Dos artículos acerca en la realidad de la ciudad de Buenos Aires
Un gobierno fuera de control
Por Carlos Benítez
Si la semana pasada decíamos que el jefe de gobierno porteño debiera tomarse licencia por las derivaciones judiciales de las escuchas ilegales, hoy seguimos sosteniendo que esa licencia es imprescindible. Por aquellas razones y también por la seguridad en todo sentido del ciudadano de a pie de esta ciudad.
El derrumbe del gimnasio en Villa Urquiza que dejó 3 muertos y varios heridos puso en evidencia lo que muchos grupos de vecinos vienen reclamando hace rato: que se construye en los barrios sin ningún cuidado ni planificación. Es cierto que este fenómeno, producto de la explosión inmobiliaria, viene desde épocas anteriores a que el macrismo administrara la Ciudad. También es indudable que la filosofía que lo mueve (y consolida las perversiones de un sistema que pone en riesgo a los vecinos) responde a una lógica muy PRO: el Estado atado de manos para controlar, la iniciativa privada libre a sus anchas en busca de mayor rentabilidad.
Nunca se ha visto algo igual. Un gobierno tan ineficiente y con tanta incapacidad para hacerse cargo de sus errores como maníaco para tirar y desparramar culpas para todos lados. La matriz siempre es la misma. Un sistema de amigos extraídos del Colegio Newman (imperdible esta nota de Juan Forn sobre los Newman Boys) o del club Boca Juniors, de donde salieron o por donde pasaron el recién despedido Oscar Ríos, Ibarra, el "Fino" Palacios y siguen las firmas…
Este iba a ser el gobierno más eficiente e impoluto de la historia, porque eran empresarios ricos que ya no tenían necesidad de robar (más) e iban a demostrar su capacidad de gestionar. No solo no han demostrado ser honestos. Peor aun, su capacidad de gestionar es nula. Y de gobernar, ni hablemos. Porque ellos creen que gestionar es gobernar, pero esa distinción es un matiz demasiado complejo al parecer para los gerentes del PRO.
Macri debe estar esperando que Durán Barba le dé nuevos consejos mágicos. Dudo que esta vez pueda decirle, como con el procesamiento por las escuchas telefónicas, que “a la gente este tema le importa un carajo”. Menos mal que Macri no dijo que la culpa del trágico derrumbe la tenían el malvado K y su gobierno, que todo el tiempo están conspirando contra él.
A este ritmo, Mauricio no solo no llega a la presidencia de la Nación: la reelección a la jefatura de gobierno empieza a ser una alternativa oscura y hasta los gobiernos locales de las comunas le van a quedar grandes. Tal vez sea hora de regresar a la empresa de papá, donde siempre se le puede echar la culpa a los empleados por las ineficiencias personales. Aunque, no… tampoco creo que por ese lado se las vea tan fácil.
Otro cascote sobre el mausoleo político de Mauricio
Por Jorge Devincenzi
El jefe de Gobierno responsabilizó a la empresa constructora y dijo que se presentará como “querellante” contra la excavadora. Además, fiel a su estilo frívolo, comparó la tragedia con una mala praxis médica. Uno de los dos desaparecidos fue encontrado ayer sin vida. Los bomberos continúan la búsqueda de Maximiliano Salgado.
En minutos nomás, Mauricio Macri presidirá una conferencia de prensa donde volverá a atribuir a Néstor Kirchner la responsabilidad por los horrores de la gestión PRO.
No es este el primer derrumbe ni será el último. Días atrás hubo otro en pleno centro porteño, en la esquina de Viamonte y Esmeralda, y antes en Álvarez Thomas y Jorge Newbery, en Villa Crespo, y en San Nicolás al 800, Floresta.
En 1979, el “brigadier” Osvaldo Cacciatore firmó una ordenanza en la que se iniciaba la privatización del control estatal sobre las construcciones. Aplicando el nuevo Código de Planeamiento Urbano, que reemplazó el capítulo 3 del viejo Código de la Edificación promulgado allá por 1946, se inició un proceso de reconfiguración de la ciudad, completada con las autopistas, que revalorizó los inmuebles al norte de la avenida Rivadavia y empobreció el sur.
Desde 1979, entonces, el Estado (municipal, en este caso) dejó de ser el ente controlador de las construcciones nuevas en favor de los Colegios de Arquitectos e Ingenieros. Algo similar ocurrió con la habilitación de usos. Todo eso fue una de las razones fundamentales que produjo el desastre de Cromañón.
Ese proceso de privatización se fue perfeccionando con el tiempo, y tomado como bueno por todas las administraciones que siguieron a Cacciatore.
Ahora mismo, Aníbal Ibarra (ex jefe de Gobierno, destituido por juicio político) está saliendo por todos los medios reclamando por controles que él tampoco aplicó durante su gestión. No es cierto que el incendio de Cromañón se produjo por la corrupción de sus inspectores. El gobierno municipal alentaba la “autorregulación” del negocio de discotecas, y la habilitación trucha había sido decidida en pocas horas durante el gobierno de Fernando De la Rúa.
La Constitución de la Ciudad de Buenos Aires establece que el control comunal es irrenunciable, y sin embargo, ya había renunciado a él cuando fue promulgada.
El sistema es así: un profesional certifica la viabilidad de la obra y el avance paulatino de la construcción. Puede suceder, porque nadie pone el ojo sobre ello, que la empresa constructora se controle a sí misma mediante profesionales que trabajan construyendo y controlando al mismo tiempo.
No se si soy claro. Hasta ahora hay un muerto, pero -esperemos que no- hay también dos desaparecidos.
La culpa la tiene Néstor.
*Autor del blog Que la jarana recién empieza