LOS CARAPINTADAS

(Profesor Luis Mera)

La interna militar entre 1983 y 1990

1) El Ejercito Moderno (1890-1945)

Para comprender esta compleja situación, que aflora en la presidencia de Raúl Alfonsín (1983-89), debemos recorrer un siglo de evolución del ejército argentino, comprendida entre la estructuración del ejército moderno -forjado por la llamada Generación del ’80- y la aparición del proyecto y la concepción Carapintada en su seno, en la década de 1980.
Para interpretar la génesis del componente militar moderno debemos remontarnos a 1901, a partir de lo cual se estructura el ejercito al servicio de la oligarquía, que lo utilizará como “instrumento de fuerza” para aplicar su modelo de país. En ese año el Congreso de la Nación aprueba el proyecto legislativo que crea el Servicio Militar Obligatorio, Ley 4301, presentado por el ministro de guerra del presidente Roca –el teniente general Pablo Ricchieri (1839-1936)-, cuyo objetivo era “La creación de un ejército nacional, profesional y moderno”, según las instrucciones que el zorro le había dado.
Este alto oficial había sido enviado por sus superiores a realizar un viaje de estudios por la vieja Europa, destinado a conocer el funcionamiento de las máquinas de guerra mas sofisticadas del mundo de la época, que le llevó 15 años de su vida. Al regresar a Buenos Aires presenta un minucioso informe donde destaca la apabullante superioridad germana en la materia, por lo que en 1890 es enviado de regreso a Berlín para adquirir los modernísimos fusiles Mauser y para contratar oficiales prusianos para que vengan al país a capacitar a nuestros oficiales.
En reconocimiento a su tarea es nombrado Jefe de Estado Mayor, en forma paralela había recibido condecoraciones de diversos gobiernos europeos: Alemania le otorgó la Medalla del Águila Roja, Francia lo galardonó con la Medalla al Mérito, mientras Bélgica lo nombraba Gran Oficial de su ejército. Se retirará del servicio activo en 1922, y durante la década infame el presidente Justo lo ascenderá al grado de General de la Nación.
Debemos tener en cuenta que en la época de Ricchieri el ejército prusiano era el más avanzado de Europa, sin olvidarnos que el Canciller Otto Von Bismarck recurrió a él para lograr la Unidad Alemana, consolidada con el triunfo –frente a su archienemigo galo- en la guerra franco-prusiana de 1870, que le permitió además apoderarse de las provincias germanófilas de Alsacia y Lorena.
Juan Perón señala en sus memorias: “Quienes nos instruyeron en el arte de la conducción fueron los oficiales alemanes (…).Para mis maestros, los nombres de Von Clausewitz, de Schlieffen y de Von Der Gorz eran una leyenda (…). En 1914, el general José Feliz Uriburu regresó de Berlín, donde había sido incorporado a la guardia personal del Kaiser. Vino con una fiebre tan germanófila que los cadetes lo llamábamos Von Pepe”.

La llamada Doctrina Alemana en la que los militares argentinos se habían formado se refería a la manera de usar las grandes distancias. El ejercito alemán prefiere integrarse a la población y hacerla protagonista de su proyecto, a partir de una adaptación del modelo napoleónico de Nación en Armas, como corolario del desplazamiento del poder de la antigua nobleza –que consideraba la conducción militar como algo que le pertenecía desde los albores de Francia por derecho propio-, por la ascendente burguesía en el país galo-que veía al ejercito como la “punta de lanza” de su dominación en el plano interno –y su proyección continental- que había surgido a partir del desmembramiento del obsoleto esquema cuasi feudal de las épocas de la Monarquía Absoluta de Luis XVI.
Esta situación permite entender el sentimiento de superioridad con el que se forjaron (…por obra de los instructores prusianos…) la gran mayoría de los militares argentinos –y de toda Latinoamérica en realidad, destacándose sobremanera el caso de Chile-. En la película La Patagonia Rebelde el teniente coronel Benigno Varela -Héctor Alterio- observa con admiración al soldado Mayer y estalla la ira cuando los trabajadores rebeldes lo matan en una escaramuza; recordemos que el verdadero coronel Varela encabezó en 1921 una represión que se cobró cerca de 1500 vidas en Santa Cruz, muchas de las cuales fueron fusiladas sumariamente, contraviniendo la legalidad vigente.
En nuestro país el ejército durante el siglo XIX se transformó en verdadero “brazo armado de la oligarquía”, exterminando la resistencia de las últimas montoneras federales –Felipe Varela, Chacho Peñaloza y López Jordán- durante las presidencias de Mitre y Sarmiento, destruyendo el modelo alternativo de los López en Paraguay, tuvo como objetivo doblegar al gaucho en el final del mismo y ampliar el territorio en la guerra contra el indio; en el siglo XX tendrá como misión inculcar el apego patriótico a los hijos de inmigrantes y el disciplinamiento de sus combativos padres –ej. La Semana Trágica- La disciplina germánica, regada en muchos casos con una alta dosis de nacionalsocialismo y antisemitismo, fue el instrumento clave para ese cometido.

