Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

(PEDRO ECHEVERRÍA V.)
ENSAYO

INSTITUTO DE CULTURA DE YUCATÁN

PEDRO ECHEVERRÍA V.

Premios Estatales de Literatura

Ensayo

GOBERNADOR CONSTITUCIONAL DEL ESTADO DE YUCATÁN

C. Patricio Patrón Laviada

INSTITUTO DE CULTURA DE YUCATÁN

Arqto. Domingo Rodríguez Semerena

DIRECTOR GENERAL

Lic. Oscar Sauri Bazán

DIRECTOR DE LITERATURA Y PROMOCIÓN EDITORIAL

C. Andrés Silva Piotrowsky

JEFE DEL DEPARTAMENTO DE PROMOCIÓN EDITORIAL

FORMACIÓN Y DISEÑO

Genny G. Ortíz Pool

CORRECCIÓN

Lic. Ena Evia Ricalde

COLABORADORES

Leydi Cetina Cetina

Fernando Casanova Euán

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

*Esta obra obtuvo la Mención de Honor en el Concurso de Ensayo Carlos Echánove

Trujillo, en 1996.

1a. Edición 2005

D. R. © Pedro Echeverría V.

D. R. © Instituto de Cultura de Yucatán

Las imágenes que aparecen en este volumen fueron tomadas del libro Arquitectura de las

Haciendas Henequeneras, editado por la Universidad Autónoma de Yucatán del año 1996,

con la autorización expresa del titular del copyright.

ISBN: 968-7871-41-5

Este libro no puede ser reproducido parcial o totalmente sin autorización escrita del

titular del copyright.

Hecho en México

Las Haciendas Henequeneras

a través de la Historia

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Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

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Pedro Echeverría V.

INTRODUCCIÓN

Du r a n t e u n s i g l o , c i e n t o s d e

trabajadoresyucatecos vivieron y laboraron

en haciendas henequeneras. En su mejor

época, en el período que abarca el régimen de

Porfirio Díaz, se registraron más de 1200 de

estos centros de producción, ubicándose en

un radio de 80 kms., alrededor de la ciudad de

Mérida.La industria del henequén, durante ese

largo período, fue determinante en el estado;

en torno a ella giraba el resto de las actividades

económicas, teniendo gran influencia en la

política y, en parte, en la cultura. A finales de

los treinta, mediante un decreto de «Reforma

Agraria» instrumentada por el Presidente

Cárdenas, se crearon ejidos en el 75% del

territorio que pertenecía a los hacendados.

Al iniciarse la década de los sesentas, la

conjugación de la corrupción oficial en la

administración del henequén yucateco, la falta

de competitividad en el mercado de las fibras

duras, el surgimiento de las fibras sintéticas

como competidora y la aparición de un modelo

económico más adecuado a los requerimientos

de una economía moderna hegemonizada por

los países poderosos, llevaron a las haciendas

henequeneras a su total paralización. Hoy

sólo queda en aquellos históricos sitios,una

población en condiciones miserables y las

ruinas de los edificios del casco de la hacienda,

en varios casos ni eso.

10

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

El trabajo que a continuación se

presenta, pretende dar una visión panorámica

del surgimiento, desarrollo y situación actual

de las haciendas henequeneras yucatecas.

El estudio de estos centros de producción

que durante un siglo (1860-1960) tuvieron un

papel relevante en la economía yucateca es

fundamental, pues de las experiencias que

se recojan pueden surgir nuevas reflexiones

acerca de nuestro pasado económico y cultura,

así como de alternativas importantes que

permitan proponer acciones encaminadas a

la creación de fuentes de empleo que pudieran

beneficiar a los centros de población cuya

vida se desarrolla aún en el territorio de esos

«cascos» de lo que fueron haciendas.

En este estudio se presenta una visión

global de la economía, la política y en parte

de la sociedad en que se desarrolló la vida

en las haciendas; no podía ser un estudio

especializado, puesto que las casi 50 haciendas

que aún no están del todo destruidas, abarcan

un vasto campo y su investigación entraña

innumerables dificul-tades, sólo superables en

un período de investigación mucho más largo

y con mayores recursos.

El trabajo se aborda haciendo en primer

lugar una explicación de sus antecedentes

históricos, englobando en él a las encomiendas,

las estancias y a las haciendas

maicero-ganaderas; tales antecedentes cubren

un lapso de tres siglos que van desde mediados

del XVI, con la Conquista y el inicio de la

época colonial, hasta mediados del XIX, con

11

Pedro Echeverría V.

la llamada Guerra de Castas y el surgimiento

de la industria henequenera.

Después entramos al análisis del

desarrollo de la producción henequenera,

el surgimiento del mercado exterior y de

las técnicas de desfibración, para pasar al

análisis de las condiciones que posibilitaron el

surgimiento de las haciendas henequeneras y

las características de su estructura productiva.

Al analizar el régimen porfiriano en Yucatán

se podrá ver el progreso económico logrado

durante la dictadura, teniendo como base la

«paz y el orden», las relaciones de producción

y la situación de los trabajadores.

Luego se explicarán los cambios que

la revolución mexicana introdujo a través del

gobierno de Salvador Alvarado, sobre todo en

lo que se refiere al mercado del henequén, y el

inicio de la caída del sistema de las haciendas.

Posteriormente se presenta un análisis de lo

que representó la Reforma Agraria cardenista y

la creación del sistema ejidal, para concluir con

el decreto de desaparición de «henequeneros

en Yucatán» en el año de 1955.

Por último, se presenta como anexo una

investigación sobre 40 haciendas realizada

en los Archivos Históricos del Gobierno del

Estado, así como en el Registro Público de la

Propiedad. Esta es la primera investigación que

se realiza con estas características de amplitud

panorámica para un periodo histórico tan

amplio; ojalá que contribuya al conocimiento y

aprecio de nuestro pasado. Seguramente otras

investigaciones superarán lo que ahora se está

12

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

presentando. Se atiene a la crítica del paciente

lector.

13

Pedro Echeverría V.

CAPÍTULO I

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

1.1 La herencia española

Según calculan varios historiadores, hace

veinte mil años se inició el poblamiento

del Continente Americano. De una vida

primitiva que se basaba en la caza, la pesca

y la recolección, se pasó, a través de un

larguísimo proceso de siglos, a lo que hoy

conocemos como economía agrícola. El hombre

americano, transitando ya los primeros

siglos del presente milenio considerado en

su conjunto, no había rebasado la cultura

neolítica; en algunas regiones se utilizaron los

metales, pero sin ir más allá de la cultura de

bronce; el descubrimiento del cobre y de su

aleación con el estaño se había realizado en

una época tardía, una decena de siglos después

de Jesucristo.

El caballo, el buey, el cerdo, etc., no se

conocían en América hasta el momento de su

introducción por los europeos (Zavala) Además,

los indios no conocían ni la rueda, ni el torno

alfarero, ni el vidrio, ni el trigo, ni la cebada, ni

el centeno; ignoraban la escritura, excepto en

una región muy limitada de América Central,

donde se hallaba en uso un sistema jeroglífico

muy particular, sin vínculos con el del antiguo

continente (Rivet,1963) Su cultura era distinta,

sus necesidades otras, sus adelantos notables.

14

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

Desconocían la cultura occidental, pero tenían

los mesoamericanos una cultura propia.

Sin instrumentos de metal, sin arado, sin

usar la rueda ni disponer de animales de tiro,

se practicó una agricultura intensiva de alto

rendimiento con el empleo de mano de obra

relativamente reducida. Se aprovecharon los

lagos de la cuenca de México para construir

chinampas cuyo cultivo es de muy alta

productividad; se hicieron grandes obras para

impedir el paso de agua salada a los mantos

de agua dulce; los propios lagos sirvieron

como vías de comunicación que permitían el

transporte fácil de personas y mercaderías entre

muchas localidades ubicadas en la cuenca. En

las laderas de las montañas que circundan el

valle se acondicionaron los terrenos mediante

terrazas y se construyeron canales para

aprovechar mejor el agua (Bonfil,1989) La base

económica de esa superárea cultural llamada

Mesoamérica fue la agricultura.

En la economía agraria del México

prehispánico la propiedad de la tierra no fue

determinante: su uso tenía características

distintas a las actuales. El maíz fue el producto

básico de cultivo que, junto con el frijol, el

chile y la calabaza, hizo surgir una economía

autosuficiente que realizaba al mismo tiempo

la manufactura de sus propios vestidos y útiles

de trabajo y que desarrollaba la pesca y la

recolección de frutos silvestres.

En este tipo de sociedades no parece

haberse vivido la fragilidad permanente del

equilibrio entre las necesidades alimenticias y

15

Pedro Echeverría V.

los medios para satisfacerlas, sino que por el

contrario, su producción fue capaz de saciar

sus necesidades (Clastres,1978) En el caso de

los mayas, no existía la propiedad privada de

la tierra y éstas, para el trabajo se organizaban

mediante milpas de cuatro a cinco hectáreas

en constante renovación (Morley)

En la mentalidad indígena no existió el

concepto de propiedad individual. La tierra

pertenecía a la comunidad; el individuo sólo

tenía un derecho de usufructo sobre ella

si cumplía con los derechos y obligaciones

que le imponía la comunidad. Y aún en este

caso, el concepto de usufructo se reducía a

disponer de la extensión de tierra necesaria

para la subsistencia y el pago de los tributos

individuales y comunales (Florescano, 1986)

Algunos autores han señalado que la llegada

de los españoles significó un corte histórico

en el tipo de evolución propia de los pueblos

precolombinos.

¿Existe una sobre vivencia de la

organización económica indígena después

de esta llegada?; ¿se da por el contrario una

sustitución integral de un modo de producción

por otro, en este caso, el de la producción

indígena, sustituido por aquel existente en la

España del siglo XVI?; o bien, ¿se logra una

«combinación» entre ambos modos, es decir, una

síntesis en los términos usados por Marx?

De lo que sí se puede estar más o menos

seguro es que, como resultado de la conquista

española, la vida de los habitantes de la

región empezó a sufrir un cambio profundo

16

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

y generalizado. La agricultura se transformó

radicalmente y la ganadería surgió imponente.

Nuevos cultivos aparecieron: además del trigo,

la caña de azúcar, el arroz, la avena y la cebada,

los pobladores se preocuparon por aclimatar

la cebolla, el ajo, el nabo y la coliflor.

Sumando lo anterior, se introdujo

instrumental de labranza, tal como el arado

y la yunta, fertilizantes de origen animal que

mucho contribuyeron a elevar el rendimiento

de la tierra y una tecnología hidráulica que

pudo convertir tierras áridas en tierras

fértiles. Todo esto fue en la parte central de

la República, presentándose con ello una

verdadera revolución en la agricultura. En

Yucatán, este proceso transcurrió de diferente

manera.

1.2 Las encomiendas

Como pago a los servicios de los conquistadores,

la corona española inició la repartición del suelo

de la Nueva España. Se hacía manifiesta una

inspiración real para la obtención inmediata

de riquezas que permitiera el ascenso social y

el goce de privilegio que tanto inquietaba a los

peninsulares recién desembarcados. La corona,

queriendo evitar que en las Indias se desarrollara

una aristocracia rural como en España, intentó

desde un principio frenar las aspiraciones

señoriales de los conquistadores tratando de

implantar la pequeña propiedad. Sólo Cortés

logró obtener un dominio equiparable al que

poseía la nobleza española, pues los demás

17

Pedro Echeverría V.

conquistadores tuvieron que conformarse con

las encomiendas (Wobeser, 1983)

Este sistema, en teoría, tenía como

objeto encomendar indios a españoles para

que se les adoctrinara en la religión católica.

Era un derecho concedido por merced real a

los «beneméritos de las Indias para recibir y

cobrar por sí los tributos de los indios que le

encomendaren». Pero en realidad, de lo que

se trató fue de proporcionar a los españoles

mano de obra barata, trabajadores a quienes

explotar sin medida.

El español que recibía la merced

de una o varias caballerías de tierra, obtenía

al mismo tiempo cierto número de nativos

enco-mendados a su celo religioso a la par

que a su ambición. Y así explotaba al mismo

instante la tierra y el hombre y en poco

tiempo se convertía en personaje acaudalado.

Los episodios posteriores a la Conquista no

hicieron más que avivar el odio que los mayas

sentían por los extranjeros invasores. La

pobreza del suelo determinó que en Yucatán la

Colonia extremara sus crueles procedimientos.

Los españoles vivían más que de la tierra del

trabajo de los indios vencidos. Estos debían

pagar un elevado tributo al encomendero

y, por añadidura, excesivas contribuciones

parroquiales (Benítez, 1985) Los encomenderos

podían servirse de los indios en labranzas y

fábrica de casas; un trabajo de sol a sol con

una hora de descanso al medio día, mediante

una retribución diaria de una libra de pan,

chile, sal o libra y media de camote con sal y

18

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

chile.

L a p r ime r a o b l i g a c i ón d e l o s

encomendadores era enseñar en la mañana

la doctrina cristiana a los indios, obligación

que después cumplieron pagando a un clérigo

que los doctrinase; también deberían construir

un templo y una escuela en cada pueblo.

El encomendero tenía la obligación de

pagar al clérigo dos reales anuales por cada

indio catequizado, suministrar ornamentos a

la iglesia, tener determinadas armas y estar

listos para entrar en campaña en cuanto se

les indicase. El tributo fue junto con el trabajo

forzoso la obligación principal de los indios

encomendados; su pago fue en varias especies:

cera, miel, frijoles, chile, sogas, cántaros, ollas,

comales y tres «piernas» de manta».

Se ha discutido acerca de que si

las encomiendas fueron las que fundaron

las primeras estancias, y también si los

encomenderos fueron los que fundaron las

primeras estancias y demás cuestiones sobre

esta problemática. Algunos han probado, como

lo hizo Silvio Zavala, que la encomienda no

tenía características de propiedad y que no

evolucionó, como se había creído, de manera

que llegara a ser finca rural.

1.3 Las estancias

En Yucatán la encomienda sí tuvo mucho que

ver con la formación de las fincas rurales de los

españoles porque pese a que las encomiendas

no llegaron a ser estancias o haciendas, los

encomenderos sí llegaron a ser estancieros

19

Pedro Echeverría V.

y eventualmente hacendados; esto se puede

explicar por el hecho de que para poblar una

estancia era necesario conseguir capital y

fueron precisamente los encomendadores

quienes tenían mejores posibilidades de

conseguirlo, ya que lo recibían a través del

sistema tributario (González Navarro,1979)

La institución de la encomienda no

representó la propiedad sobre las tierras de

los poblados, tampoco sobre la fuerza de

trabajo indígenas. Lo que se repartió en la

encomienda fue el derecho de la obtención del

tributo a cambio de los servicios prestados a

la Colonia durante y después de la guerra de

conquista. Por ello la encomienda, al ser fuente

de acumulación de riquezas y un mecanismo

de ascenso sobre determinadas porciones de

fuente de trabajo, facilitó la adquisición de

tierra.

El surgimiento de la estancia ganadera,

a donde encauzaban buena parte de los

excedentes provenientes de las encomiendas,

comercio, ventas, ayudas, etc., y su expansión

durante el siglo XVIII, representó el verdadero

inicio de la apropiación privada del suelo; la

acelerada separación del productor directo de

la posesión de la tierra y demás implementos, y

la modelación de nuevas relaciones económicas

con los indígenas al peonaje endeudado (Patch,

1976)

Encomenderos y estancieros llegaron a

tener intereses diversos: a los encomenderos

convenía que se respetaran las tierras de las

comunidades que tenían en encomienda, y así

20

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

garantizar que los indígenas tuvieran suficiente

lugar para sus cultivos, lo que los beneficiaba

con el pago oportuno de los tributos. A los

estancieros en cambio, les interesaba contar

con abundantes tierras donde pudieran

pastar sus animales, adquirir estas de las

comunidades, contar con mano de obra y

con el tiempo, al aumentar sus actividades, ir

absorbiendo a la población de las comunidades

(Millet, 1974)

1.4 Las haciendas maicero-ganaderas

Las estancias ganaderas parecen haber

sido, como ya se ha dicho, los antecedentes

inmediatos de la hacienda ganaderamaicera.

El

ganado se introdujo en la Nueva España con la

llegada de los españoles. Fueron éstos quienes

poseyeron el ganado mayor, también el menor,

en grandes cantidades, pues practicaron la cría

con objetivos comerciales; para ello llegaron a

poseer enormes extensiones de territorios con

fines de pastoreo. Por el contrario, la población

indígena sólo pudo apropiarse del ganado

menor y de aves de corral con miras en una

economía casera. El uso común que antes se

tuvo de las tierras, poco a poco se fue limitando

hasta convertirse en uso privado para los

ganaderos. Se transgredieron derechos de los

pueblos indígenas con la aprobación ilegal de

las tierras.

Resumiendo las ideas de la investigadora

Wobeser acerca de las estancias, tendríamos

que:

21

Pedro Echeverría V.

1. Fue una organización simple que no

requirió de un manejo administrativo;

2. Se observa una casi falta total de

infraestructura;

3. Generalmente la estancia contó con

una pequeña choza rudimentaria que no fue de

mampostería;

4. Tampoco requirió de instalaciones

especiales;

5. No le fue menester albergar trabajadores

o construirles capilla porque se

manejaban con dos o tres vaqueros.

Debido a sus funciones económicas, las

estancias fueron fundadas para que estuvieran

cerca de sus mercados, es decir, alrededor

de las ciudades y a lo largo de las vías de

comunicación. El cabildo de Mérida informó

en 1579 que ya para aquella fecha la ciudad

estaba rodeada por fincas ganaderas, y en 1588

el fraile Ponce también comentó sobre estas

estancias. A finales del siglo XVI se habían

establecido casi todas las fincas que existieron

al principio del siglo XX alrededor de Mérida

(Bracamonte, 1984)

En la década de 1780 se empezaron

a presentar por primera vez quejas por falta

de tierras cultivables. Un gran número de

modestas estancias de los primeros años

se transformó en haciendas, ocupando así

varias leguas cuadradas de territorio, con una

población de residentes, edificios imponentes y

hasta con sus propias iglesias. La mayor parte

de las tierras quedó destinada a cultivos de

22

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

tipo comercial de maíz y azúcar en donde era

adecuado y también a forrajes para el creciente

ganado.

Los hacendados españoles ya no estaban

dispuestos a compartir con las comunidades

mayas la tierra que cada día era más lucrativa.

Pusieron barreras para marcar límites en

propiedades que hasta entonces los habían

tenido mal definidos, sin que se hubiesen

disputado en la práctica (Patch, 1976)

La hacienda o finca rústica era en sí un

establecimiento de regular tamaño, con una

organización administrativa peculiar. Empero,

es de suponerse un aumento en la extensión de

tierras que las mismas ocupaban, pues hasta

mediados del siglo XIX las haciendas ganaderas

no necesitaban grandes exten-siones de tierra

para su ganado, porque no sólo pastaban en

los terrenos propios de las fincas, sino que

también pacía suelto por los caminos y tierras

de dominio público y en tierras comunales.

En ninguna época tuvieron las haciendas

yucatecas las enormes extensiones que tenían

los grandes latifundios de otros estados de la

República. En 1810 la Intendencia de Yucatán,

que entonces abarcaba hasta Tabasco,

tenía el 26.6% de las haciendas y estancias

manifestadas en la Nueva España , o sea, 1,319

contra un total de 4.944 (Farris, 1983)

El surgimiento de las haciendas tuvo

importantes resultados económicos, sociales,

y culturales. Aunque hubo pleitos sobre tierras

entre españoles e indígenas en la época de

las estancias, los ganaderos parecen muy

23

Pedro Echeverría V.

pasivos en comparación con los hombres

verdaderamente agresivos que fueron los

hacendados, a quienes la tierra les fue más

útil y de más valor por dos razones:

1. Las estancias usaron la tierra solamente

para la ganadería (y los productos menores

de colmenas), mientras que las haciendas

las usaron para la agricultura, además de la

ganadería.

2. La economía mixta de las haciendas

exigió más mano de obra, y una manera de

conseguirla fue creando una escasez de tierra

a través de la agregación de ésta a las fincas;

los indígenas, a quienes les faltó tierra, tenían

que trabajar las de los latifundistas.

En 1783 en la parroquia de Umán, que

abarcaba cuatro pueblos, había 46 haciendas y

en ellas vivió el 56.3% de la población indígena

de la parroquia, radicándose en los pueblos

sólo el 43.7%. La hacienda, al iniciar el siglo

XIX, había ganado la batalla a las comunidades

indígenas (Suárez Molina, 1977)

Las haciendas ubicadas en el territorio

del estado de Yucatán, según la investigadora

García Bernal, pueden ser clasificadas por el

número de sus habitantes, de acuerdo al censo

de 1862: Mérida tenía 264 haciendas, Izamal

242, Motul 203, Maxcanú 98, Ticul 76, Tekax

52, Espita 42, Sotuta 34, Valladolid 22, Tizimín

7 y Peto 2. Total 1042. El 84% tenía menos

de 100 habitantes; el 11.5% entre 101 a 200

habitantes; el 2.1% de 301 a 400 y el 2.0%

restante más de 400 habitantes (Bracamonte,

24

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

1993)

CAPÍTULO II

SIGLO XIX

2.1 La primera mitad

Al inicio del siglo XIX, por diversos motivos

políticos y económicos, Yucatán se

hallaba de hecho divido en cuatro regiones o

comarcas entre las que existían discrepancias

25

Pedro Echeverría V.

políticas, económicas y sociales que alentaban

sentimientos localistas en cada región. Mérida

se ufanaba de su posición como capital del

Estado y se sentía alentada por la importancia

de su comercio, fuertemente incrementado

desde la apertura del puerto de Sisal. Valladolid

hacía valer su viejo prestigio y sus blasones de

piedra, testimonio de la elevada alcurnia de sus

antiguos pobladores criollos, prestigio colonial

ya en decadencia y apenas animado de nuevo

por su industria textil algodonera de reciente

creciente.

Campeche, por otro lado, luchaba por sus

fueros como centro comercial y puerto

tradicional de la península y como centro

de presión política estatal, fuerza que había

ejercido desde la época de la dominación

española. Finalmente, la Sierra (Tekax y

Ticul) se apoyaba en su floreciente industria

azucarera, que le había permitido adquirir

preponderancia económica y fuerza política en

las dos últimas décadas, desarrollo que había

acentuado las características de aquella zona

(Patch, 1976) Continuando el análisis en esta

línea, hay que decir que en Mérida se producía

henequén, almidón, algodón, ganado, etc. y que

Campeche contaba con palo de tinte, maderas

de construcción, arroz, caña de azúcar y una

próspera industria naviera. Campeche, por su

condición de puerto marítimo, era la ciudad

más frecuentada por los españoles. Tanto por

esta razón como porque los indios eran pocos,

estos tuvieron que aprender el español. Mérida

por ser capital recibía a los altos funcionarios

26

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

eclesiásticos, civiles y militares; a Campeche, en

cambio, inmigraban marinos y comerciantes,

catalanes en su mayoría. En suma, en Mérida

predominaron los encomenderos; en Campeche

una burguesía comercial e industrial. Allí

hubo aculturación, aunque no mestizaje,

pero no «amalgama social y moral: de un lado

la aristocracia de los descendientes de los

conquistadores, del otro los descendientes de

los conquistados» (Suárez Molina, 1977)

Las tendencias generales de la estructura

social y rural en aquella época dividen a la

península en dos partes distintas: la región

noroeste, dentro de un radio de 80 kilómetros

desde Mérida y el área del Este, Sur, y Sureste.

En la primera parte un porcentaje grande, en

muchos casos más del 50%, era de indígenas

radicados en las haciendas, mientras que en

el resto de Yucatán la gran mayoría de los

indígenas, a veces hasta el 100%, vivían en

sus comunidades agrarias. Es decir, el sistema

agrario tenía dos estructuras: La primera en

el noroeste tenía un régimen señorial, pues en

esta región las haciendas fueron dominantes

y la mayoría de los campesinos eran peones

acasillados que vivían bajo el control y

dominación directos de sus patrones. Más

allá del radio de 80 kilómetros de Mérida, el

tipo predominante de estructura agraria fue la

comunidad indígena, la cual no fue dominada

por las haciendas (González Navarro, 1979)

Al iniciarse el siglo XIX, tanto los estancieros

como los hacendados desem-peñaban un

importante papel económico, al igual que

27

Pedro Echeverría V.

los comerciantes de Mérida y de Campeche,

pero ellos poseían intereses directos en la

tierra y en la población indígena. Eran en su

mayoría criollos al igual que los comerciantes,

porque en realidad los españoles peninsulares

formaban un grupo reducido en Yucatán. En la

juridicción de Mérida había sólo 126 españoles

peninsulares entre 27,829 habitantes en

1794. Los criollos representaban el 11.80%

de la población total de la provincia, los

mestizos el 22%, los mulatos el 12.20% y

la población indígena el 53%... En Yucatán

vivían distribuidos entre la población unos

26,000 negros y mulatos libres en 1803 y sólo

en Mérida habían 3,416 mulatos en 1795

(Bracamonte, 1993)

Hasta 1821, la estructura social derivada del

régimen despótico tributario predominante en

Yucatán negaba a las haciendas la posibilidad

de un ascenso económico acelerado. Entre

1821 y 1847 en cambio, conforme la república

independiente fue desarticulando la estructura

de explotación colonial, el mercado peninsular,

fragmentado y escaso, se fue integrando y

expandiendo y con ello la hacienda encontró

la fórmula de un crecimiento más dinámico,

convirtiéndose entonces en el eje de la estructura

productiva agraria y de las relaciones entre los

señores de la tierra y la población maya.

