“La Posguerra” (1945/1990): Historia política mundial
(luis Mera)
SOLAPA
Extraordinario ensayo que reúne en tan poco espacio una acertada síntesis de los principales hechos históricos acaecidos entre 1945 y 1990. Solo un profesional con amplísimo dominio del tema pudo haber desarrollado semejante trabajo.
Nos muestra con absoluta claridad el pérfido proceder de las grandes potencias y de los organismos internacionales que las sirven, preocupados sólo por alcanzar sus propios objetivos, sin importarles los penosos resultados que sus procederes ocasionen a los países del Tercer Mundo.
Permite deducir también que nadie puede ser tan ingenuo como para asignar a tan egoísta proceder intenciones filantrópicas.
Coronel (R.E.) Horacio P. Ballester
El autor
El profesor de Historia banfileño, Evaristo Luis Mera, nacido en el otoño de 1958, desarrolla su actividad docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Lomas de Zamora, en el Curso de Orientación Universitaria (C.O.U.) y en la cátedra de Historia Social y Económica I; en el Instituto Superior de Formación Docente Nº 41 de Almirante Brown, en la cátedra de Historia del Siglo XX, y en diversas instituciones educativas.
La labor de investigación histórica lo llevó a desarrollar trabajos referidos a los últimos tiempos de la historia mundial y argentina, entre los que se destacan: "La Posguerra": 1945/90", "La Década del ´70"; “La Década del ‘80 y "La Economía Peronista : 1946-55", estos últimos aún permanecen inéditos.
Para comunicarse con el autor dirijase a email:
info@graficabanfield.com.ar
La Posguerra
historia política
1945 – 1990
Estas páginas están dedicadas a las memorias
de mi padre Evaristo y de mi abuelo José,
,a mi madre Angélica,a mi hermano Marcelo,
a mi primo Fernando
a mi sobrina Caro y también a Pichi.....
Ellos saben por qué...
Sin olvidarme de mis cerca de
ocho mil ex alumnos, que me acompañan en
la loca aventura de intentar enseñar.
INSPIRACIONES
“Los que hacen de la objetividad una religión, mienten.
Ellos no quieren ser objetivos, mentira:
Quieren ser objetos, para salvarse del dolor humano” (Eduardo Galeano)
“Se vive así un “presente perpetuo”, con ideas “fuerza” que marcan el camino
y estan alejados de todo exámen ponderado de la realidad,
la cuál solo tiene sentido si se incorpora lo negado,
es decir, el flujo de la historia” (Mario Rapoport)
Introducción
El presente trabajo tiene por objeto narrar sistemáticamente los principales sucesos políticos acaecidos entre la derrota del Eje -1945- y el inicio de la década de 1990, cuando dan sus frutos los gérmenes que corroerán la experiencia socialista de más de siete décadas en la Unión Soviética y en los países del Pacto de Varsovia. .
La obra está estructurada en forma cronológica, secuenciada en capítulos sincrónicos, priorizando el análisis de los bloques ideológicos enfrentados. Las regiones del tercer mundo están abordadas desde el impacto que el conflicto bipolar produjo en ellas, además de señalar las principales problemáticas autóctonas de este heterogéneo conjunto de paises.
En la primera parte del trabajo abordamos el desarrollo sintético de la segunda guerra mundial, en función de la importancia que este dramático hecho histórico tendrá en la estructuración del entramado básico del mundo bipolar, que le sucederá en el devenir cronológico. Así mismo daremos un panorama global de la situación latinoaméricana al comenzar la segunda parte de la década del ’40.
En la segunda parte pasaremos revista al “núcleo duro” de la llamada posguerra, la etapa que transcurre entre 1945 y 1980, en la cuál analizaremos el conflícto Este-Oeste entre las dos grandes superpotencias y el papel que allí jugará el Tercer Mundo en el contexto independentista exitoso y el fracasado intento de desarrollo económico y de mejoramiento de la calidad de vida de sus sufridas poblaciones.
En la tercera, y última parte, nos dedicaremos a explicar el complejo fenómeno del colapso y la caída de la Unión Soviética y su proyección geopolítica é ideológica; así como el paralelo ascenso de la “revolución conservadora” y el Neoliberalismo que, en parte, es causa y efecto de lo anterior. Finalmente señalaremos las grandes vías por las que transitará el vagón de la historia en el fin del siglo XX.
Aspiro a dejar al lector un panorama global del período citado -centrado en el abordaje de los eventos políticos- sin pretender un objetivismo aséptico, que en vez de anclarse en verdades absolutas, aporte una visión, que no necesariamente debe ser aceptada dogmáticamente, conducente a ampliar el conocimiento de la “prehistoria” del siglo XXI que nos toca transitar.
En la esperanza de emular al maestro Heródoto, en su propuesta de “contar una buena historia”, me consuela el saber que algunos pueden mirar el pasado para enriquecer la comprensión del intrincado presente y del ignoto porvenir a partir de un análisis científico de los sucesos históricos, que no excluya las pasiones del observador, é invalide la profecía de Tocqueville: “Puesto que el pasado ya no aclara el porvenir, el espíritu navega en las tinieblas”
PRIMERA PARTE
Capitulo 1
INSPIRACIONES
“Los hombres en general juzgan de lo pasado
según su verdadera justicia, y de lo presente,
según sus intereses”
(José de San Martín)
“Los Antecedentes”
(1939/45)
1. “La Segunda Guerra Mundial”
2. “Las Conferencias y los Tratados” (1939/45)
3. “América Latina en 1945”
En esta primera parte del trabajo pasaremos revista a los hechos más relevantes sucedidos durante el desarrollo de la segunda guerra mundial y la conformación de los acuerdos entre los vencedores de la misma, que van a configurar las estructuras esenciales del mundo de la posguerra. Dentro de este contexto pasaremos revista a la situación del continente americano en las instancias inmediatamente posteriores a la finalización del conflicto bélico.
Capitulo 1
“Los Antecedentes”
1. “La Segunda Guerra Mundial”
Sumario
- Los Antecedentes.
- Las Ofensivas del Eje.
Fase Europea.
Fase Asiática.
- Las Ofensivas Aliadas.
Frente Europeo Occidental.
Frente Europeo Oriental.
Frente Asiático.
- Consecuencias.
1. “La Segunda Guerra Mundial”
En las ciencias sociales ningún hecho se desarrolla en forma aislada sino que, por el contrario, conforman complejas estructuras que globalizan períodos interconectados entre sí. A su vez, este entramado de sucesos está imbricado en situaciones dialécticas, según las cuales “las cosas no siempre son iguales, sino que sufren cambios por los cuáles dejan de ser lo que eran”.
No hay tampoco muros tapiados que impidan que esas cosas se conecten entre sí. Por el contrario, “La realidad es un conjunto de relaciones en donde los hombres y la propia naturaleza (...) se mueven como producto de contradicciones, choques y hasta rupturas bruscas, en una permanente acción recíproca que da como resultado el nacimiento de fenómenos nuevos que tampoco permanecen impasibles, y a su vez, reinician el plástico proceso”.
“La esencia de las cosas también es algo transitoria, que fluye, presentando diversas apariencias, que siempre van a conservar elementos que las identifican y las hacen comunes, o sea, algo que permanece: unidad en la diversidad, identidad en la diferencia. Nada pues es enteramente novedoso; es el resultado de un proceso previo que conservó lo mejor de éste y logró así su superación, en una síntesis más compleja y rica, que a su vez es el punto de partida de otro ciclo más vital y enriquecedor que aquel” como sostiene el historiador y amigo Guillermo Parson.
Por este motivo para conocer la llamada posguerra es esencial comenzar por abordar la segunda guerra mundial, por estar allí los cimientos de la historia contemporánea del último medio siglo. Al desarrollar este quinquenio esencial en el devenir de nuestra civilización vamos a dividirlo en tres etapas, a saber, una primera centrada en los antecedentes de la misma, otra dedicada a la fase expansiva del Eje -en el período que va entre 1939 y mediados de 1942- y una parte final dedicada al análisis de los avances aliados y la caída definitiva del proyecto mesiánico de Hitler.
A. Los Antecedentes (1933/9)
En esta etapa es importante destacar que las leoninas cláusulas del Tratado de Versalles -sobre todo por el odio y el miedo que en proporciones similares guardaba Francia sobre su histórica enemiga teutona- y las consecuencias de la debácle financiera capitalista de 1929 generaron las condiciones que hicieron posible la llegada al poder en Berlín de Adolf Hitler.El partido Nacional Socialista se apodera del mismo en forma plena en 1933, ante la muerte de Hindenburg, utilizando tres ideas-fuerza básicas: la promesa de frenar el avance del Marxismo -con lo que logrará el apoyo de la clase media y alta-, el compromiso de estabilizar la economía y generar empleo -con lo que coincidirán sectores obreros-, y la de vengar la afrenta de Versalles -en lo que toda Alemania estaba de acuerdo-. Probablemente el precio de casi 60 millones de muertos que ocasionará el desenlace de esta locura sea excesivo para tan magras propuestas, pero es justo reconocer que la culpa no fue solamente de Hitler.
Durante el período 1933/9 Francia e Inglaterra “dejaron hacer” al Führer por tres razones fundamentales: las ideas pacifistas que campeaban por la Europa occidental de la década del '30; el menosprecio por la capacidad militar de Berlín, y la conveniencia de tener un poderoso “estado tapón” entre ellos y el odiado Stalin.
Este análisis lo tenía claro Hitler cuando antes de invadir Noruega dijo en una reunión secreta: “Hasta ahora hemos conseguido evitar que el enemigo conociera las verdaderas metas de Alemania, del mismo modo que antes de 1932 nuestros enemigos internos nunca supieron hacia donde nos encaminábamos, o que nuestro juramento de legalidad no era más que una treta. Deseábamos llegar legalmente al poder, pero no queríamos usarlo legalmente…podían habernos eliminado…En 1933 un primer ministro francés debió decir: “El nuevo canciller del Reich es el hombre que escribió Mein Kampf, y que dice esto y aquello. No podemos tolerar a ese hombre en nuestra vecindad…o desaparece o marchamos”, pero no procedieron así. Nos dejaron en paz y nos permitieron atravesar la zona de riesgo”.
Para completar esta idea acotemos que Stalin también creía que el Führer era un mal necesario, porque supuestamente se lanzaría sobre Francia e Inglaterra, y que luego la Unión Soviética se apoderaría de los despojos de Europa. Los Estados Unidos mientras tanto se mantenían aparentemente al margen de la política del viejo continente: el aislacionismo de principios de siglo retomaba su fuerza en el Departamento de Estado. P aralelamente Hitler planificaba… “Primero, obtener el control de la propia Alemania, y comenzar el proceso de depuración en el país. Segundo, destruir el acuerdo de Versalles y afirmar la posición de Alemania como potencia dominante de Europa central. Todo eso podría realizarse sin necesidad de guerra. Tercero, sobre esta base de poder, destruir a la Unión Soviética (…el verdadero enemigo del Nazismo...), y, mediante la colonización crear una sólida base de poder económico y estratégico que permitiese organizar un imperio continental, en el cual Francia e Italia serían meros satélites. En la cuarta etapa Alemania conquistaría un dilatado imperio colonial en Africa, construiría una gran armada oceánica, de modo que sería una de las cuatro superpotencias, además de Gran Bretaña, Japón y los Estados Unidos.
Finalmente, en la generación que siguiese a su muerte, Hitler concebía una lucha decisiva entre Alemania y los Estados Unidos por el dominio del mundo”. Para el logro de estos objetivos Hitler había elaborado el llamado Pacto Antikomintern que unía a Berlín con Japón e Italia, aunque el líder alemán despreciase a ambos en su íntima conciencia racista, además de prestar apoyo militar al general Franco en la guerra civil española para evitar el triunfo de “los rojos”.
Alemania basará su estrategia militar en la velocidad de acción -Blitzkrieg- y en la potencia de su aviación -Luftwaffe-; de esta manera anexará Austria -Anschluss- e invadirá Checoslovaquia en marzo de 1939, con lo cual la fase europea de la guerra era casi un hecho.
Pero la gota que derramará el vaso y pondrá en marcha el terrible quinquenio que arrasará con más de 60 millones de vidas será la ocupación alemana de Polonia el 1° de septiembre de ese año. Londres y París deciden poner coto a las ambiciones del Führer saliendo en defensa de Varsovia. Previamente Hitler se había asegurado sus espaldas en el este, al pactar con Stalin un compromiso de no- agresión, que además garantizaba la partición de Polonia entre los firmantes y el visto bueno teutón a la ofensiva rusa sobre Finlandia -noviembre 1939-.
B. Ofensivas del Eje (1939/42)
En este primer período de la guerra el teatro bélico se amplía enormemente, razones didácticas aconsejan su división de dos fases: una europea y otra asiática.
B.1. Fase Europea (1939/42)
La debilidad comparativa y prospectiva de Alemania obligó a los estrategas nazis a planificar tácticas fulminantes que impidieran el alargamiento del conflicto, para ello las unidades motorizadas del ejército envolvían al enemigo, y luego la aviación machacaba los bolsones de resistencia, para asegurar el rápido avance hacia las grandes ciudades que permitiera el reabastecimiento de los invasores para continuar la ofensiva.
Con este elemental pero efectivo plan táctico la “aplanadora alemana” desbordó a los aliados en el norte europeo: en menos de seis meses Bélgica, Escandinavia, Holanda y Francia se rindieron a sus pies.
En junio de 1940 los sorprendidos británicos comenzaban a preparar sus baterías antiaéreas para tratar de frenar el aluvión que la Luftwaffe lanzó sobre las principales ciudades para ablandar el objetivo, como paso previo al cruce del Canal de La Mancha. Hitler vivía momentos de gloria, Churchill miraba con trágica esperanza hacía el otro lado del Atlántico donde el indeciso Roosevelt comprendía rápidamente que solo le quedaba una opción: apoyar a los británicos o aceptar una Europa regida por el Tercer Reich. Mientras tanto los azorados franceses veían surgir en junio una zona de ocupación directa alemana, y otra que, desde Vichy, era dirigida por el colaboracionista Mariscal Petain. Tan solo el general De Gaulle intentaría resistir dirigiendo a sus “Maquis” desde el exilio londinense.
Para afirmar su apoyo a Berlín, Mussolini ordena días antes de la caída de París la invasión por los Alpes del suelo francés. Luego demostrará su impericia militar al fracasar en Africa del Norte y los Balcanes frente a tropas inglesas, obligando a Hitler a ocupar en forma preventiva la región balcánica. Con lo cual a mediados de 1940 toda la costa norte del Mediterráneo quedó en poder del Eje; La conquista italiana de Libia preanunciaba la ocupación de la otra orilla.
Si tenemos en cuenta que la España de Franco y el Portugal de Zalazar eran afines a Hitler entenderemos rápidamente que a fines de 1941 solamente las islas Británicas y la Rusia Soviética le faltaban a Alemania para apoderarse de toda Europa, por lo que los estrategas de Berlín debieron elegir a quién deglutían primero y veremos que al escoger en forma equivocada el próximo rival a engullir le costaría la futura derrota y el fin de sus sueños. Mientras tanto los norteamericanos aprobaban la ley de “Préstamo y arriendo” por la cual entregarían material bélico a sus aliados, sobre todo la Unión Soviética; se supone que Roosevelt estaba enterado del próximo paso alemán.
Cuando el alto mando germánico aconsejaba aprovechar el control del norte de Africa -Rommel había encerrado a los ingleses en Egipto- para avanzar hacía el Indico en busca del eslabón dorado del imperio inglés: la India, y unir sus fuerzas con las niponas que arrasaban con Indochina para forzar a Churchill a pedir la paz; Hitler decidió virar el foco de ataque y poner en marcha el mayor anhelo de cualquier militar desde la época de Napoleón: la ocupación de Rusia, tal cual lo había anunciado: “Todo lo que emprendo está dirigido contra Rusia. Si occidente es demasiado ciego y demasiado estúpido para no comprenderlo, me veré obligado a alcanzar un entendimiento con los rusos (…Tratado del año 1939…), aplastar a occidente y después volver toda mi fuerza concentrada contra la Unión Soviética”.
Hitler comprendía que la “Operación Barbarroja” debía cumplir dos objetivos: que se desarrollara dentro de los clásicos moldes de la Blitzkrieg permitiendo así cercar Moscú y el cordón industrial soviético -evitando caer en la misma trampa que hundió a Napoleón-, e impactar a Occidente con una rápida victoria en el este.
El desmantelamiento del Estado Mayor soviético -por las purgas de Stalin-, la sorpresa, y la arrolladora táctica teutona dieron a la operación Barbarroja una primera etapa feliz: en menos de cinco meses Moscú se encontraba rodeada de enemigos y esperando el zarpazo final; aunque en forma inesperada la “aplanadora nazi” viró erróneamente hacía la cuenca del Donetz y la región de Crimea (diciembre 1941), complicando la estrategia inicial y poniendo en riesgo el éxito final.
En este momento el dictador Stalin ya había logrado convencer a su pueblo de la necesidad de una “Cruzada nacional” contra los invasores más allá de diferencias políticas internas, por lo que puso en marcha el mayor esfuerzo bélico de toda la historia rusa, amén de hacer entrar en combate al histórico “General Invierno” -que ya había aplastado a Napoleón- y de comenzar a llegar el apoyo anglo-norteamericano.
Recordemos que desde diciembre de 1941 los Estados Unidos estaban en guerra con el Eje, por lo que trataban de fortalecer a Stalin para que el “rodillo ruso” aliviara la presión sobre el frente Atlántico. Durante todo el año 1942 las tropas alemanas trataron de quebrar la resistencia del “Oso Ruso” sin el menor éxito, salvo la efímera y pírrica ocupación de Stalingrado, donde ya se hacía evidente la adopción de una estrategia defensiva de la “Operación Barbarroja”, mientras el ejército soviético se reforzaba con ayuda aliada y se comenzaba a perfilar el cambio de signo de la guerra en su conjunto a fines de 1942.
B.2. Fase Asiática (1941/2)
Durante el siglo XX los japoneses se habían convertido en la potencia principal del extremo oriente en razón de las sucesivas victorias sobre China -1894 y 1937- y la Rusia Zarista -1905-; la nueva situación europea presentaba para los “halcones” militaristas nipones una veta para continuar el expansionismo sobre el Pacífico, por lo que Tokio firmó el pacto del Eje en septiembre de 1940 y esperó un guiño de Hitler para apoderarse del cadavérico imperio francés en Indochina y lanzarse sobre el más firme territorio colonial británico en el Pacífico.
Igualmente el Imperio del Sol Naciente tendrá serias dificultades para consolidar su anhelada “Gran Esfera Asiática Oriental” debido a razones de inferioridad estructural de sus industrias básicas y bélicas en comparación con los Estados Unidos; escuchemos al Almirante Yamamoto “Si me ordenan combatir sin prestar atención a las consecuencias, realizaré enormes progresos en seis meses o en un año. Pero no deposito la más mínima confianza en lo que suceda al segundo o tercer año”. Este profético comentario demostraba a las claras la similitud del estado real de las fuerzas del Eje, obligando al ministro Tojo a utilizar la misma estrategia de su aliado en Berlín: Desarrollar un arrollador avance tipo “Blitzkrieg” y luego esperar la ayuda del Altísimo.
El presionado emperador Hirohito dio el visto bueno y las tropas niponas se lanzaron a atacar la base naval yanqui de Pearl Harbour en las Islas Hawai. Este éxito sorpresivo, aunque menor al esperado, ya que el grueso de la armada de los Estados Unidos estaba en alta mar -quiza avisada del próximo ataque-, generó una ola de triunfalismo en Tokio y el ingreso de Washington al conflicto.
El avance japonés en el Pacífico emulaba en rapidez al de Hitler en Europa del oeste; entre enero y agosto de 1942 se había apoderado de Indochina, Corea, Manchuria, las Filipinas, Indonesia, Birmania y de todos los archipiélagos importantes de la zona con lo que amenazaban seriamente a Australia, salvada por la victoria naval yanqui del Mar del Coral -mayo de 1942-. Probablemente el avance nipón lo llevaría, según cálculos de Tojo, a unirse con las fuerzas alemanas que bajaban del Asia para golpear juntas las puertas de la India.
Las estrepitosas derrotas de Mar del Coral y Midway en junio de ese año frenaron la iniciativa de Tokio, preanunciando el futuro negro para los japoneses a partir del año entrante.
C. Ofensivas Aliadas (1943/5)
Desde la reunión de agosto de 1941 entre Roosevelt y Churchill, a la que se sumará Stalin al firmar la Carta del Atlántico -enero 1940-, las naciones aliadas se aglutinarán para unificar el esfuerzo destinado a derrotar a Hitler. Esta alianza planificará una ofensiva de “pinzas” sobre el Eje, financiada por Washington, a través de una considerable ayuda a Stalin a efectos de consolidar el frente oriental de la guerra europea.
Veamos parte de esa ayuda: “En total EEUU envió cerca de 11.000 millones de dólares, desglosados de la siguiente manera: 16 millones de toneladas de material bélico, para cuyo transporte se emplearon más de 2.600 buques, unos 500.000 camiones, más de 10.000 vehículos blindados, 35.000 motocicletas, casi 3.000 camiones de transporte de piezas de artillería, 1.045 locomotoras de vapor y 50 diesel, 11.000 vagones de carga y 120 vagones cisterna, 2,6 millones de Toneladas de combustible para aviones.
Lo cual sew completaba con 4,5 millones de toneladas. de víveres, sin contar el material sanitario y los medicamentos por valor de varios miles de millones de dólares.
Se desmontó una fábrica entera de neumáticos para automotores y camiones para trasladarla a la URSS; en ella se daba trabajo a 20000 obreros. Evidentemente Roosevelt gobernaba un país de recursos inagotables, que además financiaría los desembarcos en Normandía y Sicilia, y las campañas contra el Japón”.
En esta última fase de la segunda guerra mundial el teatro de operaciones se bifurcará en tres frentes bien nítidos, el primero abarcando Europa occidental, el segundo el este europeo y uno ampliado en la cuenca del Pacífico.
C.1. Frente Europeo occidental (1943/5)
La estrategia elaborada por el Alto Mando Aliado era intentar el desembarco en Europa por el flanco más débil del Eje: el Mar Mediterráneo; pero para ello era necesaria la derrota previa de Rommel en el norte de África para asegurar las futuras cabezas de playa en las costas italianas.
Para cumplir el objetivo los aliados aprovechan la debilidad naval alemana para desembarcar en Marruecos y sostener a las tropas inglesas de Montgomery que se preparaban para lanzar una contraofensiva sobre los tanques de Rommel, muy debilitado logísticamente por la decisión de Hitler de centralizar el grueso de las fuerzas en el frente ruso, además la disminución del potencial bélico alemán ya era alarmante a esta altura del conflicto.
La segunda batalla de El Alamein, el 23 de octubre de 1942, fue un completo éxito de los aliados del VIII ejército británico que obligó al enemigo a retroceder hacia Túnez, donde sufrirá una nueva derrota en mayo del año siguiente. A partir de aquí Alemania entrará en una etapa de evacuación acelerada del norte de Africa, preparando la resistencia en Italia, con la esperanza de evitar el ingreso aliado a Europa central.
El 10 de julio de ese año los anfibios aliados desembarcan y ocupan rápidamente Sicilia emprendiendo un veloz avance sobre Roma, que ocasiona la primer caída de Mussolini y su reemplazo por el Mariscal Badoglio. La respuesta alemana no se hizo esperar: paracaidistas de élite reponen al Duce en el poder, aunque como evidente “títere” de Berlín, estableciendo una línea defensiva en el norte -octubre 1943-, que le costará a los aliados una dura lucha hasta que el mariscal Alexander sobrepase la línea de Montecassino, entre en Roma y llegue a los Alpes -abril 1945-. Mientras tanto toda Italia era ocupada por los aliados; el líder fascista era fusilado por los Partizanos en Dongo en su huida, con él acababa su proyecto corporativista.
En el frente sur el general Eisenhower daba el toque final a la mayor movilización militar de la historia: “La Operación Overlord”, el desembarco en Normandía el 6 de junio de 1944 -el llamado día D- de 200.000 soldados transportados en 4.000 barcos destinados a ocupar Francia y avanzar hacia el centro de Europa. Este plan necesitaba articularse con la “Operación Dragón”, dirigida al desembarco en el sur francés -agosto de 1944- para unir las fuerzas aliadas en las entrañas del Rhín. Se cumplía así con el pedido de Stalin de abrir un segundo frente europeo que distrajese a los alemanes y permitiera el contraataque ruso desde el este.
La contraofensiva alemana en Las Ardenas -diciembre 1944- retrasa el avance aliado a Berlín pero no lo frena, más bien diremos que la estrategia de Roosevelt, criticada por Churchill, que consideraba “una descortesía para con Stalin” el que lleguen primero al búnker de Hitler, le da al avance una velocidad diplomática.Finalmente, y luego de una heroica resistencia de los cuerpos de élites germanos, las tropas de Patton y Montgomery penetran en las inmediaciones de Berlín aceptando la rendición alemana el 7 de mayo de 1945, días antes se había suicidado Hitler con lo que el “ Reich de los mil años “ se hundía entre las ruinas de la Alemania derrotada.
C.2. Frente Europeo oriental (1943/5)
La terrible batalla de Stalingrado significaba tanto para los invasores como para los defensores un hito clave en esta fase de la guerra en el este europeo. Lo cierto es que el apoyo yanqui y del “General Invierno” permitió a las tropas rusas envolver a Von Paulus y obligarlo a rendirse el 30 de enero de 1943.
A partir de este sangriento triunfo las fuerzas de Stalin -dirigidas magistralmente por Rokossowski, Zhukov, Koniev y Petrov-, comenzaron a invadir Polonia y a abrirse en abanico rumbo a Prusia. El Ejercito Rojo liberará todas las capitales de Europa oriental, salvo Belgrado, pasando luego “la factura” en Yalta.
El avance incontenible del “rodillo ruso” logrará en menos de cinco meses “limpiar” el sector oriental europeo y poner proa hacia la capital del Reich, a la que sitia a fines de abril de 1945. El resto es historia conocida: la rendición del almirante Doenitz ante Zhukov el 8 de mayo de este año, poniendo fin a la guerra.
C.3. Frente asiático (1943/5)
Las derrotas navales en Mar del Coral y Midway entre mayo y junio de 1942 habían frenado el avance nipón en el Pacífico permitiendo la contraofensiva de los aliados, dirigida por Mac Arthur y el Almirante Nimitz. El plan norteamericano consistía simplemente en hacer valer la superioridad de su complejo militar- industrial a través de grandes batallas marítimas que debilitarían irremediablemente a Japón y lo obligarían a retroceder; luego el avance “isla por isla” completará el cerco del archipiélago de Hirohito a la espera de una rendición incondicional.
Con un combinado avance en los frentes sudoccidental y central del Pacífico los Aliados recuperaron Nueva Guinea, las Aleutianas, las Marshall y las Marianas entre mayo de 1943 y abril de 1944. Los éxitos de esta etapa, y los signos de debilidad nipona, animaron a las tropas de Mac Arthur a invadir Filipinas y Birmania -esta región la ocupará Inglaterra a través de Lord Mountbatten-, para usar a las primeras como base de ataque al propio territorio japonés, que ya era bombardeado en sus centros industriales y urbanos.
Ante la inminencia de la derrota el Alto Mando Japonés depuso a Tojo y dio marcha a la “Operación Decisión”, que consistía en lanzar 10.000 aviones suicidas -Kamikaze- sobre la flota invasora y dejar en las playas una fuerza defensiva de dos millones de soldados, a los que se suman casi medio millón de tropas de élite, decididos a vender cara la derrota. El menor nivel armamentístico y logístico de los nipones haría ilusoria tal estrategia.
Mac Arthur y su Estado Mayor deliberaron largamente y evaluaron como altamente riesgosa la estrategia “isla por isla” en cuanto a bajas propias posibles. Si a esto le sumamos la posición expectante de las tropas rusas en Manchuria, con la probabilidad de que se apoderaran del territorio japonés, y el interés en mostrarle a Moscú la “nueva arma letal “de la tecnología bélica estadounidense se entenderá la decisión de bombardear Tokio con más de 1.500 aparatos y el lanzamiento de las flamantes bombas atómicas sobre Hiroshima -6 de agosto- y Nagasaki -9 de agosto- que masacraron 280.000 japoneses en poco tiempo. Ante la caótica situación y la negativa de Stalin a mediar -Moscú declarará la guerra el 8 de agosto- Tokio debió capitular el 2 de septiembre de 1945. La más terrible y sangrienta etapa de la historia acababa para la humanidad.
D. Conclusión
Esta locura bélica había costado en la década del '40 la friolera de 1 billón 500 mil millones de dólares de la época, que aportaron un 21% los Estados Unidos, un 20% Gran Bretaña, un 18% Alemania, un 13% la Unión Soviética y un 4% el Japón.
Si hablamos de algo más importante que el dinero digamos que la guerra tronchó la vida de más de 60 millones de personas, de los cuales 2 millones de ellas eran civiles que fueron bombardeadas durante el conflicto. Entre los muertos se deben contabilizar 20 millones de soviéticos, 6 millones de chinos, 5 millones de polacos, 8 millones de alemanes, 2 millones de japoneses, medio millón de británicos, otro tanto de italianos y estadounidenses, casi 6 millones de judíos -asesinados en campos de concentración nazis-º.
En el próximo capítulo veremos someramente el desarrollo de las conferencias políticas y económicas en el período 1940/5 que irán prefigurando los acuerdos de paz de los beligerantes, y la decisiva Conferencia de Yalta que irá marcando los rieles por los que transitará el mundo hasta la llegada de la década del ’90.
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º Se incluyen en esta cifra a minusválidos, homosexuales, gitanos, alienados, opositores políticos y republicanos españoles exilados (capturados en la ocupación de Francia).
CAPITULO 1
"Los Antecedentes " (1939/45)
2. “Las Conferencias y los Tratados”
(1939/45)
Sumario.
- Reuniones preliminares (1941/3).
- Las conferencias esenciales (1943/5).
Conferencia de Yalta.
Conferencia de Postdam.
- Los Tratados internacionales.
La Organización de Las Naciones Unidas.
Los Acuerdos de Bretton Woods.
2. “Las Conferencias y los Tratados” (1939/45)
En los cuatro años que corren hasta el final de la segunda guerra mundial las naciones aliadas realizaron una serie de largas conferencias, de las que surgirán tratados esenciales para la reorganización del mundo contemporáneo.A efectos didácticos vamos a dividirlos en tres aspectos, a saber: Reuniones Preliminares -1941/3-, Conferencias Esenciales -las de Teherán, Yalta y Potsdam- y los Tratados que crearán la O.N.U y los acuerdos económicos de Bretton Woods.
A. Reuniones preliminares (1941/3)
Recordemos que los Estados Unidos apoyaron a Gran Bretaña desde el principio de la guerra; en 1937 se anula el “Neutrality Act” reemplazándola por medidas que favorezcan el abastecimiento de sus potenciales aliados europeos -ej. “Lend and Lease Act”-.
A pesar de las tensiones entre Londres y Moscú sobre el medio oriente, las tres grandes potencias se unen en 1941 para contrarrestar la agresión de Hitler a la URSS y planificar la respuesta al ataque nipón a Pearl Harbour.En esta temprana etapa se pueden vislumbrar los diferentes proyectos para la Europa de posguerra que tenían cada una de las potencias aliadas frente al enemigo común.
Seguramente Moscú tenía más claro el futuro, ya que Stalin ambicionaba extender su área de influencia hacia el oeste – se debe recordar el proyecto zarista de la “Gran Rusia”- con el pretexto ideológico de potenciar el socialismo en Europa oriental y central. Si analizamos a fondo esta idea del dictador soviético veremos que era bastante coherente con la potencialidad del país que gobernaba, aunque se vanagloriara del “Internacionalismo Proletario”.
Naturalmente que el límite a este proyecto, el futuro “Pacto de Varsovia” será determinado por la habilidad de Stalin y la blandura de Roosevelt respectivamente.
Churchill, era consciente que esta guerra marcaba el final de Londres como potencia hegemónica, por lo que el Foreign Office tratará de lograr dos objetivos: asegurar lo más convenientemente posible la entrega de la primacía de occidente a los Estados Unidos, y comenzar a frenar a Stalin, de quien se dudaba de su sincera amistad y lo veían como potencial reemplazante de Hitler en el candelero de los enemigos de la “Unión Jack”
Washington luego de vencer a duras penas su aislacionismo histórico -si exceptuamos el final de la Gran Guerra-, se debatía entre las posturas de ciertos estrategas que coincidían con Churchill y los planes del Presidente que veía en Stalin a un leal amigo -Roosevelt lo llamaba “Old Joe” o “Uncle Joe”- con el que se deberían elaborar los acuerdos que aseguren “Un milenio de paz”, luego de aplastar a Hitler.
En agosto de 1941 Roosevelt y Churchill se reunieron a bordo de una torpedera estadounidense para acordar la cooperación económica y bélica mutua, en realidad Washington entregará armas, víveres y logística a Londres, para comenzar a estructurar el mundo de posguerra tratando de evitar repetir los errores de Versalles.
El 14 de agosto de este año se da a conocer la llamada “Carta del Atlántico” que basaba ese plan en “Las cuatro libertades” -de opinión, de religión, del terror y del hambre- que asegurarán el respeto de las fronteras de preguerra y evitar futuros conflictos a través de la creación de algún tipo de organización supranacional.