2) LA DOCTRINA DE LA DEFENSA NACIONAL (1945-1955)

El hundimiento del Eje para mediados de 1945 provocó un verdadero terremoto en la conducción estratégica de nuestras fuerzas armadas, ya que el modelo implementado desde 1880 entraba en crisis y era necesario repensar el mundo de posguerra.
Al finalizar la IIª guerra mundial se inició una batalla diplomática entre Washington y Buenos Aires con respecto a las políticas de seguridad a aplicar en el continente en el marco de la Guerra Fría, ahora que el enemigo no era Hitler sino Stalin; el Departamento de Estado consideraba a los gobierno militares llegados a la Casa Rosada a partir de 1943 como rémoras del nazismo, por lo que decretó un bloqueo de armamentos a nuestro país, obligando a sus autoridades a mirar hacia Europa como nuevo proveedor bélico y a pensar en la necesidad del autoabastecimiento en materia de armamentos.

La Tercera Posición del gobierno peronista partía del supuesto que nuestro país debía mantener una sólida equidistancia entre “ambos imperialismos” que se disputaban el control del globo. En Latinoamérica el principal problema lo constituía Estados Unidos, ya que había rechazado sistemáticamente colaborar en un plan de industrialización, así mismo censuraba la implementación del Plan Marshall en razón de que este había cerrado toda posibilidad de colocación de excedentes latinoamericanos.
Frente a esta realidad Perón planteaba en el plano económico “la necesidad de una acción regional conjunta, que lograra uniones económicas con los países vecinos, que apuntaba a conformar un bloque austral de países o una Confederación Latinoamericana de Naciones
Pese a que el filogermanismo se redujo a su mínima expresión entre la oficialidad pervivió la concepción alemana –ahora depurada de nazismo- fue reelaborada para que fuera de utilidad al nuevo proyecto de país. Esta plantea involucrar en el proyecto de defensa a toda la sociedad, integrándose a la población, haciéndola participe del mismo.
Al llegar al poder-1946- Perón establecerá una estrategia para la defensa conocida con el nombre de “Doctrina de la Defensa Nacional”, veamos de que se trata: El general Perón en una conferencia brindada en la Universidad de La Plata el 10 de junio de 1944 –titulada “La defensa nacional”- expresa “El concepto de Defensa Nacional puede hacer pensar a algunos espíritus que se trata de un problema cuyo planteo y solución incumbe únicamente a las fuerzas armadas de una nación”.
“La realidad es bien distinta: en su solución entran en juego todos sus habitantes, todas sus energías, todas sus riquezas, todas sus industrias y producciones mas diversas, todos sus medios de transporte y comunicación, etc.; por lo que las fuerzas armadas tan solo son el instrumento de lucha de ese gran conjunto que constituye la nación en armas”.
(…)”Ya no bastan generales y almirantes geniales, con ejércitos y flotas eficientes para conquistar la victoria. A su lado, los representantes de todas las energías de la nación tienen un rol importante que jugar en el desarrollo de la guerra, y muchas veces son las que orientan la conducción de las operaciones militares”.
“La guerra de 1914 nos mostró, y en un grado aún mayor la actual (…segunda guerra mundial…) la importancia fundamental que para el desarrollo de la guerra, asume la movilización y el máximo aprovechamiento de las industrias del país. Conocido es el rol que asumió Estados Unidos en la anterior y en esta contienda, en que mediante la contribución de su poderío industrial, se convierte en el arsenal de las naciones aliadas, en el máximo esfuerzo por inclinar a su favor la suerte de la guerra”.
“Todas las naciones en contienda movilizan la totalidad de sus industrias y tienden con máximo rendimiento hacia un esfuerzo común para abastecer a sus fuerzas armadas. Es evidente que este cambio, debe ser cuidadosamente preparado desde el tiempo de la paz; solucionando problemas tales como el reemplazo de mano de obra, la obtención de materias primas y de productos industriales necesarios en los países extranjeros, anticipar y neutralizar las adquisiciones de los enemigos, orientar la acción de destrucción de las industrias enemigas”.

“En el caso de nuestro país podemos señalar que la problemática de la industrialización constituye el punto crítico de nuestra defensa nacional” (…) “Durante mucho tiempo nuestra producción y riqueza ha sido de carácter casi exclusivamente agrícolas. El capital invertido en el país se mostraba reacio a buscar colocación en las actividades industriales, consideradas durante mucho tiempo como una aventura descabellada y aunque parezca risible, no propia de buen señorío”
(…)”Debemos poseer la industria propia. La Defensa Nacional exige una industria poderosa propia y no cualquiera sino una industria pesada. Para ello, es necesario una acción oficial del Estado, que solucione los problemas que ya he citado y proteja nuestras industrias. En este sentido el primer paso ya ha sido dado con la creación de la Dirección General de Fabricaciones Militares”. “Así mismo es necesario orientar la formación profesional de nuestra juventud. Que los faltos de medios o de capacidad comprendan que más que medrar en una oficina pública, se progresa en las fábricas y en los talleres.
Que los que sigan estudios universitarios sepan que las profesiones industriales les ofrecen horizontes tan amplios como las carreras tradicionales. Las escuelas industriales, de oficios de química, electrotecnia deben multiplicarse, porque la Defensa Nacional de nuestra patria, tiene necesidad de ellos”.
Este cuadro permite comprender cabalmente la política de nacionalizaciones de las empresas de servicios públicos esenciales llevados a cabo por el peronismo –y consolidados en el artículo 40 de la Constitución Nacional de 1949-, así como el importante papel que en la conducción de ellas desarrollaran altos oficiales de Ejército y Marina. Tampoco es desdeñable la creación de la flamante Fuerza Aérea como complemento del componente militar nacional, adaptándolo a los cambios tecnológicos propios de la década del ’50.
Es así que el 4 de enero de 1945 la Fuerza Aérea Argentina es creada como fuerza armada independiente, a través de la Secretaría de Aeronáutica. A partir de esa fecha se une al ejército y a la Marina de Guerra al sistema de Defensa Nacional. Debido a una importante deuda que Gran Bretaña mantenía con nuestro país se adquieren modernos aviones a reacción, los famosos Gloster Meteor y los grandes bombarderos Avro Lincoln y Lancaster, lo que le permite transformarse en la mas poderosa fuerza aérea de Latinoamérica.
Acorde con lo señalado la F.A.A. recibe un gran impulso de parte del gobierno justicialista al crearse en Córdoba la fabrica militar de Aviones, que cristalizará años después con el Pulqui I y el Pulqui II, máquinas íntegramente fabricadas por personal argentino, dirigido por los ingenieros Emile Dewoitine –francés- y Kurt Tank –alemán.
Siguiendo con el desarrollo del proyecto estratégico aeronáutico para 1947 se crea la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), que lleva al lanzamiento de toda una familia de cohetes, como los Gamma, Beta Centauro, Orión y otros. Mientras tanto se inician las primeras operaciones de acercamiento y relevamiento aéreo del continente antártico.

