por la inmediata implementación de la jubilación para el ama de casa.
La misma vocero desmintió un rumor circulante en las últimas horas, según el cual ella era la musa inspiradora del personaje central de la novela “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel.
CONFERENCIA DE PRENSA
Diputado desmiente en conferencia de prensa
La Razón [23-2-95] El diputado Epaminondas Viruela convocó a una conferencia de prensa para salir al paso de rumores que no habrían sido difundidos por los medios. Dijo entonces: No es cierto que yo iba todos los días a Amontonados, y menos con una compañía distinta. Reconozco sí, haber ido una vez, como parte de mis nocturnas vigilias moralizadoras. Allí vi, como lo dije en televisión, a Marcela Ulrich, no la noche fatal, como se dijo, sino varios días antes. Prosiguió relatando el legislador que... Luego del crimen, la recordé cuando vi las fotos porque su belleza era impactante, pero no la vi la noche fatal porque esa noche la pasé en mi casa con mi esposa con quien me unen veintiséis años de fidelidad matrimonial.
Preguntado por un periodista de Página 12 si le constaba que los dueños del Pub eran dos personajes ligados al gobierno, el diputado contestó:
Desmiéntalo totalmente, los propietarios del establecimiento que usted refiere son la tía abuela de Clístenes Flexibilizo y la bisabuela de Domingo Estado Bobo, no pretenderán por una cuestión de parentesco responsabilizar a dos honrados ciudadanos en un negocio que no les pertenece.
Insistió el periodista argumentando que la menor de las dos ancianas cuenta con 88 años de edad y ambas habitan en un establecimiento geriátrico, “El anciano verde”, ubicado en la localidad de San Andrés de Giles (Provincia de Buenos Aires) y en consecuencia actuarían como testaferros.
El argumento del diputado fue demoledor: ¿Hay alguna ley que prohiba a los ancianos tener negocios?
El periodista pretendió insistir pero la conferencia fue abruptamente interrumpida por la presencia de una dirigente de la Asociación de jubilados famélicos quien a los gritos manifestó que ningún jubilado podría tener negocios de esa magnitud. Se generó entonces un escándalo de proporciones que provocó el final del cónclave.
FRACASÓ ALLANAMIENTO
Denuncia anónima
Clarín [2-3-95] Ayer fracasó un allanamiento en Belgrano realizado a raíz de una denuncia anónima.
La policía irrumpió en la residencia sita en la calle Pampa 3720, noveno B, en la zona más exclusiva de Belgrano, pero el matrimonio de personas rubias, denunciado por una voz anónima a la seccional 33 de esta Capital, habría fugado recientemente. El Comisario Sherlock Braguinski, a cargo del operativo, no dio mayores detalles por haberlo así dispuesto el Juez, Doctor Ludovico Cometa, en razón del secreto sumarial. Reconoció, no obstante, que fue hallada una importante cantidad de video-films pornográficos. Este material deberá ser estudiado cuidadosamente, reconoció confidencialmente en un aparte con la prensa. En otro momento, se mostró asombrado por la gran cantidad de adminículos sexuales hallados en el dormitorio principal. Parecía un sex-shop, comentó.
En el domicilio no pudo encontrarse ningún dato sobre la filiación de sus habitantes, pero un vecino declaró a Clarín que eran inquilinos y se los conocía como Andrea y Luis.
Extraoficialmente trascendió que el hombre sería asesor del Programa Nacional contra la Extensión del SIDA y funcionario del Ministerio de Economía.
El resultado del allanamiento potencia la investigación y otorga verosimilitud a los testimonios de Carlos Antúnez y la anciana Eduviges Cholula Zapiola y aumentó el optimismo del Juzgado interviniente.
Posteriormente, el secretario del Juzgado Federal del Doctor Cometa, Diógenes Antenor Vouyerista, formuló declaraciones desde su despacho en tribunales enmarcado por una bandera argentina de gran tamaño. El doctor Vouyerista estimó que la captura del matrimonio indicado como responsable era inminente. Esto significará la apertura de una rendija para observar todos los misterios de este enigma al parecer pasional. A partir de allí, quedarán aclarados todos los puntos oscuros de este caso. Concluyó el secretario.
SILENCIO OFICIAL
Misteriosa ausencia de un funcionario
Página 12 [7-3-95] Desde el 1 de Marzo, no concurre a sus tareas en el Ministerio de Economía el Subsecretario de Recursos Escasos, Dr. Luis Antonio Nosferatu.
Voceros de la comisión de base de trabajadores del sector afirmaban que es muy posible que Nosferatu sea el misterioso Luis que en la fecha antedicha eludió - casi sobre el filo de la navaja- el allanamiento realizado en una vivienda de uso ocasional. En este departamento, habrían transcurrido las últimas horas de Marcela Ulrich, cuyo asesinato lleva más de dos semanas sin esclarecerse.
Tampoco se pudo establecer el paradero de Andrea Tinieblas, la esposa de Nosferatu, que estaría implicada en el caso.
A última hora de ayer circuló la versión que el Ministerio enviaría a la Justicia el legajo de Nosferatu, para permitir que las fotografías fuesen observadas por los testigos Carlos Antúnez y Eduviges Cholula Zapiola. Pero al cierre de esta edición era todo hermetismo en el palacio de Justicia.
REPERCUSIONES DE UN CASO POLICIAL
Subas en las tasas, caída del Merval
Ambito Financiero [8-3-95] La versión que circuló ayer, implicando a un funcionario del Ministerio de Economía en el asesinato de Marcela Ulrich tuvo el efecto del combustible sobre el fuego sobre los mercados financieros.
La tasa de interés trepó al 95% anual, el Merval retrocedió un 8% e inclusive algunas acciones cayeron dos puntos más.
La minicrisis se hizo sentir no sólo en Buenos Aires, sino también en las bolsas de San Pablo, Santiago de Chile, Caracas y Méjico.
Luego de más de dos meses de Efecto Tequila, ¿Estamos en presencia del Efecto Swingers? Consultado por Ambito Financiero, el ex-Ministro de Economía Dr. Teodoro Liberal Purgante definió las condiciones actuales de la plaza... como altamente sensibilizadas. El Dr. Liberal Purgante reafirmó que en las actuales características de la globalización... cualquier versión en Buenos Aires repercute en Tokio, París o Hong Kong..., recomendó para recuperar la menguada confianza de los operadores ... una reducción en el salario de docentes y jubilados y -urgió- ... la rápida implementación de subsidios al ejecutivo solitario, al evasor consecuente y al yuppie, tan necesarios en estos tiempos.
PRIMICIA DE CRONICA
Reconocen al asesino
Crónica [10-3-95] Tal como anticipamos en nuestra edición vespertina de ayer, Carlos Antúnez, la última pareja de Marcela Ulrich, reconoció las fotografías de Luis Nosferatu, mezcladas con fotos de hombres similares.
Con plena seguridad afirmó que ese era el hombre que bailaba y se besaba con la infortunada mujer, muerta hace casi un mes.
También Antúnez reconoció las fotografías de Andrea Tinieblas como la mujer que acompañaba al acusado y prófugo funcionario público.
La testigo Eduviges Cholula Zapiola, no reconoció al acusado porque aseguró ... a las cuatro de la madrugada cuando tiró el cuerpo no le podía ver la cara, además -carraspeó- tenía puestos los lentes para leer y no los que uso para ver de lejos.
ACUSADO Y ÑOQUI
La investigación en tinieblas
Página 12 [11-3-95] Desde el primero de marzo se desconoce el paradero de Luis Nosferatu, funcionario del Ministerio de Economía y asesor del Programa Nacional contra la Extensión del SIDA.
Pero antes de hacerse humo, Nosferatu tomó sus pertenencias, cobró sus haberes de febrero y obtuvo un adelanto sobre su salario de marzo, de este modo queda en la oscuridad, se diría en tinieblas, la prestación correspondiente de sus servicios que el propio funcionario cobró por anticipado y que -por obvias razones- no realizará en tiempo y forma correspondiente.
Sin confirmación oficial, circularon dos nuevos rumores en fuentes cercanas al Juzgado Federal del Doctor Ludovico Cometa. La primera alude a que Nosferatu había retirado todos sus fondos en el Kingston Bucaniers Bank, sucursal Belgrano, uno de los bancos con los que operaba.
La otra versión aludió al descontento del Juez Cometa y el Secretario Vouyerista con el comisario Sherlock Braguinski, pues éste pondría todo su celo en la clasificación del material erótico-pornográfico hallado en el departamento del acusado y no respondería los llamados del Juez y el Secretario. De todos modos se espera la detención inminente de los acusados y se solicitó la captura a Interpol para el caso que hubiesen abandonado el territorio argentino.
Revista Desperdicios
[12-3-95]
EL RECIENTE ASESINATO NOS LLEVÓ A PROFUNDIZAR ANTERIORES INVESTIGACIONES
EN EL B.A. NOCTURNO.
ESTA NOTA APORTA AL CONOCIMIENTO DEL MUNDILLO DE LA NOCHE Y ES SÓLO UN ANTICIPO DE FUTURAS PUBLICACIONES
El asesinato de Marcela Ulrich, ocurrido luego de visitar el pub Amontonados, reactualizó la polémica sobre estos sitios. Independientemente del esclarecimiento del crimen subsiste en ambientes políticos, policiales y judiciales la impresión de que en dicho bar se realizan otro tipo de negocios y que el levante entre parejas, las triangulaciones y otras delicias de la posmodernidad son sólo la pantalla.
Aumenta esta impresión el hecho que las presuntas dueñas del lugar son dos ancianas- ambas nonagenarias- y residen en un lejano instituto geriátrico a 100 km de la Capital federal.
La desmentida de los aludidos como dueños del Pub, el sindicalista Clístenes Flexibilizo y el empresario y ex-funcionario Domingo Estado Bobo, no conformó a los sectores que siguen de cerca al caso y sus ramificaciones.
¿Qué pasó la noche del 16-2?
Estamos en condiciones de anticipar algunas hipótesis barajadas por los investigadores. La más firme suposición indica que de Amontonados los prófugos Tinieblas y Nosferatu se dirigieron con la asesinada a la casa de Belgrano. Allí habían llegado hacia las 2.15 hs del 17-2 y rápidamente se dedicaron a los juegos sexuales. Aquí se bifurcan las hipótesis; una de ellas afirma que fue Nosferatu quien mientras penetraba analmente a la víctima, la ahogó con la almohada sin tener intención de asesinarla. La otra afirma que Andrea Tinieblas, indignada porque su esposo se dejaba acaparar por la ocasional amante y no la integraba a la relación, se dejo ganar por los celos y pasó a asfixiar a la víctima con la sábana, una toalla o la almohada. Este luctuoso episodio no hizo perder la frialdad a los asesinos. Primero acomodaron el lugar, se deshicieron de las pertenencias de la infortunada víctima y hasta sostuvieron una nueva relación sexual. Luego cargaron el cuerpo en el Renault 21 oficial que el prófugo tenía a su disposición y arrojaron el cuerpo en Barrancas de Belgrano, sin contar con la presencia de la anciana Eduviges Cholula Zapiola, cuyo testimonio permitió, en principio, orientar la investigación.
¿Cómo funciona Amontonados?
Vecinos del Barrio Norte aseguran que al pub en cuestión no concurren más que 10 ó 12 personas por noche. A un gasto promedio por pareja de $30.- difícilmente pueda financiarse con este ingreso la viabilidad del negocio. Si bien abre sus puertas a las 22 hs, las mismas fuentes aseguran que durante las horas de la tarde hay un permanente desfile de personas, generalmente solas, quienes acceden al local cerrado luego de tocar el timbre. ¿Amontonados es la pantalla de negocios ilegales? ¿Será este sitio un centro distribuidor de drogas?
Ser Swingers en tiempos del Sida
Dos cronistas de nuestra revista -caracterizados como si fueran una pareja común- se presentaron noches pasadas en el lugar. En la barra permanecía el encargado sirio, Mohamed Alí Tell Eunuco, quien explicó a los recién llegados – chapurreando un trabajoso castellano- la mecánica del lugar: dijo que en Amontonados había tres consignas: calidez, discreción, intimidad. Les confió que por ser nuevos en el lugar, las parejas interesadas se acercarían a ellos.
La decoración del lugar es verdaderamente lujosa, moquete azabache, mesas bajas enmarcadas por mullidos sofás rojos con forma oval.
Las paredes están cubiertas con miliunanochescos gobelinos con motivos eróticos. Javier, nuestro cronista, estaba absorto observando la riqueza estética y los gobelinos, cuando se acercó una mujer.
¿Te atrae el arte erótico o la pornografía?, preguntó. Era pelirroja y lucía un espectacular vestido negro transparente, que realmente realzaba su impactante figura. Javier asegura que la impresión que Mara, la pelirroja, le produjo será perdurable pero no le quitó la serenidad como para no invitarla a la mesa. Enseguida apareció su ¿esposo? Héctor. No contaremos en esta entrega los detalles de la conversación que darían para una nota especial. Hubo sí invitación para terminar la noche en un departamento que Héctor y Mara tienen para sus “fiestitas multitudinarias”. Cabe aclarar que para nuestros corresponsales, cualquier número que exceda al clásico dos es multitud. Nuestra cronista, Julieta, se aferró a la negativa de los frustrados anfitriones al uso del profiláctico para zafar de la invitación. Javier, no muy convencido, apoyó el planteo de su compañera. En tiempos del S.I.D.A., nace una inevitable pregunta. ¿Todos los Swingers rechazan el preservativo?
Del asesinato de Marcela Ulrich no se pudo hablar nada. Dos veces nuestros cronistas intentaron introducir el tema, Héctor y Mara permanecían mudos como esfinges y no hubo forma de introducir el tema.
INSÓLITA APARICIÓN TELEVISIVA DE LOS PRÓFUGOS
Si lo sabe, atrápelos
Página 12 [15-3-95] Los espectadores, ayer por la tarde, del programa televisivo “Si lo sabe, Baile” conducido por el animador y showman Clodomiro Trolasco del Riego no podían creer lo que veían. El programa de la víspera estaba dedicado a la música de bailanta y la función era animada por la Orquesta Sinfónica de José C. Paz. Tenuemente sonaba la melodía del hit “Qué tendrá el petiso” cuando el animador anunció: “¡Pareja nº 69, Luis y Andrea!”. La música subió abruptamente de volumen y en el escenario bailando el éxito de Ricky Maravilla, estaban los prófugos Luis Nosferatu y Andrea Tinieblas. El citado Trolasco Del Riego no pareció percatarse de quiénes eran los increíbles concursantes, pero sí su audiencia.
Rápidamente llovieron llamados al canal, a la seccional, e inclusive a los poco divulgados números de los celulares del Juez Ludovico Cometa y del comisario Sherlock Braguinski.
Cuando una patrulla policial al mando del propio Braguinski -quince minutos después- irrumpió en el programa, saliendo al aire en vivo y en directo, los inesperados concursantes nº 69 ya habían huido, sin esperar el veredicto popular sobre el concurso. Este se realiza a través del voto telefónico del público.
La cámara se solazó con primeros planos del sorprendido Braguinski, quien pistola en mano, no podía creer que su presa había huido. Antes de pasar a la pausa apareció el conocido cómico Rebeco Leonvasser, quien cerró el bloque con su célebre latiguillo ¡ososo!
Página 12 consultó por fax al célebre semiólogo e investigador masmediático argentino, Marshall Mc Lander, acerca de este increíble suceso. Hasta hace poco, delincuentes elegían programas televisivos para confesar crímenes y pecados y entregarse pero nunca había ocurrido, en la reciente historia de los medios, una situación similar a la que se vivió ayer: prófugos que se muestran exhibicionistas en cámara y rápidamente huyen. Mc Lander opinó también sobre la actuación del ya universalmente célebre comisario Braguinski.
El error del sabueso es una confusión estructural, él busca a los acusados en la calle, en aguantaderos, fronteras, aeropuertos, estaciones de micro o tren, albergues transitorios y otros sitios convencionales. No comprende que este mundo cotidiano ya es puramente ficcional. El único universo real es la televisión, los medios de comunicación y los hypermedios, como INTERNET. Si Sherlock hubiera estado en su casa - al comando de su control remoto viendo la tele-, sin moverse de su sillón favorito hubiera dado la orden de detención a la guardia del canal, y ahora los prófugos ya no lo serían.
En una palabra, el comisario no comprendió la verdadera dimensión ontológica de la televisión concluyó Mc Lander en su referencia a la labor policial.
Con respecto a los imprevistos bailarines, el comunicólogo afirmó que corrieron un severo riesgo, ... poseídos de un irreprimible hedonismo exhibicionista, una especie de narcisismo electrónico, auténticamente posmoderno...
Pero en este proceso demostraban... una innegable superioridad intelectual, una aguda e intuitiva comprensión de las coordenadas cruciales de nuestra época y auténtica fascinación por la textualidad masmediática.
La lupa del analista no dejó de lado al conductor televisivo Trolasco Del Riego quien... pareció despersonalizarse por entero para convertirse en un puente, un vínculo comunicacional entre el set televisivo y la calle. Finalmente, la aparición en cámara del cómico Leonvasser permite cerrar el episodio... transformando un suceso policial en un gag de la mejor tradición cinematográfica, integradas así, en un continuum netamente televisivo, el concurso, la irrupción del comisario y luego el desopilante actor dándole un corte - casi de manga- a la secuencia de imágenes y con ella a las ilusiones de medalla de honor para el sufrido Sherlock Braguinski.
Mc Lander nos confió que piensa elaborar una tesis sobre esta situación sin antecedentes.
¿Los prófugos? Prófugos.
[CANAL 9]
Programa Olvidos y Recuerdos - 21 hs [20-3-95]
[Animador, mirando a cámara]
Hoy en nuestro programa, continuamos debatiendo el caso que conmueve a Buenos Aires, el asesinato, hace ya más de un mes, de Marcela Ulrich.
Nos acompañan para analizar el tema cuatro destacadas personalidades. Aquí a mi izquierda la dirigente feminista Virginia Chacón, a mi derecha, el abogado defensor de los acusados - y prófugos- Luis Nosferatu y Andrea Tinieblas, Doctor Leovigildo Pipino Cuervo. Junto a él, el letrado patrocinante de los hijos de la señora asesinada, Doctor Gimeno Adinerado. Finalmente, frente a todos nosotros está el padre Agustín Inquisitivo Garrote, quien traerá la voz autorizada de la iglesia sobre el tema que analizamos hoy, así como sobre otras cuestiones que interesan sobremanera a nuestro público televidente. Empecemos por la dama. A ver Virginia ¿Qué tiene para decir en un caso como este una dirigente feminista?
Muchas cosas, en principio cuestionamos la ineptitud de la justicia para investigar. La ineficiencia de la policía para hallar a los prófugos. Prófugos que se pavonean en programas de televisión. ¿ Es ajeno a la condición de mujer de la víctima todo esto? Yo pienso...
[Enérgica interrupción del sacerdote]
Ser mujer no autoriza a una vida disoluta. Está comprobado que esta señora iba de hotel en hotel. Si se hubiera comportado de acuerdo a la moral natural no la habrían matado. [El animador quiere contemporizar]
Padre Inquisitivo Garrote, ya le tocará su turno.
Es que cuando pienso en esos hoteles, esos sitios de promiscuidad donde se concretan enganches de pareja, me invade la excitación, perdón, la indignación.
[Virginia]
El Doctor Freud, que no será santo de su devoción diría que usted tuvo un acto fallido, como iba diciendo...
[El animador la interrumpe para ir a un corte publicitario; cuando vuelven del corte le da la palabra al abogado defensor]
Doctor Pipino Cuervo, ¿por qué sus clientes se presentan en televisión y no lo hacen en la Justicia?
[Abogado]
La presentación en la TV fue una travesura de refinado y sutil humor, no se puede negar, pero la causa de su incomparecencia no es otro que la manipulación política que se hace de la acusación. Concretamente, yo acuso a la oposición de manipular el caso para enturbiar políticamente la reelección del presidente Reginaldo Carliños.
[Animador]
Pero Doctor, las elecciones para presidente son recién dentro de tres años.
[Abogado]
Pero la difamación empieza ahora...
[Virginia Chacón]
Yo quería decir...
[La interrumpe el animador]
-Perdón, Virginia, Doctor Adinerado, ¿qué opina usted, en representación de la parte querellante?
[Abogado]
No sé si hay difamación o hay campaña política. Yo sé que una señora fue asesinada y los acusados se niegan a entregarse, esto es mucho más grave porque son funcionarios públicos, digo bien, son funcionarios porque no han renunciado ni han sido removidos, pero no se presentan. ¿Serán los ñoquis prófugos?
[Animador]
Se suma a nuestro panel la querida Tota Lazareto, presidenta de la Asociación de Mujeres Amantes del Trabajo Hogareño. ¿Por qué esta aquí?
[Tota, con un vozarrón amplificado]
Vine aquí porque no soportó que la mujer esté representada por estas autodenominadas feministas. ¿De qué liberación femenina me hablan? La mujer es reina de su hogar, su trono es la cocina; su altar, el lavadero; su ejercicio del poder, el trabajo doméstico. Esta señora, la muerta, pobrecita, perdió de vista los objetivos de toda mujer moralmente inobjetable... vea, mire, la mujer se esclavizó cuando salió a trabajar fuera de casa...
[La feminista quiere intervenir pero el animador anuncia corte. Cuando retoman del corte el animador le cede la palabra a la dirigente Virginia Chacón]
Yo quería decir que...
¡Un momento! [interrumpe el animador] Hemos recibido un cable de la agencia Al Toque: fueron detenidos en el barrio de Flores los prófugos Luis Nosferatu y Andrea Tinieblas. Se ampliará la información en el noticiero, pero... me dicen que vamos con nuestras cámaras al lugar del hecho.