Este acuerdo de potencias sajonas será ratificado por Stalin, De Gaulle -gobierno francés en el exilio londinense- y otros 25 países que le habían declarado la guerra al Eje, en el Pacto de Washington -considerado el antecedente directo de la ONU-.
Entre el 18 y el 26 de junio de este año se reúnen por segunda vez en la capital norteamericana los aliados para decidir la apertura de un segundo frente europeo y analizar la contribución mutua para el desarrollo nuclear con fines bélicos. Además se acuerda continuar estas reuniones para evaluar el desarrollo del conflicto y meditar las acciones a tomar en consecuencia.
Entre el 14 y el 24 de enero en Casablanca, Roosevelt y Churchill deciden el desembarco en Sicilia, el bombardeo sistemático del Reich -sobre todo fábricas y dependencias militares- y exigir la capitulación incondicional de Alemania. .
En la V° Conferencia de Washington, 11 al 25 de mayo, se analiza la posiblidad de un desembarco futuro en Francia y el empleo de armas atómicas. En las siguientes reuniones de Quebec -14 al 24 de agosto-, Moscú -19 al 30 de octubre- y El Cairo -entre el 22 y el 25 de noviembre- se irán afinando detalles de los programas para concluir la ofensiva sobre el Eje en Normandía y el Pacífico.
B. Conferencias Esenciales (1943/5)
Bajo este rótulo incluiremos las tres Conferencias -Teherán, Yalta y Postdam- que irán reuniendo a los jerarcas Aliados a efectos de ajustar los detalles finales de las operaciones contra el Eje, e ir planificando el mundo de posguerra.
B.1. Conferencia de Teherán -28 de noviembre al 1° de diciembre de 1943-
En noviembre de 1943 en la capital persa se reúnen el presidente norteamericano Roosevelt, los ingleses Churchill y Eden, los soviéticos Stalin, Molotov y Voroshilov. En esta reunión se decide abandonar la propuesta del asesor norteamericano Morgenthau destinada a transformar a Alemania en “un país pastoril” que impidiese su futuro desarrollo industrial y el hipotético rearme del secular enemigo europeo, en la cual coincidía Francia.
Probablemente la idea de desechar este plan fuera apoyada, por razones distintas, tanto por Stalin como por Churchill a efectos de contar con una Alemania poderosa como aliada con vistas al futuro desarrollo del conflicto este - oeste que se avecinaba
Se acordó el plan de operaciones finales para derrotar a Hitler y el juzgamiento de los criminales de guerra nazis según este principio: “Los acusados cuyos crímenes hayan sido cometidos en un lugar determinado se entregarán al estado interesado, que los juzgará de acuerdo a su propia legislación. Los crímenes que no se puedan situar geográficamente, porque conciernen a varios países, serán castigados según una decisión común de los Aliados”.
Este será el antecedente de los procesos de Nüremberg entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1° de octubre de 1946. A continuación, se aseguró la salvaguarda de la independencia futura de Irán -en reconocimiento al apoyo dado por los persas a los aliados en la guerra-, la implementación del “Proyecto Naciones Unidas” y la convocatoria a una próxima reunión en la zona de Crimea.
B.2. La Conferencia de Yalta (1° al 11 de febrero de 1945)
En febrero de 1945, cuando la guerra estaba terminando en Europa, los líderes de las tres grandes potencias vencedoras se reunieron en Yalta -a orillas del Mar Negro- para repartirse el control de los países “liberados”, en la oficialmente denominada Conferencia de Crimea, aunque se popularizó con el nombre de la ciudad donde se celebró la misma.
Cinco meses después terminarían las negociaciones y sé definirían las posturas sobre la ordenación territorial y económica del mundo en la reunión de Potsdam, cerca del Berlín destruido.
Este reparto ocasionaría las primeras divergencias entre los aliados, que ya evidenciaban discrepancias propias de la “guerra fría”, en la que el mundo entraba aceleradamente. Finalmente en el desvencijado palacio de Livadia -ocupado hasta hace poco por los nazis- los socios desconfiados deciden definir siete temas:
1. Alemania: Derrota incondicional de Hitler, proceso de “desnazificación” y juzgamiento de los criminales de guerra, división del país en tres sectores de ocupación aliada -Estados Unidos, URSS y Gran Bretaña- y creación de un organismo para dirigir las zonas ocupadas -El Consejo Aliado-. Más adelante Roosevelt aceptará la sugerencia De Gaulle para hacer participar a París del reparto de los despojos de Alemania.
2. Polonia: desautorización al gobierno polaco en el exilio londinense y reconocimiento del pro-soviético “Comité de Lublin”, establecimiento de la línea Curzon como frontera polaca -con lo que Varsovia cedía a Stalin sus provincias orientales, recibiendo en compensación territorios teutones-.
3.Este Europeo: teóricamente se aceptaba el respeto por los “deseos de los pueblos de la región, expresados en comicios libres”, aunque Stalin manipulará hábilmente esta situación para apoderarse de la región con el apoyo del victorioso Ejército Rojo y de los partidos comunistas locales que contaban con simpatías populares por haber liderado la resistencia contra los invasores nazis.
4.Yugoslavia: Este país tenía la particularidad de ser el único que no debe su liberación al Ejército Rojo, sino a los Partizanos del mariscal Josef Brotz - Tito-, por lo que se lo reconocerá como líder nacional.
5.Grecia y Austria: Las partes aceptan que ambos países pertenecen a la esfera de intereses occidentales, aunque es bueno destacar que en Atenas estallará una guerra civil que analizaremos en el próximo capítulo.
6.O.N.U: Se decide fijar la ciudad de San Francisco como sede de una próxima reunión de delegados de 40 países a efectos de organizar este organismo supranacional.
Luego de los saludos de práctica entre los líderes victoriosos se pone fin a esta mítica conferencia con la promesa de una próxima ronda en julio, a la que Roosevelt y Churchill no podrán concurrir por razones diversas -muerte y renuncia-. Al concluir la misma se hacía evidente que Stalin era el gran triunfador al transformar a la URSS en una potencia de primer orden que pasaba a controlar la mitad oriental de Europa.
B.3. Conferencia de Postdam (17 de julio al 2 de agosto de 1945)
Muchas cosas habían cambiado en el mundo en los cinco meses que van desde Yalta hasta Postdam: para empezar había muerto el presidente Roosevelt siendo reemplazado por el vice Harry S. Truman, el premier inglés Churchill había sido desplazado por el triunfador en las elecciones, el laborista Clement Attlee en julio de ese año.
Para completar los cambios digamos que el otrora poderoso Eje agonizaba indefectiblemente, mientras el “Proyecto Manhattan” -lanzamiento de la bomba atómica- estaba a punto de concluir exitosamente. Lo cierto es que Stalin, Truman y Attle -fugazmente también Churchill- comenzaron el 17 de julio de 1945 a ratificar plenamente lo acordado en Yalta. El palacio de Cecilienhof fue velozmente amueblado y puesto en marcha para la última gran conferencia del trío de aliados. Sintéticamente los acuerdos de Postdam establecen:
1. Ratificación del reparto de Alemania.
2. Aprobación de las nuevas fronteras polacas.
3. Fijación de las reparaciones de guerra, que se cobrarían con la ocupación de cada sector alemán por las potencias aliadas.
4. Aceptación de la hegemonía soviética en el este europeo, que llevará a Churchill a pronunciar la célebre frase: “Un telón de acero ha caído sobre Europa”. En realidad Goebbles, en su libro “Das Reich” había inventado el dicho que ganó fama posteriormente.
5. Se decide ratificar la legalidad del gobierno del general Franco en España, pese a la oposición de Stalin, aunque no se acepta su ingreso en la ONU.
6. La neutralidad definitiva de Austria y Suiza.
7. Elaboración de los tratados de paz que se firmarán mucho después.
8. Compromiso de Stalin sobre la declaración de la guerra soviética al Japón.
C. Los Tratados Internacionales
Bajo este rótulo analizaremos los planes y la estructuración de la Organización de la Naciones Unidas, con su proyecto de ente supranacional encargado de impedir la repetición de nuevas guerras, tratando de evitar los errores de su antecesora Sociedad de las Naciones, encaminando las relaciones entre los estados a través del derecho y la diplomacia.
También veremos la gestación y consecuencias de los acuerdos de Bretton Woods que anhelaban también un mundo, en este caso desde el ángulo económico, un poco más estable. Ambos ideales se frustrarán por centrarse en un plano de desigualdad que tiende más a preservar los intereses de las potencias vencedoras que a un verdadero equilibrio universal, pese a lo señalado por él articulo 1° de la Carta de la ONU… “…Salvación de la paz mundial, defensa de los derechos del hombre, igualdad de derechos para todos los pueblos, aumento del nivel de vida en todo el mundo”…
1. La Organización de la Naciones Unidas (1945)
El antecedente directo de la creación de la ONU será la llamada “Carta del Atlántico” firmada por Churchill y Roosevelt el 14 de agosto de 1941 que propiciaba algún tipo de organismo supranacional. Luego se adherirán a ella la URSS y Francia -agosto de 1943-, con lo que los vencedores de Hitler comienzan a diagramar la futura O.N.U..
La reunión entre los cancilleres A. Cadogan -Inglaterra-, E. Stettinius -USA-, el joven soviético A. Gromyko y el nuevo “socio” chino W. Koo -representante de la China de Chiang Khai Tse- en los suburbios de San Francisco -concretamente en Dumbarton Oaks- entre agosto y octubre de 1944 vislumbraba la superioridad de las potencias citadas sobre el resto de los miembros de las Naciones Unidas.. El británico Cadogan profetizaba: “Se debe crear una organización en la que cada estado miembro tuviera unas responsabilidades paralelas a su poder”.
Finalmente se resuelve que cada estado miembro posea un voto, pero que paralelamente se cree algún mecanismo -¿Consejo de Seguridad?- que mantenga la relación entre fuerza militar y poder de decisión.
De acuerdo a lo establecido en Yalta se reúnen en la primavera de 1945 los representantes de los países en San Francisco. Se decide aceptar el pedido de Stalin de otorgársele tres votos a su país -de los cuales uno era para Rusia, otro para Ucrania y el restante para Bielorusia- a cambio de aceptar el ingreso a la organización de Argentina y Dinamarca -muy cuestionadas por sospechas de filonazismo-, que como aliados occidentales emparejarían para Estados Unidos los votos de ventaja que había logrado Moscú. Luego de dos meses de debate se aprueba la estructura definitiva de la nueva organización supranacional.
Secretaria General
Consejo de Seguridad
Asamblea General
Tribunal Internacional de Justicia
Comisiones de Paz
Consejo de Administración Fiduciaria
Consejo Económico y Social
La Asamblea General se compondrá de todos los estados miembros, en un principio cuarenta y cinco, que poseerán un voto por país. El Consejo de Seguridad estará formado por cinco miembros permanentes -Estados Unidos, URSS, China, Francia e Inglaterra- y diez temporarios rotativos. Dentro de él poseerán Derecho de Veto las cinco superpotencias, es decir la posibilidad de oponerse a alguna decisión con la cual ella quedaba abortada.
Finalmente como dato ilustrativo mencionaremos a los Estados fundadores de la ONU: Arabia Saudita, Australia, Bélgica, Bolivia, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Cuba, Checoslovaquia, Chile, República Dominicana, Ecuador, Egipto, Etiopía, Filipinas, Francia, Grecia, Guatemala, Haití, Honduras, India, Irak, Irán, Liberia, Luxemburgo, México, Holanda, Nueva Zelandia, Nicaragua, Noruega, Panamá, Paraguay, Perú, El Salvador, Sudáfrica, Turquía, Uruguay, Venezuela, Yugoslavia, Polonia, Dinamarca y Argentina. La España fascista del general Franco no será incluida en ella, pese a los pedidos de Washington.
2. Acuerdos de Bretton Woods (1944)
A mediados de 1944, cuando el hundimiento del Eje era una realidad próxima, las potencias vencedoras deciden comenzar a reorganizar la economía mundial con vistas a la posguerra. Para ello se reúnen en Bretton Woods -New Hampshire- entre el 1° y el 22 de julio economistas de las grandes potencias, que luego de debatir ásperamente con los pocos delegados de los países pobres deciden crear dos organismos claves: El Fondo Monetario Internacional -FMI- y el Banco Internacional para la Reconstrucción y Fomento -BIRF-.
El primero de ellos tiene como objetivo fomentar la cooperación internacional, fijando reglas de juego y creando un mecanismo para financiar los déficit fiscales y los balances de pago. Naturalmente que de esta manera el Fondo controlará la economía de los países del mundo a través de monitoreos que avalen cualquier préstamo, con lo cual es obvio deducir que los países subdesarrollados del sur tendrán frenado su crecimiento cuando no convenga a los países del norte - con la excusa del equilibrio macroeconómico -.
El BIRF -actual Banco Mundial- propugnará fomentar la reconstrucción y el desarrollo de los países asociados. Tampoco este organismo escapará a la función de su “hermano de leche”: que las naciones industrializadas “tutelen” a los países periféricos.
Capítulo I
“Los Antecedentes”
3. “América Latina en 1945”
En los tres años que corren entre 1942 y 1945 Latinoamérica contemplará la insólita puja diplomática entre los Estados Unidos y la Argentina referida a la postura del continente frente a los sucesos europeos. Las directivas de Roosevelt eran lograr que América Latina adoptara de conjunto una estrategia concordante con la del Departamento de Estado; frente a ello la cancillería argentina apelará a razones históricas de neutralidad, en algunos casos teñidas de filogermanismo, para impedir la paulatina carrera hacia la declaración de la guerra al Eje y el alineamiento junto a Washington en la futura Organización de Estados Americanos -OEA-.
El conflicto se desatará cuando el Subsecretario de Estado Summer Welles intente vanamente que en la IIIª Reunión de consulta de cancilleres de la región, Río de Janeiro del 15 al 28 de enero de 1942, se decida la ruptura continental de relaciones con el Eje, como paso previo a la declaración de guerra. En esta oportunidad la táctica argentina resultará vencedora al aceptar el organismo “ la recomendación “ de la ruptura sin “obligar” a los miembros a hacerlo. El Secretario de Estado, Cordell Hull debió aceptar la derrota de su delegado para evitar la fractura entre la “comunidad americana”, en este momento diez países ya estaban en guerra con el Eje, mientras otro número igual mantenía relaciones normales. De todos modos el resultado para Washington no fue tan malo, porque ocho de los diez neutrales, excepto Argentina y Chile, acataron la “sugerencia” y rompieron relaciones con Hitler y sus aliados.
Los giros que daba la guerra en Europa, las presiones del Secretario de Estado y la crisis política en que estaba sumido el GOU gobernante en Buenos Aires hacia 1944 generaron un cambio de actitud en el Palacio San Martín que culminará con la declaración porteña de ruptura de relaciones con Alemania y Japón el 26 de enero de 1944.
El nuevo presidente argentino, general Farrell, era peor visto en Washington -y en Moscú- que su antecesor. La presión yanqui transformaba en una isla diplomática a la Argentina al lograr el retiro de los embajadores latinoamericanos de Buenos Aires.
El nuevo Secretario de Estado, Stettinius, decidió reunir en la ciudad de Chapúltepec -México- a los Cancilleres de América para plantearles un nuevo modelo interamericano ideado por los asesores del Presidente Roosevelt., por supuesto que la Argentina no será invitada a dicha conferencia. El 22 de febrero de ese año comenzó la reunión Panamericana que concluirá en marzo de 1945 fijando los lineamientos para la futura Organización de Estados Americanos -creada en 1948-, que en la práctica ataría por más de 40 años a las repúblicas latinoamericanas a las necesidades estratégicas norteamericanas. La Cuba castrista la llamaría luego “El Ministerio de colonias yanqui” no sin razón.
Finalmente, Buenos Aires dará marcha atrás en su política exterior y por decreto 6.945 del 27 de marzo de 1945 declarará la guerra a Alemania y el imperio Japonés, Italia será excluida por razones de “parentesco”. Al día siguiente Argentina ratificará el Acta de Chapúltepec. Con estas medidas el cuestionado gobierno de Buenos Aires se había “purificado de fascismo” ante los ojos de sus vecinos, y fundamentalmente de Washington, hallándose presto a integrarse en la futura OEA, aunque ya veremos las visiones divergentes que enfrentarán a estos aliados en función del signo ideológico que habite en la Casa Rosada.
SEGUNDA PARTE “LA GUERRA FRÍA” (1945/80)
“Tenemos que reconquistar Occidente,
pero ¿qué es Occidente? ...
(Alte. Massera 1977)
En esta segunda parte analizaremos las cuatro décadas y media posteriores a la finalización del último conflicto bélico universal, donde básicamente resaltará el enfrentamiento bipolar entre las dos potencias emergentes del mismo. En su transcurso veremos la aparición de un sinnúmero de nuevos estados que arribarán a la independencia aprovechando los conflictos generados por el enfrentamiento bipolar, que en muchos casos amenace con el holocausto nuclear, aunque no puedan superar sus estadios de subdesarrollo económico.
CAPITULO I
“EL MUNDO BIPOLAR”
(1945/50)
1. “Escenario europeo”
2. “El mundo periférico”
a) Latinoamérica.
b) África.
c) Asia.
Capítulo I
“EL MUNDO BIPOLAR”
1. “EL ESCENARIO EUROPEO”
SUMARIO
- Conflicto en Irán
- Guerra civil griega
- Los bloques enfrentados
- Bloque Occidental
- Bloque Oriental
- El Plan Marshall
- La Crisis de Berlín
- El Macarthismo
- Los Avances bélicos.
1. “El Escenario Europeo”
A tan solo tres días de la rendición alemana, el 12 de Mayo de 1945, el premier inglés W. Churchill telegrafiaba al presidente Truman en forma premonitoria “Me preocupa seriamente la situación en Europa. Siempre he trabajado en pro de la amistad con los soviéticos (sic), Pero me siento un poco intranquilo, al igual que usted. Ha caído un telón de acero sobre Europa, y no sabemos lo que ocurre al otro lado. Parece ser realidad que el territorio situado detrás de la línea Lübeck, Trieste y Corfú, pronto caerá completamente en sus manos. Si ellos lo desean podrán alcanzar en poco tiempo el litoral del mar del Norte y del Océano Atlántico”.
En una reunión extraoficial en Missouri a principios de 1946, relevado ya de su cargo político, Churchill insistió en sus posturas “Desde Stettin hasta Trieste ha bajado un “telón de acero” sobre el continente.
Al otro lado se encuentran capitales de estado del centro y del este europeo, como Varsovia, Berlín, Praga, Viena, Budapest, Belgrado y Sofía, así como otras nobles ciudades, que han caído bajo la esfera de influencia soviética, y que de una manera ú otra están sometidas a la presión de estos ejércitos”.
El 12 de marzo de 1947 los Estados Unidos elaboran, a modo de respuesta al análisis inglés, la llamada “Doctrina Truman”, oigamos a su creador: “últimamente y en una serie de países, se han instalado regímenes totalitarios en contra de la voluntad de sus respectivos pueblos. El gobierno de Estados Unidos viene protestando continuamente contra estos actos de fuerza e intimidación, que vulneran los acuerdos tomados en Yalta, relativos entre otros a Polonia, Rumania y Bulgaria. También se ha producido idéntica situación en una serie de naciones. <
Estas líneas están mostrando que la alianza contra Hitler se había hecho añicos en menos de un año preanunciando un enfrentamiento entre los aliados, aunque sin llegar al plano bélico directo entre ambos, surgiendo lo que el periodista yanqui Herbert Swope rótulo en 1947 como la "Guerra Fría".
El analista español Julio Pecharromán caracteriza de esta manera a la guerra fría: “Se creará un sistema bipolar rígido basado en dos esferas de influencia: la soviética y la norteamericana, esta última con el apoyo de dos potencias debilitadas: Gran Bretaña y Francia, una tensión permanente entre ambas, motivada por la búsqueda de equilibrio estratégico; una política de “riesgo calculado”, destinada a contener los avances del enemigo y disuadirlo de cualquier paso tendiente a potenciar un conflicto de carácter mundial; y, finalmente asignarle a la ONU el papel de foro de discusión entre los bloques, último recurso frente a las crisis y, a la vez, escenario de la propaganda de los adversarios”.
Esta década de la historia mundial verá transcurrir una serie de hechos que irán poniendo al hombre en una situación única en el desarrollo de la humanidad: la posibilidad cierta de la autodestrucción del planeta, e irá delineando los caracteres de la época en que nos toca vivir.
Concretamente veremos desarrollarse una breve pero inquietante crisis en la milenaria Persia -actual Irán- entre 1945 y 1947, una sangrienta guerra civil en Grecia, la consolidación de los bloques que hegemonizarán por casi medio siglo el mundo, el surgimiento de un conflicto en Berlín que pondrá al planeta al borde de la destrucción nuclear, una guerra fratricida en Corea, los planes de desarrollo pensados por el general Marshall para la devastada Europa de posguerra, el comienzo del descalabro del colonialismo en Vietnam y en todo el angustiado tercer mundo.
I) Conflícto en Irán (1945/7)
Derrotados los nazis en su ofensiva sobre medio oriente, en 1941 se estacionan en el lugar fuerzas soviéticas y británicas con la finalidad de impedir cualquier golpe de mano de las tropas de Rommell sobre la vasta región petrolera. Los ocupantes habían acordado retirarse de la zona unos seis meses después de la derrota de Hitler, pero naturalmente que la riqueza energética del pais no pasará desapercibida para Stalin ni para el Foreign Office.
Moscú comenzó a potenciar al Tudeh -partido comunista local- para que presionase al corrupto gobierno nativo para el logro de acuerdos petroleros favorables a la estrategia soviética. Inglaterra por su parte despliega su archiconocido arsenal diplomático para favorecer a la Cía. Anglo- Iranian y la yanqui Standard Oíl en 1944.
Esta “disputa de intereses petroleros” se transformará en el primer conflicto de la Guerra Fría. En febrero de 1945 la diplomacia stalinista consigue que la región de Azerbaijan se separe de Teherán a través del accionar de los Kurdos, grupo étnico milenario que habita en las cercanías de los mares Caspio y Negro, creando un estado independiente apoyado militarmente por Moscú. El nuevo “aliado” ruso obliga a actuar a Washington para evitar el acceso de su enemigo a las cuencas petroleras del medio oriente. Además debía defender a la Standard Oíl que operaba en la zona de Manzandarán, en la frontera ruso-afgana.
Con el aval de la ONU se llega a un acuerdo por el cual Moscú se comprometía a evacuar Irán a cambio de que el Tudeh ingresase tres miembros al gabinete iraní del premier Sultaneh en abril de 1946. A renglón seguido el premier aceptó el apoyo militar anglo- yanqui para “limpiar” su gabinete y devolver la estratégica región al control de occidente. Stalin debió aceptar la situación al hallarse en inferioridad estratégica en el golfo pérsico -1947-.Este primer round de la guerra fría terminaba favorablemente para el bloque del oeste, merced a la aplicación acertada de la Doctrina Truman.
II) Guerra Civil griega (1946/9)
Como corolario de su guerra contra la Italia de Mussolini, Grecia fue ocupada por los nazis en 1941, inmediatamente el estado mayor inglés comenzó a asesorar a grupos guerrilleros helenos para iniciar la resistencia contra los ocupantes. De estos grupos sobresalió el E.L.A.S. -Ejército de Liberación de Grecia- dirigido por el filocomunista Siantos, y el E.D.E.S. -Ejército Étnico Griego- capitaneado por el coronel Zervas de ideas favorables a Londres.
El primero de los grupos era más poderoso y estaba decidido a acabar con su rival, luego de expulsar a los nazis, para organizar el futuro gobierno heleno. Entre 1943 y principios de 1944 las dos facciones guerrilleras se enfrentaron sangrientamente por el control del país.
Cuando parecía inminente que el ELAS se alzaba con el triunfo, Stalin frenó las ambiciones de Siantos ante la proximidad de la Conferencia de Yalta.
En febrero de 1945 se logra que las partes firmen el Tratado de Varkiza, que comprometía la convocatoria a elecciones en las que se impondría el monárquico Tsaldaris que repone en el trono al rey Jorge II.Los comunistas desconocen al rey repuesto, acusándolo de traicionar a Grecia durante la ocupación nazi, y se lanzan a la guerra nuevamente.
Los analistas occidentales concedían gran importancia a la península helénica, ya que si la región caía en manos del ELAS se veía amenazado el flanco este del Mediterráneo, e incluso peligraba Turquía -centro vital de la estrategia de Occidente-.
Para Stalin, en cambio, una Grecia alineada en el bando enemigo impedía sus planes de control de los Balcanes y ponía un dique a la proyectada expansión sobre el Egeo. De modo tal que un conflicto nacional griego se transformaba en una lucha de intereses entre el este y el oeste de acuerdo a las normas de la guerra fría.
El apoyo económico y militar de EEUU y la suspensión de los abastecimientos yugoslavos a los comunistas griegos, motivada por la ruptura entre Moscú y Tito -1948-, cambiaron el signo de la lucha a comienzos de 1949. El general Papagos aplastó a los grupos comunistas y ocupó el norte del país en octubre de ese año, poniendo fin al conflicto y realineando a su pais en el bloque occidental. La aventura griega le costó a Stalin muy cara, ya que uno de los partidos comunistas más fuertes de Europa quedó deshecho. Grecia se alineó definitivamente junto a EEUU, ingresando luego en la OTAN.
Los norteamericanos, alertados sobre los peligros del expansionismo soviético, adoptaron definitivamente la doctrina de la Contención y se aprestaron a suceder a Francia y Gran Bretaña, donde estos fueran incapaces de luchar contra los comunistas aplicando la Doctrina Truman.
III) Los Bloques ideológicos
Al conocer estos hechos precursores de la Guerra Fría es conveniente analizar la composición y características de los dos bloques ideológicos que hegemonizarán el conflicto de posguerra en Europa y el mundo entero entre 1945 y 1989.
A) Bloque Socialista
El desmoronamiento del Tercer Reich en el frente oriental para el verano del '44 dio a Stalin la oportunidad ansiada de expandir el poderío soviético hasta las fronteras con Berlín, concretamente toda la zona comprendida entre el mar Báltico y el mar Negro se transformará en área de hegemonía soviética.
La estrategia comunista consistirá en crear “Frentes Populares” de coalición con todas las fuerzas políticas de cada país con el control de los partidos comunistas, que contarán con el apoyo del “Ejército Rojo”, luego se crearán “gobiernos provisionales” con predominio de ministros comunistas en los puestos claves; y finalmente se recurre a astutas maniobras para desalojar del poder a los “socios molestos”, de modo que el nuevo Partido Socialista Unificado controle la situación y disponga las purgas que desalojen de puestos claves a opositores al plan de sovietización.
De esta manera vemos que en el lapso de menos de dos años -1946/8- los territorios de Alemania Oriental, Polonia, Checoslovaquia, Rumania, Bulgaria, Albania, Hungría y Yugoslavia -aunque este país con caracteres particulares- se transformaron en estados obreros alineados férreamente con Moscú.
Para consolidar este bloque Stalin potenciará la creación del Kominform, es decir la oficina encargada de planificar la política externa común de estos países a partir de 1947. Dos años después, y como respuesta al Plan Marshall, la Unión Soviética creará el Consejo de Mutua Ayuda Económica -conocido como COMECON- para la regulación y laplanificación de la política económica a escala regional.
Paralelamente los analistas militares del Este empiezan a estructurar una alianza similar para el plano militar, a través del futuro Pacto de Varsovia. El único país del este europeo que no aceptará pasivamente esta estrategia será la Yugoslavia dirigida por el ex líder guerrillero Josip Broz -Tito-. En 1948 el líder yugoslavo llega a una postura de ruptura con Moscú al no aceptar el carácter “centralista” del proyecto stalinista. Por lo que a partir de esta fecha el régimen de Belgrado ingresa en una fase autónoma de su socialismo (Socialismo Autogestionario), lo que la alejará de Moscú y la irá acercando a países descolonizados del tercer mundo, con los que conformará luego el grupo de los No Alineados.
En Febrero de 1950 Moscú y Pekín firman un tratado de ayuda mútua, con 30 años de vigencia, por el cual Stalin concede apoyo crediticio y técnico a Mao, le devuelve el ferrocarril de Manchuria y evacúa las bases militares de Port Arthur.La dinámica política de la próxima década hará añicos tal acuerdo.
B) Bloque Capitalista
Al concluir la guerra, y debido a las enormes pérdidas, Gran Bretaña perdió su tradicional papel de “gendarme de occidente” en el mundo, debido a las enormes pérdidas que le produjo la contienda. Londres informa en febrero de 1947 al Presidente Truman que ya no le era posible continuar con su política de contención de la URSS en Grecia y Turquía, con lo cual los Balcanes se podían transformar en punta de lanza de una nueva expansión soviética.
Este cuadro de situación convence a Truman de que su país ya había heredado en forma directa el rango de superpotencia de occidente, pues Francia estaba en similar situación que Inglaterra. Esta realidad obligaba a Washington a diseñar una estrategia de alcance universal que mandaba al cesto de la historia al aislacionismo yanqui.
Los asesores del presidente le aconsejan comenzar el diseño del Plan Estratégico por la zona más cercana, de esta manera la diplomacia de EEUU se lanza a “convencer” a los latinoamericanos para que firmen el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, T.I.A.R. -también conocido como Tratado de Río, 1947- que asegurará “la fidelidad “hemisférica con el Tío Sam (ver “América Latina” en la parte 2 de este capítulo). Para completar la defensa del continente se firmó un acuerdo con el Canadá en este mismo año. De tal modo que ahora a Truman solo le faltaba convencer a sus aliados europeos sobre la necesidad de un acuerdo de alianza militar.
El antecedente directo de la OTAN será el “Tratado de Unión Occidental” firmado en marzo en 1948 por Francia, Inglaterra y los estados del Benelux, que creó un Estado Mayor Interaliado con sede en Fontainebleau. Sobre este modelo los senadores Wandenberg -Republicano- y Connaly -Demócrata- planificarán la Alianza Atlántica.
Finalmente el 4 de abril de 1949 los cancilleres de Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Portugal y Gran Bretaña firmaron el Tratado de Seguridad colectiva para el Hemisferio Norte. En forma orgánica la OTAN será dirigida por un Consejo Atlántico, formado por los cancilleres de los países adherentes; en 1950 se completa el aspecto específicamente bélico, que temnía un carácter supuestamente defensivo, con la creación de un Alto Mando, dirigido por Eisenhower.
Es interesante destacar que España, pese a las protestas yanquis, no fue aceptada en la alianza, de todos modos Washington no abandonará a Franco, firmando en 1953 un acuerdo de apoyo económico a cambio de la utilización de bases militares.
Más adelante ingresarán a esta organización Grecia, Turquía y Alemania Occidental -previa renuncia al uso de armas químicas, bacteriológicas y atómicas-, retirándose Francia al decidir desarrollar un sistema defensivo autónomo de la OTAN. Esta organización logrará rápidamente importantes éxitos políticos al disuadir a la URSS de continuar el bloqueo a Berlín (mayo de 1949) y a quitarle el apoyo a los guerrilleros comunistas griegos.
Este verdadero “cinturón de seguridad” que los yanquis elaboraban pacientemente en el mundo Occidental se completará con otros tratados regionales menores: El Pacto del C.E.N.T.O. -con Pakistán, Inglaterra, Turquía e Irak-, el Pacto de la S.E.A.T.O. -con Tailandia, Francia, Filipinas e Inglaterra- y el Pacto del ANZUS -con Australia y Nueva Zelandia-.
Para completar la estrategia “anticomunista” Foster Dulles decide desactivar el Strategic Service Office y reemplazarlo por la Central Intelligence Agency, la tristemente célebre CIA, donde coloca a su hermano Allan con el objeto de: ...”coordinar y analizar los informes recibidos del extranjero para el presidente de la nación, relacionadas fundamentalmente con las actividades de los países comunistas y sus aliados “. Ya veremos la importancia de este organismo en el desarrollo de la guerra fría.
El Plan Marshall (1948/52)
Al terminar la segunda guerra mundial los analistas estadounidenses comienzan a prestar atención a la situación económica de Europa; en este aspecto calará hondo la opinión de Hugh Dalton -ministro inglés de Hacienda-: “La escasez de dólares en Europa se manifiesta por doquier. Los norteamericanos tienen la mitad del ingreso total del mundo, pero no lo gastan en comprar los artículos de otros países, prestándolo o regalandolo …¿Cuánto tiempo pasará hasta el momento en que la escasez de dólares provoque una crisis general?” Si a esto le sumamos que la fragilidad económica es un preanuncio de debilidad política ante el avance estratégico de la URSS, y naturalmente que esa realidad financiera impide a los europeos transformarse en compradores de productos norteamericanos, entenderemos rápidamente la decisión del presidente Truman en encargarle al secretario de estado, general Marshall, un estudio del tema y la elevación de propuestas alternativas para superar la crisis y recuperar la economía europea.
Luego de un minucioso examen de la situación, Marshall propone un plan: “El programa de recuperación europea” que sería estructurado a través de un nexo entre la agencia yanqui ECA -Administración de Cooperación Económica- y la recién creada O.E.C.E. -Organización Europea de Cooperación Económica- que será luego el embrión del Mercado Común Europeo; veamos como funciona en la práctica.