Los generales de la generación de Perón estaban convencidos de que Estados Unidos impediría un rearme argentino a la altura que ellos imaginaban necesario para la Defensa Nacional; tengamos en cuenta que mas allá de quien ocupase la Casa Rosada los militares aspiraban a transformar al país en “la potencia sudamericana”, así como guardaban bajo siete llaves la estrategia a utilizar en las dos hipótesis de conflicto regional que siempre consideraron: Chile, por los eternos problemas de límites, y Brasil, por la hegemonía en la Cuenca del Plata. Por esta razón Perón comienza a mirar a Europa como fuente de abastecimiento de material é instrucción para sus oficiales.

3) LA INFLUENCIA FRANCESA

En función de lo señalado Perón apostó a Francia, el país de Europa que peores
relaciones tenía con los Estado Unidos dentro de la O.T.A.N., para romper el bloqueo yanqui de armamentos. Por esta razón favoreció el intercambio de oficiales, las becas de estudio para que oficiales del ejército y la marina se capacitaran en ese país, y algún otro de Europa.
Entre ellos sobresaldrá claramente el futuro general Carlos Rosas, quien estudia durante dos años en la Ecole Supérieur de Guerre de París, luego de lo cuál se entrena junto a oficiales galos en unidades de blindados, comunicaciones y artillería. Para esas épocas Francia estaba desarrollando crueles guerras coloniales en Indochina y Argelia, en las cuales utilizaba una nueva metodología que consistía en no respetar los derechos del enemigo –o presunto enemigo- aplicando sobre él arrestos ilegales, trasladándolos a campos de concentración clandestinos, donde eran sometidos a terribles torturas, y la posterior ejecución, se calcula que de ese modo se produjeron en Argelia más de 20.000 muertos.
Entre los principales responsables de dicho sistema podemos mencionar al general Paul Aussaresses, el general Jacques Massu, el general D’Allegret, el coronel Roger Trinquier –especialista en guerra antiguerrillera- el coronel Bertrand de Parseval –miembro de la organización secreta O.A.S. Organization de l’armée Secrete, encargada de realizar acciones clandestinas contra los miembros del F.L.N. –Frente de Liberación Nacional, dirigida por el argelino Ben Bella.
En el galardonado documental “Escuadrones de la muerte”, su autora Marie-Monique Robin le pregunta al coronel Bernard sobre el tipo de accionar de los comandos franceses en Argelia, y este responde “Tomábamos un prisionero, en general lo convencíamos de que hablara, pero el que no lo hacía lo sometíamos a sufrimientos físicos mortales que hacían que finalmente hablara. Si otro prisionero asistía a la sesión de tortura se convencía de hablar porque sabía que él era el siguiente. El problema adicional era que hacer con el prisionero, la respuesta era ejecutarlo”.
Rosas pudo comprobar que el éxito de la represión en los arrozales de Indochina y en las escarpadas calles de Argel se debía básicamente al carácter clandestino de la misma, así como al uso de fuerzas de comandos ó de paracaidistas encargados de las “misiones especiales” contra los rebeldes.

