La Reforma Universitaria

(Enrique Rivera)

Segunda Parte

La Reforma en el Perú

En muchos países latinoamericanos, donde los indígenas constituyen una gran proporción del pueblo, cuando no su mayoría, (8) nos encontramos ante dos estructuras económico-sociales distintas. Una de ellas, Ilamémosla el ámbito exportador importador, que ejerce oficialmente los destinos de la República, está constituida por la población blanca, de habla castellana, de cultura europea, de religión católica. La otra, está formada por los campesinos indios. Éstos se encuentran sometidos a la explotación feudal, producen y viven en condiciones primitivas; no poseen capacidad de venta ni de compra; carecen de derechos civiles y menos políticos; están analfabefizados Hablan, asimismo, su. idioma autóctono como en la época de los incas, chibchas, mayas, nahuatles y aztecas y conservan gran parte de sus tradiciones culturales, artísticas y religiosas prehispánicas, expresando con ello su resistencia a asimilarse a una civilización que sólo conocen a través de su opresor, el gamonal o hacendado aliados con el imperialismo. Esta nacionalidad-antigua, apartada del movimiento civilizado, existía como enquistada en la otra, sin que se hubiesen fundido, interpenetrado, denunciando de este modo la incompletud de nuestro desarrollo, nuestra frustración revolucionaria.
Al declinar la oleada revolucionaria mundial, que se tradujo en América Latina, según vimos, con la Reforma Universitaria, a los integrantes de ésta les quedaron dos caminos, en general: adherirse a la Revolución Rusa, tal como lo hicieron transitoriamente muchos reformistas; o, de lo contrario, adaptarse a la realidad económica y política de sus países, reduciéndose a mantener los principios pedagógicos de la Reforma.

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Pero en el Perú se daba la posibilidad de un tercer camino: ligar el movimiento nacional de la Reforma, nacido como consecuencia de trastornos capitalistas de proyección mundial, que se había desarrollado con medios ideológicos modernos, europeos o europeizantes, con aquella vieja civilización incaica que permanecía dormida. Este camino, realmente extraordinario, lo tomó Victor Raúl Haya de la Torre, el líder del movimiento reformista en el Perú. Aunque lógico y natural, hacía falta verdadera audacia revolucionaria para seguirlo, pues era impreciso y presentaba contradicciones que, lejos de esterilizarlo, se convirtieron en fuentes de la fecunda acción política e intelectual que desarrolló el aprismo. Así se pudo mantener en el Perú la bandera latinoamericana de la Reforma, expresándola en la consigna de la unidad de Indoamérica y, más aún, Ilevarla a sus consecuencias legítimas, formando un verdadero partido político indoamericano, el ya nombrado APRA.

La ideología del movimiento reformista

La juventud que hizo la Reforma requería ansiosamente una ideología que expresara el sentido histórico de su movimiento, y que fuese capaz de englobar sintéticamente sus aspiraciones. Esta ideología no existía, había que formarla. Reproduciendo un fenómeno usual en la historia de los países rezagados, ella tomó las formulaciones avanzadas del pensamiento europeo, vale decir, el marxismo, adquiriéndolo sobre todo a través del hálito renovador de la Revolución Rusa. No hay en esto nada de asombroso ni de equivoco, ni digno de prestarse a lamentaciones reaccionarias. El pensamiento burgués había caído en la postración y la decadencia. Al transformarse la burguesía, de clase revolucionaria hasta el siglo XIX en clase reaccionaria en sus postrimerías y en la actual centuria, había desmentido hasta la saciedad los principios que en otro tiempo le facilitaron la viabilidad histórica, mostrando su insuficiencia, y su vacío. Ya los sectores más combativos de las burguesías alemana e italiana, en pleno siglo XIX, habían combinado ideológicamente la República con aspiraciones socialistas, más o menos vagas, desteñidas, que tomaban del proletariado parisino. La intelligentsia rusa, en masa, se había volcado en las últimas décadas del siglo hacia el socialismo, en sus formas populista y marxista.
Por esta razón, queriendo hacer una revolución nacional-democrática, la juventud de 1918 mal podía recurrir a la ideología burguesa desprestigiada y caduca, sino que debía proveerse en el arsenal teórico y político del proletariado y dirigirse a él (Universidades Populares González Prada, en el Perú; Lastania, en Chile; Martí, en Cuba, etc., en que fraternizaron obreros y estudiantes). Esto que decimos confirma una ley más general y es que en nuestro tiempo las revoluciones nacionales se originan en la crisis del sisterna capitalista mundial y no en su ascenso, como en el pasado.
La juventud de 1918 se adscribió a las formulas marxistas confusamente, buscando a tientas el camino. Era la hora que vivía el mundo. Al empalmar con la generación del 900, que también había buscado apoyo en la ideología socialista (Ingenieros, Lugones, Palacios, Ugarte y otros), se acentuó en este rumbo. Pero aquí tropezamos con un hecho de transcendental importancia histórica. Mientras que los miembros más progresivos de ambas generaciones se adhieren, los primeros al socialismo prebélico y los segundos a la resurrección marxista que trajo la Revolución Rusa en sus primeros años, los partidos y corrientes socialistas y comunistas nativos los repelieron, por su ceguera frente al problerna nacional y frente a la Reforma Universitaria. Este tema merece una consideración más detenida.

