Eduardo Mallea. “Cultura superior” y anti-peronismo

(Leandro Andrini)

“He comprado el Diario y la Correspondencia de Delacroix que busco hace mucho tiempo. Cuando fui al negocito de la rue des Saints Pères en procura de cuatro lindísimos volúmenes de los Goncourt que había visto el sábado, ya los habían vendido. Salí disgustado...”.

El adagio popular dice que para muestra sobra un botón, el inductivismo desmiente esta posibilidad en términos generales, pero para el caso de la configuración del patrón identitario en la obra de un autor alcanza con leer parte de sus ideas sobre “cultura”, seres humanos, y correlacionarlo con sus prácticas políticas y su militancia intelectual desde su propio círculo de trabajo y entorno íntimo ligado al quehacer literario.
Analizo aquí algunas expresiones de Eduardo Mallea, vertidas en su obra “Las Travesías II”, como botón de muestra y ligo su imaginación literaria con el tiempo político en el que vivió (sobre todo el de los días de dichas travesías).

Europa como horizonte.
No debe responsabilizarse a un sujeto/individuo de la idiosincrasia de clase, los modos de producción asociados a tal idiosincrasia, como tampoco ese individuo no está exento de la responsabilidad que le compete entre los intereses que defiende y los intereses que perjudica con la defensa de sus intereses individualísimos.
Eduardo Mallea perteneció a una clase en la que el estereotipo y arquetipo (tanto del ser como el del deber, unido a las teorías ético-morales, filosóficas e ideológicas) debió importarse, peculiarmente desde Europa (Estados Unidos se impone ya no como modo “culto” sino como barbarie asoladora imperante desde la prosperidad económico-empresarial alejada del modelo intelectual burgués-aristocrático europeizante).
Es a esa Europa de Delacroix, de Joyce, de Kafka, de Kierkegaard, y de Tomás de Aquino entre otros, a la que con pleitesía Mallea se refiere. Se sabe que la que visitó por primera vez cuando niño, y de la que aprendió todo en su formación de corte inglés. Las segundas travesías malleanas se refieren afectadamente, y de forma sublime, a esas tierras (y sus formas culturales) frente al herético mundo de nuestras tierras provincianas.
Las travesías son, en el mejor de los casos, el viaje que las ideas culturales deben hacer desde territorios del viejo continente a nuestro despoblado mundo de ideas e idearios (de todo tipo) . Pero las travesías sirven, entre otras cosas, para desinfectar y desparasitar la aldea colonizada por la crasa y morena muchedumbre del suburbio, visible desde que salieron sublevados desde el subsuelo mismo de la patria y tuvieron el tupé de meter las patas en la fuentes porteñas, mientras recibían carta de ciudadanía (con aspiraciones igualitarias y de justicia social).
Cuando Mallea, en su travesía, regresa a Buenos Aires desfallece y expresa: “Llegada, y, de golpe, infinita fatiga, infinita adaptación” . Y se alegrará por poder conversar con Margarita Xirgu, exclamando: “De nuevo ante una inteligencia europea” ; es decir la continentalidad de las inteligencias.

Esos inteligentes de alma inferior.
Mallea se refiere a un conocido, por el cual tenía cierta consideración, diciendo que “experimenta una especie de necesidad política de tener no sólo trato con esos inteligentes de alma inferior, o inteligentes inferiores” . De esta manera, introducida la noción metafísica de alma y arbitrando sus atributos, algunos intelectuales se han valido para descalificar, para segregar y marginar al resto de los humanos . El hambre, la pobreza y el trabajo son atributitos de las almas inferiores y no de una sociedad explotada política y económicamente. El ocio, el amor por la vida y que esa vida sea respetada, la “libertad”, y la “cultura” pertenecen a las almas superiores (a las inteligencias superiores), o en un lenguaje más doméstico a las élites que ejercen el poder y sumergen a las mayorías a condiciones infrahumanas. La “cultura” es así un patrimonio jerarquizante, que permite hacer distinción entre lo humano y lo no-humano (aun cuando lo no-humano sea negación de existencia de ciertos seres humanos, inclusive de su vida). Lo no-humano, en el contexto de los culturalistas ortodoxos, no está condicionado por los hechos sociopolíticos (explotación, plusvalía, marginación, pobreza, etc.), sino por “alguna” característica de la “naturaleza”, o mejor definido, de cierta “naturaleza” bestial y la pasividad por permanecer en ese estado de “naturaleza”. Es necesario, pues, “redefinir” algunos principios peripatéticos-tomistas , sobre los cuales se puede justificar que un conjunto de hombres nace, por “naturaleza”, “culto” y debe mantener ese estado –por “naturaleza”-, en tanto que otros “por naturaleza” nacen “no-cultos” y conservarán ese estado –también por “naturaleza”-. Subyace algo así como un principio de inercia, una inercia a la “cultura” y una inercia a la “no-cultura”, relativa al estado de “naturaleza” (de acuerdo a la definición cultural realizada por algunos hombres), y las fortunas de natalicio .
Mallea en su travesía no se cansa de acudir al mismo recurso, a elevar su condición sobre los hombres, su condición de intelectual, de “hombre culto” (alma superior). Deprimiéndose porque “un ser moralmente superior ha pactado, por cualquier rasgo de las módicas vanidades mundanas, con un ser naturalmente inferior” . Pero dentro de los márgenes de su “depresión” puede inferir que “unos nacen para dar ritmo y otros para seguirlo” . Convendría invertir la cuestión y preguntar acerca de la “naturaleza” del poder, pero ello excede con creces el propósito este pequeño trabajo, y será necesario dejarlo para otra oportunidad.