Tanta trascendencia tuvo la repercusión de la metodología francesa en Occidente que los Estados Unidos le pidieron al general Aussaresses, redactor de un libro llamado “Servicios Especiales: Argelia 1955-57”, donde narraba las técnicas utilizadas en dicho conflicto colonial, que se desempeñaba como Agregado militar galo en Washington, que ingresara como Instructor principal en la “School of América”, en Fort Bragg, Carolina del Norte, para formar a los oficiales norteamericanos en dicha especialidad, en este caso las Fuerzas Especiales del Ejercito de Estados Unidos, mas conocidos como los Boinas Verdes. Recordemos que al retirarse Francia de Indochina los Estados Unidos la reempezaran como potencia colonial.
En un reportaje periodístico Aussaresses declaró “En Fort Bragg enseñe las condiciones en las que hice un trabajo que no era el normal en una guerra clásica, en Argelia recurrimos sistemáticamente a arrestos clandestinos, inteligencia, torturas y campos de concentración”.
Volviendo a nuestro país señalemos que al caer Perón se reanudan las relaciones militares con los Estados Unidos, quien ofrece cursos de capacitación para oficiales en la “Escuela de las Américas” en Panamá –donde estudiaran cerca de 60.000 oficiales latinoamericanos a lo largo de cuatro décadas-. La necesidad de reforzar los vínculos con Washington era considerada vital por las autoridades argentinas: El Canciller de Arturo Frondizi- Diógenes Taboada- señala, en una disertación exclusiva para altos jefes de las fuerzas armadas, en 1959 “El hecho de que los Estados Unidos cuenten con la fuerza atómica más importante del mundo libre implica la necesidad imperiosa de incluir a la Argentina en los pactos regionales que garantizan la seguridad colectiva de las naciones occidentales, en caso contrario naciones como la nuestra se encontrarían a merced de la amenaza soviética”
De esta manera las autoridades galas comienzan a visualizar y preocuparse por el interés demostrado por los Estados Unidos en el tema, iniciándose una fuerte puja de ofrecimientos de capacitación entre París y Washington. En julio de 1956 la embajada gala informa a su gobierno “Tras la revolución de setiembre el ejército argentino se encuentra en plena reestructuración y resulta interesante destacar que uno de sus integrantes mas influyentes considera que Francia es el país mas indicado del que tomar ideas y modelos” -se refería naturalmente al coronel Rosas-
Un año antes el embajador francés en Buenos Aires informaba a París, que con motivo del viaje del presidente Frondizi a Estados Unidos “El gobierno argentino ha anunciado la firma de un acuerdo con Washington por el cual Estados Unidos le acordaban un crédito al país por 13 millones de dólares, destinado al reequipamiento de las fuerzas armadas.
La respuesta francesa fue ofrecer la recepción de 120 oficiales para capacitarse en unidades galas de Comandos y Paracaidistas, se trataba de 60 oficiales de la Escuela Superior de Guerra y otros 30 oficiales de la Escuela Superior de Informaciones, el resto se complementaba con personal castrense que estaba realizando estudios superiores.

El triunfo de Castro en Cuba fue consolidando los lazos militares de nuestro país con los Estados Unidos. De tal manera que las cartas estaban echadas, de todos modos Francia no se quedaría con las manos atadas. Para 1961 asesores franceses brindan en la Escuela Superior de Guerra de Buenos Aires un Curso Interamericano de Guerra Contrarrevolucionaria.
Finalmente la llegada del general Juan Carlos Ongania en 1964 a la jefatura del ejército será una mala noticia para París –“Ongania no nos es favorable”, comentará el embajador francés. Realmente tenía razón ya que el nuevo Comandante en Jefe del pasa a disponibilidad al general Rosas, con lo cual el viraje hacia Washington se torna inminente.
El Embajador Christian de Margerie reafirma ”Onganía es un hombre de Estados Unidos, y su segundo –refiriéndose al general Lanusse- mantiene estrechos vínculos con la embajada de Estados Unidos, él no favorece la presencia de nuestros asesores y no cabe duda que lo inspiran en esta actitud las misiones militares norteamericanas con las que se halla en estrecha relación y que nunca miraron con buenos ojos la presencia de instructores franceses en el ejército argentino”.

4) LA DOCTRINA DE LA SEGURIDAD NACIONAL

En la célebre Academia militar de West Point el 6 de agosto de 1964, en ocasión de realizarse la Vª Conferencia de los Ejércitos Americanos, el Comandante en Jefe del Ejército Argentino –general Juan Carlos Onganía- pronunció un discurso, que es considerado como el origen de la Doctrina de la Seguridad Nacional (D.S.N.), donde señaló “Está claro, entonces, que tal deber de obediencia habrá dejado de tener vigencia absoluta -refiriéndose a la autoridad de un gobierno de jure- si se produce, al amparo de ideologías exóticas, un desborde de autoridad que signifique la conculcación de los principios básicos del sistema republicano de gobierno, o un violento trastrocamiento en el equilibrio o independencia de los poderes …”, “…Y visto que el pueblo no puede, por si, ejercitar ese derecho, en virtud de que está inerme, dicha atribución se traslada a las instituciones que él mismo ha armado y a las que les ha fijado la misión de sostener la efectiva vigencia de la Constitución”.
Ese mismo año el Presidente de Francia, general Charles De Gaulle, en un momento de máxima tensión con Washington, cruzó el Atlántico para respaldar al tambaleante gobierno de Arturo Illia. Para esa época París se había retirado de la estructura militar de la O. T.A.N. y obligado a las bases y soldados estadounidenses a retirarse de suelo galo, En la Asamblea Nacional declaró De Gaulle “Francia opinará en lugar de solo aceptar”.
De todos modos dos años después Onganía cumpliría con lo prometido en West Point, deponiendo al presidente y estableciendo una dura dictadura militar de estrechos vínculos con el gran hermano del norte”.