Cada país hace una lista de necesidades en materia de manufacturas y productos varios que es analizada por las organizaciones citadas, luego de aprobadas, el estado adquirente paga entre un 10 y un 15% del costo de dichas compras y el resto es cargado a su cuenta en una nota crediticia emitida por Washington. Luego esta deuda es condonada en un porcentaje alto y el resto es financiado por una línea crediticia definitiva. El sistema se completa con un férreo control burocrático de la ECA y la OECE para evitar “filtraciones” de dinero o mercancías. En los tres años que van entre 1948 y 1951 los Estados Unidos entregaron de este modo más de 14 mil millones de dólares a Europa.
Lógicamente que Truman no era ingenuamente generoso, ya que su país se transformará en “amo económico de Europa”, lo que se prolongará hasta fines de la década del 70, además de lograr el acceso a materiales estratégicos y metales raros europeos, el control indirecto de la producción europea -y de sus colonias- para evitar la competencia con la industria propia. De todos modos Europa se benefició con este plan pues incrementó su producción en un 30% en menos de 5 años y sentó las bases del Mercado Común Europeo.
Según el economista R. Tamames los beneficiados con el Plan Marshall fueron apoyados en estos montos: Portugal recibió 80 millones de dólares, Suecia 110, Dinamarca 300, Noruega 350, el Benelúx 800, Austria 1200, España 1200, Holanda 1300, Grecia 1800, Italia 3500, Alemania Federal 4000, Francia 5100 y Gran Bretaña más de 8000. Estos datos corresponden al período 1948/61.
La Crisis de Berlín y el Macarthismo
La Conferencia de Yalta había establecido la partición cuatripartita de Alemania y de su antigua capital Berlín, pero rápidamente se transformará en una división dual al consolidarse el bloque occidental, se fusionaron las zonas de ocupación francesa, británica y estadounidense. El problema se suscitará con la distancia de casi 200 kms. existentes entre dicha ciudad -"una isla" en manos soviéticas- y la frontera más oriental de la zona controlada por occidente, con lo cual Stalin podría chantajear con un bloqueo a Berlín a las potencias del Atlántico y eso hará en 1948, veamos como comenzó el conflicto.
En 1946 la muy hábil política de Stalin había unificado al P.S. y al P.C. germano orientales, logrando de este modo la creación de un “gobierno títere” en la zona que controlaba, de esta manera los ocupantes del sector occidental apuntaron hacia el mismo objetivo, comenzando por crear una nueva moneda en su zona: el Deutschebark en 1948. La respuesta rusa fue instantánea: cerrar las vías de comunicación -férreas y viales- entre Berlín y el sector oeste, con lo que los habitantes de esta zona se veían afectados por un bloqueo que amenazaba obligarlos a pasarse a la zona oriental o resignarse a morir -junio 1948-.
La crítica situación obligó al estado mayor Atlántico a evaluar una serie de alternativas, sin descartar la guerra, que impidiera la caída de Berlín en manos de Stalin. La única respuesta posible sería el tendido de un gigantesco puente aéreo que comunicara a Berlín con la zona occidental, la opción bélica se dejó de lado por razones de distancia desde las bases militares de EEUU e Inglaterra.El 26 de junio de 1948 comenzó a desarrollarse el eficiente puente aéreo que abasteció a Berlín por espacio de casi un año -“Operación Vittles”- a través de dotaciones de 4000 hombres que realizaron 280.000 vuelos, transportando más de 2 millones de tn. de alimentos, medicinas y carbón a un costo de viajes de 240 millones de dólares.
La testarudez de Truman e Inglaterra obligaron a Stalin a ceder el 11 de mayo de 1949 permitiendo la salida del primer tren que conectaba a Berlín con la zona occidental. Quedando así abortado el primer peligro de guerra abierta entre las potencias de posguerra, aunque siguieron en marcha los procesos para dividir definitivamente a Alemania.
El 10 de octubre de 1949 asumió Otto Grotewohl como líder de la nueva República Democrática Alemana -D.D.R.-; un mes antes asumía como jefe de Alemania Federal - el Dr. Theodor Heuss y Konrad Adenauer como Canciller -el poder real-.
Mientras el bloqueo de Berlín amenazaba con llevar al mundo a una nueva guerra surgía en Estados Unidos un personaje siniestro que causará estragos en la intelectualidad y ambiente artístico yanqui: el Senador Joseph Mc. Carthy.Este demagogo delirantemente anticomunista se dedicará a la “caza de brujas” desde el Comité de Actividades Antiamericanas del Senado, creado en concordancia con la señalada Doctrina Truman.
El “Programa de Lealtad de Empleados Federales” abrirá el cauce para el desarrollo de una serie de investigaciones en la vida privada de conocidas personalidades que echará por la borda un siglo y medio de principios liberales en los Estados Unidos, entre los nombres más conocidos de los “sospechosos” de comunismo figuran los progresistas Bertolt Brecht, Adrián Scott y Charles Chaplin.
El mundo artístico yanqui se dividió en dos grupos: los que apoyaron a Mc. Carthy, entre ellos R. Taylor, G. Cooper y el ignoto y mediocre actor Ronald Reagan. En la vereda de enfrente surgen los nombres de H. Bogart, G. Peck, K. Hepburn, R. Hayworth, B. Lancaster, G. Kelly y otros.
La prédica de Mc. Carthy logró que fueran condenados algunos pacifistas acusados de “Antiamericanismo”, que se estableciera la censura y que aparecieran “listas negras” con más de 300 intelectuales y artistas que perdieron su empleo entre 1951 y 1960 -por ejemplo el dramaturgo Arthur Miller y el físico Robert Oppenheimer-.
La triste carrera de Mc. Carthy finalizará con su destitución del cargo en 1954. Luego de intentar una investigación sobre infiltración comunista en el Estado Mayor del Ejército. De todos modos su terrible “máquina del terror” no desaparecerá nunca en la historia de los Estados Unidos, y del mundo occidental, reflotando con fuerza en cada “Administración Republicana” como sucedió durante los gobiernos de Nixon, Reagan, etc.
Los Avances Bélicos (1945/55)
Recordemos que los trabajos de los científicos Otto Hahn y Von Braun logran que Alemania comience a desarrollar prototipos de misiles con fines balísticos llamados Vergeltungswaffe -armas de represalia- hacia 1944 en la isla de Usedon. Estos protomisiles, más conocidos como bombas V1 y V2, basaban su accionar en un sistema de teledirección que hacía innecesario el uso de bombarderos y personal humano en condiciones de riesgo. Ambas armas serán utilizadas para lanzar ataques masivos contra Londres y otras ciudades europeas en 1944.
La derrota de Hitler permitió que los científicos que trabajaban en estos proyectos fueron repartidos como “botín de guerra” entre los vencedores. Mientras América Latina se quedaba con la resaca nazi, ex policías, torturadores, miembros de la Gestapo, etc. Que seran utilizados luego como asesores de las dictaduras en la represión de los ´60 y ´70.
Estados Unidos desde 1942 tenía en marcha el “Programa Manhattan” tendiente a desarrollar algún tipo de armamento que utilizara la novísima energía nuclear. En este operativo ultra secreto trabajaban Robert Oppenheimer -luego perseguido por Mc. Carthy-. como Director, secundado por otros genios como Bohr, el italiano Fermi, Bethe, el físico Frisch, etc.
Finalmente en julio de 1945 en el centro experimental de Los Álamos logran con éxito la buscada detonación. La Bomba Atómica actúa como un gigantesco reactor comprimido sin moderador, lo que facilita una reacción en cadena que aumenta su potencialidad en forma geométrica. Los efectos de una deflagración nuclear se expanden en círculos concéntricos desde el punto de impacto, que van disminuyendo su poder destructivo a medida que se alejan de él.
En el caso del explosivo arrojado sobre Hiroshima el círculo más periférico generó una “tempestad de fuego”, en el intermedio la onda expansiva provocó derrumbes y voladuras grandes y graves, en el círculo interior destruyó a las personas que quedaron dentro de él, resultando pulverizadas más de 17.000 personas. Demás está decir que el más brutal efecto fue el radioactivo que mató a decenas de miles de personas durante un largo lapso de tiempo y, aún hoy, ocasiona lesiones cancerígenas y genéticas a varias generaciones de nipones.
En 1949 el monopolio atómico yanqui llega a su fin cuando científicos soviéticos concluyen exitosamente el desarrollo de la Bomba Atómica, en 1952 Gran Bretaña se suma al selecto y terrorífico club. Este tétrico panorama se agravará entre 1952 y 1953 al llegar las superpotencias a diseñar y explotar experimentalmente las primeras bombas de Hidrógeno. Para completar este panorama agreguemos que en 1954 la U. Soviética comienza a desarrollar la primera central atómica, y en ese año los Estados Unidos logran botar el Nautilus, primer submarino nuclear.
La rama pacífica del desarrollo aeroespacial avanzará también a pasos agigantados dando origen a la llamada “carrera espacial” entre Washington y Moscú, que comenzará en 1949 -febrero- con el lanzamiento del cohete yanqui War Corporal, que alcanzará los 404 kilómetros. de altura, como punto de inicio de la Guerra Fría espacial.
Capítulo I
“EL MUNDO BIPOLAR” (1945/50)
2. “EL MUNDO PERIFÉRICO”
SUMARIO
- Latinoamérica
- Tratados Interamericanos
La J.I.D.
El T.I.A.R.
La O.E.A.
- Africa - Situación política regional
- Asia - Conflicto de Indochina
- Nacimiento de China Popular
- Génesis de la India y Pakistán
- La Independencia de Indonesia
- Nacimiento del Estado de Israel
2. EL MUNDO PERIFÉRICO
Mientras los hechos narrados en la parte I ensangrentaban al mundo central, en el resto del planeta los países periféricos -que no habían participado de la guerra en general- comenzaban a asomar sus rostros a la esperanzada posguerra y a la anhelada descolonización que les irá otorgando, o mejor dicho ganando sangrientamente, una independencia más formal que real.
Para analizar este emergente Tercer Mundo debemos primero definirlo, y para ello enunciaremos una serie de rasgos comunes a estos países: 1- Baja renta por habitante, 2- Subalimentación, 3- Analfabetismo, alta mortalidad infantil y endemias persistentes, 4- Predominio del sector agrario, 5- Escasa penetración de pautas culturales europeas, 6- Dominio de una élite ligada a los conquistadores.
Para desarrollar el quinquenio 1945/50 en el mundo periférico vamos a comenzar hablando de Latinoamérica, para luego explayarnos sobre Africa, Asia y Oceanía.
I) Latinoamérica (1945/50)
Durante la posguerra esta región adquirió una posición secundaria dentro de la estrategia yanqui. Para el Pentágono el mundo de posguerra se dividirá en dos Cinturones de Poder -Power Belts-: un espacio comprendido por el Norte, es decir América del Norte, Europa y Japón, y un espacio secundario, el Sur, destinado a producir materias primas.
Este esquema fue elaborado por el Departamento de Defensa de los EEUU, según consta en la obra “La Defensa Interamericana” del organismo encargado del diseño de la estrategia mundial de Washington.
El mundo bipolar de esta época alineará a esta zona del mundo dentro de la esfera de poder de Estados Unidos con lo cual comienza a ganar nuevamente espacio la Doctrina Monroe, el ideal del “Destino Manifiesto”, según el cual todos los territorios al sur del río Bravo pasaban a ser el "Patio trasero” de los yanquis; de manera tal que sobre el final de la segunda guerra los estrategas de Washington elaboran una serie de proyectos tendientes a “asegurar la frontera sur” de su país a través de acuerdos diplomáticos con los países latinoamericanos, para crear tres organismos hemisféricos, naturalmente controlados por los Estados Unidos.
A) Tratados Interamericanos
A 1- Junta Interamericana de Defensa (J.I.D.)
A partir de 1945 los EEUU reflotan este organismo creado en la III° Reunión de Cancilleres Americanos -Río de Janeiro 1942- como ente interamericano compatibilizador de la estrategia de las fuerzas armadas de la región. Frente a estos objetivos yanquis los Estados Mayores de América Latina querían, en realidad, proveerse del armamento sobrante de la guerra más que entrar en el proyecto del Pentágono. La diferencia de potencial entre “los aliados” obligó a los países del sur a aceptar la “invitación global” y “gentil” de Washington, pese a la oposición abierta de Brasil, México y la Argentina.
Según Archibaldo Lanús
Estados Unidos proyectaba para el área “estandarizar la Doctrina, entrenamiento y armamento de los países de la región, asegurar el flujo de material estratégico hacia el norte, el entrenamiento de personal militar en bases de Estados Unidos y el acceso a las bases aeronavales de la región al sur del río Bravo”.
Recién en 1951, plena guerra de Corea, los EEUU acceden a prestar asistencia militar concreta a los ejércitos americanos del sur, luego de superar el miedo a que esta ayuda fortaleciera a grupos militares de dudosa lealtad hacia la política hemisférica de Washington.
En este año se elaborará el llamado “Plan Maestro para la Defensa del Hemisferio Occidental” que retoma los objetivos estratégicos enunciados precedentemente. Desde 1945 el Comando Sur del Ejército Norteamericano -encargado de la defensa de la región- con asiento en Panamá comienza a actuar como “agente ejecutivo” de enlace con los ejércitos “hermanos” del sur.
Desde 1951, de acuerdo con este plan, la estrategia será anudar acuerdos bilaterales con los ejércitos latinoamericanos, que se logrará en menos de cuatro años -con la excepción de Argentina y México-.
A mediados de 1950 la estrategia hemisférica yanqui incluirá como factor potencial de riesgo la llamada “penetración comunista” en el continente, a principios de la década siguiente habrá un nuevo giro en el perfil que deben tener las FFAA latinoamericanas, al considerar necesaria la función de “policía interna” de cada una de ellas, en la cual hay que incluir al resto de las fuerzas de seguridad. Pero volvamos ahora a la época que estamos analizando y ocupémonos del TIAR.
A 2- El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR)
Para completar este esquema estratégico los EEUU deciden llevar a la práctica a fines de 1946 la cláusula del Acta de Chapultepec, referida a la creación de un organismo que asegurara la “defensa mutua” de la región. Para ello logran “convencer" a sus hermanos menores para que concurran a Petrópolis -Río de Janeiro- a la “Conferencia Interamericana para el mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente”, este pomposo nombre será la matriz del TIAR.
La importancia de esta Conferencia para Estados Unidos esta demostrada en la jerarquía de sus representantes: el general Marshall, el Presidente del Senado Arthur Vandenberg y el Embajador ante la ONU, Warren Austin. En esta asamblea chocarían las propuestas antitéticas de Washington y de la Argentina -Canciller Bramuglia- respecto a la intensidad de la respuesta al agresor en caso de que fuera este americano o extracontinental -el temor argentino era que el Tratado fuera un bumerang que se volviera contra latinoamérica-.
La disparidad de potencial entre ambos contendientes permitió el triunfo yanqui, que logró que se aprobara “una respuesta militar ante la agresión” en forma independiente de quién fuera el agresor. Luego de discutir ásperamente, se acordó que se creara un “paraguas defensivo” en todo el territorio americano -incluidas, a pedido argentino, la Antártida y las islas Malvinas-, a través de la “colaboración mutua” de los estados ante cualquier “agresión a la democracia”. Dicha colaboración se lograría con el voto de los 2/3 de los miembros, y en forma progresiva,: advertencias, sanciones económicas, bloqueos y, finalmente, intervención armada directa.
El rechazo al pedido de ampliar el “Plan Marshall” a Latinoamérica y el uso del TIAR en los casos “Cuba y Malvinas” demostrará a las claras que este tratado tenía un solo objetivo: embarcar a la región en la “cruzada anticomunista yanqui” y de ninguna manera lograr la ayuda mutua hemisférica.
A 3- La Organización de los Estados Americanos (OEA)
Lograda la alianza militar hemisférica a través de la JID y el TIAR los estrategas yanquis se dieron a la tarea de asegurar la faz política de dicha alianza, creando la Organización de Estados Americanos. Con el correr del tiempo veremos como la OEA será manipulada por Washington en función de sus objetivos geopolíticos, olvidándose de las promesas de “unidad y cooperación continental”.
Entre marzo y mayo de 1948 se reunieron en Bogotá los cancilleres de América con el objeto de crear un organismo que reemplace a la ya senil Unión Panamericana; en esta reunión volverán a chocar el proyecto Argentino -Bilateralismo- y el de los Estados Unidos -Multilateralismo-, en medio de la violencia callejera generada por el asesinato del líder popular Jorge Gaitán, conocida históricamente como el “Bogotazo”.
Luego de transcurridos los peores momentos de violencia los cancilleres americanos establecieron las bases jurídicas de la OEA, y una serie de documentos aleatorios. El nuevo organismo creado era una estructura supranacional, con escaso poder efectivo, que tendía a “coordinar las políticas de los estados signatarios”, que evitara los conflictos intestinos y diera imagen exterior de “unidad continental”.
La OEA venía a completar el esquema de alianzas político-militares de las repúblicas (sic) latinoamericanas con el “Hermano del Norte”, naturalmente que su desarrollo posterior pondrá en evidencia el rol cumplido por este organismo hemisférico.
B) Situación política Americana (1945/50)
La situación política al sur del río Grande dependerá de la estrategia digitada por el Departamento de Estado yanqui para su “patio trasero”, de acuerdo con la verdadera utilidad de la Doctrina Monroe que hará florecer dictaduras en toda la región, lo que asegurará el férreo “anticomunismo” necesario en la Guerra Fría, para Washington. A continuación pasaremos revista a la situación política de la región en este quinquenio, de acuerdo con las diversas regiones geopolíticas, comenzaremos por el único país latino de Norteamérica: México.
En este pais,” tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de Dios” , en el sexenio 1946/52 el Doctor Miguel Alemán Valdés continuará con la política de su antecesor Avila Camacho tendiente a “congelar” la fase nacionalista del general Lázaro Cárdenas y darle un giro “realista” que permita a los inversores yanquis apoderarse de lo esencial de la economía azteca , a costa del descenso de los salarios y del auge de la corrupción en todos los niveles.
Al sur del Estado mexicano, en el Caribe, se destaca durante esta época la situación de Venezuela, donde el presidente liberal Rómulo Gallegos será depuesto por un golpe militar liderado por el general Delgado Chalbaund, apoyado por el ejército conservador y los oligopolios petroleros. En 1950 el dictador será asesinado y sustituido por el autócrata Marcos Pérez Jiménez que tendrá durante ocho años a este rico país petrolero en sus rígidas manos.
En América Central la hábil política de la CIA y la contumaz acción de los “pretorianos centroamericanos” derramarán dictadores por toda la zona, con la excepción de Costa Rica -donde gobierna el presidente liberal Ovilio Ulate- y de Guatemala, donde comienza a despuntar el liderazgo del ignoto coronel Jacobo Arbenz.
En las islas de Centroamérica la situación era similar a la existente en “tierra firme”, destacándose entre los dictadores el dominicano Rafael Leónidas Trujillo, quien pasará a la posteridad por la ferocidad que usará con sus opositores, la inconmensurable corrupción de su régimen y la lealtad indiscutible para con la política hemisférica del Tío Sam.
En Cuba la tradicional oligarquia sacarocrática se sostenía políticamente a través de la corrupción del sistema electoral y el servilismo a los intereses de Washington ; el general Fulgencio Batista provoca un golpe de estado en 1952 alzándose con el poder y estableciendo una sangrienta dictadura que articula a los factores internos y externos de poder en la isla del caimán. Trujillo será utilizado por la CIA para desmontar a la llamada “Legión del Caribe”, organización secreta avalada por los pocos demócratas de la región, destinada a derrocar a los dictadores de la zona.
En Colombia, mientras tanto, la situación política mostraba un enfrentamiento frontal entre los dos partidos tradicionales: el conservador y el liberal. Durante la presidencia del conservador Eduardo Ospina Pérez, que concluirá en 1950, se hizo evidente que sus opositores llegarían al poder de la mano del líder popular Jorge Eliécer Gaitán -quien con un discurso radical lograba el apoyo de sectores obreros y pequeños burgueses-.
De tal manera que los sectores tradicionales del país, y probablemente, la acción de la CIA deciden acabar con la vida de este “Tribuno de la Plebe” en abril de 1948. La reacción popular conocida como el “Bogotazo” puso a la capital del país en tal estado de emergencia que los Marines yanquis debieron operar para dar seguridad a los asistentes de la IX Conferencia de Cancilleres de la OEA.
El miedo al accionar de las masas populares logró el milagro de unir a conservadores y liberales -su ala derechista- en torno a la candidatura del autoritario conservador Laureano Gómez, dándole nueva viabilidad a la llamada “república oligárquica”. Finalmente señalemos que uno de los asistentes ocasionales al Bogotazo era un joven abogado cubano, Fidel Castro Ruiz, que pronto llegará a brillar en el escenario político en su isla natal.
En el resto de los países andinos la situación fluctuaba entre gobiernos democráticos, como el Ecuador de Galo Plaza y Chile con González Videla, y los regímenes autoritarios, como los imperantes en el Perú -general Manuel Odría- y en Bolivia -Gualberto Villaroel-.En la cuenca del Plata se destacaba la “legalidad oligárquica” del Uruguay de Luis Battle Berres y el proyecto autoritario-distribucionista del Paraguay gobernado por el colorado Federico Chaves.
En Brasil el derrocamiento del caudillo populista Getulio Vargas cede paso al general Gaspar Dútra -1946/51-, este duro anticomunista que lanzará en su país una violenta represión, se enemistará con sectores claves de la clase media y baja ocasionando su caída y la vuelta al poder del malogrado Vargas.
El quinquenio 1945/50 verá surgir en Argentina la figura destacada del general Perón, quien a través de una hábil política socioeconómica logrará realizar reformas que beneficien a las clases populares sin alterar sustancialmente el sistema capitalista dependiente estructurado casi 70 años atrás, aprovechando la favorable situación externa del pais al concluir la segunda guerra mundial.
De todos modos Washington no verá con simpatía la política del general Perón, sobre todo su aspecto de relaciones internacionales, aunque aguardará otro quinquenio para aprovechar el desgaste del líder y “hacer la vista gorda” ante su caída en 1955.
II) El África
Si bien el “continente negro” deberá esperar a la década del '60 para ver surgir el despertar independentista, podemos afirmar que la segunda guerra significó para África el comienzo del fin del letargo colonial.
Aunque las raíces del Panafricanismo se vislumbren desde fines del siglo pasado habrá que esperar hasta 1945, cuando en Manchester se reúna el V° Congreso Panafricano que abogará por el logro de independencia y unidad del milenario continente. Sus organizadores serán jóvenes negros formados en las metrópolis coloniales como K. Nhrumah -creador de la Organización de la Unidad Africana en 1963-, Du Bois, Padmore y J. Kenyatta.
Para dar un panorama preciso de la situación africana en vísperas del estallido independentista digamos que hacia el fin de la Guerra Mundial solamente existían cuatro estados “independientes” a saber Liberia -creación de arrepentidos esclavistas yanquis- , el ancestral Egipto -que fuera base naval inglesa contra Rommell- , la milenaria Etiopía -herencia de la derrota de Mussolini- y la Unión Sudafricana -desde donde Inglaterra controla los dos océanos-. El resto del vasto continente puede dividirse así:
a) África del Norte: zona religiosamente islámica, situada en el norte del Sahara, y extendida entre el Atlántico, el Mediterráneo y el mar Rojo. La integraban protectorados y departamentos bajo la administración colonial metropolitana, tanto francesa como inglesa, y en menor medida española.
b) África Británica: Está distribuida como “grandes manchas” por todo el territorio continental, y sometida al régimen de administración directa o indirecta, según los casos, del imperio inglés.
c) África Francesa: Agrupada en las regiones occidental, ecuatorial y oriental del continente. Su sistema colonial era más rígido que el inglés. Dentro de los dominios franceses el caso de Argelia es de especial significación, ya que las necesidades de hombres para enviar al frente europeo de la segunda guerra llevan a Francia a acudir a su colonia del norte de África.El general galo Giraud en una entrevista con jefes argelinos les solicita 300.000 combatientes, utilizados en la campaña de Italia, a cambio de otorgarle autonomía a Argelia.
Lógicamente que al concluir el conflicto París hará oídos sordos a los reclamos argelinos, lo que generó una rebelión de los nativos guiada por el caudillo Messali Hadj. El sangriento levantamiento será reprimido en forma cruenta con un saldo de más de 4.000 muertos, siendo el antecedente directo de la “Guerra de Argelia”, estallada abiertamente en 1954.
d) África Belga: situada en la región central, cuenta con una administración colonial partidaria de la integración, sin perder el control de las riquezas naturales entre las que sobresalen las minerales.
e) África Española: ubicada en la zona ecuatoriana y en el Sahara, sufrirá la testarudez del general Franco para otorgarle la independencia.
f) África Portuguesa: repartida entre las zonas occidental y austral del continente, abierta tanto al Atlántico como al Índico. La política dura de Lisboa generará largas y sangrientas luchas por la independencia.
III) El Asia
A diferencia del Africa el continente asiático, a raíz de ser tablero activo en la segunda guerra mundial, desde 1945 comienza a ser escenario de violentas transformaciones que no cesan hasta nuestros días. La derrota y el retiro del ejército imperial japonés, que va a abortar el proyecto imperial nipón de “Gran esfera asiática oriental” desencadenarán los orígenes del conflicto de Indochina y potenciará la guerra civil en China.
El despertar de la Gran India hará añicos a la otrora “perla del imperio inglés” y permite parir dos nuevos Estados: el Pakistán y la India; mientras tanto en las islas del Océano Indico retumban ideales libertarios que llegan hasta Indonesia. En este lustro se producirá la creación del estado de Israel, dando origen a un conflicto casi perpetuo con sus vecinos árabes.
A) Conflicto de Indochina (1945/50)
Los milenarios territorios situados entre China e India estuvieron poblados desde tiempos inmemoriales por tribus Lakviets, asentados en la zona desde el siglo VIII -a.C.-. Estos grupos de indomable amor a la libertad serán anexados por el imperio chino en el siglo I -a.C.-, pero aprovecharán cualquier debilidad de los invasores para reflotar su proyectado reino independiente con capital en Hué; estos datos someros harán entender la eterna decisión de los Viets para derrotar a sus diferentes invasores: China, Francia, Japón y más recientemente, los Estados Unidos.
Acercándonos paulatinamente a la historia contemporánea de Indochina, digamos que los primeros colonos europeos que anduvieron por la región fueron los franceses enviados por Luis XVI en ayuda del reyezuelo local, Ngúyen Anh, que se encontraba en plena guerra civil en el siglo XVIII.En 1858 una expedición enviada por Napoleón III se apodera de Saigón y comienza la expansión gala en la región, que se consolidará en 1887 con la creación de la Unión Francesa de Indochina.
Durante los primeros 50 años de la dominación francesa, interrumpida por la invasión japonesa de 1940, las relaciones entre metrópoli y colonia fue la típica de toda estructura imperialista, es decir la explotación despiadada de las riquezas naturales -y de los naturales- en beneficio de los “amos blancos”. Dentro de esta realidad surgirá el natural interés de rebelarse por parte de los indochinos y aquí aparecerá una figura llamada a trascender: Ho Chi Minh.
Este joven brillante, de origen noble y espíritu aventurero recorrió Europa occidental a través de las más diversas profesiones, y comprendió la necesidad de crear una organización destinada a luchar contra los franceses. La ocasión se le presentará hacía 1941 durante la ocupación japonesa, al lograr aglutinar a los diversos grupos que abogaban por la independencia en el llamado Viet-Minh -Libertad para Vietnam-. Luego de la derrota del Japón el partido Comunista Indochino, fundado por Ho y el general Vo Ngúyen Giap -genial estratega de la guerra de guerrillas- se apodera del nuevo organismo.
Al producirse la rendición del Japón ante los aliados -septiembre 1945- Ho apresura la creación en el norte de su país de una república independiente presidida por él. Más adelante De Gaulle enviará tropas al sur, pero reconoce implícitamente el nuevo status quo en el norte; la intransigencia de Ho y Giap frente al “regreso galo” desencadenará un conflicto colonial a partir de 1946.
La superioridad militar de los franceses permitirá la rápida ocupación del Norte obligando al Viet Minh a abandonar las grandes ciudades y lanzarse a una estrategia de guerrillas que será dirigida por el general Giap, quien había estudiado con asesores de Mao Tse Tung. Lo concreto es que a fines de 1949 el proyecto de Ho de liberar y unificar a Vietnam naufragaba a la espera de ayuda del “Ejército Popular Chino”, victorioso en su reciente y larga guerra civil.
B) Nacimiento de China Popular (1945/49)
Al igual que en el proceso indochino en la antiquísima China aparecerá un personaje que unirá en su persona dos facetas raramente halladas juntas en un ser humano. Este elegido por la historia será el joven maestro Mao Tse Tung, hijo menor de una familia acomodada, nacido en Hunan, quien llegará a ser un verdadero teórico del marxismo oriental y de la guerra de guerrillas, además de ser el mismo artífice de la gran epopeya que transformará a la China miserable y feudal en un país moderno elevado al rango de superpotencia.
Para acercarnos a la época estudiada digamos que hacía 1937 China era dominada por un poder dual, por un lado el poder legal recaía en el Kuomintang -República de China- dirigido por el ultraconservador general Chiang Kai Shek; por el otro lado existía la República Soviética China, liderada por Mao y su lugarteniente Chou En Lai. Es bueno destacar que en realidad el poder de Mao era limitadísimo, ya que solo ocupaba con su Ejército Popular algunas remotas regiones montañosas en el norte.
Inesperadamente en julio de este año las tropas imperiales niponas invadieron China arrollando a las defensas del Kuomintang, lo que obliga a Chiang a solicitar el apoyo de Mao. Luego de priorizar la “cuestión nacional” a la “cuestión social” Mao decide aceptar la alianza, que le permitirá además expandirse más allá de la primitiva “zona roja” norteña.
En la lucha contra el enemigo común las tropas de Mao demuestran una mayor eficiencia y popularidad entre la población; frente a la corrupción y falta de efectividad de las tropas de Chiang, incluso la ayuda occidental enviada a esas tropas era hábilmente desviada hacia la “zona roja” por los servicios de inteligencia de Mao.
Al firmar el armisticio con los japoneses -1945- el general Marshall logró que Mao y Chiang pactán un acuerdo de no- agresión. Esta tregua fue rota por los nacionalistas en julio de 1947 al efectivizar una ofensiva general que obligó al Ejército Rojo a abandonar las grandes ciudades rumbo al campo; aquí nacerá la famosa estrategia maoísta de “asfixiar a las ciudades desde el campo”.
Aprovechando el trabajo político realizado durante la ocupación japonesa, Mao lanza una sublevación urbana a mediados de 1948 que agita todas las grandes ciudades a la espera del avance del Ejército Rojo. Cuando este se concrete, en el segundo semestre del año, las fuerzas de Mao se apoderan de casi todo el país y cercan a las tropas de Chiang en Manchuria y Pekín.
Entre fines de 1948 y comienzos de 1949 los diezmados ejércitos nacionalistas huían por todas partes, permitiendo la victoria de Mao, quien el 1°de octubre de 1949 anunciaba en Pekín el nacimiento de la República Popular China. Mientras tanto Chiang Kai Shek se refugiaba en la isla de Formosa, para establecer la “República de China Nacionalista” -Taiwan-, “nación títere” de los aliados occidentales que se apresuraron en reconocerla como “autentica representante de China” y asegurarle su sillón en el Consejo de Seguridad de la ONU.
De tal manera que la llegada al poder de Mao alteraba profundamente la situación estratégica de la posguerra, además de instaurar un nuevo modelo socioeconómico en los legendarios dominios del Dragón. Ambos aspectos serán tratados en el próximo capítulo.
C) Génesis de la India y de Pakistán (1947/50)
El despertar del nacionalismo en el subcontinente indio se confunde con un hombre de trascendencia internacional como sinónimo de pacifismo: Mohandras Karamchad Gandhi. Fue él quien supo concluir, aunque de una manera no anhelada, el divisionismo artificial del subcontinente, con la situación colonial impuesta por Londres a lo largo de tres siglos y medio.
El denominado Mahatma -Alma Grande- propuso una estricta campaña de “no- violencia” y de desobediencia civil -el Satyagraha- basada en que los opresores, siendo un minúsculo grupo minoritario, no podían mantener su situación colonial y de superexplotación sin cierta colaboración nativa.
Antes de avanzar en la historia reciente digamos que el subcontinente indio fue ocupado paulatinamente desde el siglo XVI por mercaderes y soldados ingleses, que lo van a transfor en el granero de la incipiente revolución industrial encargado de abastecer a la metrópoli de yute, té, algodón, y mano de obra barata a cambio de hambre y de desarticulación de la estructura social hindú, tan cargada de religiosidad y espiritualismo.
Los cuatro siglos de la “Pax Británica” solo fueron esporádicamente alterados por levantamientos de reyezuelos regionales aplastados con enorme ferocidad por el ejército inglés: había que salvar a toda costa la “Perla del Imperio”. A fines del siglo pasado se creará el timorato partido del Congreso Nacional Hindú, que levantará algunas banderas nacionalistas y de paulatino enfrentamiento con los amos blancos.