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Los partidos Socialista y Comunista frente a la Reforma

Es conocida la actitud que tuvo el Partido Socialista de la Argentina, para tomar el más desarrollado y típico de América Latina, frente a la Reforma Universitaria. No sólo no vio nunca su contenido nacional, sino que inclusive Ilegó a proponer la subordinación de cada Facultad al Ministerio más afin y la disolución del Rectorado. Calificó desde el parlamento la adhesión del presidente Yrigoyen a la Reforma Universitaria y el proyecto de crear la Universidad del Litoral[9] como demagogia.
La actitud de Alfredo L. Palacios, miembro de la generación del 900 y hombre destacado en la Reforma, que desempeñó un prominente papel en su preparación previa en el Perú, donde estuvo en 1919, pareciera pero no es una excepción. Cuando advino la Reforma, estaba fuera del Partido Socialista, de donde se lo expulsara en 1915 por su tendencia nacionalista. Había fundado el Partido Socialista Argentino, que tras unos 88 mil votos en las elecciones de 1916, en que venció el radicalismo, se frustró. Y sólo reingresó a la vida parfidaria activa en 1931, producido ya el golpe septembrino, de trágicas proyecciones, aún no estudiadas ni discutidas debidamente, en la política entera del país, y que explica no sólo el reingreso de Palacios, sino también su abandono definitivo de toda tentativa concreta de constituir un socialismo nacional.
En cuanto al Partido Comunista, debemos diferenciar dos períodos. En los años iniciales, cuando la Revolución Rusa aún no había sido copada por la burocracia, adhirió al movimiento reformista, pero ignorando también su contenido nacional latinoamencano, considerándolo sólo en su aspecto social general. Para el Partido Comunista, el problema nacional, forma típica en que se expresa la revolución de los países retrasados, no existía. Poco más adelante, cuando ya estaban en el período del ultraizquierdismo a todo trapo, que precedió al ascenso de Hitler al poder (1929 a 1934), tildaron a la Reforma de "movimiento pequeñoburgués reaccionario". Sólo en 1935, cuando la URSS se alía con las potencias imperialistas, "democráticas" de Occidente ante el peligro del imperialismo alemán, se ocuparon de exaltar la Reforma ya vencida, pero sólo en su aspecto democrático formal.
Trataban así de ligar al estudiantado con los profesores amigos de Inglaterra, Francia y Estados Unidos y a través de ellos con los partidos que representaban la influencia de esos imperialismos dominantes en nuestro país. En fin, a toda esa política nefasta que se llamó del Frente Popular.
La ceguera de los socialistas y comunistas frente a la Reforma Universitaria fue parte de su ceguera total respecto a la cuestión nacional. Jamás, ni antes ni después de la Reforma, el Partido Socialista concibió siquiera la idea de que había un problema de unificación de los países al sur del Río Bravo. Incluso, dentro del mismo país, ignoraban el problema de la opresión imperialista y ponían en el primer plano la lucha contra todos los partidos y tendencias que encarnaban aspiraciones nacionales. El Partido Comunista, nacido como un desprendimiento de izquierda de aquél, Ilegó a comprender en algunos momentos que había una opresión imperialista, pero no por eso varió su política interna, pues su comprensión sólo nacía de las diferencias entre la burocracia del Kremlin y el imperialismo mundial. Cuando aquélla se aliaba con el sector "democrático" de éste, que es el dominante en nuestros países, ni se acordaban de esa opresión.