Pero aún durante estos años la población

indígena de los pueblos y rancherías continuó

siendo abundante, en frecuente pleito con

las haciendas y compartiendo con ellas

abastecimiento de maíz a la población urbana

28

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

(Ibid) Basta observar los datos estadísticos

para encontrar que siendo el de Izamal y el

de Mérida los distritos de menos extensión

territorial, 438 y 516 leguas cuadradas

respectivamente, son sin embargo aquellos

en los que la gran propiedad rural predomina

sobre la pequeña, indicio este de que la

hacienda había ya absorbido a la mayoría

de las tierras comunales. El de Mérida tenía

446 haciendas contra 223 ranchos; Izamal

tenía 438 haciendas contra 245 ranchos; en

cambio el distrito de Valladolid tenía solamente

123 haciendas contra 500 ranchos y el de

Tekax 188 haciendas contra 706 ranchos. Las

extensiones cultivadas en 1845 se calcularon

así: maíz 6.000,159 mecates, tabaco y

henequén 181,572; caña de azúcar 102,081 y

arroz 46,666 mecates (Patch, 1976)

Se ha señalado que en los primeros años del

siglo XIX hubo en Yucatán cuatro hambres a

muy cortos intervalos: en 1805, 1807, 1809

y 1917. Que en 1835 volvió a abatirse sobre

Yucatán la misma espantosa calamidad. Que

en el transcurso de tres siglos, de 1535 a

1835, hubo dieciséis hambres. Al parecer, los

registros sobre estas catástrofes sólo se dan a

partir de la Colonia.

¿Qué se conoce de hambres en el período

prehispánico? Se antoja interesante revisar

este período a fin de entender que pasó con la

implantación del modo de producción que se

instituyó a partir de la Colonia y qué nuevos

problemas surgieron con lo que se conoce como

cultura occidental.

Según se ha visto, la economía yucateca del

29

Pedro Echeverría V.

período era débil. Las crisis se manifestaban

permanentemente y los sectores que más

sufrían eran aquellos cuyos ingresos obtenidos

por producción directa o «salario» eran los

más reducidos; sin embargo la independencia

anunciaba transformaciones relevantes. Las

plantaciones de henequén a mediados del siglo

XIX comenzaron a desplazar al maíz, a la caña

de azúcar, al algodón y a otras actividades

como la apicultura y la ganadería. De acuerdo

con datos de la época, desde 1830 se exportaba

ya por el puerto de Sisal cantidades relativas

de henequén; por ello es importante anotar que

si para 1860 había sembrados 65 mil mecates,

en 1878 se sobrepasó ya a 800 mil.

El henequén era ya conocido desde los

mayas antiguos, quienes lo utilizaron para

sus labores y necesidades domésticas. Hasta

principios del siglo XIX esta fibra no era sino

uno de los muchos productos agrícolas. El

henequén era una de las producciones más

útiles porque suplía muy bien «el cáñamo para

cables, cabrotes, y toda especie de cordelería

para navíos; con el henequén se hacen cuerdas

delgadas para hamacas, chinchorros, redes

de pescar, etc. Se hacen costales, sacos,

enjalmas y cinchas y muchas cosas más que

pudieran hacerse si se trabajara en suavizarlo

y beneficiarlo mejor» (Suárez Molina, 1977)

El henequén, a partir de este período,

se convertiría en el más preciado producto

que daría a Yucatán medio siglo de solidez

económica y durante 50 años sería el centro

30

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

fundamental de la economía yucateca.

2.2 La Guerra de Castas

La llamada Guerra de Castas es un episodio

fundamental en la historia yucateca. Se

ubica en un período difícil de la historia de

México, momento clave para entender la

pugna entre los imperios extranjeros para

afianzar su dominación económica en el

país. Inglaterra, Francia y los Estado Unidos

trazaban sus estrategias entre los diversos

sectores económicos y políticos que en la

República se disputaban la hegemonía.

Esta guerra también forma parte de una

serie de insurrecciones campesinas indígenas,

encabezadas por sus propios líderes: los ópatas

de Sonora (1820); los pápagos también de

Sonora (1840); los juchitecos de Oaxaca (1845

53); los huastecos de Veracruz (1846); los

tarascos de Michoacán (1857) y los chamulas

de Chiapas (1868), para citar solamente las

más conocidas.

Varios investigadores parecen coincidir

en cuanto a sus concepción acerca de esta

«Guerra de Castas» iniciada en 1847. Se

dice que fue más o menos la rebelión de los

campesinos libres de la región del este, sur y

sudeste contra las incursiones súbitas en su

territorio de hacendados y contra el intento

de parte del gobierno y de los hacendados de

restringir el uso de la tierra y ejidos; y desde

luego, contra siglos de explotación racista y

31

Pedro Echeverría V.

colonialista. El éxito inicial de la sublevación

se debió a la falta de control directo sobre

los indígenas, quienes lograron mantener

una guerrilla por meses hasta que pudieron

adquirir los materiales de guerra necesarios

para su campaña de gran escala, la cual

llevaron a cabo en 1848. Pero las semillas

del fracaso también estaban presentes en la

estructura social rural existente entonces.

En 1847, los mayas se negaron a que su

modo de vida comunitario fuese aniquilado por

el progreso de los blancos y la nueva actitud

negativa del clero respecto a ellos. En 1850,

los rebeldes cruzoob se organizaron en función

de su estilo de vida tradicional sometidos al

dominio de «su cruz» esencialmente católica,

que negaba por primera vez la importancia de

los religiosos ladinos puesto que sacerdotes

«indígenas» los reemplazaron. Desde 1860 a

1900, esas comunidades unieron sus esfuerzos

a fin de conservar su modo de vida tradicional;

por otra parte, se hallaban sometidos, a veces

inconscientemente, a veces no, a Honduras

británicas con el fin de evolucionar hacia una

nueva identidad (Lapointe, 1983)

Una tendencia general de la hacienda

durante la primera mitad del siglo XIX, que

acompañó la privatización de tierras, fue la

de prohibir el uso de sus recursos. Expulsó

a los milperos no sirvientes de su interior e

inmediaciones, se apropió y dispuso de las

fuentes naturales de agua, cobrando en trabajo

o maíz por el líquido, expulsó el ganado de los

indígenas de comunidad y de los pequeños

32

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

propietarios de sus dominios y evitó la caza y

el corte de madera de sus montes. Este proceso

originado en la Colonia se acrecentó en el

Yucatán Independiente y fue el escenario de

múltiples conflictos...

Debido a todo ello la hacienda contribuyó

a moldear a la comunidad indígena del siglo

XIX. Fracturó sus normas de vida anteriores e

impuso un nuevo tipo de relaciones sociales. El

pueblo no fue el mismo después de la aparición

de la hacienda. Los rebeldes tuvieron mucho

éxito mientras se quedaron en el este, sur y

sudeste, porque allá la masa campesina los

apoyó: pero cuando entraron a la región de la

otra estructura agraria, la de las haciendas,

no recibieron tanto apoyo de los indígenas,

y esta fue una de las razones por las que

los sublevados no pudieron consumar la

culminación de su éxito inicial con la toma por

asalto de Mérida, la cual era necesaria para

ganar la guerra (Pach) Los pueblos o

rancherías indígenas, de acuerdo a criterios

étnicos y culturales, estuvieron gobernados

entre 1824 y 1847 (salvo de 1841 a 1847),

igual que durante la colonia, por caciques cuya

nobleza se remontaba en muchos casos a la

época prehispánica. La función principal del

cacique era recaudar los tributos fijados por

la administración criolla, que se remitirían

a la presidencia municipal del pueblo al que

se hallaba vinculada su localidad, llamada

«república de indios». La República estaba

sometida al sistema administrativo de los

blancos; pero no podía aspirar a convertirse

33

Pedro Echeverría V.

en municipio o a beneficiarse de los servicios

de un juez de paz. Los ladinos generalmente

eximían al cacique del pago de tributos

(Lapointe, 1983)

La Guerra de Castas sacudió hasta sus

cimientos la estructura económica de la región.

Hacia 1850 la situación de la península era

desoladora, pues la penetración de los mayas

hasta sólo 30 kilómetros de Mérida afectó a

todas las haciendas ubicadas al oriente de la

línea Tecóh-Acancéh-Tixkokob; las haciendas

cañeras, trapiches y alambiques del sur y

el oriente fueron arrasados; las ciudades de

Valladolid, Bacalar, Tekax, Izamal y Ticul

fueron tomadas y la industria manufacturera

de Mérida se vino abajo por falta de brazos y

mercado. Sólo se libró de esta devastación la

porción NW del estado de Yucatán, el camino

real y el puerto de Campeche (Bolio, 1983)

La situación de gobierno yucateco era

desesperada, se había decretado la ley marcial

y todos los varones criollos y mestizos, entre

los 16 y 60 años, habían sido llamados al

servicio de las armas. Pero no había fusiles

para darles a todos y el parque comenzaba

a escasear. No había tampoco víveres para

suministrar a las tropas ni para socorrer a

las familias desvalidas. Del gobierno nacional

no podía esperarse nada en aquellos días,

pues Yucatán se había separado de la nación

desde varios años antes por no haber querido

aceptar la abolición del régimen federal y por

oponerse al centralismo impuesto por Santa

Ana; ahora la guerra con los Estados Unidos

34

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

le imposi-bilitaba al gobierno central socorrer

a Yucatán (Molina Font, 1941) Justo Sierra O’

Reilly pidió en marzo de 1848 la ayuda de los

Estados Unidos, España e Inglaterra, para que

salvaran a la raza blanca de la ferocidad de la

aborigen (González Navarro, 1979)

En pocos meses la insurrección cundió

por todo el territorio del estado. Las fuerzas

gubernamentales se habían visto obligadas a

retroceder hasta Mérida y Campeche, el resto

de la entidad fue abandonado a los mayas

sublevados y en tales circunstancias los

políticos yucatecos, para salvarse, tomaron

la medida extrema de ofrecer la soberanía

de Yucatán simultáneamente a los Estados

Unidos de Norte América, a Inglaterra y a

España, a cambio de proporcionar elementos

para sofocar la insurrección maya. Ninguno

de esos países extranjeros aceptó la oferta

y entonces México, maltrecho como había

quedado, después de perder la guerra con

Estados Unidos, ofreció su ayuda al gobierno

yucateco; como consecuencia el 18 de agosto

de 1848 Yucatán volvió, otra vez para siempre,

al seno de la patria mexicana (Betancourt.

1989)

Fue España el país que con mayor

celeridad proporcionó la ayuda a los criollos

yucatecos, pero fue el Monitor Republicano, en

abril de 1848, y el arzobispado del Ayuntamiento

de México, quien en mayo de ese mismo año

solicitó la ayuda de los particulares y de las

autoridades de los estados en favor de Yucatán.

En total reunieron poco más de 6,000 pesos.

35

Pedro Echeverría V.

Nueva Orleáns y Veracruz enviaron unas

500 cargas de maíz. En junio, después de

celebrarse el tratado con los Estados Unidos,

el gobierno federal destinó 150,000 pesos para

Yucatán. De inmediato entregó 30,000 que

fueron empleados para comprar armamento

a los norteamericanos.

Estas naciones permitieron la recuperación

de los territorios que habían caído en

manos rebeldes. Sin embargo, al parecer, las

causas del retiro de los indígenas había que

buscarlas en la falta de apoyo a su causa, de los

miembros de su propia raza, acostumbrados al

peonaje en las haciendas, a la proximidad de

las lluvias y con ellas de las siembras y a la falta

de municiones para continuar de batalla.

El sector más importante de estos mayas

inconformes se concentró en la parte oriental,

desde Tulum hasta Bacalar, constituyendo el

cacicazgo de Chan Santa Cruz y continuaron

su lucha contra los blancos y mestizos. Otro

grupo se situó al este de Tizimín. Los ataques

esporádicos de los rebeldes y las escaramuzas

continuaron en todo lo largo de la segunda

mitad del siglo XIX hasta su total sometimiento

en 1901.

2.3 Henequén y haciendas

El desarrollo económico, social y político

producido por el henequén en el siglo XIX, y

el consiguiente declive del ganado y la caña

de azúcar como productos primarios de

exportación, se ha atribuido centralmente a tres

36

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

aconteceres: a la llamada Guerra de Castas,

a la invención de la raspadora mecánica para

desfibrar en la década de los sesenta y a la gran

demanda de cordel, derivadas de la invención

de la cosechadora de trigo McCormick en los

Estados Unidos que se puso a funcionar a

partir de 1878.

La guerra destruyó la industria del azúcar

y otros cultivos del oriente y del sur e impuso

la concentración de numerosos sectores de la

población alrededor de Mérida; la raspadora

mecánica, inventada por José Esteban Solís en

1852, desfibró 6,300 pencas en 21 horas y el

invento de la McCormick impulsó el cultivo de

la planta que pasó de 65 mil mecates en 1860,

a 800 mil en 1876 y a 4.5 millones en 1909.

El segundo periodo de la servidumbre

abarcó de 1870 a 1915 e incluye el porfiriato

yucateco. Fue el periodo de desarrollo y

esplendor de la hacienda henequenera y de

la agricultura. El ganado fue sustituido por

el henequén como producto fundamental y

el lunero reemplazado por el peón acasillado

endeudado, sujeto al trabajo forzado del que

Kenneth Turner realizara una descripción

periodística en 1908.

Diversas razones concurrieron para

la transformación de los luneros en peones

acasillados pagados con jornal. Antes que

nada, el cultivo del henequén y en general

el desarrollo agrícola demandó grandes

extensiones de tierra para los planteles y

cultivos. Esto es, se redujeron las tierras

disponibles para el pastoreo del ganado y

también para la asignación de parcelas a

37

Pedro Echeverría V.

los sirvientes, quienes después de 1860-70

aumentaron en número en el interior de cada

finca (Bracamonte,1993)

Según el censo levantado en 1862, de

los 248,156 habitantes del estado de Yucatán

(Campeche se había separado y convertido

en estado independiente) el 58.8% vivía en

poblados, el 24.2% en haciendas, el 13.7% en

ranchos y el 2.2% en sitios. Pero en la región de

concentración de haciendas y de florecimiento

del henequén había un índice mayor de

habitantes en haciendas. En el partido de

Maxcanú el 42.7% de sus pobladores vivían en

haciendas; en el de Mérida el 31.8%; en el de

Izamal, el 30.1%; en Ticul el 29.1% y en Motul

el 23.6%. Sólo las grandes haciendas como

Mucuyché y Temozón pudieron mantener, a

pesar de sus extensas áreas sembradas de

henequén, tierras o montes libres en donde

los sirvientes pudieran realizar sementeras.

Haciendas medias o pequeñas en territorio

quedaron con docenas de hectáreas para su

abastecimiento de leña, carbón o madera

(Ibíd)

La importancia del henequén continuó

de manera extraordinaria; en 1883 ya ocupaba

el 60% de la superficie sembrada en el estado.

El maíz, que en vísperas de la Guerra de Castas

se apoderaba de casi el 95% de la superficie,

pasó a segundo lugar con un 36% del total,

quedando la caña de azúcar en tercer lugar

con apenas el 3.7%. Las haciendas maiceras

y ganaderas del noroeste fueron las primeras

en irse convirtiendo en henequeneras. Según

38

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

datos de mecates sembrados en 1883 por

«partido», en Acancéh habían sembrados 226

mil mecates, en Mérida 224 mil, en Hunucmá

119 mil, en Tixkokob 96 mil y en Maxcanú 81

mil mecates. En cuanto a zonas, era la noroeste

con el 65.8% y la central con el 26% donde se

concentraba el mayor porcentaje de siembra

(Suárez Molina, 1977)

Uno de los grandes problemas que surgió

al aumentar la demanda de fibra de henequén

fue la ausencia de capital para financiar el

largo período de cultivo que dura de 6 a 7 años

antes de entrar a la fase de explotación; entre

los comerciantes y terratenientes del estado

había escasez de circulante, que tuvieron que

conseguirlo en el extranjero vinculándose con

bancos de los Estados Unidos.

En 1852 don Eusebio Escalante fue

el primer yucateco que obtuvo refacción en

una importante casa banquera neoyorquina

quedando como exportador de la fibra de

henequén; la Casa Thebaud Brothers como

intermediaria y la banca norteamericana como

financiadora de operaciones. La Casa Escalante ,

como intermediaria del capital norteamericano

y de los hacendados henequeneros, pronto pudo

ejercer un control regional sobre la explotación

y producción del henequén (Barceló, 1982)

Los hacendados estaban en todas partes,

en el gobierno y la iglesia, en los partidos, y

entre los civiles y militares, porque la propiedad

agraria y la actividad agrícola y ganadera

constituían, aparte del comercio, el único medio

de enriquecimiento. En un documento de 1839

39

Pedro Echeverría V.

habían registrado 217 propietarios, dueños

de 327 haciendas. Muchos de los propietarios

eran mujeres, otros más sacerdotes; varios

de los hacendados eran personeros de curas

liberales, sin faltar desde luego políticos,

funcionarios gubernamentales y tres o cuatro

caciques mayas.

El 75.11% de dichos hacendados contaba

con una finca, el 14.28 dos fincas, el 10.12%

entre 3 y 7 establecimientos y el 0.46% entre

8 y 12 (Bracamonte, 1993)

40

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

CAPÍTULO III

EL PORFIRIATO EN YUCATÁN

3.1 Política y economía

Yucatán fue, durante el gobierno de

Porfirio Díaz (18761911),

uno de los

estados de la República donde se manifestó con

mayor claridad la divisa positiva de «Paz, Orden

y Progreso» (ideología y práctica que predominó

durante esta larga etapa de gobierno) Analizar

este período, tratando permanentemente de

evitar los prejuicios ideológicos que tanto

han deformado los estudios, puede ayudar a

obtener un conocimiento más cercano de la

situación que se vivió en aquellas décadas.

Es importante subrayar que el inicio del

gobierno de Díaz coincidió, precisamente,

con el desarrollo y consolidación económica

de los países industrializados; de tal manera

que al último cuarto del siglo pasado se le ha

conocido como la etapa del surgimiento del

sistema imperial. Por ello se puede explicar

la existencia de capitales sobrantes para ser

exportados a los países que garantizaron

óptimas condiciones para la extracción de

41

Pedro Echeverría V.

plusvalía y la consecuente acumulación de

capital. La economía capitalista demuestra su

prodigioso dinamismo. Tomando como base el

índice de 100 en 1860, la producción industrial

mundial se halla a nivel de 614 en 1913.

Se ha triplicado en Francia, cuadriplicando

en Inglaterra, sextuplicado en Alemania y

aumentado 12 veces en los Estados Unidos.

El conjunto de la economía observó en el

período porfirista una poderosa evolución

en torno a diversas variables que dependen

entre sí. Estaban las actividades de exportación,

estimuladas por el auge mundial y

las actividades internas inducidas por éstas,

por la oleada de inversiones y por la elevación

explosiva del gasto público, así como la

expansión del sistema crediticio y financiero

privado. A lo largo de la década de los años

ochenta las exportaciones se fueron elevando

rápidamente y con ellas el producto interno

de la nación.

El estímulo era formidable, pero en la medida

en que se generaba el crecimiento prioritario de

los sectores exportadores se iba polarizando el

sistema económico a su alrededor. La década de

los noventa corresponde a un período de auge

intenso en el panorama mundial, estimulado

princi-palmente por la explotación de recursos y

mercados coloniales, lo que produjo poderosos

impulsos favorables al intercambio comercial y

al crecimiento industrial (De la Peña , 1975)

El gran mérito de la dictadura porfirista fue

el de haber creado las condiciones necesarias

que garantizarán «la paz y el orden» en

42

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

una nación que había vivido durante más

de medio siglo de su historia una abierta

inestabilidad política y económica, situación

que fue utilizada por otros países poderosos,

para intervenir abiertamente y aprovecharse

de su desorganización y debilidad. Díaz,

mediante una política hábilmente llevada, supo

incorporar a las fuerzas de oposición juarista,

lerdista y conservadora, así como someter

a los caciques que le competían en poder y

amenazar o reprimir a los sectores y grupos

descontentos.

Los cuantiosos capitales extranjeros invertidos

en ferrocarriles, petróleo, henequén, etc.,

iniciaron un amplio desarrollo en varios

estados de la República y en la ciudad

de México, repercutiendo en todo el país.

Los beneficios económicos fueron para los

inversionistas extranjeros principalmente, pero

también para los capitalistas nacionales, en su

mayoría agrupados alrededor del dictador; así

mismo benefició indirectamente al resto de la

población.

Como producto de la gran revolución industrial

el mundo vivió en el último cuarto del siglo

XIX un gran desarrollo en todos los campos.

La extensión de las vías de comunicación fue

determinante en el período; los ferrocarriles

se convirtieron en la columna vertebral

del crecimiento de la producción agrícola,

industrial y comercial; el correo, los telégrafos

y la telefonía apoyaron el desarrollo.

En cuanto a la industria de la construcción hay

que señalar que durante esta fase se introdujo

43

Pedro Echeverría V.

a México el empleo del hierro y el concreto

armado en las estructuras de los edificios;

a principios de los ochentas se importan de

Inglaterra y Bélgica las viguetas de hierro y

las láminas galvanizadas y acanaladas. A fines

del siglo pasado se vendía el cemento inglés;

antes de concluir el XIX dos fábricas producían

este material en México, estableciéndose en los

siguientes años algunas empresas de cemento

que hasta hoy funcionan.

Este acelerado crecimiento, producto de la

revolución industrial, fue aprovechado por

el porfiriato para desarrollar una imponente

obra material en las ciudades: construcción de

cuarteles, prisiones, hospicios, mater-nidades,

gimnasios y toda clase de edificios públicos

construidos con el presupuesto gubernamental;

pero los más imponentes arquitectónicamente

fueron los palacios de gobierno erigidos en las

plazas de armas o «zócalos», con sus fachadas

neoclásicas. La arquitectura civil se manifestó

en los grandes almacenes, comercios, casinos,

círculos y hoteles de la ciudad de México y las

capitales de las provincias; en lo religioso se

construyeron capillas, ermitas, santuarios e

iglesias, la mayor parte, pequeñas iglesias en

las haciendas.

3.2 Henequén y hacienda

En Yucatán este formidable progreso económico

porfiriano se manifestó en las transformaciones

que sufrió la ciudad de Mérida en su aspecto

urbano: avenidas, paseos, edificios públicos,

44

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

residencias privadas, servicios de agua, luz,

etc.; todo tuvo importante presencia, por las

riquezas creadas teniendo como base la gran

producción henequenera surgida a partir de

su comercialización en el mercado norteamericano.

Todo el proceso henequenero se

centró en el sistema productivo desarrollado

en más de un millar de haciendas que habían

logrado aglutinar el sector numérico más

importante de la población trabajadora en

parte noroeste de la península yucateca.

Gracias a que Yucatán disfrutó del monopolio

(primero la Compañía Dondé , Carmona y

Escalante Bates, después Olegario Molina y

finalmente Avelino Montes) como productor

de henequén, los hacendados obtuvieron más

utilidades aún en los años que los precios

fueron más bajos. En efecto, en 1885 la utilidad

media fue de 4% contra costos más impuestos;

aumentó a 170% en 1889, de nuevo disminuyó

a sólo 5% en 1896, para alcanzar el máximo,

185% en 1902 y 50% en 1920, pese a que

los costos se habían duplicado en el período

1885-1910.

Varios estados se esforzaron, sin gran éxito,

por trasplantar el henequén en su territorio;

Yucatán siguió produciendo el 98%, y el resto,

por orden decreciente, a Campeche, Jalisco,

Chiapas, Quintana Roo, Oaxaca, San Luis

Potosí y Veracruz. Cuba, Honduras, Nicaragua

y El Salvador tampoco lograron trasplantar el

henequén a su territorio (González Navarro,

1979) Fue tal la euforia que había provocado el

extraordinario auge henequenero en los años

45

Pedro Echeverría V.

del porfiriato yucateco, que el hacendado Alonso

de Regil publicó en 1902 en el periódico de la

ciudad de México El Imparcial, que la propiedad

de Yucatán reposaba casi exclusivamente en

el cultivo del henequén y que era una riqueza

incomparable de la que había pocos ejemplos

en la historia. Yucatán, señalaba, vende

anualmente en el extranjero henequén por

valor de unos 20 millones de pesos. Cierto

que tiene que importar desde el maíz hasta las

manufacturas; para el movimiento de puertos

indica muy claramente que todos los años

queda un saldo cuantioso en favor del estado.

Este saldo se ha ido acumulando año tras año

hasta dar por resultado una sobra de capitales

que ha hecho abaratar el dinero y buscar todos

los medios posibles de inversión.

Para ilustrar la realidad de la segunda

mitad del siglo XIX, se presenta un cuadro

estadístico del número de haciendas, los

municipios a que pertenecen y las zonas en

que se ubican; totaliza el número en 1,265

haciendas en 1845, 1049 en 1862 y 1,235 en

1889. Siguiendo el último año, Motul llegó a

tener 225 haciendas, Izamal 150, Acancéh 132,

Temax 118, Hunucmá 81 y Mérida, después de

registrar en 1862, 269 haciendas, se redujo a

79. Además en la zona sur aparece 115, en la

oriente 141 y en «Las Islas» 18 (Suárez Molina,

1977)

Haciendo una breve descripción de los

componentes del llamado «casco» de las grandes

haciendas henequeneras, se puede señalar que

la casa principal, que gene-ralmente era un

46

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

edificio imponente y bello para el gusto de la

época, permanecía sin ser habitada; en pocas

ocasiones del año era ocupada por el dueño de

la finca, sus familiares y amigos.

E l a u g e e c o n ómi c o p e rmi t i ó

la reconstrucción, ampliación y acondicionamiento

de los edificios. Al parecer, la

mayoría de ellos habían funcionado como

estancias y haciendas maicero ganaderas.

Fueron dotadas de mayores comodidades y

servicios sanitarios completos; casi siempre

llegaron a tener una función social de

esparcimiento. Contaba con huertas y muchas

veces con amplios y cuidados jardines. Cerca

estaba la capilla, que era generalmente un

importante edificio, la casa del encargado y

el despacho u oficina de éste; el dispensario

médico y la bodega de útiles de trabajo. En

torno de la casa principal se encontraban los

corrales para el ganado vacuno, caballar y

mular y los patios para las gallinas. Allí estaba

también la casa de máquinas, casi siempre

edificio grande, a veces más imponente que la

casa principal, en la que se encontraba montado

un tren de raspa y la prensa empacadora, y

junto a este edificio o cerca de él estaban las

bodegas para almacenar pacas de henequén.