Paralelamente en el futuro Pakistán -este y oeste- de la península aparecerá hacia 1906 la llamada “Liga Musulmana” que bregará por los mismos objetivos, pero reivindicando para sí su diferente tradición cultural y religiosa. A principios de siglo comienza a despuntar la prédica del menudo abogado Gandhi a favor de la independencia del subcontinente por medios pacíficos, con el correr del tiempo aparecen junto a él los líderes Mohammed Alí Jinnah -Musulmán- y Jawaharlal Nehru -Socialista-. Mientras la segunda guerra enfrentaba a los europeos, los hindúes se devoraban entre sí por motivos religiosos: hinduístas y musulmanes.
Al concluir la guerra, Inglaterra decide otorgar la independencia a tres estados del subcontinente el 15 de agosto de 1947, surge así la Unión India, La República Islámica de Pakistán y el Ceylán.Esta partición dejaba encendida una bomba de tiempo: la división de Pakistán en dos sectores separados por más de 1.600 km, origen de la futura secesión de Bangla Desh.
Además en el norte del Pakistán occidental surgirá una nueva región de mayoría budista: la zona de Cachemira. Justamente por esta región estallará una guerra entre la India y Pakistán en 1947, que concluirá con la anexión de un 85% por parte de la India y el resto para su contendiente. El nuevo Estado hindú dirigido por Nehru sufrirá el 30 de enero de 1948 un nuevo golpe: el asesinato del Mahatma Gandhi por parte de los fanáticos ortodoxos acaudillados por Nathuram Godse.
Para hacer un alto en la historia hindú digamos que pese a lograr la independencia política en 1947 este milenario país no logrará romper la dependencia económica, y por ello veremos en la década siguiente a sus líderes participar en la Conferencia de Bandung tendiente a agrupar al tercer mundo frente a las potencias hegemónicas.
D) Independencia de Indonesia (1945/49)
La ocupación holandesa del archipiélago indonesio es bastante similar al ejercido por Inglaterra sobre la India, aunque posea un hecho diferencial basado en la testarudez de Ámsterdam para reconocer la independencia de Indonesia. Frente a la potencia colonial aparecerá la figura del ingeniero Sukarno, que a principios de 1930 creará el partido Nacional Indonesio tendiente a lograr la independencia del archipiélago.
Durante la ocupación japonesa, este colaborará con los nipones para aprovechar la situación y extender las ramificaciones de su partido por toda Indonesia, de modo tal que al finalizar la segunda guerra el nuevo gobierno de Sukarno reemplazará a los derrotados japoneses -1945-.
Dos años después los holandeses deciden recuperar su ex colonia por las armas, pero la presión diplomática mundial -sobre todo de los Estados Unidos- abortará el proyecto y no le quedará otro remedio que traspasar la soberanía a Sukarno -27 de diciembre de1949- de todo el archipiélago, incluida Nueva Guinea.
De este modo el líder único e indiscutido de Indonesia consolidará su frente interno y se lanzará al proyecto de unificar a todos los países que se van independizando en los años posteriores a través de la famosa Conferencia de Bandung -abril 1955-, considerada como el acta de nacimiento del tercer mundo no alineado en el contexto bipolar.
E) Nacimiento del Estado de Israel (1948)
El tradicional antisemitismo del siglo XIX trata de ser contrarrestado por el surgimiento del Sionismo, una simbiosis ideológica que aúna elementos seculares, culturales y religiosos, buscando una solución al “problema judío” a través de la creación en Palestina de un “Hogar nacional judío”. Esta creación de Leom Pinsker, Theodoro Herzl y Chaim Weizmann, entre otros, tenía un solo punto débil: palestina no era un desierto, sino que estaba poblada por una fracción de la gran nación árabe: los palestinos.
La presión del poderoso lobby judío en Europa occidental va a arrancar a Londres la “Declaración Balfour” -1917-, según la cual Inglaterra se comprometía a crear un Hogar nacional judío en palestina. En 1920 la Sociedad de las Naciones otorgó a Inglaterra un mandato tendiente a estructurar en la región un estado independiente que armonizara los intereses de la mayoría árabe y de la minoría judía.
Para revertir la realidad demográfica las organizaciones sionistas favorecerán la llegada masiva de judíos de Europa oriental que huían de los cambios políticos generados por la primera guerra mundial y del incipiente antisemitismo que campeaba por los estados europeos de la época. La llegada masiva de judíos a Palestina generará las primeras reacciones de los nativos, que terminarán en choques raciales-religiosos.
Los británicos debieron intervenir en su neocolonia para frenar la inmigración judía masiva -incrementada ante la expansión del nazismo- que amenazaba con transformar esa zona del medio oriente en un volcán, en momentos en que la segunda guerra mundial agotaba el potencial inglés. Frente a este giro en la política de Londres se desató una campaña de terrorismo judío en su contra, a través de dos grupos: el Irgun y el Stern, dirigida por David Ben Gurión.
Para dar una tajante definición al tema en mayo de 1947 la Asamblea General de la O.N.U. decidió dividir la zona en conflicto al ordenar crear un estado judío y otro árabe en palestina. Inglaterra acató la decisión y anunció que el 15 de mayo de 1948 finalizaría su mandato y se retiraría de la conflictiva zona. Esta medida exaltó los ánimos de los “vecinos” semitas preanunciando la primera guerra a librarse por Israel en pos de su independencia.
Entre abril de 1948 y febrero del año siguiente el Haganah -ejército israelí- demostró su capacidad bélica al derrotar una invasión conjunta de cinco países árabes: Egipto, El Líbano, Siria, Jordania e Irak, que se lanzó sobre el joven estado. La contraofensiva hebrea le permitió apoderarse de vastas zonas que la ONU le había otorgado a los palestinos, con lo que el nuevo estado alterará las relaciones estratégicas del medio oriente para siempre.
Otra consecuencia en este primer conflicto árabe-israelí será la aparición en los países derrotados de un nuevo fenómeno político regional: El Panarabismo, doctrina ecléctica que fusionará principios tan opuestos como el socialismo, el islamismo y el nacionalismo árabe.En la década siguiente analizaremos el accionar práctico de esta ideología a través de uno de sus precursores: el general egipcio Gamal Abdel Nasser.
F) El Japón de la ocupación norteamericana (1945/52)
Luego de la derrota de 1945 el Japón encomendado al general Mac. Arthur presentaba un panorama muy complicado: “había perdido más de tres millones de hombres, sus ciudades estaban devastadas por los bombardeos aliados, ha sufrido el trauma terrorífico del ataque atómico, su red de transportes está paralizada, la inflación genera grandes hambrunas, la confesión del Emperador Hiro- Hito de que no posee poder divino sume en la confusión mental a un pueblo habituado a reverenciarlo como a un Dios, etc.”.
Ante este panorama el omnipotente Gobernador militar Mac Arthur decide poner en marcha un plan tendiente a desarticular la estructura feudal y militarista del Japón derrotado y reemplazarlo por un nuevo sistema basado en pautas capitalistas que logren el milagro de mutar al viejo enemigo en un nuevo aliado confiable de Estados Unidos en la región. Este objetivo ganará en importancia ante la peligrosa vecindad de Tokio con la Unión Soviética y China, de acuerdo a la nueva estrategia yanqui de la posguerra.
En realidad el llamado “milagro japonés” no fue tal, sino que la puntillosa aplicación de pautas ultra capitalistas combinadas con la tradicional disciplina social oriental dio excelentes resultados. Concretamente afluyeron enormes inversiones yanquis -atraídas por la baja presión fiscal y la baratura de la mano de obra- que se invirtieron en sectores dinámicos y reproductivos de la economía planificada por la gente de Mac Arthur, si a esto le sumamos la inexistencia de gastos militares y el empuje indirecto del avituallamiento de las tropas yanquis que peleaban en Corea entenderemos las supuestas virtudes del Plan Dodge.
La aplicación de estas medidas se dosificó de acuerdo a planes quinquenales de desarrollo, permitiendo hacía fines de 1953 la elevación del nivel productivo nipón a los parámetros de preguerra. El lógico precio a pagar por Tokio será su sumisión a la política exterior de Washington y de la OTAN -aunque no pertenezca a ella-.
Capítulo II
“LA GUERRA FRIA”
(1950/60)
1. “EL ESCENARIO EUROPEO”
2. “EL TERCER MUNDO”
3. “LA CONQUISTA DEL ESPACIO”
Capítulo I “LA GUERRA FRIA” (1950/1960)
1. “EL CONFLICTO ESTE- OESTE”
-El Conflicto Este- Oeste.
- La Guerra de Corea (1950/3)
- Relevos en las cúpulas (1953)
- El Conflicto de Suez (1956)
- La Revolución de Hungría (1956
- La Creación de la C.E.E.
1."El Conflicto Este-Oeste"
La década del ´50 seguirá en líneas generales las mismas estructuras estratégicas del quinquenio anterior, es decir un mundo dividido en Yalta en dos zonas: el este y el oeste, controlados respectivamente por la Unión Soviética -a través del Pacto de Varsovia- y los Estados Unidos -por intermedio de la O.T.A.N.-.
Entre ambos bloques se producirán una serie de conflictos de variada intensidad que amenazan con el enfrentamiento abierto entre los dos bandos. Pero este holocausto será impedido, paradójicamente, por el miedo a la hecatombe nuclear que en ambas potencias generaba. Con lo cual surgirá un “equilibrio del terror”, diplomáticamente llamado “Coexistencia pacífica”.
De todos modos tres conflictos surgidos en este período amenazan con desencadenar el desastre atómico: la guerra de Corea, el conflicto de Suez y la revolución húngara. Estos problemas serán finalmente superados sin llegar al choque abierto tan temido.En esta década serán reemplazadas las cúpulas gobernantes en las superpotencias: la muerte del dictador Josef Stalin acarreará un cambio profundo en las estructuras del estado soviético con el ascenso al poder de Krúschev. En los Estados Unidos culminará su mandato el presidente Harry Truman y llegará al gobierno el republicano Einsenhower.
El mundo periférico comenzará lentamente a formar parte de la política mundial, a través del comienzo de la descolonización en África y Asia y de la Revolución Cubana, que madurará su conciencia en la conferencia de Bandung. Un tratamiento especial merecerá todo el complejo entramado que va a concluir con la creación de la Comunidad Económica Europea, como paso previo a la proyectada Unión Europea. Naturalmente que este proceso se desarrollará al margen del este europeo, que se mantendrá fiel al Pacto de Varsovia.
.2. LA GUERRA DE COREA (1950/3)
Hacia el final de la segunda guerra los Estados Unidos y la Unión Soviética se pusieron de acuerdo en ocupar la península de Corea en forma separada. Las fuerzas del Ejército Rojo se apoderarán de la zona norte del paralelo 38°, y las de Roosevelt el sur de dicha línea. Teóricamente el paso a seguir era la convocatoria a comicios en toda la península, y el posterior acceso al poder del triunfador, unificando a toda Corea.
El enfrentamiento bipolar entre ambas potencias alteró los planes, entre junio y agosto de 1948 las dos zonas coreanas pusieron en práctica procesos electorales en los que resultaron vencedores el comunista Kim Il Sung en el norte y el ultraconservador Syngman Rhee en el sur. En julio de 1949 concluyó la evacuación de las tropas de Estados Unidos y la Unión Soviética dejando tras de sí un conflicto similar al de Alemania, es decir dos regiones que eran anheladas por bandos rivales, dispuestas a dirimir el diferendo por las armas.
En la madrugada del 25 de junio de 1950 el ejército comunista cruza el paralelo 38° y penetra velozmente por el territorio sureño, barriendo las débiles defensas que las tropas de Rhee levantaban a toda prisa. La mejor organizada fuerza armada de Sung en pocos días hace enormes avances, que preanunciaban la ocupación total de la península.
Ese mismo día los Estados Unidos llevan “el Caso coreano” al seno de las Naciones Unidas, donde aprovechando la ausencia de la URSS -debido a su negativa a aceptar al representante de Chiang Kai Tse como delegado chino- logra que el Consejo de Seguridad condene a la invasión norcoreana, y una semana después cree una fuerza multilateral -compuesta por 15 países - dirigida por los norteamericanos.
En la península las tropas norteñas continuaban arrollando a las tropas de Rhee y luego de ocupar Seúl, el 29 de julio, siguen avanzando y encierran a sus oponentes -y a las exiguas tropas norteamericanas que trataban de apuntalar a los defensores- en Pusán, extremo sudeste de la península.
Ante la crítica situación Truman decide nombrar jefe militar al exitoso general Mc Arthur, quien en forma inmediata ordenó trasladar tropas desde Japón y Hawai, y a la VIIª Flota a la zona del conflicto. Luego de analizar las diferentes estrategias a aplicar opta por realizar una arriesgada maniobra: desembarcar a espaldas de los invasores en la playa de Inchón -cercana a Seúl- y, desde allí encerrar a los comunistas en el sur, avanzando hacia sus bases en la frontera de la China de Mao Tse Tung -que apoyaba a Corea del Norte-.
El plan previsto se cumplió impecablemente, desde el 15 de setiembre con el desembarco de casi 80.000 efectivos, que en menos de 20 días ocuparon todo el sur peninsular y cruzaron el paralelo 38° rumbo a la capital enemiga, la resistencia de las tropas de Sung se desmoronó estrepitosamente y empezó a peligrar la región fronteriza con China -ese era el objetivo final del general Mc Arthur-.
Inesperadamente en octubre de 1950 oleadas de tropas chinas, comandadas por el Mariscal Lin Piao, abandonaron sus bases, y luego de cruzar el río Yalú, penetraron en el territorio de Corea del Norte dispuestos a frenar el avance yanqui. La estrategia de las veteranas tropas de Lin Piao, que habían recorrido todo el derrotero de Mao en la guerra civil de la década pasada, era rudimentaria, pero efectiva en función de su enorme superioridad numérica. En menos de un mes más de 10.000 “demonios amarillos” cruzaron la frontera, desbordando las alas de las tropas yanquis y destruyendo el centro con fuego graneado, infringieron tales pérdidas a las tropas de Mc. Arthur que los obligaron a retroceder.
Las tropas de Lin Piao, aumentadas hasta casi medio millón de hombres, continuaron el avance que las llevó a acercarse al paralelo 38°. Por lo que Mc. Arthur pide enérgicamente autorización para bombardear territorio chino con armas atómicas al presidente Truman; este para evitar un conflicto bélico abierto con Pekín -que ya contaba con armamento nuclear- lo desautoriza terminantemente.
Las protestas públicas de Mc. Arthur obligan a su relevo y reemplazo por el general Ridway. Esta medida avalada por los estrategas yanquis es acompañada con un refuerzo de las tropas de la O.N.U. que logran estabilizar el frente en el paralelo 38°.Luego de dos años de “guerra de desgaste”, los diplomáticos de los rivales deciden iniciar conversaciones en Panmujón, que llevan a la firma del acuerdo definitivo el 27 de julio de 1953.
Este establece respetar el paralelo 38° como la frontera definitiva entre ambas Coreas, con lo que se demostró la inutilidad de un conflicto de más de 1.000 días, que ocasionará 54.000 muertos yanquis, 5.000 de las fuerzas de la O.N.U., un millón de norcoreanos y chinos, medio millón de surcoreanos y, 5. 000.000 de civiles muertos de diversas nacionalidades.
3. Relevo en las cúpulas
El 5 marzo de 1953 moría en Moscú a los 74 años Josef Stalin. El “Hombre de Acero” que había sucedido en el poder al mítico Lenin, luego de desembarazarse de Trotski; ponía fin con su vida a un largo régimen de más de un cuarto de siglo plagado de arbitrariedades y persecuciones a los opositores internos del PCUS, en forma paralela al proceso de industrialización y colectivización del sistema agrario soviético. Este hecho dejaba al rojo vivo las relaciones internacionales de la posguerra, sobre todo por la falta de un sucesor designado por Stalin, lo que ponía en ascuas también el futuro rumbo de la política externa de Moscú.
Dos grupos se disputarán la herencia del dictador, por un lado se alineará la “Vieja Guardia” integrada por Malenkov, Molotov, Kaganovic y Bulganín; y frente a ellos el tándem Beria y Pavlovic. En un primer momento Beria se alzará por las suyas con el poder, hasta que es depuesto por Malenkov y ejecutado en julio de 1953. Inmediatamente asumirá una dirección colegiada con preeminencia de la cúpula del Ejército Rojo -Mariscal Zukov-, que apoyará a la ascendente figura de Nikita Kruschev en sus planes de “desestalinización gradual del poder y la sociedad soviéticos”. Los planes de Kruschev serán esbozados someramente en su “Informe al XX Congreso del P.C. de la URSS”, donde critica solapadamente a su antecesor en lo referente al trato feroz con los opositores y al nefasto “Culto a la Personalidad”, anunciando el plan de reformas internas y la propuesta de “coexistencia pacífica” dirigida al dúo compuesto por los belicistas Eisenhower y su canciller Foster Dulles. Esta pieza oratoria del 25 de febrero de 1956 pasará a la historia como la bisagra entre el viejo estilo stalinista y el prometedor deshielo, que avanzará durante una década por la geografía rusa.
En los Estados Unidos las elecciones presidenciales de noviembre del año 1952 habían llevado al poder al candidato republicano Eisenhower con la consigna de poner fin a la guerra de Corea, lo que el nuevo presidente cumplirá el 8 de julio del año siguiente al firmarse el acuerdo de Panmujón. Inmediatamente designa como Secretario de Estado a John Foster Dulles, quien se da a la tarea de planificar la nueva estrategia de su país para el período 1953/7.
Este análisis surgirá de apreciar la inutilidad de un enfrentamiento abierto con Moscú, ya que el uso de armas nucleares aseguraba la destrucción masiva y mutua de los contendientes. Este “Equilibrio del terror” llevaba implícita la necesidad de asegurar la “coexistencia pacífica” con la otra superpotencia. De todas maneras. Dulles encontrará una variante a este esquema aparentemente inalterable, a la que llamará “Al borde del abismo”. Ésta consistía en presionar hasta el límite máximo con la amenaza nuclear, para llegado a ese punto negociar desde una posición de fuerza. Veremos además que este será el creador de la llamada “Teoría del Dominó”, según la cual la caída de un Estado en manos del comunismo generaba necesariamente la caída de sus vecinos “como fichas de dominó”, por lo tanto Estados Unidos debería estar atento para evitarla.
4) El Conflicto de Suez (1956)
La derrota islámica en 1948 generó en la región, y más concretamente en Egipto, la aparición del complejo fenómeno del Nacionalismo Árabe, que cuestionaba a los propios gobiernos de cada país como principales causantes de la falta de unidad de los “hermanos musulmanes” en la cruzada para defender a los palestinos del “invasor sionísta”. En El Cairo surgirá la ascendente figura del novato coronel Gamal Abdel Nasser, que difundió estos principios nacionalistas entre la oficialidad joven a través de un Logia llamada “Oficiales Libres”.
En junio de 1952 el Rey egipcio Faruk es desplazado del trono por una conjura de esta logia liderada por el general Naguib, que a su vez será reemplazado por el propio coronel Nasser. Esta revolución, de carácter republicana y nacionalista, lanzará una proyección exterior Panárabe llegando a ser, Nasser uno de los líderes de la Conferencia de Bandung. Nasser firmará con Londres un acuerdo para que el Reino Unido desaloje el canal de Suez hacia septiembre de 1956.
De esta manera obligaba a Inglaterra a alterar su estrategia defensiva en el medio oriente creando el Pacto de Bagdad -febrero 1955-, acuerdo militar al que se asocian Washington, Turquía, Pakistán, Irak y la India.
El latente problema limítrofe con Israel llevó a Nasser a solicitar ayuda militar a EEUU pero la negativa de Washington, debido a las presiones del lobby judío, lanzó a El Cairo en manos del Pacto de Varsovia al entregar Checoslovaquia las armas solicitadas. Israel como respuesta elevó al poder al tándem belicista integrado por Ben Gurion y el general Moshé Dayán e inició gestiones con Londres y París en pos de una alianza preventiva contra Nasser.El conflicto entre ambos sectores estallará al aceptar Egipto la financiación rusa para la construcción de la represa de Asuán, esencial para el plan de desarrollo expuesto por los “Oficiales Libres”, ante la negativa de Estados Unidos a prestar similar apoyo. Con razón Nasser dirá: “El problema es otro: occidente no quiere saber nada de un Egipto emancipado”.
Nasser decidió en julio de 1956 la nacionalización del canal de Suez, para financiar el costo de la represa, aunque indemnizando a los accionistas y asegurando la libre navegación por el mismo. De más está decir que el canal era una esencial vía de tránsito del petróleo hacia Europa y los Estados Unidos.
La respuesta del Eje París- Londres- Tel Aviv fue aceitar los resortes de una operación militar de pinzas, donde los europeos atacarían el norte egipcio -delta del Nilo y el canal- y las tropas de Moshe Dayán ocuparían la península del Sinaí. La llamada “Operación Mosquetero” fue lanzada con éxito por los hebreos a fines de noviembre, concluyendo con la ocupación del Sinaí en menos de dos días. Pero la participación europea en el plan se empantanó debido a la inesperada oposición de Estados Unidos, que estaba en plena etapa electoral y la pérdida de poder de Foster Dulles por padecer una grave enfermedad, y la presión de la Unión Soviética, que amenazó con intervenir militarmente en la región. Esta acción conjunta obligó a Londres y París a dar marcha atrás justo cuando sus paracaidistas se acercaban a El Cairo.
De tal modo que el 7 de noviembre los invasores se retiraban aceptando la propiedad egipcia del canal de Suez; Israel evacuaría la zona ocupada a mediados de 1957. Este conflicto demostró que mucho había cambiado en el mundo desde el fin de la segunda guerra, dejando por lo menos cuatro consecuencias para el futuro:
1-La guerra fría era hegemonizada por la Unión Soviética y los Estados Unidos, dejando a las otroras potencias coloniales -Francia y el Reino Unido- relegadas a un segundo plano.
2-Eisenhower decidía abandonar a sus “halcones”, encabezados por el agonizante Foster Dulles, en la estrategia pacifista de su segundo mandato -1957/61-. La guerra fría entraba en una fase “tibia”.
3-Nasser pasó milagrosamente de derrotado, en el plano militar, a vencedor en el area diplomática. Surgiendo así como nuevo líder del mundo árabe.
4-Israel demostraba que era un estado consolidado en la región al evidenciarse como invencible para sus vecinos árabes.
5) La Revuelta de Hungria
Durante el proceso de resistencia contra Hitler en Hungría se había destacado el dirigente comunista- nacionalista Lazlo Rajk quien dirigía personalmente las operaciones contra el invasor. Al producirse la liberación de la tierra magiar, Rajk ocupó el cargo clave de Canciller en el nuevo gabinete entre 1945 y 1949. El gobierno de esta época se formaba a través de una alianza entre el partido comunista hungaro y diversos sectores progresistas magiares. En 1949 una hábil maniobra de los sectores estalinistas del P.C.H. desalojó de sus cargos a sus aliados progresistas y elevó al poder al grupo ortodoxo de Matyas Rakozi, quien desarrolló una gran persecución de opositores, similares a las purgas de Stalin, que llevaron a la horca a Rajk, Oesterreich y otros populares dirigentes históricos del PCH -inclusive János Kadar fue a parar a la cárcel-.
En 1953 al morir Stalin sus efectos en Hungría generaron la caída del poder de Rákosi y su reemplazo por el comunista heterodoxo Imre Nagy -4 de julio-. Nagy comenzó a sorprender a todos cuando puso en marcha un plan de liberalización del vetusto esquema stalinista vigente desde 1949 a través de la creación del Frente Popular Patriótico, encargado de cumplir la función de “correa de transmisión” entre el pueblo y el gobierno magiar. Los objetivos de Nagy eran lograr paulatinamente la participación popular en el gobierno, la abolición de la censura estatal, alejar la burocracia de los sindicatos y organizar una política exterior independiente de Moscú; pero bueno es señalar que estos objetivos no significaban abjurar de los principios del Marxismo-Leninismo, sino “humanizar” a éste, expurgando las deformaciones generadas por la camarilla de Rákosi.
Esta “primavera política” de 1956 fue aceptada por la mayor parte de la sociedad magiar, salvo los sectores estalinistas, y rápidamente surgió un ecléctico y anárquico apoyo a Nagy formado por “ultraizquierdistas”, trostkistas, libertarios, occidentalistas, judíos, desertores rusos, cripto-fascistas, católicos, calvinistas, campesinos, conservadores, policías, estudiantes, obreros, intelectuales, etc. Naturalmente que la falta de ideales comunes perjudicó más que colaboró con los planes liberalizadores generando continuos enfrentamientos con las autoridades militares rusas asentadas en el país. Finalmente el 31 de octubre de 1956 Nagy anunció por radio la retirada húngara del Pacto de Varsovia, con lo cual la ruptura con Moscú estaba al alcance de la mano.
La respuesta rusa no se hace esperar, el 1° de noviembre más de doscientos mil soldados soviéticos invaden al país para sostener al nuevo poder encabezado por el fiel János Kadar -que paradójicamente había apoyado a Nagy hasta ese día-. El pueblo de Budapest combatió heroicamente contra los invasores durante cinco días, pero finalmente será derrotado por las tropas rusas del general Grebennik: “El balance de las víctimas de la invasión ascendió a 3.000 muertos y más de 15.000 heridos. Más de 20.000 húngaros fueron internados en campos de concentración, mientras que 200.000 marcharon al exilio, la plana mayor de su gobierno fue ahorcada junto a Imre Nagy”.
La revuelta abortada demostraba que lo acordado en Yalta seguía vigente, por lo cuál cada bloque podía impunemente “arreglar cuentas” con sus aliados infieles; además Estados Unidos al estar involucrado en el conflicto de Suez debió hacer oidos sordos a las criticas que recibía de Rusia por tal accionar.En occidente los sectores intelectuales comenzaron a distanciarse de Moscú é incluso la izquierda europea sufrirá escisiones como consecuencia de la represión de las fuerzas del Pacto de Varsovia al experimento liberalizador magiar.
6) Creación de la Comunidad Económica Europea (C.E.E.)
El final de la segunda guerra mundial marcó el ocaso de la preponderancia europea en el mundo, evidenciando que el péndulo de la historia se trasladaba hacia otras latitudes: concretamente hacia el este -URSS- y el oeste -EEUU-, arrastrando el continente a la bipolaridad del mundo. Europa occidental comprendió toda la magnitud del drama al sufrir en carne propia todas las penurias económicas de la primer década de la posguerra. Este lapidario panorama puso al oeste europeo ante una disyuntiva decisiva: la unidad era la única manera viable de evitar transformarse en furgón de cola de la política exterior yanqui y de compartir un proyecto alternativo al de Moscú y Washington.
El proceso de unidad europea, que tiene más de doscientos años de antecedentes, comenzó en forma paulatina y azarosa. Su génesis se inicia en 1949 cuando se crea el llamado “Consejo de Europa”, institución supranacional del oeste europeo que busca como objetivo final la unidad política y cultural del continente. En marzo de 1951 se constituye la Comunidad Europea del Carbón y del Acero -CECA-, tendiente a armonizar una política integradora en esta materia para todos los países de la región. Buscando planificar racionalmente estas políticas a través de reducciones arancelarias entre los estados miembros. Siguiendo con esta línea seis años después, en marzo de 1957, se creará el Euratón, ente encargado de planificar el desarrollo nuclear del oeste europeo. Es bueno recalcar que estas políticas surgieron fundamentalmente de acuerdos franco-germanos, a los que el bloque sajón -Inglaterra, Escocia, Irlanda y Dinamarca- opondrá dura resistencia aunque acabará por incorporarse en 1973.
Finalmente el 1° de enero de 1958 entrará en vigencia el Tratado de Roma, por el cual los signatarios establecieron la Comunidad Económica Europea -Mercado Común Europeo- que establecía un régimen perpetuo de tarifas aduaneras unificadas, la creación de un solo mercado unificado, el establecimiento de políticas comunes en lo referente a transporte, agricultura, ganadería y relaciones laborales, y la puesta en marcha de una serie de medidas proteccionistas para defender su producción agrícola.
El Tratado de Roma fue originariamente firmado por seis países: Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Luxemburgo y Holanda. La reticencia inglesa fue vencida, como dijimos, en 1973 al incorporarse junto a Irlanda y Dinamarca. Hacia 1981 ingresará Grecia y a fines de esa década entrarán Portugal y España. Además de los organismos técnicos y económicos la Comunidad Económica Europea creará un Parlamento, un Consejo de Ministros, un Tribunal de Justicia, un Comité socioeconómico y una innumerable cantidad de estructuras menores.
Capítulo II
“LA GUERRA FRIA” (1950/1960)
2. “EL TERCER MUNDO”
- El Tercer mundo.
- La Conferencia de Bandung.
- Latinoamérica.
Revolución Boliviana de 1952.
Revolución en Guatemala.
Argentina : La caída de Perón
La Revolución Cubana.
- África.
Nuevos países independientes.
La Revolución Egipcia.
La Guerra de Argelia.
Los Mau-Mau en Kenia.
- Asia.
La Guerra de Vietnam.
La Revolución China.
La Península Índica.
El Tercer Mundo
Desde la revolución industrial del siglo XVIII en el mundo comenzó un largo proceso de “integración económica desigual”, por el cuál un pequeño número de países que abarcaban una reducida parte de la población mundial se dedicó a la producción de manufacturas, conocidos como el Norte, y el inmenso número de estados restantes se dedicó a la producción de materias primas, el Sur. Naturalmente que esta relación leonína generó el surgimiento de los llamados imperios coloniales fastuosos, mientras condenaba a dos tercios de la humanidad a la mayor de las miserias.
En este siglo el demógrafo francés Sauvy acuñó la denominación de “Tercer Mundo” para los países del Sur en función de su no-alineamiento en el esquema bipolar de la posguerra; y como rémora del miserable Tercer Estado en el antiguo régimen francés. Acertadamente el líder hindú Nehru, en 1958, dijo “La verdadera división del mundo contemporáneo no se encuentra entre países comunistas y no comunistas, sino entre países industrializados y no industrializados”. De tal modo que el conflicto Norte-Sur es más importante que el Este-Oeste en el desarrollo del proceso analizado.
Según Sauvny, los países del tercer mundo poseen una serie de características específicas, a saber:
1) Baja renta por habitante.
2) Subalimentación -menos de 2.000 calorías por habitante-.
3) Alta mortalidad infantil y persistencia de endemias.
4) Alta tasa de natalidad.
5) Predominio económico del sector agrícola.
6) Carencia de industrialización.
7) Altos índices de analfabetismo
La década del '50 verá potenciar la lucha de estos países por su independencia política, ya que la económica será inalcanzable, aprovechando el definitivo ocaso de los imperios coloniales. En el mes de abril de 1955 la Conferencia de Bandung confirmará estos principios entre los estados del tercer mundo.
La Conferencia de Bandung
Entre el 18 y el 24 de abril de 1955 por invitación del presidente indonesio Sukarno se reunieron en Bandung -Java occidental- líderes de veintinueve países afroasiáticos para tratar asuntos de interés común a los estados del tercer mundo.
Las personalidades que sobresalieron en esta reunión fueron además del anfitrión , el egipcio Gamal Abdel Nasser, el hindú Nehru, el líder chino Chou En Lai, el prestigioso general Giap de Vietnam, y el poéta negro Senegalés Leopold Sedar Senghor.
Diferencias étnicas, culturales y rivalidades entre los asistentes impidieron que la Conferencia superara la etapa de las declaraciones y propósitos para entrar en la de las políticas concertadas con vistas a las necesidades del grupo. Pero de todos modos en Bandung se plasmó la toma de conciencia del grupo del tercer mundo evidenciada en los postulados que surgieron del comunicado final de la Conferencia.
Este comunicado puede ser resumido, en diez principios básicos:
1) Aceptación de la Declaración de la ONU de 1948 sobre los Derechos Humanos.
2) Respeto a la soberanía e integridad territorial de todas las naciones.
3) Reconocimiento de la igualdad de todas las naciones y razas.
4) Principio de no-intervención, ni injerencia en los asuntos internos de cada país.
5) Respeto al derecho de defensa, individual o colectivo, por parte de cada país.
6) Rechazo a los acuerdos colectivos de defensa que benefician a las grandes potencias coloniales.
7) Rechazo a las presiones de las grandes potencias sobre pequeños países.
8) Arreglo pacífico de todas las controversias entre estados
9) Cooperación entre los diversos países y promoción mutua.
10) Respeto a la justicia y a los tratados internacionales.
Con el transcurso del tiempo muchos de los países firmantes no respetaran lo acordado en Bandung, produciéndose incluso desaveniencias, que desataron sangrientas guerras entre los miembros de la surgente organización; de todos modos estos principios resaltarán una clara oposición al colonialismo de las grandes potencias, que tanto mal había hecho al tercer mundo en el último medio milenio. Veremos luego una serie de conferencias de este tipo que acentuarán estos principios a través del Movimiento de los No Alineados (No-Al), nacido en la Conferencia de Belgrado (1961). Pasaremos revista a continuación a los hechos políticos más importantes de la década del ‘50 en Latinoamérica, África y Asia.
1) Latinoamérica
La década del ‘50 mostrará una continuidad en la estrategia de Washington para la región respecto a la considerada para el quinquenio 1945/50 (Ver capítulo II). Aumentará la injerencia yanqui en las fuerzas armadas de estos países, recién a fines de esta hará su aparición la Doctrina de la Contrainsurgencia -o de la Seguridad Nacional-, como consecuencia de la guerra de Argelia y de la Revolución Cubana, para poner un dique al avance “comunista” en la región.