Flores. Avda. Rivadavia.
[El comisario tiene bien esposados a cada uno de sus brazos a los prófugos, el hombre a su izquierda, a su derecha, la dama. Mira en dirección oblicua, con expresión entre alegre y ausente. El periodista lo interroga]
Comisario Sherlock Braguinski, ¿realizó usted personalmente las detenciones?
[Comisario]
Afirmativo.
¿En qué circunstancias?
Fue un trabajo de inteligencia.
¿Podría dar más detalles?
Eso es secreto de sumario. Para más información hay que dirigirse al juez interviniente.
[Dicho esto, suben los tres a un patrullero, la cámara toma cómo el móvil policial se aleja.
El periodista se para en la puerta de una casa que tiene un farol violeta y habla a la cámara]
Aquí, en Rivadavia 7388, funciona el sauna Sexiflowers. Acaba de producirse la detención de la pareja más buscada de la Argentina. Nuestro noticiero quiso entrar pero un empleado de seguridad nos impidió el ingreso. Volvemos a estudios centrales.
[Allí, el animador se ha quedado solo y habla a la audiencia]
Nuestros invitados se han ido. Esto demuestra la importancia de los medios: los abogados se dirigieron a cumplir sus tareas, el sacerdote recibió en su teléfono celular un llamado urgente, la dirigente feminista se retiró, molesta, porque se dijo despojada en el uso de la palabra y Tota Lazareto se presentó en Casa de Gobierno porque es asesora en el Ministerio de Economía. Hasta la semana que viene.
ATRAPADOS SIN SALIDA EN EL SAUNA
¡Cayeron!
Página 12 [21-3-95] Nadie sospechaba, menos todavía los clientes, que en el sauna Sexiflowers de Rivadavia 7388 se escondían los superbuscados prófugos Andrea Tinieblas y Luis Nosferatu.
Cuando la comisión policial al mando del famoso sabueso Sherlock Braguinski allanó el establecimiento, los clientes y trabajadoras pensaron que habían fallado los “arreglos” que permiten el funcionamiento impune de estos lugares formalmente ilegales.
En realidad, el grupo de la Federal tenía el dato -cierto- que en el establecimiento se escondía la pareja que el mencionado jefe policial buscó durante tanto tiempo.
Pudo saberse que el dueño del establecimiento, Ataúlfo Axel Caferata, propietario de varios establecimientos similares, una cadena de sex-shops y dos distribuidoras de video porno, era amigo personal del prófugo. Caferata es afiliado al partido oficialista, partido por el cual integra además la nomenclatura de la unidad básica El precio del poder.
Con respecto a las infidencias que permitieron el descubrimiento de los acusados circularon dos versiones. La más confiable, aparentemente, indica que una pupila de Sexiflowers reconoció a los prófugos en el comedor del lugar e hizo la denuncia policial. Las empleadas suelen pernoctar y alimentarse allí.
La versión menos confiable -supuestamente- sería que el comisario Braguinski recorriendo sex-shops, escuchó un comentario entre un encargado del mismo y otra persona; a partir de allí -movido por la sospecha- obtuvo de fuentes no reveladas el organigrama de los negocios de Caferata. Este tiene ocho saunas. ¿Cómo eligió primero el de la Avenida Rivadavia? ¿Corazonada? ¿Conocimiento? ¿Trabajo de inteligencia? El astuto detective no quiso dar la respuesta.
Los detenidos están a disposición del Juez Ludovico Cometa, quien al cierre de esta edición se disponía a interrogarlos.
¡Confesión!
Crónica [22-3-95] Los dos detenidos acusados por el asesinato de Marcela Ulrich, Luis Nosferatu y Andrea Tinieblas, se acusan mutuamente por el asesinato.
Pese al secreto de sumario pudo saberse que el interrogatorio por separado al ¿todavía? funcionario del Ministerio de Economía y su esposa dio por resultado que ella aseguró que el crimen lo realizó su esposo mientras penetraba analmente a la infortunada señora.
La confesión de Andrea confirmó las informaciones que el Juzgado y la prensa manejaban con respecto a los hechos. La relación se inició en el Pub Amontonados, y ante la negativa del acompañante ocasional de Marcela los tres restantes se dirigieron al departamento del matrimonio Nosferatu para realizar una fiestita triangular.
La confesante asegura que sólo se habían producido contactos entre hombre y mujer porque ella rechaza el lesbianismo. Reconoció que Marcela Ulrich tampoco se lo había pedido.
Luego de haber tenido dos veces relaciones con su esposa, Nosferatu estaba haciendo lo propio - por segunda vez- con la víctima. La relación era fogosa, intensa y apasionada, cuando la infortunada mujer tuvo un vibrante orgasmo. Entonces el hombre la puso boca abajo y comenzó a untar sus nalgas y orificio anal con un gel lubricante. Hecho esto, el acusado procedió a realizar un coito anal, poseído de febril agitación tomó la almohada y como parte de un mismo momento concluyó su acto sexual mientras la mataba, asfixiándola.
Esto relató la acusada, que aseguró que ella miraba sentada en una silla, mientras fumaba un cigarrillo. Medios vinculados al Juzgado aseguraron que la acusada realizó su confesión en un monólogo, casi sin necesitar de preguntas, transmitiendo un intenso resquemor a su marido.
Su esposo confirmó todos los pasos previos, incluyendo la relación anal, pero el final es donde difieren las dos versiones.
Según Nosferatu, luego del último coito se dirigió al baño y luego a la cocina para buscar hielo para el whisky a pedido de las mujeres. Cuando volvió, Andrea había asfixiado a la señora asesinada con una almohada y, presa de un ataque de nervios, le reprochaba que siempre a otras mujeres les hacía mejor el amor que a ella.
¿Quién dice la verdad y quién miente?
El Doctor Cometa dictó la prisión preventiva de los dos acusados.
El caso Ulrich pasó al Tribunal de Sentencia
Clarín [18-12-96] Los 13069 folios del expediente que investiga el crimen que conmovió a Buenos Aires fueron girados al Juzgado de Sentencia sin resolver el dilema que apasionó a la opinión pública en el verano, otoño, invierno y primavera pasados. El Juez de Instrucción Ludovico Cometa no logró acumular pruebas para definir quién de los dos acusados, Luis Nosferatu y Andrea Tinieblas son, respectivamente, asesino y encubridor o viceversa. Logró, no obstante, probar que no fueron otros los autores del delito de marras y el Doctor Virgilio Tránsito Marullo, Juez de Sentencia, deberá resolver en la instancia final, la espinosa cuestión.
En medios tribunalicios se descuenta que la fase definitiva del juicio se realizaría recién a partir de febrero, debido a la cercanía de la Feria Judicial.
La estrategia de la defensa, sorpresivamente en manos de un solo letrado, está a cargo del Doctor Leovigildo Pipino Cuervo. Este pedirá que el Tribunal reconozca el carácter no intencional del asesinato.
El Doctor Gimeno Adinerado, representante de los hijos de la víctima, anunció que reclamará el máximo de la pena para ambos acusados, sin distinción entre autor del crimen y eventual encubridor. Reveló, además, que el acusado Nosferatu, que sigue siendo miembro del equipo económico, tiene una cuenta en el Banco del Uruguay por más de $2.000.000 y en consecuencia, pidió el embargo de ésta, para cubrir la demanda civil en curso, realizada por los hijos de la mujer asesinada.
El fiscal del caso, Dr Tifalino Recto Doblez, no formuló declaraciones pero trascendió que su dictamen sería similar a lo solicitado por el Dr. Adinerado.
Inminente Sentencia
Crónica [10-10-96] Se dará a conocer la sentencia en el caso que el año pasado conmovió al país, el asesinato de Marcela Ulrich luego de una orgía realizada en una residencia de Belgrano, es inminente una sentencia judicial.
El veredicto del Doctor Virgilio Tránsito Marullo será dado a conocer hoy, en la sede Judicial de la calle Talcahuano. Se espera en la opinión pública un fallo ejemplificador.
[Extraído de la sentencia]
PODER JUDICIAL DE LA NACIÓN
En la ciudad de Buenos Aires, a los 15 días del mes de octubre de 1996 se expide el Juzgado de sentencia a cargo del Doctor Virgilio Tránsito Marullo y dicta sentencia en los autos caratulados Marcela Ulrich s/asesinato.
RESULTANDO:
De las probanzas del caso se infiere que la occisa ha muerto
Y CONSIDERANDO:
Que de las diligencias, proveídos y otras circunstancias judiciales muestran ineluctablemente que la víctima careció de toda voluntad de morir, por lo cual de ningún modo puede caratularse el hecho como suicidio. Pero de las pruebas aportadas por los fiscales surge que los acusados sin duda fueron los autores del asesinato de marras, mas no surge fehacientemente quién fue victimario y quién cómplice-encubridor, el Juez Interviniente
RESUELVE:
1.- APLICÁNDOSE el principio jurídico “in dubio pro reo”, no puédese determinar quién de los dos acusados es el autor en concurso real de la muerte súbita de la víctima, Marcela Ulrich, persona fallecida de la filiación y condiciones personales descriptas en el inicio del expediente.
2.- CONDENAR a ambos acusados de la filiación y condiciones personales obrantes al inicio del juicio, a la pena de 6 (seis) meses y 3 (tres) días de prisión.
3.- DISPONER por Secretaría en virtud del artículo 493 de CPPN la libertad de los detenidos por haber excedido su tiempo de detención la condena impuesta.
4.- LIBRAR oficio para que el Ministerio de Salud y Acción Social provea asistencia psicológica a los acusados, si éstos lo aceptan voluntariamente.
5.- GIRAR las actuaciones a la Justicia Civil para determinar la responsabilidad y el monto indemnizatorio correspondiente.
6.- COMUNICAR, PUBLICAR Y ARCHIVAR.
Virgilio Tránsito Marullo
JUEZ EN LO
CRIMINAL
REALIDAD VIRTUAL
REPUGNANTE CHACAL
Violador de gallinas en González Catán
Crónica [15-10-94] La audiencia del celebrado y popular programa de Mauricio Mendaz- que se transmite por el canal oficial- no podía creer lo que veía ayer por la tarde. Las cámaras se habían trasladado al barrio “Las Totoras” de González Catán, partido de La Matanza y allí un cronista entrevistaba a Diego Sebastián Kulnichuck, un robusto morochón de 19 años de edad, acusado por el vecindario de violar reiteradamente a “Ginaca”, la gallina bataraza de su vecina, la jubilada Carla “La Chocha” Méndez. Desde la casa vecina, la mencionada “La Chocha” gritaba acusando a Diego de estropear el gallinero con el cual la jubilada ayudaba a su sostén.
El acusado permaneció sereno e impasible degustando unos mates mientras acariciaba a “Ginaca”, la simpática ave que llevaba cruzada en su cuerpo una cinta roja y que no se movía de su lado, mientras parecía acariciarle la pierna.
Finalmente, frente a la presión del cronista, Diego dijo textualmente:
-Sí, me la c..., pero no fue violación, a ella le gusta, será porque soy bostero, la cosa es que les rompimos el c... a todas las gallinas, pero fijate que a ella no la obligué, desde ese día no nos separamos nunca más... y dejó ver una sonrisa de escasos dientes.
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Zoofilia en González Catán
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Clarín [15-10-94]. En el programa que conduce el periodista de Mauricio Mendaz, se produjo un hecho insólito: la confesión en cámara de un supuesto caso de violación zoofílica. En la emisión de la víspera, Diego Sebastián Kulnichuck, argentino de 19 años de edad, confesó el delito (ver el recuadro Si, la violé) y desató una verdadera polémica acerca de los alcances de su conducta y las condiciones de imputabilidad que pudieren corresponderle.
Tras la confesión de Kulnichuck desde el barrio donde habita, la cámara retornó a estudios donde un panel debate el curioso, escabroso y libidinoso caso.
El psicólogo Sigmund Adalberto Adler rehusó encuadrar patológicamente la conducta del habitante del barrio suburbano “... hay tantas sexualidades como seres humanos, si él eligió una gallina como objeto de placer es porque tal vez le brinda más placer que una mujer...” y añadió pícaro y futbolero “... tal vez en la cinta roja que le colocó a la gallina esté su oculto deseo de vengar las derrotas que los riverplatenses les hemos infligido a los bosteros en los últimos tiempos”
Luego del psicoanalista habló el sacerdote católico Galileo Lefebre, quien expresó la opinión eclesiástica: “...no se pueden mantener relaciones sexuales si no es bajo el sacramento matrimonial, ahora bien, esto está prohibido entre hombre y gallina así como entre mujer y gallo, por tanto este romance, por voluntario que hubiese sido la aquisicencia de la bataraza es contra natura y contra la ley de Dios, por lo tanto la Iglesia lo condena, pero me ofrezco como confesor del descarriado muchacho para que me confiese qué secreto y oculto atractivo tenía “Ginaca” sobre él.”
Luego intervino el célebre jurista Juan Rigoberto Camaleón quien desestimó que Kulnichuck pudiese ser condenado por violación (artículo 19, inciso 68 y tres cuartos bis del Código penal) puesto que éste reprime violaciones entre seres humanos; ni por cuatrerismo (artículo 59, inciso 989 del mismo código) ya que el ave nunca fue robada pero abrió la posibilidad de un juicio por estupro (artículo 59, inciso 990 del varias veces citado digesto) dado que la susodicha Ginaca sólo tiene dos años de edad, posibilidad que fue admitida por una jueza de menores que se comunicó telefónicamente al canal.
La gallina Turuleca ya no pone huevos
Página 12 [15-10-94] Insólitamente el oficialista programa de Mauricio Mendaz dedicó íntegramente el programa de ayer al caso de un supuesto violador de gallinas en González Catán.
En momentos en que la desocupación trepa al 25%, se reduce el presupuesto educativo, la situación del sistema de salud pública es más que caótica, el caso de corrupción más sonado en los últimos tiempos - el robo de biromes en la administración pública central- conmociona a la opinión independiente, se dedica una hora en la televisión a tan superficial asunto.
Luego de entrevistar al “acusado”, a la acusadora y legítima propietaria de la gallina en el lugar del placentero encuentro e inclusive intentar hacer lo propio con la propia ave quién - también presente- se negó a formular declaraciones. Todo esto se realizó en un barrio del conurbano bonaerense donde ocurrieron los hechos. Poco después, en el estudio se realizó un debate periodístico que no obstante su amplitud no resolvió el fondo de la cuestión, el tema que acapara la atención de la opinión pública, Ginaca, ¿Está embarazada?
Si persisten las dificultades del gobierno, ¿continuará este tema o surgirá otro?
ROMANCE DE BARRIO
I A
Nunca me imaginé lo que se venía. Y cómo me salvé de la tragedia. Yo era el tipo más feliz del mundo. Veinticinco años, la mejor edad de la vida. Recién casados. Laura era el sol y la luna. Hacíamos el amor todas las noches soñando con un hijo. Todas las noches y al despertar. Después se ponía mi camisa y traía el mate a la cama. Salvo los miércoles, yo trabajaba de tarde.
La felicidad era la vida entera. ¿Quién podría imaginar lo que vendría? Teníamos de casados pocos días, más o menos veinticinco
I B
veinticinco años de casada. ¿Qué día se murió el amor? ¿Cuándo se apagó el deseo? Ya ni me acordaba.
Mi marido era un ser querido, querido como amigo, una presencia rutinaria, molesta sólo algunas noches. Pero también, la seguridad económica, mi horizonte previsto y previsible. Ver cómo crecen mis nietos, consolar a mi hija, a quien se le fundió el amor muy pronto.
¿Los mayores de cincuenta años no pueden vibrar?
Tampoco me lo cuestionaba. Todos los días eran iguales: la limpieza de la casa, visitar a mi hija, los miércoles y los sábados hacía compras en el autoservicio
II A
autoservicio de unos chinos que estaba frente adonde yo tomaba el colectivo, los miércoles por la mañana, única matinata que me tocaba trabajar. Ese fue el punto de partida de todo este rollo.
Yo iba siempre con sueño, la media hora en bondi - de nueve a nueve y media- me servía para una traqueteada siesta y después cuatro horas de laburo.
Quizás pasaba siempre, pero no la noté desde el principio. Primero escuché gritos desenfrenados, casi aullidos. Unos obreros de la construcción -hacían un dúplex en la esquina- lanzaban alaridos: diosa, yegua, potra, bestia.
Antes de seguir escuchando tanto delirio místico-zoológico, observé.
Era una rubia mayor pero realmente tenía un cuerpo maravilloso. Dos tetas hermosas como las pirámides de Egipto. Una cinturita de modelo y un culo renacentista realzado por las calzas
II B
calzas no debo ponerme cuando hago las compras, pero no tenía ganas de plancharme la pollera o quizás me venció la coquetería, pero ese día que él me vio por primera vez, me puse las calzas rojas.
Puedo envanecerme con que me mantengo atractiva, pese a haber superado los cincuenta años. Pero siempre que me pongo esas calzas, me doy cuenta que pasa algo especial; los tipos se excitan, más que lo acostumbrado. No imaginé que había quince albañiles trabajando en el dúplex de la esquina.
Yo no lo vi enseguida, después supe que así empezó todo. Mi esposo me decía que esas calzas debía ponérmelas y sacármelas solamente para él. En realidad él era para quien menos me vestía y me arreglaba. Ese día las calzas comenzaron a tener sentido. Y destinatario. Sólo que enseguida no lo supe
III A
supe, por simple observación, que todos los miércoles iba al autoservicio nueve menos diez. Venía por la vereda de la parada del bondi y media cuadra antes se cruzaba a la de enfrente, seguramente para evitar la construcción.
Primero la observé como si fuera una obra de arte, pronto me caminaron los pensamientos. Debería tener por lo menos cincuenta años, pensaba. ¿Cómo sería Laura a esa edad? Ella caminaba fría y distante, con paso casi marcial. Después del primer día que la vi, vestía siempre vestidos o faldas largas y anchas, pero igual se destacaba.
En algún momento, no antes de las diez semanas, la observación se volvió deseo. Comencé a no entenderme; amaba locamente a Laura, pero también deseaba con todo mi ser a esa mujer.
El quiosquero de la esquina donde paraba el colectivo me dio, cómplice, otro dato: también pasaba -a la misma hora- los sábados
III B
sábados no lo vi nunca. Pero noté que todos los miércoles estaba parado en el poste del 109, casi como parte del decorado. Empecé a observarlo con disimulo desde el autoservicio, tendría veinticinco, la edad de mi hija. ¡Qué lindo chico!
Fantaseaba con que podía ser el amor futuro de Marcela, si se decidía al divorcio que ella anhelaba. Era alto, morocho, lo presentía varonil y en eso estaba, cuando se me escapó un suspiro. ¡Lo quería para mí! Ni yo lo podía creer, con más de cincuenta, excitada con un mocoso. Me sentía extraña, pero no lo podía evitar. Despierta, soñaba que lo abrazaba, lo mimaba y lo acariciaba. Dormida, soñé que hacíamos el amor y volaba a territorios desconocidos. ¿Sólo durmiendo podía saber yo qué era un orgasmo?
Supe que mi felicidad posible era con él, pero, ¿se me acercaría? ¿Soltero? ¿Casado? ¿Cómo romper el hielo?
IV A
hielo me tengo que poner. Casado, felizmente casado con Laura; hermosa, dulce, inteligente, buena, trabajadora, amante insaciable hasta que nos satisfacemos uno al otro. Tengo la mujer perfecta como esposa y me excito con Miss Pami... pero no lo podía evitar. Para peor, un día me miró fijo, siguió, y se dio vuelta para mirarme. Su mirada me conmovió y me excitó mucho más.
Desde el miércoles siguiente, dejó la ropa holgada y siempre venía con las calzas rojas. Se diría que se ponía atractiva para mí... y sí... se ponía atractiva para mí.
¿Cómo encararla? Si Laura bajaba, ¿qué le digo? ¿Que le pregunto? ¿Abuelita qué hora es? Imposible, tengo reloj. Miré al quiosquero y tuve la idea: el sábado. El sábado, Laura se iba de la madre y casi religiosamente se bañaba a las ocho, se arreglaba, y a las nueve ya había salido. Yo nunca iba de mi suegra. Nos odiábamos en silencio - en silencio porque nunca nos veíamos-. Cuando éramos solteros, un día, volvió a su casa sin avisar y me encontró cómodamente repatingado en su cama.
En el fondo la comprendía, ella hubiese querido un yerno contador, abogado o empresario. Le tocó un Licenciado en Letras. Pero amo a su hija más que a mí mismo. El sábado avanzo, pensé: que Alá y Cupido me amparen.
Le bolaceé a Laura que tenía una reunión de trabajo el sábado a la mañana y- cuando ella se fue- me puse lo que mejor me queda, una camisa
IV B
camisa blanca tenía puesta y un jean pinzado... era un sueño... él, no la ropa. Era sábado, nunca lo había visto un sábado. Tal vez algo presentía porqué me había puesto las calzas rojas que lucía para él. Presentía que era el día. Además no estaba en la parada del 109 sino que estaba apoyado en la pared.
El corazón me latía muy rápido, pero pese a la excitación pude pensar fríamente. Dejé el papel con el pedido en el autoservicio y dije que lo retiraba en media hora. Antes de entrar, nos miramos descaradamente pero él no sabía que yo soy casada. Salí en dirección contraria a mi casa, hacia la avenida. A media cuadra, lo miré. Me seguía. Entendió todo porque caminamos cuatro cuadras y no se me acercó. Por fin paré y lo esperé. Pobrecito, estaba colorado como un tomate y la voz y todo el cuerpo le temblaban.