No faltaba el calabozo y menos las norias de

donde salían cañerías que transportaban agua

para el estanque, las huertas, los bebederos

para corrales y las pilas exteriores; los aljibes

eran utilizados como depósitos para agua de

lluvia. Estaban también, en torno al casco,

las casas de los acasillados con solar o patio y

47

Pedro Echeverría V.

techos de paja y más tarde de tejas o lámina

(Ibid)

La insaciable engavilladora McCormick

devoraba millones de metros de hilo «binder

twine». Los productores yucatecos desesperados

buscaban los medios para satisfacer

este renovado apetito de producción consumo

de un sistema en acelerado proceso de

desarrollo. Se introdujeron las rieles portátiles

de «Decauville» al interior del plantel.

Estos rieles, verdaderas correas de

transmisión que se tenderían junto al plantel

que estuviera en turno para el corte de hojas,

sustituyeron a las mulas que llevaban la penca

hasta la casa de máquinas para su raspa.

Sobre estas rieles, la plataforma tirada por

mulas llevaba las pencas, también sacaba

el sosquil húmedo recién raspado rumbo al

tendedero; mientras, una bagacera se deslizaba

sobre rieles para tirar los desperdicios de

la raspa, otros rieles iban al tendedero a la

prensa de empacar, y otros iban de la bodega

de la hacienda con pacas hasta la estación

del ferrocarril o su paradero más cercana. En

1905 se habían tendido 1.746,150 kilómetros

de vías en 304 haciendas (García Quintanilla,

1985) Además de las vías de Decauville,

los hacendados apoyaron con fuerza la

introducción del ferrocarril.

El último cuarto de siglo XIX fue de

gran expansión de capitales en el mundo,

es el período de la formación de las fuerzas

imperiales que se enfrentarían en la I y II

guerras mundiales. En 1830 se construyó

48

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

la primera locomotora y 32 años después,

en Estados Unidos se construyeron para su

exportación. Bajo este panorama se promueve

la construcción del ferrocarril en Yucatán y su

posterior extensión en la zona henequenera.

Para 1875, cuando se clava el primer

riel de ferrocarril en la península, ante la

intensa propaganda sobre el «bienestar», la

«civilización» y el «progreso», pero sobre todo

de los negocios, la mente de muchos yucatecos

estaba ocupada en las vías férreas, muchos

hombres de negocios tenían puesta toda su

atención en la construcción de los ferrocarriles

y la manera de allegarse fondos para ella.

Luego que se inauguró el ferrocarril de Mérida

a Progreso, en 1881, el camino de hierro hizo

que se olvidase la carretera, y cada nuevo

tramo de rieles que se inauguraba marcaba

el abandono de ésta y su tráfico. Los grandes

trenes con carros de tracción de sangre, que

comunicaban la capital con el sur y el oriente,

fueron desapareciendo ante los avances de los

trenes de vapor (Echeverría, 1999)

El auge del henequén hizo que hacendados

y comerciantes lograran reunir la cantidad de

150 mil pesos para poder obtener la concesión

del FFCC de Mérida a Progreso. A diferencia

de los ferrocarriles del resto del país, los de

Yucatán fueron construidos con capitales

locales y administrados por yucatecos. Citando

a Miguel de Castro, fundador del Puerto de

Progreso, se dan cifras que indican cómo estaba

aumentando la exportación: 4,811 pacas del

año de 1856 a 1858; 9,670 de 1863 a 1865 y

49

Pedro Echeverría V.

33,810 de 1866 a 1868 (Barceló, 81)

La demanda siempre creciente de la fibra

de henequén y la relativa escasez de ésta, que

sólo se producía en Yucatán y en cantidad

limitada, hizo subir su precio en proporción

considerable de 1880 a 1900. En 1878 se

cotizaba la fibra en 2 centavos y cuarto, en

1888 había subido a 6 centavos y fracción y

en 1892 a casi diez centavos. Varias firmas

norteamericanas disputaban la fibra para

consumo interno o para exportarlo a países

que ya usaban la máquina engavilladora.

En Yucatán había varias casas comerciales;

las principales y más antiguas eran las de

E. Escalante y M. Dondé, que operaban en

conexión con la firma de Thebaud Brothers de

New York. En 1905 se fundó la casa O. Molina y

Cía. Además operaban otras cinco o seis casas

compradoras.

Se planteó, desde entonces, la oposición

de intereses entre los manufactureros

norteamericanos y sus clientes, los cosechadores

de trigo, por una parte, y los productores de

henequén yucateco, por la otra. Los primeros

se quejaban del precio cada vez más alto de

la fibra que obligaba a encarecer el hilo de

engavillar; y cuando las circunstancias lo

permitían, trataban de deprimir el precio.

De aquí surgían los conflictos (Molina Font,

1941)

En 1883 la cuarta parte (843) de las

fincas del estado (4,139) se dedicaban al cultivo

del henequén. La totalidad de las fincas de los

partidos de Mérida (162) y de Hunucmá (219)

50

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

cultivaban exclusivamente henequén, las dos

terceras partes (4) de las fincas de Progreso,

una tercera parte (67) de las de Acancéh, el

27% (62) de las de Tixkokob, el 23% (39) de

las de Maxcanú, el 21% (81) de las de Motul,

etc. En cambio, sólo el 1% (3) de las de Espita

y 2% de las de Tizimín (4) y Peto(1) cultivaban

henequén (González Navarro, 1979)

En 1900, mediante un acuerdo de

las más poderosas firmas norteamericanas,

surgió la Internacional Harvester Corporation,

que desde entonces fue el «trust» principal

consumidor de la fibra yucateca. Este fue

representado en Yucatán por la casa de O.

Molina y Cía. Sucesores, ejerciendo hasta 1911

una verdadera hegemonía sobre el comercio

de la fibra yucateca. Su política comercial

tendía, naturalmente, a bajar la cotización de

la fibra yucateca en beneficio de sus intereses

y de los cosechadores de trigo. Sin embargo,

el hecho fue que bajo el monopolio comercial

de la Harvester , las plantaciones de henequén

crecieron en progresión no interrumpida hasta

el año de 1911; y comenzaron a decretar en

1912, que fue precisamente cuando el Gobierno

de Yucatán creó el primer organismo oficial

para intervenir en el comercio del henequén

(Ibid)

Los hacendados yucatecos no conforman

un grupo económico e ideológico sólido, por el

contrario existían diferencias serias entre ellos

por orígenes e intereses que representaban.

Muchas familias poderosas tales como los

Cámara, Regil y Peón, cuyos antepasados

51

Pedro Echeverría V.

jugaron un importante papel en la sociedad

colonial yucateca, solidificaron sus posiciones

durante el auge y de hecho aumentaron sus

riquezas en conjunto, tenencias de tierra y

poder político.

Al analizar la actuación de los Molina y

los Peón en el Yucatán porfiriano, se considera

que los segundos provenían de tradicionales

familias latifundistas cuyos prestigios e

influencia datan de la época colonial y que

demostraron una misteriosa habilidad para

adaptarse al cambiante orden económico,

y que los Molina surgieron de un grupo de

familias cuya principal fuente de riqueza

provenía del creciente comercio de importación

y exportación en lugar de la tenencia de

tierras, quienes usaron poderosas conexiones

extranjeras para asegurarse el control del

comercio del henequén (Allen Wels, 1980)

Olegario Molina pudo ir adquiriendo plantaciones

henequeneras y haciendas dedicadas

a la producción de caña de azucar. En 1910

contaba con 17 haciendas y más de 21 mil

hectáreas siendo el productor más importante

de azucar, mieles, mascabado y alcohol en el

estado (Betancourt, 1989)

Los hacendados en cuanto a la propiedad

de las tierras, la explotación del trabajo,

las relaciones de producción, estaban en

posiciones similares por lo cual, en su

conjunto, constituían una clase social. Sin

embargo, en su seno se manifestaban fracciones

diversas, entre las cuales dos eran relevantes y

polarizaban en su derredor a las demás. Una

52

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

era la fracción de los grandes hacendados

ligados a la esfera del poder político, e incluso

dentro de ella y ligados estrechamente con la

burguesía exportadora hasta el punto de lograr

beneficios económicos y de prioridad en la venta

de su henequén. Su situación les permitía irse

haciendo de cada vez mayor cantidad de tierra,

de utilidad la más rentable dejando las otras de

reserva, obteniendo de esa manera una renta

diferencial considerable, beneficiándose a la

vez de la agricultura extensiva que estaba en

posibilidades de practicar.

Contrastaba la situación de los grandes

hacendados con la de la fracción que constituía

la mayoría, que impasible veía venir la

ruina mientras intensificaba sus medios de

explotación de la mano de obra como único

recurso para hacer frente a la crisis. Dentro

de esta mayoría existían gradaciones diversas,

desde los que tenían hipotecadas sus haciendas

o ya las habían perdido hasta los que logran

obtener utilidades (Montalvo, 1976) Mientras

tanto, la producción y venta del henequén a

los Estados Unidos se ampliaba cada vez más;

en el año de 1860 se exportaron 1,793 pacas;

en 1870 ascendió a 19,893; en 1880 llegó a

la cantidad de 112,911 y así progresivamente

hasta ascender a 1,191,433 pacas en 1916. Los

precios a que se cotizaba el henequén sufrían

diferentes oscilaciones; en 1880 se cotizaba a

2.22 oro americano la libra; en 1887 a 3.68;

en 1889 a 5.72. En los años siguientes sufrió

bajas sucesivas hasta llegar al precio de 2.25

53

Pedro Echeverría V.

en 1895; luego fue subiendo hasta registrar

en 1902, con motivo de la guerra hispano

americana, el precio de 9.84; en 1910 se

cotizaba a 4.25 y en 1915 a 5.89 (Betancourt,

1953)

Durante el período comprendido de

1870 a 1910 se registraron trascendentales

transformaciones en el comercio exterior de

México, que tienen su origen en el desarrollo de

las comunicaciones ferroviarias y marítimas:

las inversiones de capital extranjero que

estimularon casi todos los sectores de la

economía nacional; el aumento constante de la

población; el auge de la minería al incorporar

nuevos métodos de beneficio y la energía

eléctrica; la creación de nuevas industrias de

transformación, etc.

Considerando los dos extremos del período,

1870 y 1910, la cifra final resulta diez veces

mayor que la inicial, lo que significa que el

comercio exterior de México se incrementó en

ese lapso. El oro y la plata representaron el

65% y los productos vegetales como el café, el

algodón y el henequén representaron el 20%

(López Rosado, 1963)

3.3 Condición de los trabajadores

La mayoría de los trabajos escritos acerca de

la situación de las haciendas parecen coincidir

en las críticas y los argumentos que explican la

realidad porfiriana y también en las limitaciones

a que llevan la dificultad para la obtención de

datos de archivo que permita enriquecer las

54

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

investigaciones. Se ha señalado con claridad

que, puesto que los hacendados eran el blanco

del ataque del gobierno revolucionario, no

había razón para que pusieran sus archivos

a disposición de los historiadores mientras

estuvieran en posesión de ellos. En tanto los

libros de las haciendas particulares no estén a

disposición de los investigadores, sólo se puede

contar con cuatro fuentes:

1. Relatos de periodistas y reformadores

sociales de la época;

2. Debates en las cámaras en el período

de Díaz y sobre todo en el de Madero;

3. Investigaciones históricas y antropológicas

de carácter local, y

4. Informes diplomáticos extranjeros

(Katz, 1980)

Después de la revisión de más de una

veintena de ensayos acerca de la situación

de los trabajadores de las haciendas henequeneras

en el período porfirista, se puede

llegar a la conclusión de que la mayoría de

los autores coinciden, de manera general,

con lo señalado por el escritor Molina Font en

1937. En una apretada síntesis se

pueden presentar las siguientes ideas:

1. La población estuvo de manera

permanente al servicio de las haciendas;

2. Para arraigarla más se procuró hacerles

contraer deudas que significaban sacrificio de

55

Pedro Echeverría V.

su libertad de por vida;

3. Este régimen perduró hasta 1914;

4. Para los campesinos avecinados en las

haciendas no existía la libertad de trabajo.

5. La condición de los sirvientes acasillados

en las haciendas era muy semejante a la de los

campesinos de la Europa Medieval (servidumbre

de la gleba), no estaba vinculado al dueño sino

a la tierra;

6. Los sirvientes no eran esclavos,

conservaban sus derechos civiles; tampoco eran

libres, estaban arraigados y obligados a prestar

servicio sin su voluntad;

7. Sus derechos políticos hasta hoy son

ficticios;

8. No podían separarse de la hacienda,

eran reintegrados por la autoridad;

9. El salario no era libremente estipulado

por él;

10. A cambio de casa y parcela se les

exigía injustamente una jornada semanal de

trabajo sin remuneración.

Hablando de algunos derechos de los

trabajadores se señala:

1. Eran propietarios de diversas clases

de animales domésticos y, algunos, hasta de

unas cuantas cabezas de ganado;

2. Tenían derecho de hacer milpa y la

cosecha les pertenecía íntegramente;

3. Sus deudas generalmente se originaban

de préstamos para casamientos,

bautizos, velorios, fiestas;

4. La servidumbre rural era ya un régimen

bondadoso y necesario. Era ilegítimo, injusto,

56

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

lesivo y abusivo;

5. Los sirvientes gozaban de relativo

bienestar, no tanto por humanidad, sino por

propio interés o por egoísmo del hacendado.

6. Había escasez de braceros por lo que

hicieron venir a Yucatán, a gran costo, millares

de trabajadores contratados en China, Corea y

las Indias Canarias;

7. El jornal era considerablemente superior

al de los campesinos de otros estados;

8. Aquel régimen no fue creación de los

hacendados,sino herencia de épocas ante-riores

y resultado de una situación social en que

intervinieron factores ajenos a su voluntad;

9. Ante una economía yucateca destrozada

se hizo uso del sistema de trabajo y de los

medios de acción que encontraron establecidos

y sancionados por una costumbre tres veces

centenaria.

Veamos ahora algunas divergencias:

1. La situación del trabajador perma-neció

inalterable en medio de cambios; posiblemente

desde la época colonial se estableció el sistema

de que todo peón debería permanecer en las

haciendas hasta que su deuda fuera saldada

(Benítez, 1985)

2. El ausentismo del dueño hacía quedar

la hacienda en manos del mayordomo (González

Navarro, 1979)

3. Se azota a los peones si salen de la

hacienda sin permiso (Baerlein, 1980)

4. Era en la tienda de raya donde se

endeudaban los peones y a la vez producían

57

Pedro Echeverría V.

un alto ingreso complementario al hacendado

(Katz, 1983)

5. Los peones nunca reciben dinero, se

encuentran medio muertos de hambre, trabajan

casi hasta morir, son azotados, un porcentaje

de ellos es encerrado todas las noches en una

casa que parece prisión; la comida consistía

en dos grandes tortillas de maíz, una taza

de frijoles cocidos y un plato de pescado

rancio que despedía un gran hedor (Kennett

Turner,1978)

6. A los llamados criados o sirvientes se

les arraigaba a través del crédito, el patrón les

proporciona de 100 a 200 pesos para instalar

su hogar al casarse, se les da una casita, la

cantidad de tierra que pueden laborar, 50

centavos por día de trabajo, comida diaria

hasta por valor de 25 centavos, además de

vestimenta, pues cada miembro adulto recibe al

año 16 varas de tela que cuesta en el mercado

50 centavos la vara; también tiene derecho a

asistencia médica y medicinas (Kaerger,1980)

¿Quién tiene la razón? ¿Cómo llegar a la

verdad?

CAPÍTULO IV

LA REVOLUCIÓN MEXICANA

4.1 Las interpretaciones de un hecho

La r e v o luc i ón me x i c ana ha s i d o

interpretada desde distintos puntos de

58

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

vista y se han dado suficientes elementos para

fundamentar las concepciones. Se argumenta

que el régimen de Díaz no fue derrocado

únicamente por la oposición interna, sino

también por la oposición de importantes grupos

en los Estados Unidos, pues Díaz invitó a

inversionistas europeos con el fin de desafiar la

supremacía norteamericana. «Los Científicos»,

al tener ligas tradicionales más estrechas con

los círculos financieros europeos, no veían con

buenos ojos el predominio norteamericano;

además que éstos, a diferencia de los europeos,

no aceptaban a ningún «científico» como socio.

Por otro lado, y esto es lo más importante, el

predominio norteamericano era incompatible

con el concepto que tenían los «científicos» de

lo que debía ser el desarrollo económico de

México (Katz,1983)

Varias interpretaciones más se han hecho sobre

este acontecimiento. Desde el lado oficial se le

ha definido como «revolución social mexicana»,

pretendiendo con ello exhibirla:

1. como representativa de los intereses

nacionales salvaguardados por la «familia

revolucionaria» en el poder y su partido político;

también ha sido caracterizada

2. como «interrumpida» en su conti-nuidad,

aunque no dispersada, aplastada o vencida,

es decir, la revolución no concluyó con el triunfo

del capitalismo, quedó apresada en un lazo

colocado en el cuello de la burguesía, del que

las masas mexicanas están jalando cada vez

con mayor fuerza (Gilly, 1982)

59

Pedro Echeverría V.

3. como una revolución que no fue más allá de

los intereses de las clases medias mexicanas,

en la que las reformas se hicieron a costa de

las antiguas clases, pero sin modificar en

lo fundamental la estructura clasista de la

sociedad (Córdova, 1973)

4. como revolución burguesa que plantea el

desarrollo del capitalismo sobre un mar feudal

y atrasado (Semo,1979)

La revolución mexicana se puede definir a

partir de cualquiera de sus momentos:

1. El gran movimiento armado, iniciado con

el Plan de San Luis, que derrocó en 1911 a la

dictadura porfiriana;

2. La lucha abierta que se desarrolló a partir del

Plan de Guadalupe y que acabó en 1914 con la

usurpación huertista;

3. El enfrentamiento ideológico y armado entre

caudillos militares que pretendían imponer su

hegemonía en 1914;

4. La lucha de ideas y la proclamación de la

Constitución que dio un nuevo orden jurídico

político al país en 1917 y;

5. La toma del poder, en 1920, por el grupo

sonorense con características jacobino

bonapartistas.

Todas las revoluciones conocidas hasta hoy

(francesa, rusa, cubana, mexicana), cuando

atraviesan por su fase de destrucción del orden

establecido, parecen ser los más radicales y

honestos. Durante meses, por algunos años, las

ilusiones, la alegría, la entrega a la causa, tanto

60

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

de las masas como de los jefes, parece no tener

fin; sin embargo, según se ha visto, después

de un período aproximado de seis años, una

vez que la nueva clase política ha consolidado

su poder, después de eliminar a sus enemigos

«de clase» e ideológicos, entra en un proceso de

conservadurismo y reaccionarización.

Sin embargo es innegable que todas las

revoluciones, aunque no transforman de

manera radical la marcha natural, continua y

evolutiva de las cosas, ayudan a romper muchas

trabas, a despertar muchas conciencias y a

acelerar el desarrollo social. No hay duda de

que México necesitaba una revolución, así

como también fue necesaria en los países con

dictaduras de regímenes totalitarios, civiles

o militares, en los que la población no tiene

libertad para manifestarse, pero también es

necesario medir lo que las grandes mayorías

ganan y lo que pierden, analizar si lo que se

sacrifica u obtiene en lo material y espiritual

es mayor o menor de lo que se tenía.

Con base en las proclamas y actitudes de los

dirigentes revolucionarios que ocuparon el

poder a lo largo del período de la revolución

mexicana, se puede anotar tres momentos:

la etapa maderista que pretendió reformar el

antiguo régimen; la carrancista que por medio

del orden constitucional quiso crear un país

moderno, y la que correspondió al grupo de

Agua Prieta que utilizó el radicalismo antifeudal

y jacobino como política de mediatización

y control de masas. Depen-diendo de estos

momentos se desarrollaron en muchos estados

61

Pedro Echeverría V.

de la República políticas similares.

Señalan los investigadores Aguilar Camín y

Meyer que los nuevos gobernantes eran gente

práctica y modernizante, pequeños propietarios

y empresarios del norte ansiosos de echar

a andar la máquina económica en beneficio

propio y del país. Querían acabar con algunas

trabas del crecimiento surgidos durante el

Porfiriato para llevar a México por el camino de

un pleno desarrollo capitalista y nacionalista.

Querían acabar con el latifundio, pero sólo

con el improductivo y aceptaban la idea de

desarrollar el ejido, pero sólo como forma

marginal y transitoria de propiedad, ya que

en su opinión el mejor productor agrícola era

el mediano propietario: el ranchero de cuyas

filas había salido tantos jefes revolucionarios.

Anhelaban erradicar el monopolio del capital

extranjero sobre la explotación de los recursos

naturales mineros y petroleros, pero invitaban

al inversionista externo a meterse en la áreas

que interesaban al nuevo grupo en el poder.

Deseaban, en fin, modernizar a México, y para

ello no podían sino seguir con ciertas variantes,

el único modelo exitoso que habían visto de

cerca, el norteamericano (Aguilar Camín-

Meyer, 1992)

4.2 La revolución en Yucatán

La revolución llegó a Yucatán hasta el 19 de

Marzo de 1915, cuando por orden del Primer

jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano

Carranza, Salvador Alvarado recibió el encargo

62

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

de tomar la entidad. Hizo su entrada triunfal

después de infringir al ejército que estaba

al servicio del gobierno yucateco y de los

hacendados, causándoles 540 bajas, así como

622 prisioneros en las batallas de Blanca Flor,

Pocboc y Halachó. Tomó entonces posesión del

estado como gobernador y comandante militar;

es evidente que fue el personaje que por su

actuación y pensamiento jugó el papel más

importante durante el período de la revolución

en Yucatán.

Una de sus actividades principales fue la

de intervenir en la Comisión Reguladora

del Mercado de Henequén (CRMH) que

había sido fundada en 1912 por algunos

organismos privados, con el objetivo de

destruir o aminorar el dominio comercial de la

Internacional Harvester, que a la vez había sido

creada en 1900 y se había convertido en un

monopolio norteamericano comprando fibra.

En un principio, la Reguladora , discretamente

manejada, produjo resultados benéficos,

pues la competencia hizo subir la cotización

del henequén en rama hasta siete centavos

por fibra, moneda americana, en 1913. De

las ganancias surgieron contribu-ciones y

empréstitos, primero para el gobierno de

Huerta y después para el de Carranza, que

nunca fueron restituidos a las arcas de la

entidad. Al hacerse cargo de la Reguladora ,

el gobierno de Alvarado expulsó del territorio

de Yucatán a los representantes de las casas

compradoras de fibra, convirtiéndose la

CRMH en el conducto único y necesario para

63

Pedro Echeverría V.

negociar el producto, quedando así establecido

el monopolio oficial del comercio del henequén

(Molina Font, 1941)

La I Guerra Mundial (1914 18) produjo una

gran demanda de materias primas y una

extraordinaria inflación en sus precios. En

los Estados Unidos y en el Canadá se habían

sembrado enormes extensiones de trigo

previniendo una posible prolongación de

la guerra; ello produjo una gran demanda,

una necesidad extraordinaria de parte de los

productores de trigo, de hilo de engavillar

yucateco. Los años 1916, 1917 y 1918 fueron

extremadamente beneficiosos para la economía

yucateca, pues el henequén se cotizó de 7.34

la libra en 1914 a 19.25 en 1918.

Era natural que las circunstancias producidas

hayan sido aprovechadas por la Comisión

Reguladora para hacer presión en el alza del

precio. Después de concluida la contienda,

indica Cámara Zavala, no había razón para

seguir pretendiendo mantener los precios altos.

La Reguladora los impuso cuando eso fue

posible, pero esto le envaneció, y desconociendo

la verdadera causa del fenómeno que la guerra

produjo, y que la institución atribuyó a su

habilidad y competencia mercantil, resultó

que los consumidores cesaron en sus compras

de henequén y comenzó a formarse el stock,

que pesó años sobre las espaldas del pueblo

yucateco y perturbó hondamente el sistema

económico del Estado (Cámara Zavala, 1977)

Desde 1916 en el senado nortea-mericano

64

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

se presentó una iniciativa para investigar las

causas del alto precio de la fibra valorada

entonces a 6 centavos la libra. Al siguiente año

el precio medio llegó a 13.5 centavos, por lo

que «el diputado nortea-mericano Cox calificó

la actividad de la «Comisión Reguladora»

como «el Trust más inhumano». Y se formó

una comisión de senadores que declaró que

«el pueblo americano ha sido forzado a pagar

por una de las necesidades de la vida muchos

millones más de su justo valor» y recomendaba

a los agricultores americanos hacer todos los

esfuerzos posibles para encontrar un sustituto

de la fibra del sisal mexicano (Asquinasy,

1936)

A principios de 1919, la cantidad de henequén

acumulado en las bodegas de la Reguladora

ascendía a 800 mil pacas.

Mientras los ingresos se reducían al limitarse

severamente las exportaciones, las deudas

aumentaban hasta formar una montaña de

proporciones gigantescas. Al desaparecer

las ventas desaparecieron también las

contribuciones de la fibra que sostenían los

gastos y servicios del Estado. Alvarado, ya

fuera del gobierno, aconsejó que se redujeran

los presupuestos y los gastos del Estado

como única posibilidad a afrontar la crisis,

pero el nuevo gobernador, Castro Morales,

con el apoyo de Carrillo Puerto, como era de

esperarse, mantuvo la elevación de los salarios

y la cotización de la fibra (Benítez, 1985) El

Partido Socialista del Sureste estaba en su

mejor momento después de los congresos de

65

Pedro Echeverría V.

Motul (1918) y de Izamal, al año siguiente.