A) Revolución Boliviana de 1952
La alianza social de la oligarquía terrateniente con las tradicionales familias poseedoras de las riquísimas minas de estaño (los Patiño, Aramayo, Hochschild, etc.) constituyeron la mítica "Rosca", que manejaba todos los resortes de este país precapitalista, insertado en el mercado mundial como proveedor de materias primas de origen mineral esenciales para la industria bélica, tomándolo como una gran hacienda sustentada en el trabajo servil de las masas campesinas indígenas en los ancestrales latifundios o en los socavones de las minas. El ejército cumplía el rol de garante de este orden social injusto a través de feroces represiones que disciplinaban la fuerza de trabajo.
La derrota en la guerra del Chaco frente a Paraguay (1932-1935) hará surgir una logia secreta de jóvenes oficiales (Radepa), que intentará apoderarse del estado andino para acabar con el sistema descripto, y producir una revolución nacionalista. El fracaso de este proyecto será contemporáneo al surgimiento del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que aglutinará a los sectores medios bajo la dirección de Paz Estenssoro y Siles Zuazo; y de las organizaciones sindicales, que a su vez representarán a campesinos y mineros, lideradas por Juan Lechín.
Ambos sectores se unirán en abril de 1952 para derrotar a la "Rosca" y llevar al poder a Paz Estenssoro, apoyados en el accionar de las milicias populares que derrotan al ejército. El nuevo gobierno nacionaliza las minas y el petróleo, comienza la reforma agraria, disuelve al ejército tradicional (reincorporando a oficiales de Radepa, sancionados anteriormente), suprime las relaciones serviles de explotación y las prestaciones gratuitas y desarticula el sistema de control político de las clases dominantes.
Pese a la originaria alianza de clases de la revolución, fueron los sectores medios quienes se beneficiaron con ella, con lo cuál esta revolución burguesa sufrió la sangría de las masas campesinas y obreras, que se radicalizaran conforme se apartaba el gobierno de los ideales primigenios. El desarrollo del proceso marcará un giro paulatino hacia la derecha, que agudizará el conflicto social en el altiplano y hará eclosión en la década siguiente.
B) Revolución en Guatemala (1954)
El ancestral territorio maya era salvajemente explotado por las compañías norteamericanas -como la United Fruit C.o.- con el consentimiento y beneplácito de las oligarquías nativas despertó de su centenaria siesta hacia 1950, al ganar las elecciones el Liberal de izquierda Jacobo Arbenz Guzmán. El nuevo líder guatemalteco comprendió rápidamente que cualquier reforma, aunque fuese moderada, debía hacer hincapié en el tema de la propiedad de la tierra.
Naturalmente que los terratenientes y las compañías norteamericanas se vieron perjudicadas y tendrán de este reformista una visión satánica del temido “dictador comunista”. La United Fruit Co, sufrió una expropiación, aunque fue indemnizada, que movió a sus directivos a solicitar al Departamento de Estado que presionará al "gobierno comunista “de Guatemala, y reinstaurar la “república bananera”.
El maniqueísmo de Foster Dulles halló tierra fértil a tales reclamos y sé dio a la tarea de lograr la “solidaridad hemisférica” para organizar una “Cruzada Anticomunista” destinada a derrocar a Arbenz e instaurar nuevamente los “principios de la democracia” en el país. El descubrimiento en mayo de 1954 de un cargamento de armas de procedencia checoslovaca con destino a Guatemala fortificó ante sus aliados hemisféricos la posición de Washington, quien no dudó en apoyar militarmente a Carlos Castillo Armas -opositor de ultraderecha asilado en Honduras- en su desembarco con mercenarios en procura de “librar al país del peligro comunista”.
En menos de quince días el apoyo yanqui, la traición de jefes militares supuestamente leales y la indiferencia del resto del continente, generó la caída de Arbenz del poder -junio de 1954-. Foster Dulles respirará tranquilo ante el restablecimiento de la hegemonía de Washington en la región, aunque no vivirá para presenciar el primer intento exitoso de romper este esquema acaecido cinco años después muy cerca de Guatemala, por obra de unos “cuantos barbudos” liderados en forma magistral por Fidel Castro.
C) Argentina: la caída de Perón (1955)
El proyecto populista-distribucionista de capitalismo de estado del general Perón entrará en crisis en su segundo mandato (1952/55). La prematura muerte de Evita, el agotamiento del modelo económico expansivo del primer gobierno, los problemas que el Plan Marshall generaran en el contexto internacional para las economías agroexportadoras y el desinterés en ingresar en una etapa profunda de cambio de estructuras, llevaron al gobierno a aplicar un esquema ortodoxo de estabilización económica a partir de 1953.
La oposición aprovechará la ruptura del régimen con la jerarquía católica para aceitar sus vínculos con sectores golpistas de las Fuerzas Armadas, con el beneplácito de Washington y el Foreign Office.El 16 de junio de 1955 una escuadrilla aeronaval bombardea la Casa Rosada, esparciendo horror y muerte en las cercanías de la Plaza de Mayo. El intento golpista fracasa y radicaliza a los sectores duros del oficialismo, que incendian templos católicos, la sede del Jockey Club y de partidos opositores; Perón se niega a repartir armas entre los obreros, pese a los pedidos de algunos dirigentes sindicales.
En septiembre de ese año una exitosa conjura castrense depone al presidente, dirigida por los generales Aramburu, liberal, y Lonardi, nacionalista católico, y el contraalmirante Isaac Rojas, un “duro “ antiperonista. En poco tiempo Perón marcha a un prolongado exilio y el país ingresa en una etapa de inestabilidad política, mientras la Revolución Libertadora desmantela él “estado de bienestar” pampeano.
D) La Revolución Cubana.
La ayuda brindada por los Estados Unidos a los patriotas cubanos que libraban su guerra de la independencia contra España -1879/1898- significó para este país insular un virtual “cambio de amo” a través de la Enmienda Platt. Por esta cláusula, de enero de 1901, Cuba se transformó en protectorado de Washington, al ceder a los yanquis la base naval de Guantánamo -sur del país- y aceptar el derecho de Estados Unidos a intervenir en la isla cuando peligrara “la vida, la propiedad y la libertad individual” de los hijos del tío Sam.
Si la dependencia política era evidente por lo expuesto, mucho más lo era la económica, pues Cuba era una economía de monocultivo: el azúcar. Justamente este producto era colocado íntegramente en los Estados Unidos, con lo cual este país manejaba a su arbitrio la cuota azucarera. Los intereses yanquis controlaban todos los demás recursos medianamente importantes de la isla: tierras, servicios públicos, refinerías de petróleo, minería, infraestructura turística (que había transformado a La Habana en un burdel para los visitantes norteamericanos). Lógicamente esta relación era posible por la estrecha alianza entre los “Hermanos del norte” con la oligarquía nativa, sacarocracia tradicional, que explotaba feudalmente al resto de los cubanos. El vértice de este siniestro triángulo lo va a constituir la corrupta clase política y el ejército cipayo que se alternaban en el poder: esta era la triste realidad de la patria de José Martí en la primera mitad del siglo XX.
La escena política cubana fue monopolizada entre 1933 y 1959 por el sargento taquígrafo Fulgencio Batista, luego devenido en general. Este corrupto aliado de Washington ahogó con un recurrente y despiadado baño de sangre y golpes de estado el acceso al poder del partido Ortodoxo, que amenazaba con reformar esta realidad.
Como dato señalemos que el joven abogado Fidel Castro Ruz formaba parte del mismo en su etapa juvenil.
La imposibilidad de acceder al poder por vías legales convenció a un grupo de jóvenes entusiastas, capitaneados por Castro, sobre la necesidad de intentarlo por la “vía armada”. Para ello el 26 de julio de 1953 Fidel y su pequeño grupo de inexpertos y soñadores lleva a la práctica una operación suicida: atacar el cuartel militar de Moncada, en Santiago de Cuba, símbolo del batistato.
El fracaso fue estrepitoso, las tropas del dictador aplastaron a los insurgentes, matando a la mayoría y enviando a la cárcel con largas condenas a los escasos sobrevivientes. Castro, penado a quince años de reclusión, aprovechó el traspié para organizar el movimiento 26 de julio -ya oficialmente bautizado así en honor al ataque al Moncada- a la espera de una prometida amnistía enunciada por el hombre fuerte habanero para festejar su “triunfo electoral” de noviembre de ese año.
El exilio mexicano le sirvió a Fidel para aumentar el número de adherentes al “26 de julio” y lograr el apoyo del coronel español Alberto Bayo -republicano exiliado- en la instrucción militar necesaria para intentar un desembarco en la isla. Es necesario acotar que en esta etapa aparece en el campamento de los barbudos un joven médico argentino que rápidamente pasará al estrellato: Ernesto Guevara, más conocido como el “Che” por su nacionalidad.
El desembarco de los exiliados, a bordo del Granma, se produce el 1° de diciembre de 1956 en una complicada maniobra que es detectada por el ejército. La redada oficial deja fuera de combate a setenta guerrilleros y obligó a los sobrevivientes -menos de quince- a esconderse en la zona selvática de la Sierra Maestra. Luego de reorganizar su pequeña tropa Fidel Castro pondrá en marcha su estrategia; consistente en aprovechar el desgaste político de Batista, además de atacar a sus vanguardias en las zonas alejadas de los centros urbanos, de acuerdo a la milenaria táctica de “guerra de guerrillas”, a través de los “barbudos románticos”.
Entre enero de 1957 y noviembre de 1958 la estrategia de Fidel hará añicos la política de Batista -quien utilizó terribles represiones y torturas contra los opositores-, sobre todo por el apoyo que los sectores liberales de EEUU dieron a los Barbudos en la creencia de que el “26 de julio” era un grupo potable a sus intereses. En realidad la ideología de Castro en esta época no iba más allá de la de un nacionalista revolucionario, ya veremos su evolución posterior. Lo concreto es que la descomposición del régimen de Batista y una serie de exitosas campañas militares de Raúl Castro -hermano de Fidel- y de sus mejores lugartenientes Camilo Cienfuegos y el Che obligarán al dictador a exiliarse, permitiendo la entrada exitosa en La Habana de Fidel Castro el 8 de enero de 1959.
El nuevo gobierno procedió a juzgar y ejecutar a los personeros del régimen, acusados de salvajes torturas, estas medidas generaron la primera emigración de los “gusanos”, anticastristas recalcitrantes rumbo a La Florida, quienes soñaban con regresar al país para liberarlo de la “dictadura de los barbudos”.
Lo original de este movimiento fue que sus promesas de reforma agraria profunda y nacionalización de los bienes yanquis en la isla no quedarán en retórica, sino que se instrumentarán rápidamente. La respuesta norteamericana no se hizo esperar, Eisenhower limitó severamente la cuota de azúcar comprada a Cuba y prohibió el envío de petróleo y materiales estratégicos a la isla. Fidel decidió “Quemar las naves”: ofreció el azúcar a la URSS a cambio de petróleo; al negarse Esso y Shell a refinar el producto, Castro expropió a las empresas sin más trámite.
Además las autoridades revolucionarias pusieron en marcha exitosa campañas de alfabetización masiva y de atención médica para los campesinos de la isla. De modo tal que a principios de 1960 era patente el acercamiento de Cuba a Moscú, debido a la hostilidad yanqui y a la apatía de sus vecinos latinoamericanos en colaborar con La Habana. El novedoso hecho de la presencia de un aliado de Rusia a tan solo algunos kilómetros de las playas estadounidenses con el tiempo volvería a potenciar la alicaída “Guerra Fría” en la década siguiente, a través de dos hechos de gran importancia: La frustrada invasión en Bahía de los Cochinos y la crisis de los misiles de 1962.
2) África y Asia
2.1 Continente africano
La década del '50 en el continente preanunció, en líneas generales, el estallido independentista que hará potente explosión en el decenio siguiente. Durante estos años veremos surgir a la libertad a una serie de países africanos: Sudán, Libia, Marruecos, Guinea, Ghana y Túnez. Se producirá la revolución egipcia de 1952 (ver conflicto de Suez) que elevará al poder al carismático coronel Nasser. Analizaremos el comienzo del proceso independentista en Argelia, que luego de amenazar las propias bases del sistema político francés verá llegar su anhelada libertad en la década siguiente -1962-.Desarrollaremos el levantamiento de los Mau Mau en Kenia y el inicio del conflicto en el Congo Belga.
A) Nuevos países independientes
La estrategia francesa en África del norte comprendió rápidamente que Argelia generaría un largo conflicto en la zona, por lo que tempranamente accedió a otorgar la independencia a sus vecinos: el milenario Marruecos y el pequeño Túnez. La intensificación del conflicto en Argel demostrará lo errado de esta política para París, al transformarse estos países en “fronteras seguras” para los guerrilleros argelinos.
Concretamente tras una breve lucha en el año 1956 los grupos independentistas de Marruecos y Túnez lograron que Francia accediera a otorgarles la independencia a ambas monarquías del Magreb. Inglaterra se había adelantado al conceder la libertad a Libia en 1951, al Sudán en 1956 -en este caso con el consentimiento de Nasser- y a Costa de Oro en 1957 -llamada luego Ghana-Tambien llegará a la independencia Guinea, concedida por Francia en 1958.
Es interesante destacar que el proceso se concretará solo en el plano político, por que desde la óptica económica serán igualmente dependientes de sus antiguas metrópolis. Muchos de estos países recien independizados se integrarán al grupo de los No Alineados del tercer mundo, mientras otros se acercarán a la esfera de influencia soviética.
B) Revolución egipcia
La derrota egipcia, y árabe toda, frente a Israel en la guerra de 1948 demostró ampliamente que esta región del mundo no podía confiar en sus “amigos” occidentales y menos aún en las oligarquías nativas cipayas de Europa y Estados Unidos. El shock de la derrota bélica potenciará el Panarabismo predicado por el general Gamal Abdel Nasser.
Como analizamos en el desarrollo del conflicto de Suez la rígida monarquía corrupta del rey Faruk será depuesta por obra de la Logia militar de los “oficiales libres” el 23 de junio de 1952; y luego de un oscuro interregno del general Naguib llega al poder Nasser, con lo cual una “era de Panarabismo” revolucionario comienza a campear por las milenarias tierras de Cleopatra.
C) Guerra de Argelia
La negativa francesa a considerar los reclamos independentistas de Argelia, según vimos en el capítulo anterior, el trato discriminatorio para con los naturales en el esquema colonial galo, llevó a un grupo de intelectuales argelinos a planificar una estrategia político-militar para lograr el anhelado objetivo. Los líderes de este grupo serán Messali Hadj y Ahmed Ben Bella. La laboriosa tarea clandestina de este grupo, que contaba con el apoyo de Túnez, Marruecos y Egipto, tuvo su primer resultado el 1° de noviembre de 1954 cuando una serie de atentados contra objetivos franceses conmovió a Argel y al resto de la colonia, además se adoptaron estrategias de guerrilla urbana que pusieron en aprietos a los ocupantes colonialistas.
La respuesta gala fue implementar una serie de “operativos rastrillo” con el objeto de capturar rebeldes, a los que se sometía a crueles torturas para que delataran a sus compañeros. De este modo hace su aparición en la posguerra la “Doctrina francesa” de la contrainsurgencia que hará estragos en Latinoamérica en la década del '70. Paralelamente los Pied Noirs -colonos franceses- comienzan a organizarse militarmente para enfrentar a los argelinos levantiscos. En mayo de 1955 los sectores independentistas deciden unificarse en el Frente de Liberación Nacional -FLN-, como modo orgánico de enfrentar a más de 200.000 soldados franceses y a los feroces Pied Noirs.
Este frente logrará solucionar el problema de financiamiento de su campaña a través de colaboraciones voluntarias de los argelinos, cien francos mensuales, de colectas secretas en Francia, aportadas por los argelinos residentes y franceses progresistas, de los impuestos revolucionarios y de arriesgadas operaciones militares en las que logran cuantiosos fondos. Con este dinero se proveían de alimento y logística en países árabes, comunistas y occidentales.
La independencia lograda por Marruecos y Túnez permite al Frente contar con fronteras seguras para profundizar la lucha contra el opresor francés, agregándole ahora tácticas políticas a las cotidianas incursiones militares. Desde 1957 el Secretario General del FLN, Larbi Ben Mhidi, ordena varias huelgas generales en Argel y otras ciudades del país que conmueven a las autoridades francesas de ocupación.
París responde enviando al temido coronel Bigard -Jefe de los Paracaidistas- coordinador a cargo de las tareas del ejército, la policía y los Paras a través de una simple idea: todo argelino, por el solo hecho de serlo, será sospechoso de pertenecer al Frente; y por lo tanto pasible de la “contrainsurgencia”, es decir detenido, torturado, mutilado y ejecutado.
Los métodos usados por los contendientes transformaron a la guerra de Argelia en un baño de sangre permanente que llevará su mancha hasta la propia París. Allí el premier ante el agravamiento de la crisis decide buscar una salida política, ante esto los Pied Noirs ocupan todos los edificios públicos en Argelia a través de una rebelión que incluso amenaza con tomar las armas para hacer retroceder al gobierno francés.
Ante la posibilidad de una guerra civil la Asamblea Nacional elige a Charles De Gaulle como nuevo primer ministro con plenos poderes para llegar a un acuerdo con los argelinos, e inmediatamente un referéndum popular lo eleva a la presidencia de Francia -septiembre de 1958-. En reacción a la estrategia de De Gaulle, los Pied Noirs, y los “sectores duros” del ejército colonial deciden pasar a la ofensiva volviendo a ocupar los edificios públicos de Argel y desconociendo la autoridad del “Presidente traidor”. El militar Pierre Lagaillarde y el civil Joseph Ortíz forman un gobierno paralelo destinado a impedir “la entrega de Argelia”.
El apoyo masivo de la población francesa y del ejército fortalece a De Gaulle y obligan a rendirse a los jefes de la rebelión, del ala intransigente del ejército colonial, permitiendo al viejo héroe de la segunda guerra, continuar la búsqueda de una salida negociada al conflicto de Argelia. Mientras tanto los jefes del FLN deciden “apretar el acelerador” en busca del objetivo independentista a través de una escalada de las acciones político-militares contra los ocupantes de su país. De tal modo que a comienzos de 1960 el futuro era claro: Argelia sería libre a través de las armas o de algún acuerdo negociado.
D) Los Mau-Mau en Kenia
Desde el final de la segunda guerra se venían organizando en Africa reuniones secretas de líderes de la región destinadas a emprender acciones contra los “Amos Blancos ” en el continente negro. Imprevistamente en Kenia estallará el primer conflicto de este tipo, aunque en él pesarán además disputas entre tribus indígenas enemistadas desde tiempos inmemoriales.
A comienzos del otoño de 1952 la tribu keniana de los Kikiyo decide la creación de una organización secreta: los Mau Mau -la traducción al castellano sería “váyanse de aquí blancos”-, llamada oficialmente “Unión of Africa Movement”. La finalidad del grupo era la de expulsar a los ingleses a través de acciones secretas y sangrientas buscando más el aniquilamiento de los blancos que un arreglo pacífico con Londres. La salvaje represión del ejército colonial británico -que llegó a matar más de 8.000 Mau Mau- acabó tras cuatro años de lucha con los sublevados, pero hizo comprender a los ingleses la necesidad de llegar a un acuerdo con algún líder moderado nativo para evitar que Kenia se transforme en una nueva Argelia.
El peligro de la extensión de la rebelión por otras tribus acabó por convencer a Londres de la necesidad de negociar con Jomo Kenyatta, jefe rebelde encarcelado, para realizar un referéndum en el país que iniciara el camino de la independencia de Kenia.
E) El Congo Belga
Esta riquisima colonia belga, que posee gran cantidad de valiosas minas de diamantes, comenzó a evidenciar signos de una gran agitación independentista a mediados de la década del 50, por lo que el rey belga Balduíno decidió adelantarse a los hechos y convocó a los naturales a elecciones municipales a fines de 1957.
Aquí hará su aparición un grupo de intelectuales congoleños interesados en la independencia, que formarán diversos partidos: La Asociación del Bajo Congo -encabezada por J. Kasavubu-, El Movimiento Nacional Congoleño -de Patrice Lumumba- y la Confederación de Asociaciones de Katanga -con predicamento en esta provincia y dirigida por Moisés Tshombé-.
La acción de estos grupos continuó, pese a la política belga, en su estrategia de presionar a la potencia colonial con huelgas, disturbios y operaciones militares de baja intensidad. Ante esta situación el rey Balduíno convocó a Bruselas a los líderes rebeldes para informarles que en 1960 su gobierno le otorgaría la independencia al Congo. En el capítulo próximo veremos el trágico desenlace de este conflicto al chocar militarmente los grupos congoleños independentistas entre sí.
2.2 Continente asiático
Mientras en Äfrica comenzaban a aparecer los primeros conflictos con el colonialismo europeo, en Asia continuarán los problemas de similar origen en regiones tales como Indochina -en este caso frente a Francia-, en China la triunfante revolución de Mao dará sus primeros frutos y se aliará con Moscú, mientras que la India y Pakistán coexistirán dificultosamente tratando de ganar sus primeras batallas en contra del hambre, el atraso y la intolerancia religiosa.
A) la guerra de Vietnam
El apoyo dado por Mao a Ho Chi Minh permite a sus guerrillas atacar a los franceses desde “santuarios seguros” en la frontera con China. Esta estrategia le permitirá fortalecer sus huestes hacia 1949 y alentar al general Giap -verdadero estratega vietnamita- a planificar una ofensiva final sobre los europeos ya que se rumoreaba una inminente ayuda de Estados Unidos a París, Ho quería asegurar una victoria rápida que canalice los deseos de independencia.
La ofensiva Viet de enero de 1950 fracasará ante el uso de Napalm por parte del ejército francés, lo que obligó a Giap a cambiar de planes, es decir abandonar la “ofensiva final” y volver a la tradicional táctica de guerrillas que tantos buenos resultados les había dado a los hombres del norte. Mientras se replegaban las tropas hacia las zonas liberadas del norte se procedió a tejer alianzas con grupos similares que bregaban por la liberación de Camboya -Khmer Rouge- y Laos - Neo Lao Hax- a fin de estructurar una lucha integral indochina contra los opresores.
Concordante con esta situación los indochinos lanzan una ofensiva en la región de Laos que obliga al general francés Navarre a crear una línea de fortificaciones en derredor del fuerte de Dien Bien Phu, en el noroeste de Vietnam, asentando allí el grueso de las tropas galas. De tal modo que Ho y Giap comprenden rápidamente que si llegan a apoderarse de dicha fortaleza asestarían a los colonialistas un golpe demoledor y se pusieron a trabajar para ello.
Dentro de ese plan, el 18 de marzo de1954, avanzadas guerrillas de Ho comenzaron a hostigar sin pausa a las defensas francesas, las que una vez derrotadas, aseguraron el corte de suministros aéreos a las defensas dejando a los soldados galos a merced de los atacantes.
Cumplida esta etapa el 6 de mayo los sitiados, impedidos de utilizar el napalm por la humedad del follaje, comenzaron a recibir oleadas de guerrilleros Viet que los obligaron a ceder; al día siguiente las avanzadas de Ho penetraban en la fortaleza y ocupaban la plaza fuerte. La rendición de Dien Bien Phu desmoronará, como era de esperar, al poder francés en Indochina, obligándolos a negociar su retirada. Luego de arduas disputas diplomáticas los franceses deciden firmar en Ginebra el 21 de julio una serie de tratados que establecerán:
1) La independencia de Laos y Camboya.
2) La partición de Vietnam en dos estados, separados por el paralelo 17°.
3) El reconocimiento de la independencia de la República Democrática de Vietnam -norte- y a su líder Ho Chi Minh.
4) El compromiso del emperador del Sur, Bao Dai, de convocar a elecciones libres en el sur en 1956.
De esta manera el triunfo de Ho era una realidad, ahora solo restaba liberar el sur y unificar el país. Atrás quedaban cerca de medio millón de muertos en el período 1945/54, de las cuáles solo 33.000 eran franceses, sin contar los miles de civiles que perderán sus bienes y la propia vida en esta guerra.
El previsible triunfo electoral de Ho en el plebiscito en el sur va a convencer a Eisenhower de la necesidad de impedir a toda costa que este se lleve a cabo, para ello apoyará las ambiciones del Primer Ministro Ngó Dinh Diem en sus planes de derrocar al Emperador. Luego de logrado esto Diem instaura en octubre de 1955 una feroz dictadura anticomunista que obliga a los irregulares de Ho, infiltrados en el sur, a pasar a la clandestinidad y volver a la estrategia guerrillera que tan buenos resultados les dió en el anterior conflicto con Francia.
A fines de 1959 era evidente que la dictadura de Diem sería fácilmente destruida por los hombres de Ho en breve plazo, este análisis llevará a Kennedy -electo en 1960- a planificar la asistencia militar a Saigón. De este modo el nuevo enemigo de los vietnamitas comenzaba a mostrar su silueta en la densa vegetación indochina.
B) La Revolución China (1950/60)
Al tomar el poder Mao tuvo ante sí un desafío más colosal que acceder a él, ya que deberá transformar una China casi medieval y terriblemente injusta, amén de la destrucción que causaron la ocupación japonesa y la posterior guerra civil, en una potencia atómica con alto grado de desarrollo y justicia social.
Para comenzar Mao frenó el drenaje de divisas al exterior, que generaba la mayor parte de la galopante inflación, al nacionalizar y estatizar el sistema bancario y financiero; fracturó el sistema territorial de la propiedad privada, usufructuada por una lacra de terratenientes, al ceder campos y explotaciones agrarias a los campesinos; acabó abruptamente con los burócratas parasitarios, de milenaria tradición en China, e incentivó la aparición de capitalistas nacionales que dinamizaron la economía agraria del país. La acumulación de capitales generadas por esta etapa “democrática-burguesa” permitirá el pasaje a una fase puramente socialista e industrialista.
Naturalmente que esta revolución también llegará a las profundidades de la sociedad china al emancipar a la mujer de su ancestral sometimiento al varón, y al campesino del anacrónico terrateniente. Todas estas medidas generarán una rígida oposición de las clases altas y la burguesía china, pero el rápido accionar de las directivas de Mao y su acatamiento por parte de los campesinos, va a barrer a los contrarrevolucionarios. Hacía 1951 China estaba mayoritariamente controlada por sectores maoístas, los opositores se encontraban en franca retirada.
El apoyo total que Estados Unidos y sus aliados darán a Chiang Kai Shek en la isla de Taiwan obligará a Mao a no descuidar el aspecto militar y a celebrar un tratado de alianza ofensiva-defensiva con Moscú el 14 de febrero de 1950. El posterior apoyo de Mao a Corea del norte en su conflicto con el sur tendrá su origen en este pacto. Mientras tanto tropas del Ejército Rojo de Mao ocuparán el milenario y atrasado Tíbet, desalojando al líder religioso Dalai Lama -que huyó a la India- e impregnando a ese montañoso país de maoísmo, aunque no pudieron arrancar de cuajo sus tradiciones religiosas.
El coloso manejado por Mao, de casi 600 millones de personas -censo de 1953- conoció entre 1953 y 1959 su primer Plan Quinquenal, que buscaba cinco objetivos básicos: industrialización pesada, aumento de los bienes de capital con relación a los de consumo, desarrollo agrícola en función de las necesidades sociales e industriales, la priorización de la producción sobre el consumo e implementación de planes educativos y sanitarios.
Paralelamente entre 1956 y 1957 Mao accederá a una apertura en su régimen que permita introducir a los intelectuales y científicos al proceso revolucionario. Esta “Campaña de las cien flores” deberá luego ser reducida en sus alcances debido a la utilización por parte de los disidentes contrarrevolucionarios de la apertura iniciada.
En los últimos años de la década, el pueblo chino, decidió dar el “Gran Salto Adelante” en su proyecto al diseñar unidades productivas -Comunas- autosuficientes que borraron los vestigios de la propiedad privada, e impulsaron un proceso irrefrenable de desarrollo que llevará a China al rango de potencia mundial a partir de los años sesenta.
C) Península Indica (1950/60)
No fueron nada fáciles los comienzos independentistas de la India y Pakistán: La explosión demográfica, el atraso económico y educativo; una minoría dirigente formada en Inglaterra, un campesinado pobre, sin industrias de base, superlativo analfabetismo, diversidad de lenguas, religiones y costumbres.
El gobierno de R. Prasad -partido del Congreso- y de Nehru en India sé dió a la ciclópea tarea de dejar atrás el subdesarrollo y el hambre a través de planes quinquenales de economía socializante y estatista; aunque se mantuvieron permeables al ingreso de capitales externos, prácticamente indispensables para tales objetivos. Pese a estos esfuerzos y el control estatal de los resortes económicos, -con propiedad privada en aspectos medianos y pequeños-, el desarrollo de la India fue muy lento y parcial.
En Pakistán persistirá un cuadro similar, pero con menor desarrollo económico, que se agravará por los deseos de Bengala oriental –en el noroeste del país- de independizarse del sector occidental en razón de considerarse como “colonia” de Islamabad, en oposición a su cultura hinduista. Este proceso de conflictos internos se prolongará hasta 1971, año en que se desatará una guerra civil entre ambos sectores, a los que se va a agregar la India transformándose en una nueva contienda regional. La victoria hindú permite la independencia de Bengala bajo el nombre de Bangla Desh.
Capítulo II
“LA GUERRA FRIA”
3. LA CONQUISTA DEL ESPACIO
Mientras en los anteriores capítulos veíamos como se desangraba el mundo en la década del ’50, ahora veremos la otra cara de este proceso; es decir el conjunto de avances de la tecnología que permiten explorar el cosmos y preparar la mayor hazaña de la historia humana de la época: la llegada a la Luna, en la década siguiente.
Los estudios de balística y cohetería de Estados Unidos y la URSS a fines de la segunda guerra recibirán un gran impulso -de allí en adelante en razón de transformarse la empresa de exploración del espacio, en un objetivo político para ambas superpotencias-. Veamos ahora los peldaños que se fueron dando entre 1950 y 1960.
En 1949 Washington pone en órbita un primitivo cohete de dos fases que llega a los 404 kms. de latitud. En 1957 la Unión Soviética lanza el Spútnik -satélite artificial- con el objetivo de recolectar datos sobre la atmósfera terrestre. Este exitoso intento permitirá enviar el primer ser vivo al espacio exterior, la famosa perra Laika, en su sucesor, el Spútnik II, lo cual confirma la tesis de la supervivencia biológica en el espacio.
En 1959 los científicos soviéticos concretan su primer objetivo al enviar la serie de cohetes Lunik, el I y el II, que circunnavegará el satélite terrestre y chocaran luego contra él.Este avance científico obligará a sus competidores norteamericanos a potenciar los esfuerzos en la década siguiente para alcanzar el logro de poner un hombre en la Luna. y regresarlo a salvo a casa, según profetizara Kennedy.
CAPITULO III
“LA DESCOLONIZACIÓN” (1960/70)
1. ESCENARIO EUROPEO
2. EL TERCER MUNDO
3 LA CONQUISTA DEL ESPACIO
Capítulo III
“LA DESCOLONIZACION” (1960/70)
1. ESCENARIO EUROPEO
SUMARIO
- El movimiento Hippie.
- Triunfo de Kennedy y el muro de Berlín.
- Bahía de Los Cochinos y Crisis de los Misiles.
- Asesinato de Kennedy.
- Caída de Kruschev y Ascenso de Breznev.
- El Mayo Francés
- La Primavera de Praga.
- De Johnson a Nixon (1963/70).
LA DECADA DEL ´60
A partir del comienzo de este decenio se hará cada vez más evidente un nuevo fenómeno en la historia del mundo. Si bien es muy difícil darle una definición precisa podemos decir que ahora, y de manera ascendente, se superan los regionalismos en los procesos históricos; ya que la interdependencia universal será tan profunda que cualquier hecho acaecido, por minúsculo que sea, repercutirá honda y rápidamente en el resto del orbe. Lógicamente que los factores que permiten esta situación serán el enorme desarrollo de las telecomunicaciones, sobre todo satelitales, que “achican” enormemente el planeta; y la transformación de la tierra en un gigantesco tablero de ajedrez estratégico por parte de las superpotencias, que dirimen allí su hegemonía mundial.-.
En esta etapa coexistirán dos realidades antitéticas: por un lado, el surgimiento de una revolución cultural en Occidente, conocida como movimiento Hippie, que trastocará definitivamente las estructuras culturales arcaicas que aún permanecían a fines de los '50; y, por el otro lado, la continuación porfiada que pondrán Washington y Moscú en sus hipótesis de Guerra Fría, que pondrán al hombre al borde del holocausto nuclear. . Continuaremos, en la medida de lo posible , con el desarrollo explicativo de esta compleja madeja de sucesos cada vez mas concatenados a través del método utilizado en la obra de dividir el relato en mundo central –Europa , E. Unidos y la U. Soviética – y el mundo periférico – el resto del planeta-. Naturalmente que ambos términos de la ecuación se imbricarán de manera cada más estrecha en razón de la tendencia a la homogeneización, cada vez mas evidente, del proceso narrado.
1) El movimiento Hippie
Como dice Alberto Szpunberg “En los años 60 tuvo lugar un fenómeno social sin precedentes. Los jóvenes de Norteamérica, y luego, los de otros países occidentales, se rebelaron contra la sociedad de sus mayores y emprendieron una ardua búsqueda de nuevas experiencias: recuperación del propio cuerpo, revolución psicodélica, no- violencia, irracionalismo, misticismo. Fue un intento de construir un mundo libre de la alienación de la tecnología, de la deshumanización del dinero, de la violencia, y de la injusticia. La historia de esa revolución es una página inolvidable de nuestra época, cuyos ecos aún resuenan”.
