Dos notas sobre Colombia

Fernando Dorado)

¿URIBISMO MAFIOSO Y NO-MAFIOSO?

Popayán, 11 de marzo de 2010

El proyecto político uribista se ha escindido en dos grandes vertientes: la que pretende deslindarse de la mafia y la que no puede renunciar a esa alianza criminal.

En el primer bando están los (neo) liberales con Vargas Lleras a la cabeza, los (neo) conservadores que acompañan a Nohemí Sanín, y otros sectores que se han ido retirando de esas filas. Gina Parody fue la primera en hacerlo.

En el segundo bando están los liberales y conservadores corruptos que conformaron el partido de la “U” y los pequeños partidos abiertamente mafiosos (PIN, Apertura Liberal, etc.). Son políticos y personas que siempre han estado dispuestos a vender su alma al diablo. Se aferran al poder sin ningún tipo de escrúpulos. Uribe es su director.

El reacomodo político de la elite oligárquica y del imperio fue detonado por la evidente debilidad del gobierno uribista. El deterioro creciente de su imagen a nivel nacional e internacional, los llevó a tratar de mantener las políticas del uribismo pero sin Uribe (y sin la mafia que lo rodea). Desean evitar que la tendencia declinante sea canalizada por fuerzas políticas progresistas, nacionalistas y verdaderamente democráticas.

Pero no va a ser fácil. La alianza criminal y corrupta en el poder no va a ceder fácilmente sus privilegios. En ocasiones los proyectos políticos desencadenan dinámicas propias y autónomas. Se convierten en verdaderos fenómenos sociológicos y hasta psicológicos. Los nazis, fascistas y falangistas son los casos más estudiados. Muchas veces, las elites dirigentes quedan presas de las fuerzas que liberan, al no tener controles institucionales para canalizar los apetitos y expectativas que logran generar.

En Colombia tenemos un ejemplo en el terreno económico que se puede asimilar a lo que ocurre en el uribismo-mafioso. Las “pirámides para-financieras” DMG y DRFE desataron una avalancha de negocios ilegales que retroalimentaban una rueda de intereses que hacían que el torrente de apetitos económicos creciera exponencialmente. El resultado final fue la debacle total. Los “partidos” PIN y Apertura Liberal son la expresión más acabada de ese fenómeno, pero al interior del partido de la “U”, los Roys Barreras marchan por ese camino.

El entorno gubernamental actual marcha al unísono. En Colombia los partidos de la mafia han conseguido amarrar a su proyecto a miles de familias dependientes de los “incentivos económicos condicionados” (familias en acción, guardabosques, etc.) y explotan políticamente el comportamiento “traqueto” que ha aparecido en una gran parte del pueblo colombiano, que es el resultado de casi cuatro décadas de auge de la economía ilegal que gira alrededor del narcotráfico.

Este es un fenómeno cultural surgido de la combinación del espíritu aventurero heredado de los españoles buscadores de oro (en el fondo de todo “paisa” existe un “guaquero” en potencia), el clientelismo tradicional (compra de lealtades), y la cultura mafiosa del enriquecimiento fácil. La ética política está fuera de lugar en ese medio.

La oligarquía financiera en Colombia asimiló la experiencia de DMG en lo económico, pero están atados indisolublemente a la economía especulativa. Sólo un empresariado nacional aliado con los trabajadores y demás sectores populares puede romper con ese modelo de Estado ligado a la pre-modernidad, la dualidad legal-ilegal y a la ausencia de una verdadera unidad nacional. Por ello tenemos un “Estado fallido”.

En lo político, las lecciones aprendidas con el fujimorismo en Perú, vacunaron a esa dirigencia dominante frente a la fiebre de crecimiento piramidal incontrolado del poder político en manos de una persona. El partido imperial aprende rápido. El intento de deslinde ante el uribismo-mafioso es fruto de ese aprendizaje.

Ese reacomodo oligárquico-imperial tiene a la dupla de herederos de Uribe (Santos-Arias) en graves problemas. La caída del referendo los dejó desnudos frente a la opinión pública. Su debilidad es evidente. La fórmula vice-presidencial de Santos es una buena muestra de su lamentable estado de precariedad. Han tenido que recurrir a un político “desclasado”, para hacer populismo barato.

Angelino Garzón no representa a nadie. Ellos lo saben. Van a tratar de convertirlo en el obrero, sindicalista y político luchador por la paz y la convivencia que la patria necesita. Es una nueva versión – bastante desmejorada – de lo que ocurrió con Luis Carlos Restrepo (“doctor ternura”) en 2002. La cooptación y compra de personajes que colocan sus intereses personales por encima de sus convicciones es algo ya reiterado en la política nacional.