De hecho, materiales en los archivos de la

Internacional Harvester, de la Peabody y en el

Archivo Nacional de los EE.UU., documentan

la influencia que los cordeleros norteamericanos

tenían en Washington y la presión

que el gobierno de los EE. UU. ejercía sobre

los gobiernos de Carranza y más tarde sobre

Obregón, para impedir cualquier acción que

pudiera arriesgar o retrasar la provisión de

fibra. El ultimátum del presidente Carranza al

Gral. Alvarado durante la I Guerra Mundial, de

poner fin inmediatamente a su modesta reforma

agraria, sugiere que Obregón, igualmente

sensible a la presión nortea-mericana, tampoco

había apoyado los planes de Carrillo Puerto

para la expropiación radical de las haciendas

henequeneras, a pesar de su reputación agraria

(Gilbert Joseph, 1977)

La mala administración comercial, el

surgimiento de la competencia internacional

de la fibra y la liberación del peonaje,

fueron factores importantes en la caída de

la producción henequenera y del sistema de

trabajo de las haciendas. Se ha señalado que

en 1920, Kenya y Tangañika produjeron poco

más de 10 mil toneladas de fibra. En 1930

produjeron 65 mil y en 1937, 123,000. Los

hacendados de Java y Sumatra produjeron

en 1923, 14 mil toneladas, 65 mil en 1930 y

en 1937, 86 mil. En cambio Yucatán, que en

1916, había producido 200 mil toneladas y

en 1920, 160 mil, en 1937 no llegó a 100 mil,

y en 1939 produjo apenas 80 mil. Pero ya en

66

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

estos períodos otros factores contribuyeron a

precipitar la ruina de la industria henequenera

yucateca (Molina Font, 1941)

Para 1917 y para 1927, señala Mesa Andraca,

o sea, una década después, funcionaban un

total de 658 haciendas en Yucatán, en las

cuales no habían sido afectadas de manera

definitiva las extensiones de tierras con que

ingresaron a la etapa postrevolucionaria. Para

el momento clave de la I Guerra Mundial, la

ley que abolía el peonaje por deudas tuvo un

carácter liberalizador a la vez que conflictivo,

pues así como permitió el abandono voluntario

de las haciendas les creaba a los hacendados

un conflicto en cuanto a la fuente de valor

de sus unidades: la fuerza laboral. No pocos

hacendados vieron con disgusto la retirada

de los peones a sus pueblos de origen o hacia

pueblos cercanos, pues además de que perdían

al elemento clave de la hacienda henequenera,

como apuntamos, preveían que esa masa tan

numerosa de habitantes podía convertirse,

como de hecho lo fue, en la fuerza justificante

de las mismas prédicas agrarias del nuevo

régimen.

Sin embargo, en su naturaleza, el gobierno

alvaradista traía como mácula imborrable

el carisma de la conciliación clasista y

pronto apoyó la ejecución de una política

inmigracionista de trabajadores de otras partes

del país a Yucatán, canalizándolos desde luego

a las labores de las haciendas henequeneras.

Se supone que fueron entre 15 mil y... 19 mil

el total de inmigrantes que trajeron en aquellos

67

Pedro Echeverría V.

años a la península; en sí ellos representan un

porcentaje de alrededor del 30 al 33 por ciento

de trabajadores que sustituyeron parcialmente

al total de expeones que abandonaron las

haciendas y cuyo número asciende para el año

de 1921, según el censo de ese mismo año, a

57 mil (Franco, 1990)

En el presente siglo se podrían bien señalar tres

momentos claves que explican la decadencia

de la producción henequenera y de las mismas

haciendas:

1. El triunfo de la Revolución Mexicana cuyo

objetivo fue la destrucción de las relaciones de

producción de tipo semifeudal y la consecuente

instauración de relaciones de trabajo más

modernas con características capitalistas;

2. La Reforma Agraria cardenista en la década

de los treintas, que culminó con la creación del

sistema ejidal, a partir de la expropiación de

las propiedades de los hacendados, y el control

gubernamental con la intermediación del Banco

Nacional de Crédito Ejidal; y

3. El surgimiento de un nuevo giro en la economía

yucateca a partir de la década de los sesenta. El

henequén, tanto en rama como industrializado,

al no poder competir pierde mercado; la

producción de la fibra bajó rápidamente y

las haciendas fueron abandonadas por sus

propietarios. En turismo, la pequeña industria,

el comercio y las finanzas empezaron a tomar

auge en la ciudad; se inició el crecimiento rápido

de Mérida y de Cancún.

En este último periodo se inició un proceso de

68

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

diversificación de las actividades productivas

que propició el rápido crecimiento del producto

interno bruto, al incrementarse de 4,380

millones de pesos en 1970 a 10,029 millones en

1980, a precios constantes, lo que representó

un crecimiento medio anual de 8.6% que casi

duplica al registrado en el decenio anterior

de 46% anual. Paralelamente se acentuó

la tendencia decreciente de la producción

agroindustrial del henequén, que disminuyó

su peso específico en la composición del PIB de

13.4% en 1970 hasta 5.9% en 1980 (PRHDIY,

1984)

La revolución, como se ha señalado, surgió

precisamente porque las estructuras económicas

y políticas del Porfiriato, ya caducas, estaban

impidiendo el desarrollo de nuevas relaciones

de producción, de métodos de hacer política,

más acordes con los requerimientos del país,

influenciados evidentemente por los cambios

de la situación internacional. A nivel mundial

los trabajadores habían logrado importantes

reivindicaciones, obligando a que las formas

de producción que la nueva clase dominante

venía ejerciendo fueran más modernas.

La Constitución Mexicana del 17 y el artículo

123, que plasman reivindicaciones de los

trabajadores, son claras muestras de esos

cambios radicales. Ante esta situación, los

hacendados con menor visión política y limitadas

posibilidades de modernizarse, comenzaron a

vender sus fincas o a abandonarlas, y por ende

también a dejar de sembrar henequén. Las

estadísticas indican que en 1916 se alcanzó

69

Pedro Echeverría V.

la máxima cifra de producción: 1.191, 433

pacas con un peso de 201,990,440 kilos.

Sin embargo, pese a los acontecimientos,

en la década de los veinte las haciendas

henequeneras continuarían funcionando

con cierta normalidad. El censo general de

habitantes de 1921 informa de la existencia

de 868 haciendas, de éstas 593 se localizaban

en la zona henequenera. Mérida contaba con

67, Motul con 45, Izamal con 33 y Tixkokob

con 31, siendo estos los municipios con mayor

número de fincas.

En cuanto al número de habitantes por

hacienda, Uayalceh, del municipio de Abalá

tenía 738 habitantes; Xcanchakán, Tecoh,

710; San Francisco, Dzidzantún, 638; Tekik,

Timucuy, 625; San Antonio Sihó, Halachó,

582; Yaxcopoil, Abalá 538; Sacapuc, Motul

477; Chacmay, Temax, 466; Lepán, Tecoh, 459;

Mukuiché, Abalá, 456 y Tedzidz, Samahil, 454.

Entre las haciendas del municipio de Mérida,

destacaban por su número de habitantes: San

Nicolás Yaxnic, San Pedro Chimay, Xcanatún,

Sacnicté, Tzacalá, Noh Ac y Chichí.

La revolución no fue capaz de tomar medida

alguna contra sus propietarios, como el

mismo Salvador Alvarado tuvo que reconocer

años después. Alvarado había buscado

la cooperación y la comprensión de los

hacendados porque consideraba que era

necesario el equilibrio entre el capital y el

trabajo, sin la cual, según creía, la industria

y la producción eran imposibles, trayendo

como consecuencia inmediata la desolación y

70

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

la ruina. Debían aceptar nuevos sistemas de

trabajo, invertir sus capitales en empresas de

utilidad social y a cambio él se comprometía

a cooperar dándoles mayores facilidades. Los

hacendados oyeron esta mezcla de lección

moral y de buenos propósitos económicos

con injustificado asombro. Unos eran los

aristócratas vencidos, que se encogieron de

hombros. Otros, los jóvenes, lo entendieron

y trataron de adaptarse a los nuevos tiempos

(Benítez, 1985)

4.3 Los violentos veinte

Al no poder continuar Alvarado en la

gubernatura, porque la Constitución del 17

se lo impedía, apoyó el arribo de Carlos Castro

Morales al gobierno (1918-1922), en cuyo

cuatrienio se agudizó la crisis henequenera

provocada por los precios y el gigante stock.

Durante el gobierno de Felipe Carrillo Puerto

tampoco se pudieron dar pasos importantes

para impulsar la economía henequenera. La

actitud de Alvarado era congruente con su

oposición al ejido, pues seguía la corriente que

predominó en la Revolución Mexicana y que

durante años siguió el pensamiento agrario

de Luis Cabrera.

Para Carrillo Puerto el henequén era una

cadena del eslabón de la esclavitud del indio;

por esa razón era preciso acabar con este

agave. Se redujo la producción anual del

henequén en un 15% a los hacendados que

produjeran de 115,001 kilos a 230,000, y

71

Pedro Echeverría V.

así, proporcionalmente, hasta la mitad de las

haciendas que tuvieran un rendimiento de

690,001 kilos en adelante.

La ley anterior procuraba salvar la industria

henequenera afectada por una crisis

internacional. Dos años después, en cambio,

la ley del 28 de noviembre de 1923 intentó

afectar directamente la tendencia de la tierra,

pues sentía del hecho de que existían muchas

haciendas abandonadas por la imposibilidad de

continuar cultivándolas respetando la libertad

de sus trabajadores. Por ello decretó que las

haciendas de henequén, caña de azúcar y de

ganado vacuno que estuvieran abandonadas

podrían ser incautadas y expropiadas por

el gobierno, a pedimento de las ligas de

resistencia o asociaciones de trabajadores del

campo, con objeto de continuar cultivándolas

o repoblándolas (González Navarro, 1979)

A las pocas semanas de estos acuerdos,

Carrillo Puerto fue aprehendido y fusilado por

las fuerzas delahuertistas, pues con antelación

su gobierno se había declarado abiertamente

contra Adolfo de la Huerta y en apoyo a la

candidatura oficial de Plutarco Elías Calles

para la presidencia de la República. Así que el

sistema no sufrió cambios importantes, sino

que se pospondrán para la siguiente década.

72

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

73

Pedro Echeverría V.

CAPÍTULO V

EL DECLIVE DE LAS HACIENDAS

5.1 Cal l i smo y «Reforma Agrar ia»

cardenista

Durante la década que va de1920 a 1930,

bajo los períodos presidenciales de

Obregón y de Calles, la Comisión Nacional

Agraria dictó más de doscientas resoluciones

dotarias de tierras a pueblos de Yucatán,

de las cuales, noventa y seis se referían a la

zona henequenera; estas dotaciones fueron

pocas para que el ejidatario las sembrara de

maíz, fijándose en veinticuatro hectáreas la

extensión de la parcela tipo. La extensión de

las plantaciones de henequén afectadas para

dotaciones de ejidos era de 35,000 hectáreas

y representaba el 25% aproximadamente de

la superficie de henequenales en cultivo y

explotación en Yucatán. Ello provocó una serie

de reacciones de ira entre los hacendados,

pues consideraron que las afectaciones de

henequén en las haciendas henequeneras

tendrán forzosamente el resultado de romper

el equilibrio y proporción entre el número y

extensión de sus plantíos, sin el cual no podría

74

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

económicamente subsistir (61)

Surgieron otras proposiciones y acuerdos

para dotar a los campesinos con terrenos no

sembrados de henequén, con terrenos en la zona

maicera o con una acción tendiente a asegurar

el salario mínimo en la zona henequenera. Fue

hasta 1933 cuando, como producto del amplio

descontento generado por la crisis mundial de

la economía, de los movimientos de agitación

obrera en la ciudad de México y por las agudas

contradicciones en el aparato de gobierno, que

el panorama político del estado de Yucatán

también se convulsionó.

Bartolomé García Correa, que representó el

maximato callista en la entidad, fue el político

más destacado desde 1926, pues con el poder

que le dió la presidencia del Partido Socialista

del Sureste ocupó el cargo de gobernador del

estado (1930 34) y de senador de la República

en dos ocasiones, además de haber sido

directivo fundador, en el comité creado por

Calles, del Partido Nacional Revolucionario

en 1929. Sin embargo, a partir de 1933, su

poder empezó a declinar aceleradamente;

todavía pudo imponer a Alayola Barrera como

su sucesor en la gubernatura, pero no le fue

posible impedir que fuera desconocido éste a

menos de año y medio de estar ejerciendo el

gobierno.

A raíz de la llegada de Lázaro Cárdenas al

poder, los choques entre callistas y cardenistas

se agudizaron. Elías Calles había manipulado

a los tres presidentes anteriores y comenzó a

hacer lo mismo con Cárdenas, sin embargo

75

Pedro Echeverría V.

las cosas habían cambiando mucho y la

correlación de fuerzas entre diversos sectores,

particularmente entre las direcciones obreras,

favorecía ampliamente al nuevo presidente. En

Yucatán, al parecer se presentaba la misma

situación; el «bartolismo» y el Partido Socialista

del Sureste eran sinónimos de corrupción y

perseguían encarnizadamente a sus opositores.

Dos gobernadores fueron derribados como

producto de las contradicciones entre la clase

gobernante y con la participación de varias

manifestaciones obreras y campesinas en

1935 y 1936. En la base de estos movimientos

jugaban un papel fundamental el problema

henequenero, y los hacendados no fueron

ajenos a estos conflictos.

Debido a la crítica situación de la industria

henequenera, los jornaleros perciben salarios

de hambre, señaló en 1935 el investigador

ruso Asquinasy. En los momentos actuales,

el problema de Yucatán consiste no tanto en

la injusta distribución de la riqueza, como en

la falta de trabajo. La industria henequenera

se ha reducido en los últimos veinte años a la

tercera parte: 480 mil pacas de fibra exportadas

en 1934, en vez de 1.200,000 en 1916. Esta

industria se encuentra en un período de aguda

y peligrosa crisis cuyo desenlace puede ser

una irreparable catástrofe económica para

todo el estado de Yucatán, y cuyas primeras

víctimas serían los más desamparados: los

campesinos.

Si la socialización de las haciendas se hubiera

realizado en 1901, o en 1916, en la época

del auge, los trabajadores hubieran recibido

76

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

una inmensa riqueza; en las condiciones

actuales se le entrega una empresa en plena

bancarrota, y el reparto ejidal representa una

seria amenaza para los propios ejidatarios

(Asquinasy, 1936) El 3 de agosto llegó a Mérida

el Presidente Cárdenas y esa misma tarde,

en un discurso que pronunció, declaró su

propósito de expropiar las propiedades de los

hacendados para entregarlas a los campesinos.

Cinco días después expidió el acuerdo en el

que los hacendados fueron afectados con

292,000 hectáreas, de las cuales 120,000

estaban sembradas, respetándoseles de éstas

40,000 que pasaron a constituir la pequeña

propiedad.

Otra versión indica que se repartieron 360,436

hectáreas de las cuales 91 mil estaban

sembradas con henequén y el resto incultas,

en beneficio de 22,992 personas agrupadas en

380 poblados (González Navarro, 1979) Y otra

más señala que el 75% de los plantíos pasó a la

administración ejidal, que en 1937 existían 354

plantas desfibradoras y después de tomarlas

al banco, y posteriormente Henequeneros en

1940, se redujeron a 160 (Casares,1946)

El mal del ejido henequenero es de origen;

al realizar la Reforma Agraria de 1937 se

cometieron errores capitales: desintegración de

las unidades agrícolas e inclusión en los censos

ejidales de millares de personas que nunca

antes habían trabajado en el henequén. Para

corregir algunas fallas iniciales, el Presidente

Cárdenas permitió en 1938 que el gobierno

del estado asumiese la responsabilidad de

controlar la institución rectora de la industria

77

Pedro Echeverría V.

básica de la economía yucateca. Así nació el

gran ejido, o sea, Henequeneros de Yucatán

que con mucho trabajo pudo reorganizar

la producción agrícola y fomentar nuevas

plantaciones. Hubo un período de auge que

aprovechó la oligarquía local para enriquecerse

ostentosamente. A la sombra del poder público

surgieron las fortunas de los Novelo Torres, los

Erosa Cámara, los Iturralde, los Martín, los

Gáber, etc., (Betancourt,1976)

En los primeros años de «Henequeneros» la crisis

del agave continuó e incluso se profundizó; con

la coyuntura que propició la II Guerra Mundial,

aumentaron las exportaciones y los precios en

el mercado internacional se vieron favorecidos,

lo que se manifestó como un pequeño auge

en la economía henequenera. Sin embargo, al

iniciarse la década de los 50 los precios y la

producción del henequén disminuyeron y la

crisis hizo nuevamente su aparición. Ya los

hacendados no necesitaban ejercer el control

económico y político directamente para seguir

obteniendo ganancias; fue el Estado, a través

de Henequeneros de Yucatán, el que asumió

este papel. Tanto los ejidatarios como los

pequeños parcelarios eran sometidos mediante

la estructura de «Henequeneros» y de la CNC

(Villanueva, 1980)

El Censo General de Habitantes de 1940 informa

de la existencia de 721 haciendas; de estas, 466

se localizaban en la zona henequera, siendo

poco más de un centenar las deshabitadas.

Mérida contaba con 74 haciendas, Motul con

39, Izamal con 26, Dzidzantún 26, Maxcanú

24, Homún 24, Umán 21, Tixkokob 20, Temax

78

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

18 y Tecoh 17, siendo éstos los municipios que

contaban con mayor número de fincas. En

cuanto al número de habitantes por hacienda

Xcanchakán, del municipio de Tecoh, tenía 763

habitantes, Texán, Hunucmá 742; Uayalceh,

Abalá 740; Sacapuc, Motul 602; Sihó, Halachó

546; San Francisco, Dzidzantún 539; Ticopó,

Acancéh 522; Tekit de Regil, Timucuy 452;

Mukuyché, Abalá 445 y Tedzidz, Samahil 439.

Entre las haciendas de Mérida más habitadas,

se anotan: Xcanatún, Tzacalá, Sodzil, Yaxnic,

Tanlum y San Pedro Chimay.

5.2 Disolución de «Henequeneros de

Yucatán»

Un acontecimiento de t rascendental

importancia fue la disolución de la institución

«Henequeneros de Yucatán» en 1955 por

órdenes del gobierno federal. Desde el año

anterior se había denunciado que en el ejercicio

social de 1953, Henequeneros había sufrido

pérdidas de varios millones de pesos; que

al siguiente año había tenido que enfrentar

conflictos con sus empleados, mismos que

llegaron a estallar un movimiento de huelga;

quizá por ello desde mediados de enero arribó

a Mérida el Secretario de Agricultura, Gilberto

Flores Muñoz, con la consigna de tomar una

decisión radical.

A los pocos días de haber arribado

declaró que según datos oficiales recabados,

los campesinos estaban recibiendo de

Henequeneros de Yucatán un anticipo de $1.35

79

Pedro Echeverría V.

por kilo de henequén, reservándose la propia

institución 0.25 para el pago de impuestos

locales y gastos generales de administración;

pero que como los impuestos locales eran de

0.14 y los gastos generales de administración

de Henequeneros eran de 0.28 por kilogramo

producido, lo que arrojaba un total de 0.42 por

kilo, con el propósito de no mermar el ingreso

del ejidatario. Tomando en cuenta que el kilo de

henequén, señala el Secretario de Agricultura,

Gilberto Flores Muñoz, se está vendiendo a

1.60 el promedio de salario que percibe el

ejidatario en la zona henequenera es de $25.00

a la semana, es obvio que «Henequeneros de

Yucatán» es una institución muy onerosa

(Echeverría, 1984)

En junio de ese año, desde el día 6 hasta

el 18, el Secretario de Agricultura visitó: Mérida,

Motul, Izamal, Umán, Valladolid, Tizimín y

Ticul. Con base en estas visitas dejó liquidado

Henequeneros de Yucatán, resolviendo,

según dijo, tres problemas fundamentales:

libre tránsito y comercio de henequén, libre

contratación de los servicios de desfibración

y un comité de ventas para la exportación.

Hasta la desaparición de esta institución, los

ejidatarios aportaron alrededor del 70% de la

producción anual y recibieron sólo el 20% del

valor de la misma; los propietarios aportaron

el 20% de la producción y recibieron el 36%

por ser dueños de los equipos de desfibración;

los parcelarios aportaron el 10% y percibieron

sólo el 2%. El resto del importe anual (42%)

fue absorbido por Henequeneros de Yucatán

80

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

(Soberón,1959) A partir de entonces la

administración del henequén regresa al

gobierno federal.

Las relaciones que Henequeneros de

Yucatán estableció entre los hacendados,

los parcelarios y los ejidatarios, señala Jorge

Fernández, fueron enormemente desventajosas

para estos últimos. Los ejidos, al no

contar con la maquinaria de desfibración

(ya que desde que se efectuó el reparto los

hacendados realizaron una eficiente defensa

de sus desfibradoras) estaban obligados a

desfibrar su producción de hojas en las fincas

particulares. Los acuerdos para la maquila de

la penca ejidal en las plantas desfibradoras de

las antiguas haciendas quedaron establecidos

en marzo de 1942 sobre la base de que el 52%

de la fibra obtenida de las hojas ejidales sería

para los propietarios de las desfibradoras,

mientras que el 48% sería para los ejidatarios;

además se estableció que las cantidades

correspondientes al precio de la fibra las

entregarían Henequeneros de Yucatán a

base de anticipos «después de verificados los

descuentos usuales» (Fernández,1990)

5 . 3 Ab a n d o n o d e l a s h a c i e n d a s

henequeneras

Los problemas con el funcionamiento de

Henequeneros de Yucatán, sobre todo en

su relación con los ejidatarios, dieron paso

a la estructura que funcionaría de 1955 a

81

Pedro Echeverría V.

1964. Durante este periodo se inició la era

de los bancos y aparecieron las tres formas

de propiedad y unidades de producción

agrícolas que funcionarían hasta el presente.

El Banco de Crédito Ejidal, nuevo gestor de

la producción, tomó bajo su administración

un número importante de desfibradoras,

modificando con esto las condiciones de la

maquila de la fibra ejidal. Hasta 1955 fueron

prácticamente los propietarios privados

quienes se encargaban de la desfibración de

toda la fibra producida en Yucatán. A partir

de este momento los ejidatarios entregaban

sus hojas a las desfibradoras del Banco y a

los propietarios privados, quienes además

maquilaban sus propias hojas. A su vez la

fibra producida era vendida a las cordelerías

privadas y una parte importante continuaba

exportándose (Villanueva, 1990)

La organización ejidal conducida hasta

1961 por el Banco de Crédito Ejidal, y a partir

de este año por el Banco Agrario de Yucatán,

no solo no terminó con las situaciones

viciadas que había generado la administración

de Henequeneros de Yucatán, sino que en

alguna medida las agravó. De esta manera las

300 sociedades locales de crédito ejidal que

existían como sujetos de crédito, con 47,249

miembros hacia 1958, se transformaron en 243

sociedades, 93 grupos solidarios y 72 núcleos

ejidales con 55,098 ejidatarios en 1962; en

204 sociedades, 325 grupos solidarios y 11

núcleos ejidales con 59,367 ejidatarios en

1965; en 159 sociedades, 300 grupos solidarios

82

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

y 60 núcleos ejidales con un total de 64, 923

ejidatarios en 1967; y en 231 sociedades, 248

grupos solidarios y 37 núcleos ejidales con

69,342 ejidatarios en 1968 (Fernández, Ibid)

En esta nueva etapa de la reforma agraria

integral se pueden distinguir tres subetapas:

la primera de 1938 a 1955 en que impera «El

Gran Ejido» con una política de administración

de la tierra y producción ejidal francamente

patronal; en la segunda, de 1955 a 1966, en

que se reorganizan nuevamente las sociedades

locales de crédito y se inplementa una política

de apoyo al «crédito» para todos los asociados;

en el tercero, de 1966 hasta el presente, en

respuesta al incremento de derechohabientes

del crédito, más pauperizados que nunca,

pues no aumentaron proporcionalmente

la producción, ni la productividad o sus

ingresos; surgen las movilizaciones políticas

demandando mejores condiciones de pago por

sus labores y reivindicaciones económicas en

general (Baños, 1989)

Desde a década de los sesenta la

economía del estado y la actividad henequenera

siguieron rumbos distintos. En esa época se

inició un proceso de diversificación de las

actividades productivas que propició el rápido

crecimiento del PIB, al incrementarse de 4,380

millones de pesos en 1970 a 10,029 millones

en 1980 a precios constantes, lo que representó

un crecimiento medio anual de 8.6%, que casi

duplica al registrado en el decenio anterior

de 4.6% anual. Paralelamente se acentuó

83

Pedro Echeverría V.

la tendencia decreciente de la producción

agroindustrial del henequén, que disminuyó

su peso específico en la composición del PIB

de 13.4% en 1970 hasta 5.9% en 1980.

Documentos publicados por el gobierno

del estado en 1984 dan cuenta que los sectores

de la economía que registraron mayores índices

de crecimiento a partir de los sesenta fueron:

construcción (14.1%), comercio y los demás

servicios (11.3%), y electricidad (8.9%). Las

actividades agropecuarias y las industriales

mantuvieron un crecimiento de 3.4% y 3.9%

respectivamente. Como resultado de esta

dinámica, de 1970 a 1980, los servicios

aumentaron su participación en la composición

del producto de 56% a 67%, mientras que el

sector industrial disminuyó su contribución de

31% a 25%., y el sector agropecuario de 13%

a 8%. (PRHDIY, 1984)

La Población Económicamente Activa

(PEA) evolucionó de acuerdo con estas

tendencias sectoriales dentro de un proceso

de migración rural urbana que transformó

la estructura ocupacional. De 1970 a 1980

la participación en el total de la PEA de la

población ocupada en el comercio y los demás

servicios, aumentó de 30.5% a 52.4%, mientras

que la población dedicada a actividades

agropecuarias disminuyó de 55% a 31%. La

participación de la población industrial se

incrementó ligeramente de 14.4% a 16.2%

(ibid)

Los datos anteriores muestran claramente

84

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

la caída de la agricultura, el abandono del campo

por el desastre henequenero, la migración de

trabajadores a la ciudad en busca desesperada

de empleo, el crecimiento atropellado del sector

comercial -el sector informal, particularmentey

de los servicios y el avance moderado del

sector industrial. El campo, particularmente

la zona henequenera, inició un proceso de

desastre por falta de trabajo, y la ciudad,

por no tener capacidad para asimilar a los

migrantes, también ha sufrido un proceso de

desbarajuste.