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La doctrina marxista y el problema nacional

Cual fue la causa histórica de esta ceguera? Residía acaso en la doctrina marxista? La respuesta es negativa. La socialdemocracia europea clásica no desconoció el problema nacional tal como se planteaba en el viejo continente. Las unificaciones nacionales de Alemania e Italia fueron apoyadas por ella, a pesar de que, por la cobardía de las respectivas burguesías, asumieran un carácter dinástico. En el imperio austro-húngaro, subsistente hasta 1918, siguió reconociendo la cuestión nacional, aunque le dio la formulación oportunista de una "autonomía cultural". Por su parte, la socialdemocracia rusa estudió profundamente el problema nacional y desarrolló incluso su teoría. Fue en gran parte debido a su estrategia acertada en este campo que obtuvo el triunfo de octubre de 1917 en el Imperio zarista. Abarcando el problema en toda su magnitud histórica, Lenin había Ilegado a predecir que el siglo XX vería surgir nuevos y grandes movimientos nacionales y nuevas naciones. No se equivocaba.
Y si nos referimos a los maestros del socialismo científico, a Marx y a Engels, vemos que ellos desarrollaron su doctrina y su vida política en una época en que los problemas nacionales estaban en plena ebullición en el Occidente europeo. Los vivía Alemania, su país natal, por cuya unificación bregaron, aún al realizarla el prusiano militarista Bismarck. Incluso apoyaron el movimiento nacional polaco dirigido por la nobleza. Lo mismo hicieron con el movimiento nacional de Italia, de Irlanda. En todas sus obras la cuestión nacional ocupa lugar preferente, al lado de la formulación de los principios teóricos generales del socialismo. Pero nuestros "socialistas" y "comunistas" nativos tomaron sólo estos últimos, olvidando por completo los primeros. Y así, en países históricamente retrasados, en los cuales la revolución se desarrolla por vías nacionales, sostuvieron idénticas formulas y consignas que en las naciones desarrolladas de Europa o en los Estados Unidos. Cuales son las causas que llevaron a esta deformación, de tan grandes consecuencias históricas? No es éste el lugar para exponerlas. Pero señalaremos, de modo muy general, que la subordinación económica de nuestros países determinó que las tendencias ideológicas y políticas en pugna reflejaran las grandes fuerzas mundiales. Así, el socialismo tradicional, tradujo con su ignorancia del problema nacional de América Latina, la presión del imperialismo dominante. Se ha dicho y es axiomático que quien desconoce el nacionalismo del país oprimido favorece el del opresor. Utilizando como cobertura ideológica el internacionalismo proletario mal entendido, el socialismo tradicional desempeñó precisamente esa función, buscando sistemáticamente oponer el movimiento político de la clase obrera al movimiento nacional. Esto lo Ilevó a su bancarrota al producirse la primera crisis seria del sistema capitalista mundial (guerra de 1914-1918), que planteó precisamente la "insubordinación" de los países coloniales y semicoloniales y la movilización de sus fuerzas interiores, la aparición del factor nacional. Desde entonces fue perdiendo su representatividad obrera, porque ya se puso en contradicción abierta con los intereses del proletariado, que le dictan la alianza con los demás sectores del movimiento nacional.
A su vez, el Partido Comunista, atado a la burocracia que hacia 1924 desplazó del poder político al proletariado ruso, se dedicó a traducir la política exterior de ese Estado, acondicionando su actuación a los vaivenes y conveniencias que a éste imponían las diversas coyunturas de la situación mundial. Por esta razón, no formuló su política de acuerdo con las necesidades propias de la clase obrera y del pueblo en cuyo seno actuaba.[10]
Por estas razones, vemos juntos al socialismo tradicional y al Partido Comunista en su incomprensión u hostilidad hacia la Reforma Universitaria, en su ofensiva contra el radicalismo yrigoyenista en 1930 y en la Unión Democrática de 1945. Constituyeron el sector de "izquierda'' del frente imperialista, actuando en general siempre en el campo antinacional.
Ahora bien: la última guerra (1939-45) engendró nuevos y más grandiosos movimientos nacionales en todo el mundo que inauguraron una nueva era en la historia de la humanidad, Ilevando al imperialismo a la más profunda y extensa de sus crisis. Asia, Oceanía, África y América Latina han puesto en movimiento a cientos y cientos de millones de hombres; las grandes fuerzas internas de los pueblos que constituyen más de las tres cuartas partes de la humanidad contrabalancean ya a los dominadores.