Lo bueno, lo grande, lo malo y lo pequeño.
Mallea nos anoticia que está al tanto de las críticas que recibe, desacreditando con altisonantes adjetivaciones (que no son más que una forma técnica calificada del vituperio) sin refutar una sólo línea de eso que le han imputado, o de la maligna y rabiosa alusión que de él han realizado.
Por otro lado, es interesante pensar en la industria intelectual-cultural de esos años, en la que algo tan personalísimo ocupa las páginas de un libro editado de manera comercial (es un diario íntimo, en el que también se hace defensa de los ataques recibidos). Con esto quiero decir lo siguiente: para los de la idiosincrasia de clase de la de Mallea, no alcanzaba con tener a su alcance las páginas de los diferentes medios gráficos comunicacionales cotidianos, sino que también intervenían a través de medios más perdurables que los diarios y semanarios, como es el caso de los libros. Esto ha sido explicado hace más de cincuenta años por Arturo Jauretche; escrito el libro “Los Profetas del Odio y la yapa” , en particular los tópicos relacionados con la colonización pedagógica y la superestructura cultural.
“Leo uno de esos recortes que me mandan de Buenos Aires donde me aluden rabiosa y malignamente, y me viene al alma una sonrisa ante esos módicos lodos que como el personaje de Eça de Queiroz corren descompuestos sobre mis pies, a la altura de los tobillos.
Estos hombres movidos de ínfimas cóleras interiores, agitados por el vituperio y la mala fe, aplicados a la tarea inferior y vil de disminuir, exasperados y crispados, quemantes de resentimiento, desesperadamente impotentes en su ansiedad furiosa de poder, lleno el espíritu de espumarajos y blanca el alma de avaricia y desposeimiento, ¿qué semblante encontrarán en los espejos cuando se miran, entrada la noche, en la última, leal y sincera soledad consigo mismos?” .
Interesante es encontrar páginas antes su propio credo de sí mismo, o su defensa. Cómo Mallea se identifica, de la misma manera que un alma superior, como un “gran hombre”, y de ahí todo lo malo que se diga de él tiende a engrandecerlo. Nos lo hace saber en la aseveración siguiente: “Todo el mal que se dice de un gran hombre, lo engrandece todavía; todo el mal que se dice de un hombre pequeño, lo empequeñece todavía” .
Podríamos concederle baja autoestima, y pensar que él es uno de esos pequeños hombres, pero sabemos que pertenece a ese conjunto de los seres de alma superior, y por lo tanto allí no podrían “habitar” “hombres pequeños”.