Y continúa el documento oficial antes

citado explicando: Este comportamiento

económico se apoyó en el flujo creciente de

la inversión pública y en la filtración del

subsidio henequenero a diferentes ramas de

la economía. La inversión pública aumentó de

289 millones de pesos en 1971 a casi 10 mil

millones de pesos en 1983, lo que representa un

crecimiento medio anual de 8.4% en términos

reales, equivalente al ritmo de expansión del

PIB. En el periodo 1971-1976 la inversión en la

entidad fue de 3,870 millones de pesos y en el

periodo 1977-1983 llegó a 33,801 millones.

Por su parte, el subsidio del henequén en

su fase agrícola se incrementó de 158 millones

de pesos en 1971 a 4,430.8 millones en 1983,

con un crecimiento medio anual estimado en

5.8% en términos reales. De este último total,

3,019.2 millones de pesos se canalizaron a

inversiones financieras; 724.5 millones se

destinaron a apoyar el gasto corriente del

85

Pedro Echeverría V.

Fideicomiso Henequenero y 687.1 millones

a la amortización de la deuda de la propia

institución. En la fase industrial el monto del

subsidio de 1983 se elevó a 2 mil millones de

pesos.

En los hechos, aunque al parecer

la inversión pública aumentó en números

absolutos, la realidad es que a partir de la

devaluación que se inició en 1981 todos los

presupuestos se hicieron añicos. Además los

subsidios al henequén no fueron orientados

y aprovechados adecuadamente porque el

desastre se había hecho evidente entre los

ejidatarios y funcionarios. El desastre fue

irrefrenable, siendo 1992 el año de la liquidación

total de los mismos trabajadores. Así se cerró

el un capítulo mas de la historia yucateca con

una derrota de los trabajadores.

5.4 Las cordelerías

El mismo año de 1955, cuando se anunció

la disolución de Henequeneros de Yucatán,

la Asociación de Cordeleros de México

jubilosamente había anunciado que en su

primer año de gestión y operaciones estableció

metas jamás antes alcanzadas en la historia

de la industria cordelera yucateca. Informó

que ésta se había incrementado en un 40%,

pues del primero de enero al 31 de diciembre

86

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

de 1954, se habían exportado al extranjero

45.148,543 kgs. de manufactura de henequén

y que al mercado nacional habían sido enviadas

15.047,253 kgs. entre hilos, jarcias, telas y

sacos. Las primeras cordelerías aparecieron

a finales del siglo pasado, sin embargo sólo

comenzaron a consolidarse a partir de los años

treintas en la ciudad de Mérida. La industria

llegó a controlar contar hasta con 70 fábricas

de administración privada; sus propietarios

pertenecían a una clase ligada al comercio y

a la política tales como los Macari, los Gáber,

Erosa Cámara y Novelo Torres.

La industria cordelera consumió en 1925

tan sólo 5 mil pacas de fibra de henequén, pero

su crecimiento le llevó a emplear 270 mil pacas

en 1946 y 345 mil en 1954. Henequeneros de

Yucatán tenía en marzo de 1955 sólo 61 mil

pacas, por lo que se disponía a traer de Brasil

50 a 100 mil pacas para que los cordeleros

pudieran cumplir con sus compromisos. En

1954 apenas se produjo medio millón de

pacas (Echeverría,1984). Según datos oficiales

entregados a la prensa por el apoderado de

Cordeleros de México, 1958 y 1959 fueron

los mejores años de producción cordelera,

sin embargo al concluir el año de 1960 la

industria atravesaba una situación económica

crítica que se agudizó con la rivalidad entre

sus propietarios que llegaban a cerca de 60 en

número.

De éstos un grupo había propuesto, en

junio de 1961, la venta de todas las cordelerías

al gobierno federal; a partir de noviembre

87

Pedro Echeverría V.

gestionaron un crédito de más de 90 millones

de pesos ante el Royal Bank of Canada, con el

aval de los activos de las cordelerías, a lo que

se opuso el gobierno federal auspiciando en

cambio una forma de apoyo a esa industria

mediante la asociación de los empresarios

privados y el gobierno. En diciembre de ese

año surgió la empresa de participación estatal

Cordemex, S.A. de C.V. (Menéndez, 1965)

En mayo de 1964, el periódico Excélsior

de la Ciudad de México informó que había sido

plenamente confirmada la noticia relativa a

las compras de las cordelerías yucatecas por

el gobierno federal en 200 millones de pesos.

El 12 de junio el gobierno federal, previo pago

de las cordelerías, recibió Cordemex, S.A. de

C.V., dos fueron los argumentos del gobierno

federal para justificar la compra:

1. Una industria que obtiene utilidades

durante los primeros tres meses de 1964 por

cerca de 22 millones de pesos, bien vale el precio

pagado;

2. La estabilidad en el mercado

internacional y el prestigio obtenido por los

industriales yucatecos. Esta compra se hizo

en nombre de los ejidatarios con el objetivo

de integrar las tres fases de la industria

henequenera; la agrícola, la de desfibración

y la cordelera; también se señaló que apenas

Cordemex liquidara sus adeudos, se entregaría

a los ejidatarios.

Así como el gobierno apresu radamente

compró Cordemex sin estudiar suficien-temente

sus perspectivas, también decidió hacer un

proyecto grande con gigantescas inversiones,

88

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

en el que las anteriores fábricas fueron

sustituidas por siete modernas factorías con

un equipo de técnicos y funcionarios «de alto

nivel». No se estudió el mercado o se obtuvieron

resultados equivocados en las investigaciones;

las consecuencias las tenemos a la vista: desde

1968, exceptuando los ejercicios sociales que

concluyeron en los años de 1974 y 1975, en

los que la empresa obtuvo utilidades de 131

y 118 millones respecti-vamente, Cordemex

ha sufrido pérdidas en 17 ejercicios sociales

sumando éstas decenas de miles de millones

de pesos.

Al parecer, la causa básica de las

pérdidas que año tras año ha sufrido la

empresa estatal cordelera, se encuentra en

las bajas de los precios del producto en el

mercado internacional en el que casi toda

se puede hacer, pues los precios los fijan los

monopolios internacionales denominados por

fuerzas mucho más poderosas que Cordemex;

sin embargo otras empresas cordeleras no

pierden, como las cordelerías privadas actuales

llamadas «piratas» y también las cordelerías

privadas anteriores a Cordemex ¿No acaso

sus antiguos propietarios se convirtieron en

multimillonarios?

Las Haciendas, la cordelería, el henequén,

entre algunos años sólo serán historia. A

partir de 1960 la economía yucateca inició su

transformación y hoy en la ciudad de Mérida

se concentra el 50% de la población. El censo

de Población de 1970 informa de la existencia

de 337 haciendas, siendo 316 las de la zona

89

Pedro Echeverría V.

henequenera. Indica que en Mérida hay 52,

en Motul 18, en Izamal 16, en Umán 16, en

Maxcanú 15, en Tecoh 11 y Seyé 10.

Las más pobladas: Texán, Hunucmá

1094, Xcanchakán, Tecoh 1087, Uayalceh,

Abalá 1045; Tedzidz, Samahil 862; Sacapuc,

Motul 747, Ticopó, Acancéh 734; Sihó, Halachó

731; Yaxcopoil, Umán, 715; Xcuyún, Conkal

706 y Lepán, Tecoh 704. Entre las haciendas

más pobladas de Mérida se encuentran:

Xcanantún, Chichí, Tzacalá, Tahdzibichén,

Mulsay, San Pedro Chimay, Xmatkuil, Yaxnic,

Sodzil y Oncán. De aquellas 1,300 haciendas

henequeneras de fines del siglo XIX, hoy sólo se

encuentran en actividad de desfibración unas

80.

90

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

A MANERA DE CONCLUSIÓN

La hacienda ganadero-maicera es resultado

de la gran concentración de poder territorial

y económico en manos de unas cuantas familias

en la época colonial. Con el surgimiento y

posterior agrandamiento de esas propiedades

se concretó la destrucción de la economía

tradicional indígena basada en el cultivo del

maíz.

La hacienda henequenera nació en segunda

mitad del siglo XIX por impulso de las

mismas familias que ya poseían las grandes

propiedades territoriales, por la participación

91

Pedro Echeverría V.

de sus herederos, así como de nuevos grupos

de ricos que se habían desarrollado en el

comercio. La gran acumulación de riquezas

de esas familias se sustentó en la más aguda

explotación del trabajo humano, así como en

la habilidad de los hacendados para controlar

la situación.

Al triunfar la revolución y plantear

un modelo económico y político en el que

las formas de explotación del trabajo, y la

estructura de las haciendas eran objetivamente

caducas e ineficientes, los viejos hacendados

comenzaron a ver que se les había acabado ya

su sistema y que había que retirarse. Aunque

todavía hasta la década de los cincuenta

siguieron funcionanando muchas haciendas,

objetivamente estaban ya de retirada.

La revolución política destruyó el viejo

orden pero no creó un Estado democrático; la

revolución social atacó la antigua estructura

de la sociedad pero no produjo, ni en lo social

ni en lo económico, una sociedad nueva; la

revolución económica aceleró y llevó a un alto

nivel la industrialización pero no logró un

desarrollo económico ni creó un vasto mercado

interno (Wilkie, 1976).

El sistema económico y social de las

haciendas forma hoy parte de la historia. La

hacienda henequera, que durante 100 años

representó la base de la economía de Yucatán,

debe estudiarse con más detenimiento. Con

este trabajo sólo he pretendido presentar

un panorama de las haciendas. A otros les

corresponde realizar nuevas investigaciones.

92

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

ANEXO

CUARENTA EX HACIENDAS

HENEQUENERAS

L a s c u a r e n t a h a c i e n d a s q u e a

continuación se presentan no son precisamente

las mejor conservadas o las de más rica

arquitectura o historia. Son las veinte ex

haciendas, de una lista de ochenta, que en

la Facultad de Arquitectura seleccionamos

para ser investigadas. Para no repetir en cada

texto las características comunes a cada uno

de los sitios, se adelantan algunos elementos

al respecto:

1) Casi todas dejaron de desfibrar y de

cultivar henequén a principios de la década

década de los setenta;

2) Sólo en Yaxché sigue funcionando,

93

Pedro Echeverría V.

uno o dos días de la semana, la máquina de

desfibrar.

3) La mayoría de los habitantes que en

esas poblaciones están en edad de trabajar

labora en la ciudad de Mérida, en Cancún o en

los Estados Unidos;

4) Algunos edificios del casco de las ex

haciendas con el fin de que fueran aprovecharlos

por alguna empresa están siendo restaurados;

otros están en ruinas;

5) Un porcentaje importante de niños

de la calle, de desempleados, de limosneros,

de prostitutas y de vendedores ambulantes

proceden de las ex haciendas henequeneras.

6) Se carece de proyectos adecuados que

tiendan a solucionar el desempleo y las urgentes

necesidades económicas de los habitantes de

esos lugares;

7) Las poblaciones en donde están

ubicadas cuentan con servicio eléctrico y se

puede llegar en automóvil, pero esos centros de

población tienen grandes carencias.

8) La religión católica sigue estando

presente en sus fiestas anuales al «santo

patrono» e influye en la visión conformista de

la comunidad.

9) Se requiere profundizar la investigación

integral y participativa en esos centros

de población que hoy son ex haciendas

henequeneras.

10) Los centros de educación superior

deberían orientar sus investigaciones,

servicio social y el mayor porcentaje de sus

esfuerzos, hacia el conocimiento, difusión y

94

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

elaboración de propuestas que beneficien a

ese sector mayoritario y más necesitado de

la población.

1. XCANATÚN, MÉRIDA

Xcanatún es una población y ex hacienda

henequenera de cierta importancia. Posee

algunos elementos históricos interesantes,

pero quizá su cercanía a la ciudad de Mérida

-a unos 15 kilómetros del centro de la ciudadla

ha obligado a integrarse cada vez más a la

gran urbe, convirtiéndose en un asentamiento

notable.

Hasta ahora se conoce poco de la historia

de esa población que a mediados del siglo

pasado surgió como hacienda henequenera.

Hay publicaciones que registran protestas y

demandas de sus propietarios contra medidas

expropiatorias del gobierno local a mediados

de los años treinta, en los momentos en que

se preparaba la llamada Reforma Agraria

cardenista en Yucatán.

Xcanatún es el nombre de una hacienda

henequenera ubicada a unos 15 kilómetros

de la carretera Mérida-Progreso y con una

población aproximada de 700 habitantes.

No se cuenta aún con datos acerca de su

asentamiento original, sin embargo se sabe

que su territorio llegaba hasta lo que hoy es el

periférico en su entronque con la carretera de

Progreso. Se ha apuntado que su propietario,

en 1917, era el Sr. Manuel Zapata Martínez

y poseía entonces una extensión de 2,532

95

Pedro Echeverría V.

Has.

Xcanatún tiene los límites territoriales

siguientes: al norte solares de Komchén, la Hda.

Santa María Yaxché y la Hda. Dzibichaltún ; al

oriente colinda con los terrenos de la Hda.

Temozón Norte, al sur con Xcumpich y Sodzil

y al poniente con San Antonio Ool, Chun Oxil

y la carretera de Progreso.

Xcanatún no tiene antecedentes de

hacienda maicero-ganadera en la época

colonial; surgió a mediados de siglo a raíz de que

la fibra del henequén comenzó a convertirse en

producto exportable. En 1851 las siembras de

henequén comenzaron a sustituir de manera

acelerada al maíz. En Mérida se destinaban ese

año 3,935 mecates, 32 años después se habían

sembrado 224,103 mecates y, en tanto en

1885 en Mérida se utilizaban a 4,250 peones,

en 1900 se registraban 8,297. En esos cinco

años el número de peones en la entidad pasó

de 26,553 a 80,216.

El largo período de gobierno de Porfirio

Díaz (1876-1911) coincidió con el gran auge

de la producción henequenera. Pero no sólo

coincidió, sino que el porfiriato otorgó las

garantías y el apoyo a la economía basada en

las haciendas que descansaba en la intensa

explotación de mano de obra cuasi esclava.

Xcanatún fue, como puede demostrarse

con datos de producción henequenera

exportada, una de las haciendas privilegiadas

por encontrarse precisamente en la ruta del

ferrocarril hacia el puerto de exportación.

Además Xcanatún se encontraba en el círculo

96

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

de las lujosas haciendas henequeneras

también con buena cría de ganado vacuno

cercanas de Sodzil de Olegario Molina, visitada

fastuosamente por el dictador Porfirio Díaz en

1906.

La revolución, aunque tarde, vino a

romper el modelo de explotación viejo que aun

predominaba en las haciendas y que hacía

posible su subsistencia y, al mismo tiempo,

impuso otro que «modernizó» las relaciones

de producción, pero creó una clase social

privilegiada.

La radical Reforma Agraria cardenista,

impuesta en Yucatán en agosto de 1937,

expropió las dos terceras partes de las grandes

haciendas en beneficio de decenas de miles de

trabajadores. Convirtió la gran propiedad en

ejidos colectivos y fundó un banco de gobierno

para otorgar créditos a los ejidatarios. Antes de

1935 Xkanatún tenía 438 Has. Ese año sólo

registró 190 Has y cuatro años después sólo

le quedaban 9. La Reforma Agraria pudo tener

éxito, pero fracasó porque se transformó en

un proyecto político de control y manipulación

de los ejidatarios en beneficio del propio

gobierno. Con ello se confirmó que tanto la

propiedad privada, predominante hasta 1937,

como la pública sirvieron sólo para enriquecer

a unas cuantas familias y para hacer más

miserables a las decenas de miles de familias

de trabajadores.

En 1956, el presidente Ruiz Cortines

puso en función en Xcanatún una gran

planta desfibradora, conocida como Krupp,

97

Pedro Echeverría V.

que maquilaba 35,000 hojas de henequén por

hora, 200,000 en una cuantas horas del día.

La sola presencia de esa desfibradora con una

máquina alemana Krupp, hacía pensar que

las haciendas se modernizarían y la economía

dependiente de éllas entraría a una nueva fase

de progreso.

¿Por qué desaparecería aquella Krupp

si desde los primeros días demostró su gran

capacidad desfibradora? Se ha dicho que su

capacidad se redujo y dejó de ser costeable,

pero también que se deseaba una de menor

capacidad que redujera los costos. En los

setenta la sustituye otra planta que desfibraba

por hora la mitad de lo que hacía la Krup.

En el Registro Público de la Propiedad

se encuentran los siguientes propietarios: Don

Manuel Zapata M. aparece como el primero y

sólo hasta 1922 se registra a doña Mercedes

Castellanos Vda. de Zapata. En 1942 pasa

a manos de Esther Zapata Castellanos de

Castellanos. En 1945 aparece en el registro el

nombre de Jorge Luis Palomeque Hermida y

en 1985 los de Rosario Dalia de Palomeque y

María Cristina Palomeque de Erosa.

Con el desplome de la producción

henequenera en el estado, provocada por

varios factores, de los cuales el más importante

es el alto costo de producción que llevó a

la pérdida de competencia en el mercado,

grandes masas de ex ejidatarios tuvieron que

trasladarse a Cancún, a EE.UU. o a Mérida

en busca de trabajo y de ingresos. Si este

fenómeno migratorio del campo a la ciudad

98

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

ha sido común en todo el mundo y si también

en nuestra país es determinante, Yucatán no

podría ser la excepción. Sin embargo lo grave

reside en que este fue bárbaramente provocado

por políticas productivas irresponsables que

pudieron evitarse.

Xcanatún perdió su carácter rural

y ahora sus habitantes están plenamente

integrados a la economía e ideología urbana.

No pudo resistir el embate de la modernidad

porque sus defensas habían sido destruidas.

2. TEYA, KANASÍN

Teya fue una hacienda henequenera ubicada

a la orilla de la carretera Mérida-Valladolid, a

12 kilómetros de la ciudad capital. Hasta los

primeros años de la década de los sesenta,

durante las horas en que la máquina trabajaba

-se recuerda en el pueblo- se podía escuchar,

particularmente, el fuerte sonido de la volanta

y ver el andar continuo de bagaceras, así como

de las plataformas llenas de henequén.

Teya pertenece al poblado de Kanasín

(nombre que significa «leguminosas de flores

rojizas»). Este pueblo se localiza en la región

metropolitana, desde hace unos veinte

años es un municipio conurbado con la

ciudad de Mérida, a unos 7 kilómetros en

dirección sureste. Pertenecen a Kanasín cuatro

localidades: Mulchechén, San Antonio Tehuitz,

San Pedro Nohpat, Teya, San Antonio Xioly.

Hasta los años veinte, cuando su

propietario era Alfredo Medina, la hacienda

99

Pedro Echeverría V.

Teya poseía una extensión territorial de

932 hectáreas, pero en 1936 previendo la

Reforma Agraria los terrenos de la hacienda

fueron divididos en tablajes quedando sólo

190 hectáreas a Teya. En 1943, en la fase de

retroceso de la Reforma Agraria cardenistas,

los tablajes vuelven a anexarse.

Propietarios de Teya han sido: Alfredo

Medina en los veinte; en 1945 Olda Medina de

Lizarraga; cinco años después aparece como

propietario el Banco del Sureste, junto con

Olda Medina, Haroldo y Amira Elidé Canto

Palma. En 1979 está registrado Haroldo

Canto Palma, pero ese año ya figuran como

propietarios: Mario Menéndez Ortuno, Teresita

del Niño Jesús Sosa Monsreal de Cámara y

Jorge Cárdenas.

La Hacienda Teya, hoy con aproximadamente

300 habitantes, dejó de desfibrar

henequén, como otras haciendas, a finales de

los sesenta. Se convirtió en fábrica de muebles

y más adelante en un lujoso restaurant y en

sala para fiestas. En tanto los trabajadores y

acasillados de aquella hacienda henequenera

continúan su vida al borde de la que fue un

transitadísima carretera y que hoy sólo es un

vía de segunda, pues la modernidad obligó a

construir un desvío.

3. SAN BERNARDO, KOPOMÁ

La ex hacienda San Bernardo pertenece al

municipio de Kopomá. Está a 2 kilómetros de

la carretera Mérida-Campeche, en el tramo

100

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

Kopomá-Maxcanú. Fue hacienda importante,

pero hace más de 20 años que dejó de activar su

desfibradora; hoy funciona como una especie

de museo y suele recibir visitas turísticas.

Kopomá («Agua hondonada») es un

municipio limitado: al norte por Chocholá;

al sur por Opichén; al oriente por Abalá, y al

poniente con Chocholá. Hasta 1935 Kopomá

dependía jurídicamente del municipio de

Maxcanú. Cuenta actualmente con unos 1,000

habitantes y está a 45 kilómetros hacia el

suroeste de la ciudad de Mérida.

San Bernardo fue propiedad de Miguel

Peón y en 1905 tenía una extensión de 6,698

hectáreas de terreno; ese enorme latifundio

se redujo posteriormente a 2,633 Has. y en

1938, con la Reforma Agraria cardenista y la

dotación de ejidos, se le dejó 300 Has. En 1940

San Bernardo dejó de pertenecer al poblado de

Maxcanú y pasó al municipio de Kopomá.

San Bernardo colinda al norte con San

Matías y las haciendas Amtum y Altamira;

al oriente con Chablé y Kopomá; al sur con

Maxcanú y la hacienda Santa Cruz y al

poniente con la hacienda Santana, Chan

Sabacché y Chencóh.

Sus propietarios fueron: Miguel Peón;

en 1924 Pedro Castellanos Peón; en 1938

Henequeneros de Yucatán; en 1943 Gustavo

Heredia Medina; en 1946 Enrique y Gustavo

Cámara Heredia; en 1956 los Cámara y los

Palma y en 1975 y 1983 Fernando Palma

Cámara.

101

Pedro Echeverría V.

4. NOC AC, MÉRIDA

De aquella próspera hacienda henequenera que

fue Noc ac no quedan más que los recuerdos.

Perteneciente antes al municipio de Caucel, hoy

Noc ac es una pequeña población donde viven

unas 500 personas integradas a la economía

meridana. Llegó a contar con una extensión

2,633 hectáreas y en 1918 con 1,400 Has; pero

en 1991, por la reforma cardenista de 1937,

su territorio se había reducido a 8 Has. Entre

sus propietarios se han registrado: en 1918

a Joaquina Peón y Peón; en 1928 a Joaquín

Peón; en 1934 a Jorge Peón Bolio; en 1953 a

Pedro Peón de Regil y Raúl H. Bolio Vales y en

1991 a Fernando José Rodríguez Peón. Noc

ac es hoy una población urbanizada; de la

antigua hacienda poco queda. Sus habitantes

festejan cada 15 de mayo al santo patrono San

Isidro.

A la ex hacienda, situada a 20 kilómetros

al noroeste de Mérida, se puede llegar por la

carretera de Progreso -vía Komchén-, o por

Caucel. Tiene al norte a Suitunchén, al pueblo

de San Matías y a Chun-Oxil; al oriente San

Antonio Ool; sur Cheumán y al poniente

a Yaxché y Hobonyá. Según los planos de

1918 en la hacienda funcionaba un tranvía

que la conectaba con San Ignacio, Cheumán

y Yaxché. En 1978, durante el gobierno de

Francisco Luna Kan (1976-1982) -quien según

se ha publicado nació en este lugar- se puso

en servicio la primera planta de energía solar

para abastecer de agua el lugar.

102

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

5. SAN ANTONIO YAXCHÉ, UCÚ

Yaxché, por su extensión territorial y por

la cantidad de hojas que desfibró durante

varias décadas, puede considerarse como una

de las grandes haciendas henequeneras de

Yucatán. Según datos del Registro Público de

la Propiedad la extensión de esa hacienda era

de 6,092 hectáreas ; en 1933 eran de 5,686 y

en 1963 se había reducido drásticamente a

sólo 19 Has.

La hacienda Yaxché, que ha pertenecido

al municipio de Ucú, pueblo que llegó a formar

parte del partido de Mérida y más tarde del

partido de Hunucmá, tuvo como propietarios

a los siguientes: en 1903 a Augusto L. Peón;

en 1919 a Alonso, Luis, Elda, Lía y Nely

Peón Bolio; en 1936 estaban registradas las

hermanas Peón Bolio de Molina, Peón Bolio

de Mata y Peón Bolio de Larrea. En 1956 sólo

figuraba Elda Peón Bolio de Mata.

El municipio de Ucú (Paloma torcaza)

es uno de los más pequeños y de menor

cantidad de habitantes, apenas 2,072 en 1990;

sin embargo cuenta con servicios de salud,

educación, así como otros servicios urbanos.

De hecho se localiza en la región metropolitana,

pues está sólo a unos 16 kilómetros de

Mérida.

La hacienda Yaxché tiene al norte a la

Hda. de Hobonyá, al oriente Noc ac, al sur la

Hda. Chel, la Hda Chalmuch y ejidos de Ucú,

y al poniente la Hda. Ulila.

103

Pedro Echeverría V.

Cuenta actualmente con unos 500

habitantes. Se desfibra de 30 a 40 mil hojas

de henequén una vez por semana. La Hda.

Chac desfibra diariamente y la Hda. Chel está

abandonada. Cada año, el 13 de junio, se

festeja al santo patrono San Antonio de Padua.

