LA POESIA DE ROSINA VALCARCEL

(Juan Cristóbal)

Breve biografia

Nació en Lima el 1° de mayo de 1947. Estudió la primaria en México pues su padre, el poeta Gustavo Valcárcel, uno de los más notables de la generación del 50, fue deportado, junto con toda su familia, a México, por la tiranía de Odría, dada, en ese momento, su militancia aprista, ya que llegó a ser, incluso, secretario privado de Haya de la Torre. Luego Gustavo en el destierro se hizo comunista. La secundaria, Rosina, la hizo en el colegio nacional “Teresa Gonzáles de Fanning”. Como ella misma reconoce, no fue una alumna ejemplar ya que era muy inquieta, bromista y rebelde. Ingresó a la Universidad de San Marcos en 1964, donde llegó a ser la Musa de por lo menos dos generaciones de poetas. Obtuvo el Grado de Bachiller en Letras y después la Licenciatura en Antropología. También fue profesora en esa casa de estudios. Fundó y dirigió la revista de arte y política Kachkaniraqmi, de enorme trascendencia en el pensamiento social peruano. Hizo periodismo en diversos diarios y revistas. Obtuvo el primer premio en el concurso de poesía “José María Arguedas”, organizado por la colonia nisei, en 1974. Es una defensora permanente de los derechos humanos y el socialismo. Ha realizado varios viajes a Europa y recorrido el continente por sus actividades literarias. Su madre, Violeta Carnero, es también una luchadora incansable por los más pobres del país, tanto que en muchos instantes de su vida se ha enfrentado a la policía en la calle. Violeta es una comunista empedernida y una gran lectora y está siempre atenta a los vaivenes culturales del país.

Rosina ha publicado importantes libros de poesía, que han sido traducidos a diversos idiomas: Sendas del bosque (1966), Navíos (1975), Una mujer canta en medio del caos (1991), Loca como las aves (1995), Paseo de sonámbula (2001). Y por ahora dos libros donde recoge su obra periodística, siempre ligada a la cultura (entrevistas y opiniones): Diario de Talismanes (2005) y Aprendiz de Maga.(2006) Su labor poética está recogida en múltiples estudios y trabajos antológicos. Publicó también un interesante trabajo de Antropología: Mitos, dominación y resistencia andina (1988).

Algunos conceptos

Rosina es una trabajadora incansable de poesía. Ha dicho: “La poesía no puede definirse. Es a la vez vida y amor, crisis y liberación. Fundamentalmente, es un medio de acción, un ir siempre hacia delante”. Y respecto a su compromiso social: “No escribiendo desde el pueblo, al lado del pueblo, mal podemos creer que nuestra obra puede ser parte del pueblo”. En cuanto a su visión general: “Es muy difícil conciliar arte y ciencia, por lo menos para mí, que soy más soñadora que práctica, más desordenada que disciplinada”.

Notas básicas sobre su poesía

En la década del 80, la mujer tomó un protagonismo central en la vida social y política del país. No fue raro que las mujeres fuesen la columna central de los movimientos subversivos de entonces: Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario “Túpac Amaru” (MRTA).. La cultura, y especialmente la literatura, tampoco estuvo exenta de esta notable y exigente presencia femenina. Y Rosina Valcárcel fue una de sus principales y notorias exponentes en la poesía.

A nuestro entender, sus principales notas sobre las que descansa su importante poesía son las siguientes: Es de un aliento intenso, no sólo por su permanente protesta frente a las injusticias sociales y humanas, sino también porque su labor poética está henchida de amor y esperanza, de felicidad y plenitud por el destino del ser humano en todas sus dimensiones. Su obra tiene, por ello, un gran valor testimonial, no sólo por el anhelo del cambio, sino también por ese desencanto que nos produce esta magra existencia. En este marco testimonial, la nostalgia aparece como una constante en su obra: la nostalgia no sólo como un recuerdo del pasado, sino como una esperanza del futuro. El clima en el cual se desarrolla sus poemas está teñido de un viento de ternura permanente, por eso es que su poesía nos sensibiliza en cada verso que leemos (“Amor aun cuando no vinieras, / la vida continuaría / bella y maldita”)..

Su poesía atraviesa todos los intersticios de la conmoción humana: el amor, la rabia, la dulzura, el caos, el encono, la esperanza (“Sabe dios / cuándo podrás / prender la chimenea / y mitigar este invierno”). Si bien su nota más resaltante es el deseo del bienestar humano, la amistad y el amor entre los seres, también, en muchos poemas, hay un viaje al interior de los conflictos personales, que terminan siempre en el deseo de la reconciliación (“¿Qué nos brinda la noche, joven anónimo? / el vino y los ojos / la dama y su perro / el deseo y la sonrisa”). Por eso, su poesía, podría ser catalogada como una rebelión lírica contra la desesperanza actual que nos conmueve. Pero esta rebelión no es un lenguaje quejumbroso, sino es un contrapunto equilibrado y de altos kilates verbales entre la desilusión y el anhelo del cambio

Manuel Baquerizo, uno de los más notables críticos peruanos, lamentablemente hace poco fallecido, decía de la poesía de Rosina: “Es la recreación de las furias y las penas. Hay una fe indeclinable en el arte y en el porvenir del ser humano”

Tres precisiones finales. La poesía de Rosina está entroncada siempre con la pintura, ya surrealista, ya realista. Con las mujeres, más luchadoras, más abnegadas y sacrificadas en vida. Y con cierta soledad en la que se mueve sin caer en sus abismos. La que le hace decir cosas muy sabias, porque llega a tocar orígenes humanos profundos (“Todos los hombres son trozos de hielo / imitando el corazón de los lagos”).

Tal vez por ello, estas palabras están teñidas de amor y comprensión, porque con Rosina, a quien conozco desde hace mucho, somos como los árboles, como diría Jorge Teillier: que nos comprendemos, estimamos y amamos porque somos como los árboles: siempre tratando de tocar nuestras raíces. Y porque ella es, para muchos, la única golondrina que hace siempre el verano.

Juan Cristóbal