Me dijo: - Te quiero. Y yo me reí.
- ¿Cómo podés quererme si no nos conocemos?
- Para conocerte salí de casa un sábado tan temprano.
- ¿Te parece que vale la pena?
- Mucho.
- Cuidado, no hablemos aquí que soy casada. A las once nos encontramos en el Tourbillon, de San Pedrito y Rivadavia, en el piso superior. ¿Podés?
- Sí, me dijo y volví al supermercado.
Mi marido trabajaba, le dejé un mensaje escrito diciéndole que tenía un turno médico y que si yo no llegaba para almorzar, sacase un plato del freezer y lo calentase en el microondas. Me arreglé y mientras me ponía las calzas rojas pensé: ¡Ojalá almuerces solo!
V A
solo estaba arriba, en ese primer piso oscuro del Tourbillon. Once y cuarto. ¿Se arrepintió? Prendí un cigarrillo y pensé en la suerte que teníamos de ser los dos casados. Trampas simétricas. Ese cigarrillo lo mastiqué más que fumarlo. En la confitería sonaba Luis Miguel. Yo la imaginaba desnuda, bailando conmigo esos boleros en el telo de la vuelta, o en cualquier otro, soñaba despierto que la apretaba y la besaba, mis manos se detenían mucho rato en esas nalgas milagrosas. Once y media. ¿Qué pasa, gorda? Dijiste a las once. Llegó. Yo estaba dispuesto a prometerle matrimonio si era necesario, pero, en realidad pensaba iniciar el verso lentamente. Empecé a hablar de sus atractivos, pensando que no iba a poner obstáculos con la diferencia de edad. Me dijo callate. Estábamos sentado uno al lado del otro en un sillón bajo. Me miró y nos besamos con todo. Con su mano derecha me acarició la cabeza, pero su mano izquierda fue directa al palo que estaba como correspondía.
Ahí le dije -obviamente- vamos al telo. Pregunta ¿tan pronto? No pretenderás que lo hagamos aquí. Quisiera tomar algo. En el hotel, le dije casi imperativo. Me abrazó con enorme ternura y me dijo: sí, mi hombre, pero en la calle caminamos sin abrazarnos. Fuimos en silencio, yo explotaba de excitación
V B
excitación sobraba. ¿Cómo podía estar tan excitada? Antes de llegar al Tourbillon, pensaba, pensaba, si lo sabe mi marido, mi hija, mis nietos, pero igual fui. Antes de ir a su encuentro, me había arreglado con la ilusión que el paso de los años había desteñido, por eso me demoré un poco.
Cuando llegué estaba muy nervioso. Que un muchacho tan joven y lindo estuviese así por mí, halagó mi orgullo y mi vanidad. Quiso hablarme pero era inútil, enseguida nos besamos y yo puse mi mano entre sus piernas, ni yo misma me reconocía. No tenía mucho sentido discutirle. Yo tenía que hacer lo que él quería, porque él quería despertar mis sueños más profundos. Lo acaricié lentamente, su piel era muy suave. Mi única defensa fue decirle que debíamos caminar separados. En el hotel, me pareció que el conserje nos miraba irónicamente y yo sentía que había seducido a alguien que podía ser mi hijo. En el ascensor, creí que me besaría, pero me dijo una bestialidad. Algo así como que le gustaría hacerme el amor con las calzas puestas, que deberían tener un cierre para facilitarle esa fantasía. Enseguida me puso las dos manos en la cola y me apretó contra él.
Todo mi mundo y el suyo estaban borrados. Éramos un hombre y una mujer que se deseaban locamente. Ahora vendría lo mejor
VI A
mejor no pudo ser. Estábamos tan excitados que me olvidé de trabar la puerta y lo hicimos primero sobre la colcha. Yo me desnudo en un segundo. Ella se había sacado la remera y yo le arranqué las calzas y la bombacha en un solo movimiento. Ni siquiera vi el color. Fue un rato, una eternidad efímera de placer. Cuando acabamos, nos dimos cuenta que la puerta de la habitación estaba abierta, pero nadie nos miraba. La trabé y me acurruqué en su cuerpo. Tenía un piel suave y blanca. Le besé largamente las tetas. No sentía culpa por Laura, solamente quería estar con ella. Estábamos abrazados y entonces me dijo: Perdón joven, ¿cuál es su nombre? Lo habíamos hecho sin decirnos cómo nos llamábamos. Claudia. Cerré los ojos y pensé en mi matrimonio. Amaba a Laura, pero no quería prescindir de esta nueva relación y volvimos a empezar.
Nuestros sonidos se debían escuchar fuera del hotel. Ese día hablamos muy poco pero supo que yo era recién casado y le sorprendió.
Cuando terminó el turno, se puso la bombacha y se empezó a peinar frente a un espejo, de espaldas a la cama, la miré y tuve la sensación que todo había sido insuficiente. Me acerqué y la abracé por la espalda. Ella sonrió y me preguntó: ¿no te alcanzó? ¿Querés otro...
VI B
turno? Otro turno quería, yo también lo quería, pero él no tenía más plata. Buen ojo tenía el muchacho. Y una polenta de potro salvaje. Pagué con mucho gusto el segundo turno y encargué comida. Se levantó una mujer con guita para que lo alimente. Comió el pollo con las manos, con modales de camionero y enseguida, con la cara llena de grasa me gratificó con el postre. Había traído tres cajas de preservativos, pero casi no le alcanzan. Recién casado, profesor de literatura, la edad de mi hija. Muchas cosas no entendía.
Por el momento, la señora seria de La Paternal se bañaba con un joven desconocido en un albergue transitorio -lugar que pisaba por primera vez en su vida- como si tal cosa. Como si fuera su rutina habitual, lo enjabonaba y lo besaba, incluyendo sus partes pudendas. Has cambiado un tanto, muchacha.
No quise confesarle que nunca había pisado un telo y menos que el único hombre que había conocido era mi marido. Nunca le confesé que me había casado virgen, eso era un secreto de mi esposo. Una debe tener sus zonas no reveladas, aún para un amante. La existencia de éste debía ser secreta para el cónyuge de toda la vida, y entonces, entre tanto fuego, había que enfriar la cabeza.
Mientras nos vestíamos, pensé en la soledad que me rodeaba cuando hacía los quehaceres domésticos. Ahora iba a estar conmigo el recuerdo de su traspiración agitada, de su piel joven, de sus aullidos de placer. Salíamos, eran las seis de la tarde de ese sábado inolvidable, entramos al Tourbillon
VII A
Tourbillon a charlar un poco y ordenarnos. Le propuse escribir en una servilleta lo que sentía cada uno e intercambiarlo. Escribí: Nunca voy a vivir con vos, nunca más podré vivir sin vos.
Se emocionó porque ella había puesto algo parecido. Le conté de mi amor por Laura. Fue comprensiva como una madre. Me contó que hacía mucho que no pasaba nada con su marido, pero aún en su época de recién casada no recordaba haber vivido algo tan denso y placentero.
Tenía necesidad de conocerla, ya tranquilos, charlar sobre qué le gustaba, cuál era su vida, compartir la mía. Ella estaba muy seria. Me preguntó si quería mantener la relación y como le contesté, ansioso, sí, me planteó algunas condiciones. Me daría su teléfono pero si no atendía ella, yo debía cortar. Tendríamos que conseguir un departamento, no quería ir a hoteles siempre. Acepté todo, y le dije que hablaría con un amigo que tenía una casa en Villa Devoto, equipada como bulín. Nos besamos dulcemente y se fue. Entonces aterricé. ¿Se daría cuenta Laura?
Cuando llegué a casa, tomé unos mates y me dormí como un tronco
VII B
tronco, como un tronco dormía José, mi esposo. Muchas veces supe que él tenía relaciones con sus empleadas. Nunca me importó, pero seguramente si me descubría reventaría su orgullo machista. Por de pronto tenía que ser prudente, no iba a salir a buscar trabajo a mi edad. Nunca había contado las monedas, no iba a aprender de vieja. Esta relación con Leonardo era sólo mía, una travesura, una gratificación, una estrella en mi soledad, pero para el resto del mundo yo sería siempre la hermosa, distante y seria señora de Gutierrez.
José se despertó y me pidió un café. Bruto, dos horas después, ni me había preguntado sobre mi visita al medico. Se lo recriminé y entonces me hizo la pregunta sólo por compromiso. Yo le conteste que el médico me había recetado un preparado en base a cuernos de esposo desatento. Entonces él me invitó a cenar en el centro, pero le dije que estaba cansada.(No era para menos) Me dormí, mientras el desconocido primate que tenía a mi lado miraba por el cable boxeo desde Kuala Lumpur o futbol desde Camerún.
Esa noche soñé con imágenes- Leo las llamó surrealistas- sin formas definidas o conocidas y de colores brillantes y estridentes. A la mañana, José estaba a mi lado, roncando estereofónicamente como sólo él podía hacerlo. Se despertó y con cierto tono autoritario pidió el desayuno. Omitió decir buenos días y no se privó de emitir dos pedos y un eructo. Recomenzaba la pesadilla.
VIII A
Pesadilla tuve esa siesta. Soñé que Laura entraba a la habitación y me sorprendía con Claudia balanceándose encima mío. Me despertó mi esposa misma, sorprendida porque gritaba: ¡no Laura no!. Le mentí que soñaba con su muerte y lloramos juntos. Yo me dí manija para que pareciese que realmente había soñado eso, pero ella no necesitó actuar. No había ido de la madre, habia ido al médico. Tenía dificultades para quedar embarazada. Con el balurdo que tenía en la cabeza, me había olvidado que quería ser padre.
Mientras Laura me cebaba mate, no podía dejar de pensar en el lío en el que estaba. Si Laura se enteraba, me echaba de casa en el acto. Ahora que conocía el dulce sabor de hacer el amor con Claudia, ni loco iba a perdérmelo. Tenía que arreglar con Darío para que me preste su casa y disimular.
Invité a mi amor a pasear por el centro para levantar el ánimo pero no quiso. Se durmió con expresión triste y preocupada mientras yo fantaseaba con hacer el amor con las dos.
VIII B
Dos días, tres días, cuatro, pasaron y no me llamó. No pude soportar más y lo llamé yo. No había conseguido la casa que me había prometido pero yo ya no podía esperar mucho más. Nos encontramos en el Tourbillón y disparamos enseguida para el hotel. Fue tan lindo como la primera vez, pero ahora tuvimos posibilidad de charlar más. Me dijo que adoraba a su esposa y sentí unos celos terribles. Supe que me estaba enamorando. Pero era imposible proyectar algo distinto con él. ¿ Por cuánto tiempo me podía querer? ¿Cómo nos íbamos a mantener? Mi esposo tiene una empresa de seguridad, le confié. Tratá de que no nos siga ninguno de sus detectives, me respondió. Caí en la cuenta que hacía vigilar a muchos hombres y mujeres infieles mientras él había devenido cornudo. Se lo merecía. Le pregunté si no sentía miedo a una venganza de mi esposo, si se enteraba. Me besó y dio toda la impresión que no. Estar solos, desnudos, me hacía olvidar del mundo. Convertía mi vida gris y rutinaria en algo intenso que valía la pena.
Me prometió conseguir la casa y establecimos el día del amor: los lunes por la tarde. El iba a una biblioteca a preparar no se que tesis, yo me borraría de casa con cualquier pretexto
IX A
pretexto, postexto, retexto, versotexto tuve que inventar después para que Laura no entendiese mis estados de ánimo. Estaba en las nubes durante la semana, entre distraído y culposo. Cuando se acercaba el lunes, me comía la ansiedad, antes de ir a encontrarme con Claudia ni siquiera tenía hambre.
Mis relaciones sexuales con Laura se espaciaron un poco y ella se volvió un poco más distante y fría conmigo. ¿Sospechaba? Su problema con el embarazo tenía solución quirúrgica. El diagnóstico era quistes ováricos. Los trámites en la obra social demoraban algún tiempo. Quise entusiasmarla con invitaciones a salir con mimos pero no había caso.
Un día pensé: ¿Tiene tristeza o culpa? ¿Saldría con otro? La idea me hizo estremecer de celos y de bronca. Y yo ¿ Qué derecho tenía a enojarme porque Laura hacía lo mismo que me encantaba a mi? Mientras tanto, ella volvió a terapia
IX B
terapia era para mí los lunes a la tarde en el bulín de Devoto. Jamás se me hubiese ocurrido que podían existir rutinas tan placenteras. Un tarde, para demostrarle a Leo cuanto lo deseaba, fui solamente con ropa interior bajo el tapado. Le encantó. Ese día gozamos más que nunca. Yo fantaseaba con la muerte de su esposa, pero el me confesó que se hacía la película de vivir con las dos.
Degenerado, le dije.
No, goloso me contestó.
Era imposible enojarse con él.
Era gracioso, irónico, chispeante y un amante... no sé que adjetivo usar... me alegraban esos lunes de goce perpetuo y cuando me llamaba por teléfono. Vivía para encontrarme con él, el resto de la semana duraba
X
Duraba tres meses nuestra relación, no decaía, al contrario. Era mi principal alegría. Laura estaba recocentrada en sus dificultades para lograr el embarazo; ya eramos un matrimonio indiferente y rutinario.
Llegó la operación... un lunes... pasé un dia negro; desgarrado entre la preocupación por la salud de mi mujer y la ansiedad del deseo insatisfecho. Cuando Laura despertó, me miró con con ojos tan llenos de amor que sentí culpa por haber estado pensando en Claudia. De todos modos, la imagen que taladraba mi cabeza era la de mi segundo amor y encima desnuda.
El problema de los amantes es conciliar horarios, de modo que el jueves- cuando quise ponerme al día- ella no podía. Tuvimos que esperar el lunes. Valió la pena la espera
X B
espera- y no precisamente dulce- significó para mi esa semana de la operación. La odié, me quitaba el único día feliz de mi semana. Me dolía la calentura postergada, pero era mucho más. El desquite contra tanta soledad e indiferencia, la torpe brutalidad de José que mató lentamente mi amor. Ese lunes de ausencia fueron dos semanas sin verlo. Cuando nos reencontramos quería devorarmelo. Fue maravilloso, pero no alcanzó a borrar la herida.
Mi marido no sospechaba nada, seguía con su mismo trato. Sólo un lunes llamó a casa y como yo no estaba preguntó donde había ido. Le inventé que a tomar el té con Marta, mi mejor amiga.
Él la aborrecía, así que ni siquiera se molestó en chequear la información, extraño en él. Yo era una señora sería, distante, fría y aburrida de martes a domigo. Los lunes me convertía en la amante más feliz del mundo, sin límites para descubrir sensaciones
XI A
Sensaciones encontradas: cada vez mas feliz con Claudia; pero mi matrimonio se hundía en un cono gris. Más quería acercarme a Laura, más me rechazaba. No agresivamente, pero era una pétrea indiferencia. Ella se volvió melancólica y triste. Si hubiese perdido peso, se diría que tenía anorexia, pero no. Todo acercamiento de mi parte la acorazaba en su actitud. Yo me sentía tratado como un enemigo al que hay que vencer en una batalla sutil, larga y lacerante.
Laura aseguraba amarme como el primer día y responsabilizó a su ansiedad en quedar embarazada por la crisis que vivíamos. Hubo un momento en que le pedí, desesperado, una separación momentánea. Lloró dos horas seguidas y yo sentí más culpa que Edipo con madre judía.
En cambio estar con Claudia era una vía hacia lo maravilloso. Empezó a interesarse en mis proyectos, me alentaba. Siempre me gustó el cariño y el respeto con que Claudia hablaba de Laura. Los jueves por la tarde nos encontrábamos a tomar café y charlábamos largamente. Empecé a estimularla para que- en lugar de fregar todo el día- hiciera una carrera. Siempre es más lindo caretear en la facultad que el trabajo doméstico. Pero ¿Si le tomaba el gusto a levantase pendejos?. Eso mismo me dijo una tarde ¿En chiste?. Yo muy fanfarron le aseguré que ningún pendejo, ningún veterano la haría feliz como yo. Se mato de risa y pensé que me gastaría. Se puso seria y me dijo: quiero coger.
Ese día no disponíamos de Devoto y nos fuimos a un hotelito en Flores. Era invierno pero el calefactor provocaba un calor de averno. Después de un muy sonoro orgasmo, descansabamos transpirados y veo que Claudia tiene la cara iluminada de lagrimas
XI B
Lagrimas, lágrimas me brotaron. ¡Que boluda! Llorando porque había tomado conciencia- casi se diría súbitamente- que ese orgasmo divino que habíamos tenido juntos abrazados en ese calor bochornoso no sería eterno. Definitivamente estaba enamorada de este borrego. Pensar que después del hotel volvía con su esposa me despertaba instintos criminales. No me acuerdo que verso armé para explicarle mis lágrimas. Salvo esos brotes de vieja posesiva, todo era alegría en nuestra relación. Odiaba a su esposa, pero lo disimulaba con mi suave caripela de mujer madura y comprensiva. Él era todo para mi: me hacía gozar en la cama, pero también se ocupaba de mi. Trataba de convencerme para que hiciera una carrera. Me atraía letras...porqué el me guiaba para conocer las literaturas y por identificación con su mundo. Mi dormitorio comenzó a llenarse de libros. Leía varias horas por día y delegué el trabajo hogareño en una mucama. Leo tenía razón, no podía gastar mi vida haciendo de fregueta. En la casa, yo sólo me ocupaba de planchar las camisas de José. Con tan poco, él quedaba conforme. Por lo demás, me daba menos bolilla que nunca. Yo sólo lo necesitaba para que me de el dinero para manejar la nave hogareña.
Un día, mi hija Marcela me preguntó si yo andaba con un tipo. ¿Por qué? Porqué estás rejuvenecida. Ahora yo parezco tu madre, me contestó. Me reí, pero no me animé a contarle la verdad. A quién si se lo dije fue a mi amiga Marta. Una siempre hace cosas al pedo. Se puso frenética. ¿No te da vergüenza andar con un chico que podría ser tu hijo? Podría, pero no es. Nunca más la llamo. ¿Quién necesita como amiga a una bola sebácea y envidiosa? Me decidí a anotarme en la facultad, después de hablarlo con José. Ni se molestó en escucharme detenidamente. Desde que nos amamos por primera vez con Leo no habían pasado ni tres meses todavía
XII A
todavía esperaba recuperar el amor de Laura, pero no podía ni pensar en perder a Claudia, mi dicha. Tenía nostalgias de las épocas de idilio con mi esposa, pero ya me parecían lejanas, de un tiempo remoto sepultado en el olvido de lo cotidiano.
Por esa época, mi cuñada, la hermana de Laura que vivía en Nueva York, le envió un pasaje para visitarla. Se tomaría quince días en la progresista democracia del norte. Yo fingí tristeza, pero en realidad era un alivio, un recreo para estar más tranquilo con la mujer que me apasionaba. Entonces se produjo el milagro. El marido de ella viajaba por trabajo.¡ Podíamos dormir juntos! El viernes se fue él. Al día siguiente acompañé a Laura hasta Ezeiza. Claudia estaba allí; cuando se fue el avión nos abrazamos largamente. Así volvimos en el remise, besandonos sin parar. Directo al bulin. Ese fin de semana fue inolvidable
XII B
inolvidable su imagen comiendo desnudo pizza de mis manos, tomando los dos cerveza de la botella. Yo era- por un fin de semana- su esposa. Dormimos juntos, apretados, rendidos de tanto gozar.
Por primera vez no la odié, al contrario, al contrario. Le agradecí inmensamente ese viaje a los dos, la posibilidad de compartir esa larga noche por primera vez. Nos dormimos de madrugada, pero antes hicimos planes para festejar nuestro primer aniversario.
No nos acordabamos la fecha con precisión, pero Leo la sacó observando un almanaque del año pasado. Decidimos festejarlo a lo grande. Iríamos a pasar el día en un hotel de Don Torcuato con pileta de natación en la habitación. Nuestros conyugues ya estaban de vuelta. Me dormí soñando conmigo misma estremecida por varios orgasmos en el agua
XIII A
agua, aire, valor necesito para no marearme con el final de esta historia. Nunca me imaginé lo que se venía y como me salve de la tragedia.
Laura había vuelto pero no se imaginaba en que iba a ocupar yo mi día. Regresó igual que antes de su partida, ni mejor ni peor.
Tomamos un remise. En el viaje presentía la ansiedad, la espera tensa del goce que nos esperaba en la fuerza con que Claudia me apretaba la mano. Entramos a la recepciín y ahí estaba Laura con un pendejo. Más allá otra pareja. Antes de procesar si sentía culpa o bronca por la fiesta arruinada, el grito de Claudia de Claudia fue desgarrante y aterrador:
XIII B
¡Mi marido! Grite: Seguro que estaba pálida por el miedo y temblaba como una hoja al viento. Si José no hubiera sido un tipo tan violento me hubiese muerto de risa. Trampas simétricas, cuernos mutuos. José ya había metido la mano en el saco y sacado su pistola. Entonces yo me desmayé. Luego supe que José estaba encolerizado y gritaba pálido:
-¡ Los voy a matar, hijos de puta!
Todo eso me lo contaron después .No hubo muertos, pero igualmente fue un final trágico para mi. Perdí a mi amante y me quedé con mi marido. El circulo se cerró y la cadena se cortó por el eslabón más débil.
Revista Mujer
del siglo XXI
13/6/96
Drama pasional
Sin sangre
Varios peces muertos resultaron- afortunadamente- el único saldo luctuoso de un hecho erótico-policial ocurrido ayer por la tarde.