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En estas revoluciones nacionales participa intensamente, constituyendo el sector más definido y consecuente, la clase obrera. Esto ha Ilevado a superar la desfiguración de la teoría marxista a que nos hemos referido antes y a que la cuestión nacional ocupe el lugar que le corresponde en la estrategia liberadora de los pueblos. Así, en diversos países de América Latina, estamos asistiendo a un vigoroso proceso de creación de una poderosa corriente socialista conectada con el movimiento de unificación nacional de nuestros pueblos, corriente que ya ha encontrado expresión en el libro, el ensayo y el artículo. No se trata de un proceso que discurra por viejos canales partidarios, sino más bien un vasto movimiento de reagrupación ideológica que nos hace recordar precisamente los planteos de la Reforma y la etapa vivida en sus años subsiguientes, pero en una escala histórica mucho más elevada.

Actualidad de la Reforma

El proceso que dejamos esbozado, sin embargo, aún no se ha reflejado, en general, en el campo universitario, que en 1918, al contrario, había constituido su avanzada. Nuestros estudiantes continúan debatiendo cuestiones ideológicas características de la era reaccionaria que demoran su integración en la lucha que vive América Latina. Desde este punto de vista, es imprescindible reexaminar qué fue la Reforma Universitaria. Las reivindicaciones democráticas que ésta lanzó (participación del estudiantado en el gobierno de la Universidad, autonomía de ésta, asistencia y docencia libres, etc.), estuvieron ligadas, como hemos mostrado, a la concepción de que un nuevo ciclo de civilización se iniciaría en América Latina, cuya forma política consistiría en federar sus estados, en constituir la verdadera nación. Con el tiempo, y a medida que dominaba la reacción en la Argentina y otros países, esas reivindicaciones quedaron desvinculadas por completo de aquella concepción, de su base nacional legítima, y se diluyeron en las expresiones democráticas comunes a Occidente. Esto permitió a los imperialismos dominantes en América Latina - inglés, yanqui y francés - utilizar los ideales democráticos de la Reforma para movilizar al estudiantado en favor de sus intereses económicos y políticos: participación en la guerra de 1939-45, etc. A su vez, los imperialismos alemán, italiano y japonés, que por carecer de colonias no habían podido mantener el ornato democrático, procuraron movilizar a los estudiantes esgrimiendo consignas como las de neutralidad y aún el anticolonialismo, que eran sentidas por dar expresión a los intereses nacionales, pero que se presentaban mezcladas con formas totalitarias y rasgos ideológicos reaccionarios. En ambos casos el estudiantado, como el pueblo latinoamericano todo, eran conducidos a ver su destino en la subordinación, ya al campo imperialista "democrático", ya al campo imperialista "totalitario". Tal es así que el rasgo común de ambos sistemas ideológicos en su proyección sobre los diversos países de América Latina consiste en que ninguno de ellos enarboló la bandera de su unificación nacional, única capaz de expresar los propios y auténticos intereses de sus pueblos, de permitirles autodeterminar su destino, en lugar de estar reducidos a ser el juguete de fuerzas extrañas.
Las circunstancias posteriores de la lucha han conducido a una exacerbación de las consignas democráticas de la Reforma, pero si éstas no son conectadas nuevamente al contenido nacional que les dio nacimiento, llevarán otra vez al estudiantado a un callejón sin salida. La Universidad será escenario repetido de una lucha entre dos sectores, uno aparentemente progresivo, otro aparentemente reaccionario, pero ambos, en fin, sujetos a intereses extraños a los del propio estudian- tado latinoamericano.

