COLOMBIA - CAUCA: LOS RETOS DEL EJERCICIO ELECTORAL

(Fernando Dorado)

En la fotola dirigente AIda_quilcu, candidata al senado.
Popayán, febrero 16 de 2010

El Polo Democrático Alternativo participa actualmente en un proceso electoral en donde se manifiestan las complejidades de nuestra sociedad. El clientelismo tradicional, la compra descarada de votos, las presiones armadas ilegales, los chantajes de una casta empotrada en el poder, todo eso y mucho más, se observa en el terreno de las elecciones. Obtener en ese entorno el voto limpio de la ciudadanía es muy difícil.

La experiencia de la LISTA UNITARIA conformada por la ASI, el POLO y el Liberalismo Independiente en el Cauca nos ofrece un campo de experimentación y aprendizaje de gran importancia. Para consolidar un ambiente verdaderamente democrático es necesario identificar y evaluar los problemas y las dificultades a fin de encontrar soluciones apropiadas.

El PDA-Cauca definió una candidatura única al servicio de una estrategia de convergencia. La idea es construir una propuesta política democrática que represente los intereses de las mayorías de la región. Cada sector de nuestro partido intenta combinar en forma armónica el apoyo a nuestro candidato a la Cámara (Carlos Solarte) con el trabajo electoral a favor de nuestros diversos candidatos al senado (Robledo, Gloria Ramirez, Marcelo Torres, Alexander López, Camilo Romero, Iván Moreno, etc.) y el impulso de la Lista de Unidad. Es una experiencia nueva y debemos aprender.

Los problemas son múltiples y difíciles. Como la lista al Senado es de voto preferente, la competencia interna tiende a exacerbarse. Lo mejor sería que los candidatos a la Cámara apoyaran a todos los senadores, pero lograr eso no es tan fácil. Las campañas nacionales son bastante diversas. Hay de todo como en botica. Las afinidades y simpatías de grupo o los apoyos económicos condicionados, crean muchas distorsiones y problemas.

Las listas al Senado y Cámara deberían ser cerradas y la financiación de la campaña absolutamente institucionalizada. Los únicos referentes en juego frente al electorado tendrían que ser las ideas, la experiencia y el compromiso práctico con la política partidaria y los intereses de la sociedad. Desgraciadamente no es así, y ello genera numerosas dificultades.

Nuestros aliados y su particularidad

El conocimiento y la acción concertada y conjunta con nuestros aliados es otro campo experimental. Las fuerzas comprometidas en la convergencia tienen también su propia complejidad que debe ser conocida y asimilada por nosotros.

El caso del movimiento indígena caucano es paradigmático. No sólo tenemos varias etnias (nasas, misak, kokonucos, yanaconas, etc.) sino que existen diversos niveles de integración de los pueblos originarios a la sociedad nacional. Hay también contradicciones de clase a su interior, y el problema territorial ha enfrentado a algunos sectores indios con campesinos mestizos y/o afrodescendientes. Las clases dominantes han alimentado esas confrontaciones para mantener su influencia y poder.

En su expresión político-electoral (Alianza Social Indígena ASI) se manifiestan – al igual que en el Polo – las costumbres políticas tradicionales. Vemos también despuntar nuevas formas de acción política. Así mismo, se expresan fuerzas que no están dispuestas a abrirse a la sociedad nacional (indigenismos de diverso tipo), pero también aparecen sectores que, a partir de sus acumulados históricos (La Minga, Autoridades Tradicionales), son conscientes de su fuerza y capacidad para hacer un aporte político y cultural a los colombianos.

De igual forma los liberales independientes se debaten entre romper con las costumbres clientelistas tradicionales del partido de donde provienen, en donde el manejo patrimonial de los recursos estatales es la principal herramienta para obtener el apoyo del electorado, y el reto de realizar de verdad un ejercicio democrático basado en la elaboración de propuestas políticas que atiendan efectivamente los problemas de la sociedad.

También se nota entre los sectores liberales independientes un temor a “juntarse” con los “polistas” y los indígenas. No nos conocen bien. Les parecemos demasiado “radicales” y temen que les corramos su electorado. La imagen construida por la derecha de que el Polo o el movimiento social indígena tienen relaciones con la insurgencia todavía parece estar en algunas mentes. Además, actitudes infantiles de una parte de nuestros activistas, generan rechazo entre sus partidarios. Debemos aprender a conocernos, relacionarnos mejor y ser más respetuosos con nuestros aliados.

La acción electoral y el proyecto político

Todos los candidatos de la Lista Unitaria han empezado a reafirmar la idea de que no estamos impulsando un proceso exclusivamente electoral y/o de coyuntura. Vamos a ir más allá, dicen. Sin embargo, la práctica real no es conjunta. Cada quien hace lo que puede, pero falta una estrategia colectiva. Claro está, es comprensible porque la unión fue concertada muy recientemente. Parece que nos va a hacer falta algo de tiempo.

El problema de fondo consiste en que no contamos con la suficiente claridad. La construcción de un verdadero proyecto político de largo aliento para esta fase histórica está planteada pero falta afirmarla. Ese proyecto es conquistar nuestra verdadera independencia, concretar la Segunda Republica, y empezar a construir una sociedad incluyente, una economía equitativa y un sistema político con democracia participativa.

Tal proyecto debe involucrar a las mayorías nacionales (trabajadores en general, campesinos indígenas, mestizos y afrodescendientes, empresarios no monopólicos, clases medias, desempleados, etc.) y derrotar a las minorías oligárquicas anti-nacionales. En teoría, todos estamos de acuerdo; en la realidad, nos falta la visión y práctica de conjunto.

En esa gran tarea los partidos políticos no son un objetivo en sí mismos. Son apenas herramientas para construir ese gran proyecto. Por ello, la participación electoral y el conseguir acceder a niveles institucionales (congreso, asambleas, concejos, cargos de poder ejecutivo) debe enmarcarse en esa gran tarea, a la cual debemos combinarle el proceso de organización social y político que nos permita cimentar órganos de poder que sean expresión de una Hegemonía Social de carácter popular. No hacerlo así, convierte a nuestros partidos en organismos enteramente electorales dependientes de las figuras parlamentarias. El Polo sufre de ésta enfermedad.

Si perdemos de vista esa gran tarea podemos caer fácilmente en los vicios de la política tradicional. Las aspiraciones personales tienen que estar subordinadas al interés general de las agrupaciones políticas y de ese gran proyecto político. De lo contrario nos deslizaremos inexorablemente al pantano del oportunismo y de la comercialización de la política.

Si nuestras ideas y prácticas políticas son acertadas, claras y transparentes, podremos avanzar en la dirección correcta. Debemos ser creativos en ese ejercicio electoral, utilizar en forma moderna los medios de comunicación a los que tengamos acceso, realizar acciones políticas para romper el cerco informativo, y ante todo, ser pedagógicos, pacientes, abiertos y dispuestos a aprender.

Las lecciones de esta experiencia en el Cauca no deberán medirse sólo por los resultados electorales del próximo 14 de marzo. El acumulado inmediato va a estar al servicio de la campaña presidencial. Pero lo principal es que si pensamos y actuamos con visión de largo plazo contribuiremos en la construcción de ese proyecto político estratégico que tanto necesita nuestro pueblo. Así, nos involucraremos en el torrente democrático que vive la mayor parte de países de Suramérica.