Leonardo Estevez, licenciado en Letras, casado, de 26 años de edad vivía un tórrido romance con su vecina en el barrio de La Paternal, Claudia Olivera de Gutierrez, ama de casa y estudiante de letras, también casada de 51 años de edad.
No sospechaba que lo propio hacía Laura Zabaleta, de 25 años de edad y profesión cosmetóloga, casada con Estevez y que concurría al mismo Hotel por horas que su esposo, sólo que con un amante ocasional de quíén no pudo establecerse filiación. Finalmente, el triángulo o hexágono- según se lo quiera denominar- era completado por José Tricornio Gutierrez, 52 años, empresario del rubro seguimientos, seguridad y afines, marido de la señora Claudia Olivera, quién se hizo presente en el mismo establecimiento y a la misma hora que las dos parejas ya citadas, en compañía de una menor de edad que sería su amante y empleada. La fatalidad o una travesura de Cupido hizo que las tres parejas coincidieran ayer por la tarde en el Hotel Big- un sitio de moda, si los hay- de la localidad bonaerense de Don Torcuato.
Al ver a su esposa, el señor Gutierrez exhibió un arma y se dispuso a ultimarla y al amante de ella. Afortunadamente, la presteza del empleado de seguridad del establecimiento impidió la tragedía que parecía avecinarse. Eustaquio Antenor Sosa, 40 años, suboficial de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que hacía extras en el lugar, observó el drama inminente por el circuito cerrado de T.V. y rápidamente logró evitarlo, pero no pudo impedir que las balas que disparó el ofuscado señor Gutierrez dieran en el magnífico acuario que orna la conserjeria de Big. Todo fue registrado en el sistema de video del lugar y el servidor logró que no se pierda en el olvido una nueva intervención suya- de carácter heroica- que agregó a su ya frondosa foja de servicios. De todos modos, la cinta llegó a un canal de cable y de allí fue levantada por todos los canales. El sargento se convirtió así en el personaje de la jornada y recorrió varios programas de actualidad en una insólita maratón masmediática que proseguía de madrugada, al cierre de esta edición.
Se instruye el correspondiente sumario por amenazas con armas de fuego, daños y perjuicios, atentado al medio ambiente y depredación de la fauna ya que los peces fallecidos eran de una especie tropical amenazada de extinción, en el Juzgado Federal Número trece de San Isidro, a cargo del Dr. Diógenes Sandokan Onanue, quién durante el día de hoy piensa interrogar a los implicados.
Nuestra publicación consultó al celebre sexólogo y psicoreflexólogo brasileño- de paso por Buenos Aires- Adalbert ”Sigmund” Yimonti, autor de varios ensayos sobre la sexualidad humana en la época de la posmodernidad. Para este tratadista, el episodio corrobora el avance de nuevas formas de relación sexual. ”El intercambio de parejas- vulgarmente conocidos como swingers- es en este caso practicado de modo inconciente. El vínculo posesivo, cerrado, tradicional ya no puede contener las búsquedas de los sujetos deseantes.” Agrego Yimonti que ” De todos modos, este hecho es un retroceso ya que los protagonistas- shokeados por el dramático final de la aventura- seguramente volverán a su situación anterior de pareja” El experto concluyó su análisis de los sucesos con las siguientes palabras ” Nada podrá oponerse a la búsqueda de libertad que la cerrada práctica matrimonial limita” A los infortunados amantes les aconsejó tratamiento terapéutico para elaborar la frustración vivida. Para ello cuenta con una batería de terapias breves- individuales, de pareja y de más de dos- que pueden realizarse on-line a través de su página en Internet www.freesex.edu.br, con éxito asegurado.
El célebre semiólogo Marshal Mac Lander enfatizó- sin haber sido consultado- en el activo papel de la T.V.” que ahora se convirtió en el factor que evitó el crimen”. No podemos referir, por razones de espacio, el conjunto de los argumentos del Dr. Mac Lander recibidos en el fax de nuestra redacción, pero tal vez lo hagamos en notas futuras.
GRACIAS POR SER COMO SOS
“La resistible ascensión de Vorazio R.”
[TRISTE COMEDIA UNIVERSITARIA. LOS PERSONAJES DE ESTA HISTORIA
SON VERDADERAMENTE FICTICIOS.
CUALQUIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES CASUALIDAD PERMANENTE].
Busco esa zona crucial del alma
en la que el mal absoluto
se opone a la fraternidad
ANDRÉ MALRAUX
La escena en el bar de la facultad, alto en una pared un televisor, en las mesas gente que habla bulliciosamente. En la tele, aparece una niña con trenzas que recita:
I
Aquí me pongo a narrar:
la historia de un académico sin igual,
de Herodoto a Marx, sin estación terminal,
enseñar poco, por sobre todo amaba mandar.
II
Licenciado en intrigas, doctorado en serruchadas,
frecuentaba escasamente las bibliotecas,
prefería esencialmente las vinotecas,
cuando te distraías, caían sus puñaladas.
III
Vorazio Rapaz es su nombre, tal vez lo conocéis
la nobleza no se obtiene en el supermercado,
nada bueno de él barruntéis.
IV
Las masas le cantan: “Gracias por ser como sos”
a todo el mundo sonríe, con todos contemporiza
más cuando os distraéis, hasta el orto clava la hoz.
En la mesa del bar está Vorazio con su adjuntado Gonzalo Buzarda, llega Richi, profesor desocupado, se sienta en la mesa, los otros que antes reían toman un aire serio y de superioridad sobre recién llegado.
CUADRO I
Richi: - Muchachos, ¿me podrán incorporar este cuatrimestre? Estoy casi sin laburo.
Gonzalo [serio]: - Si hay una vacante, no lo dudes, sos el primero.
Vorazio: - ¿Para qué te calentás tanto? Si entrás, por dos meses no cobrás, además, ¿no te convencés que con esta profesión no vas a ningún lado? Mucho laburo, poca guita, corrección, estudiantes infradotados, dedicate al comercio, a las finanzas. Richi, te lo digo de corazón.
Gonzalo: - Vorazio, parece que no te gusta la educación.
Vorazio: - Es que uno se cansa de entregarse a los demás con tan poca gratificación, bueno, anda Richi, cualquier cosa te llamo.
Cuando Richi se va, los dos se ríen a carcajadas.
CUADRO II
Vorazio en la mesa del bar, ahora con un vendedor que lo visita.
Vorazio: - Yo esperaba a alguien que me ofreciera la computadora, pero su visita me desconcierta.
Vendedor: - Hemos sabido que usted prepara su jubileo académico, ¿qué mejor que celebrarlo inaugurando su propio busto, en el hall de la facultad?
Vorazio: - ¿Cuánto costaría?
Vendedor: - Depende del material utilizado. Tenemos una oferta interesantísima, el Teresosgold.
Vorazio: - ¿Teresosgold?
Vendedor: - Materia fecal, desecada, pintada por robots.
Vorazio: - ¿La pintura la realizan robots a causa del olor?
Vendedor: - Nooo, Vorazio. Como la materia prima está seca, ya no tiene olor. La procesamos con tecnología de punta.
Vorazio: - Una curiosidad, ¿cómo lo consiguen?
Vendedor: - Es un aporte a la mejoría de la calidad de vida y del medio ambiente que se realiza con la más moderna tecnología. Varias empresas de tanques atmosféricos, lejos de volcar los efluentes en ríos y arroyos, nos los proveen y nosotros elaboramos tantos productos que usted se sorprendería. Podemos hacer estatuas, pero también pistones para motores, bancos para escuelas, muebles para el hogar, bloques de pared para vivienda económica, vajilla de cocina, en fin, una verdadera revolución productiva.
Vorazio: - ¿Cuánto me saldría el busto?
Vendedor: - Sólo veinte pagos de pesos doscientos con su tarjeta o crédito personal, llame ya, perdón, aquí tengo un precontrato. [Le acerca un papel].
Vorazio [apartándolo]: - Momentito, tendría que estudiarlo, con ese dinero pensaba pagar por la computadora.
Vendedor: - Pero Vorazio, piense en sus hijos. Imagine el recuerdo que tendrán ellos toda su vida. La inauguración del busto de su padre, los pendones, los discursos, el homenaje académico, el reconocimiento a su trayectoria, la admiración de sus pares, la gratitud de los estudiantes... Además, le podemos publicar algún libro suyo, usted lo ubica como texto obligatorio de la cátedra y nosotros, con las utilidades, le obsequiamos la computadora y de última generación.
Vorazio: - Pero yo no escribí nada.
Vendedor: - Eso complica la cuestión.
Vorazio [pensativo]: - Pero podría utilizar trabajos de otras personas y ponerle mi autoría.
Vendedor: - Regio, entonces ¿Hecho?
Vorazio: - ¡Hecho! [Se dan la mano]. Lo leo y después lo firmo. [Luego de leer]. ¿Para cuándo estaría la estatua?
Vendedor: - En treinta días.
Vorazio: - Entonces le doy cuarenta y cinco, lo inauguramos el 17 de octubre, día de mi cumpleaños.
Vendedor: - ¿Qué inscripción le ponemos?
Vorazio: - Gracias por ser como sos.
Vendedor: - ¿Gracias por ser como sos? ¿Qué raro, no?
Vorazio: - Sí, me intriga porqué me lo dijo uno de mis ayudantes. Yo siempre lo perjudiqué y hace poco me tiró la frase y la verdad que me gustó.
Vendedor: - En dos días lo llamo para hacer las pruebas. [Se saludan y se dicen gracias].
CUADRO III
El mismo bar, pero ahora hay reunión de Cátedra, están Vorazio, Gonzalo y otro profesor adjuntado, Willie Battilana. Una vez mas, se encuentra ausente la profesora titular.
El triunvirato está ubicado con Vorazio en el centro y lo otros dos un poco más atrás que lo flanquean. Frente a ellos doce profesores con cara de aburridos.
Vorazio: - Ausente por razones de pedo mayor nuestra querida profesora titular, asumo la conducción de la reunión de la cátedra.
Apelamos a la creatividad de los compañeros para mejorar la calidad de la propuesta pedagógica y académica de la materia. Por lo tanto, la bibliografía obligatoria es sólo una parte, en los prácticos todos pueden agregar textos y profundizar los temas, ésta es una cátedra democrática.
Interrumpe Claudio, uno de los profesores auxiliares.
Claudio: - Discutamos entonces la bibliografía obligatoria.
Vorazio: - La bibliografía obligatoria no se toca, si quieren la discutimos pero no se reemplaza ninguno de los textos.
Claudio: - Si no se modifica, para qué vamos a discutir.
Pesado silencio entre los demás.
Gonzalo: - Como les decíamos, necesitamos participación.
Suena un teléfono celular que tiene Willie, quien atiende.
Willie: - ¿Cómo? ¿Ahora? Bueno, salgo para allá, sí, no veo a mi chofer, en cuanto lo encuentro salgo. Perdón compañeros, tengo una reunión del sindicato de trabajadores estatales- del cual soy delegado- en el Ministerio de Trabajo y Desocupación. Tenemos que presentar una lista de futuros desocupados... perdón, de personas que se acogerán próximamente al retiro voluntario. [Saluda y se va].
En el triunvirato hay una silla vacía. Prosigue Gonzalo.
Gonzalo: - Les decía, necesitamos su aporte, primero aquí les entrego copia del cronograma. Segundo y fundamental, pasar lista todas las clases, no hoja de asistencia, pasar lista.
Claudio: - Pero ¿qué participación esperan de nosotros?
Vorazio: - No escuchaste a Gonzalo [Risas reprimidas entre los auxiliares, que da paso a un pesado silencio]
CUADRO IV
Aula en la facultad, hay muchos estudiantes, entra Vorazio prende un cigarrillo, aspira hondo.
Vorazio: El tema de hoy...
Alumno: ¿Puedo hacer una pregunta?
Vorazio: No, primero expongo yo y luego si hay tiempo contesto todas las preguntas..., decía que el tema de hoy es aspectos centrales de la teoría marxista. Bien, como les decía. Para diferenciar las clases sociales Marx toma en cuenta la acumulación de capital heredada, el nivel de educación y el status social, como por ejemplo un individuo puede llegar a producir una gran cantidad de capital acumulado y no entrar en el círculo cerrado de la clase alta. O sea que el capitalismo surge por la división de los medios de producción de modo que de un lado la clase dominante que acumuló capital, tierra y riquezas, y por otro al que sólo tenía su capacidad de trabajo y sufrió la plusvalía, un porcentaje de las horas de trabajo que era la ganancia del capitalista..
Interrumpe el lúcido monólogo un señor bien vestido que asoma al aula y llama a Vorazio. Le habla al oído.
Vorazio [dirigiéndose a los estudiantes]: - Tengo un problema académico urgente para resolver, en un rato vuelvo.
Pasados 15 minutos retoma la clase.
Vorazio: - Como dice Marx el modo de producción capitalista es el que los productores son esclavizados por los medios de producción. Se encuentra aquí la división del trabajo y la producción en el capitalismo no se autoabastece como en el feudalismo... [Suena el celular que Vorazio lleva abrochado al cinturón; atiende]. - Sí, mi amor, llegaré un poco tarde, termino esta clase a las diez y tengo una reunión...; sí, creeme, recién me avisan, es para establecer mi contrato como director de investigaciones de la facultad... ¿Cómo?... ¿Por qué tengo que arreglar esa cuestión en una reunión?... Después te explico. [Retoma el uso de la palabra]. - Según Marx la política y la economía tienen mucho que ver, demasiado, pues si lo miramos del caso que la política o quienes la ejercen son los que manejan el porvenir de la sociedad, por lo tanto, son quienes se encargan de la economía, se vería ligados también al revés. La política es lo que se ve en el terreno económico cuando hay discusiones, charlas, etc., por lo general son sobre temas económicos, ahora bien, la economía se hace bastante sobre un punto, los sistemas capitalistas o los capitalistas, como más les guste, Marx además decía a título grande que la economía y la política siempre se llevaban de la mano; que una dependía de la otra. Cuando se veían separadas, sólo eran definiciones, pero unidas en un sistema indubitablemente capaz de llevar proyectos a hechos concretos.
Los procesos económicos, ahora bien, hay algunas controversias entre los mismos, a veces la economía mal llevada por una política mala a veces puede llevar a destruir el marco de la sociedad capitalista o nuestra sociedad en general, o al revés. En pocas palabras, Marx tenía una visión clara de los progresos que podían tener los mismos, una rama sustenta la otra.
El proceso por el cual el dinero se convierte en capital es partiendo de una base sólida, “invirtiendo” ese dinero en algo que puede hacer llegar ingresos o que pueda producir ingresos y que dé ganancia, que en lo invertido posea mayor demanda y muy buena cara en el mercado, de ahí es donde el dinero comienza a tener ganancia...
[Los alumnos se fueron de a uno y ahora no queda nadie, se queda la sala a oscuras y Vorazio sigue hablando]. - ...tiene que existir un buen sistema de inversión para que pase a existir como capital...
CUADRO V
Bar. Vorazio con Willie y Gonzalo.
Vorazio [con tono displicente]: - La verdad es que te mandaste una cagada con eso de que los profesores auxiliares no tomen examen final, ahora nosotros tres corremos con el bardo de tomarles a todos...
Gonzalo [airado]: - Pero la idea fue tuya, ¿Por qué me cargás el paquete a mí? Además ¿La titular no tiene nada que decir?
Vorazio. – La titular va a opinar cuando se le disipe la borrachera.
Willie: - Por favor, no se peleen, entonces, ¿Estamos de acuerdo en que los finales los tomen ellos? Los ayudantes, digo.
Vorazio: - Obviamente, y nosotros supervisamos y damos la revisión a alguno que esté disconforme.
Willie: - Voy al baño. [Se levanta y se va].
Vorazio [señalando al que se fue]: - ¿En qué anda este?
Gonzalo: - ¿Por qué?
Vorazio: - Me dijeron que la semana pasada, estuvo tres veces en el Ministerio de Educación, y de ahí fue al rectorado. ¿No nos estará serruchando el piso?
Gonzalo: - Peor para él, ¡mirá...! [Se interrumpe porque Willie vuelve].
Vorazio [serio]: - Tenemos que resolver el problema de los parciales. Cincuenta por ciento de preguntas de teórico y cincuenta por ciento de preguntas de práctico.
Willie: - ¿En dos hojas separadas?
Vorazio: - No, todo junto, lo corrigen los ayudantes.
Gonzalo: - Pero si nosotros damos el teórico, se supone que lo coherente es que corrijamos las preguntas sobre nuestras clases.
Vorazio [con tono solemne]: - Busquemos un argumento pedagógico para no corregir los parciales. [Se ríen los tres]. Segundo problema: Claudio. A mí me tiene podrido, pero creo tener la solución.
Gonzalo: - ¿Qué te hizo?
Vorazio: - Es un tipo peligroso, nos quiere sacar el lugar.
Gonzalo: - ¿No exagerás?
Vorazio: - Tengo la solución. Eché a correr la bola en otras cátedras que es un tipo muy autoritario, que trata mal a los estudiantes, que acosa sexualmente a las alumnas y que es homosexual. También hice correr estos rumores en otras facultades. Les cuento a algunos amigos de él algún inventito: les digo que los difama a sus espaldas. El primer objetivo es aislarlo. El segundo es desgastarlo. Según el cronograma de la cursada, hoy tiene que dar revolución tecnológica, antes de la clase lo agarro y le hago cambiar de tema, dos cuatrimestres así, y renuncia solito. Si es necesario correré la versión que es violador, lo que fuese. Mirá, ahí viene. [Con expresión alegre]. ¡Claudio!
Willie: - Hoy tenés que dar revolución tecnológica, pero el tema ya se dio en teóricos, mejor das el tema político: Revolución productiva y reelección.
Claudio: - Pero yo ya mandé a mis alumnos la lectura del tema pautado en el cronograma, ¿Qué quieren? ¿Volverme loco?
Vorazio: - Siempre tenés problemas, siempre te persiguen, ¿no te das cuenta que buscamos que el curso sea más coherente? Bueno, es hora que des la clase, cualquier cosa lo discutimos en reunión de cátedra.
[Claudio se va con expresión de bronca].
Vorazio: - Ojo con éste. Bueno, nos queda el problema de las rentas. Hay seis dedicaciones extras, ¿dos para cada uno? [Los tres se ríen y se dan la mano, Vorazio va al baño].
Willie [serio]: - Las dedicaciones son ocho, éste nos camoteó dos.
Gonzalo: - ¿Cómo sabés?
Willie: - Datos que uno maneja.
Gonzalo: - ¿Te lo dijeron en el sindicato?
Willie: - No, en el ministerio, anduve en la semana por ahí.
Vuelve Vorazio.
Vorazio: - ¿Trajiste el coche, Willie?
CUADRO VI
Hall de la facultad, hay un busto tapado con una tela, está Vorazio con sus adjuntados y el Decano. La barra de estudiantes canta con música de “Matador” de los Fabulosos Cadillacs, acompañando suavemente con sus cuerpos.
Trepador, trepador,
tu futuro es ser asesor
Lo llaman el trepador,
nació en su casa,
si hablamos de trepar
hay que usar serrucho y maza.
Hace mucho tiempo de tan duro batallar
al final del camino, la exclusiva te van a dar.
Trepador, trepador,
sos el próximo decano interventor.
El decano pide silencio y se quiere dirigir al público. Pero hace su entrada la profesora titular con caminar bamboleante y ademan trémulo. Vorazio oculta su incomodidad. La venerable anciana se acomoda con dificultad en el palco.
El coro de los estudiantes canta con la música de “La Banda esta borracha”.
Lo que pasa es que la profe está borracha
está borracha, está borracha
En el palco todos parecen ligeramente molestos, menos la titular que pretende torpemente dirigir el coro. Por fin, el decano molesto pide silencio y comienza su discurso.
Decano: - Señores profesores, señores padres, personal no docente, alumnos. Nuestra querida y castigada universidad se viste de fiesta para homenajear al distinguido académico Vorazio Rapaz, por dos motivos, a saber: Primero, inauguramos el busto que por los siglos de los siglos testimoniará su grandeza intelectual... [ovación]... y, segundo, aprovechamos este acto para confirmar algo que ya se rumoreaba en los pasillos de esta casa de altos estudios: ¡Vorazio ha sido designado al frente de la Secretaría de Investigaciones! Algunos agoreros dirán que él no tiene ningún trabajo realizado, ninguna investigación en curso. ¡Mayor mérito de su parte, entonces, por haber obtenido este lauro! ¡Investigando cualquiera llega! Del mismo modo, no faltarán detractores que dicen que nuestra figura central de hoy, hace diez años que no lee un libro. ¡Cuánto más mérito de su parte, al ocupar tan destacado lugar académico! No todo en esta universidad es coto cerrado de ratas de biblioteca. Pero, ¿cuántos más que él, hábiles en el difícil arte de negociar? Digo bien, negociar hasta lo innegociable.
Hoy, Vorazio, saboreáis las mieles del homenaje de vuestros pares e impares, pero, ¿Cuánto esfuerzo, cuántas desdichas, cuánto cigarrillo amargo consumido en aras de este momento? Os pido, preclaro académico, me concedáis el honor de descorrer el velo, de esta, vuestra estatua ecuestre...
Vorazio: - Es un busto.
Decano: - Perdón, busto, con el que la comunidad académica de esta Universidad os homenajea y os coloca a un paso de la eternidad.
Vorazio asiente, con expresión solemne. El busto es casi íntegro de color marrón y resaltan el cabello de color violáceo, cortado estilo cepillo y la inscripción “Gracias por ser como sos” en letras holográficas. Ovación del público que vuelve a cantar “Trepador”.