Desde 1966 en adelante los altos oficiales argentinos harán sus cursos de capacitación en la “United States Army School of The Americas”, mas conocida como la “Escuela de las Américas”, situada en Fort Gulick –en la zona del Canal de Panamá ocupada por Estados Unidos- donde los Boinas Verdes instruían a sus colegas del hemisferio: Francia había perdido la partida definitivamente frente a Washington, pero claro ya había aceptado la independencia de Argelia y de los países de Indochina, abandonando el rol de potencia colonial.
En este Centro de estudios los oficiales cursan materias tales como Historia del terrorismo, El terrorismo en América Latina, Inteligencia y Contrainteligencia, Guerra de guerrillas urbanas, Táctica y Estrategia, Análisis de la Información, Principios de Interrogación a detenidos, Sicología en interrogatorios, Interpretación cartográfica, entre otras.
La llamada Doctrina de la Seguridad Nacional, denominada por los estadounidenses Counter- insurgency , parte del concepto de que en la estrategia global de Occidente en su enfrentamiento con el bloque socialista los Estados Unidos y la O.T.A.N. se encargarán de “contener al enemigo, en términos de guerra convencional”, por lo que las fuerzas armadas de los países de Latinoamérica deben despreocuparse del peligro de la U.R.S.S. para abocarse al enemigo interno, al que denominan subversivo –insurgente en el lenguaje yanqui-.
Para esta concepción toda persona o grupo que no comparta los valores occidentales y cristianos se transforma automáticamente en un enemigo al que hay que exterminar, y, como enseñaron los franceses, allí todo método es válido para vencer.. Las personas que caían bajo el rótulo de subversivo formaban una amplia gama, no solo lo eran los guerrilleros armados –una minoría en realidad- sino que abarcaba también a cantantes contestatarios, hippies, estudiantes universitarios, curas tercermundistas, sindicalistas combativos, jueces garantistas, actores comprometidos, intelectuales, miembros de centros de estudiantes, sociedades de fomento y hasta camaradas de armas que no compartían la manera en que se combatiría al insurgente.
Empleando este razonamiento Washington logró homogeneizar el accionar antisubversivo de Pinochet en Chile, Videla, Viola y Galtieri en Argentina, Bordaberry en el Uruguay, Banzer en Bolivia, Stroessner en el Paraguay, la dinastía Somoza en Nicaragua, Turbay Ayala en Colombia, Papa Doc en Haití y un sinnúmero de dictadorzuelos en el resto del continente.

5) LOS COMANDOS ARGENTINOS

El primer curso de Comandos que se realizó en nuestro país fue en 1968 en las
amplias instalaciones de Campo de Mayo, estando a cargo de instructores estadounidenses –los famosos Boinas Verdes-, en él participaron oficiales que luego alcanzarían fama en el ejército, tales como los mayores Aldo Rico, Luis Polo, Ángel León, Gustavo Alonso, Gustavo Martínez Zuviría, Enrique Venturino, y el teniente coronel Seineldin. Todos ellos dos décadas después integrarían el movimiento Carapintada.
En estos cursos se hacía hincapié en una sólida formación física, para lo cuál las condiciones del mismo ponían a los cursantes en situaciones límites de hambre, de trabajo duro en climas adversos, de periódicas golpizas y de rudo trato físico, del cuál no se excluía la tortura. Naturalmente que muchos de los asistentes, acostumbrados a la liviana formación rutinaria en los cuarteles abandonaban rápidamente el mismo. Los instructores norteamericanos aplicaban en Campo de Mayo los mismos métodos de entrenamiento que utilizaban en la “Escuela de Las Américas”, a su vez en el plano ideológico reforzaban el tradicional anticomunismo existente en los oficiales latinoamericanos.
A partir de 1970 se constituyó en el ejército la Escuela de Comandos, iniciándose el dictado de cursos internos de capacitación para oficiales jóvenes, a cargo de la instrucción de los mismos fueron designados Aldo Rico y Seineldín. Los mismos tuvieron más de una década de continuidad, sobre todo porque el anhelado enemigo había hecho su aparición, recordemos que desde ese año comienzan a operar grupos guerrilleros de carácter urbano, y, luego rural en nuestro país.
Los Comandos fueron consolidando un particular “espíritu de cuerpo”, que los convenció de constituir una especie de “grupo de elegidos”, que se diferenciaban claramente de lo que ellos llamaban, despectivamente claro está, “Ejército Liberal” o “Burocrático y oficinesco”, que conducía el arma desde 1955, y el país desde 1976.
Para complementar la formación ideológica de los Comandos aparecerá la figura carismática del teniente coronel Mohamed Alí Seineldín, quien imbuido de un ideario católico de carácter pre-conciliar dotara al grupo de una mística religiosa que obrará como soporte espiritual de los mismos; esta visión será complementada con una concepción Nacionalista, con aristas sectarias, fanática é intransigente; lo cual lo entroncará con el sector ortodoxo del Justicialismo, Seineldín será promocionado al rango de coronel en 1984 a través de una gestión del Senador Saadi. Todo estaba dado para que esta lubricada “maquina de guerra” demostrara su capacidad en el terreno de combate Cuenta Morales Solá que en ocasión del velatorio del capitán Miguel Angel Paiva, asesinado por el E.R.P. en 1974, los comandos presentes se juramentaron vengar la muerte a través de una cacería de subversivos, desarrollada por grupos operativos a cargo de capitanes o tenientes primeros.

