Entrevista a Adriana Puiggrós

“En América Latina los problemas de la Universidad son la mercantilización y la falta de planificación”.
Por feduba prensa el 3 Septiembre 2010

En el marco de las entrevistas realizadas a actores claves del mundo político y académico, FEDUBA dialogó con Adriana Puiggrós, Presidenta de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados de la Nación; Doctora en Pedagogía, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); Master en Ciencias en la especialidad de educación, del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (CINVESTAV) del IPN, México; Licenciada en Ciencias de la Educación, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y Profesora en Ciencias de la Educación, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

¿Qué implicancias tiene el avance de las políticas educativas, inspiradas en el Proceso de Bolonia, en el sistema universitario argentino y latinoamericano?

Tienen un avance mucho más importante y público de lo que dicen o confiesan gran parte de los dirigentes universitarios, sobre todo las autoridades. Existen algunos hitos al respecto que podría marcar: en primer lugar, el encuentro de Sevilla patrocinado por UNESCO que es quien está dándole cobertura al avance del Proceso de Bolonia sobre América Latina. En segundo lugar, en julio de 2008 hubo en Bogotá una reunión organizada por la IESALC en la que la postura dominante fue verbalizada por el entonces presidente Uribe y su Ministra de Educación, quien fue muy agresiva en su disertación. La misma se centró en la siguiente premisa: “la Universidad sólo es pertinente si se corresponde a la demanda del mercado”. Además tuvo una actitud anti estudiantil, ya que agredió a un estudiante frente a cuatro mil personas. Los dos últimos días de mayo de este año hicieron una reunión en Guadalajara, México, a la que fueron casi dos mil rectores; el principal personaje fue el presidente del Banco Santander que expresó que la entidad a la que él representa propicia la creación de un espacio iberoamericano de la educación superior para traer el acuerdo de Bolonia. En América Latina este tipo de acuerdos están muy avanzados debido a que no hay Universidad que no tenga un convenio con una europea. No es que estos acuerdos en sí mismos estén mal, sino que el problema es que se hacen en términos de mercado. Incluso, universidades públicas que defienden la gratuidad, en los acuerdos que han hecho con casas de estudio europeas que ofrecen el doble título, terminan implementando un arancelamiento. Otro problema, aparte de la mercantilización, es la falta de planificación.

¿A través de qué procedimientos se fomenta la mercantilización de la educación superior?

Se establece una lógica de mercado en toda la educación superior y, en primer lugar, los Estados pierden autoridad y cumplen con la normativa de la OMC de bajar todos los controles sobre este nivel educativo. Entonces, la autonomía –que es una vieja bandera argentina vinculada con el conocimiento, con la garantía de producción de cultura, etc.- es tomada en un sentido neoliberal como autonomía de mercado: cada universidad, sea pública o privada, termina teniendo criterios empresariales y vinculaciones concretas con determinadas empresas. Por otro lado, este clima y criterio de mercado llega al nivel curricular, al nivel de la organización académica; hay universidades, como por ejemplo la de Barcelona, en las que hay profesores asignados por horas que elijen qué asignatura dictan y se organizan programas desarticulados suponiendo que la educación debe autorregularse, al igual que el mercado. Por otro lado, hay una desvalorización de la titulación muy importante y es el mercado el que va imponiendo los criterios de valoración y, por lo tanto, de evaluación. La característica principal del Proceso de Bolonia es el descaro; aparece directamente la empresa y los empresarios son sujetos participantes de la reforma. La universidad europea, con su historia académica, hizo una reforma comprometida con intereses empresariales.

¿Supone algún riesgo la existencia de agencias privadas de evaluación y acreditación?

Absolutamente. El proyecto de educación superior de los diputados del Frente para la Victoria, elimina la posibilidad de que haya agencias privadas de evaluación. No cabe duda que hay que evaluar, pero el evaluador debe ser el estado nacional, con una comisión más representativa que la CONEAU. Tienen que estar las gremiales docentes y la FUA, como mínimo, formando parte del organismo evaluador que tiene una tarea muy compleja; es una institución con muchísimos técnicos. No puede ser ni privada, ni representativa de un sector de la comunidad. Los rectores de la CRUP empujan para que nos vayamos los legisladores porque dicen que tienen poco lugar, lo cual no es cierto porque tienen un representante de la academia, que termina siendo un representante de la educación privada. Esto no puede ser, tiene que ser un organismo representativo y confiable.

¿En qué medida el entramado político e institucional que regula el sistema de educación superior en la Argentina posibilita el avance de procesos como el de Bolonia?

Hay sectores que se oponen a la Ley de Educación Superior y, de hecho, la han estado trabando porque una ley debe establecer verdaderos controles académicos y financieros. Nosotros estamos proponiendo que la AGN [Auditoría General de la Nación] tenga un departamento especial de evaluación permanente de las universidades, porque, finalmente, el Estado está manteniendo a las universidades nacionales y no puede ser que haya ingresos por convenios, incluso con universidades europeas y organismos internacionales, por becarios arreglados entre el investigador y la agencia financiadora. Eso es un caos, y lo que tiene que haber es un sistema de educación superior y no un caos.

¿Cómo impactan, en el plano de la educación, la Asignación Universal por Hijo y el Plan Argentina Trabaja?

Se han reincorporado el 2,5% de estudiantes secundarios, cifra que es muy alta. En algunas zonas ha llegado al 25%. Es un número enorme de chicos, pero ahora la tarea es lograr que no se vayan por las mismas razones que se fueron o por las que nunca llegaron. Para eso estamos trabajando arduamente y el boleto estudiantil es una de nuestras metas. Pero creo que con el nuevo secretario, Squiavi, vamos a ver si logramos con otros bloques en diputados que salga el boleto estudiantil porque el transporte es una de las tres causas de deserción. Y hay información que indica que los chicos gastan el monto de la Asignación Universal en transporte. Luego de solucionar eso, hay que trabajar con los docentes para que incorporen a los chicos que estaban afuera y no se produzca, nuevamente, una discriminación.

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