Vorazio pide silencio, aunque está vestido de color marrón. En contraste con el busto, su pelo está peinado a la gomina, parece estar en éxtasis, cuando llueven de la parte superior volantes que dicen:
Vorazio ñoqui
Un año cobrando sueldo de la Secretaría de Investigaciones sin hacer nada, mientras los investigadores no reciben ningún subsidio.
¿Hasta cuándo?
Vorazio hace un bollo con un volante y con ademán crispado comienza su discurso.
Vorazio: - No es mi función hacerme eco de los mediocres, si estamos aquí es porque algo hicimos, si estamos aquí es por nuestro desinterés, si estamos aquí es por una trayectoria de amor a la educación, si estamos aquí es por nuestro estilo participativo y democrático en la conducción de la cátedra. Si estamos aquí, es por nuestra transparencia...
Una voz desde arriba: - La transparencia del agua podrida.
Vorazio: - Cuando comenzamos aquí, los estudiantes llegaban casi analfabetos a la Universidad...
Voz desde arriba: - Y ahora egresan analfas.
Vorazio [sigue]: - Ningún infundio nos detendrá, el epígrafe que adorna mi busto fue sugerido por estudiantes, compañeros docentes, pero, ¡Miremos el futuro! La Secretaría de Investigaciones a mi cargo inaugurará en fecha próxima la sala de video juegos para realizar trabajos de campos acerca de las nuevas condiciones de percepción en la posmodernidad. Alguno de los juegos son exclusivos y han sido diseñados y programados por nuestros becarios, esta es una lista somera:
1) Terminator derrumba el muro.
2) El Pacman tragarrentas.
3) Serrucho sin carpintero.
4) Los tres chanchitos liberales.
5) Libros no, alpargatas tampoco.
6) El pactito feo.
7) Unidos y dominados.
8) Gorilas en la niebla.
9) Caras y caretas luego de la cirugía.
Vorazio: - Estos son sólo algunos títulos. Otro proyecto fundamental que estamos impulsando es el colectivo de estudio “La germinación del poroto masmediático”. La Secretaría de Investigaciones no se detiene. [Lentamente se apagan las luces, mientras Vorazio sigue hablando y su voz se diluye lentamente].
Vorazio: - En convenio con otras universidades, impulsamos la transferencia tecnológica, proyecto: “Cómo mirar televisión sin pensar”. ¿Para qué gastar recursos en investigar nimiedades como la deserción escolar? ¿No tenemos planes más importantes?...
Se prende la luz y se ve solamente el busto.
CUADRO VII
Bar de la Facultad
En foco, tres varones y tres chicas en una mesa con papeles y una cámara transmite. Una chica tiene un micrófono. Luce el pelo muy corto, teñido de color púrpura. Minifalda blanca con medias negras y una remera escotada. La escena se reproduce en los televisores del bar, habla la niña del micrófono.
Conductora: - Hoy tenemos la reunión de lectura catárquica de los talleres literarios de la facultad, a ver, tú, Gaspar, ¿Qué nos leerás?
Gaspar: - Yo traje un soneto autobiográfico.
Conductora: - ¿Autobiográfico? Puedes leerlo. ¿Cómo se llama?
Gaspar: - Soneto de Gaspar [pone expresión evocadora].
I
El pícaro Gaspar, por atrás gustaba atacar,
distraídos sus vecinos, no sospechaban semejante trampa,
los rodeaba con sigilo, con sinuosidad de personaje del hampa,
cuando se daban cuenta, no se podían sentar.
II
No importa si joven de piel suave y sonrosada
o anciano cansado y de cara arrugada.
A todos cometía, persistente, la misma chanchada,
el tiempo pasaba, la indignación no era cosa de nada.
III
Conciábulo hubo en el vecindario violado,
trámose plan justiciero bajo la luna de verano,
tanto culo roto exigía ser vengado.
IV
Mejor que presentar a la justicia un exhorto;
rodearon los vecinos al aprendiz de Bambino,
sujetándonlo entre todos, le metieron un palo en el orto.
Conductora [entre aplausos]: - Inquietante tu autobiografía, Gaspar. Decime, ¿Vives en el mismo barrio?
Gaspar: - Desde luego.
Conductora: - ¿Y ese otro poema?
Gaspar: - Es una rapsodia épica, la historia del Mío Cid, traspuesta en la posmodernidad que también compuse como soneto y, se denomina Soneto al otro Mío Cid.
I
Mío Cid, sin caballo, boga, despacioso, por la Avenida Santa Fe:
anda con garbo, erecto, la mirada fija en horizonte,
la procesión va por fuera y por dentro ¡Voto a Creonte!
Idea fija tiene Mío Cid; los dioses apuestan que se le dé.
II
Cruzose con robusto mocetón, moreno y quizás mimoso;
la noche dispara artificios, idílicas iluminaciones, guirnaldas:
el morochón carga, brioso, tras Mío Cid, ya le gana las espaldas,
ya le alcanza y suavemente le musita: “mi señor, no os hagáis el oso”
III
Perdiéronse en la negra, cómplice, espesura de la noche,
el final de la épica historia se aproxima,
quedaos a conocerlo, no os resultará inútil derroche.
IV
Yace Mío Cid, cansado de batallar, su esfuerzo no ha sido nulo,
exhausto está, más no muerto, extraña espada le atraviesa,
arma no ferrosa, de humana carne clavada en el culo.
Otra chica de la mesa: - Parecés un poco monotemático, Gaspar.
Gaspar: - No creas, escribo sobre muchas otras temáticas, si quieren -no quiero robar cámara- les leo una oda gramatical que se llama “Gramática utópica” y no es soneto.
Conductora: - Perdona, pero demos entrada a otros compañeros, a ver, tú Marta.
Marta: - Yo voy a retomar la inclinación sonéctica de Gaspar y leeré el “soneto al trepador”, dedicado a mi profesor favorito.
I
Treparás, treparás, en los medios para ello no te fijarás,
si se trata de matar a tu hermana o empalar a tu amigo
por nada ni nadie en el mundo te detendrás,
nada obsta para ello ¡Que el escalafón sea contigo!
II
Las palabras sólo tienen valor,
si se cumple con tu conveniencia;
no te detendrá ningún temblor,
serrucharás el piso con más apuro que paciencia.
III
Cuando alguien no resulta de tu agrado;
aplastarlo si es posible -reventarlo cuanto antes-
si no es posible, dejarlo rápidamente aislado.
IV
Al final del camino, disfrutarás de tu gloria cómodamente sentado,
el entorno contempla envidioso, mantente atento y vigilante,
no corras el riesgo que el trepador termine acostado.
Conductora: - ¡Por favor chicos! Después del corte, un poco de poesía lírica.
Cuadro VIII
Clase a cargo de Gonzalo Buzarda, clima de tensión
Gonzalo: - El tema de hoy es el gobierno radical de Hipólito Yrigoyen. Es un gobierno que tiene con el movimiento obrero un gran cambio social, ya que surge de la clase obrera y clase media de los mismos núcleos humanos que se fueron gestando en la transformación del suelo argentino con el aporte humano que dio la emigración que desde Europa llegó a la Argentina y la mediana industria que hizo el pequeño capital que a la larga del tiempo fueron logrando sus mismos emigrantes e inmigrantes con productos de su trabajo...
Alumno: - ¿Profe? ¿No está sanateando?
Gonzalo [sigue hablando sin contestar la pregunta]: - ...más el aporte estructural al que desde Europa fue gestando alguna clase social...
Algunos estudiantes se van enojados.
Gonzalo: -...y como también había anarquistas que desde Europa venían y traían desde Europa la idea de la revuelta pero antinacional y antipopular.
Quedan pocos alumnos.
Gonzalo: - La represión fue violenta contra el pueblo trabajador aunque las empresas de capital extranjero... (deja de hablar cuando no queda nadie).
CUADRO IX
Asamblea en el hall de la facultad. Habla un estudiante exaltado, gesticula agitando el índice.
Estudiante: - La facultad tiene docentes muy mal pagos, y éste, como otros, cobran en negro sueldos de mil pesos, sin hacer nada. No da clase y luego, demagógicamente, nos aprueba a todos, pero no nos sirve porque no sabemos un carajo.
Difama a los profesores que no están en su círculo de adulones. De uno llegó a decir que es un desequilibrado psiquiátrico y además, acosador de las alumnas. A una profesora, le cajoneó la licencia de maternidad dejándola sin el beneficio. No nos extrañemos que se haya quedado él con la renta.
Dirige una Secretaría de Investigaciones que no investiga nada... Cobra por dar cinco cursos y no dicta más que uno y a medias. Por éstas y por muchas razones más propongo concretamente compañeros:
Primero: Declarar al ñoqui Vorazio Rapaz persona no grata y
Segundo: Exigir su renuncia [ovación de la asamblea].
Otro alumno [levantando la mano]: - Yo soy del Instituto de Formación Docente Jorgelín V. Fernández. Allí también este sujeto finge ser profesor, viene, se sienta, prende un cigarrillo, nos tira unas fotocopias y no contesta jamás una duda. En lo que sí es muy activo en transar con la conducción del Instituto. En el profesorado dicta Teorías Sociales Contemporáneas y la materia de especialización Historia cultural de Galicia; en esta Facultad, Filosofía Antigua y Contemporánea, Teoría Sociológica y Problemática Psicoanalítica. ¿Cómo puede tener tantas especialidades?
Otro estudiante: - Apoyo las mociones ya expresadas y propongo que se voten.
Otro estudiante: - ¡Compañeros! Yo propongo que vayamos a su curso y lo tiremos por la escalera.
Se vota. Gana por amplio margen la moción más moderada, pero también se vota ir al curso para declararlo in situ o in jeta: persona no grata.
CUADRO X
Clase de Vorazio.
Vorazio: - El tema de hoy es la ética, vamos a seguir la obra de Emanuel Kant, filósofo alemán del siglo XVIII. Extraña obra la de Kant, si todos los hombres fuesen kantianos, el mundo sería transparente, pero quizás invivible, un cementerio sin deseos, por eso muchos se apartan de los postulados éticos de este genial filósofo. He aquí una cita en la cual define el imperativo categórico que yo he incorporado como punto nodal de mi ideario existencial.
El imperativo categórico es, pues, único y es como sigue: obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal. Esto está tomado de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres.
Suena el teléfono celular, cuando Vorazio atiende entran los estudiantes de la asamblea. Al verlos Vorazio, quizás presintiendo el objetivo de la visita, huye con pánico por la otra puerta, luego de tirar al demonio el aparato celular.
Los estudiantes lo persiguen por el pasillo. Le gritan: - ¡Ladrón! ¡Ñoqui! y otros improperios. La puerta de la biblioteca se abre y Vorazio entra presurosamente y cierra la puerta. Desde adentro se escucha un gran estruendo. Se apaga la luz. Se encienden ruidos de sirenas.
CUADRO XI
Bar de la facultad, por la TV se observa a la misma niña de trenzas que inició el relato. Está en la puerta de un hospital, reporteando a una religiosa.
Reportera: - Estamos con Sor Ethel Rapaz, hermana del profesor universitario que quedó sepultado por el derrumbe de los libros de la biblioteca de la facultad, por favor Sor Ethel, ¿Podría informar a nuestra audiencia acerca del estado de salud del académico?
Monja [con expresión mística]: - Mi hermano es un combatiente del saber, una víctima inocente de la guerra del conocimiento. Pasaba los días en la biblioteca y observen qué le ocurrió.
Reportera: - ¿Pero cuál es su estado?
Monja: - Clínicamente, su estado es bueno, está compensado pero... decía el poeta Maiacovski: “Se rompió la barca del amor contra la vida cotidiana”. A mi hermano se le rompió la máquina de pecar.
Reportera [con tono incrédulo]: - Sor Ethel, ¿está hablando en metáfora?
Monja: - Ni metáfora, ni metonimia, ¿o prefiere que le diga que quedó como John Bobbit sin la ayuda de Lorena?
Reportera: - ¡Qué horror!
Monja [con expresión serena]: - Los designios del señor son inescrutables e indescifrables, si él así lo quiso, él sabrá por qué. [Se acerca una mujer de mirada dulce]. Esta es la mujer de Vorazio.
Reportera [incrédula]: - ¿Es cierto que el profesor quedó como Farinelli?
Esposa [con mirada entre irónica o enigmática pero no triste ni desesperada]: - Afirmativo, pero, a esta altura, no creo que se dedique al bel canto.
La periodista frente a la cámara recita:
I
Con gran esfuerzo y tesón, narramos esta historia sin par,
no siempre con palabras gráciles, floridas
pero seguramente las valoraréis como sentidas,
este relato ya no puede, así como así, continuar.
II
Aunque en la leyenda quedó que estaba en la biblioteca estudiando,
vosotros sabéis la verdad auténtica, realmente
vuestra misión es difundirla sin pausa y honorablemente:
los libros se le cayeron cuando estaba rajando.
III
Creose un círculo áulico y creose enemigos sin mengua
pero cayó sobre él divino castigo
ahora sólo le sirve la lengua.
IV
Nunca escribirá un libro pero ya tiene una hija,
le queda plantar un árbol, si quiere tener otro vástago
no podrá hacerlo pues ya no posee... ánimo.
AMANECER DE UNA NOCHE AGITADA
Esa mujer era tan sugerente como un día de brisa suave, como el alba que te acaricia la piel excitada. Así estamos. En un café de Plaza Once pido café. En una ventana, el domingo a las insólitas ocho horas de la mañana.
Su cabello hace juego con la hora, cae gracioso sobre sus omoplatos cansados, pero su sonrisa es cómplice.
Pienso, me detengo, rebobino todo lo vivido, todo lo reído, los fantasmas y los temores.
El sueño. ¡Que sueño! Se abre frente a nosotros.
Esa mujer evoca la eternidad y convoca a la muerte, aunque cuando se ríe el mundo exterior se te olvida.
Me pregunto si un amor sugiere mucho mas de lo que efectivamente brinda, me lo pregunto ahora con el escepticismo que no tenía hace veinte años, pero esa mujer recrea el candor y la ingenuidad.
Cuando fuma, el cigarrillo es una estrella adornando su cara, un toque mas en esa belleza especial, personal, irrepetible.
Cuando habla su vos evoca la docta madurez de una antiquísima hechicera y la felicidad de un niño que vibra de alegría al descubrir algo desconocido en el mundo.
Cuando calla su presencia se vuelve mas rotunda, su figura se transforma en obra de arte, su mirada en promesa inquietante.
El amor es la verdad, el amor es ella. Cuando yo le escribo largos versos en servilletas de papel, largos e inútiles, predestinados a morir en nosotros, en ella, en la felicidad fugaz de una noche que ya se fue..
¿La felicidad es una noche? ¿ Un momento? ¿ Un tiempo de gozosa espera? ¿Un agujero negro? ¿ La sensibilidad para observar sus manos?
Con ella, no quiero mirar la calle junto a mi ventana. Sólo a ella.
Cuando se saca el tapado negro miro sus piernas. Devengo religioso, místico. Rezo agradeciendo al cielo que el adulterio ya no se castiga, ni con la lapidación ni tormentos similares. Sólo verla poco.
Esa mujer tiene la intensidad de una larga noche con amigos, compartiendo desde las primeras oscuridades de la noche a las primeras luces del día, una cena saboreada entre risotadas y discursos cómplices, falsamente solemnes.
Por amanecer y despertar con nuestros respectivos cónyuges, nos necesitamos en una clave indescifrable. Ella puede comprenderme sin decir una palabra, con una caricia pondrá mis disturbios en su lugar, con un suspiro abre mis sentidos, hacia territorios inexplicables.
Un café es un café, pero con ella es mas que una golosina; es el espacio compartido que nos da una noche especialísima para ser, ella y yo, ángeles paganos y lujuriosos, recorriendo invisibles la ciudad.
Sus manos, su mirada, sus dichos y sus silencios me acompañan cuando estoy solo. Son las diez de la mañana. Afuera, el sol acaricia la ciudad dormida un domingo invernal, llamo al mozo. Un café, un peso. Un café, un peso, un dólar; la convertibilidad. Pagué y me fui a dormir caminando por Rivadavia.
El bautismo
Hay veinte millones de historias en la Argentina del aluvión inmigratorio. Esta es sólo una de ellas.
Aarón Salmón Goldenbutz tenía una apostura en todo consonante con su nombre. Flaco, esmirriado y encorvado; sus anteojos culo de botella le hubiesen dado un perfil intelectual sino fuera por su expresión atontada. Su nariz, clásicamente ganchuda, tenía un porte digno de figurar en la portada de alguna edición bávara y barata de los Protocolos de los Sabios de Sión. El cabello ensortijado era horadado en muy escasas ocasiones por el shampu, lo cual le daba un aspecto francamente grasiento. A la cabellera. Con todo, estas no eran las peores tragedias del muchacho, cuyos padres nacidos en Varsovia vinieron a morar en Villa Crespo, cierto tiempo antes que la bestial máquina de matar hitleriana ocupase la capital de Polonia. Fue en el mistongo barrio de marras donde el niño vio la luz, paradójicamente una noche de tormenta, corte de energía eléctrica incluido.
Sus principales tribulaciones eran dos. La primera era la virginidad, que a sus veinticinco años, le resultaba una carga francamente infamante. No es que se hubiese negado a frecuentar- como lo hacían sus amigos- el prostíbulo de Juan B. Justo y Loyola; es que cuando fue, lo impersonal, frío y distante de la situación provocó que su miembro viril estuviese por debajo de la media asta. Sus amigos afirmaban que no iba por cierta fama de avaros, que la tradición popular endilga a los circuncisos. Él sabía la verdad y la sobrellevaba con la serenidad de los estoicos...
Pero con todo, la causa eficiente de los sufrimientos de Salo era su Mosaica madre, doña Rebeca. Hijo único de viuda progenitora judía, nuestro héroe había logrado imponer la versión más breve de su second name, tras soportar durante la primaria que Aarón se transformase en Arete, diminutivo cuya derivación en cánticos de rimas procaces hacía las delicias de sus compañeros de la escuela publica y aún de los del schule, al que concurría a desgano por las tardes.
Doña Rebeca, que seguía llamando a su vástago Aroncito, conducía con idéntico y férreo autoritarismo, tanto el negocio que había heredado del malogrado Jacobo Goldenbutz, como los destinos de Salo. A esta verdadera maldición materna- como la llamaba en su fuero íntimo - adjudicaba nuestro personaje sus desgracias. Le hubiese gustado estudiar geología, pero su madre lo condujo a la facultad de medicina, carrera en la cual vegetaba sin vocación ni condiciones. El destino (materno) le predestino matrimonio con Dorita, la hija del sastre del barrio, compañero de travesía en barco con sus padres, cuando los entonces jóvenes matrimonios emprendieron la aventura trasatlántica. Eso les impidió a los jóvenes siquiera la posibilidad de ser amigos pues la presión les resultaba asfixiante.
La madre de Salo no era solamente una Idische Mame, era el prototipo estereotipado con que sueña todo psicoanalista esquemático. Gorda y rotunda, presentaba en su cabeza a modo de corona una cabellera de color indefinible provocado por un teñido inmemorial. Doña Rebeca llevaba diez años viuda cuando los sucesos que originaron este relato. Pero antes de proseguir con nuestra historia, nos detendremos en una cuestión colateral: el paso de la rotunda matrona al estado de viuda. El difunto don Jacobo había amanecido muerto una calurosa mañana de febrero. Infarto fue la versión oficial, mas las lenguas incansables del barrio elaboraron otra explicación, luengamente difundida por las musas e incorporada a la memoria popular villacrespense. Parece ser, según tales leyendas, que doña Rebeca estaba cansada de la rutinaria posición con que Don Jacobo cumplía con los ritos de homenaje a Eros y Afrodita. El estoico marido era tan enclenque como Salo y amagó desobedecer la solicitud conyugal, pero la rutina de tantos años le hizo comprender la futilidad de resistir el Ukase de la verdadera jefa del hogar y se resignó a que la obesa consorte ocupase el lugar superior en el dibujo amoroso. Las fuentes épicas, que evitaron que el episodio se perdiese en la gris e uniforme extensión de la eternidad, aseguran que el deceso se produjo por una extraña combinación de asfixia y aplastamiento, pero no por infarto. Aplicar una metodología crítica a dilucidar si el acierto le corresponde a esta versión o a la explicación oficial trasciende nuestra labor en estas breves líneas.
Desde entonces, la viuda dedicó sus afanes a hacer de Aarón un gran hombre, un doctor. Por eso, cuando llegó al caserío de pasillo donde vivían madre e hijo ese matrimonio italiano, con una hija de la edad de su heredero, temió lo peor. No era para menos. En el año que llevaban los peninsulares en la calle Vera, Aaroncito la miraba con deseosa excitación. Más que a ella, no le perdía mirada a sus enormes senos y a su majestuoso culo, digno de un fresco renacentista. Un día, los tanos viajaron a Sicilia a cobrar una herencia y María, tal era su nombre, quedó sola por un tiempo al cuidado de la verdulería familiar. Salo estaba más torpe y excitado que nunca, lo consumían las ganas de consumar sus apetencias y terminar definitivamente con su virginidad, esa carga lacerante.
Cuando María baldeaba el pasillo, sus nalgas no dejaban resquicio para transitar. Si Salo quería pasar, se acercaba trémulo y sonrojado y le pedía permiso, entonces, ella apoyaba la espalda en la pared y le franqueaba el paso sin mirarle a los ojos.