Yaxché fue comprada por el Banco Ejidal y

ahora está en manos de los ejidatarios. Los

ya muy deteriorados edificios y las casas se

le quedaron a los trabajadores. Dicen que el

gobernador Franco Aguilar regaló una motora

para regar plantas de horticultura, pero que

ya no funciona.

6. SOTUTA, TECOH

La ex hacienda Sotuta, perteneciente al

municipio de Tecoh, ha venido registrando una

importante restauración en los últimos tres

años. Sobre todo a partir de la construcción y

ampliación de una carretera que libra el paso

por la zona poblada del centro de Acanceh, de

las haciendas Petectunich, Tepich, Tehuitz, así

como de Kanasín.

El municipio de Tecoh, con unos 9,000

habitantes, está localizado a 28 kilómetros de

Mérida, en la región centro norte del estado.

Limita al norte con los municipios de Cuzamá,

Mérida y Timucuy; al sur con Sacalum y

Chapap; al oriente con Cuzamá, Homún y Tekit

y al poniente con Abalá. Pertenecen al municipio

las Hdas. Oxtapacab, Itzincab, Sotuta, Lepán,

Xcanchakán, Santa Rita, Pixián, Sabacché y

Chiquila; así como los pueblos Telchaquillo y

104

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

Mahzucil.

La ex hacienda Sotuta tiene como

límites al norte la Hda. Tekik y el municipio de

Timucuy; al sur la Hda. Uayalceh ; al oriente la

Hda. Itzincab y al poniente las Hdas. de Yaxnik

y Dzoyaxché. Se ubica a unos 30 kilómetros

al sur de Mérida saliendo por la carretera que

se que va a Kanasín y Tecoh.

En 1916, según puede verse en el Registro

Público de la Propiedad , los propietarios de la

hacienda Sotuta, con 848 Has. de extensión,

eran Catalina Baker y María Beatriz de Regil

y Baker. Diez años después la propiedad pasó

a nombre de Augusto Peón y Catalina Baker.

En 1934 aparece en el registro sólo el nombre

de Augusto Peón Bolio y dos años después,

cuando la Reforma Agraria cardenista reduce

la propiedad a 206 Has., la hacienda Sotuta es

propiedad de Augusto Lorenzo Peón Acevedo.

A partir del gobierno de Manuel Ávila

Camacho, en Yucatán se registra una política

de devolución de plantas desfibradoras, así

como de tierras a los hacendados, por eso

en 1944 Sotuta registra 878 Has., siendo

propietario Augusto Peón Bolio.

En los últimos años, a partir de 1981, la

hacienda registra 398 y 174 Has. de extensión

y tiene ya como propietario al Sr. Adolfo Lubcke

Flores; sin embargo, desde el inicio de los

setenta, había dejado de desfibrar henequén.

Actualmente Sotuta cuenta con unos

300 habitantes que viven en parte del cultivo

de henequén que se lleva a raspar a Uayalceh

y Lepán, de un poco de milpa de maíz y frijol,

105

Pedro Echeverría V.

de trabajos de restauración de la ex hacienda,

de ocupación que se logra en Mérida, así como

de jornales en el rancho ganadero del patrón

Alfredo Lubcke.

El Sr. Lubcke, de acuerdo a los vecinos,

está muy ligado a la hacienda y ha desarrollado

buenas relaciones con sus pobladores. Está

reconstruyendo los edificios de su propiedad,

así como la desfibradora. Organiza y participa

en «fajinas», en convivencias y obsequia

juguetes para los niños de Sotuta.

7. TAMANCHÉ, MÉRIDA

La hoy ex hacienda de Tamanché se ubica a

unos 12 kilómetros al norte de Mérida, por la

carretera que va al puerto de Progreso. Dejó

de funcionar como hacienda hace unos 25

años y hoy es solamente una población de

unos 400 habitantes integrados a la economía

meridana. Los edificios de lo que fue hacienda

están aislados del poblado y a punto de

derrumbarse.

Según trabajo de May, Medina y Muñoz,

la hacienda surgió en los setenta del siglo

pasado. Fue construida por el Sr. Antonio

Bolio, mismo que se la dejó como herencia a

sus hijos Fernando y Alfonso Bolio; su tercer

hijo, Gustavo Bolio, recibió como herencia

una hacienda recién comprada por él: San

ignacio.

Durante el porfiriato, el período de

más alta producción henequenera, la finca

llegó a contar con 2,925 Has. de propiedad,

106

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

misma que se redujo a 2,000 Has. en 1918.

La hacienda Tamanché tiene al norte a la Hda.

San Ignacio, al oriente a Dzibichaltún, al sur la

Hda. Xkanatún y al poniente a las haciendas

Komchén, Dzidzilché y Kikteil. Hasta el año

de 1925 sus propietarios eran: Alonso y

Fernando Bolio Manzanilla, pero en ese año

sólo aparece en el registro público Fernando

Bolio Manzanilla; en 1933 está inscrito como

propietario Hernán Pedro Berzunza Espinosa.

En 1941 fue afectada por dotación de ejidos

ordenada por la Ley de Reforma Agraria,

subdividiéndose para formar tablajes.

En 1983 la hacienda pasa a nombre de

María Teresa Berzunza de G. Cantón, por ello

conserva hasta hoy en uno de sus edificios el

apellido de aquella familia: «Los Berzunza».

8. SAN LORENZO MUKUICHÉ, ABALÁ

Una de las anécdotas más conocidas sobre

la hacienda Mukuiché es la que cuenta que

en su cenote se bañó la emperatriz Carlota

cuando concluía en 1865 su fastuosa visita a

Yucatán. Otro dato importante es que el pintor

inglés Catherwood, compañero del historiador

Stephens, tiene un dibujo de aquel cenote

destacando su bella entrada adornada con

escalones de piedra.

Mukuiché pertenece al municipio de

Abalá (que significa «ciruela de agua»). Este

municipio está ubicado a unos 49 kilómetros

al sur de la ciudad de Mérida y se puede llegar

por la carretera Mérida-Muna. Además de

107

Pedro Echeverría V.

Mukuiché, pertenecen a Abalá las haciendas de

Cacao, Uayalceh, Pebá, Sihunchén y Temozón

sur.

Mukuiché registró una superficie total

de 6,117 Has., pero en 1997 sólo aparece con

304 Has. Tiene al norte a la Hda. Uayalceh ,

al oriente a Xcanchakán, al sur a Yunkú y

Chankín y al poniente al municipio de Abalá

(partido de Acancéh) en 1916. Entre los

propietarios de la hacienda están registrados

Antonio Manuel Peón Méndez y en 1997 a la

Sra. Ma. Josefina Mediz Bolio Cuartas Vda. de

Peón.

9. SINHUNCHÉN, ABALÁ

La ex hacienda Sinhunchén, del municipio de

Abalá, es hoy un centro de población de unos

350 habitantes en el que no queda casi nada

de los edificios del casco de la hacienda o de la

antigua maquinaria que servía para el trabajo

diario de desfibración en ese lugar, pues hace

más de 15 años que dejó de funcionar por falta

de suficientes hojas para la raspa.

Sinhunchén, situada a 5 kilómetros de

la carretera Mérida-Muna, así como a unos 35

kilómetros al sur de la ciudad capital, tiene

como límites al norte y oriente a Pebá; al oriente

a la Hda. Temozón ; al sur a Ochil y al poniente

a la Hda. Cacao.

Los propietarios de la finca henequenera

fueron: Alicia Ferráez de Rendón, Humberto

Ferráez Espinosa, Graciela Ferráez de

108

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

Arredondo, Flora Ferráez de Hernández; don

Néstor Espinosa e hijos: Alfredo, José Rafael,

Diego José y María Espinosa Pasos. En 1959

tenía 40 Has.

La población de Sinhunchén vive

actualmente de trabajo que proporciona una

granje de cerdos y del cultivo de un poco de

henequén que se lleva a desfibrar a las vecinas

haciendas de Uayalceh o Tebec. Es poca la

gente que viaja a Mérida en busca de ingresos.

Cada año, el 13 de junio, realizan animadas

fiestas en honor de San Antonio Padua que es

su santo patrono.

10. TEKIK, TIMUCUY

La hacienda Tekik, que perteneció al municipio

de Acancéh y hoy al de Timucuy, está ubicada

a unos 20 kilómetros al sur de la ciudad de

Mérida. Fue una de las haciendas construídas

en la segunda década de este siglo para el

cultivo y la desfibración del henequén. Sus

planos fueron elaborados en 1917 y figura

como propietario Eduardo Perfecto Bolio

Pinzón.

El municipio de Timucuy (que significa

«lugar de la tórtola») tiene dos haciendas:

Subincancab y Tekik, sin embargo el número

de sus habitantes apenas rebasa los 3,000 y

su economía es hoy de las más pobres de la

entidad.

La Hda. Tekik tiene al norte ejidos

de Acancéh y la carretera hacia Mérida; al

oriente ejidos de Acancéh, Timucuy y la Hda.

109

Pedro Echeverría V.

Oxtapacab; al sur se ubican las haciendas

Yaxcopoíl, Santa Rita y San Lorenzó Pelé y por

el poniente la Hda. Kankirixché.

Los propietarios de Tekik después de

Bolio Pinzón fueron José Pilar Martínez en

1922 y Ramona Martínez Rejón de Trejo en

1927, pero a partir de 1935, cuando pasa la

propiedad a manos de Álvaro Regil de Peón,

como puede verse en los archivos del Registro

Público de la Propiedad , los propietarios de

Tekik dividieron en partes la hacienda entre

familiares para evitar que la Reforma Agraria

cardenista los afectara. Ese año se formaron

las fincas: San Francisco, San Alonso, Santa

Donata, San Álvaro, Xpelecuil, Xcocmil y Ma.

Cristina.

Esta última finca, con 194 Has., se puso

a nombre de Álvaro Regil Peón en 1935 y de

Fausta Peón de Regil al siguiente año. En la

de San Alonso, con 208 Has., se puso como

propietario en 1935 a Álvaro de Regil Peón y al

siguiente año a Pedro Manuel de Regil Casares.

San Francisco Tekik poseía 3,352 Has., por lo

que antes de subdividirse la hacienda tenía

una extensión superior a 4,000 Has.

En 1936 aparece como propietario José

Concepción Loeza, pero en 1945 ya figura

como dueña María Cristina de Regil de Peón.

En 1953, siendo propietaria Adriana Cervera

Gómez, se ratifican las afectaciones agrarias

y sólo le quedan a la hacienda 199 Has. En

1973 aparece como propietario Eulogio Salazar

Ramírez, en 1985 Eulogio Salazar Mendoza,

así como Ma. Cristina de Regil Peón Vda. de

110

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

P., Cristina, Fausta Ma., Alonso, Agustín,

Álvaro y Francisco Peón de Regil y Enrique

de la Cámara Lara. En 1994 Felipe de Jesús

Salazar Mendoza y en 1996 David Joel Esquivel

Pérez.

No se han logrado datos acerca del

volumen de su producción, empero es fácil

deducir que Tekik no tuvo una importante

actividad en la siembra y la desfibración de

henequén por los continuos cambios en sus

propietarios.

11. CANICAB, ACANCÉH

Canicab es una de las ex haciendas

henequeneras pertenecientes al municipio de

Acancéh, otras ex haciendas de este municipio,

que en tiempos pasados fue un gran centro

de producción henequenera, son Sacchich y

Ticopó. Está ubicada a unos 25 kilómetros al

oriente de la ciudad de Mérida. Se puede entrar

por Acancéh o por Ticopó, en la carretera de

Valladolid.

Acancéh («Bramido del venado»),

perteneció al partido de la sierra Baja cuya

cabecera era el pueblo de Mama. Más adelante

fue del partido de Mérida y después de Tecóh,

hasta que en 1976 Acancéh se convirtió en

municipio independiente con la categoría de

Villa. Colinda al norte con Kanasín y Tixpehual,

al sur con Tecóh, al oriente con Seyé y al

poniente con Timucuy. Actualmente tiene poco

más de 8,000 habitantes.

Canicab, en 1915, era propiedad de

3,090 Has. del Sr. Liborio y Rafael Cervera

111

Pedro Echeverría V.

Lara. Al norte y poniente colinda con Ticopó de

Ricardo Molina; al oriente con terrenos de Seyé;

al sur con Huitza de Ricardo Molina, Sacchich

de Emilio Seijo y Sahcatzin de M. Casares.

En 1935 Canicab registra ya a muchos

propietarios: Liborio, Arminda Cervera Boyancé,

Irma Cervera de Boyancé, Orlando Cervera

Marín, Wanda Cervera de C., Rafael Cervera

F., Ligia Cervera de C., Adela Cervera de V.,

Gilda Cervera de A. En 1962 pasa a manos

de Nacional Financiera, S.A. Ese mismo año,

al formarse Yunkul, le quedó a Canicab 995

Has.

El propietario actual de la ex hacienda es

el Sr. Enrique Kantún Garrido. Esta persona

nació en la hacienda lo mismo el resto de su

familia. Ha levantado un taller de ropa en

ese lugar. Esta lleva 11 años sin desfibrar

henequén y lo poco que se cultiva se lleva a

Chunkanán. El santo patrono es San Isidro y

es festejado el 15 de mayo. La hacienda tiene

unos 1000 habitantes, aunque buena parte de

esos trabajan en Mérida.

12. SAN ANTONIO SACCHICH, ACANCÉH

La ex hacienda Sacchich lleva poco más de 20

años de no desfibrar henequén. Desde 1979,

cuando se hizo de la propiedad el Sr. Jorge

Manuel Díaz Barrera, la finca fue sometida a

una intensa restauración con el fin de recuperar

con trabajo la inversión. Dos años después, al

pasar la ex hacienda a nombre de la Sra. Rosa

María López de Díaz, comenzó a funcionar

112

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

como centro naturista y vivero especializado

en plantas ornamentales provenientes de

diferentes entidades y países.

La ex hacienda pertenece al municipio

de Acancéh y se puede llegar a ella pasando

por la cabecera municipal o por las haciendas

de Ticopó y Canicab. En cuanto a su extensión

territorial, Sacchich registra 439 Has.en

los primeros años de este siglo, después se

extiende a 604 Has.; en 1933 posee 696 Has.,

en 1937 se informa que su propiedad es de 610

Has., pero en 1990 se ha reducido a 42 Has.

Entre sus propietarios se pueden citar a

los siguientes: J. Gómez en la primera década

del siglo, en 1914 a María Gómez de Seijo, Gilda

Seijo de Cámara, Jorge Alberto Seijo Gómez y

Margarita Seijo de Bolio. A partir de 1949 está

registrada como dueña la Sra. María Rosa Seijo

de Losa; en 1960 Jorge Alberto Seijo Gómez y

María Rosa Seijo de L. y por último aparecen

ya las dos personas antes mencionadas: en

1979 Jorge Manuel Díaz Barrera y en 1981

Rosa María López de Díaz.

La población de Sacchich t iene

aproximadamente 300 habitantes que

viven de algunas labores agrícolas, pero

fundamentalmente de los que los mayores

pueden obtener trabajando en Mérida. Festejan

cada 13 de junio a San Antonio Padua, que es

su santo patrono.

13. TEKAT, MOCOCHÁ

Tekat, construída a mediados del siglo XIX,

fue una gran hacienda, según algunos viejos

113

Pedro Echeverría V.

habitantes de las poblaciones de Conkal

y Mocochá. Perteneciente a este último

municipio, al que también pertenecen las ex

haciendas Carolina y Toóh, la ex hacienda

Tekat conserva en el recuerdo el prestigio que

obtuvo por sus fiestas en honor de San Antonio

el 13 de junio, de las corridas de toros, de

la cantidad de visitantes que durante 3 días

comían y bebían a cuenta de los dueños y del

pueblo.

Mocochá («agua del agujero») está a

21 kilómetros de la ciudad de Mérida por la

dirección noreste. Formó parte del partido de

Izamal y años después al partido de Tixkokob,

hasta que en 1918 se convirtió en municipio

libre. Actualmente tiene aproximadamente

3,000 habitantes.

La ex hacienda Tekat tiene al norte

Yaxché, Santa Cruz, Mocochá, Santa Isabel; al

oriente tiene a Sinitún y San Juan; al sur a la

Hda. Xcuyún y al poniente a las haciendas San

Lorenzo y Santa María. El primer propietario

de Tekat fue el Sr. Manuel Zapata Martínez y

entonces la extensión de la hacienda era de

2,005 Has. Los siguientes propietarios fueron

Alfredo Molina y su esposa Adolfina Zapata.

Hace unos 25 que no se raspa ni se

cultiva henequén, sus aproximadamente

500 habitantes viven de trabajos agrícolas

que realizan en la propia ex hacienda, en

Mocochá, Conkal y Mérida. Hay primaria,

kinder, INEA. Hay dos chimeneas y dos casas

de máquina, pues en una estalló la caldera y

la otra se construyó en 1927. También dicen

114

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

que había un hotelito de de madera para recibir

a visitantes. Fue comprada por el Banco y

Nacional Financiera.

14. SAN ANTONIO XCUCUL, MÉRIDA

Al norte de la ciudad de Mérida, en plena

zona residencial, se ubica la ex hacienda de

Xcucul. Ha sido ampliamente restaurada con

fines turísticos y se ha convertido en centro de

reuniones, eventos y fiestas privadas. Según se

informa se realizan al mes en este lugar unos

diez eventos.

Xcucul poseía en 1923 una superficie de

438 Has., pero en 1945, por la Reforma Agraria ,

se reduce a 125 Has. En 1962 fue dividida

en tablajes quedándole 41 Has., para luego

reducirse a 3 Has. en 1963. Colinda al norte

con los terrenos de Copó; al oriente se ubica

la finca Cinta; al sur el colegio Chapingo de

Agricultura y al poniente la finca Buenavista.

Sus propietarios han sido los siguientes:

En 1931 Alonso G. Cantón; en 1945 Fernando

Gutiérrez Solís; en 1953 Banco del Sureste; en

1957 Francisco Gutiérrez Solís; en 1963, ya con

3 Has., Xcucul se convierte en propiedad de

la Sra. María Luisa Barthel de Rubio; en 1967

pasa a manos del Banco de Campeche, pero dos

años después es adquirida por Luisa Barthel

Escudero de Rubio. En 1977 la propiedad se

otorga a Rodrigo, José Luis, Miguel, María

Luisa y Erick Luis Rubio Barthell.

15. SAN JUAN KOOP, MUXUPIP

115

Pedro Echeverría V.

San Juan Koop es una ex hacienda que

pertenece al municipio de Muxupip y se puede

llegar a ella recorriendo los 7 kilómetros que

la separan del poblado de Tixkokob o por los 9

distantes de Motul. Es una hacienda cuyo casco

ocupa una amplia extensión con dos plazas

circundadas por viejas casas construidas para

sus acasillados.

Muxupip, a unos 30 kilómetros de la

ciudad de Mérida y con unos 2,500 habitantes,

limita al norte con la ciudad de Motul; al sur con

el pueblo de Cacalchén, al oriente con Motul

y al poniente con los municipios de Yaxkukul

y Tixkokob. Además de la ex hacienda de San

Juan koop, Muxupip posee otras localidades:

San José Cholul, San José Grande, Catzin,

Sac-Citán y la ex hacienda Ixim.

San Juan koop, que en 1917 fue

propiedad de Felipe G. Cantón, tiene al norte a

Muxupip; al oriente Dziná, San José Cholul y

a Euán; al sur las Ruinas de Aké y Kanichén,

y al poniente Humpicdziu y Sac-Citán.

Antes de 1917 poseía 2,474 Has., pero

ese año se rectificó su extensión y le quedó

1,723 Has. En 1925 se dividió en tablajes y se

redujo a 1,399 Has., pero en 1939 - al aplicarse

la Reforma Agraria cardenista- se quedó con

una propiedad de sólo 2 Has.

Después de don Felipe G. Cantón aparece

como propietaria la Sra. Martiniana Campos de

C. En 1944 pasa a nombre de Elba G. Cantón

Vda. de Ponce, en 1946 las escrituras indican

que su propietario es Alfonso Capetillo Cirerol.

116

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

En los últimos años aparecen como dueños

José Antonio Cabrera Patrón en 1989 y Ofelia

Canluni Briceño de Cabrera, en 1990.

San Juan Koop lleva 25 años sin

desfibrar henequén. La penca de henequén que

se cultiva se lleva a Muxupip a la desfibradora

del banco. Se cultiva además lechuga y tomate

en la tierra repartida en parcelas de 4 Has.

Hoy día cuenta con 180 habitantes y tiene

servicios de Kinder,Conafe y primaria. Festeja

anualmente a tres santos patronos: San Juan,

del 24 de junio; Santa Cruz, del 3 de mayo

y San Isidro, del 15 de mayo. La penca se la

llevan a Muxupip que es del banco. Se cultiva

lechuga, tomate, la tierra está repartida en

parcelas de 4 Has.

16. SUBINKANCAB, TIMUCUY

La ex hacienda Subinkancab, del municipio de

Timucuy, se encuentra a unos 25 kilómetros

al sureste de la ciudad de Mérida y tiene

actualmente unos 600 habitantes. Con base

en estudios publicados, Timucuy es uno de

los tres municipios más pobres de la entidad

y Subinkancab es una de las poblaciones

de donde proceden más «niños de la calle»

contabilizados en Mérida.

El pueblo de Timucuy, con aproximadamente

3,200 habitantes, limita al norte

con los municipios de Kanasín y Acancéh;

al sur con Tecóh; al oriente con Acancéh y

al poniente con Umán. Entre su municipio

están dos haciendas: Tekik y Subinkancab. Su

distancia de Mérida es de unos 30 kilómetros .

117

Pedro Echeverría V.

Subinkancab cuenta con una gran explanada

que le sirve de plaza principal. En 1916 su

propietaria era la Sra. Virginia Castillo Vda.

de Carrillo y poseía una extensión territorial

de 1,677 Has. Los límites son: al norte la

hacienda Tehuitz; al sur Timucuy, Tekik, San

Mateo y Canchakán; al oriente las haciendas

Tepich y Petectunich y al poniente Chimay y

Hunxectamán.

Al dejar de ser propietaria de la hacienda

la Sra. Virginia Castillo Vda. de Carrillo, en

1926 esta finca pasa a nombre de Julián

Carrillo Castillo; al siguiente año aparece como

propietario Álvaro Medina Ayora; pero en 1936,

adelantándose a la Reforma Agraria cardenista,

los terrenos de la hacienda son fraccionados y

pasan como titulares ese mismo año la Sra. Ma.

Luisa Carrillo de Medina y el Sr. Álvaro Medina

Ayora. En 1937 sólo aparece como propietaria

María Luisa Carrillo de Medina, pero en 1974

en el registro está Álvaro José Medina Peniche.

Por último en 1980, con sólo 5 Has. es vendida

a Cirilo Pech Can.

Hace 20 años, a raíz de la caída de la

producción henequera y de la quema de parte

de la desfibradora, dejó de raspar. Hoy el poco

henequén que se cosecha se transporta a la

vecina y cercana hacienda Tehuitz. La mayor

parte de sus habitantes mayores trabaja en

Mérida, pero cada 15 de abril se festeja con

gran entusiasmo al santo patrono Jesús de

Nazareth.

17. CHOCHÓH, TIXPÉHUAL

118

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

La ex hacienda Chochóh pertenece hoy al

municipio de Tixpéhual. Fue una de las

grandes haciendas del poderoso plutócrata y

gobernador del estado, Olegario Molina. En

1913 aparece con 6,455 Has. de terreno, pero

ya en 1929, cuando la revolución mexicana

venía afectando las grandes propiedades ese

gran latifundio aparece con una importante

reducción: se queda con 2,207 Has. Ese mismo

año Chochóh deja de pernecer a Nolo y pasa

al municipio de Tixpéhual.

Tixpéhual, con unos 5,000 habitantes,

se ubica a unos 17 kilómetros al oriente de

Mérida y en su municipio están las haciendas:

Techóh, Kilinch, Cucá, Sahé y Chochó, esta

última finca con unos 700 pobladores.

Chochóh está limitado por el norte por

Santa María Chí y los ejidos de Nolo. Al oriente

se ubican las Hdas. San Nicolás y San Marcos

Nolo, D. Rodríguez y Pantaleón Burgos; al

sur las Hdas. Oncán, Santo Navarrete y San

Antonio y al poniente las Hdas. Xcuyún, Chichí

y Techóh.

Se estableció una dest i ler ía de

experimentación comercial a cuyo frente

estuvo un notable químico francés, para

extraer alcohol del bagazo del henequén.

En 1922 Olegario Molina le vende o le

da como herencia a su hija y a su yerno R.

Suárez, pues aparecen ya como dueños; en

1942 Víctor M. Suárez Molina, el nieto de

Don Olegario, aparece ya como propietario;

en 1946 en el registro figura como propietaria

Ana María Eljure de Xacur y en 1978 Roberto

119

Pedro Echeverría V.

José Xacur Eljure.

Aunque la mayoría de la gente mayor

acude en busca de empleo a la ciudad de

Mérida, no de festejar a su santo patrono San

Francisco de Asis cada 4 de octubre. Hace por lo

menos 20 años que no se desfibra en Chochóh,

pero se ha instalado un corral para ganado

que rinde dividendos al Sr. Roberto Xacur, su

actual propietario. Está a 3 kilómetros de la

carretera Mérida-Tixkokob, después de cruzar

las desviaciones de Techoh y Oncán.

18. CUCÁ, TIXPÉHUAL

La ex hacienda Cucá se ubica dentro del

municipio de Tixpéhual, aunque en 1920

se registraba como parte del pueblo y ex

departamento de Tixkokob. En 1903 según

el Registro Público de la Propiedad posee

una extensión territorial de 1,858 Has., y

su propietaria es Aurora Casares de Guerra.