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Estudiar concreta y profundamente la Reforma Universitaria de 1918, huyendo de las abstracciones y chácharas de sus pseudoexponentes, que hoy brotan como hongos, significa para el estudiantado reencontrar la verdadera ruta, la que lo liga realmente al movimiento obrero - aspiración constante de la Reforma ---, la que lo une al pueblo todo en la lucha por la liberación nacional y social de América Latina.

NOTAS:
1) La persistente tentativa de constituir la Federación Centroamericana y de las Antillas, como la de reestructurar la Gran Colombia ( Colombia, Ecuador y Venezuela), la de unificar el Alto y Bajo Perú ( Perú y Bolivia ) y la de formar la Unión Aduanera del Sur ( Brasil, Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile ), son expresiones regionales de la poderosa corriente que empuja a la unidad de todos nuestros países.
2) A comienzos del siglo XIX, América hispana constituía una unidad político-administrativa. La revolución fue americana.
3) El ascenso del capitalismo en el mundo ( siglos XVII a XIX ) se llevó por la creación de los modernos estados nacionales. Territorios con población de un solo idioma, superando las divisiones feudales, se dieron cohesión estatal. América Latina no alcanzó a constituirse nacionalmente en el siglo pasado por la combinación de ciertos intereses regionales librecambistas con las potencias colonizadoras, que fomentaron la balcanización. La crisis definitiva del capitalismo mundial ( iniciada en 1914 ), luego del interregno de construcción imperialista ( desde 1870 hasta 1914 ), replantea, cada vez con más vigor, el problema nacional de América Latina: o constituir la nación o perecer, tales son sus términos inequívocos.
4) Singular suerte la nuestra, en que lo propio resultaba lo deleznable y lo foráneo encarnación de todas las excelencias! A esta concepción básica estaba adscripta toda nuestra ideología de esclavos semicoloniales. Y cuántos restos de ella persisten aún!
5) No hay casi un miembro de esa generación que, bajo una u otra forma, no haya formulado la concepción e idea; de la unidad de América Latina. Y la nómina es extensa.
6) En gran medida, el intelectual nativo continúa siendo un ''emigrado interior''.
7) Fue éste el último Congreso latinoamericano, en el cual participó por la Argentina, Sarmiento. La guerra del Paraguay (1865) canceló sus eventuales proyecciones. Después, sólo tuvimos panamericanismo. Hasta que se reúne en México, en 1921, el Congreso Continental de la Reforma, ya mencionado.
8) Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Guatemala, México, etc.
9) La Facultad de Derecho de Santa Fe funcionaba de antiguo en el Colegio de la Inmaculada Concepción de los jesuitas, dirigida por éstos. La creación de la Universidad del Litoral quebrantaba el monopolio clerical de la enseñanza.
10) Así, en 1927, en un Congreso antimperialista realizado en Bruselas, Vittorio Codovilla, el jefe ítalo-argentino del Partido Comunista argentino, reaccionaba con indignación ante los planteos nacionales latinoamericanos diciendo: '' Que perezcan, por último estos veinte pueblecitos, con tal que se salve la Revolución Rusa''. Y agregaría posteriormente: '' A un comunista no le interesa sino la campaña de la IIIa. Internacional, aunque para sostenerla se sacrifiquen quince países'' ...
* Primera publicación: En 1950, por Centro de Estudios Argentinos "Manuel Ugarte".
Digitalización: Por Pablo Rivera, 2002.
Edición electrónica: Marxists Internet Archive, noviembre de 2002, por cortesía de Pablo Rivera. Revisado y corregido en 2006 por Pablo Rivera.