La llamada guerra sucia los encontraría a la cabeza del enfrentamiento contra la subversión, los que los obligó a incursionar en las técnicas de Inteligencia, sobre todo en el monte tucumano donde participarán en varios enfrentamientos contra milicianos del E.R.P. pertenecientes a la “Compañía de Monte Ramón Rosa Giménez”, que operaba en la zona desde 1975.. Al finalizar la guerra contra la subversión, para fines de 1978, aparecía en el horizonte una nueva oportunidad para los Comandos: nos encontrábamos a las puertas de un conflicto bélico con Chile por razones de límites en el Canal de Beagle –que finalmente la acción conjunta de la diplomacia vaticana y la Administración Carter abortarían-.
Los prolegómenos de la guerra los encontraría realizando operaciones de reconocimiento del terreno y evaluación del potencial bélico enemigo. La negativa de Videla a dar luz verde a la prevista invasión les produjo una enorme frustración, comenzando a distanciarse de la estrategia que la conducción del Proceso llevaba a cabo. Cuatro años después tendrían su revancha en las Islas Malvinas, en este conflicto se conformaron dos Compañías de Comandos –la 601 y el 602- que tuvieron ocasión de entrar en combate. La superioridad aplastante del oponente inglés obligó a las fuerzas de Aldo Rico y Seineldín a rendirse finalmente, como lo hizo todo el ejército; de la derrota nacerá el mito de los “Héroes de Malvinas” –reconocido hasta por el propio Alfonsín- que operará como nuevo sustento del ascendente paradigma Carapintada.
De acuerdo a la visión maniqueísta de este grupo en los albores de la llegada a la Casa Rosada del jefe Radical el ejército argentino se hallaba fracturado entre dos modelos irreconciliables entre sí.
Por un lado se hallaba el ejército oficial – o Liberal como lo llamaban los Comandos-, al que caracterizaban como una estructura obsoleta –oficinesca- y sin intenciones luego de la derrota en Malvinas de recuperar el brillo para la institución. La ideología los emparentaba con los prohombres de la Revolución Libertadora en 1955. Eran vistos como “oficiales de escritorio”, incapaces de comprender la nueva situación que el conflicto austral había generado en el país.
Estos generales se encontraban sumamente satisfechos con los privilegios que les otorgaba su elevado posicionamiento dentro de la conducción del arma, se mostraban orgullosos de haber pertenecido al Proceso –todavía reverenciaban al desprestigiado general Videla- y de haber apoyado el modelo económico de Martínez de Hoz, lo que los convertía, para la visión Carapintada, en verdaderos traidores a la patria. Eran considerados permeables a la negociación política con la administración radical, sobre todo en lo referido a las secuelas de la guerra sucia, siendo partidarios de dar la batalla jurídica para defender a los encauzados por la represión de los setenta. Para concluir el análisis que los Popes de los Comandos hacían de la conducción del arma señalemos que los acusaban de instrumentar una política de desmalvinización, tendiente a olvidar el carácter de gesta patriótica que los Carapintadas le acordaban al conflicto frente al Reino Unido.

Frente a ellos se alzaba el llamado Ejército Nacional que compartía una serie de ideas fuerzas que le daba cohesión interna: Se trataba de jóvenes oficiales –de capitán para abajo- que habían formado parte de la 94ª promoción del Colegio Militar, y que, la mayoría de ellos, para 1979 habían egresado de la Escuela Superior de Guerra.
Mantenían una lealtad indoblegable para con Rico y Seineldín, quienes creían que debían ser los futuros conductores del arma; se consideraban hermanados por la sangre vertida en la guerra contra la subversión y el conflicto austral –en ambos habían estado en la primera línea de fuego-. Sus objetivos generales pasaban por reivindicar ambas “gestas”, oponerse al proyecto radical de enjuiciamiento de los represores, reconstituir una fuerza de combate eficaz, proteger en forma corporativa a la institución castrense frente a lo que consideraban la “política anti militar del gobierno de Alfonsín.
Finalmente descreían de la batalla jurídica que proponía el generalato, proponiendo en cambio una amplia amnistía –e incluso el reconocimiento publico de los méritos demostrados en la represión por parte de las esforzados miembros de las fuerzas armadas-, la que solo se lograría a través de la presión de los fusiles. hacia el poder político

6) LA POLÍTICA MILITAR DE ALFONSIN

Durante la campaña electoral de 1983 el candidato radical Raúl Alfonsín ya había anticipado la política que desarrollaría para encarar las secuelas del Terrorismo de Estado perpetrado por el Proceso de Reorganización Nacional. Ante la imposibilidad concreta de juzgar a todas las fuerzas armadas el futuro presidente había optado por una política judicial en la que diferenciaba tres niveles de responsabilidad.
“En un primer plano excluyente se situaban los altos jefes militares que habían dado las órdenes para la represión. Luego se hallaban los que habían cumplido estrictamente con ellas, y, finalmente aquellos que habían delinquido o cometido “excesos” durante la represión. La idea central era crear un escudo protector –luego conocido como Obediencia Debida- para los subordinados castrenses.
En la Asamblea Legislativa en la que asumió el mando –justamente el “Día Universal de los Derechos Humanos”- Alfonsín ratificó las promesas de campaña, al sostener en ese discurso “Se propiciará la anulación de la ley de amnistía dictada por el gobierno militar y se pondrá en manos de la justicia la importante tarea de evitar la impunidad de los culpables. La justicia, asimismo, tendrá las herramientas necesarias para evitar que sean considerados del mismo modo quienes decidieron la forma adoptada en la lucha contra la subversión, quienes obedecieron órdenes y quienes se excedieron en su cumplimiento”
Coherente con esta línea emitió un decreto –el 157- que ordenaba el juzgamiento por parte del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de las tres primeras Juntas militares que habían conducido el país, con apelación obligatoria en el fuero civil. Naturalmente que dicho organismo castrense le “dio largas al asunto” para garantizar la impunidad de sus camaradas de armas.