El truncamiento cognoscitivo.
“Cuando se ignora el lenguaje de los hombres que hablan en el cuarto de al lado, no hay que entrar en el cuarto de al lado .
Entiendo que podemos pensar en el sentido epistemológico-cognoscitivo de la frase anterior inmediatamente antes citada . El conocimiento es, de naturaleza tal según esta sentencia, un compartimento estanco e intransferible, donde se ha anulado la capacidad comunicacional (sin comunicación es imposible la posibilidad de la democracia –resumiendo al extremo las ideas de Habermas-). Y sobre la democracia Mallea tiene para decirnos que “no quiero más aristocracia que mi democracia” . Cabe que nos preguntemos qué significado y funcionamiento tienen democracia y aristocracia (cosa que no queda respondida en el simple fraseo escrito –más propio de un aforismo que de profundidad filosófica-).
Para él “los hechos, como meros hechos, no tienen importancia; lo que tiene importancia es lo que pasa dentro de los hechos” . Dentro de todas las frases que componen y articulan el relato de las travesías, esta es quizá con la que mayor acuerdo tengo. Aun así, los hechos son importantes como tales, porque si no lo fueran no tendríamos la posibilidad de “encontrar” el “[a]dentro de los hechos” (es decir la relación dialéctica, ignorada por Mallea debido a sus características filosóficas eminentemente substancialistas). Dado que los hechos, para ser descriptos, requieren de lenguajes, no podrán ser ni descriptos ni interpretados salvo por los hombres de la habitación de los hechos, y de nuevo nos topamos con la incomunicacionalidad.

Sin cultura no se puede ir a ninguna parte.
La lectura como ennoblecimiento del alma, las almas nobles como almas superiores… y la vida transcurriendo a través de las hojas, a través de la novela…
El hambre, la condición socio-humana, la explotación de los hombres, la marginación, todas ellas son casi ajenas a los hechos reales, son una condición literaria, son amor-odio, son Ana Karenina, son Tolstoi en su pluma, son la imaginación de Dostoiewski. La cultura forma parte de un viaje, como en su travesía él lo indica: “un hombre sin cultura. Sin lo que se llama cultura... Y sin cultura no se puede ir a ninguna parte” . Acá podemos leer en dos planos: la literalidad del mensaje y lo metafórico encerrado en el mismo. “Sin cultura no se puede ir a ninguna parte”.
Debe destacarse, no obstante, la “línea de coherencia” del diario La Nación, para el que Mallea trabajó durante muchos años; porque los discursos de Mallea no son sino el patrón editorial –y por sobre todo el del suplemento cultural- del diario mitrista. Mallea, tanto como sus patrones, vio dañada su “cultura superior” por el advenimiento de una época diferente, la que socavaba las estrictas definiciones de las elites (más allá del significado de la redistribución del salario y la renta), e ignoró por completo la idea antropológica de cultura –a pesar de cierta contemporaneidad con el desarrollo de esta disciplina- . Por una cuestión de preferencias latinoamericanistas nos quedamos con alguna de las tantas frases de Darcy Ribeiro al respecto, para quien cultura es el “patrimonio simbólico en base al cual un colectivo humano basa su forma de pensar, de hacer y de sentir desde lo más complejo hasta lo más sencillo”.
En una discusión durante una cena parisina, en presencia de Mallea, se pone en duda la idoneidad como filósofo de Ortega y Gasset. Esta duda, para Mallea, es producto de la cháchara; de ahí su lamentación de para “qué sirve todo –una gran cultura, un gran estilo, años y años de trabajo, montañas de perfeccionamiento, páginas y páginas de belleza acumuladas unas tras otras- si todo es tan efímero que el primer libre hablador puede darse el gusto de juzgar como vidrio la calidad del diamante?” .
“Una gran cultura” remite a las jerarquizaciones del ideario malleano; pero por otro lado, una gran cultura es el patrimonio aislado y solitario de un único individuo (o unos pocos individuos) inteligente de alma superior, y según estos parámetros, la incaica o la azteca, por sólo citar dos ejemplos, no serían una gran cultura, siquiera una cultura .