La “sociedad oficial norteamericana” de fines de la década del '50 se encontraba atrapada entre el Macarthísmo y el Victorianismo que por igual alababan el “American way of life”; pero frente a ella se encontraban millones de marginados -negros, jóvenes, indios, pobres, etc.- que detestaban ese modelo. Estos comenzarán a gestar un movimiento contestatario y contracultural denominado “Generación Beat” -es decir golpeados-.
Esta contracultura comienza por proponer modelos alternativos al oficial en diversos aspectos de la vida:
A las tradiciones occidentales le opondrán los valores culturales de civilizaciones orientales, de rasgos místicos, por ejemplo la hindú y la de la América precolombina. Precisamente de aquí tomarán la afición por el consumo de drogas -marihuana, cocaína y ácido lisérgico- como símbolo de rechazo a “la decadente” sociedad a la que repugnaban.
Frente a una sociedad urbana encerrada en “selvas de cemento” los jóvenes propusieron volver a la naturaleza tomando la flor como un símbolo en oposición al armamentismo, ante la carniceria de la guerra de Vietnam enarbolaron el pacifismo y la negativa al servicio militar obligatorio- incluso el campeón mundial de boxeo Cassius Clay resignó el cetro por no ir al infierno indochino-. En contra del racismo de las sociedades opulentas opusieron el apoyo a los movimientos de los Derechos Civiles y de las minorías étnicas, ejemplo de ella es la lucha de Martin Luther King y Malcom X.
Ni siquiera la música se salvó de esta revolución, ante el jazz tradicional de los '50, se encaramó el Rock and Roll, como ritmo propio de grupos marginales -al comienzo la de los nuevos migrantes a las grandes urbes- que rápidamente se difundió por todo el orbe a través de notables figuras como Elvis Presley, Los Beatles, Los Rolling Stones y muchos otros que se transformarán en ídolos de la gente joven. Surgirá como variante la llamada “canción de protesta”, que al mensaje rockero le suma ingredientes políticos, destacándose figuras tales como Bob Dylan, Janis Joplin, Angela Davis y otros.
Respecto a valores tradicionales como el sexo, la familia, y la propiedad privada el movimiento Hippieº propuso el amor libre -como revalorización de la libertad corporal-, la aceptación de la homosexualidad y la organización de nuevos modelos productivos de tipo cooperativo -las comunas- basados en estructuras voluntarias y sin jerarquías. Frente a la política, estos jóvenes vanguardistas muestran un drástico rechazo tildándola de inmoral y corrupta, algunos de ellos se vuelcan a ideologías de izquierda que revalorizan las luchas de los movimientos de liberación del ascendente Tercer Mundo. La imagen del “Che” Guevara se transformó en un ícono de esta generación, así como el tono anarco-socialista del “Mayo francés” de 1968.
Este movimiento fue bastante inorgánico, aunque reconoce una serie de ideólogos que aportaron algunos de sus valores y postulados. Entre ellos se destacan Jack Kernac, Williams Bourroughs, Lawrence Ferlinghetti, Herbert Marcuse, Eldrige Cleaver, Emmot Grogan, Roland Laing, David Cooper, Angela Davis, Bobby Seale y otros; aunque cualquiera de los miles de jóvenes que asistieron a los gigantescos festivales de Woodstock o Monterrey podrían simbolizar al movimiento Hippie mucho mejor que los intelectuales nombrados.
Esta revolución cultural, que tuvo su esplendor entre 1965 y 1975, llegará a todos los rincones del mundo trastocando los valores tradicionales de la cultura occidental, pese a ser fagocitada su propuesta primigenia por el consumismo y la adicción a las drogas que hicieron perder brillo y sustancia a tales propuestas.
2) Triunfo de Kennedy y el Muro de Berlín
Al ir concluyendo el segundo mandato de Eisenhower los políticos de Estados Unidos se pusieron a planificar al sucesor a través del tradicional sistema de elecciones primarias, nominando como candidatos a Richard Nixon para los republicanos y al joven ascendente John Fitzgerald Kennedy -luego de derrotar a su competidor y futuro compañero de formula Lyndon B. Johnson- por parte de los demócratas.
Este joven de cuarenta y seis años que procedía de una tradicional familia católica de origen irlandés de Massachusetts, decidió rodearse de un grupo de intelectuales brillantes graduados en Harvard, e integrado por su hermano Robert, Mc. Namara, Dean Rush, Stevenson y otros para que le ayudasen a gobernar. Luego de vencer ajustadamente a Nixon, el nuevo presidente intentará poner en práctica sus planes liberales para la política interna, y de contención del comunismo en asuntos exteriores. Ya veremos su apoyo a la invasión a Cuba y a la Alianza para el Progreso a lo largo de este capítulo.
A menos de siete meses de llegar al poder Kennedy se encontrará con un endurecimiento de la Guerra Fría por parte del bloque soviético, al disponerse la construcción del luego célebre Muro de Berlín -13 de agosto de 1961-. Lo concreto es que entre 1950 y 1960 más de dos millones de ciudadanos alemanes orientales emigraron hacia el oeste -aunque medio millón de ellos regresarían desilusionados- haciendo peligrar el equilibrio demográfico y los planes de desarrollo elaborados por los estrategas del Pacto de Varsovia.
Para detener esa sangría, y con la excusa de impedir la infiltración de agentes de la OTAN, el Premier de Alemania oriental Walter Ulbricht logra el aval del Kremlin para edificar en la noche del 12 al 13 de agosto un muro de 45 km, completados con 120 km de malla de alambre, que rodea a la zona oriental de la ex capital del Reich impidiendo la fuga hacia el oeste, y reforzado por 14.000 Vopos, policias orientales, y 600 perros que controlan la zona desde las 258 torretas. Esta construcción se transformará en un ícono de la “guerra fría” durante los 28 años de existencia.
Esta medida es airadamente resistida por los países de la OTAN, sobre todo lógicamente por Alemania Federal, pero en realidad no violaba ningún punto del Acuerdo de Yalta. Por tal motivo no desencadenó ningún enfrentamiento más allá del verbal, aunque quedará como símbolo palpable de la guerra fría.
3) Bahía de los Cochinos y la Crisis de los Misiles
El rápido desmantelamiento de las estructuras coloniales que ataban a Cuba al imperialismo norteamericano por parte de la Revolución (ver capítulo III) fue rápidamente captado por Washington como una amenaza a sus intereses en la región. Al acceder al poder Kennedy fue informado por la CIA sobre un plan de carácter secreto para invadir la isla por parte de exilados cubanos.
El presidente decidió estudiarlo y aprobarlo, con la condición de que la entrada directa en el conflicto de tropas yanquis fuese totalmente descartada.Con este aval la CIA apoyó el lanzamiento de los exilados sobre Bahía de Los Cochinos en abril de 1961 -Operación Pluto-. Los invasores, provenientes de bases en la Nicaragua de Somoza, apoyados por la U.S. Navy desembarcaron en Playa Girón el 17 de ese mes munidos de moderno armamento.
La rápida reacción del pueblo cubano, dirigido por Raúl Castro y el “Che”, aplastó a los contrarrevolucionarios y sirvió de base a la revolución para detectar a 2.000 agentes de la CIA en la isla y a 20.000 opositores al gobierno, que fueron encarcelados y algunos fusilados.La respuesta de Castro en el desfile de la victoria fue contundente: “Si Kennedy no gusta del socialismo, a nosotros tampoco nos gusta el capitalismo; y Cuba tiene tanto derecho a establecer un estado socialista a 148 Kms. de la costa norteamericana como los EEUU tienen derecho a establecer un estado capitalista a 148 Kms. de las nuestras”
El derecho a la autodeterminación de Cuba quedaba expresado plenamente, pero para resguardarlo la revolución debía aliarse con alguien poderoso: La Unión Soviética. Fidel Castro proclamará el carácter Socialista de Cuba, anunciando tratados con Moscú y otros estados socialistas - el 1° de mayo de 1961-.
Esta decisión de Fidel y el fracaso de Bahía de los Cochinos llevó a Kennedy a replantear sus planes contra Cuba, ahora pensando que era necesario contar con la solidaridad del “Patio Trasero”. Para ello va a tratar que la O.E.A. expulse el régimen insular de su seno, en tanto que la Junta Interamericana de Defensa comienza a plantear al “caso Cuba” como hipótesis de conflicto. El apoyo dado por Fidel a los movimientos revolucionarios latinoamericanos sería la excusa buscada por Washington para reunir un Conferencia de Cancilleres americanos en Punta del Este en enero de 1962.
En esta VII reunión de cancilleres de la OEA los Estados Unidos vencieron la oposición del “Grupo de los seis” -Argentina, México, Chile, Bolivia, Brasil y Ecuador- a través de “presiones diplomáticas”, -el voto de Haití fue comprado con un “préstamo” de 13 millones de dólares- y logran expulsar a La Habana del sistema interamericano, además de crear un organismo de seguimiento del “Caso Cubano”. De esta manera Latinoamérica se alejaba de Cuba y la arrojaba a los brazos de Kruschev, quien rápidamente le ofrecerá misiles soviéticos para defenderse de un probable ataque yanqui. Esta solidaridad hemisférica contra Cuba se agravará cuando la OEA aconseje a sus estados miembros la ruptura de relaciones con La Habana y se sume al embargo económico decretado por Washington.
Desde el verano de 1962 transportes del bloque soviético descargaban gran cantidad de armamento en las playas cubanas, dentro de ellos estaban los elementos necesarios para armar misiles Sam Tierra- Aire que servirían para proteger la construcción de cohetes nucleares que apuntarían a los EEUU. Estos silos nucleares fueron descubiertos por aviones espías U-2, que rápidamente llevaron la novedad a Kennedy en septiembre de 1962. Lo concreto es que 40 misíles SS-4 y SS5, de medio y largo alcance, y varias rampas de lanzamiento estaban desperdigados por las costas cubanas.
En octubre de ese año el presidente yanqui elaboró una estrategia de carácter progresivo tendiente a obligar a Fidel a desmantelar la base misilística, por ello Estados Unidos establecerá un total bloqueo a la isla y en caso necesario, un raíd de bombardeos seguidos de una invasión abierta. El 22 de octubre Kennedy dió comienzo al bloqueo a la isla a través de la IIº Flota, que formaría un anillo de 70 kilómetros alrededor de ella para evitar la llegada de refuerzos rusos. Esta medida será avalada por la OEA y la OTAN. En forma secreta se preparaba una invasión naval, en la cual participarían 250.000 soldados y más de 2.000 aviones yanquis sobre la isla.
La reacción de Castro fue pedirle a Kruschev que lo apoyara hasta el fin, pero los jerarcas rusos en forma rápida comprendieron la dureza de la posición de Kennedy y vieron que de ella podrían sacar partido actuando con cautela. Finalmente cuando el mundo miraba aterrado hacia las aguas del Caribe esperando el comienzo del holocausto nuclear, llegó de Moscú una contrapuesta a Washington consistente en el retiro de los cohetes a cambio del compromiso de Estados Unidos de no atacar Cuba aceptando el status quo existente al momento de la crisis; en forma secreta la O.T.A.N. desmantelaría misiles asentados en territorio turco, que apuntaban a territorio soviético.
Sobre estas bases el 27 de octubre de 1961 Kennedy y Kruschev llegaron a un acuerdo definitivo que aventó los vientos del conflicto nuclear. Fidel comprobó en carne propia que el “aliado soviético” lo olvidaba rápidamente cuando necesitaba negociar con la otra superpotencia; nuevamente sé priorizaba el conflicto este-oeste frente al norte-sur, típico de la Guerra Fría.Guevara le había anticipado este descenlace a Castro en medio de las negociaciones entre Moscú y Washington; algunos autores creen ver aquí la decisión futura del “Che” de apartarse oficialmente de La Habana é iniciar un camino autónomo en sus proyectos, que acabaran trágicamente en la selva boliviana seis años después.
4) Asesinato de Kennedy
El presidente Kennedy desarrollaba su mandato de una manera dual, es decir con criterios liberales en política interior -partidario del Estado de Bienestar, apoyo a las reivindicaciones de los defensores de los derechos civiles, etc.- e imperialistas en lo externo -Bahía de los Cochinos, crisis de los misiles, envío de “asesores militares” a Vietnam, etc.- será inesperadamente asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963; en un hecho aún no esclarecido.
Promediando su período presidencial inició en el final de ese año su campaña proselitista por diversos estados. En una de esas giras, por Texas, llegó ese viernes 22 a Dallas y comenzó a recorrer el centro de la ciudad en un Lincoln descubierto acompañado por su esposa Jacqueline y el gobernador Connally, cuando sorprendentemente un sujeto les disparó dos balazos que lo mataron casi en el acto e hirieron de gravedad a Connally – quien quedó paralítico-.
El asesino Lee Harvey Oswald, de confusa y antigua militancia comunista, fue rápidamente detenido por el FBI pero nunca se llegó desentrañar el misterio del magnicidio debido a que el hampón Jack Ruby acribillará a balazos a Oswald en la jefatura de policía -24 de noviembre-.
El “Informe Warren", luego de diez de meses trabajo no arrojó luz definitiva, concluyendo que Oswald había planeado solo el atentado y dedujo que Ruby -muerto de cáncer en la cárcel- solo actúo por vengar a Kennedy. Una serie de explicaciones variadas se elaboraron para explicar el magnicidio: acción de los servicios de inteligencia cubanos, venganza de la mafia, actuación conjunta de diversos grupos enemigos de Kennedy, etc. Lo concreto es que ninguna investigación pudo demostrar certeramente los mecanismos del asesinato. El vicepresidente Lyndon B. Johnson asumió la primera magistratura de Estados Unidos el mismo día del asesinato de su compañero de fórmula. Una nueva era comenzaba para Washington y para el mundo entero.
5) Caída de Kruschev y ascenso de Breznev
Las secuelas de la crisis de los misiles y la oposición de los sectores tradicionales del Kremlin presionaron fuertemente sobre la política reformista de Kruschev y su pérdida de prestigio en el exterior. Por estos motivos el 15 de octubre de 1964 Kruschev no resiste las presiones y presenta la renuncia al cargo, siendo confinado a una granja al interior del país.
Los popes de Moscú deciden dividir el poder máximo entre tres figuras ascendentes: Mikoyan como presidente, luego reemplazado por Podgorny, Kossygin como Primer Ministro y Breznev como Primer secretario del PCUS. Naturalmente que el stalinista moderado Leoníd Breznev era el verdadero cerebro de la troika rusa, rápidamente una serie de graves conflictos pondrán a prueba su capacidad de liderazgo.
6) El Mayo Francés
Según Eduardo Tecglen “Los sucesos de mayo de 1968 obedecieron a un doble rechazo de la joven generación: la denuncia del sistema capitalista como totalitario, aunque ocultase su poder bajo formas de democracia, y la oposición a la sociedad y la cultura burguesas, que a través de la publicidad y la propaganda generan ficticios deseos consumistas y manipulan las mentes de los hombres reduciéndolos a esclavos felices...”.
Todo comenzó el 22 de marzo de ese año en la facultad de Nanterre, cuando los estudiantes ocuparon la dirección pidiendo realizar reuniones políticas. El estudiante anarquista alemán Daniel Cohn-Bendit (“Dany el Rojo”) era uno de los dirigentes del grupo que comenzó cuestionando el arcaico sistema educativo francés y terminó aborreciendo todos los valores de la opulenta sociedad capitalista dirigida por De Gaulle, y de Occidente en general.
Las ideas revolucionarias del filósofo Herbert Marcuse planteaban que los nuevos “sujetos revolucionarios” eran los marginados, los negros y los estudiantes, sólo ellos estaban interesados en la “ruptura del sistema capitalista”; con lo cual dejaba de lado a los tradicionales partidos y sindicatos de izquierda galos en la misión revolucionaria.
El cierre de la facultad de Nanterre, ordenado por el Rector de la Universidad de París radicalizó la situación: se lanzaron a las calles miles de estudiantes, en repudio a la medida, y fueron acompañados por columnas obreras, que desbordaron la dirigencia tradicional. La represión policial agudizó el conflicto que se extendió a la mayoría de las ciudades francesas, y sus ecos comenzaron a resonar en toda Europa.
Durante mayo las ciudades francesas vieron marchar a miles de obreros, estudiantes y pequeños burgueses que enarbolaban banderas rojas y retratos de Mao, Castro, el Che, Trotsky, Ho Chi Minh, Rosa Luxemburgo y el Marqués de Sade. Se pedía “La imaginación al poder”, “Prohibido prohibir”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, “Si tienes el corazón a la izquierda, no tengas la cartera a la derecha”.
Una huelga general espontánea, acatada por casi todos los sectores sociales, puso en grave peligro a todas las instituciones francesas. Ante la crítica situación De Gaulle tanteó a los jefes militares para asegurarse su lealtad frente a la estrategia que elaboró, al conseguirla disolvió la Asamblea Nacional y convocó a elecciones para junio. La derecha avalaba el plan oficial para “cerrar el camino a los rojos”.
A mediados de junio la ola revolucionaria había remitido notablemente, a cambio de promesas de reformas el oficialismo gaullista se alzó con el triunfo en las elecciones legislativas del 30 de junio. De todos modos al año siguiente el general De Gaulle perdería un plebliscito nacional, que lo llevó a dimitir y a alejarse de la política para siempre, accediendo al poder su delfín George Pompidou.
El análisis de la profundidad de los ideales del Mayo Francés, el rápido impácto logrado en la sociedad y su vertiginosa desaparición del escenario político galo es motivo de permanente análisis por parte de diversos cientístas sociales. Igualmente marcó un hito en la cultura occidental de los ‘60, é impregnó a mucho de los movimientos contemporáneos que se expandieron por el mundo de la época.
7 ) La Primavera de Praga. (1968)
Desde fines de 1967 Checoslovaquia era escenario de la aparición de tímidos movimientos sociales y sindicales que pedían una mayor liberalización del régimen stalinista de Antonín Novotny ante la rigidez del gobierno. Al sumarse a los reclamos sectores liberales y autonomistas de la región de Eslovaquia, el Comité Central del PC checo aceptó reemplazar al cuestionado jefe de estado, por el moderado eslovaco Alexander Dubcek. El nuevo gobernante hizo suyos los reclamos de las bases y lanzó un plan general de liberalización en diversas áreas al que rápidamente se opusieron los sectores conservadores del PC y los jefes del Pacto de Varsovia.
En julio de 1968 los aliados de Moscú enviaron a Praga un ultimátum, “La Carta de los Cinco”, donde instaban a los checos a abandonar las reformas y volver al status quo anterior. La tajante oposición de Dubcek a tal reclamo distanció definitivamente a Praga de sus antiguos aliados, además de potenciar las reformas internas por las que la sociedad checa bregaba.
En esta situación Moscú impulsó la “Doctrina Breznev” según la cual ningún miembro del Pacto de Varsovia podía alejarse de él y de los principios que le habían dado origen a dicha alianza. De tal modo que el 20 de agosto de este año tropas soviéticas penetraron en Checoslovaquia ante la resistencia pasiva de la población invadida. Dueños del país los rusos no repitieron la carnicería de Hungría, a través de una hábil política repusieron a la plana mayor de Dubcek, y a él mismo, pero como meros títeres obligados a desandar el camino emprendido y retornar Checoslovaquia a la situación anterior. En cuanto se cumplioeron parte de estos objetivos Dubcek fue desplazado del poder, y nombrado en su reemplazo el fiel Gustav Husák.
La llamada “Primavera de Praga” había demostrado que Moscú no estaba dispuesto a aceptar el potencial desmembramiento de su bloque, incluso con el uso de la fuerza militar para lograrlo, y por otro lado que el mítico “Paraíso comunista” no era tal, por lo menos para amplios sectores en países como Checoslovaquia o Hungría.
8) De Johnson a Nixon (1963/70)
La muerte de Kennedy llevó imprevistamente al poder al oscuro vicepresidente Lyndon Johnson en momentos en que la guerra fría ganaba en intensidad y que Vietnam comenzaba a ser el ataúd para miles de jóvenes norteamericanos. Pese a este panorama Johnson se impondrá en los comicios en noviembre de 1964, como arrastre del fulgor de la estrella de su trágico antecesor.
Desde el poder, en el período 1963/68, el presidente creará para la política exterior la llamada “Doctrina Johnson”, según la cual los Estados Unidos intervendrán en cualquier región del planeta en la que considerase que el comunismo la amenazaba. Esto lo llevará a enviar Marines a la República Dominicana (Ver Latinoamérica) y a continuar en forma masiva el envío de tropas a Indochina iniciado por Kennedy.
En política interior Johnson será el encargado de apoyar una serie de leyes sobre derechos civiles, que igualaban, en el plano teórico, los derechos de negros y blancos. Su lema “La Gran Sociedad” prometia abundancia y libertad para todos, a través de una política de apoyo a la salud, la educación y la lucha contra la pobreza urbana. Pese a ello la injusta sociedad yanqui será alterada por una serie de luchas de los hombres de color en busca de igualdad con el resto de sus compatriotas, donde se desatacará la prédica pacifista de Martín Luther King y la acción violenta de Malcolm X y los Black Panthers – que representaban al Black Power -.
La constante lucha de los afroamericanos generará multitudinarias manifestaciones contundentes de reclamo y la consiguiente represión de las fuerzas de seguridad. El último año de la presidencia de Johnson será trágico para la política estadounidense al producirse los asesinatos de Luther King y el senador Robert Kennedy, se conoce la “masacre de My Lai ” donde un pelotón yanqui al mando del teniente W. Calley extermina a sangre fría a hombres, mujeres y niños campesinos inocentes – El asesino será condenado a cadena perpetua, aunque luego el presidente Reagan le conmutará la pena -.
El desprestigio creciente de la política desarrollada en Vietnam y los problemas internos relacionados con la lucha por los derechos civiles convencerán a Johnson de la inutilidad de presentarse para un muevo período presidencial, por lo que su partido elige como candidato a Hubert Humphrey, quien será derrotado en forma ajustada por el republicano Richard Nixón con la promesa de retirar a E.Unidos del conflicto en Indochina
Capítulo III
“LA DESCOLONIZACION” (1960/1970)
“Muy pronto los pueblos humillados
entrarán en la escena de la Historia”
(Lenin)
2. “EL TERCER MUNDO”
El Tercer Mundo.
1. Latinoamérica.
A. Estrategia de Estados Unidos.
B. México: La Matanza de Tlatelolco
C. La política Cubana.
D. Brasil.
E. República Dominicana y Haití.
F. Los Países Andinos.
G. La Cuenca del Plata.
H. La Guerra del Fútbol.
2. África.
A. Situación general.
B. Nuevas independencias.
C. Guerra de Argelia.
D. Guerra del Congo.
E. Guerra de Biafra.
3. Asia.
A. Situación general.
B. La Guerra de Indochina.
C. China: Progreso y ruptura.
D. Japón: Gigante renacido.
E. La Guerra de los Seis días.
EL TERCER MUNDO
La década del '60 marcará una intensificación de la lucha por la liberación de los países del tercer mundo, este movimiento no reconocerá límites geográficos ya que abarcará todos los rincones del planeta y en muchos casos generará luchas cruentas que vaciarán las exhaustas arcas de estos nuevos países. Naturalmente que a esta dialéctica de la confrontación entre el norte rico y el sur pobre, se le sumará el tradicional enfrentamiento entre el este -comunista- y el oeste -capitalista-, transformando al globo terráqueo, en un tablero de ajedrez gigantesco plagado de sangre y sufrimiento.
Como consecuencia de los ideales de Bandung los países del Tercer Mundo comenzarán a agruparse en reuniones periódicas para tratar temas de interés común. En la primera de ellas, realizada en Belgrado, -septiembre de 1961- se creará oficialmente el Movimiento de los países No Alineados (No- Al), que va a establecer una serie de principios comunes:
• Cooperación y asistencia recíproca
• Lucha contra el Imperialismo
• Eliminación de las guerras -con excepción de las de Liberación-
• Respeto por la autodeterminación de los pueblos
• Apoyo al desarme
• Proscripción de las armas nucleares y químicas
• Defensa del No Alineamiento
• Apoyo a los Movimientos de Liberación en todo el mundo.
En el marco de un creciente ingreso de países al No- Al se realizaron una serie de conferencias para afirmar este ideario en Tanganyka (1963), El Cairo (1964) y Zambia (1970). Los nobles ideales de este grupo se lograron parcialmente, ya que si bien en la faz política -independencia- conocieron enormes éxitos; en el ámbito económico no se pudo romper la humillante dependencia del mundo desarrollado, herencia nefasta del colonialismo europeo.
A demás conflictos internos -guerras civiles- y externos -problemas limítrofes y de hegemonía regional- abortaron el desarrollo de estos jóvenes países. Pasemos ahora revista a los hechos sucedidos en Latinoamérica, África y Asia.
1. Latinoamérica
La realidad socioeconómica de Latinoamérica al comenzar esta década se agrava notablemente, según la CEPAL: “el 5% de la población percibía el 33% del ingreso, mientras el 50% más pobre disponía de solo el 16% del mismo; un continente donde la tasa de desempleo crónico era de más del 15% de la población activa”. Naturalmente que este polvorín, pronto a estallar en mil pedazos, no pasaría inadvertido para los estrategas yanquis, sobre todo por el peligroso precedente que la Cuba de Fidel estaba erigiendo en las cálidas aguas del Caribe.
A) Estrategia de los Estados Unidos
Al llegar a la presidencia John Kennedy, por consejo de sus asesores, pondrá en marcha la política de la “Nueva Frontera”, a través de un plan de desarrollo regional: “La Alianza para el Progreso”. Este plan que pugnaba por erigir un freno “político” al avance “comunista” en la región, se estructuró en una reunión hemisférica de la OEA en Punta del Este (1961).
En ella los Estados Unidos plantean un modelo de tipo “asistencialista”, a través de aportes de 1.000 millones de dólares para escuelas, hospitales, viviendas y demás obras de bienestar social; aúnque, en forma encubierta destinaba gruesas sumas al entrenamiento de las fuerzas armadas regionales en el concepto de la estrategia de la Contrainsurgencia.
Frente a esta propuesta, que finalmente se llevó a la práctica parcialmente, se alzó el bloque argentino -Frondizi- y brasileño -Janio Quadros-, que abogaron por un plan que apuntara al desarrollo industrial y tecnológico. En esta misma reunión la voz de Cuba, Ernesto Guevara, desenmascaró las verdaderas intenciones de La Alianza para el Progreso: “Esterilizar la Revolución Cubana y domesticar a las otras naciones latinoamericanas”.
La realidad le daría la razón al Ministro de industria de Fidel Castro, pues la Alianza solo logró dividendos para los factores de poder latinoamericanos, pero no su desarrollo económico. Junto a esta política de “Nueva Frontera” Kennedy estructuró otra paralela destinada a aislar a Cuba del sistema interamericano (ver Crisis de los Misiles) y entre sus objetivos figuraba desarrollar en las fuerzas armadas de la región un “anticomunismo” propio de la Guerra Fría. Para esto se crearía en Fort Mac Nair -antigua barraca del Ejército norteamericano- el Colegio Interamericano de Defensa destinado a capacitar a oficiales de la región en las nuevas estrategias hemisféricas planeadas por la Junta Interamericana de Defensa, de la que se expulsó al representante cubano.
En forma paralela se potencia el Consejo de Defensa Centroamericano –CODECA; en forma paralela se acordó un sistema de reuniones periódicas de los jefes militares del continente, a través de Conferencias de Comandantes en Jefe de cada una de las fuerzas, y se llevan a cabo maniobras conjuntas entre los ejércitos y armadas -ej. Operativo Unitas-, de acuerdo al “Plan Militar General para la Defensa del Continente Americano”, que naturalmente tiene en la “Doctrina de la Contrainsurgencia”, que utiliza a la tortura como método válido, a un resorte clave de la estrategia elaborada por el Comando Sur del Ejército de EEUU.
Para ello se creará en la zona del Darién -Panamá- la “Escuela de las Américas”, donde los Boinas Verdes yanquis entrenan a los oficiales latinoamericanos en la “Estrategy of Counterinsurgency”, a razón de 3.500 por año; así mismo en Washington se creará la Escuela Policial Panamericana, destinada a la formación de oficiales policiales de la región de acuerdo a dichos parámetros. Veamos ahora los principales sucesos acaecidos en Latinoamérica durante este decenio.
B) México: La Matanza de Tlatelolco (1968)
Mientras el movimiento estudiantil arrasaba en el oeste de Europa los valores clásicos de la posguerra, desde este lado del Atlántico, en las míticas tierras de los Aztecas, los jóvenes universitarios mexicanos aprovechaban la cercanía de la inauguración de los XIXº Juegos Olímpicos en su tierra para desarrollar actividades agitativas y de protesta en contra de los manejos arbitrarios del presidente Díaz Ordaz y del aparato de los “Dinosaurios “ del eternamente gobernante P.R.I., organizando una gigantesca manifestación en la Plaza De las Tres Culturas a la manera de las que sacudían Paris en el famoso Mayo.
Al caer la noche el ministro del Interior Luis Echeverria, futuro presidente, ordenó al ejercito reprimir “a sangre y fuego” a los estudiantes, ocasionando decenas de muertos y centenares de heridos. La acción premeditada y feroz respondía a la necesidad de “limpiar la imagen “de la sede de los juegos a inaugurarse algunos días después.
C) La política Cubana
Como se explicó en el capítulo III -La Revolución Cubana- el proceso desatado por Castro en la isla se fue radicalizando en función de la agresión económica de Washington, de manera tal que al comienzo de esta década Cuba se hallaba en una fase socialista que le permitió ir cortando los lazos imperiales con los Estados Unidos. La política hemisférica desarrollada por Kennedy fue seguida a pie juntillas por todo el sistema interamericano, salvo el díscolo México, de modo tal que paulatinamente La Habana fue abandonada y encerrada en un callejón sin salida por sus hermanos americanos.
En 1960 la CIA organizó operaciones secretas para asesinar a Castro y romper relaciones con La Habana, en 1961 los EEUU apoyan el desembarco de exilados anti castristas en Bahía de los Cochinos, en 1962 se expulsó a Cuba de la OEA, en la crisis de los misiles -1962- los Estados Unidos lograron el apoyo del sistema interamericano contra Castro, en 1964, el T.I.A.R. propuso la ruptura de relaciones con la isla y se decretó el bloqueo económico.
La respuesta cubana consistió en profundizar la revolución, volcándose al “amigo” soviético a partir de una serie de tratados comerciales y militares con países del Pacto de Varsovia -febrero 1960- y con China, luego del intento de invasión de Bahía de los Cochinos, Cuba se transformó en un estado marxista- leninista. El apoyo soviético en la crisis de los misiles fortalecerá a La Habana al asegurarle el status quo a su revolución, pese a que tanto Fidel como el “Che” se sintieron defraudados por el retiro de los mismos.
Todos estos datos explican la política exterior castrista destinada a apoyar los movimientos insurreccionales en la región, por ejemplo Venezuela verá el apadrinamiento político de Fidel al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que comenzará a luchar contra el gobierno reformista de Rómulo Betancourt, y a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Guatemala que hostigaban al Presidente Méndez Montenegro -político títere de la oligarquía y de los militares nativos-.
Pero sin ninguna duda el ministro de industrias de Cuba, Ernesto Guevara, fue el que llevaba la voz cantante en el desarrollo de los planes de “exportar la revolución” a través de la “teoría foquista”, que intentaba transformar a la Cordillera de los Andes en una nueva Sierra Maestra, a partir de la instalación de un “foco militar revolucionario” en alguna región del hemisferio que operara como “centro irradiador” de los ideales revolucionarios.
El Che reunirá en 1966 en La Habana a delegados radicalizados del tercer mundo para crear la Organización Latinoamericana de Solidaridad -La OLAS-, que dependiente de la Conferencia Tricontinental estructurará la acción coordinada de los grupos guerrilleros de la región para lograr la implantación de sistemas socialistas en América Latina, cuya presidencia ejercerá el senador chileno Salvador Allende. Para perfeccionar su accionar se crearon escuelas de adiestramiento en tácticas guerrilleras -es decir la contracara del Colegio Interamericano de Defensa- y el propio Guevara dió el ejemplo al marchar secretamente a Bolivia para encabezar uno de esos grupos, luego de su fracaso de una experiencia similar en el Congo.
Los jerarcas moscovitas se opondrán a estos planes por considerarlos aventureros y condenados al fracaso, de todos modos el Che aparecerá por Bolivia. La acción de Guevara en el sudeste de ese país, zona muy cercana a Santa Cruz de la Sierra, se desarrollará a lo largo de once meses -noviembre 1966 a septiembre 1967- sin lograr el apoyo de la población nativa, y con la oposición y posterior traición del Partido Comunista Boliviano -PCB-. Su presencia en la zona, confirmada por la detención de Regis Debray, generó la aparición de los Boinas Verdes yanquis que asesoraron a tropas especiales nativas -Los Rangers- que cercaron y aniquilaron al grupo, y al Che el 9 de octubre de 196. La Inteligencia militar argentina confirmará a través de las huellas digitales, enviadas por el embajador argentino Alvaro Alsogaray a Washington, la autenticidad del cadáver del guerrillero abatido en La Higuera,
La inútil muerte del líder guerrillero en Bolivia confirmó el fracaso de su tesis foquísta y obligó a La Habana a reconsiderar su estrategia continental, aunque por un cierto período siguiera apoyando intentos similares en la región -Argentina, Uruguay, etc.-. De todos modos pese al fracaso exterior de la Revolución Cubana triunfó en sus logros internos al transformar esta colonia bananera en un país con alto desarrollo relativo en materia
educativa y en servicios sociales para su población, aunque no se debe minimizar el apoyo económico de Moscú en estos logros, lo que comprobarán amargamente los cubanos luego de la caída de la Unión Soviética en Los comienzos de la década del ’90.