En 1920 la extensión del terreno se redujo

a 1,493 Has., y se puso a nombre de Rosa

Guerra de Escalante y de Rosa Fitzmaurice

Vda. de Guerra, por un lado, y de José Ma. y

Desideria Guerra, así como de Aurora Guerra

C. de Rendón.

En 1938 aparece como propietaria

Aurora Guerra de Rendón y en 1946, después

de que se rectifican medidas por la Reforma

Agraria quedando para la finca 300 Has. y de

que la hacienda pasa de Tixkokob a Tixpehual

la finca pasa a ser de Manuel Guerra Casares

y de Gustavo y Elia Heredia Escalante.

120

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

La ex hacienda Cucá tiene los siguientes

límites: al norte San Antonio de Peón y ejidos

de Tixkokob; al oriente San Antonio Peón y

Katanchel; al sur Ticopó y anexas y al poniente

las haciendas: Sahé, Boy-bec de Oncan,

vecinos de Tixpehual.

El actual propietario es Gustavo Heredia.

Sólo se siembran vástagos y el henequén se

lleva a la Ruinas de Aké para su desfibración. Se

dejó de raspar hace 10 años. La santa patrona

es la Virgen de Santana que se festeja el 26 de

julio. Se hace jaripeo. Está a seis kilómetros

de Tixpehual por camino malo. La mayoría

trabaja en Mérida. Hay escuela primaria y 5

casas para funcionarios de la hacienda.

19. GRANADA, MAXCANÚ

La ex hacienda Granada, me comenta

ampliamente el Profr. Juan Durán Castillo,

quien durante muchos años fue director de la

escuela primaria de aquella finca, pertenece

al municipio de Maxcanú; fue un centro de

población conocido como Tuchicaan («límite

del cielo») antes de la llegada de los españoles.

Apenas está a cuatro kilómetros del municipio

y a escasos cuatrocientos metros de la

carretera Mérida-Halachó-Campeche. Se ubica

al pie de la baja cerranía del rumbo. Maxcanú

(«el mono Canul»), ubicado a 53 kilómetros al

suroeste de Mérida, perteneció al partido de

Hunucmá, pero en 1900 adquirió el título de

121

Pedro Echeverría V.

Villa y cabecera del pueblo de Kopomá; aún

más, en 1914 adquirió la categoría de Ciudad,

aunque al poco tiempo la perdió. En 1935 se

le independizó Kopomá.

Durante el porfiriato, señala el profesor,

la Hda. Granada contaba con una estación de

ferrocarril, para ascenso y descenso de carga

y pasajeros de las importantes haciendas

integrantes de la red: Santa Rosa, Santo

Domingo, Kochol, San Fernando, Dzidzibachí,

Chunchucmil y Granada. Esta estación fue

suprimida en 1956 al crearse la vía ancha y

desviar la línea.

Granada tuvo una extensión de 2,500

hectáreas, pero en 1936 sufrió la afectación

cardenista que la redujo a 200 Has. En 1920

figuran como propietarios José Domínguez

Peón y Josefina García Fajardo de Domínguez,

pero a los dos años la hacienda cambió de

dueño al pasar a la familia Vales García. En

1936 además de los Vales García aparece ya

Castillo Vales; ocho años después Castillo

Vales y Monforte de Vales son los propietarios,

mismos que en 1956 le venden a los Vales

Loret de Mola. En 1960 la adquirió el gobierno

e instaló el Banco Agrario.

Hace más de 20 años que no se desfibra

henequén en Granada. Sus 346 habitantes

viven en condiciones de extrema pobreza con

lo poco que logran en Maxcanú y en Mérida.

Pero todos los años festejan a la Virgen de la

Concepción que es su santa patrona.

20. SAN ANTONIO OOL, MÉRIDA

122

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

La ex hacienda San Antonio Ool pertenece

al municipio de Mérida. Está ubicada hacia

el noroeste de la ciudad y a no más de 12

kilómetros del centro de la misma. A pesar

de ser parte de la ciudad el sitio se ve muy

abandonado porque hace ya más de 20 años

que no se desfibra henequén y sus habitantes

dependen económicamente, podría decirse que

de manera total, de lo que consiguen fuera de

esa pequeña población.

En cuanto a sus límites, San Antonio

Ool tiene al norte, segun planos de 1917, los

terrenos de Chun Oxil y, más allá, la Hda.

de San Ignacio; al sur la Hda. Concepción y

Chencú, así como el moderno anillo periférico;

al oriente la carretera de Progreso y la Hda.

Xcanatún y al poniente la Hda. Noc ac, Dzityá

y el pueblo de Cheumán, así como los terrenos

del municipio de Ucú.

Según trabajo de Alcocer Ávila y

Gamboa León, los edificios de San Antonio Ool

comenzaron a levantarse en 1892 y concluyó

su construcción ocho años después. El año

1909, el nombre de la hacienda, así como del

propietario, D. Manuel Casellas Rivas, están

labrados en la campana de lo que fue la capilla.

De Casellas la propiedad pasó a nombre de

Dña. Lía Palomeque de Ponce. En 1917 tenía

una extensión territorial de 855 Has. y su

propietario entonces era Fernando Palomeque

y Lía Peón.

Al iniciarse la década de los setenta la

propietaria es la Sra. Ana María Aguiar de

123

Pedro Echeverría V.

Peniche, quien la tuvo en propiedad casi veinte

años, hasta que se la vendió al Sr. Manuel

Loría Gamboa quien, según se ha dicho, trató

de levantar un internado secundaria de tipo

militar. Aunque aún no hay iglesia, festejan

cada 13 de junio a San Antonio de Padua

por ser el patrón de la población. El actual

propietario es Fernando Mantecón Rojo,

dedicado al negocio de la construcción.

21. POXILÁ, UMÁN

Poxilá fue una de las haciendas importantes

de Yucatán, por las dimensiones edificadas y

por la alta producción que llegó a registrar.

Pertenece al municipio de Umán y se ubica

a 6 kilómetros hacia el sur de ese municipio,

al costado de la carretera «corta», conocida

como «camino real», que va a la ciudad de

Campeche.

Umán es una de las poblaciones que

más ha crecido en las últimas décadas.

Según el censo de 1970 Umán registró 14,125

habitantes, diez años después subió a 17,278,

pero en 1990 se situó en 38,993 pobladores,

es decir, registró en esta última década un

crecimiento de 125%. Umán está ubicado a

17 kilómetros al sur de Mérida y la autopista

que une esos municipios forma parte de un

eje o corredor de empresas productivas y

comerciales.

Poxilá ha sufrido despoblamiento: en

el censo de 1900 la hacienda registraba 198

habitantes, 21 años después tenía 180 y en

124

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

1940 registró 145 habitantes. En la actualidad

Poxilá se ha mantenido en aproximadamente

150 personas, pero casi todos los trabajadores

laboran en Mérida o en Umán.

Según el Registro Público de la Propiedad

a principios de los años veinte del presente

siglo la hacienda Poxilá tenía una extensión de

3,284 Has., y los propietarios eran, en 1923,

Emilia Lara de Lara, así como Isabel y Juan

Lara y Lara. Cinco años después la hacienda

pasó a nombre de Flavia G. Cantón y de Juan

Lara y Lara. En 1935 se hicieron cargo de

ella, como propietarios, los señores Manuel

Martínez de Arredondo y Juan Lara.

En año 1937, cuando Lázaro Cárdenas

decretó la expropiación de las tierras para

convertirlas en ejido, figuraban ya como

propietarios de la hacienda los señores Juan

Lara y Lara y Alberto García Cantón. Diez años

después Poxilá cambió de dueños y pasó a

manos de Elda Margarita Layde de Ongay y Elia

Lara Zorrilla. En 1951 José Hernando Pérez y

Antonina Martínez de Pérez se convirtieron en

los nuevos propietarios.

Los últimos propietarios han sido: en

1953 Julio Laviada Cirerol y en 1989 Josefina

Heredia Gutiérrez de Laviada y Alejandro José

Patrón Laviada.

22. TEHUITZ, KANASÍN

La ex hacienda San Antonio Tehuitz está

situada a unos 7 kilómetros al oriente de su

cabecera municipal, Kanasín. Se encuentra en

el centro de varias haciendas de la región: al

125

Pedro Echeverría V.

norte se ubica San Pedro Nohpat y Teya; al sur

Subinkancab; al oriente Tepich y Petectunich

y al poniente el municipio de Kanasín y la ex

hacienda San Antonio Kaua.

Kanasín (que significa «leguminosa

de flores rojizas») se localiza en la región

metropolitana, es decir, desde hace unos

20 años es un municipio conurbado con la

ciudad de Mérida, sólo distante 7 kilómetros

en dirección sureste. En 1970 Kanasín contaba

con 6,280 habitantes, diez años después

registró 7,111 pobladores, pero en 1990 el

número de sus pobladores creció enormemente

pues reportó a 25,145 habitantes.

Según datos históricos recabados, en

1574 una señora llamada Benita Durán solicitó

un terreno para establecer una estancia de

ganado mayor. En 1600 esa Sra. Durán le

vendió la propiedad al Pbro. Andrés Rodríguez.

Después de casi tres siglos, en 1888 don Higinio

Castellanos introdujo henequén en la hacienda,

aunque esta planta se había extendido

ampliamente en el estado. A principios del

presente siglo aparece ya como dueño el Sr.

Álvaro Medina Ayora; pero en 1918 ha pasado

ya a nombre de quien fuera su esposa, la Sra.

María Luisa Carrillo de Medina; en ese periodo

se fundió con Santa Rita y le perteneció la Hda.

Ticimul. En 1920 las propiedades, que en 1922

tenían una extensión de 479 Has., pasaron

nuevamente a manos de Álvaro Medina Ayora

quien, en 1923, dividió la priopiedad entre sus

hijos: Virginia, María Luisa y Álvaro. En 1933

la hacienda perdió terrenos para dotar de ejidos

126

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

al pueblo de Kanasín.

En 1969 Álvaro Medina Carrillo, hijo de

Medina Ayora, cedió su tercera parte a José

Medina Peniche y al año siguiente este último

obtuvo las dos terceras partes de Virginia y

María Luisa. En 1972 se dividió la hacienda

en tres inmuebles: tablaje Santa Rita, tablaje

Virginia y finca San Antonio Tehuitz. En 1976

pasó a propiedad del Banrural Peninsular.

La hacienda Tehuitz, siguiendo a su

municipio, ha crecido rápidamente en cuanto

al número de sus pobladores: en 1900 tenía

apenas 54 habitantes, 21 años después registró

163 y en 1940 se contabilizó a 254 personas.

En 1987, según registro de estudiantes de la

FAUADY, tuvo 532 habitantes que año tras

año festejan a San Antonio Padua como santo

patrono.

23. PEBÁ, ABALÁ

La ex hacienda Pebá pertenece al municipio

de Abalá (que significa «ciruela de agua»).

Este municipio de apenas 5,000 habitantes

está ubicado a unos 40 kilómetros al sur de

Mérida por la carretera a Campeche vía Uxmal.

Abalá, además de contar con la hacienda Pebá,

es municipio de las importantes haciendas

coloniales: Uayalceh y Mukuiché, así como de

otras que llegaron a tener mucha presencia:

Cacao, Sihunchén y Temozón Sur. Yaxcopoíl

perteneció a Abalá a principios del presente

siglo.

La hacienda Pebá decreció en el presente

127

Pedro Echeverría V.

siglo en lo que a número de habitantes se refiere:

de acuerdo al censo de 1900 en la hacienda

vivían 243 personas, 21 años después 224 y

en 1940 se habían reducido a 158. De acuerdo

con las anotaciones del Registro Público de la

Propiedad, en el año de 1922 los propietarios

de Pebá eran Rafael, Carmen, Miguel y Adolfo

Rivero Trava; un año después los dueños son

Mercedes Rivero Rivas y Carmela Rivero Rivas

de Peón. En 1930, con ligeros cambios, vuelven

a aparecer los mismos dueños. En 1943 Pebá

pasa a nombre de Soledad Rendón de Goff.

Quince años después doña Soledad registra

como propietarios de la hacienda a sus hijos:

Carlos, Jorge y David Goff Rendón. A partir

de 1982 están inscritos Jorge y David Goff, y

un nieto: Ricardo Goff Rodríguez. Seis años

después los dueños son: Pamela Rodríguez de

Goff y Alejandro Goff Rodríguez.

24. TICOPÓ, ACANCÉH

La ex hacienda Ticopó está a 21 kilómetros

hacia el oriente de la ciudad de Mérida. Hasta

los años sesenta cuando aun no se construía

el desvío los automotores que circulaban por

la carretera Mérida-Chichén Itzá, se detenían

en la hacienda, o bajaban la velocidad de

su vehículo, para admirar el tendido de la

fibra, ver las chimeneas o mirar el proceso de

desfibración.

Ticopó es parte del municipio de Acancéh.

Este municipio está rodeado por decenas de ex

128

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

haciendas que hasta los sesenta desfibraban

millones de hojas de henequén y -con el

concurso del Banco Ejidal- proporcionaban

empleo a varios miles de ejidatarios. Acancéh,

según el censo de 1990, registró a 11,279

habitantes; veinte años antes sólo tenía

6,977.

Rodeando a Ticopó se pueden ubicar a las

siguientes ex haciendas: al norte las haciendas

Hubilá, Cucá y Katanchel; al sur se ubican

Canicab, Sacchich y el municipio de Acancéh;

al oriente San Bernardino y Holactún, y al

poniente Teya, San Pedro Nohpat y la ciudad

de Mérida.

Ticopó es y ha sido una finca con alta

población: en 1900 tenía 418 habitantes, 21

años después disminuyó a 342, pero en 1940

ya registraba a 522 pobladores. Desde aquel

año la población se ha conservado más o menos

en el mismo número, aunque la mayoría de sus

trabajadores se emplea en Mérida o haciendas

cercanas.

Su primer propietario fue Lorenzo Peón

en 1871. Este la dejó a su sobrino Francisco

Casasús Molina quien vivía en Veracruz. En

1929, según el Registro Público, el propietario

era Ricardo Molina Hubbe, pero ese año pasó

a manos de Teresa Molina de Casasús; en

1935 ya figuran como propietarios los señores

Joaquín y Francisco Casasús Molina. En 1945,

según habitantes del lugar, estalló la caldera y

puede decirse que se inició la decadencia. De

1977 a 1989 se encuentran registrados como

129

Pedro Echeverría V.

propietarios a Jorge Arcila Negroe y Gonzalo

Iván Arcila González.

En 1916 Ticopó tenía un territorio de

3,593 hectáreas, pero después del decreto

presidencial cardenista de 1937, que creó

los ejidos colectivos en beneficio de miles de

ejidatarios, aquella gran extensión en manos de

los Casasús Molina se redujo a 46 hectáreas .

Radican en Ticopó unas 500 personas y cada 8

de agosto y 8 de diciembre festejan a la Virgen

de la Concepción.

25. UAYALCEH, ABALÁ

Por lo que se sabe y se puede ver esta hacienda

fue quizá la más importante de Yucatán. Es

de origen colonial, estuvo catalogada entre las

de más alta producción, sus edificios fueron

imponentes y, además, a partir del sexenio

cardenista, funcionó como escuela rural para

formar profesores de primaria.

Pertenece al municipio de Abalá y se

puede llegar a esta hacienda por 4 rutas:

tomando la carretera que pasa por la ex

hacienda Sinhunchén; por la carretera Mérida-

Muna entrando por Abalá y pasando por

Mukuiché; saliendo por la calle 42 de Mérida

pasando por la Hda. Tekik , y por la malísima

carretera de 10 kilómetros que se inicia en la

Hda. Sotuta.

En 1653 se autorizaron las escrituras de

Uayalceh a nombre del Gral. Iñigo de Mendoza.

En 1678 Andrés de Mendoza, hijo del anterior,

compra la hacienda y un año después se

130

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

convirtió en Nuestra Señora de la Asunción de

Uayalceh. En 1753 la adquirió Alonso Peón con

450 Has., pero diez años después la hacienda

tenía en propiedad 10,000 Has., mismas que

se mantuvieron hasta 1935.

En 1911 Uayalceh registraba una

superficie de 9,152 Has. y estaba limitada hacia

el norte Stohil, Chanloc, Itzincab, Kamuchil y

Lepán; al sur Mukuiché; al oriente Xkanchakán

y al poniente Temozón y Tebacal. Uayalceh

quizá fue la hacienda más poblada. Según el

censo de población levantado en 1900 vivían

en la hacienda 778 personas, 21 años después

registró leve decrecimiento y se informó de 743

habitantes; en 1940 tenía 740 personas y en

los últimos años se ha mantenido más o menos

con el mismo número de pobladores.

En 1986 el casco de la hacienda

pertenecía a Alonso Peón Martínez. En

1993 el Banco de Crédito Rural Peninsular

compró la planta desfibradora que trabajaba

independiente al resto de la hacienda desde

1938. Lo ejidal tenía una extensión de 93,000

Has. y lo privado de 200 Has.

26. XKANCHAKÁN, TECOH

La ex hacienda Xkanchakán, ubicada dentro

del municipio de Tecoh, fue con Uayalceh de

las más importantes del estado de Yucatán.

Construida en la época colonial para funcionar

como hacienda ganadera, fue transformada en

el último tercio del XIX para ponerla al servicio

de la producción henequenera.

131

Pedro Echeverría V.

Tecoh es un municipio que, de acuerdo

al censo de 1990, posee 11,562 habitantes;

está a 28 kilómetros al sureste de la ciudad

de Mérida. Bajo su jurisdicción están las ex

haciendas: Oxtapacab, Itzincab, Sotuta, Lepán,

Santa Rita, Pixián, Sabacché, Chiquilá y

Xkanchakán; así como los pueblos Telchaquillo

y Mahzucil.

Xkanchakán al concluir el siglo XIX

sólo tenía 455 habitantes, sin embargo, 21

años después, registró un rápido crecimiento

de población hasta llegar a 710 personas y

para 1940 Xkanchakán había crecido a 763

habitantes. Esta hacienda, como puede verse,

era de las más pobladas de la entidad.

Xkanchakán está limitada al norte por

Lepán, Tecoh y Acanceh; al sur por Hunabchén

y la ciudad de Ticul; al oriente por Telchaquillo

y Pixyá; al poniente por Mucuyché y Abalá.

El ferrocarril Mérida-Ticul atravesaba por

las haciendas del rumbo, entre ellas por

Xkanchakán, para recoger las pacas de fibra de

henequén y llevarlas al puerto de Progreso.

En 1986 tenía 400 habitantes. Su

propietario era Fernando Solís Cámara y el

anterior dueño, su padre Vicente Solís León.

En aquel año el Banco Ejidal era el que se

encargaba de su administración. Su extensión

es de 18,459 Has.

27. DZINÁ, MOTUL

Dziná, hasta 1995, era un ex casco de hacienda

totalmente destruido; tres años después está

132

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

irreconocible por la enorme restauración y

reconstrucción que sufrieron sus edificios,

jardines y muros divisorios. Se puede llegar a

la ex hacienda Dziná por dos vías: desde Motul

a 4 kilómetros saliendo por la carretera que va

a Cacalchén, y desde Muxupip recorriendo 8

kilómetros.

La hacienda Dziná, perteneciente al

municipio de Motul, fue en 1917 de la sociedad

Villamor Sucres y tenía una superficie de 2,224

Has. Comenzó a ser abandonada en los años

treinta. Los censos de población realizados

en 1900, 1921 y 1940 muestran un rápido

abandono de esa finca que a fines del S.XIX

registraba 172 habitantes, en 1921 bajó a 165,

pero 19 años después se redujo drásticamente

a 71 pobladores.

En 1970 aproximadamente, la hacienda

fue abandonada por las cinco familias que

aún la habitaban y que laboraban en la planta

desfibradora y en los planteles cercanos que

también ese año fueron abandonados. A partir

de entonces los edificios de la ex hacienda se

deterioraron aceleradamente hasta que en

1995 pasó la finca de Álvaro Pacheco a José

Palomeque quien la restauró totalmente y la

convirtió en una bella casa de campo.

Motul es un municipio de grandes y

numerosas haciendas. En 1921 el municipio

registra: 1 ciudad, 4 pueblos, 1 colonia, 45

haciendas, 15 ranchos, 4 parajes y 1 quinta. En

el censo de 1940 aún destacan las siguientes

haciendas por el número de sus pobladores:

133

Pedro Echeverría V.

Sacapuc, Timul, Hilí, Dzununcán, Chacabal y

Kambul.

Dziná tiene como límites al norte las

fincas Te-haas, Santa Cruz, San José, Chemal

y Xibiltunchén; al sur Kancabchén, San José,

San Rafael y terrenos de Cholul; al oriente

terrenos de Huitzil, Dzemul, Chichimilá y

Cacalchén; al poniente terrenos de Luciana

Gutiérrez y terrenos de Felipe Cantón. La

carretera Motul-Cacalchén atraviesa los

terrenos de Dziná; al suroeste, a 8 kilómetros ,

se encuentra el pueblo de Muxupip.

28. CHUNCHUCMIL, MAXCANÚ

Esta ex hacienda pertenece al municipio de

Maxcanú y se ubica a 80 kilómetros de Mérida,

fue escogida por el gobernador Olegario Molina

para ser visitada en 1906 por el presidente

Porfirio Díaz. También a fines de los años

setenta, durante el gobierno de López Portillo,

su hermana Margarita estuvo a punto de

convertirla en centro turístico y de culminar

la construcción de una carretera que uniría a

Cunchucmil con el puerto de Celestún.

Para llegar a Chunchucmil, saliendo del

municipio de Maxcanú, se requiere pasar por

las ex haciendas: Granada, Santo Domingo,

Santa Rosa y Kochol; es la población final

en esa ruta de edificaciones que durante un

siglo estuvieron al servicio de la desfibración,

almacenado y administración de fibra de

henequén.

Maxcanú, cuyo nombre parece originarse

134

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

de un cacique de apellido Canul, es una de las

poblaciones interesantes de Yucatán. Según

censos de 1921 Maxcanú era una villa que tenía

bajo su jurisdicción a 2 pueblos, 22 haciendas,

5 ranchos, 2 estaciones de FF.CC. y 7 parajes;

contaba entonces con 8,807 habitantes.

Situada a 80 kilómetros de Mérida, la

hacienda fue fundada por Rafaél Peón Losa.

A principios de los ochenta fue propiedad de

Luis Gutiérrez Muñoz, Ramón Charles, Hugo

Expósitos y Margarita López Portillo. Querían

convertirla en parada turística conectada con

los puertos de Celestún y Yaxhá, pero fue

suspendido el proyecto. Posee actualmente

600 Has. (400 del ejido y 200 de la pequeña

propiedad). Cuenta con 1,300 habitantes. Se

desfibraba hasta el año de 1970 unas 300,000

hojas semanales.

Chunchucmil tuvo en 1915 a Sinkehuel

como anexa y poseía una extensión territorial

de 45,000 Has. En aquel año se dividió y se

formaron las fincas San Rafael, San Simón,

Sinkehuel, Tzalam y Venecia.

Según el registro público, en 1926 los

propietarios eran Rafael Peón Losa, María

Cristina Peón de Olilloud, Berta Peón de

Manero y Rafael Peón Orana. En 1928 aparecen

como dueños Cristina Peón y Bertha Peón, así

como Enrique Manero. En 1958 figuran Juan

Castillo, Socorro González de Castillo y María

Cristina Peón Arana; un año después éstos se

la venden a Manuel Villanueva y Fausta Leal de

V. En 1971 Ramón Charles Perles la adquiere

135

Pedro Echeverría V.

como propiedad y luego es dividida para formar

las fincas: Villa Fausta, Don Manuel, Villa

Pilar, Don Nicolás, Villa Beatriz, Don Luis y

Villa Leonor.

29. EKNACÁN, CUZAMÁ

Eknacán es una población atravesada por

la carretera que va de Acanceh a Cuzamá.

Pertenece a este último municipio y lo más

notable de la población es la iglesia neogótica

que la domina. Hasta 1916 contaba con una

extensión territorial de 2,227 Has., mismas que

fueron convertidas en ejidos colectivos en 1937

durante la administración cardenista.

Cuzamá (que significa «agua de

golondrinas») se encuentra a unos 45

kilómetros en dirección sureste de Mérida.

Cuzamá, hoy municipio libre con poco más

de 3,000 habitantes, perteneció hasta 1846 al

municipio de Homún. Dentro de su jurisdicción

están Eknacán, Nohchakán, Chunkanán y

Yaxkucul.

Con las anexas: Dzitná, Cubá y Chan

y siendo propietaria la Sra. Luisa Hubbe de

Molina, Eknacán tuvo en 1908 una extensión

de 3,895 Has. Su ubicación geográfica era:

al norte, la Hda. Chanyabucú de Casares

Escudero y la Hda. Bacoc de Leopoldo Molina;

al sur, Bolompich de José María Espinosa,

Nohyabucú de Liborio Cervera; al oriente,

la finca Tohbichén de José Valladares y los

136

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

ejidos de Cuzamá; y al poniente, Santa Rita

Acambalam de Pedro Peón y socios y la finca

Zuu de Eusebio Acevedo.

Sus propietarios fueron: Luisa Hubbe de

Molina en 1916, pero a partir de 1949 aparecen

como dueños los Sres. Dolores Fitzmaurice de

Molina, Luisa Álvarez de Molina, Ermilo Rafael

Molina, Berta Molina de Castilla, Margarita

Llovera de Molina, María Luisa, Armando y

Ernesto Molina García. En 1956 se registró a

casi los mismos propietarios; en 1961 repiten

los Molina García y en 1989 aparecen Ernesto

Molina García, Eduardo Miguel y Gerardo

Molina Llovera, Amira Álvarez de Molina, etc.

30. OXTAPACAB, TECOH

La ex hacienda Oxtapacab pertenece a la

población de Tecoh. Se ubica en el centro de

un núcleo de poblaciones que también fueron

haciendas hasta hace 30 años. Al norte está

el pueblo de Timucuy y las ex haciendas

Subinkancab, y Tehuitz; al sur están Lepán

y Xkanchakán; al oriente se ubican Eknakán

y Nohchakán y al suroeste Izincab, Sotuta y

Uayalceh.

Tecoh es un municipio ubicado a

unos 30 kilómetros al sureste de Mérida.