Literatura, heroicidad y anti-peronismo.
Dentro de su esquema ideológico/político, en su discurso marcadamente antiperonista no es llamativo que expresase que “cuanto más asediados sus actores, más libres son los héroes de la literatura... los grandes héroes son los vengadores altivos de la servidumbre” .
Algunos autores han tratado de identificar la significación del héroe solitario, propio de la literatura burguesa. La literatura burguesa necesita de ese héroe, el que salve, el que redima; un tipo de sustitución simbólica de la deidad, tanto como una adaptación filosófico/ideológica del libre pensamiento (liberalismo), y de la praxis individual sin organicidad alguna, donde lo hedónico y lo egoísta se transforman en ejes centrales de discurso constitutivo de la heroicidad. La salvación (venganza, emancipación, etc.) encarnada por el héroe no anónimo representa, en cierta medida, la preservación del individuo frente a la sociedad y se postula esto como el hecho esencial de la libertad y la autodeterminación. Los temores de Ortega y Gasset , los peligros de la absorción del individuo por la masa, se ponen de manifiesto en Mallea, su “humanismo” es apenas es una visión liberal del mundo. Mario Bunge sostiene que en una “sociedad de masas el individuo no se salva ni se desarrolla en la medida en que se aísla o en la medida en que se enfrenta a la masa o cabalga sobre ella, sino en la medida en que se integra a ella”. Mallea, al igual que Bunge, fueron incapaces de comprender, y mucho menos integrarse, a la sociedad de masas argentina . Esta imposibilidad es de diferentes orígenes en cada uno de ellos, pero no obstante coincidente, junto con las de Sabato y Borges por ejemplo, respecto del peronismo como “fenómeno” de masas y como expresión política de las masas obreras/trabajadoras del país . Es coincidente en la denigración, y en el apoyo que todos ellos manifestaron al asalto al poder que dieron los militares en septiembre de 1955.
Presentamos aquí un extracto de las reflexiones leídas por Mallea en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires (12/12/1955), en la cuna de la “intelligentzia”.
“Empecemos con un cuento. Existe uno que nunca fue escrito. Fue concebido por mí hace cinco años . Conviene tener a mano la idea de un laberinto. Ocurre en una ciudad sitiada... por el enjambre totalitario, por una muchedumbre de fuerzas amenazantes y persecutorias . El protagonista aparece viviendo en la ciudad antes de ser sitiada... es casi feliz, que circula... en la libre plenitud del hombre libre... [y él] va paulatinamente descubriendo la presencia de ocupantes en la ciudad que era de él.
...El abrazo amenazador se va estrechando desde la periferia de la ciudad hasta su centro... [y el protagonista “acosado”] se reduce a su último sitio libre... y acosado infinitamente, deja... que la cabeza le caiga muerta sobre el pecho.
La historia de esta víctima de la invasión de conciencias por el poder negativo de unos hombres sobre otros hombres, de unos hombres sobre el hombre, nunca fue escrita... pero describe a un arquetipo. Una imagen del terror producido por la persecución en muchas horas de nuestro tiempo. Es el antihéroe, el convertido en antihéroe por los antihéroes, o sea, de extraño modo, la figura más antagónica del espíritu del ser solidario en la literatura. El ser solidario es el protagonista libre de la literatura, el que nos ayuda a ser libres”…
Vemos qué idea tenía Mallea de la “libertad”, y sobre todo de la de unos hombres por sobre otros. Podemos invertir las cosas y preguntar qué pasa cuando el “poder positivo” de un hombre invade la conciencias de muchos hombres. Para Mallea, el ser solidario de la literatura es una fiel copia de la vida (y viceversa). Reivindica la libertad del hombre por sobre la libertad de los hombres (la libertad del hombre que puede dedicarse a la literatura). Se puede contraponer “Operación Masacre” de Walsh, a esta idea de la libertad malleana, y en especial al significado de la persecución (podría analizarse desde las categorías “violencia material”, “violencia material-simbólica” y “violencia simbólica”, y ver si el ideario malleano no encaja dentro de esta última, de manera que contribuye a un patrón de violencia que puede materializarse, y preguntarnos si esa materialización –en este caso- no es en definitiva la que conduce a los basurales de José León Suárez). Mallea adhiere a la persecución de una inmensa mayoría, y a la exclusión de la misma, sin más que referencias a teorías filosóficas peripatético-tomistas. Esta persecución no es ni asfixiante ni persecución, porque el intelectual liberal (no orgánico a los intereses políticos del pueblo) permanece inalterable en su sitial inmaculado, elaborando historias de héroes solitarios que salvándose en sí, salvan a la literatura y al literato (al que adhieren a las lógicas de dominación estructural).
Sartre ha señalado que “poco a poco, en el curso del siglo XIX los obreros fueron apartados de los centros urbanos obligándolos a que se establecieran en los derredores” implicando que no tengan acceso a la educación, a centros donde se exhibe teatro, a las bibliotecas, y en su reemplazo se ha producido para ellos mediocridades (proveniente de los mediocres adoradores de la “culturización” burguesa) alegándose que sólo y por naturaleza están capacitados para comprender esas horribles operetas y las burdas obras que en su ridículo se exhiben.
Ese cordón, formado por las clases dominantes, se cerró rodeando la ciudad de tal forma como ellos lo cerraron, de manera asfixiante, relegándolos de toda participación en la vida socio-cultural del país e ignorándolos como seres humanos. La asfixia delatada por Mallea no es otra que la producida por los de su clase.
La travesía de Mallea es la travesía de una historia, que ya ha pasado el periodo de la farsa repetitiva a la que aludía Marx para convertirse en repetición sobre repetición sin más. Con variadas sutilezas discursivas, hasta la pauperización, afloran en la actualidad las tensiones identitarias expresadas a destajo por este autor bahiense, las que (en el caso del relato imaginario malleano y la “Casa Tomada” de Cortázar) encuentran su raíz en “el hecho maldito del país burgués” a pesar también de las tensiones internas que tal “hecho maldito” ha engendrado y sigue engendrando.