Finalmente señalemos que la política exterior cubana también tuvo en el sur de Africa un objetivo estratégico muy destacado, por lo que Fidel Castro decidió enviar miles de soldados “internacionalistas” en apoyo de grupos rebeldes, de orientación socialista, que luchaban por la independencia en contra de Imperios coloniales ó minoría blancas aliadas a ella: de esta manera se trasladaron, en forma clandestina, tropas a Angola, Mozambique, Zimbabwe y Namibia.
D) El Brasil
En las elecciones presidenciales de 1960 triunfó la fórmula Janio Quadros-Joao Goulart, quienes desarrollarán una política nacionalista de corte antiimperialista, enviando delegados brasileños al primer Congreso de la No- Al, reanudando relaciones diplomáticas con la China de Mao, condecorando a los máximos líderes de la Revolución Cubana, etc.
Pese a que el gobierno de Quadros no era, ni por asomo, de corte comunista, los sectores tradicionales internos se unieron a la prédica de las multinacionales y del Departamento de Estado en la campaña contra el presidente acusándolo de “Castro-Comunista” y obligándolo a renunciar. De este modo, pese a las presiones comentadas, llegó al poder Joao Goulart quien imprime a su gobierno un giro izquierdista -influenciado por su cuñado Leonel Brízola- que aumentó los temores del “establishment” brasileño.
Las presiones internas -oligarquia y militares- y externas -Departamento de Estado y multinacionales- sobre el gobierno de Goulart yá debilitando su poder, que acabará siendo derrocado en 1964 por las Fuerzas Armadas que designan al Mariscal Castelo Branco como nuevo presidente. Este inició una rígida dictadura militar de carácter anticomunista.
A partir de ese año la política exterior brasileña se transformará en férrea aliada de la estrategia yanqui en la región.
En materia económica el llamado “milagro brasileño” consistirá en el desarrollo capitalista de crecimiento productivo, bajo dirección y control de grandes empresas privadas, subsidiadas por el Estado. Naturalmente que los trabajadores fueron los convidados de piedra del esquema, al ver reducidos sus derechos laborales y los salarios.
Acompañó a este modelo económico la implantación interna de la Doctrina de la Seguridad Nacional, elaborada en la Escuela de las Américas, y según la cual todo opositor al llamado “mundo occidental y cristiano” se transformaba en subversivo, por lo tanto pasible de ser eliminado. Por algo Nixon considerará al Brasil como un “modelo” a imitar por los demás países de la región.
Al norte de Brasil, en la Guayana Británica -actual Guyana- el movimiento independentista guiado por el odontólogo marxista Cheddy Jagan creció en poderío amenazando con alzarse con el poder al llegar ese estado a la independencia, prometida para 1966. Por esta razón la CIA y la inteligencia inglesa armonizaron su estrategia para dividir al movimiento, evitando así que Guyana se convirtiera en un aliado de Cuba que pusiera en peligro al Brasil. La acción consistió en separar del partido de Jagan -el Popular Progresista- a los sectores africanos, dirigidos por Forbes Burnham -el Congreso Nacional del Pueblo- y entregarles el manejo de la joven república a partir de la independencia otorgada en 1966.
E) La República Dominicana y Haití
La pérdida de la Isla Juana -Cuba- llevó a los Estados Unidos a asegurarse el control de la isla La Española a través de una política coherente y con proyección de futuro. En la República Dominicana seguía firmemente en el poder el dictador Rafael Trujillo, desde 1930, pero el ejemplo de Batista persuadió al Departamento de Estado sobre la necesidad de “dejarlo caer del poder” y reemplazarlo por el tándem Ramfis Trujillo -hijo del anterior- y Joaquín Balaguer, quienes pensaban perpetuarse en el poder, como figuras de recambio.
Kennedy decidió apoyar el asesinato del dictador Trujillo -mayo de 1961-.
Luego planificaba presionar al nuevo gobierno para que convocase a elecciones libres, en la seguridad de que algún candidato de centro-derecha se alzaría con el triunfo. Pero inesperadamente los comicios del 20 de diciembre de 1962 elevarán al poder al líder centroizquierdista Juan Bosch, un amigo de Fidel Castro.
El nuevo gobierno de Bosch duró muy poco tiempo, ya que los sectores militares derechistas lo derrocaron el 25 de septiembre de 1963, entregándole el poder al macartista Donald Reid Cabral, quien tratará de reimplantar el “modelo Trujillista” de gobierno, lo que beneficiaba al Departamento de Estado.
Estos continuos cambios irán perfilando una cierta anarquía en el establishment dominicano, lo cual hará posible el crecimiento de una figura militar ascendente el general Wessin y Wessin como “hombre fuerte” del régimen de Donald Reid Cabral. Paralelamente dentro de ese mismo ejército se sublevará el 25 de abril de 1965 un grupo de oficiales jóvenes, capitaneados por el coronel Francisco Caamaño Deno, en favor del depuesto ex presidente Juan Bosch; este grupo se irá radicalizando hacia postulados de izquierda.
De manera tal que a partir de fines de abril de ese año la República Dominicana se fue transformando en teatro de una guerra civil sangrienta que preanunciaba el triunfo de las fuerzas de Caamaño y Bosch. El presidente Johnson ante la gravedad de la situación ordenó el desembarco de 20.000 Marines en apoyo de las tropas de Wessin y Wessin el 28 del mes de abril. Inmediatamente trató de encontrar apoyo en los países de América al reunir de urgencia al Consejo de la OEA en la que pidió la creación de una Fuerza Interamericana de Paz para encubrir la inminente invasión yanqui.
Con la sola oposición de cinco países -México, Perú, Uruguay, Chile y Ecuador- la OEA aprobó el envío de la “Fuerza de Paz” a Santo Domingo, compuesta por contingentes de Brasil, Honduras, Nicaragua y Paraguay. La política “disuasiva” de la OEA y Washington depuso el encono de las tropas de Caamaño Deno y Wessin llegando al siguiente acuerdo: renuncia y exilio de los nombrados y posterior llamado a elecciones.
El accionar eficiente de la CIA permitió el triunfo comicial del partido Reformista de Joaquín Balaguer el 1° de junio de 1966, con lo cual se restableció la “Pax yanqui” en la República Dominicana.
En la otra parte de la isla, Haití, el Departamento de Estado logró en 1958 elevar al poder al dictador Françoise Duvallier, quien fiel a sus ideas anticomunistas estructurará un sistema represivo basado en el accionar de grupos paramilitares, los Tonton Macoutes, que aseguraban la estabilidad política en el país más pobre de América y el predominio de los sectores azucareros nativos y de los planes estratégicos de los Estados Unidos en la región.
F) Los Países Andinos
En el Ecuador la estrategia yanqui se verá alterada por el triunfo electoral del caudillo populista José María Velasco Ibarra en 1961, inmediatamente comenzará el consabido accionar de la CIA para desestabilizar al gobierno para su posterior derrocamiento por parte de las Fuerzas Armadas. Pero inesperadamente asumió el poder el vicepresidente, Carlos Julio Arosemena, quien demostrará un marcado giro izquierdista; lo cual genera en la CIA la necesidad de entrar nuevamente en acción. Finalmente en julio de 1963 una Junta Militar se hace cargo del gobierno y coloca nuevamente a Quito en el redil yanqui.
En el Perú el gobierno derechista de Belaúnde Terry perdía día a día consenso debido a la inoperancia y corrupción permanente que afectaba a su gobierno, y que acentuaba la inmovilidad de la estructura social cuasifeudal andina. Frente a este cuadro se alzará una logia de jóvenes oficiales progresistas, liderados por el general Juan Velazco Alvarado, que diagramaba planes para cambiar radicalmente al país. Surgia así “el Peruanismo”, heterodoxa combinación ideológica, de base nacionalista, que impregnará a varias camadas de oficiales jóvenes de la región.
El 3 de octubre de 1968 el grupo señalado derroca al corrupto régimen de B. Terry acusándolo de estar implicado en un acuerdo leonino con la Internacional Petroleum Co. -subsidiaria de la Stándard Oíl-, que evidenciaba el papel nefasto de las multinacionales en Perú y en toda Latinoamérica. El nuevo gobierno se diferenció de los tradicionales levantamientos militares regionales por proponer un nacionalismo revolucionario basado en cinco puntos esenciales: Nacionalización de la I.P.C., Reforma Agraria, Peruanización del complejo minero yanqui Cerro de Pasco Co, Reforma educativa y Nacionalización del sistema bancario y financiero.
Este largo y sinuoso camino de la Revolución Peruana se hará enfrentando dos fuerzas colosales: la oligarquía nativa y las multinacionales yanquis. El avance revolucionario perderá fuerza a partir de 1972, hasta que tres años más tarde el general Morales Bermúdez desaloje a V. Alvarado -gravemente enfermo- e inicie una fase liberal del proceso que le quitará brillo, haciendo olvidar los ideales de sus mentores.
En Bolivia el régimen represivo del general Barrientos sucumbió en 1969 al fallecer su conductor en un confuso accidente aéreo, siendo reemplazado por el débil civil Siles Salinas. Inesperadamente el hasta entonces derechista general Ovando -Jefe de los Rangers que acabaron con el Che- se sublevó y luego de tomar el poder proclamó una serie de principios nacionalistas de izquierda, llevando a cabo políticas similares a las de Velazco Alvarado en el Perú.
Este cambio alertó a Washington, que puso en marcha el conocido mecanismo de presión sobre la derecha militar para que derrocase al general Ovando. Insólitamente de ese golpe, tan común en Bolivia, va a surgir el general Juan José Torres que agudizará el giro hacia la izquierda de su antecesor -1970-. La política radicalizada de Torres lleva nuevamente a la CIA a ajustar las tuercas de la interna militar y eleva al alto mando al confiable general Banzer. Naturalmente que con el aval de Washington el nuevo “hombre fuerte” dará un golpe a mediados de 1971 desalojando a Torres y devolviendo el Altiplano a la esfera de intereses de EEUU.
Por último Chile verá el triunfo electoral en 1964 del democristiano Eduardo Frei por obra del accionar de la CIA, que a través de un gran trabajo esteriliza las intenciones del socialista Salvador Allende y allana el camino a La Moneda al hombre de la D.C. El triunfo de Frei no solucionará ninguno de los problemas del pueblo chileno, por lo que los comicios de 1970 llevarán inexorablemente al poder al “Chicho” Allende a través de su “Unidad Popular” (P.S., P.C. Y M.A.P.U.). En el próximo capítulo veremos como la CIA se encargará de ponerle piedras en el camino a la “vía chilena al Socialismo”.
G) La Cuenca del Plata
En el Uruguay la situación política interna se fue complicando a medida que avanzaba la década de 1960, debido a la crisis económica que empobreció a los campesinos del interior y a la poderosa clase media urbana residente en Montevideo. El gobierno derechista de Pacheco Areco se verá presionado por el accionar guerrillero de Los Tupamaros, de extracción nacionalista revolucionaria, dirigido por el ex dirigente azucarero agrario Raúl Sendic. El agravamiento de la situación social potenció una serie de huelgas y escenas de violencia en la propia capital; además los sectores legalistas de izquierda lograrán al final de esta década agruparse en torno del ex general Liber Seregni en el Frente Amplio, que crecerá vertiginosamente en las preferencias electorales de los centros urbanos.
Ante este cuadro la CIA decide potenciar a sus agentes en Montevideo para que colaboren con el gobierno y los militares en la “guerra sucia” en contra de los Tupamaros y la oposición de izquierda. De tal manera que en forma paulatina la “Doctrina de la Seguridad Nacional” se fue infiltrando en la otrora “Suiza de América”, pese al funcionamiento formal del sistema democrático. Dejemos aquí este panorama de la tierra de Artigas en las vísperas de las elecciones presidenciales de 1971.
En el Paraguay continuaba sin novedad el desarrollo de la dictadura de Alfredo Stroessner, quien reprime sangrientamente a la oposición de cualquier signo ideológico y transforma a su país en el reino de la corrupción, permitiendo el contrabando, el narcotráfico y cualquier tipo de actividad ilegal que incrementaron las fortunas personales de los corruptos altos mandos militares y de los amigos del dictador.
En Argentina la década del '60 verá el esplendor y la caída de dos presidentes civiles y la instauración de un duro proceso militar -Revolución Argentina- dirigida por el general Onganía.
Este proceso de marcada raíz anticomunista en lo político y liberal en lo económico, empobrecerá al país, generando una ola de luchas populares contra la dictadura que encontrarán como referente al exiliado general Perón.
A fines de esta década aparecerán dos grupos guerrilleros de diversa ideología: Los Montoneros, nacionalistas de izquierda, y el Ejército Revolucionario del Pueblo, marxista. Las movilizaciones populares, la acción guerrillera y las presiones de Perón desde el exilio se sumaron a las crisis económicas para generar un cuadro de situación intolerable para el general Ongania y para su gobierno. Por este motivo la Junta de Comandantes decide relevarlo del cargo y poner en marcha un proyecto aperturista guiado por el general Lanusse, quien cederá el cargo de presidente al general Levingstone –en junio 1970-, al que luego derrocará.
H) La Guerra del Fútbol
Dejamos para el final este capítulo insólito de la historia contemporánea latinoamericana, donde veremos un enfrentamiento bélico entre dos países vecinos debido a motivaciones aparentemente futbolísticas.
En Honduras residían ilegalmente miles de salvadoreños en calidad de trabajadores no calificados; Este elemento esencial tenía en realidad ocultos deseos de preponderancia regional de ambos países y rivalidades seculares entre Honduras y El Salvador.
Lo concreto es que el enfrentamiento entre ambos por la vía de las armas tendrá su detonante en tres partidos de fútbol disputados por los seleccionados de estos países en forma clasificatoria para el Mundial de México '70. La derrota deportiva de Honduras –en julio 1969- fue seguida de la expulsión de 12.000 salvadoreños por el gobierno de Tegucigalpa e inmediatamente estalló la guerra entre ambos. Entre el 15 y el 17 de julio de ese año los modestos ejércitos de El Salvador y Honduras se enfrentan sangrientamente durante tres días con un costo de 6.000 víctimas entre muertos y heridos. La presión de Washington y la OEA lograron frenar la matanza poniendo coto a tan ridícula guerra.
2- Continente Africano
A) Situación general
La década del '60 en el continente negro mostrará la agudización de los procesos desarrollados en el decenio anterior. Concretamente la tendencia independentista en los decadentes imperios coloniales europeos continuará y se acentuará durante esta etapa.
En el período que transcurre entre 1960 y 1970 más de veinte países de este continente accederán a la independencia.
Surgirá un intento de unificación de los nuevos estados a través de la creación en Addis Abeba de la Organización de la Unidad Africana -O.U.A. - en 1963, destinada a apoyar a los movimientos continentales de liberación de los países aún sujetos al imperialismo y a evitar los conflictos entre los estados de la región, lamentablemente con el correr del tiempo la O.U.A. se transformará en un organismo burocrático que perderá su ideario al compás de las rivalidades entre los miembros y el accionar de las superpotencias para evitar el afianzamiento del bloque africano en el concierto mundial de las naciones.
Como apuntamos al comenzar el análisis del Tercer Mundo la independencia política lograda con relativa facilidad -con la excepción del Congo y Argelia- evidenciará la persistencia de lazos económicos coloniales profundos que seguirán atando a los nuevos países con sus ex metrópolis y al poder financiero internacional..
B) Nuevas independencias
Entre 1960 y 1970 nacerán a la libertad la mayor parte de los países de este continente, de tal manera que al despuntar el próximo decenio solo quedarán en situación colonial Angola, Mozambique -en manos de Portugal-, Namibia -anexionada por Sudáfrica- y el Sahara Occidental -en poder español-.
En 1960 llegarán a la independencia: Mauritania, Senegal, Costa de Marfil, Níger, Togo, Dahomey, Camerún, Somalia, el Congo Belga, Alto Volta, La República Centroafricana y la República Malgache en la ísla de Madagascar.En 1961 se independizan Sierra Leona y el Congo Francés. En 1962 Argelia, Ruanda y Burundi. En 1963 Kenia. En 1964 Malawi y Uganda. En 1965 Rhodesia, Tanzania y Zambia. Finalmente en 1966 se suman Gambia, Lesotho y Botswana.
Nació así a lo largo de esta década una nueva África independiente, configurada políticamente en una gran diversidad de estados, enfrentada a una serie de problemas socioeconómicos, tales como el subdesarrollo y el neocolonialismo, en busca de su identidad histórica a través de valores culturales propios, desde la negritud al “Socialismo Africano y animada de una conciencia y movimiento de unidad continental concretados en el Panafricanismo y la O.U.A. Los ambiciosos objetivos del Panafricanismo se concretarán, por lo menos en el plano teórico, con la reunión en Addis- Abeba -Etiopía- de treinta y un presidentes africanos que plasmará la creación de la O.U.A. Si bien nunca se concretará la unidad política del continente, debido a un sinnúmero de factores, se logrará diseñar una política común regional en el seno de la No- Al.
C) La Guerra de Argelia
La política negociadora de Charles De Gaulle será apoyada por la inmensa mayoría de los franceses, por lo que los sectores duros del ejército colonial estacionado en Argelia -Cuerpos de Comando, Paracaidistas e Inteligencia- pasarán a la clandestinidad formando la O.A.S. (Organización de L' Armee Secrete) como grupo extremista destinado a ejecutar a “los traidores que regalan Argelia”
.El triunfo de la postura a favor de la independencia argelina en el referéndum de enero de 1961, con el 70% de los votos, deciden a los ultras a volver a sublevarse, dirigidos por los generales Challe, Zeller y Jouhau contra el “traidor” De Gaulle, en abril de ese año. Nuevamente la sociedad francesa hace causa común con su presidente para derrotar a los rebeldes y desencadenar rápidamente el proceso de independencia de Argelia. Luego del fracaso de la rebelión, y de un abortado intento de asesinar a De Gaulle, el 99.6% de los argelinos aprueban en el referéndum la necesidad de independencia. Finalmente el 2 de julio de 1962 el país logra la anhelada y complicada libertad política, eligiendo a Ben Bella como presidente.
D) La Guerra del Congo
Como vimos en el capítulo II el Congo va a alcanzar la independencia el 30 de junio de 1960, estableciendo como solución de compromiso la designación de J. Kasavubu como presidente y a P. Lumumba como Premier. Inmediatamente el nuevo gobierno de coalición será devorado por el caos que estalló en julio ante la sublevación militar en todo el país y la secesión de la provincia de Katanga, a través del nuevo líder regional Moisé Tshombé, apoyado por Bruselas y las compañías mineras del sector.
Luego de una serie de episodios confusos -llegada de paracaidistas de Bélgica, secesión de la provincia de Kasai, destitución de Lumumba- surgió como nuevo hombre fuerte el coronel Mobutu, de ideales pro- occidentales. El asesinato de Lumumba, por obra de Mobutu y los Katangueños, potenció la guerra civil entre tres bandos: Los centralistas de Mobutu, los secesionistas de Tshombé y los seguidores de los ideales de Lumumba, durante cinco años de sangrientos combates. En esta etapa Ernesto Guevara participa con “voluntarios cubanos “ en apoyo de los sectores más radicales, aunque su actuación estará plagada de problemas y acabará en un desastre político al no lograr alianzas sólidas con dichos grupos.
Finalmente en noviembre de 1965 el ahora general Mobutu, con el apoyo de los Estados Unidos y Bélgica, derrota a sus enemigos estableciendo una corrupta dictadura militar rígidamente aliada a Occidente, que decide cambiarle el nombre al país al denominarlo Zaire. Así concluirá esta guerra civil que desangró al país y evidenció el poder de las multinacionales y las potencias mundiales, en esta zona pródiga en recursos naturales entre los que sobresalen los valiosos diamantes y metales estratégicos.
E) La Guerra de Biafra
La independencia lograda por Nigeria en forma pacífica el 1° de octubre de 1960 parecía presagiar un próspero porvenir para esta rica ex colonia inglesa que tenía en el petróleo su principal fuente de sustento. De todos modos los cincuenta y cinco millones de nigerianos no conformaban un país monolítico cultural y étnicamente, ya que allí coexistían más de veinte grupos raciales enfrentados desde tiempos inmemoriales por causas ancestrales.
El primer quinquenio de vida independiente nigeriana fue relativamente tranquilo, significando un verdadero ejemplo de democracia parlamentaria en el continente negro. En 1966 el presidente, general Ironsi, introducirá un cambio fatal en la estructura federalista del poder al llevar a cabo una serie de reformas que transformaron a Nigeria en un estado centralizado fuertemente, con el pretexto de mejorar la eficiencia económica y administrativa.
Los pueblos del norte del país desacataron las órdenes de Ironsi y comenzaron una matanza sangrienta de miembros de la tribu Ibo, a la que pertenecía el presidente. Ante la perspectiva de una segura guerra civil, el ejército se sublevó y derrocó a Ironsi -que fue fusilado con su Estado Mayor-, entregándole el poder al teniente coronel Yakubu Gowon.
El nuevo hombre fuerte de Nigeria alentó una nueva persecución contra los Ibos en el norte del país -donde murieron 250.000 personas-; estos hechos generan la sublevación del teniente coronel Odumego Ojukwu, de la tribu Ibo, en el sur del país, proclamando el 30 de Mayo de 1967 la República de Biafra: la guerra civil intertribal estalla en el país.
Biafra, pese a su riqueza petrolera, no contaba con armamentos para consolidar su independencia, por lo que las tropas de Odumego Ojukwu resistieron sin posibilidades de éxito durante casi tres años. A causa de la guerra, millones de campesinos no pudieron levantar sus cosechas y se internaron en la selva tratando de sobrevivir. La mayor parte de las víctimas fueron civiles que morían sin combatir, produciéndose una mortandad de nueve mil personas diarias por inanición.
En total, se produjeron dos millones de bajas entre los biafranos, la televisión occidental ilustraba con imágenes degradantes el sufrimiento de los nativos desnutridos, los intereses estratégicos y petroleros los acechaban en su amada selva. El primer día de enero de 1970 las tropas del teniente coronel Gowon entran en Biafra a sangre y fuego, aunque a Nigeria le había costado un esfuerzo mayor al esperado el derrotar a los intrépidos Ibos.
3- Continente Asiático
A) Situación general
La década del '60 en el continente asiático centrará su actividad en el Sudeste al reanudarse en Indochina la guerra, extendida ahora a Laos y Camboya, aunque con la participación activa de los EEUU enfrentando a los movimientos guerrilleros de la región, apoyados por Vietnam del Norte y los colosos asiáticos: China y Rusia.
Mientras tanto Mao iba consolidando su sistema socialista, ahora enfrentado a Moscú, al transformar a su milenario país en una nueva potencia mundial. En el Japón el modelo yanqui de crecimiento y modernización estaba dando sus primeros frutos palpables, aunque a un gran costo social.
En el Medio Oriente la tradicional enemistad árabe- israelí generará un conflicto bélico en 1967, que culmina con un nuevo triunfo hebreo y hará tambalear la estrategia de Nasser poniendo al mundo cerca del holocausto nuclear nuevamente.
B) La Guerra de Indochina
Al despuntar la década del ´60 era evidente que Washington estaba decidido a defender con uñas y dientes la península indochina, Kennedy resuelve apuntalar el poder del dictador Ngo Din Diem a través del envío de “asesores militares”, como avanzadas de tropas regulares, y avalar su “elección” como presidente de Vietnam del Sur. Evidentemente hizo oídos sordos al presagio de Charles De Gaulle, quien le dijo: “Pronostico que usted se hundirá paso a paso en un tembladeral militar y político sin fondo”.
El establecimiento de un feroz estado policíaco en Saigón por parte de Diem echó en brazos de los comunistas a todos los opositores sureños, y convenció a Ho de la necesidad de crear el Frente Nacional de Liberación -Viet Cong- como organismo clandestino destinado a operar en el Sur para acabar con la partición del legendario país -diciembre 1960- con apoyo ruso y chino. El desgaste paulatino de la dictadura de Diem obliga al Pentágono a acelerar sus planes de intervención directa en Indochina -ocupando también territorio de Laos- consistente en incrementar el número de efectivos en la zona y la creación de “aldeas estratégicas", destinadas a frenar el avance rojo en el Sur, en Quang Tri, Hué y Da Nang, dentro del marco de campañas de Acción Cívica realizada por las tropas yanquis para ganarse el apoyo de la población vietnamita.
La tozudez de Diem lo llevó a enfrentarse con la jerarquía budista, credo mayoritario en Vietnam, y allí comenzó a cavarse su propia fosa. Los asesores norteamericanos comprendieron que era ya una figura demasiado nefasta, hasta peligrosa, como para sostenerlo en el poder; por lo que dan el visto bueno para la caída del odiado “presidente”. El 1° de noviembre de 1963 el general Duong Van Minh se apodera del gobierno y se dispone a apoyar vivamente la estrategia yanqui en la región.
Mientras tanto Ho ponía en marcha una larga guerra de guerrillas tendiente a desmoralizar a los invasores y a sus corruptos protegidos de Saigón. La respuesta de Washington será aumentar sus efectivos en la zona -con el aporte simbólico de contingentes de Nueva Zelandia, Corea del Sur y Australia- aplicando la teoría de la “contrainsurgency” con la que llenarán Indochina de torturas, violaciones, fusilamientos de prisioneros y otras aberraciones de la “guerra sucia”, que paralelamente enseñaban a sus colegas de Latinoamérica según ya se ha explicado anteriormente.
De esta manera el enfrentamiento más sangriento de la posguerra se deglutía casi dos millones de personas, de ellos casi 57.000 eran estadounidenses, mientras el frente interno de Washington se empezaba a desmoronar transformando a Vietnam en la guerra más impopular del Tío Sam.
En agosto de 1964 el presidente Johnson ordenó el bombardeo masivo de Vietnam del Norte y el uso indiscriminado de armas bacteriológicas y químicas, que acentuó el genocidio quitando las últimas trabas éticas del conflicto. La dura resistencia del pueblo vietnamita convenció al sucesor de Kennedy de la necesidad de emprender una guerra total contra el Norte. Entre 1965 y 1968 el general Westmoreland ejecutó operaciones de alto nivel en la zona, usando casi medio millón de hombres con el único resultado de detener a los Vietcong en su ofensiva del Tet -año nuevo budista-, a costa de enormes pérdidas humanas y un deterioro mayor del poco prestigio del que gozaba esta guerra en la opinión pública interna.
Mientras en Saigón el general Nguyén Van Thieu, llegado al poder en 1967, trataba de justificar la derrota; las elecciones norteamericanas de 1968 llevaban al gobierno al republicano Richard Nixon con la promesa de poner fin a la guerra. Los últimos años de esta década van a concluir entre los esfuerzos de los diplomáticos en París para encontrar una salida negociada al conflicto, los lamentos de la población Norvietnamita por la muerte del patriarca Ho Chi Minh -3 de noviembre de 1969- y los primeros pasos de Nixon para retirar contingentes yanquis de la sangrienta península indochina.
C) China: Progreso y ruptura
La década del '60 en China se caracterizará por la puesta en marcha de un gigantesco plan de desarrollo tendiente a transformar a este coloso asiático hambriento en una potencia, aunque fuera de segundo orden. Como vimos en el capítulo anterior Mao estructurará la nueva economía a partir de las Comunas Populares, con lo que asegurará un doble objetivo: por un lado borrar los vestigios de la propiedad privada capitalista, y por el otro movilizar el inmenso poderío humano en aras del desarrollo agrario e industrial.
El andar de la revolución evidenció la persistencia de una enquistada burocracia que se oponía al proyecto oficial, por lo que a mediados de 1965 Mao lanza la llamada “Revolución Cultural”, según la cual los sectores más dinámicos del proceso revolucionario -el campesinado, la juventud y la Guardia Roja- debían arrasar a los “burgueses y revisionistas” liderados por Liu Shao Chi y Teng Hsiao Ping.
En esta verdadera guerra civil larvada los hombres de Mao logran imponerse a sus opositores de derecha e izquierda, con lo cuál consolidan su proyecto a partir del apoyo del campesinado y el leal Ejército Rojo.
En el plano internacional la actitud de Kruschev en la crisis de los misiles fue duramente criticada por el Estado Mayor de Mao al sostener que Moscú había retrocedido ante el “tigre de papel yanqui”, aunque como dijera Moscú ese tigre tuviera “colmillos atómicos”. Dicho conflicto se agravará en junio de 1963 al producirse la ruptura entre ambos socios del bloque socialista, a partir de entonces Pekín y Moscú tomaron senderos diferentes en el liderazgo del mundo socialista e incluso se enfrentarán ambas estrategias en diversas regiones del mundo en los años siguientes. Volviendo al plano interno digamos que a fines de 1969 Mao consiguió consolidar su poder en Pekín, apoyado en la alianza con su premier Chou En Lai y el “Delfín” Lin Piao, quien al año siguiente fracasa y muere en su intento por derrocar a Mao.
D) Japón: Un Gigante renacido
La década del '60 en el archipiélago nipón marcó la continuidad del proyecto económico puesto en marcha luego de la derrota en 1945, según el cuál el desarrollo del país se basará en una desmedida expansión de la industria pesada con perfiles propios, claramente exportadores.
El modelo tendrá como contrapartida un alto costo social en razón de la inexistencia de leyes sociales, con lo cual el sufrido trabajador japonés verá que su deteriorado salario aportará una dosis fundamental de energía al proyecto nacional de posguerra. Los resultados de esta política y la inexistencia de gastos militares -recordemos que Estados Unidos se encarga de la defensa del país- permitirá una incipiente explosión de crecimiento, que transforma a Tokio en un factor de poder futuro en el Lejano Oriente, y que luego lo impulsará a la conquista de nuevos mercados en Occidente.
E) La Guerra de los Seis Días (1967)
En 1964 se reúne en Jerusalén un Congreso Nacional de los Arabes en Palestina, a iniciativa de la Liga Arabe, que decide crear la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), como unificadora de varios grupos de resistencia armada en contra de Israel, eligiendo como presidente a Ahmed Shukeyri.
El principal objetivo de la O.L.P. sería el de estructurar estrategias tendientes a liberar “la patria ocupada y expulsar los judíos al mar”, concordante con lo cuál al año siguiente Yasser Arafat creará el grupo guerrillero Al-Fatah (Reconquista) que tendrá una gran actuación en las próximas dos décadas en la lucha armada contra el ocupante hebreo.
Los días cercanos a 1967 mostraban un Medio Oriente explosivo y próximo a estallar, Nasser había construido una hábil red de alianzas con sus “hermanos árabes” jordanos y sirios que le permitía estructurar un formidable poder bélico; frente a él se plantaba un Zahal -ejército israelí- no menos poderoso y dispuesto a la lucha. Lógicamente que detrás de estos enemigos se movían las superpotencias y los intereses del petróleo.
La gota que colmará el vaso fue el bloqueo egipcio al Estrecho de Tirán -llave del Golfo de Aqaba- impidiendo el paso a naves hebreas. La reacción de Israel fue instantánea; en un solo día su fuerza aérea destruyó en tierra a la aviación de Egipto, Siria y Jordania -5 de junio-, con lo cual el cielo del teatro de guerra quedó precoz y seguramente en manos judías.
Asegurado el control aéreo las tropas de Moshé Dayán frenaron a los jordanos en Jerusalén, y recuperaron la Franja de Gaza, se lanzaron sobre la península de Sinaí en un genial movimiento que cercó a los egipcios por la retaguardia obligándolos a rendirse. En menos de seis días de combate el Zahal se había apoderado del Sinaí, la ciudad sagrada de Jerusalén, Cisjordania y los altos del Golán.
Las consecuencias de esta breve guerra arruinarán el liderazgo de Nasser y demuestran que Israel, que logró triplicar su territorio, seguía siendo una potencia regional de primer orden. La postura estratégica de Washington y Moscú no había variado desde el inicio de este conflicto, que lejos de resolverse se agrava con el correr del tiempo y hará nuevamente crisis en la próxima década. La derrota en la guerra desprestigiará a los gobernantes árabes y potenciará el accionar de los grupos guerrilleros palestinos: Arafat llegará a la presidencia del Comité Ejecutivo de la OLP, el organismo encargado de ejecutar las políticas aprobadas por el Consejo Nacional Palestino, parlamento en el exilio, como síntoma de la radicalización de los palestinos.
Así mismo las huestes de los seguidores de Arafat debieron evacuar los nuevos territorios ocupados por Tel Aviv con rumbo a la vecina Jordania. En este reino, donde coexistia una mayoría de pobladores palestinos urbanos con una minoría jordana proveniente de diversas tribus de beduinos nómades del desierto, fieles sostenedores del rey Hussein, las guerrillas de la O.L.P. intentaron radicalizar a la monarquia Hachemita a favor de su causa y transformar a su territorio en base de operaciones de los ataques fronterizos contra Israel durante 4 años.