Además de Oxtapacab, entre su jurisdicción

están otras ex haciendas: Izincab, Sotuta,

Lepán, Xkanchakán, Santa Rita, Mahzucil,

Pixián, Sabacché, Chiquilá y el pueblo de

Telchaquillo. En 1980, según el censo, tenía

8,888 habitantes.

137

Pedro Echeverría V.

Construida en 1887. Los primeros

dueños fueron los Hnos. Berzunza. Quedó

como propietario Hernán Berzunza. le siguió

Consuelo Gutiérrez de Berzunza (1952-76),

quien antes de morir se la dejó a su sobrino

Eduardo Gutiérrez Espinosa (1976-80).

La hacienda Oxtapacab, en cuanto al

número de sus habitantes, fue una hacienda

media que poco a poco fue despoblándose.

En 1900 registró 244 habitantes; veintiún

años después el censo de población informó

que tenía 246, pero en 1940 Oxtapacab sólo

registró 152 habitantes.

En 1980 pasó a manos de Jesús Rivero

quien tres años después se la vendió al Arqto.

Jorge Martell. Actualmente está a nombre de

María Eugenia Delbouis de Martell. Tiene una

extensión de 198 Has. y aún se dedica a la

producción y maquila de henequén. Raspa 30

mil hojas diarias.

31. SANTA MARÍA ACÚ, HALACHÓ

Situada a 13 kilómetros al poniente de Halachó,

su municipio. Según el Sr. Edgar Lizama -quien

durante muchos años fue profesor del lugarsus

fundadores fueron José García Morales y

la Sra. Sofía Fajardo. Actualmente pertenece

a un norteamericano, Erick Noren, quien se la

compró en 1971 a Álvaro Cámara Peón.

Santa María Acú contaba en 1916 con

5358 Has. Estuvo limitada por el norte por

Kochol y Dzidzibachí; por el sur: Sihó, San

Nicolás y Komchén; por el oriente lo ejidos

138

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

de Cepeda; por el poniente: San Mateo y

Tankuché y por el sureste: San Diego, Cepeda

y Halachó.

Halachó, que significa «carrizo de los

ratones», está a 78 kilómetros al suroeste de

Mérida y es la última población de Yucatán en

la carretera Mérida-Campeche, vía «carretera

corta» o ruta del «camino real». En 1921, según

el censo de población, tenía la categoría de

«Villa» y contaba con 8,520 habitantes. Bajo

su jurisdicción tenía a dos pueblos (Cepeda

y Cucholoch) y cinco haciendas (Dzidzibaché,

Dzidzilché, Kankabchén, San Antonio Sihó y

Santa María Acú).

Entre los propietarios de Santa María

Acú están registrados: en 1916 Sofía Fajardo

de García y Ana García de Fernández. Tres

años después José García Fajardo, así como

los hijos de Ofelia García de Fajardo: Genovevo,

Celia, Ana, Elvira, Margarita, Lucy y Carlos

Fernández García. En 1921 Arturo Zavala

Castillo y los hijos de Fernández García. En

1925 sigue la misma familia.

A partir de 1932 aparecen ya otros

apellidos: los hermanos Vales Millet y Alberto

Vales Millet. En 1933 siguen los Vales Millet

pero aparece Víctor Vales Guerra. En 1936 la

propietaria es María Vales Vda. de Casares.

En 1943 desaparecen los Vales y se registra

como propietario Álvaro Vallado García. En

1967 compra la hacienda Fernando Uribe Pérez

quien, dos años después se la vende a José

Enrique Millet Espinosa; en 1972 la adquiere

Arturo Novelo Colomé, pero en 1981 se la vende

139

Pedro Echeverría V.

a Karl Erick Noren Erickson.

32. XCUMYÁ, MÉRIDA

Xcumyá es una ex hacienda situada a unos 19

kilómetros al norte de Mérida, desviándose en

el kilómetro 15 de la carretera que va hacia el

puerto de Progreso. En su tiempo fue una de

las 70 haciendas que circundaban a la ciudad

capital y que durante la dictadura porfirista

representaban un símbolo de progreso y de

admiración para visitantes.

En 1900 Xcumyá tenía 183 habitantes

y mantuvo un lento crecimiento poblacional,

pues en los 40 años siguientes sólo registró a

37 personas más. Mientras Xcumyá produjo

henequén, mantuvo un permanente crecimiento

poblacional; a partir de los setenta,

cuando la producción se vino abajo, el número

de sus pobladores se mantuvo estable, aunque

se han visto obligados a buscar trabajo en la

ciudad.

En 1872, según planos de Archivo

Histórico del Estado de Yucatán, Xcumyá tenía

una extensión territorial de 9,194 hectáreas y

el propietrio era el Lic. Miguel Carvajal; muchos

años después aparece ya como propietaria la

Sra. Concepción Carvajal, pero la extensión se

ha reducido a 618 Has.

Los límites de Xcumyá eran: al norte:

San Diego y Misnebalam; al sur: Dzibichaltún

y Sacnicté; al oriente: Sacnicté (antes de 1872

Santa Úrsula) y al poniente: Dzibichaltún.

140

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

33. PETECTUNICH, ACANCÉH

Petectunich, que en maya significa piedra lisa,

es una ex hacienda situada a 20 kilómetros

hacia el sureste de Mérida; Petectunich es

atravesada por la carretera que va de aquella

capital al municipio de Acancéh, pasando antes

por la población de Kanasín y por las haciendas

Tehuitz y Tepich. En medio de la hacienda

pasaban -sin detenerse a recoger pasaje- dos

trenes: el que iba a Peto y el que se dirigía a

Sotuta; pero al regresar recogían vagones de

carga llenos con pacas de fibra de henequén.

En 1912, cuando la hacienda poseía una

extensión de 2,293 hectáreas , los propietarios

fueron Manuel Cirerol y sus hermanos; sin

embargo un año después aquella extensión,

inexplicablemente, se redujo a 605 Has.

Los siguientes propietarios fueron: en 1916

Sebastiana Sansores Vda. de Cirerol; en

1922 aparecen como dueños Manuel Cirerol

y Amada Villamil de Cirerol; un año después

aquella propiedad pasa a nombre de Manuel

y Arturo Cirerol.

En 1933 Petectunich pasó a manos de

los Hnos. Delfín y Quintín Canto Lara. En 1950

estos la vendieron a Enrique Canto Barbachano.

A mediados de los ochenta la ex hacienda tenía

unos 400 habitantes y el dueño de lo que

quedaba del casco era Fernando Barbachano

Gómez Rul quien, según algunos habitantes

de Petectunich, quizo sembrar sábila pero por

141

Pedro Echeverría V.

falta de riego el proyecto fracasó.

34. YAXCOPOÍL, UMÁN

Cuando se viaja por la carretera Mérida-

Uxmal-Campeche, aproximadamente por el

kilómetro 30, después de cruzar por la villa

de Umán y por la hacienda Xtepen, se puede

ver al frente una de las haciendas coloniales

más importantes de la entidad: Yaxcopoíl o

«lugar de álamos verdes».Yaxcopoíl perteneció

al municipio de Abalá hasta los años treinta,

pero desde hace más de seis décadas es parte

de Umán. Según algunas fuentes históricas,

fue fundada en 1600 como un sitio agroganadero,

pero a mediados del siglo pasado,

cuando en 1864 el Sr. Donaciano García Rejón

se convirtió en su propietario, la hacienda

comenzó a transformarse para adecuarla a la

producción henequenera.

La villa de Umán, según el censo de 1921,

tenía en su jurisdicción a un pueblo (Bolón), a

20 haciendas (entre las más pobladas estaban:

Oxcum, Dzibikak, Tebec, Hotzuc, Xteppen y

Ticimul), además de parajes y ranchos. En

1940 Yaxcopoíl, que años antes pertenecía al

municipio de Abalá, aparece como la hacienda

más poblada de Umán, seguida por Dzibikak,

Tebec, Hotzuc, Xteppen y Ticimul.

Yaxcopoíl registró un decrecimiento

rápido en su población: en 1900, en pleno

régimen porfiriano, contó con 775 habitantes;

después del triunfo revolucionario, de acuerdo

al censo de 1921, Yaxcopoíl sólo cuenta con

142

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

536 pobladores; en 1940, al concluir la Reforma

Agraria cardenista, el número de personas se

redujo a 418.

Hasta hace algunos años laboraban

en Mérida, como albañiles, cargadores o

sirvientas, la mayoría de sus pobladores en

edad de trabajar. La propiedad de la hacienda

se trasmitió por herencia familiar hasta llegar a

la familia Cervera Cámara y a la administración

que está a cargo de Miguel Faller Cervera. Los

pobladores festejan en abril de cada año al

santo patrono que es San Jerónimo.

35. SAN ANTONIO MILLET, TIXKOKOB

San Antonio, apellidado antes como Peón,

hoy como Millet, fue una de las haciendas

más importantes de Tixkokob; además, la

arquitectura acastillada de sus edificios la

hace muy notable. Destacó entre las otras

haciendas del municipio y de otras poblaciones

vecinas. En 1916 tuvo una extensión de

1,680 Has., en 1925 se redujo a 1,566, pero

después de la Reforma Agraria cardenista que

benefició a miles de campesinos, la extensión

que beneficiaba a la dueña de San Antonio se

redujo a 252 Has.

En la jurisdicción municipal de Tixkokob,

situada a 25 kilómeros de Mérida en la región

centro-norte del estado y con más de 15 mil

habitantes, quedan comprendidas cuatro

localidades con más de 500 habitantes: Ekmul,

Euán, Nolo y Ruinas de Aké. Otras con menos

población son las haciendas: San Antonio,

Chacil, Kunkabchén, Santa Cruz, Katanchel

y Hubilá.

143

Pedro Echeverría V.

El primer dueño de San Antonio fue

Álvaro Peón de Regil, quien al morir en 1919

se la dejó a Dña. Candita Peón; esta señora

le encargó la administración de la misma

al Sr. Humberto Aranda. En 1950, después

de tenerla en propiedad más de 30 años, la

Sra. Peón trasladó el dominio al Sr. Rafael

Delgado Falcón quien a los pocos meses se

la vendió a Juan y Oswaldo Millet Rendón.

En 1955 además de Oswaldo, aparece como

propietario el Sr. Alonso Millet Cámara, quien

ocho años después trasladaría sus derechos

a su hermana Eugenia Millet Cámara. En

1980 la hacienda pasa a otro dueño: Gerardo

Millet Palomeque y desde 1996 figura como

propietario el Sr. Eduardo Bosco Calderón

Muñoz. En sus buenos tiempos se desfibraba

100,000 hojas al día.

36. TECHOH, TIXPEHUAL

La ex hacienda Techoh, ubicada a unos

seis kilómetros al oriente de la ciudad de

Mérida, por la carretera que va a Tixkokob,

originalmente no fue una hacienda importante.

En el censo de población de 1900 no aparece;

21 años después -cuando Tixpehual aún

es dependiente del municipio de Tixkokob-

Techoh registra 92 personas. En 1940 Techoh

contaba con 128 habitantes, pero pertenece

ya a Tixpehual que ha logrado ser municipio

libre.

Tixpehual, situada a 17 kilómetros al oriente

de la ciudad de Mérida y con una población

144

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

actual de unos 5,000 habitantes, al liberarse

de Tixkokob en los años treinta, se quedó con

las haciendas: Chochoh, Kilinché, Miraflores,

Cucá y Sahé.

La ex hacienda Techoh tiene al norte

terrenos de Chichí y Chochoh, así como a

Sitpach y a Cholul; hacia el sur a San Pedro

Nohpat, Teya y Kanasín; por el oriente a

Chochoh, Oncán y Tixpehual y hacia el

poniente a la ciudad de Mérida.

37. KOCHOL, MAXCANÚ

La ex hacienda Kochol forma parte de las

fincas importantes del municipio de Maxcanú.

Según el Registro Público en 1913 tenía una

superficie de 4.265 Has. Está limitada al norte

por Chunchucmil; al sur por las haciendas Ucú

y Dzidzibaché; al oriente por Santo Domingo y

al poniente por San Mateo.

En 1913 los propietarios de Kochol eran:

Emilia Lara de L., Felipe Lara y familia, Felipe

Lara Bolio y Alfonso Lara Bolio. Cinco años

después la propiedad ha quedado en manos de

Felipe A. Lara. En 1926 la única dueña es la

Sra. Mercedes Lara de O’Horán que, al parecer,

la divide en 1937 para evitar la afectación de

la Reforma Agraria cardenista; ese años la

propiedad aparece a nombre de Jorge Lara

Ferrer, Alfonso Lara Bolio, Mercedes Lara de

O’Horán, Carlos R. Rosado Sales y Esther

Ferrer Vda. de Aldana.

En 1943 se confirman a algunos de los

propietarios encabezados por Mercedes Lara

145

Pedro Echeverría V.

de O’Horán y tres años después la propiedad

se ha escriturado a favor de Mercedes Lara y

de Carlos René Rosado Sales. Habitada por

1000 personas su propietaria en los ochenta

es Lía O’Horán quien la heredó de su padre el

Sr. Eraclio O’Horán.

38. SANTA ROSA, MAXCANÚ

Situada a 61 kilómetros de Mérida, la ex

hacienda Santa Rosa de Lima pertenece al

municipio de Maxcanú. Entre las haciendas

ubicadas dentro del territorio de este municipio,

siguiendo al poniente una misma ruta, se

puede ennumerar a Granada, Santa Rosa,

Santo Domingo, Kochol y Chunchucmil.

Santa Rosa sufrió en los primeros

años del presente siglo un proceso de baja

en su población. En 1900, según censo de

aquel periodo de auge porfiriano, tenía 319

habitantes; en 1921, después de la Revolución

y del régimen de Alvarado, la hacienda registró

a 269 personas y en 1940, al concluir el

cardenismo, contaba con 279 pobladores.

En 1936, según puede verse en el Registro

Público, los propietarios eran Josefina García

Vda. de Domínguez, así como de los hermanos

José, Alfonso, Esther, Fernando, Enrique, Luis,

Arturo y Ernestina Vales García; pero también

de Carmen Vales de Bolio, de Esperanza Vales

de Castillo y de Matilde Morales. En 1953

la propiedad pasó nuevamente a nombre de

Josefina García Fajardo Vda. de Domínguez y

de Alfonso Vales García. Al siguiente año Santa

146

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

Rosa estaba escriturada a favor de Enrique

Vales García y Josefina García Fajardo.

Al convertir en ejidos las dos terceras

partes de la gran propiedad de la hacienda, el

casco sólo se quedó con una extensión de 280

Has., pero en 1956 se habían reducido estas

a sólo 157 Has.

Antes que en 1960 dejara de funcionar,

en Santa Rosa se desfibraban 100,000

hojas diarias. El propietario actual es el Sr.

Enrique Vales Monforte. Los habitantes son

aproximadamente 580 y la mayoría trabaja en

Maxcanú, Mérida y en algo que se logra en la

misma hacienda. Festejan anualmente a su

santa patrona que es Santa Rosda de Lima.

39. SANTO DOMINGO, MAXCANÚ

Situada a 70 kilómetros de Mérida, la ex

hacienda Santo Domingo tiene actualmente

unos 1000 habitantes. Fue en 1967, a raíz

del inicio del derrumbe de la producción

henequenera en la entidad, cuando las

máquinas dejaron de desfibrar las 300,000

hojas semanales. Las haciendas de esta ruta:

Granada, Santa Rosa, Santo Domingo, Kochol

y Chunchucmil, no son coloniales, surgieron

en el último tercio del siglo pasado junto con

la producción henequenera. No se han logrado

datos en el Registro Público ni en el Archivo

del estado, pero se asegura que sus primeros

propietarios fueron Avelino Montes y su suegro

Olegario Molina.

La hacienda Santo Domingo se mantuvo

147

Pedro Echeverría V.

más o menos estable, en cuanto a su población,

durante los primeros cuarenta años del presente

siglo. En 1900 registró 330 habitantes, 21 años

después se informó que contaba con 374 y en

1940 tuvo 366 pobladores. (Registro público

no hay)

40. SAN IGNACIO, PROGRESO

San Ignacio fue una importante hacienda

henequenera porque además de pertenecer

al municipio de Progreso -el único puerto

de exportación- siempre funcionó como el

principal paradero del ferrocarril y de la

carretera entre Mérida y aquel puerto apenas

distante 36 kilómetros de la capital yucateca.

San Ignacio fue la única hacienda que, junto

con Chikxulub, Chelem y Chuburná, perteneció

al municipio de Progreso.

El puerto de Progreso, fundado en 1875

para ponerlo al servicio de la exportación

comercial del henequén y de los poderosos

propietarios de las haciendas, fue durante

décadas la segunda ciudad de la entidad, tanto

por su peso económico y como por el número

de sus habitantes. Es el puerto más cercano

a Mérida y el único con categoría de ciudad.

En 1970 registró 21,352 habitantes, diez años

después llegó a 30,183 y en 1990 obtuvo la

cifra de 37,806 pobladores.

San Ignacio registró en el censo

de población de 1900 la cantidad de 431

habitantes, pero 21 años después se redujo

ese número a casi la mitad, pues decreció a

sólo 245. En el censo de 1940 ya San Ignacio

148

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

está derrumbándose como hacienda pues

sólo le quedan 187 habitantes. El puerto de

Progreso acusa de 1921 a 1940 un crecimiento

de población que va de 9,912 a 11,990.

San Ignacio tiene como límites: al norte

planteles de Progreso; al sur planteles de

Tamanché y Dzidzilché; al poniente planteles

de Dzidzilché y al oriente la carretera Mérida-

Progreso

San Ignacio fue erigida como hacienda

por Alonso Regil Peón en la década de los

sesenta del S. XIX; después de construirla

este señor se la vendió a Antonio Bolio que

entonces era propietario de la Hda. Tamanché

y que al morir se la dejó como herencia a su

hijo Gustavo Bolio. Al triunfar la Revolución

Bolio se la vendió a Lidia Noemí Novelo y sus

herederos, entre ellos don Miguel Navarrete.

149

Pedro Echeverría V.

150

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

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Pedro Echeverría V.

152

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

153

Pedro Echeverría V.

IMÁGENES

Cortador de hojas de henequén.

Archivo Guerra

Mano de obra infantil, ayudando en las obras de recolección

y transporte del henequén.

H. Suaste

Corte de hojas y formación de rollo de henequén en un

plantel de la hacienda Ticopó.

H. Suaste.

Plataforma de rieles Decauville, trayendo rollos de

pencas para desfibrar. Hacienda Yaxcopoil.

H. Suaste.

El elevador en operación. Al fondo el tren de raspa.

Trabajador depositando rollos de pencas en elevador.

H. Suaste

Interior de la casa de máquinas mostrando el tren

de raspa, en un día normal de trabajo. En la foto se

observan los distintos tipos de trabajadores.

Archivo Guerra.

Motor Diesel en operación, conectado al eje principal

que mueve todas las máquinas en la hacienda Yaxcopoil.

H. Suaste

Prensa para formar las «pacas» de henequén en la hacienda

Xcanchacán.

H. Suaste

Vista general del proceso de desfibrado. En primer plano

un trabajador recibiendo el producto de desfibrado y formando

los cadebos de sosquil en la hacienda Ticopó.

H. Suaste

Tendederos de sosquil, fibra de henequén expuesta al

sol para su secado.

Tendedero de sosquil con los trabajadores iniciando su

recolección en la hacienda Yaxcopoil.

H. Suaste

Trabajador transportando la fibra seca (sosquil) del tendedero

a la bodega de la hacienda Tepich Carrillo.

H. Suaste

Sosquil seco llevándose del tendedero a la bodega en la

hacienda Xcanchacán.

H. Suaste

Operadores conduciendo las pacas a la bodega.

H. Suaste

Foto histórica donde se aprecia una bodega de pacas a

principio del siglo XX.

Archivo Guerra

Acceso principal al casco de la hacienda Oxtapacab, las

puertas giratorias impedían el escape del ganado.

Nuevo acceso al casco de la hacienda Eknakan, construido

en época porfiriana.

Arco de acceso de la hacienda Mucuyché, de medio punto

con ornamento superior similar al que se utilizó en la casa

principal de la hacienda, lo que proporciona unidad y armonía

en el conjunto original.

Archivo Depto. Audiovisual Fac. Arq. UADY

Arco de acceso a la explanada anterior de la casa principal

de la hacienda Dziná.

Arco de acceso al corral principal, hacienda Xcunyá.

Articulación volumétrica

entre la

casa de máquinas

(izquierda), y casa

principal (dere-cha)

hacienda Santa María

Acú.

Nuevo acceso al casco de la hacienda, construido en época

porfiriana, hacienda Eknakán.

Vista general de

la plaza desde

la arcada de la

casa de máquinas,

hacienda

Uayalceh.

Casa principal, hacienda Cheché de la torres, Temax.

Panorámica de la casa

de máquinas desde el

comedor de la casa principal

de la

hacienda Santa Rosa.

Vista de conjunto de la

casa de máquinas de la

hacienda San Antonio

Millet.

Pórtico central de la casa principal, hacienda Santa María

Acú.

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OBRA ESCRITA DEL AUTOR

LIBROS

1. Socialismo y partidos políticos en

México. CCH-UNAM. 1978, México.

2. Los cordeleros 1933-1983. Sindicato

de Cordeleros de Yucatán y Universidad

de Yucatán. Dos ediciones: 1981 y

1983.

3. La política en Yucatán en el siglo

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4. La Universidad de Yucatán

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6. ¡Nos llevó el tren! Los ferrocarrileros

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Yucatán de la UADY , 1999, Yucatán.

7. Poder y prensa en Yucatán (1982-

1995)Tesis de doctorado (inédita)

ENSAYOS DE COLABORACIÓN EN

LIBROS

1. En el libro Arquitectura de las

haciendas henequenera. UADY-Escala

Colombia, 1995.

2. Antología Yucatán en el siglo XX.

FCAUADY, 1990.

3. El azar y la memoria.APAUADY,

1993.

4. Procesos territoriales de Yucatán.

APAUADY, 1995.

5. Arquitectura y urbanismo virreinal.

FAUADY, 2000.

FOLLETOS

1. Notas de filosofía e historia. Edición

de alumnos del CCH-UNAM, 1979.

2. El papa en Yucatán. Ediciones

Autogestión, 1992.

3. Los partidos políticos: lo que dicen y

lo que hacen. Ediciones Autogestión,

1992.

4. Breves reflexiones sobre arquitec-tura.

Facultad de Arquitectura de la UADY ,

1995.

5. Reflexiones, investigación y redacción.

Facultad de Arquitectura de la UADY ,

1996.

6. Los albañiles y la industria de la

construcción. Facultad de Arquitectura

de la UADY , 1997.

7. Breve cronología política del siglo

XX (Yucatán y México) Ediciones

Autogestión, 1997.

8. Movimiento Estudiantil de 1968. ¿Qué

pasó en Yucatán? ¿Cómo lo interpretó la

prensa? Ediciones Autogestión, 1998.

9. El gobierno de Loret y el asesinato

del «charras». ¿Cómo pudo el gobernador

controlar a la prensa? Ediciones

Autogestión, 1999.

10. Folleto de la UADY que contiene mi

ensayo sobre la Universidad premiado

por la misma UADY.

REVISTAS

1. Revista Latina (digital)

2. Revista Rebelión (digital)

3. Revista El Reto de Ciudad Juárez,

Chihuahua (2001-2004)

4. Revista Recreo: UPN, 1996. (dos

artículos)

ARTICULOS EN PERIÓDICOS

En Excelsior (DF) (1977), Unomásuno

(DF) (1984), Diario de Yucatán (1985-

1995), Por Esto! (1992), El ancieroección

sureste (1996), El Mundo al Día (2000-

2003), Tribuna de Campeche (2004),

Trabajadores Organo central del Partido

del Trabajo (DF)(2000-2004), Machetearte

(DF) (2003-2004)

184

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

185

Pedro Echeverría V.

ÍNDICE

Introducción................................................................ 9

CAPÍTULO I

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

1.1 La herencia española.............................................13

1.2 Las encomiendas...................................................16

1.3 Las estancias.........................................................19

1.4 Las haciendas maicero-ganaderas.........................20

CAPÍTULO II

SIGLO XIX

2.1 La primera mitad...................................................25

2.2 La Guerra de Castas..............................................30

2.3 Henequén y hacienda............................................36

CAPÍTULO III

EL PORFIRIATO EN YUCATÁN

3.1 Política y economía...............................................41

3.2 Henequén y hacienda............................................44

3.3 Condición de los trabajadores...............................55

CAPÍTULO IV

LA REVOLUCIÓN MEXICANA

4.1 Las interpretaciones de un heho............................59

4.2 La revolución en Yucatán......................................63

4.3 Los violentos veinte..............................................72

186

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

CAPÍTULO V

EL DECLIVE DE LAS HACIENDAS

5.1 Callismo y «Reforma Agraria» cardenista.......... 75

5.2 Disolución de «Henequeneros de Yucatán»........ 80

5.3 Abandono de las haciendas henequeneras.......... 83

5.4 Las cordelerías.................................................... 88

A manera de conclusión.................................... 93

Anexo

Cuarenta ex haciendas henequeras.................... 95

Imágenes............................................................153

Referencias bibliográficas.................................173

187

Pedro Echeverría V.

Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia

Esta edición consta de 1,000 ejemplares.

Páginas interiores impresas en papel

couché mate de 100 gr. y portada en

cartulina sulfatada de 14 pts .

Se terminó de imprimir en diciembre de 2005

en los talleres de IMPRESOS JORGERIK,

calle 40 No. 413 por 29 y 31

Colonia Jesús Carranza

Mérida, Yucatán. C.P. 97109

En su impresión participaron:

Jacobo Novelo Hernández

Pedro Casanova Paredes

David Dulá Salazar.

El cuidado de la edición estuvo a cargo de

Andrés Silva Piotrowsky.

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Las Haciendas Henequeneras a través de la Historia