Luego de transcurrir dieciséis meses sin definición por parte del Consejo la causa se trasladó a la Cámara Federal de Apelaciones en lo Penal de la Capital Federal , quien llevó a cabo el famoso Juicio a las Juntas –caso único en el mundo-, en el cual los altos jefes enjuiciados fueron severamente condenados, el general. Videla y el Almirante Massera recibieron reclusión perpetua. Además la Cámara resolvió que “se debería procesar a todos los jefes castrenses que habían tenido a su cargo las zonas y subzonas de operaciones durante la represión, y aquellos que hubiesen cometido “aberrantes excesos de autoridad en tales operativos”.
Con esta última decisión se derrumbaba la función de la Obediencia Debida, ya que se esperaba que cientos de altos oficiales, se calculaba en 400, desfilarían por los tribunales de distintas ciudades del país: a Alfonsín le había salido el tiro por la culata.
La situación desbordó la escasa prudencia de los Carapintadas, quienes realizaron una reunión secreta de sus líderes en febrero de 1987, en la estación ferroviaria de Chacarita, donde acordaron “Levantarse en armas contra el gobierno civil si uno solo de sus subalternos era citado por algún juez”. De modo tal que nos hallábamos en las vísperas de la puesta en práctica de los planes pensados por los Comandos para enfrentar a la justicia, y al gobierno, con los fusiles en la mano.

7) LOS LEVANTAMIENTOS CARAPINTADAS (1987-1990)

A efectos de clarificar esta compleja serie de sucesos acaecidos entre 1987 y 1990, y ahorrarle minutos de tedio al lector, vamos a estructurar el desarrollo de esos cuatro levantamientos Carapintadas a través de un esquema simplificador de los mismos

A) Semana Santa

Fecha: 16 al 19 de Abril de 1987
Lugar: Escuela de Comandos, Campo de Mayo.
Líder: teniente coronel Aldo Rico
Objetivos: 1) Detener la política “antimilitrar” del gobierno
2) Demandar una “solución política” a los juicios contra los militares en actividad.
3) Provocar la remoción de la cúpula del ejército, concretamente el general Héctor Ríos Hereñú.
4) Reivindicar la guerra antubversiva.

Sucesos: El mayor Barreiro, citado por la justicia por su actuación en el centro de detención La Perla se declara en rebeldía, refugiándose en el Regimiento de Infantería 14 de Córdoba, esta era la señal esperada para que Aldo Rico se sublevara. Este y sus seguidores ocupan y se atrincheran en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, y, desde allí lanzan sus demandas. El movimiento no logra que se le sumen los mandos superiores, con lo que la situación se empantana durante toda la Semana Santa de 1987.
El gobierno de Alfonsín no logra que el generalato cumpla con la orden de reprimir a los insurrectos, por lo que el presidente en persona se traslada a la unidad rebelde y llega a un acuerdo –“la solución política”- con los sublevados, otorgándoles días después la Ley de Obediencia Debida –(Nª 23.521), que exceptúa de responsabilidad al uniformado que hubiera acatado las órdenes de un superior. También se establece la remoción de Ríos Hereñú –reemplazado por el general Dante Caridi-, el teniente coronel Rico será detenido-considerándoselo como el único responsable del levantamiento- y enjuiciado por el delito de motín
Al enterarse la opinión pública de la concesión hecha por el presidente a los rebeldes estalló una ola de feroces críticas-aún dentro de la propia U.C..R. Con el tiempo Alfonsín le confesaría a Simón Lazara: “Era mas importante preservar los derechos humanos de los vivos que los de los muertos. Nosotros no hicimos una Revolución, no tomamos la Bastilla, nuestra única fuerza era el poder moral é institucional de los votos”.

B) Monte Caseros

Fecha 14 al 18 de enero de 1988.
Lugar: Monte Caseros (Corrientes)
Líder: teniente coronel Aldo Rico
Objetivos: 1) Demandar el cumplimiento de lo pactado en Semana Santa
2) Resolver la situación procesal de Rico
3) Repotenciar el movimiento Carapintada y la figura de Rico.
Sucesos El general Caridi había decidido ralear de las filas del arma al sector Carapintada, lo que convence a Rico de la necesidad de alzarse en armas nuevamente, y lo hará a partir de que se le decrete la prisión preventiva rigurosa; con la connivencia de la guardia policial que lo vigilaba abandonará subrepticiamente el Country Los Fresnos –donde cumplía el arresto domiciliario- para aparecer tres días más tarde en el Regimiento de Infantería 14 de Monte Caseros, provincia de Corrientes.
Paralelamente un grupo de civiles ultranacionalistas –Oscar Castrogé, Castroggiovanni en realidad y sectores adictos a Patricio Camps, hijo del general- dirigidos por el comodoro ® Luis Fernando Estrella ocupan las instalaciones del Aeroparque metropolitano, y con la consigna “Díos lo quiere” pretendían asesinara al Jefe de la Fuerza Aérea. Tras tres horas de cerco tropas de la Gendarmería recuperan la estación aérea, deteniendo a los rebeldes.
En esta oportunidad los generales respondieron afirmativamente la orden de Caridi y cercaron a Rico –junto a 340 oficiales que le eran leales- en las instalaciones del cuartel obligándolo a rendirse, Seguramente el desgaste de la figura de Rico obedezca a una división en el seno del movimiento Carapintada, dentro del cuál la mayor parte de los implicados en la represión del proceso estaban ahora amparados por la ley de Obediencia Debida; lo concreto es que la estrella de Rico comienza a apagarse, mientras en el firmamento se empieza a vislumbrar la figura de Mohamed Alí Seineldín como nuevo líder de los rebeldes. Ambos jefes Carapintadas estaban enemistados por la falta de apoyo del Turco al Ñato en las rebeliones, es que el primero temía no llegar a ser promovido a general si participaba de los levantamientos.