Palabras finales.
Entiendo que no se necesita ser peronista para saber que las identidades de los pueblos trascienden las meras aspiraciones “culturalizantes” individuales, y que la cultura no está reñida con las configuraciones ideológico-políticas de una sociedad, y mucho menos de los sistemas de producción, circulación y consumo de capital cultural (en términos de Bourdieu). Es más, el sistema de producción , a escala general, condiciona al sistema de producción cultural (y en muchos casos lo determina)
Las ideas de Mallea, referidas al peronismo en exclusiva tal las presentamos aquí, son ideas de elitismo socio-cultural (de raigambre moralista, espiritualista estetizante, y de filosofías superadas por el paso de los siglos). No puedo sustraerme de la afirmación aristotélica-tomista realizada por Mallea: “unos nacen para dar ritmo y otros para seguirlo”. Extrememos la aseveración malleana, hasta hacerla explotar, reduzcámosla al absurdo: supongamos que sea cierto lo que dice, entonces qué es lo que hace que desconozca que Perón nació para dar ritmo y él para seguirlo, por lo tanto su afirmación, carente de simetría, rebaja la condición de verdad que pretende tener, y entra en contradicción (no entra en contradicción en el interior mismo del pensamiento malleano, que se ha quedado encerrado en su habitación –y sólo los que allí viven pueden dar ritmo aunque desconozcan al resto de los huéspedes de todas las demás habitaciones y pretenda transferirle el ritmo y los “modos” de eso que se dice “una gran cultura”).
Los discursos que se reiteran, emulándose, no son casuales sino configuracionales de toda una sistematización lógico-conceptual dentro de ciertas áreas ideológico-políticas, de corte reaccionario y elitista.
Mallea es un autor olvidado, posiblemente, pero ha dejado como guardaespaldas cultural toda una línea editorial que pervive y fustiga los intereses generales del pueblo en su conjunto, y de los intereses culturales de este pueblo en particular.