Un día en que su madre había salido temprano, Salo espió el momento en que María baldeaba el pasillo y se acerco como tantas otras mañanas, pero esta vez, todo seria distinto. Cuando llego el momento de pedir vía libre, el romántico aventurero puso sus dos manos sobre la tentadora superficie de las nalgas peninsulares y sólo así pidió el cotidiano franqueo del paso. María lo miraba a los ojos con expresión dulcificada, que persiguió varias noches el acalorado sueño del joven.
Como si adivinase los pensamientos del excitado hijo, Doña Rebeca estuvo cada vez más vigilante. Relato a Aarón el caso de la tía Rifke- muerta de disgusto cuando su hijo Saúl apareció con una Goie en su casa llamándola su novia - y controlaba todo el día la actividad del, muy a su pesar, virginal estudiante de medicina. Mientras tanto, éste consumía su tiempo en imaginarse a la exuberante vecina de todas las maneras posibles. Como virgen de cuadro renacentista, como novia, como esposa, como compañera de estudios, como amiga en los juegos- algunos impropios del cuarto de siglo que Aaroncito y sus secuaces llevaban en el mundo: tocar timbres de noche y salir corriendo, patear tachos, jugar a las bolitas- en fin, nuestro Romeo no podía sacarse de la cabeza a la Itálica Madonna de Villa Crespo. Así pasaron dos meses.
Pero como decía la histriónica progenitora en sus clásicos té con masas en compañía de amigas y parientes, una pobre mujer viuda no puede controlar todos los detalles. Un inoportuno cheque recibido en el negocio y rechazado desde la provincia de Córdoba obligó a la dama a un viaje relámpago, en pos de la quimera de un improbable cobro.
Salo acompaño a su madre a la estación de tren y disimuló la mirada acusadora de oveja degollada que la viuda clavaba en el tan trémulo como inseguro galán. El sólo pensaba en que el tren partiese de una buena vez y tratar de concretar sus más que largas fantasías.
Volvió presuroso al condominio de la calle Vera, y, sin pasar por su apartamento, golpeó la puerta de la unidad A, perteneciente a la niña de sus sueños.
¿Quién es? Pregunto la solitaria habitante.
Yo, Salo, tu vecino. Me quede sin azúcar para el café. ¿No me prestas un poquitito? Respodiò el enamorado Romeo de Villa Crespo.
Bueno, pasa. Pero no has traido ni un pocillito. No importa. Te presto una tacita mía.
Cuando la joven le dio la espalda para ir hacia la cocina, Salomón puso ávido sus manos sobre las nalgas de María.
Lo que ocurrió a continuación quedó en la memoria más entrañable de ambos protagonistas.
Tras sentir nuevamente las manos en sus posaderas, María se dio vuelta y puso sus dos manos, con frenético deseo, entre las piernas del sorprendido mozalbete. Durante gran parte de la noche se dedico a jugar con el miembro viril de su amante. Lo manipuló, lo boquipuló, en fin ambos hicieron realidad sus fantasías más secretas que ya resultaban casi ancestrales, en una noche plena de éxtasis y dulzura; de deseo y poesía; de pasión y ternura. Con el amanecer, cuando ya se hundían abrazados en el merecido sueño, ella le hizo la pregunta que al joven preocupó toda su vida, y, que ni en el lecho de muerte Salo pudo comprender.
Decime mi amor. ¿Vos estas bautizado bajo el rito religioso judío? Inquirió ¿ingenua? la joven.
Su insufrible madre volvió dos días después. Y tres semanas mas tarde, Salo debió ingresar al servicio militar, agotadas todas las prorrogas. Cobunco. Al frio y al sur. A los cuatro meses Salo volvió con la primer licencia, Era otro, más decidido, la rudeza de los sargentos había templado su espíritu.
Quería hablar con su madre, abrirle su corazón, pero María se había ido a Italia, llamada por sus padres. No le dejo ningún mensaje. No le escribió ninguna carta. Allí Salomòn creyó advertir la acción de su madre. No se animó a decírselo y a los dos meses de volver a Cobunco le llego la noticia de la muerte de su madre por causa de un derrame cerebral. Y con esta desgracia, la baja.
Aarón Salmón Goldenbutz no fue medico pero expandió el negocio de sus padres y a los dos años de la muerte de su progenitora se caso con una chica judía, obedeciendo vaya a saber que secretos mandatos. Tuvo una familia prospera y que parecía feliz. Pero ciertos recuerdos lo acompañaron a lo largo de toda su vida.
Primero tuvo una querida y a ella le pidió aclaración sobre el sentido de la pregunta que María le formuló la noche en que fue desflorado. Claudia, tal el nombre de su amante, siempre se reía frente a la duda Salomónica. Luego comenzó a frecuentar diversos psicoanalistas, en los cuales gastó dinerales, que él consideraba fortunas. Todos ellos, ante la duda del ya más que maduro Salo, contestaban poniendo cara entre enigmática y cómplice y diciendo la misma frase:
¿A usted que le parece?
Salomón envejeció sin saber si la pregunta de María era en serio o le estaba tomando el pelo. Ya en su lecho de muerte, la misma inquietud cruzó su conciencia en el instante final. Y así murió, rodeado por su esposa, hijos, nietos y un biznieto que era su vivo retrato. Y así engañó a todos, quienes creyeron que la contracción que atravesó su rostro en el momento de expirar era un gran dolor, cuando sólo era el alivio de terminar con una duda de mas de cincuenta años.
Historia de vida: Premio Nobel o la
parábola vital del doctor Truchaga
Eustaquio Polibio Melquíades Cachafaz Caterbaum atravesó este mundo con ademan aristocrático, que muchos atribuían a su tripleta de nombres de pila y su doble apellido, y otros, al hecho de haber heredado la serena altivez académica de su padre, el celebre gramático y filólogo Don Nicomedes Haroldo Cachafaz Carullo. Pero así como el progenitor dedicó la entera existencia al estudio de la lengua, el habla, los fundamentos del lenguaje y otras sutilezas teóricas, que al hijo parecíanle crueles devaneos del intelecto, Polibio dedicose con enorme ahínco al desarrollo pragmático del hablar, a ser un autentico artesano del verso enmarcado en una personalidad de una audacia sin límites.
En el jardín de infantes su expresión recordaba al mejor Buster Keaton, por causa de la seriedad con que respondía a los estímulos de sus esforzadas maestras. Pero no fue eso lo que le valió la inquina de las autoridades del establecimiento sino su perseverancia para intentar manoseos- impropios de su corta edad- con algunas compañeritas. Sus progenitores no se preocuparon mayormente por estas travesuras, ni tampoco por algunas crueldades que exhibió en su paso por la escuela pública que Sarmiento nos legó. Precisamente al celebre cuyano alborotador dedicaba muchas de sus andanzas, que las autoridades sospechaban de su autoría, autoría que nunca lograron probar. Una tarde, el busto del maestro inmortal- sito en el patio central de la escuela- apareció ornado por el medio cuerpo de un gato negro asesinado por nuestro personaje, con el rabo- merced a vaya saber que ignoto procedimiento taumatúrgico- orientado rectamente hacia lontananza. Durante las festividades de los once de septiembre, cuando la comunidad toda honra en el recuerdo del ilustre sanjuanino al impar apostolado del magisterio, fatalmente sonidos onomatopéyicos oír se dejaban mientras se cantaba el tradicional himno a Sarmiento.
Las expectativas eran de dos tipos. Sus condiscípulos cruzaban apuestas para saber si el sonido que rompería la solemnidad de los inmortales versos: Gloria y loor sería pedo o eructo. Los docentes creían que este año si, pero no, tampoco esta vez agarraban al culpable. Una asociación ilícita de ventrílocuos parecía burlarse del policial celo que ponían para descubrir al criminal cabecilla de tanta burla a la educación argentina. Cuando el díscolo educando hubo recibido el diploma de séptimo grado, el batifondo antisarmientino cesó completamente, confirmando las sospechas que sobre él se cernían, más la adiposa directora no pudo disfrutar de la situación. En vísperas del siguiente día del maestro, una embolia agregó un toque de duelo al fasto setembrino, pero Poli- prefería el diminutivo de Polibio, su segundo nombre, antes que el horroroso Eustaquio- ni siquiera se enteró.
Su padre había soñado para su vástago una triunfal entrada en el glorioso Colegio Nacional de Buenos Aires. Y él a su manera lo hizo, no como inmaculado sueño, sino más bien como pesadilla grotesca. Cuando rindió el examen de ingreso fracasó sin atenuantes, pero él quiso entrar igual, y lo hizo de noche y por la ventana. El objetivo, ornar las paredes con unas laminas procedentes de la península escandinava, en las cuales predominaba la concurrencia de personas de ambos sexos, muy ilustrativas sobre anatomía humana, fase genital. Interrogado por los sorprendidos guardias que lo descubrieron se declaró la vanguardia de un movimiento de renovación educativa, cuya iluminada misión era la de renovar la vetusta educación argentina, y, también proferir una clarinada de atención sobre la mojigata moralina de la sociedad toda.
Cuando su padre fue a buscarlo, no cabía en si del asombro. Evitose el escándalo público porque el rector del Nacional admiraba al lingüista pues había sido su discípulo, pero la vergüenza tiñó de desaliento el tiempo de vida que le restaba. Doña Sofía Caterbaum, la madre del entonces complicado adolescente, era una robusta matrona de escasas luces que había abandonado todo proyecto personal para servir a su esposo, a su hijo, en fin al hogar y no lograba entender como de tal palo había salido tal astilla. Por una vez en la vida tomó la voz cantante y le reprocho al unigénito tantos disgustos. La respuesta del pequeño aprendiz de truhán fue cuadrarse frente a sus padres con el ademan aristocrático que lo distinguió hasta la muerte, que no era otra cosa que la transpolación al semblante de una naturaleza acorazada de cinismo. Durante los siguientes tres años se dedicó, infatigable, a cursar otras tantas veces primer año, reprobando en marzo las materias básicas que él declinaba estudiar, dedicado como estaba a seducir a una señora casada vecina del edificio donde vivía con sus padres. Parece ser que en esta lid, comenzó a cimentarse su condición de auténtico orfebre de la palabra oral, en esta etapa de su historia, por partida doble.
La dama, cuyo nombre nos reservamos por obvias razones, primeramente tomó a la chacota los galanteos del juvenil galán, mas al cabo del tiempo- tal vez aburrida de su esposo, como a veces ocurre entre las señoras casadas- se dejó halagar. Al poco tiempo Poli la acariciaba descaradamente en el ascensor y se infiltraba en su departamento con cualquier pretexto. Finalmente la atribulada señora, que ya ardía de deseo, lo citó un miércoles, en su vivienda, cuando la mucama tenía franco, su esposo trabajaba y sus hijos estaban en el colegio. Poli debió ratearse al colegio para hacer algo que no por desconocido le resultó menos fascinante. Con el paso del tiempo, la dama estaba no menos encantada con el más que joven amigo que le hacía el amor entre frases barrocas en unas mañanas que se le hacían imprescindibles y que, una vez perdidas, iba a añorar sin remedio. Es que no hay paz para los amantes. El esposo de la adúltera matrona, un almidonado abogado, sospechaba un engaño y una de esas mañanas apareció súbitamente en su hogar, esperando encontrar a su socio del estudio jurídico que había pasado un sospechoso parte de enfermo. El escenario estaba ligeramente cambiado pero no le resultó menos indignante. Nuestro personaje no perdió la calma e inicio un verdadero paroxismo dialéctico inventando una disparatada historia sobre amor materno que no recibía de quien correspondía y que la señora gentilmente concedía generosa y desinteresadamente. El ingenuo esposo se tragó el anzuelo y ni siquiera cuestionó la sospechosa desnudez de los improvisados Edipo y Yocasta.
Pese al susto, conservó por varios años su inclinación por las damas mayores que él, de preferencia casadas, a las que consolaba de sus soledades y les pedía- generalmente con éxito- dinero para dudosos negocios que permitirían el posterior reintegro. Cuando este no llegaba, era tiempo de buscar consuelo con otra amante.
La muerte de sus padres en un accidente automovilístico lo encontró a los treinta años sin haber terminado el bachillerato, sin oficio decente, pero con la audacia intacta. Cuando hubo acabado la evaluación de la moderada herencia, comprobó que no le permitía saldar la totalidad de sus deudas. Tras no muchas cavilaciones, decidió no pagar ninguna e invirtió parte del dinero en un viaje sentimental al viejo mundo. Hasta aquí llegaban noticias de sus noches entre el jet-set europeo, en notas ilustradas de una revista española que lo mencionaba como empresario argentino, rey de la noche en Marbella. Repentinamente estas referencias en los seminarios de frivolidades cesaron y poco se supo del hombre de negocios, que había puesto prudencial distancia, para huir de un traficante de armas sirio, a quien le había estafado algún dinero- y fiel a su costumbre- seducido a una de sus esposas. Esta vez había jugado con fuego. Figurar entre las cédulas de búsqueda de Interpol hubiese sido beneficioso para él. Pero este no era el estilo del sirio. Puso a una banda de sicarios colombianos tras sus pasos, pero estos no dieron con el fugitivo durante tres años de búsqueda, que insumieron al cada vez más colérico vendedor de armamento algunos palitos verdes, tras lo cual se dio por vencido.
La inédita hazaña de salvar el pellejo en tan peliagudo trance fue conseguida por Poli camuflándose en un monasterio greco-cristiano de la isla de Chipre, donde se enterró en vida, para que los sicarios- de los que no sabía su existencia, pero presentía- no lo entierren en muerte. Así paso los tres años de la persecución y cuatro más.
Un día se animo a caminar por Nicosia y vio en un diario la foto de su archienemigo. Preguntó- pues aún no había aprendido la lengua de Sócrates y Platón-y supo que había tenido una muerte dudosa en la pileta de una de sus mansiones, en Libia.
Sintió alegría: la alegría de la libertad luego de un absurdo cautiverio, de la posibilidad de volver a vivir como quería, del llamado de la tierra añorada. El nunca había sido muy patriota. Estando en Marbella se cagaba en la Argentina lejana, pero un monasterio ortodoxo en Chipre podía gestar incluso la nostalgia por la tierra gaucha. Entonces hizo algo que lo sorprendió a él tanto como a los chipriotas- de origen griego o turco- que lo miraban azorados. Así como estaba, de habito monacal, se puso a cantar- mas bien a berrear - el tango Volver, con involuntaria pose gardeliana mientras bailaba, literalmente, en una pata. Fue filmado por un videasta amateur, que le obsequio copia del gracioso intermezzo, pero sin provocar en el ninguna ilusión de futuro artístico.
Antes que pasen siete días había recuperado sus dudosos ahorros y desembarcado nuevamente en Buenos Aires. Resuelto a cambiar de vida, alquilo un amplio departamento en la zona de Recoleta al que dividió en oficina, una parte; y vivienda, por la otra.
En la oficina instaló una consultora sentimental- Falling in Love- y se autoproclamó gerente de sentimientos de la no muy original empresa. Imprimió folletos y tarjetas en papel de una suave tonalidad rosácea que anunciaban su actividad con un nuevo seudónimo, como la tarjeta que se reproduce a continuación:
Falling in Love
Dr. Eros Cupiditantis
Licenciado en Sociología amorosa
Feeling’s Manager
Conexiones serias y de las otras. Especialidad en señoras casadas. Solicite entrevista con anticipación.
Avenida Alvear 1810. Noveno piso. Depto.B T.E. 804-1415
La oficina se pobló rápidamente de gente solitaria de todos los estados civiles. A todos les cobraba adelantado, asegurándoles que les presentaría al amor de sus vidas. Cumplía con todas las presentaciones gracias a una troupe de actores de diversas edades- quienes presionados por la falta de trabajo- sobrevivían fingiendo romances según los designios del extraño celestino. De todos modos, la actividad era supervisada por un viejo maestro de actores, quien lo integraba al plan de estudios de su escuela de arte dramático bajo la forma de pasantías. Esto permitía a los esforzados histriones incorporar la tarea a su crecimiento profesional, así como abortar todo brote de ética y nostálgica conciencia culposa.
Tal como había previsto en la publicidad constitutiva de la floreciente empresa, la oficina bullía de cuarentonas y cincuentonas casadas, disconformes con su realidad matrimonial. Varias conocieron el camino desde la oficina hasta su dormitorio, cosa que le permitió ponerse al día, luego de siete años en los cuales sólo tuvo a su alcance monjes greco-rezantes y ovejas chipriotas. Mas notó- con asombro- que su gusto por las mujeres mayores que el no le proporcionaba el mismo placer que antes de su involuntaria y prolongada relache amatoria. Esto lo tenía sumido en una melancólica crisis sexo-existencial.
Una mañana paseando por el elegante barrio, de cuyo perímetro casi no salía, vio en la vidriera de la librería un título que, pensó, podía aportar alguna luz a las meditaciones que lo obsesionaban durante sus desayunos en La Biela. He aquí un faximil de la portada.
Dr. Aramis del Fuego
Psicosexologo
El viejazo
Reflexiones desde la psicosexología acerca del retorno a las lides amatorias del hombre menopausico. Enfoque teórico y de campo.
Ediciones del craquelé
Lo leyó ávidamente y decidió poner en practica los consejos que surgían de la tesis central del libro: esto es que la desinhibición sexual del varón maduro, así como su renacer hacia la potencia sin limites era inversamente proporcional a la edad de su pareja. Para decirlo en palabras simples: basta de viejardas, avanti sobre las pendejas. El libro terminaba con un gracioso exhorto: ¡El mundo es de los viejos verdes!
Quiso poner en práctica las enseñanzas del doctor Del Fuego con una clienta de la consultora, una maestrita tímida de veinticinco años, y para su sorpresa, fue rechazado. En la indignación, la sorprendida docente hizo historia sin tener conciencia de ello. Fue ella quien lo rebautizó: Doctor Truchaga. Nadie supo bajo que condiciones masmediáticas, pero el nuevo seudónimo se extendió con la velocidad de un rumor político en la city financiera. Poli, transmentado Doctor Truchaga, no se amilanó. Al poco tiempo dominaba el arte de seducir señoritas jóvenes a la perfección. Las maduras que antes eran objeto de sus desvelos se le aparecían en sueños bajo la apariencia de vacas conserva; pero en la realidad no perdía oportunidad de ligarse con aquellas débiles de corazón y del entendimiento a las que aligeraba del peso de parte de sus patrimonios económicos, a cambio de participaciones en futuros, neblinosos y funambulescos negocios.
Sus finanzas eran un auténtico misterio. La consultora sentimental marchaba con una prosperidad que ningún efecto- tequila, arroz, caipirinia, niño o banana- lograba frenar; a muchas de sus clientas maduras les succionaba fondos con promesas difusas, pero él no tenía mas que algunos pesos para ir tirando. Las causas eran dos: su pasión por el juego de azar, por cuya causa dilapidó fortunas, y su rumboso modus vivendi, otro agujero negro abierto en sus cuentas.
Si bien el apelativo de doctor Truchaga no era la mejor publicidad para su empresa, las verdaderas causas de su súbito abandono de la actividad fueron otras. Resulta ser que- en puntillosa aplicación de los preceptos leídos en El viejazo- la edad de las mujeres que seducía iba en constante descenso. Ya las señoritas de quinto año de los colegios secundarios se le aparecían como avejentadas.
Un día desayunaba, somnoliento, en La Biela, cuando sintió la penetrante mirada de una colegiala de doradas trenzas, sentada a dos mesas, quien lucía el uniforme de uno de los colegios privados mas caros y prestigiosos de la ciudad. Las piernas cruzadas dejaban en generosa exhibición dos muslos poderosos. Una cintura que parecía dibujada por Divito, unos senos espectaculares y un rostro de ingenua pecadora con pecas haciendo juego completaban el irresistible cuadro. Antes que pueda pensar la estrategia, ella ya se había acercado a su mesa. El dialogo fue mas bien breve.
¿Que edad tenés?
La semana pasada cumplí quince, y todavía no pude festejar.
¿Cómo te gustaría festejar?
Y, hoy empece rateándome al colegio. Y ando como Sócrates... el filósofo
que buscaba un hombre.
¿Cómo te gustan los hombres?
Siempre me gustaron los hombres grandes, por eso sufro mucho, me ven muy pendeja, no me dan bola.
Tenía un gran prendedor que decía Sexo, Droga y Rock and Roll, Poli le dijo con su clásica frialdad:
Me gusta el tango, mi droga es el dinero, pero creo que tenemos un punto de coincidencia.
Fueron a su casa, en vuelo directo al dormitorio. Practicó el viejo juego de enterarse del nombre de sus parejas luego de una cierta intimidad. Cuando al anochecer ella se fue, él quedó solo, pensando si a los cuarenta no era hora de sentar cabeza y casarse, la jovencita lo tenía obnubilado.
Las cosas, sin embargo tomaron otro rumbo. Una tarde, mientras la esperaba, recibió un misterioso llamado telefónico.
Soy el señor Eduardo Gutierrez Kalniski. Poli recordó que ella era Anabella Gutierrez. Esa voz de padre enojado sonaba similar a la de muchos maridos cornudos que lo habían interpelado, pero más imperativo. Necesito hablar con usted.
No puedo, espero visitas. Es muy descortés dejar a la gente colgada.
No se preocupe, ella no va a ir. Antes de lo que imagina, lo pasamos a buscar.
No había terminado de decirlo y cuatro bestias, pero bien trajeados, lo alzaron en vilo y se lo llevaron así como estaba, descalzo.
¿Cómo hicieron para entrar?
