Lo que le duele a Potosí

(Grover Cardozo)

Agosto 12, 20|0

¿Cómo ve el futuro de Potosí? pregunté a un trabajador potosino en enero de este año en las faldas mismas del Cerro Rico de Potosí. “No hay nada seguro, no sabemos qué pasará”, sostuvo con mirada escéptica y titubeante Juan Choque de 56 años.

Portando el tojo de minero, faroles y otros rudimentos en una ajada mochila, el minero deslizó una mirada rabiosa dejando notar el voluminoso pijcho de coca que ornamentaba su bronceado rostro. Se fue ascendiendo al cerro y toda la impresión que dejó fue de frustración y desesperanza.

¡Ahí está la madre del cordero del desmadre potosino! ¡De ahí nace la rabia potosina que se diseminó por las calles de aquella ciudad, en las asambleas y en el silencio de los habitantes del área rural! Esa bronca se siente en la respuesta vacía y titubeante del minero potosino que una y otra vez dice a todos y así mismo: “Nada seguro con Potosí. No se sabe lo que pasará con la región”.

Hay que estar en Potosí para comprender a los potosinos. Ver cómo la ciudad sigue siendo la de años atrás con muy ligeros cambios. Tiene muchas bondades para el turismo y un atractivo arquitectónico admirable, pero básicamente es eso. Esmirriada en su infraestructura industrial y sin nada prometedor que se ubique más allá de la minería.

Los días y semanas de paro, bloqueo y protesta potosina están motivados por la indiferencia del gobierno ante algunos temas que a ellos les interesa, pero sobre todo porque Potosí es la ciudad y región de Bolivia con la más la más baja expectativa de futuro.

Los estudios del PNUD y otras instituciones públicas y privadas lo dicen: Los potosinos a diferencia de Santa Cruz, Cochabamba o Tarija no ven con optimismo su futuro. No creen que el futuro será más prospero, que mejorarán las condiciones de vida, que sus hijos estarán mejor y dicen eso a pesar de ser la región que durante cientos de años fue la columna vertebral de la economía boliviana.

En el último período el nuevo gobierno abrió un periodo de inclusión social que seguramente esperanzó en exceso a los potosinos. Los potosinos tal vez pensaron que se redistribuiría mejor la riqueza entre todos los bolivianos. Sin embargo los mismos potosinos palparon la dura realidad comprobando que llegado el momento cada departamento lucha ante todo con una vocación regional y se juega por sus intereses.
Los potosinos que durante décadas compartieron generosamente los excedentes de los minerales, sienten que aprendieron una amarga lección: Sólo ellos deben hacerse cargo del futuro de Potosí y entonces deciden velar por sus intereses. Por ahí se explica la bronca abrupta que dio lugar a las movilizaciones de estas semanas.

Ahora sienten que deben diseñar una mirada estratégica para perfilar el futuro de la región. Aprovechar los valiosos recursos minerales que todavía poseen para relanzarse y diversificar su economía a partir de una alianza estratégica con todos los actores productivos. Necesitan el apoyo del Estado, pero también deben lograr una alianza estratégica con las grandes empresas mineras que hoy operan en varias regiones de Potosí y de ahí trazar una ruta hacia la industrialización.

La experiencia fue dura pero fructífera. Ahora Potosí decide reorganizarse y marchar sobre su propia huella. El gobierno seguramente cooperará en algunos aspectos, pero las soluciones de fondo llegarán del esfuerzo unitario y organizado de los propios potosinos.

La pasión con la que encararon las movilizaciones de estos días debe continuar, ya no para la protesta, sino para forjar el desarrollo regional.

grovercar@yahoo.es