C) Villa Martelli

Fecha: 2 al 9 de diciembre de 1988
Lugar: Villa Martelli
Líder: Mohamed Alí Seineldín
Objetivos: 1) Lograr el retiro del general Caridi del mando de la fuerza
2) Posicionar a Seineldín como líder natural del ejército
3) Estructurar el “Ejército Nacional” como sustento material de la futura presidencia de Carlos Menem
Sucesos: Ante la certeza de que finalmente no sería promovido a general de la nación Seineldín decidió encabezar un nuevo levantamiento, si bien la imposibilidad del ascenso encuadraba en las disposiciones legales del arma es indudable que esta decisión contaba con el beneplácito del general Caridi y del propio presidente Alfonsín.
Todo comenzó un primero de diciembre de 1988 cuando los Albatros –tropas de elite de la Prefectura Naval- abandonaron su guarnición, saquearon el armamento de una dependencia en Zarate y se refugiaron en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo. Paralelamente el turco abandonó subrepticiamente Panamá –donde entrenaba a Los Machos del Monte, comandos de la Guardia Nacional del general Noriega- y se puso al frente de la rebelión. Inmediatamente el general Caridi ordenó al general Isidro Cáceres que cercara la Escuela de Infantería é intimara la rendición de los rebeldes.
Estos hicieron públicas sus demandas: Pedían la destitución de Caridi, la extensión de los beneficios de la ley de obediencia debida para todo el personal militar –exceptuándo a las Juntas condenadas- y una amplia amnistía para todos los uniformados que se habían sublevado en dos oportunidades junto a Aldo Rico. Luego de una serie de deliberaciones el generalato aceptó el petitorio rebelde, siendo el general Cáceres garante de este Pacto de Villa Martelli, y cesó el levantamiento. Pocos días después Caridi pidió el pase a retiro, reemplazándolo en la comandancia del ejército el general Francisco Gassino

D) Seineldin

Fecha: 3 de diciembre de 1990
Lugar: Regimientos de Patricios, Edificio Libeertador, fábrica de tanques
TAMSE, Regimientos de Villaguay y Concordía
Líder: Mohamed Alí Seineldín
Objetivos: Cumplimiento del Pacto de Villa Martelli
Exigir la remoción del general Isidro Cáceres de la Jefatura del Estado
Mayor
Presionar al gobierno de Menem para que retome el ideario
nacionalista enarbolado en la campaña del ‘89

Sucesos: El coronel Seineldín, quien había mantenido mas de 50 reuniones con allegados a Menem –incluso con el mismo presidente en persona- para acordar la política militar y de Defensa del nuevo gobierno el jefe Carapintada consideraba que pese a los Indultos dictados por el ejecutivo –que liberaron a los condenados de las Juntas, a Rico y a todos los uniformados que lo habían seguido en Semana Santa y Monte Caseros- el gobierno nacional no estaba cumpliendo con las promesas de campaña.
Era evidente la antigua alianza entre Menem y los Carapintadas se diluyó muy rápidamente. La política económica liberal del nuevo presidente y su alineamiento estratégico con los Estados Unidos eran repudiados por estos militares que profesaban un nacionalismo acérrimo. Además se estaba traicionando el Pacto de Villa Martelli en función de la persecución interna que el generalato estaba realizando sobre los Carapintadas en actividad. El general Isidro Cáceres, con el aval de Menem, había procedido a pasar a retiro a todos los jefes Carapintadas del ejército. El gobierno sabía de la proximidad del alzamiento, por lo que trasladó detenido a San Martín de los Andes a Mohamed Alí Seineldín.
La mañana del 3 de diciembre de 1990 se puso en marcha el Plan de Operaciones Virgen de Luján, en forma sincronizada eran tomados los cuarteles de Palermo, el Edificio Libertador, la fábrica de tanques TAMSE, el Regimiento 2 de Caballería y otros dos regimientos en Villaguay y Concordia; los rebeldes no lograron liberar de su cautiverio a Seineldín.. El generalato –encabezado por Bonnet y Balza- procedió a reprimir a los rebeldes, la orden presidencial era “Aniquilar rápidamente con la rebelión, sin ninguna clase de negociación”- recordemos que ese mismo día legaba al país el presidente Bush de Estados Unidos.
En este levantamiento fue el único que se produjeron enfrentamientos entre los bandos que generaron un saldo de 21 muertos –entre ellos el teniente Hernán coronel Pita –Jefe del Regimiento de Patricios- y el mayor Federico Pedernera- algunos de ellos cuando un tanque aplastó a un colectivo 60, 50 heridos y mas de 300 detenidos.
Finalmente tras casi un día de duros combates los sublevados fueron vencidos; Seineldín sería condenado a cadena perpetua, y se separarían de la fuerza a todos los que habían participado del levantamiento. De este modo el último, el más sangriento, y el definitivo alzamiento Carapintada era doblegado, concluía así una disputa en un arma cuyo estado deliberativo ya comenzaba a amenazar con su propia destrucción.