Hay preguntas en la vida que no obtienen respuesta. De todos modos, Cachafaz Caterbaum nunca se había sentido inclinado a la filosofía. Lo depositaron en una quinta en San Isidro, frente a un Gutierrez Kalniski de mirada de acero. Poli, que no leía diarios ni revistas; tampoco miraba televisión y despreciaba los informativos radiales, nada sabía de la fama mafiosa de su inesperado anfitrión, pero- con una velocidad mental que fue una constante en su vida- se estaba creando una cierta composición de lugar. Tragó saliva y se autoimpuso un imperativo de frialdad. Gutierrez Kalniski tenía una mirada altiva y despectiva, como la suya, pero sin su porte aristocrático. Se veía que el dueño de casa se había hecho de abajo. Para confirmar tal intuición, un verdadero ejercito de enanos de jardín- elaborados en yeso- ornamentaba el jardín donde estaban sentados frente a frente. Le tiró una gruesa carpeta. Al hojearla, el aventurero comprendió que compendiaba su vida desde los veinte años hasta allí. Tenía por supuesto algunas omisiones. Sus correrías de la infancia y adolescencia no estaban consignadas, así como las prolongadas vacaciones Chipriotas, de cuya histórica existencia no había dado cuenta a nadie. Miró displicente al Mafioempresario y le dijo, con una serenidad que en si misma era una ironía:
¿Y con esto que?
Con esto nada. A mi, tus asuntos me chupan un huevo. Pero te mandaste tres cagadas. De menor a mayor. Primero te fifaste a mi hermana, encornudando a mi cuñado, un gran hombre, mi socio, además. Segundo te prestó guita, una cosa de nada, un par de lucas verdes. Pero cada vez que te las pidió, te cagaste de risa. Pero lo peor es lo que estas haciendo con mi hija, pienso en que se acuesta con una basura como vos y no se como no te hago pasar por la picadora de carne.
Cachafaz Caterbaum empezó a rezar para sus adentros, pero no se notaba. Quiso esbozar uno de sus clásicos versos, pero el dueño de casa prosiguió:
Hoy y aquí mismo me vas a firmar una escritura de venta de tu boliche, te podés llevar tu ropa y la guita que tengas en tu casa. El día que vuelvas a pisar la Recoleta es el último de tu vida. No se si soy claro.
Clarisimo. Pero no establecimos el precio de venta de mi “boliche”.
Lo dijo remarcando irónicamente la palabra boliche. Gutierrez Kalniski estallo en una risa que parecía amigable. Repentinamente cesaron sus carcajadas e hizo un gesto casi imperceptible. Dos de los guardianes lo alzaron de los sobacos, un tercero le bajo los pantalones y el cuarto le acercó un facón a los genitales, mientras el dueño de casa, con tono divertido pregunto:
Te alcanza mi oferta o querés seguir discutiendo el precio.
Tu precio es muy generoso. ¿Cuándo firmamos?
Ya. Y ante un gesto del entrepreneur, una secretaria de minifalda y medias negras- sin inmutarse, como si la escena fuese rutinaria- apareció con un protocolo y un teléfono celular, por el cual el dueño de casa hablaba con un tercero.
Si escribano, nosotros resolvemos todo, y luego usted lo firma. ¿Cuanto? Bueno. Mirando divertido al azorado Poli le dice Un palo verde te valorizamos tu negocio. Vos firmas el recibo y te llevas los huevos puestos.
¿ Dónde hay que firmar? Recién cuando dijo esto último, y luego de un gesto del comprador, Poli fue recolocado en su asiento, respirando aliviado por conservar intacta su anatomía.
Me gusta que seas razonable. Ahora mis muchachos te llevan a tu casa. Desde que llegás, tenés dos horas para rajar. Nunca mas pisás la Recoleta. Sino cumplís vas a aparecer flotando en el río. Mira que está contaminado. ¿Esta bien así o querés las instrucciones en Braile?
Con muy poco efectivo, con la tarjeta de crédito inhibida, con todas sus relaciones negándose a atender el teléfono a causa de la acción psicológica desplegada por Gutierrez Kalniski, habiendo pasado de la Recoleta a una pensión de Plaza Once, cualquiera se hubiese deprimido. A él, la pálida le duró un par de días. El tiempo suficiente para conocer a la dueña de la pensión- una cincuentona muy atractiva- que se enamoró de él, nomás verlo lucir con su aristocrática elegancia el saco blanco de sus mejores andanzas. Poco importó que tal atuendo- en la ecología de techos altos y acuosas pinturas rupestres del inquilinato, que tenía además un prostíbulo anexo- le daba un aspecto de cantante de tangos próximo a jubilarse. La señora Olga añoraba un amor y se cargo a su apart al agotado personaje, quien durmió esa noche en posición casi fetal, añorando las épocas en que la vida no significaba una carga tan estresante.
Olga tenía suculentos ahorros, producto de sus largos años de sacrificio. A diferencia de otras mujeres, no le daba ni para un café y se reía cuando el prometía futuros reintegros de prestamos resbaladizos. Eustaquio Polibio Melquíades Cachafaz Caterbaum podía ser mantenido por una mujer sin ningún cargo de conciencia, pero no resistía estar sin un mango en el bolsillo. De todas maneras gozaba con la envidia de la felliniana fauna de vendedores callejeros, prostitutas y empleados de comercio recién llegados a la gran ciudad, quienes debían cambiar agotadoras jornadas de trabajo por un día mas de supervivencia. La troupe admiraba cariñosamente al veterano galán y siempre alguno lo invitaba a tomar café- o algo más estimulante- en alguna confitería del bullicioso vecindario, durante las horas que la avarienta madama realizaba el arqueo de sus ingresos cotidianos.
No era mala vida, pero era poco para él. ¿Cómo zafar? Un día, frente a la tele, sintió la arrolladora fuerza de la inspiración que a él volvía. Zoe Humpierrez, la diva televisiva de los teléfonos blancos, relataba compungida como su joven novio la había abandonado por una modelo, poco más que adolescente. Poli sacó cálculos rápidamente. Treinta años de exitoso laborar en las candilejas aseguraban unos ahorros ociosos (por algo tenía un novio veinteañero) un corazón herido por el abandono y su infatigable habilidad discursiva eran el cóctel que aseguraba la vuelta al primer plano. Era ya de dos años el tiempo transcurrido con Olga. Podía soportarla, pero verla en ese momento- con la mascara de crema para las arrugas, la tintura engrudeciendo sus crenchas y el amarretismo impune y constante- aceleró su cerebro en pos del plan de la libertad. Seguramente, la dama televisiva también debía combatir las huellas del tiempo, pero lo haría, seguramente, en la discreción de un quirófano, lejos de la mirada de su pareja. Implementar su plan le llevó no mucho tiempo. Chichilo- habitante de la pensión que se ganaba la vida como vendedor especializado en tarjetas de crédito, cheques y otros instrumentos de pago de carácter religioso (Dios se lo pague)- le proveyó gratuitamente dos tarjetas, una chequera y una credencial de seguridad para franquear la entrada al canal. Cuando hubo llegado el día y a la hora señalada, Poli se enfundó en un irreverente smoking de color salmón, y, aduciendo una entrevista con empresarios, rumbeó hacia los estudios donde la diva Zoe rompía el rating noche a noche. Previamente ingresó a la casa de velatorios contiguo a su vivienda y en un descuido de los deudos del fiambre de turno, se alzó con la orquídea que el susodicho occiso entrelazaba entre sus yertas manos. Igual ya no le hacía ninguna falta al infortunado. El sabría darle mejor uso.
Cuando entró al canal mostrando con aire superior la credencial, sintió que el plan marchaba y retomó la confianza en si mismo. Se apostó toda la hora que dura el programa como centinela en la puerta del camarín de ella y cuando llegó la recibió con la orquídea y una batería interminable de frases que incitaban al romance.
La Humpierrez lo caló de arriba a abajo: Siempre fue su debilidad el hombre verseador, y si regalaba orquídeas, mucho mejor. En cuanto al atuendo, era un poco antiguo, pero se adivinaba que era un galán mas bien de estilo clásico. No le concedió mas que una sonrisa y se metió en el camarín; si cuando salía todavía estaba allí, aceptaría una invitación a cenar.
Estaba nomás, sin despeinarse y sin una arruga en la pilcha, el conquistador soportó las dos horas de espera y en cuantito la vio, lanzó una nueva artillería de piropos, que si algún estudioso tentare compilar, aportaría datos sobre la historia del amor cortés en esta orilla del Plata durante el último medio siglo. La star criolla, fingiendo una cierta indiferencia, rompió el hielo con escasa originalidad.
Tengo mucha hambre, cada día me canso mas trabajando.
Yo también. Te invito a cenar.
La dama sugirió un restaurante de moda... de la zona de recoleta. El galán criollo, que luego del incidente con Gutierrez Kalniski se había informado acerca de la trayectoria de este, adujo manías de todo tipo y logro poner la proa de la limousine de la cincuentenaria luminaria con rumbo a Puerto Madero. El chofer recibía las ordenes por un teléfono y no podía ver el sector del lujoso automotor en el cual viajaban la diva y su nuevo festejante.
La opípara cena- con vista al río, luz de velas y regada con champagne de origen galo- le permitió a Cachafaz Caterbaum demostrar su eximia maestría en la retórica y la dialéctica. Él sabía que esas eran sus mejores armas y además, cada vez que abría la boca la mujer que acaparaba el rating televisivo con sus teléfonos blancos era una maquina de decir pavadas, no había que permitirle hablar. Luego del postre y con un litro de champu bullendo desde su aparato digestivo hacia el sistema neuronal se puso francamente mimosa. Era el momento de pagar y Poli extendió la tarjeta trucha- que él para sus adentros denominaba como la Chichilo Card- con ademan ceremonioso y triunfal. Todos los comensales los espiaban cholulamente, como esperando la aparición de las cámaras de los programas de frivolidades, o, aunque más no sea, de algún medio escrito. Así todos dejarían por un rato la condición de ignotos. El mozo regreso con rostro pétreo.
Esta tarjeta se encuentra inhibida señor.
Caramba, me sorprende usted. Le haré un cheque.
Esta casa no acepta cheques, señor. Deberá abonar indefectiblemente en efectivo.
Imposible, hace años que no llevo dinero jamas conmigo.
Abstraído en la charla con el mozo, Poli no caló el cambio de actitud de la dama, que en un segundo se despabiló, le clavó una mirada de odio, se autojuró venganza y volvió a su expresión entre mimosa y chispeante de poco ha.
Ella extendió una de sus tarjetas hacia el mozo.
Espero que la mía no esté en ninguna lista negra.
Seguramente. No creo que la chequeen. Merci, señora Zoe.
La cuenta tenía una cifra usuraria, pero la presa había salvado el mal momento y seguía con expresión enamorada. En realidad era él el cazador que estaba cayendo en una trampa y no se daba cuenta. La diva lo acarició y le dijo suavemente:
Vamos a mi casa. ¿O preferís la tuya?
Poli recordó vagamente a Olga y sus emplastos para disimular el paso del tiempo, al truchador Chichilo y a los restantes integrantes del simpático zoo de la barriada de Miserere y pensó en la sorpresa de Zoe si viese cual era su casa, y que su garconiere era compartida con una veterana dama- entre patrona y madama- mistura extraña de madre protectora y fogosa amante llegando tarde a la cita histórica con Cupido. ¿Que cara pondrían los ejemplares de la pensión, si lo viesen llegar con la star telefónica?
Mi loft está en refacciones. Hoy los albañiles se fueron tarde y no tuve tiempo de hacer limpiar. Mejor vamos a la tuya.
En la limousine se besaron con aparente pasión y nuestro héroe intentó anticipar, sobre ruedas, la fiesta. La famosa actriz adujo que sólo podía hacerlo en la cama y Poli se contuvo a la espera de una noche inolvidable. Así fue, pero en otro sentido. Primero la pareja no se percató que era perseguida por las cámaras de un programa de chimentos farandulescos. Lo importante aconteció al llegar al suntuoso edificio donde vivía Zoe.
Al bajar despidió al chofer y habló al oído de un gorila que vigilaba el edificio.
El custodio lo tomó cariñosamente del hombro y lo llevo a una caseta que los hombres de seguridad utilizaban en un terreno lindero. Y fue nomás una noche de desenfreno lujurioso... para varios afiliados al sindicato argentino de personal de seguridad... para Poli fue un doloroso debut. A partir de allí pudo decir que había probado y no le había gustado. Luego de ello, despojaron al conmocionado personaje de su vestimenta y con Adánico atuendo debió emprender la retirada. Silbando bajito, sin un mango para un tacho y sin protestar, el frustrado gigoló se resigno a caer preso, en cuantito pasase un patrullero.
No acabaron allí las tribulaciones del burlador burlado. Las cámaras a las que hicimos referencia ut-supra filmaron para la posteridad gran parte de lo que se ha relatado y no tardaron en emitirlo en los noticieros del aire y del cable. Con excepción de las tiernas escenas ocurridas en la caseta, las cuales no fueron grabadas, todo fue visto y revisto con la insistencia que tiene la T.V. en repetir, debido a la intensa sed de rellenar horarios que la aqueja.
No todas eran desgracias para nuestro latin-lover. Antes que el patrullero lo porte hacia quizás peores derivaciones, apareció un oportuno, aburrido y solidario tachero, quién desinteresadamente lo devolvió a su base de maniobras. La negra tersura de la noche lo salvo de la vergüenza... de cuerpo presente. La televisión lo devolvió a posteriori a su cruel realidad.
Se metió desnudo en la cama que compartía con la Venus de la calle Bartolomé Mitre. Esta se sobresaltó, todavía adormecida, palpando la desnudez del sufrido galán.
Mi amor. Le susurró en el oído al resignado Poli, quien comenzaba a creer que esa noche no tenía fin. Olga despertó casi al mediodía, con la sensación de la felicidad acariciando su piel y su espíritu. Felicidad vana y fugaz, como era una constante en su vida. Se levanto silenciosamente para agasajar con un desayuno al hombre que la había hecho sobresaltar de gozo durante la madrugada. En el patio, gran parte de los inquilinos se retorcían de risa, mientras miraban un extraño mural armado con recortes de diarios. Los diarios matutinos, en su segunda edición, habían levantado la nota de la tele y publicado fotos de la frustrada conquista, así como del artístico desnudo con que la aventura feneció.
Roja de ira, de vergüenza, de impotencia, de dolor, de celos y de sed de venganza, la matrona se desmayó. Cuando volvió en si, convocó a su hombre para que compareciese frente a su amor traicionado. No quiso escucharlo y le dio una hora para que se vaya. Le regalo dos mil pesos, para sufragar los gastos de mudanza a cambio de la promesa de no volver nunca mas. Ni falta que le hacía a Poli retornar a la ya insoportable compañia de la avarienta mujer. Solamente lamento lo magro de la indemnización y; antes del vencimiento del plazo estipulado, estaba en una céntrica oficina amueblada que alquiló por monedas. Las últimas veinticuatro horas habían sido demasiado intensas, así que necesitó otro tanto para recuperarse físicamente. Le resultaba menester también una mejoría psíquica y también económica. Las dos circunstancias debían provenir de nuevas relaciones femeninas. Afortunadamente, la ultima, reciente y traumática experiencia no había dado por resultado nuevas zonas de exclusión.
La clave de un cambio de vida estaba en un barrio porteño, Palermo. Allí, en un club nocturno de la colectividad árabe, conoció a una odalisca de figura inolvidable. Fátima fue otro de sus amores, con varias peculiaridades. La primera, que ninguna mujer lo amó tan intensamente. La segunda, que lo inició en el negocio de la representación artística. La tercera, que abrió el camino para lo que sería, a posteriori, el reclamo de un premio Nobel de la Paz para tan poco diplomático homenajeado. Veamos los testimonios de cada una de estas circunstancias.
Fátima había sido despachada desde El Líbano por su padre para ser casada con un pariente al cual, el calificativo de repugnante le calzaba como excesivamente elogioso. Abdul, el milyunochesco príncipe, le llevaba treinta años de edad y esperaba una jovencita tan dócil como ducha en los quehaceres domésticos, pero no carecía de visión comercial. Cuando vio el cuerpo de la infortunada y joven conyugue decidió convertirla en Star de la noche oriental. La preparó con profesores especializados y se convirtió en su explotador exclusivo. Fueron veinte años en los que Fátima no conoció el amor y llego a odiar su cuerpo, objeto del deseo de tantos hombres a lo largo de tantas noches. Una noche, Abdul hizo algo por ella; se murió. En pleno show de su esposa, se atragantó con una aceituna y esto le provocó un paro cardíaco del cual nadie de los presentes pretendió sacarlo. Será porque no valía la pena el esfuerzo, o porque ambicionaban el lugar del obeso comerciante, nadie movió un músculo y la escena quedó congelada como una fotografía con el muerto tendido cuan gordo era en el piso. Después de un breve ratito, la feliz viuda creyó llegado el momento del arte dramático y prorrumpió en lagrimas para el consumo de los presentes, no sea cosa de pasar por esposa ingrata, algo de consecuencias imprevisibles en ámbitos islámicos.
Luego de un duelo de tres meses volvió al único trabajo que conocía. El público no la había olvidado, pero ella no podía quitar sus ojos de un nuevo habitué, con aspecto de clásico príncipe ingles. Clásico porque los actuales miembros de la nobleza de la Rubia Albión tienen expresión boludezna. El supuesto príncipe no era otro que nuestro querido truhán, quién en búsqueda de nuevas experiencias, buscaba consolar las penas de su alma en musulmana compañía. Ya dueño de la situación, invitó a la cimbreaste danzarina a compartir su mesa. Una vez allí instalada, ella le explicó su situación civil y los límites que la cultura oriental le imponían a toda exteriorización publica de sus sentimientos por largo tiempo. Pero le dio oralmente su dirección y lo citó allí a las seis de la mañana, luego de la cena ritual con el resto del elenco del boliche.
Poli concurrió puntualmente y no abandonó el cómodo apartamento hasta que no quedó mas remedio. La feliz viuda lo dotó de un completo ajuar de ropas finísimas y el aprendiz de gigolo abandonó el agujero donde pernoctaba dejando allí todo su contenido. Junto a Fátima comenzó a sentir el cielo al alcance de su mano. Ella descubrió el amor con su nueva pareja y lo hizo su representante. Por la tarde atendía su nueva empresa en el mismo departamento, mientras su enamoradísima mujer cocinaba para él las delicias más misteriosas de la cocina del cercano oriente. Casi sin darse cuenta, al poco tiempo había incorporado un catálogo de odaliscas bereberes y orquestas exóticas, con el cual sin despeinarse ganaba buenos dineros. Poco para él, que lucubraba nuevos negocios mientras ingería los manjares que la dulce Fátima seguía guisando motivada por la felicidad.
Antes de los sucesos que precipitaron una nueva fuga, ocurrió un zafarrancho que abrió los ojos de la infortunada odalisca. En la vecina República Oriental del Uruguay asumió como presidente un comerciante de origen Kuwaití, Abolasam Ibn Ibraim. Sus primeras medidas provocaron la risa de los yoruguas. Primero, declaró que los contenidos y compromisos de su plataforma electoral eran absurdas promesas de un tiempo que se había ido para no volver. Segundo, prohibió por decreto la ingesta callejera de mate, y, designó el café a la turca como auténtica infusión nacional.
Antes de que lo echasen organizó una fiesta nacional en su auto-homenaje. Luego del jubileo público llegó la fiesta para pocos. El organizador no era otro que el porteño representante de luminarias occidentales del oriente, quien movilizó toda su troupe con más algunas contrataciones apresuradas a último momento. Sabedor de que el presidente oriental era poseedor de una estructura libidinal de largo aliento, Poli había sumado a sus elencos, a un grupo de señoritas que poco sabía de danzas arábigas, mas podía demostrar sus habilidades en cuanto el estadista del país hermano desatase su alegría.
Cuando quedaban únicamente los invitados de honor comenzó el show de las odaliscas, mientras que las otras chicas, ataviadas como huríes, se ubicaban estratégicamente con los muy felices concurrentes. Las tres damitas mas sexis fueron asignados al presidente. La factura, que el pueblo uruguayo pagó por adelantado, ascendía nada menos que a dos palos verdes. Los costos de Poli no eran mas que medio millón, de modo que el brillante empresario paladeaba su triunfo, mientras pensaba en otro negocio para luego retirarse. En tal dulce ensoñación se hallaba, cuando vino a turbar sus meditaciones la sonora voz del cachondo estadista, quien gemía presa de tan súbito como insólito antojo.
Quiero a esa. Esa era nada menos que Fátima. Si no toda esta cateaba de cuarta va a alimentar la fauna marina del Río de La Plata.
Pero su majestad, es mi esposa. Contraargumentó Poli.
Con mas razón, después de lo que te hice ganar, me merezco una mínima atención.
El representante recurrió a toda su tradición dialéctica con el empecinado gobernante. No pudo convencerlo para que elija otra dama, pero logró un pago de un millón extra. A partir de allí, el drama fue convencer a su primer bailarina y amante de la necesidad de atravesar el sacrificado trámite.
Mi amor, como podes permitir que ese asqueroso me toque.
Es el sacrificio que te pedimos para sobrevivir todos, sino este cotur nos pasa por la picadora de carne.
Al otro día Fátima estaba muy sentida y le pidió que done ese dinero, para ella tan doloroso y vergonzoso, a distintos hospitales. Poli asintió con estudiada tristeza y contrató a unos actores en decadencia para que finjan ser representantes de una desconocida Fundación para la reconstrucción de Bosnia, quienes entre lagrimas agradecían la donación del millón y medio de dólares al magnánimo benefactor. La ingenua mujer se tragó la pantomina y sólo reprocho que no se hayan destinado algunos dólares para la dolorida tierra libanesa. Poli transfirió a Suiza los suculentos dividendos y pagó generosamente a los histriones. La relación con la odalisca estaba en un plano decadentemente inclinado, pero él ya tenía la idea genial para zafar definitivamente. Tendría que soportarla por poco tiempo mas.