El Polo y las fuerzas democráticas deben denunciar tanto a quienes representan la alianza con la mafia como a quienes se quieren lavar la cara a última hora. Las medias tintas, las indefiniciones, sólo le hacen el juego a quienes han disfrutado de las mieles del poder y ahora quieren aparentar ser un dechado de virtudes. ¡No al juego de la discreción a nombre del pluralismo y la tolerancia!

Adenda: Con el tiempo vienen a aparecer las razones y entretelones de la “entrega” de la gobernación del Valle a la mafia de los Abadía. El negocio va rentando.

http://comunidades.semana.com/noticias/uribismo-mafioso-nomafioso/4342.aspx
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NO A LA RE-REELECCION
Adiós a Uribe
Por Roberto Follari
Fuente Revista ZOOM

La Justicia le negó la posibilidad de un tercer gobierno; ya llevaba dos períodos como presidente de Colombia y quería uno más. Modificó la Constitución sólo para reelegirse hace unos años, y ahora pretendía una nueva enmienda que le permitiera perpetuarse. Pero no pudo hacerlo.

Es curioso cómo la tez blanca y la postura proyanqui de este presidente le hayan bastado para mantener una buena imagen -incluso en lo internacional-, a pesar de sus desastrosos antecedentes. Si Chávez se reelige llueven acusaciones en su contra, pero los intentos de Uribe nunca motivaron indignación internacional. Se lo trata con otra vara.

Es por eso que las acusaciones repetidas de relaciones de su familia con la de Escobar Gaviria, nunca empañaron su imagen. Que casi la mitad de sus legisladores estén procesados por relación con el narcotráfico y los paramilitares -un escándalo abismal-, no parece motivar críticas de parte de la prensa internacional. Que se otorgue a Estados Unidos presencia nada menos que en siete bases militares colombianas -una verdadera ocupación militar de territorio latinoamericano- se ha presentado como "una decisión soberana del gobierno colombiano", aunque afecte obviamente a países que podrán ser espiados desde allí, a la vez que atacados territorialmente en lapso de minutos. Que cuatro ministros de su gobierno se hayan tenido que ir acusados por relaciones con grupos ilegales, tampoco ha empañado la extrañamente "purificada" imagen de Uribe.

Tampoco lo afectó que como presidente haya promovido, como parte de su programa de "seguridad democrática", pagar a los estudiantes que hicieran de informantes; es decir, que se incentivara la delación y la existencia de soplones rentados. Todas estas enormes faltas a los derechos civiles y a la atención de límites éticos, le han sido perdonadas a Uribe por la prensa internacional, en tanto es un presidente amigo de Estados Unidos en una región hoy mayoritariamente hostil al imperio del Norte.

Hay que admitir que Uribe fue exitoso en el tema seguridad. Más aún frente a presidentes que, como Samper o Pastrana, habían negociado con las FARC en condiciones desfavorables; Uribe mostró que se podía hacer retroceder a la guerrilla. Está muy lejos de haber acabado con ella, pero sin dudas le ha propinado golpes importantes, y grandes zonas del país se han visto territorialmente liberadas de la permanente tensión doble frente a guerrilleros y paramilitares.

Ahora bien, esta "seguridad democrática" ha servido a la seguridad, pero muy poco tuvo de democrática. Realizada por encima de la atención a criterios éticos y a derechos humanos, dio lugar, por ejemplo, a que no se tuviera en cuenta la situación de los secuestrados por las FARC. De tal manera, la política agresiva de Uribe no aceptaba negociación alguna por los mismos, lo cual lo llevó a enfrentarse a los familiares de dichos secuestrados. Como muchos recuerdan, la publicitada liberación de algunos de ellos surgió a pesar de Uribe y a partir de una iniciativa de Chávez, que fuera respaldada por el gobierno argentino.

En fin, Uribe ha tenido mucho poder, pero no pudo doblegar a la justicia. No será presidente nuevamente. Y nos recuerda con ello lo que le sucedió a Menem en su momento: también el ex-presidente cambió la Constitución sólo para reelegirse, también quiso cambiarla sin éxito una segunda vez.

Paradojas de la historia, hoy vemos reaparecer a Menem, que tantos amigos tuviera, como un opositor al actual gobierno que otros opositores necesitan, a la vez que no quieren fotografiarse con él. Su faltazo, explicado luego por el resentimiento hacia aquellos que quieren su voto pero pretenden esconderlo, muestra con claridad las hipocresías a que la política lleva tantas veces.

En fin: lo cierto es que nuestras derechas latinoamericanas también encuentran, cuando quieren ir demasiado lejos, sus propios límites. Sean políticos, o sean judiciales. Y cuando se transita mucho más allá de lo que la Constitución y la ley permiten, se choca contra la realidad.

De tal manera, no hubo re-reelección para Menem. Y no la habrá para Uribe, compañero de convicciones pro-estadounidenses con el riojano.

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