Referencias.
Eduardo Mallea, Las Travesías II, I (1957-1959). Todas las citas se corresponden a la edición de 1962 de Editorial Sudamericana. Tanto a estas travesías como a “Historia de una pasión argentina” los conseguí en una pequeña librería de calle 6, entre 45 y 46 (La Plata) que ya no existe, hace bastantes años. La lectura de estos dos libros me fue recomendada por el librero del lugar (de pensamiento de izquierda, pero profundamente antiperonista), mientras yo buscaba de manera indecisa entre saldos y usados.
Debe buscarse cierto paralelismo con la afamada “campaña al desierto” (donde el roquismo conservador llamó desierto a todo un territorio poblado por sus ancestrales habitantes que no respondían al canon cultural denominado “occidental”). Esta tercera generación de intelectuales –en la que podemos ubicar a Mallea- respecto de la del roquismo, a sabiendas de que el desierto no era tal, se reconfigura el patrón desértico, atribuyéndolo en este caso a la conformación de pensamientos y formas culturales propias.
E. Mallea, Op. Cit., XXIII.
Ibíd., XXIV.
Ibíd., V.
Como buen descendiente de Sarmiento (en total sentido del término), retoma uno de los temas impuestos por el sanjuanino: el de “civilización o barbarie”, más allá de las diferencias de estilos tanto literarios (en lo técnico en particular) como filosóficos.
Para Aristóteles es común la asociación entre dominante-dominado, así es justificable la esclavitud: “desde el nacimiento unos por naturaleza están obligados a obedecer y otros a mandar” y “también en la relación macho y hembra, por naturaleza, uno es superior y otro inferior”. Dando claridad a su silogismo en la conclusión: “unos son libres y otros esclavos por naturaleza”.
Para Tomás de Aquino hay entre los hombres “algunos [que] son totalmente destinados a servir a los demás por naturaleza”, y como si esto fuera poco “además entre los hombres los hay que por defecto natural carecen del uso de la razón, de suerte que hay que inducirlos al trabajo de un modo servil... esta servidumbre se llama justo natural” (invocando a Aristóteles). Las negritas nos pertenecen.
Finalizando la primera década del 2000 siguen en pie estos conjuntos de valores (que llevan al dis-valor de lo humano hasta las últimas consecuencias, justificando de este modo las acciones más aberrantes que puedan cometerse sobre las personas).
E. Mallea, Op. Cit.,, VII.
Ibíd., II. Además, es notoria la filiación que existe con el pensamiento peripatético-tomista.
Arturo Jauretche, Los Profetas del Odio y la yapa, Obras Completas (4), Editorial Corregidor, Bs.As., 1997.
E. Mallea, Op. Cit., XV.
Ibíd., VI.
Ibíd., XXI.
Sé que reinterpretar es un tanto tergiversar. Mallea nos dice que si no conocemos el lenguaje de la cultura superior no ingresemos a su cuarto (no nos garantiza que él y/o los suyos no ingresarán al nuestro aunque desconozcan el lenguaje de lo popular). Pone barreras, delimita, establece fronteras, pero las mismas fronteras que establece para los demás no se las autoimpone; es decir, dado que él no entiende al peronismo no se cansa de analizarlo (vituperarlo). Y cuando digo peronismo, no me refiero a la exaltación de la figura del líder, sino a las clases sociales de corte popular, trabajadoras/obreras, que dieron origen y soporte de base al segundo “fenómeno” político de masas del siglo XX en la Argentina.
E. Mallea, Op. Cit., XIV.
Ibíd., XIX.
Ibíd., XVIII.
Aunque sería deseable que alguna vez quiebre la coherencia para ponerse al servicio de los intereses de las clases populares y trabajadoras del país.
Es notorio que a la fecha persistan, inclusive en comunicadores sociales de renombre, vetustas ideas en referencia al término “cultura” (tomado como sinónimo de «saber académico» en el mejor de los casos).
E. Mallea, Op. Cit., IX.
A riego de simplificaciones, por considerar a ambos imperios como meras “culturas”.
El discurso anti-peronista es marcadamente coyuntural. Su ideario es anti-popular por sobre todas las cosas, y dentro de lo popular cabe enrolar a todas las corrientes de corte socialista (en sus diferentes acepciones). Su discurso es individualista, liberal y elitista.
Ibíd., XXIX.
Entre ellos, Sartre, Brecht, Walsh, Piglia, etc.
J. Ortega y Gasset, La Rebelión de las Masas, Editorial Planeta-Agostini, Bracelona, 1993.
M. Bunge, Ética, Ciencia y Técnica, Editorial Sudamericana, Bs.As., 1996.
El peronismo configuró la sociedad de masas argentina, desde mediados del cuarenta hasta entrada la década del setenta, década –esta última- donde los movimientos y partidos políticos de izquierda también concitaban aglutinamientos militantes de grandes mayorías.
No pongo en discusión en este trabajo los aspectos de la sindicalización, la cooptación estatal del sindicalismo, ni tantos otros aspectos controversiales del “fenómeno” político originado a través del peronismo. Inscribo, sí, al peronismo, como un fenómeno de base, expresión del pueblo organizado trascendente a las figuras y los fetiches temporales.
Hago notar el parecido al extremo con “Casa Tomada” de J. Cortázar, publicado éste en 1946. La primera publicación de “Casa Tomada” fue realizada en Anales de Buenos Aires –dirigida por J. L. Borges-. Mallea fue un conocido integrante del Grupo Sur, grupo regenteado por Victoria Ocampo, y al que también perteneció Borges como, quizá, el autor más conspicuo. Cabe plantearse el interrogante sobre la posibilidad de que Mallea conociera el texto de Cortázar.
Notemos las expresiones, utilizadas hoy en día, para denigrar a toda manifestación del pueblo, y a toda política que sea –cuando mucho- de corte populista. Pero el relato es idéntico en argumento técnico al sostenido no hace mucho por una de las figuras políticas de la oposición al actual gobierno (E. Carrió), quien sostuvo que el 10 de diciembre de 2009 la ciudad de Buenos Aires sería sitiada por los cordones de pobrerío que responden a las fuerzas de la actual conducción gubernamental (palabras más, palabras menos). Y esta figura, de la misma manera que Borges, Mallea, Victoria Ocampo y otros, envía cartas y solicitudes para perpetrar la intervención extranjera en temas de política interna.
Clásica frase de John William Cooke, para definir al peronismo.
Se trata de un círculo vicioso, porque el sistema de producción es netamente cultural; es una relación dialéctica de complejidad y retroalimentación.