Una mañana, hora en que habitualmente se acostaban, ella- extasiada de amor- le reiteró su juramento de devoción eterna. Se encontró con la cara de Poli congelada en su clásica mueca de cinismo, pero no supo que significaba y quiso alejar la duda de sus sentimientos.
Él en realidad sólo pensaba en su nuevo negocio que ya estaba en marcha. Imprimió unas tarjetas y alquiló una suntuosa oficina céntrica para la nueva asociación (supuestamente) sin fines de lucro.
Fundación comercial Truchaga.
Por la Paz en el Medio Oriente
Embajador Honorario Eustaquio Polibio Melquíades Cachafaz Caterbaum
Director
Avenida Callao 1406. Oficina 6 Piso Departamento 69. T.E:303-2050
Fue fácil convencer a los Arabes- con los que era como chancho, después de largas noches de francachela- y rápidamente logró contactos con judíos de mediana fortuna. Se trataba de poner dinero en micro emprendimientos, intercambios comerciales, actividades educativas e iniciativas culturales. De ese modo, aseguraba el falaz embajador, se contribuiría a sembrar la noble semilla de la paz entre los pueblos hermanos islámico y hebraico. Los inversores, además de un título honorífico de Pionero de la paz, al cabo de un año empezarían a cobrar importantes dividendos. Pero esto era menor al lado de la posibilidad de trazar un surco tan significativo en la historia. Sus habilidades artesanales en el antiguo mester de envolver dialécticamente a sus semejantes funcionaron como nunca. En poco tiempo redondeó cinco palos verdes, lo necesario para retirarse al campo, a disfrutar de un tiempo de sosiego. Las primeras liquidaciones de dividendos estaban pautadas a siete meses más; había tiempo para preparar científicamente la fuga. Lo primero, conseguir un documento de identidad era más fácil que engañar a sus codiciosos Pioneros de la paz. Un pasaporte sueco robado y a posteriori retocado por un experto que moraba en la calle Brasil lo acreditaba como Olaf Fifensen, natural de Estocolmo; un D.N.I. trucho le daba la residencia permanente en el solar patrio que lo vio nacer como un extranjero más, de aquellos que vinieron a cumplir con la profecía constitucional de hacer aún más grande el destino nacional.
Las siguientes etapas eran más complicadas, pero las cumplió serenamente, con la parsimonia de su condición profesional en el arte de engañar. Eligió una estancia en la provincia de Buenos Aires, no muy lejos de la Capital Federal y la compró a su nuevo nombre por medio de un comisionista amigo. Luego hizo circular el rumor en el pueblo que un magnate escandinavo exótico y excéntrico se radicaría en la comarca: él era muy generoso, pero no quería que molesten su descanso. Con esa fama, se aseguró que nadie merodee por su estancia.
Hecho esto tomó una medida de hondo patriotismo: transfirió a una caja de seguridad en el microcentro porteño sus malhabidos ahorros. Luego se tomó un escocés saboreando la sensación de haber contribuido a la repatriación de parte de los capitales nacionales que sobrevuelan la Confederación Helvética sin anclar en nuestras ubérrimas pampas, sin convertirse en doradas mieses, en bostiolientes vaquitas. Ahora él poseía campos, era un productor, sólo que ya no era argentino. El gaucho Don Olaf recordó que debía ir al salón de belleza a transformar sus cabellos y toda su apariencia para sintonizar con su nueva personalidad. La solicitada estaba lista, saldría una semana después de que, como por arte de magia, el Embajador Eustaquio Polibio Melquíades Cachafaz Caterbaum se evaporase en la inmensidad del orbe. Fátima merecía una carta de despedida. El cínico se autoadjudicaba el naufragio de la relación y aducía razones de fuerza mayor para irse sin decir adiós. Le aseguraba la inutilidad de toda búsqueda y prometía enviarle dinero desde su destino, en el viejo continente. Ese mismo día, un clon partió hacia París con su pasaporte para desviar toda pista. Desde la ciudad luz saldría hacia Trípoli. ¿Quién le seguiría la pista? Poli se admiraba de su genialidad, mientras daba los últimos toques a su equipaje. Estaría un mes oculto en una quinta, esperando que sus víctimas se resignen, y, luego a la estancia a gozar la vida. Después de salir del salón de belleza ni el mismo se reconocía. Parecía un auténtico vikingo, con sus cabellos rojizos, sus pecas truchas, sin bigotes y una dicción impostada. La solicitada era una obra maestra de la ironía puesta al servicio de refregarle a los estafados su inútil codicia. Había arreglado su publicación en los diarios más importantes y en los órganos de las colectividades islámica e israelita.
Solicitada
Un viaje por la paz
La Fundación comercial Truchaga por la Paz en el Medio Oriente anuncia que su director, el benemérito Embajador Honorario Eustaquio Polibio Melquíades Cachafaz Caterbaum ha emprendido una larga gira por el viejo mundo en la cual aspira a profundizar la vasta labor ya realizada y obtener un merecido Premio Nobel Por La Paz. El embajador deja tras de si un grupo de Pioneros de la paz que, a no dudarlo, lo recordará eternamente y les encomienda no buscarlo pues el Viejo Mundo es tan inconmensurable como los designios del Señor. Si alguno se siente defraudado, piense que ahora los Pioneros de la paz (Arabes y judíos) se hallan unidos por un común objetivo. Tal vez dar con este modesto diplomático no sea la finalidad más noble, pero es para vosotros una causa común. ¡Que esa unidad de sentimientos se traslade al escenario bélico y derrámese allí la semilla de la concordia! ¡Siempre os recordaré!
Shalom. Paz en la tierra. Alá es grande y Mahoma es su profeta.
Os ama a todos el
Embajador Honorario Eustaquio Polibio Melquíades Cachafaz Caterbaum
Fácil es imaginar el rostro de los incautos inversores cuando por los diarios se enteraron de la irreparable pérdida de sus emprendimientos. El rebautizado Olaf lo paladeaba desde su escondite. Fueron dos meses de mirar televisión en los que se divirtió enormemente y se asombró de la rapidez con que su caso desapareció de las primeras planas frente al huracán de noticias que este país y el mundo producen diariamente. Los giles se unieron en un consorcio. Para ahorrar abogados hicieron una denuncia por estafa todos juntos. Cumplieron así lo que el granuja les había augurado en su solicitada-despedida: Arabes y hebreos, todos unidos contra él. El ancestral enfrentamiento de la tierra cananea quedaba superado en la noble Pampa criolla. El pedido del premio Nobel tenía hartos fundamentos. El juzgado y la policía se habían tragado el anzuelo y lo rastreaban por Europa y Libia, mientras él los miraba por T.V. Los noticieros le dieron mucha manija a Fátima, abandonada por su hombre, cesanteada en el boliche, como si ella hubiera sido responsable, cómplice o beneficiaria de la estafa. Cuando se quiso dar cuenta, ya era columnista estrella de un show televisivo de opinantes en el que pontificaba sobre cualquier cosa. Poli la miraba con tierna simpatía, no exenta de nostálgico cariño en su espacio de todos los mediodías, mientras ella trataba de hacerse escuchar entre los gritos de los participantes habituales y circunstanciales del logorreico circo criollo de habladores profesionales.
Pasados los tres meses, ya seguro que el tema había superado los primeros planos, se trasladó a su campito donde paso los siguientes cinco años. Allí nadie pudo vincularlo con el estafador que la tele y los diarios habían citado un poco antes. Transformado en el excentrico terrateniente Olaf Fifensen, cultivó un aire enigmático y distante que incluía escaso trato con su peonada, mostrarse poco en el campo, nada en el pueblo- que ostentaba el gracioso nombre de Nabo Injertado- y una jeringoza que su padre, el filólogo Don Nicomedes Haroldo Cachafaz Carullo, hubiese denunciado como paradigma de la truchedad, pero que los ingenuos habitantes de la campiña nacional adjudicaban a la prosapia normanda de don Olaf. La vida era muy tranquila para él, pero el ya no tan joven Cachafaz Caterbaum no era hombre para una serena muerte en el lecho de su vejez, rodeado por el cariño de quienes lo conocieron y valoraron su hombría de bien.
Durante casi cinco años en Nabo Injertado, el vikingo-gaucho por adopción parecía que había superado su naturaleza turbulenta y devenido farmer postmoderno. Sus apetitos carnales eran solucionados por algunas hijas de sus peones, bajo la mirada comprensiva de la comunidad productiva de Establecimientos Agrícolas Fifensen, que se había convertido en una agroindustria de punta. Precisamente, cuando se inauguro la planta de elaboración de los Hot-dogs Fifensen, comenzó el trágico tramo final de esta historia.
Prima facie hubo que lidiar con el anciano párroco del lugar. Parece ser que el prelado, quien falleció poco después, no estaba en su mejor momento ya que hacía tiempo que su sistema neuronal había superado la etapa de esplendor. No había forma de convencerlo de que Hot-Dogs Fifensen era una marca comercial originada en el nombre del dueño y emprendedor empresario regional y no una incitación a la concupiscencia lujuriosa. Pero una vez que fue puesto en razones y presentado al falso escandinavo, el sacerdote lo invitó a misa en el pueblo, lo que el otrora diplomático aceptó gustoso. Hacia poco que había trasladado su fortuna a una caja de seguridad en su casa en la estancia. Se sentía seguro e impune, como si la estafa que lo había llevado a ese pueblo no hubiese existido nunca.
En la misa quedó impactado por la belleza de una apenas madura dama del lugar. Doña Felicitas Iturraspeayagaray era la esposa de Manuel Colmeiro III, el principal estanciero regional, nieto de un gallego inmigrante, quien edificó una fortuna que los avatares del país no habían destruido aún. El terrateniente llevaba impreso en su rostro los rasgos clásicos de su raza. Igualmente, su trato cotidiano, su don de gentes y el conjunto de su educación eran también coherentes con las gruesas pinceladas a través de las cuales las tradiciones populares y nacionales pintan a los descendientes de la noble tierra gallega.
El fundador de la dinastía había comenzado a edificar su patrimonio con un almacén de ramos generales y luego invirtió algunos ahorros en campos y vacas lecheras. Dado que la actividad tambera era de rentabilidad limitada, Colmeiro First había complementado los ingresos devengados por las vaquitas con el préstamo a interés, actividad que le había suscitado el odio de muchos chacareros y comerciantes quebrados. Por ello convocó a un grupo de musculosos esbirros que lo defendían de todo riesgo. Así es como murió anciano y en la cama. Esta es la historia. En ocasión de un viaje de su esposa al solar compostelino que los vio partir para hacer la América, el patriarca don Manuel quiso reverdecer viejos lauros e invitó a su lecho nupcial a la Manuela, la joven más hermosa- por aquellos tiempos- de la comarca naboinjertadense, por quién suspiraban todos los jóvenes del pueblo. Cuando la apetitosa señorita se hubo quitado todas sus ropas, el magnifico espectáculo hizo fluir el adormecido torrente sanguíneo del octogenario, sólo que en sentido diverso e inverso de lo que esperaba él. En vez de correr hacia el sur como era deseable en tales circunstancias, el vital fluido avanzó vertiginosamente en norteña dirección, provocando al tambousurero instantánea muerte por derrame cerebral. Los custodios acudieron presurosos ante el grito de horror de la joven, pero nada pudieron hacer. El espectáculo de la hermosa dama horrorizada junto al ridículo muerto en calzoncillos fue tema de conversación durante mas de cuarenta años y obligó a la infortunada joven dama y causante de la muerte a migrar a la Capital, donde hizo carrera como estrella de espectáculos nocturnos.
En el pueblo, un artista pintó un óleo inmortalizando la trágica escena. Manuel Colmeiro II lo compró para sacarlo de la circulación, y, en el desván de la mansión pasaba sus días Muerte erótica, hasta que el reclamo de unos jóvenes amantes del arte y el acuerdo del tercer Colmeiro instalaron el cuadro en un paseo público. Frente a la protesta de la iglesia y la liga de madres de familia se lo tapó y destapó en función de los horarios de protección al menor. Durante mucho tiempo, la contemplación nocturna de Muerte erótica era un rito iniciático para los adolescentes naboinjertadenses y de pueblos cercanos. Luego el óleo perdió interés cuando se instalaron en el pueblo un Bingo, varios locales de videojuegos y una casa de tolerancia integralmente atendida por travestis.
El tercer Colmeiro era de naturaleza ordenada y abúlica, rasgos que le permitieron mantener y acrecentar el tambo, la informal financiera creada por el abuelo, y la galería de forzudos que aseguraba las cobranzas y vigilaba el patrimonio del galaico’s empire. Desde siempre era apetecido por las jóvenes casaderas del oeste tambero bonaerense, pero se casó cuando Felicitas le dio- muy a su pesar- el si, presionada por su familia que estaba endeudada con el cejijunto galán.
La dama era de una belleza digna de inspirar los versos mas sublimes de poetas soñadores, los frescos de los pintores del renacimiento, las estatuas de los artistas áticos del siglo v, pero la desgracia la confinó a un casamiento con un ordinario gallego de pueblo; rutinario y previsible hasta para eructar religiosamente antes (una vez) y después (tres veces) de las cenas, siempre a las veintiuna en invierno; a las veintidós en verano. Ella siempre soñó con un día de felicidad en su matrimonio: el día en que se convertiría en viuda. Esa magna jornada hubo de acontecer cuando ya era demasiado tarde; cuando la sufrida Felicitas contaba ya con setenta años de edad y no podía disfrutar su parte de la herencia que debía compartir con los tres Colmeiritos, hartos de la avaricia del finado. Pero esto ya es una parte de la historia que trascendió la trayectoria vital de Poli.
Felicitas, en los tiempos del final de la vida de Poli, era una cuarentona apetecible, que llevaba impreso en el semblante el hastío que le provocaba vivir condenada a ser un objeto de arte más en la colección que el galaico apilaba en su vivienda sin mayor asesoramiento de experto alguno. Poli comenzó a frecuentar la iglesia y el pueblo hasta dar con algunas costumbres de la dama. Así supo que ella tomaba el té con amigas en la confitería de la plaza y se hizo habitué a la susodicha hora. Al poco tiempo, en el reducido mundo de Nabo Injertado, siempre ávido de temas aptos para el cuchicheo, el intercambio de miradas no pasaba inadvertido para nadie, menos para el marido, inminente cornudo quién no soportaba la desdeñosa y altiva expresión de Don Fifensen. Este rasgo era el único que conservaba el falso escandinavo de su vida anterior. Fue así como, luego de algunas conversaciones seductoras con la hermosa dama, Poli concertó con Felicitas la que sería su última cita amorosa. Ella llegaría en el coche de una amiga a un sitio predeterminado en la ruta y en el coche de él irían al motel de otro pueblo, distante cincuenta kilómetros de la base de lanzamiento del nuevo romance. Poli estuvo en el sitio concertado puntual, como había sido su costumbre de toda la vida. Pasaban los minutos y la bella no llegaba. ¿Se habría arrepentido? ¿Se le hizo Tarde? ¿Algún inconveniente carretero? Abstraído dulcemente, pensando en los encantos de Felicitas, el galán se adormeció al costado del camino.
Tuvo brusco despertar. Cuatro gorilas de la custodia de Colmeiro lo rodeaban con expresión poco amistosa, cosa muy evidente porque estaban a cara limpia.
¿Así actúan ustedes, gallegos, matones de gallego? Se los dijo y se arrepintió enseguida.
Sos boleta. Le contestó en apretada síntesis el más motudo de los esbirros, quien andaba de amoríos con la amiga de Felicitas que debía acercarla, dicho lo cual lo amordazaron para que no hablara y lo ataron a un árbol. Amordazado no podía ejercer sus habilidades discursivas y se mantuvo serenamente digno mientras lo rociaban con una mezcla inflamable y le prendían fuego. Así murió quien había burlado a grandes empresarios, mafiosos y traficantes de armas... víctima de la vendetta de un torvo gallego de campo, quién dispuso la ejecución cuando supo que el falso escandinavo estaba por mancillar una de sus obras de arte. El cadáver fue hallado por unos niños que iban a caballo hacia una escuela rural. Llamaba la atención que el fiambre conservaba en su expresión, petrificada, la displicente superioridad y el acorazado cinismo que lo habían distinguido en vida. Por eso fue fácil reconocerlo, pero más fácil fue borrar las huellas para la policía lugareña. No se hicieron demasiadas pericias, nadie hurgó en el expediente, no se investigó si Fifensen era realmente Fifensen. A Eustaquio Polibio Melquíades Cachafaz Caterbaum hacía mucho que ya no lo buscaban. Sus víctimas ignoraban que la posibilidad de resarcir sus burladas inversiones descansaba en Nabo Injertado como herencia vacante. En el pueblo, el interés principal era la continuidad de las Empresas Fifensen. Esto fue resuelto por el juez luego de cerrar- sin mayores esfuerzos investigativos- la causa. Parecía el crimen perfecto. Todo el patrimonio del occiso aventurero fue a parar a la Comuna de Nabo Injertado que lo remató. Obviamente, el comprador de todos los bienes del asesinado fue Manuel Colmeiro III, quién hizo engalanar las dependencias de las empresas con retratos de los tres gallegos de la dinastía, por otra parte tan cejijuntamente iguales unos a los otros.
La sorpresa mayor se la llevo el criminal cuando halló la caja de caudales con los dineros malhabidos de Poli. Ese día el gallego se duchó en dólares, pero cínicamente decidió utilizar parte del dinero en beneficencia y autobombo. A partir de aquellos días, la Fundación Fifensen dedicaría importantes capitales para que los mejores cráneos del secundario de Nabo Injertado prosigan estudios en las mejores universidades del mundo.
En un pueblo las cosas tal vez no se dicen públicamente, pero se saben. Pronto fue comentario de toda la comunidad las causas de la muerte del pobre Don Olaf, y la Fundación fue rápidamente rebautizada Fundación para la exaltación del Cornudo. Colmeiro tuvo el dinero suficiente para garantizar la impunidad de su crimen, la paciencia para soportar los comentarios populares y la longevidad necesaria para disfrutar sin ningún cargo de conciencia como el asunto se perdía en la neblina brumosa del olvido.
La madre, el hijo y la muerte
Era un hospital público, público y pobre. De todos sus pabellones, este se destacaba por su tristeza particular. Era el pabellón de enfermos terminales. El uniforme gris de las paredes hacía juego con el abandono en que se encontraba todo el ámbito y en particular la pintura naturalmente gris y lógicamente descascarada. Los pasillos, largos y silenciosos, completaban un entorno donde predominaba la angustia frente a un dolor que no admite ni espera consuelo.
En ese pabellón, en la última cama se desangra la mujer que no termina de morir. En cada cama un crucifijo, y cada uno de esos crucifijos resulta testigo del sufrimiento particular de cada caso. Ella tiene una metástasis terminal desde hace no menos de dos años. La piel reseca y amarillenta se le pega a los huesos. Sólo tiene cuarenta y cinco años pero parece de más de setenta. Su vida casi no conoció épocas buenas ni mayores placeres. De familia muy pobre tuvo que trabajar desde niña. Ayudaba a sus padres hasta que conoció a un hombre. Éste estuvo con ella hasta que quedó embarazada. Resistió la tentación del aborto y vivió sólo para el hijo. Este hijo- desde sus veinte años- contempla paralizado el sufrimiento materno. Es alto, delgado y enjuto. Su expresión parece ausente y casi boba, pero sólo esta concentrado en el sufrimiento materno. Observa el calvario de ella casi paralizado. Con la cabeza gacha, la mira y trata de acercarle agua, con una cucharita que consuela tanta sed.
Sus días y sus noches fueron para ese hijo. Trabajaba de sol a sol para mantenerlo y de noche lo auxiliaba en los aprendizajes escolares, cuando el niño lo necesitaba. Al terminar la secundaria, se encastró en un vestido de gala para concurrir a su fiesta de egreso. Por eso no dio importancia a los dolores que la aquejaron desde el mismo momento de la celebración. Pensó que eran las molestias ocasionadas por tan incómoda vestimenta. Pero pasó un mes y las molestias persistían. Concurrió a un médico y desde allí, todo fue como un sueño, una nebulosa, un calvario interminable por hospitales, oficinas de obras sociales y médicos que los miraban con expresión de lástima y misericordia. Y allí estaban, la mujer que no quería morir y el hijo que acompañaba todo con su expresión atontada. Repentinamente y sin que nadie la advirtiera, entró en la habitación una mujer delgada, de vestido negro y con una suave cabellera gris, larga y atada prolijamente. Contempló a ambos con enorme cariño durante un largo rato, hasta que el hijo advirtió su presencia.
¿Quién es usted?
La mujer lo apartó con afecto y sin decir una sola palabra. Se acercó a la sufrida mujer y le preguntó:
¿Qué ocurre que no quieres irte?
La moribunda contestó:
Es él, no lo veo suficientemente maduro para bastarse solo. ¿Qué será de su vida sin mi cuidado, sin mi protección?
Saldrá adelante, no temas. Él ya ha madurado. Puedes partir.
Dicho esto, el semblante de la sufrida enferma se contrajo dolorosamente y luego su rostro se dulcificó para siempre.
El hijo bajo su rostro y rompió a llorar durante un buen rato frente a su madre muerta. Luego levantó la cabeza y buscó a la extraña visitante que ya había partido tan silenciosamente como había llegado. Preguntó, pero nadie en el hospital supo decir nada de ella. Parecía que sólo había existido efectivamente para ellos dos. Caminó dolorido pero sereno. Ciertamente había madurado.