Finalmente en setiembre de 1970 Hussein, presionado por su poderoso vecino y por miedo a perder el timón de su reino, ordenó lanzar una feroz ofensiva contra los campamentos de palestinos refugiados que produjo más de 7000 muertos y la emigración de los sobrevivientes al Libano. Esta luctuosa matanza, apodada “Setiembre Negro” por sus victimas, daría orígen y nombre a un grupo extremista palestino destinado a operar de acuerdo con la nueva estrategia diseñada por Arafat.
Esta consistía en eliminar diplomáticos y a ltos funcionarios jordanos en el mundo árabe y utilizar las ciudades de Europa occidental como teatro de operaciones contra “el enemigo sionísta” a través de sangrientos atentados, toma de rehenes y secuestro de aeronaves. Abu Yussef, designado por su jefe Yasser Arafat como jefe de “Setiembre Negro”, sostenía que “se alcanzaba mejor publicidad asesinando a un judío, ó a un árabe traidor, en Europa que en el muy vigilado territorio israelí”. Para ello aceitaron sus relaciones políticas con “organizaciones guerrilleras hermanas”, que le permitirán operar con gran éxito en el vejo mundo, en el cercano oriente y en el norte de Africa.
De todas las decenas de “acciones” desarrolladas por este grupo se destacó la “Operación Iqrit y Kafr Birim”, en homenaje a dos aldeas palestinas, llevada a cabo por un comando de ocho guerrilleros que secuestró a parte del equipo israelí participante en los XXº Juegos Olímpicos de Munich en 1972 para lograr una enorme publicidad y lograr la liberación de 200 palestinos encarcelados en Israel.
El hecho concluyó con la muerte de los secuestradores, los 11 rehenes y algunos miembros de la seguridad alemana, además de manchar con sangre los “juegos sagrados”. Como represalia Golda Meir comisionó a los agentes del Mossad Yariv y Zamir a poner en marcha las operaciones de un escuadrón de castigo destinado a “eliminar” a todos los planificadores del atentado de Munich, según la nueva estrategia israelí consistente en no “dejar impune ningún ataque contra los intereses judios”. La acción combinada de ambos oponentes tiñó de sangre este conflícto a lo largo de la década en escenarios alejados del medio oriente.
“LA POSGUERRA”
(1945/90)
Capítulo III
“LA DESCOLONIZACION”
(1960/1970)
3. “LA CONQUISTA DEL ESPACIO”
- La carrera hacia la Luna
.
- La llegada a la Luna.
1- La carrera hacia la luna.
La década del '60 encontrará a Moscú y Washington disputando palmo a palmo la conquista del espacio en función de dos objetivos claros: apropiarse de la primacía en el desarrollo tecnológico -con su probable uso bélico posterior- y lograr éxitos significativos que permitieran explotarlos publicitariamente.
Mientras los soviéticos amplían sus planes espaciales con el envío de sondas a diferentes astros -Venus, Marte, etc.- y realizan una serie de proezas en viajes tripulados alrededor de la tierra, que concluirán con la llegada a la Luna del primer vehículo terrestre: el Lunik IX en 1966. Los norteamericanos centran su objetivo en el envío de una misión tripulada al satélite natural de la tierra, aunque también se registren en esta década viajes espaciales a Marte -Proyecto Mariner-.
Esta actividad espacial permitirá mejorar las comunicaciones de la tierra y de ésta con el espacio, además de incrementar notablemente los conocimientos sobre nuestro planeta. Estos datos luego se utilizarán en áreas tan dispares como las de uso bélico y las de prospección de riquezas.
2. La llegada a la Luna (1969)
El primer quinquenio de la década fue invertido por Washington en el desarrollo y ejecución de las ocho misiones Géminis, que le permitieron hacer viajar a sus astronautas casi mil horas por el espacio a un costo de más de 1.300 millones de dólares de la época, logrando una serie de conocimientos esenciales para las posteriores expediciones espaciales Apolo, que lograrían el objetivo final: poner un hombre en La Luna.
Entre 1966 y 1968 una serie de diez viajes del proyecto Apolo terminaron de preparar el envío de la misión tripulada a la luna planificada para el año siguiente.
La histórica mañana del 16 de julio de 1969 un millón de norteamericanos despidió en Cabo Kennedy al trío conformado por Michel Collins, Edwin Aldrin y Neil Armstrong destinado a alunizar cinco días después el nombre de los adelantados pasará a la historia.
El cohete propulsor Saturno V° elevó la nave Apolo XI, compuesta del Módulo de Mando -Command Module-, el Módulo de Servicio -Service Module- y el Módulo Lunar Aguila, que sería el encargado de alunizar junto a Armstrong. Finalmente el lunes 20 de julio de 1969 el sueño milenario de la civilización humana se hacía realidad, cuando el pie izquierdo de Armstrong se apoyaba en la polvorienta superficie lunar, dejando para la historia la frase: “Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”.
Como legado para la posteridad la Misión Apolo XI dejó en el Mar de la Tranquilidad, de la superficie lunar, una plaqueta de metal con esta inscripción: “Aquí los seres humanos del planeta Tierra posaron por primera vez sus pies en la Luna, en el año 1969 de la era cristiana. Hemos venido en son de paz y en nombre de toda la humanidad”.
Si bien esta hazaña pasará a la historia como un logro norteamericano es necesario tener en cuenta que cincuenta siglos de cultura humana le servían de soporte a este inigualado éxito de la tecnología del hombre; pese a que logros posteriores en el amplio campo aerospacial minimizarán el viaje de la Apolo XI desde el punto de vista técnico, ninguno como él quedará grabado tan a fuego en la carrera espacial.
“LA POSGUERRA” (1945/90)
CAPITULO IV
“LA UTOPIA”
(1970/80)
1. Presidencia de Nixon
2. Independencia de Bangla Desh
3. América Latina: Entre la Revolución y el Golpe de Estado
4. El Yom Kippur
5. La O.P.E.P. y la deuda externa
6. El fin de la Guerra de Vietnam
7. La democracia llega a Iberia
8. Carter llega al poder
9. Rusia en la década del '70
10. Khomeini llega al poder
11. China invade Vietnam
12. Rusia invade Afganistán
13. Nicaragua: el Sandinismo al poder
CAPITULO IV
“LA UTOPIA " (1970/80)
Al señalar en el comienzo de la unidad anterior que la historia humana se acercaba rápidamente a una unificación, podemos ver que dicho proceso se concretará totalmente en esta década en función de la potenciación de los factores que la habían generado a partir de 1960.
De tal manera que abandonaremos el modelo explicativo geopolítico utilizado hasta ahora para reemplazarlo por otro que tome los grandes hechos del período, a partir de allí conectarlo con situaciones menores que sucederán relacionados con aquellos en todo el orbe. Las primeras dos presidencias de Richard Nixon -1968/74- marcan el primer quinquenio de esta década de una manera indeleble en función de la importancia de los Estados Unidos en la historia reciente del hombre. Pues bien, empecemos por analizar sus mandatos.
1) Presidencia de Nixon (1968/72 y 1972/74)
Recordamos que en el capítulo anterior analizamos el primer bienio de su mandato veremos ahora el período 1970/74 a través de tres ejes de su política: El impensado acercamiento a la China de Mao, las conversaciones de paz con Vietnam del Norte en París y el escándalo de Watergate.
1- A) El viaje a China (1972)
El fracaso de la Revolución Cultural a comienzos de 1970 potenció en el seno de la dirigencia china el problema de la sucesión futura del gran líder de la revolución Mao Tse Tung; frente a esta lucha por el poder se enfrentarán tres facciones con proyectos divergentes y antagónicos entre sí.
El primer grupo era liderado por el mariscal Lín Piao, sucesor designado por Mao, proponía el control de la revolución por parte del Ejército Rojo y el enfrentamiento con Moscú y Washington -acentuado en el caso del Tío Sam-; el segundo sector, hegemonizado por Chou En Lai contaba con el control del aparato burocrático del Estado, planteaba como objetivo interior el desarrollo industrial y el acercamiento a los Estados Unidos como contrapeso frente al "Socialimperialismo Ruso". Finalmente el grupo “radical”, dirigido por Chiang Ch' Ing -esposa de Mao- que postulaba una línea extremista, aunque por razones tácticas apoyarán a Chou En Lai.
A principios de 1971 el “Gran Timonel” Mao decidió intervenir personalmente en la lucha interna por el poder volcándose en favor del Premier Chou, imprevistamente Lin Piao “se estrelló” en la huída a Mongolia al fracasar su intento golpista. Asegurado el control del poder por parte del sector favorable al acercamiento estratégico con Washington, en Pekín se acentuaron los contactos con el Departamento de Estado.
En julio de ese año Kissinger llega secretamente a Pekín, como parte de su plan de ahondar las diferencias entre los colosos del bloque socialista, aceptando el ingreso de este país a la O.N.U. y la posterior visita de Nixon a Pekin; de esta manera los enemigos enfrentados en Corea e Indochina lograban a través de la “diplomacia del Ping Pong” -visitas recíprocas de jugadores de ese deporte rompieron el hielo entre ambos- limar asperezas y alarmar a los estrategas del Kremlin.
Finalmente en febrero de 1972 la comitiva yanqui encabezada por Richard Nixon visitó la “ciudad celestial” dando comienzo al proceso de acercamiento formal a través de una serie de acuerdos que comprometían a las partes a renunciar a hegemonías en Indochina y el Pacífico -negándole también tal derecho a Moscú-, profundizar las relaciones diplomáticas entre ambos países y el paulatino abandono del apoyo yanqui a Taiwan y Saigón.
l objetivo de Nixon y Kissinger de abandonar Vietnam contaba ahora con la promesa china de restarle apoyo a Hanoi, como forma de debilitarlo y obligarlo a aceptar las propuestas que Washington presentaría en las conversaciones de paz a celebrarse en París en este año. El triunfo estratégico de Henry Kissinger era completo y solo restaba consensuar el retiro de Indochina, sin entregársela a los planes hegemónicos de Moscú.
Mientras tanto en China los vencedores de Lin Piao, Chou En Lai y la esposa de Mao, se aprestaban a definir su pleito con vistas a asegurarse la sucesión de este. Podemos decir que a fines de 1974 el ascenso vertiginoso de Teng Hsiao Ping, hombre de Chou En Lai, en la escalera del poder dejaba por el momento a los moderados como conductores del proceso político en Pekín.
1- B- Paz en Vietnam
La estrategia norteamericana en Indochina a fines de la década anterior había hecho hincapié en la escalada militarista a través de la intervención armada en Laos y el apoyo a Lon Nol en Camboya, en su golpe que derrocaría al príncipe Norodom Sihanouk -Neutralista- y que generaría el surgimiento de las guerrillas del Khmer Rouge, dirigidas por el político camboyano Pol Pot que engarzaría con los planes de Hanoi en su cruzada contra los invasores americanos.
La llegada de Nixon a La Casa Blanca dará pie a su programa de retirada gradual a través de los contactos diplomáticos iniciados en París con el aval de Pekín y la mirada atenta de Moscú. Para reforzar su posición en la Conferencias de París, el alto mando de Vietnam del Norte, lanzó en mayo de 1972 una ofensiva general exitosa en el Sur que tuvo que ser frenada con bombardeos continuos de la Fuerza Aérea yanqui sobre objetivos civiles e industriales en Hanoi, y el minado del puerto de Haiphong. Los raídes de los B 52, F 111 y F 4, arrasaron de tal manera a las grandes ciudades nordvietnamitas que sus autoridades comprendieron que debían aceptar el ofrecimiento norteamericano de una tregua a partir del 15 de enero de 1973, y sentarse a negociar en París.
El 27 de enero de ese año los diplomáticos de Washington y Hanoi firmaron un histórico acuerdo de paz, que básicamente era un triunfo de Norvietnam ya que EEUU se comprometía a evacuar Indochina a fines del mes de marzo de ese año, dejando a los nativos que resolviesen sus diferencias. De este modo quedaban atrás los casi 700.000 muertos en el período 1961/73 del conflicto, de los cuales un 10% eran soldados yanquis.
1- C) Watergate para Nixon
La victoria electoral de Nixon en 1972 sobre el liberal demócrata George Mc. Govern generó una gran decepción en los grandes diarios progresistas del este: New York Times, Washington Post, Time y el News Week, que rápidamente vieron en el nuevo presidente a un enemigo político al que había que destruir. Paralelamente el tándem Nixon- Kissinger reflotaba la pésima costumbre de la Casa Blanca de interceptar teléfonos y espiar a todos los sospechosos opositores, lo cual contrastaba con la tradición liberal de la prensa yanqui.
La filtración de información ultrasecreta en el gobierno convenció a Nixon de la necesidad de crear una “Unidad Especial de Investigaciones” destinada a labores de contraespionaje interno. Este grupo entre mayo y junio de 1972 se infiltró en el edificio Watergate, sede del partido Demócrata, para recabar informaciones de sus opositores electorales con tal mala suerte que fueron detenidos en el segundo intento, disfrazados de plomeros.
El hecho fue difundido masivamente por dos periodistas del Washington Post, que a través de sesudos informes e investigaciones determinaron la responsabilidad directa de Nixon en el ahora llamado “escándalo Watergate” y lanzaron una concertada campaña tendiente a enjuiciar al presidente por tal conducta, es bueno recordar aquí la importancia que la sociedad yanqui le da a estos temas relacionados con el poderío de la prensa.
Luego de dos años de enconada lucha entre los medios de prensa y el presidente Nixon, en agosto de 1974 éste debió renunciar a su cargo entregándole el poder al oscuro Gerald Ford, concluyendo así una época fundamental para el primer quinquenio de la década del '70. Para redondear el análisis del hecho citado digamos que el vicepresidente de Nixon Spiro T. Agnew, había renunciado en octubre del año anterior por acusaciones comprobadas de soborno.
2) La Independencia de Bangla Desh (1971)
Mientras esto ocurría en Estados Unidos, en la península Índica, ancestrales rivalidades culturales desgarraban a Pakistán a través de una guerra civil con Bengala, en el oeste del país, a la que se verá arrastrada la milenaria India.
Como se ha explicado en el capítulo II, la República de Pakistán se hallaba increíblemente dividida en dos zonas separadas por más de 1.500 Kms. de distancia, y muchas diferencias culturales. El sector más grande era el occidental de religión musulmana, mientras que el oriental profesaba el hinduismo. Esta diferencia religiosa se irá ahondando políticamente si recordamos la importancia que tales temas tienen en la región
El líder bengalí Mujibur Rahmán resulta vencedor en las elecciones regionales de diciembre de 1970, con un discurso marcadamente independentista que asustará a las autoridades de Islamabad, llevándolas a enviar a Bengala al sangriento general Tikka Khan quien realiza un verdadero genocidio sobre el pueblo bengalí con más de un millón de muertos.
El masivo éxodo consiguiente, de más de diez millones de bengalíes, hacia la vecina India pone en serios aprietos a la economía hindú, generando una buena excusa para el gobierno de Indira Gandhi en sus planes de debilitamiento del histórico vecino agresivo. A partir del 3 de diciembre de 1971 las tropas de Nueva Dehlí se lanzan a ocupar el territorio de Bengala desencadenándose una nueva guerra regional, aunque esta vez en defensa de la Bengala Libre de Mujibur Rahmán … y de los intereses hindúes en el subcontinente.
En menos de dos semanas las fuerzas armadas de Gandhi aplastan a sus rivales pakistaníes apoderándose de más de 3.600 Kms. de territorio, logrando la ansiada independencia para un nuevo y pobre país: Bangla Desh. Además afianzaba a la India como la potencia indiscutida en el sudoeste asiático.
3) América Latina: Entre la Revolución y el Golpe de Estado
Esta década en América Latina fácilmente puede ser dividida en dos fases, una primera que corresponde a la etapa ascendente de los movimientos populares, y otra descendente, donde la estrategia yanqui a través de una hábil política desplaza a dichas fuerzas reemplazándolas por férreas dictaduras que se enseñorean durante todo el resto del decenio.
Como sostuvimos en el capítulo anterior, el médico socialista Salvador Allende llega al Palacio de la Moneda para poner en marcha su “Vía chilena al Socialismo”, en un país tradicionalmente explotado por la oligarquía minera nativa aliada a los intereses foráneos. Desde el comienzo el gobierno de la Unidad Popular estatiza sectores de la banca y de la economía, que habían sufrido un profundo proceso de “desnacionalización é incremento del capital extranjero”, de acuerdo con este diagnóstico realizado por Allende “Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, que no pueden resolver los problemas fundamentales del país”.
En julio de 1971 el congreso chileno, donde la Unidad Popular era minoritaria, aprueba la reforma constitucional que nacionaliza las minas de cobre, salitre y hierro; con lo que ocasionaba un duro golpe a la empresa transnacional I.T.T. y a otra de similares características.
La expropiación de más del 40% de los feudos agrícolas de propiedad de la ancestral oligarquía nativa le echará encima al gobierno la oposición de este grupo social, estrechamente ligado a los antes mencionados, con lo cual la estrategia yanqui tendrá dos vitales aliados en el futuro desarrollo golpista.
A fines de 1972 la C.I.A. organiza una huelga de camioneros que va a paralizar el sistema de comunicaciones terrestres del país, dando origen a los primeros desabastecimientos de productos alimenticios que vuelca a la clase media a la oposición. Paros empresarios y acciones terroristas del grupo ultraderechista “Patria y Libertad” completan un típico clima propicio para un golpe de estado latinoamericano, solo restaba conseguir un general con delirios de “salvar a la patria” para que los dólares de la I.T.T. y los planes de Nixon y Kissinger encontraran un cauce adecuado.
La victoria electoral parlamentaria de la U.P. en marzo de 1973, con el 44% de los votos, termina de convencer a estos grupos sobre la necesidad de la “salida militar” eligiendo al general Augusto Pinochet Ugarte para llevarla a cabo. Previamente el sector golpista desaloja al “legalista” general Carlos Prats de la jefatura del Ejército reemplazándolo por Pinochet quien, con el apoyo de la Armada y la Aeronáutica, el 11 de septiembre se subleva contra el poder legítimo y en medio de un baño de sangre, que incluso asesina a Salvador Allende, instaura una feroz dictadura que devuelve el control de la economía a la oligarquía vernácula y a sus amos del norte a costa de más de 3000 desaparecidos.
Las dictaduras de Bolivia -Banzer-, Paraguay -el legendario Stroessner- y el Brasil se mantienen incólumes en acuerdo con la política hemisférica de Nixon. En cambio la Argentina y el Uruguay se presentarán como rebeldes a tal realidad, veremos como se las arregla el “Tío Sam” para que su “big stick” llegue al Río de la Plata.
El convulsionado Uruguay de comienzos de la década del '70 mostraba un estado de efervescencia popular a partir de las acciones de los Tupamaros y del crecimiento electoral del Frente Amplio -30% de los votos-. Las elecciones de 1971 marcan el acceso al poder del doctor Bordaberry del partido colorado, quien durante dos años trata de encauzar la conflictiva situación oriental hasta que en 1973 con el apoyo militar realiza un auto- golpe que lo transforma en títere de las FFAA, que se lanzan al exterminio de la guerrilla y de los opositores al poder establecido.
En Argentina la lucha popular, la estrategia de Perón desde el exilio y la presión de los grupos guerrilleros acorralaron a la dictadura de Lanusse obligándola a llamar a elecciones en marzo de 1973. En ellas el doctor Cámpora, delegado de Perón, arrolla a sus oponentes y se prepara para acceder al poder el 25 de mayo de ese año.
El peronismo de esta época se hallaba internamente dividido en un ala juvenil izquierdista, y un sector tradicional de base sindical, claramente opuesto a cambios profundos. Lógicamente que la estrategia yanqui aprovechará esta brecha para acentuar las discrepancias a través de figuras como las del nefasto ministro José López Rega -agente encubierto de la CIA según muchos autores-; logrando de este modo una paulatina derechización del gobierno, sobre todo a partir de la muerte de Perón y del encumbramiento de su esposa María Estela Martínez, Isabel, como presidente del país (1974).
Continuando con el modelo diseñado en el Departamento de Estado, las Fuerzas Armadas deponen a la viuda de Perón el 24 de marzo de 1976 llevando al poder al general Jorge Rafael Videla, quien encabeza el llamado Proceso de Reorganización Nacional empeñado en una dramática persecución de la guerrilla y de sus opositores, mientras el ministro de economía José Alfredo Martínez de Hoz implantaba un esquema monetarista que paralizará el desarrollo por más de una década hipotecando el futuro del país, a través del desorbitado crecimiento de la deuda externa.
De esta manera en la segunda mitad de los setenta los gobiernos latinoamericanos, salvo Cuba, estaban férreamente controlados por Washington a través de una mayoría de dictadores militares que ahogaban en sangre los ideales de cambio de principios del decenio y desarrollarán economías monetaristas que las endeudaran hasta el hartazgo comprometiendo su futuro. Las dictaduras del cono sur integraron sus políticas represivas a través del “Plan Cóndor”.
Hacia el final de los ¨70 el anacrónico triunfo de la Revolución Sandinista pondrá un toque diferente al período, ya que en El Salvador la guerrilla del Frente Farabundo Martí ponía en aprietos a la dictadura de ese país, complicando la estrategia yanqui en la región.
4) El Yom Kippur
El tradicional escenario del Medio Oriente se volverá a conmover entre el 6 y el 24 de octubre de 1973 a través del estallido de un nuevo conflicto entre árabes e israelíes. La muerte de Nasser en septiembre de 1970 elevará al poder egipcio al general Anwar El Sadat, quien rápidamente se transformará en líder panárabe al sostener la necesidad de enfrentar a su tradicional enemigo hebreo a través de una alianza militar con Siria, y económica con la Libia de Kadafi.
Aprovechando la fiesta religiosa del Yom Kippur -Día del Perdón- las tropas de Sadat, actuando en combinación con los sirios, arrasan las defensas israelíes el sábado 6 de octubre y se apoderan de territorio enemigo. La crítica situación del primer día obliga a Nixon a enviar urgentemente suministros modernos a Golda Meir por más de 2.200 millones de dólares con los cuales Tel Aviv contraataca en forma fulminante recuperando terreno e incluso apoderándose del suelo árabe -la península del Sinaí, las alturas del Golán, etc.-
La aplastante derrota militar árabe convence a los devotos de Mahoma sobre la necesidad de jugar una carta de política económica de vital importancia: el aumento del precio del petróleo a través de la OPEP. Dada la implicancia futura del tema veremos en detalle como decisiones tomadas en una pequeña parte del orbe afectarán al tercer mundo y al planeta entero en los próximos años.
5) La OPEP y la Deuda Externa
La sociedad occidental que estructuraba su complejo productivo militar - industrial sobre la base del bajo precio del petróleo, principal combustible utilizado desde principios de siglo, no se alarmó en la década del '60 cuando se creó la Organización de Países Exportadores de Petróleo -la OPEP- como organismo encargado de defender el precio del oro negro en cuanto este descendiera por obra de sus principales adquirentes.
La prédica del líder Libio Khadafi convenció a la OPEP sobre la necesidad de una suba del barril del crudo, a partir de 1971 en cuarenta centavos de dólar. La derrota árabe en Yom Kippur potenció dicho aumento, que cuadruplicará su valor en menos de un año -octubre / diciembre de 1973-.
Las consecuencias fueron catastróficas para occidente: inflación a lo largo del año del 10 al 12%, merma de un 5% en la tasa de crecimiento, desocupación proyectada de 25 millones de personas en Europa y Estados Unidos, tambalean sus sistemas financieros y bancarios, los Estados árabes aumentan así sus ganancias en más de 80.000 millones de dólares suplementarios.
De tal manera que con el aumento del precio del petróleo decretado por la OPEP en el trienio 1974/77 el poder de los países productores de crudo parecía inacabable, paralelamente los países occidentales veían amenazante su transformación en marionetas subordinadas al capricho de la OPEP. Pero el esplendor del poderío islámico adolecía de un elemento vital, que lo convertiría en “gigante con pies de barro”: un gran sistema financiero y bancario propio, que les permitiera absorber tales ganancias impensadas. Sobre este “talón de Aquiles” musulmán, el occidente edificará su plan para “pinchar el globo de los jeques multimillonarios” en detrimento, como veremos, de la economía de otros países del Tercer Mundo.
Los países occidentales europeos, Japón y los Estados Unidos pagaban cientos de millones de dólares a los países petroleros, que al no disponer de un circuito financiero propio lo depositaban en los grandes bancos de sus países clientes en forma de petrodólares.
Veamos como lo cuenta Walter Wriston, gerente del Citibank; “Si Exxon paga cincuenta millones de dólares a Arabia Saudita, sucede únicamente que debitamos a Exxon y acreditamos a Arabia Saudita. El balance del Citibank continúa siendo el mismo. Y si ellos deciden que no les agradan los bancos norteamericanos, y depositan el dinero en el Credite Suisse, lo único que hacemos es debitar a Arabia Saudita y acreditar al Credite Suisse: nuestro balance continúa como antes.
De modo que cuando la gente anda por ahí esperando que se desplome el techo, no hay modo que el dinero abandone el sistema. Es un circuito cerrado”.
Este plan necesitaba una segunda parte, es decir crear mercados de inversión para los petrodólares evitando así el riesgo de que tal masa de capital “muerto” generase un crack en el sistema bancario occidental.
Por ello decidieron “ofrecer” esos capitales a países del tercer mundo no petroleros, los que contando con los tradicionales factores de poder interno de cada uno de esos estados, aceptaron gustosos la oferta y comenzaron el proceso del gigantesco endeudamiento externo en el cual la red bancaria intermediaria se quedó con el grueso de la ganancia: hacia 1977 la gran banca occidental era acreedora de más de setenta y cinco mil millones de dólares -en realidad petrodólares- que le debía el tercer mundo, y que en general lo había dilapidado en gastos suntuarios, corrupción de funcionarios e importaciones de artículos provenientes de sus acreedores del norte. Los países del sur habían hipotecado su futuro y afirmaban su dependencia, condicionando sus proyectos de desarrollo a lo que los acreedores decidan: el estallido de la crisis de la deuda del año 1982 comprobará esta afirmación.
Volviendo a los países de la OPEP digamos que sus clientes del Norte aprovecharon el período de 1974/9 para desarrollar fuentes de energía alternativas -sobre todo nuclear- para romper la ligazón con ellos. Con lo cual al comenzar la década del '80 verá a la OPEP debilitada al bajar el precio internacional del crudo.
De tal forma que la prédica de Khadafi sobre el uso del petróleo como arma política se transforma en un búmerang que se volvió en contra de las naciones del tercer mundo, enriqueciendo a los países del Norte y profundizando su esquema de dominio mundial.
6) El final de la Guerra de Vietnam (1975)
Como ya hemos mencionado Nixon, a través de su delegado Henry Kissinger llega el 27 de enero de 1973 a un acuerdo de paz definitivo con Vietnam del Norte consistente en la evacuación yanqui de la península en marzo de ese año. De todos modos su acercamiento a Pekín aseguraba un cierto equilibrio en Indochina a partir de la colisión del proyecto vietnamita con el chino, que culminará con la invasión del Ejército Rojo a Vietnam del Norte en 1979.
Concluído el apoyo militar directo de Washington a Saigón las tropas corruptas de Van Thieu debían hacer frente solas a su enemigo norteño, lo cual hacía previsible el triunfo póstumo de Ho Chi Minh y la reunificación del país bajo la égida de Hanoi.
Sin prisa Vietnam del Norte se tomó un año y medio para rearmarse, y luego lanzar su ofensiva final sobre el sur a principios de 1975, que lo llevará a la victoria el 30 de abril de ese año. Sin la intervención directa yanqui las fuerzas de Thieu fueron fácilmente aplastadas por la maquinaria bélica del Norte, que luego de 120.000 muertos logró concretar el deseo del desaparecido Ho de unificar al castigado país bajo dominio comunista.
Paralelamente en enero de 1974 las guerrillas comunistas del Pathet Lao se apoderaban de la capital de Laos; mientras que el 17 de abril de 1975 los irregulares del Khmer Rouge, dirigidos por el sanguinario maoísta Pol Pot, se asentaban definitivamente en Pnom Penh, capital del milenario reino de Camboya.
De este modo concluirá el mítico “conflicto de Indochina”, signado por más de veinte años de guerra, con más de tres millones de muertos -un 6% de la población de la región-, que pasará a la posteridad como la primer derrota de Estados Unidos en su historia. De todas maneras la paz durará poco, ya que en menos de tres años veremos el enfrentamiento armado entre dos ex - aliados: China Popular y Vietnam, a través del apoyo que Pekín dará a Camboya en contra de Hanoi.
7- La democracia llega a Iberia
Los años 1974 y 1975 verán desmoronarse definitivamente a los regímenes Ibéricos Fascistas, rémora anacrónica de la edad de oro del corporativismo. El desenlace inesperado de la sangrienta guerra colonial portuguesa, y la agonía, y posterior muerte, del caudillo español Francisco Franco servirán de lápida a estos sobrevivientes del hundimiento del Eje, que se mantuvieron cuatro décadas en el poder debido al papel jugado en la estrategia yanqui en el suroeste europeo.
7-A) Portugal: La Revolución de los Claveles
La muerte del sempiterno dictador lusitano Oliveira Salazar en 1970 comenzará a fisurar al Antiguo Régimen portugués, pese a los intentos de su sucesor Marcelo Caetano de mantener congelado el reloj de la historia. El sistema autoritario, el atraso económico y el auge de los movimientos de liberación en sus colonias -Angola, Mozambique y Guinea Bissau- convencieron a la joven oficialidad de la necesidad de acabar con la situación descripta.
El general Spínola, que combatió al lado de Franco en España, se atrevió a criticar la política colonial oficial abogando por la independencia de las mismas. Esta situación apresuró los planes del Movimiento de las Fuerzas Armadas -M.F.A.- en su intento de descabezar la cúpula política y militar de Lisboa, para acceder al poder y llevar sus planes a cabo, utilizando al insospechado general Spínola para iniciar el 25 de abril de 1974 la Revolución de los Claveles.
La caída del régimen de Caetano dió paso a una complicada transición a la democracia marcada por la paulatina radicalización de la Junta de Salvación Nacional, que echó por tierra el liderazgo “necesario” de Spínola al negarse este a los cambios revolucionarios y a desprenderse de las colonias africanas. Sectores de oficiales izquierdistas -comunistas y socialistas- se disputaron el poder durante un año y medio, sin llegar a imponerse alguno de los proyectos antagónicos; aunque desmontaron el estado fascista, independizaron las colonias y transformaron al país en una democracia parlamentaria a la manera occidental, si bien bastante inestable políticamente.
A lo largo de 1975 los sectores moderados del Consejo de la Revolución fueron desplazando a los grupos izquierdistas y contando con el apoyo del parlamento europeo encauzaron el proceso, que se consolidó con los triunfos del Socialista moderado Mario Soares en las distintas elecciones sucesivas. De este modo los primigenios ideales de la Revolución de los Claveles cedieron paso a la edificación de un estado burgués progresista, que se insertaría exitosamente en la próspera Europa de los '80.
7-B) La Transición Española
La España de comienzos de los setenta demostraba la senilidad irreparable del Generalísimo Franco, la acción reivindicativa cada vez más ascendente del proscripto movimiento sindical, el incremento del accionar de la clandestina oposición política, la sensación de estar en una burbuja aislada de los nuevos vientos que recorrían Europa y el mundo -por lo menos para el régimen-, y el activismo preocupante de los Nacionalismos -sobre todo el vasco, por la acción del grupo guerrillero urbano E.T.A.-.
Franco había designado como sucesor, en caso de muerte o imposibilidad física de gobernar, al leal Almirante Luis Carrero Blanco en junio de 1973. Pero un operativo de la E.T.A. asesinó al delfín a fines de ese año, hundiendo momentáneamente al Franquismo en la mayor de las incertidumbres. Recordemos que la estrella del príncipe Juan Carlos de Borbón y Borbón, elegido por Franco como sucesor al título de Rey en 1969, todavía no brillaba como para eclipsar el firmamento político español.El anciano líder optó por la figura de Carlos Arias Navarro para suceder al malogrado Almirante, Arias intentó una cierta apertura -aunque dentro de los límites del Movimiento- en vida de Franco. Su plan fue agotado por la intransigencia del Generalísimo y de su círculo aúlico. Luego de una larga agonía el dictador, que gobernó con mano de hierro su país durante cuarenta años, falleció el 20 de noviembre de 1975, iniciándose así la transición desde un estado autoritario fascista a una moderna democracia occidental.
Acosado por la violencia de la E.T.A. -ferozmente reprimida-, los sectores opositores políticos y sindicales y sobre todo, la mirada amenazante de los cuadros duros del franquismo. Rápidamente entra en acción el ahora Rey don Juan Carlos I°, quien luego de cesar a Arias Navarro decide confiar el timonel político de la transición al liberal moderado Adolfo Suárez.
Suarez logrará sortear los distintos obstáculos a su proyecto democratizador a lo largo de casi un año, lo que le permitirá triunfar en las elecciones de junio de 1977 e iniciar su propio plan de gobierno, que a lo largo de cuatro años permitirá el dictado de una constitución, la concesión de autonomía al país Vasco y Cataluña, establecer un abierto sistema político con libertades de amplia gama, amnistiar a los presos políticos, contener a los sectores nostálgicos del Generalísimo, europeizar lentamente a la España atrasada y anhelante -recordemos “La Movida” y el movimiento cultural de fines de los setenta-, y, hacer viable el acceso al poder de Felipe González del partido socialista, aunque desteñido del color rojo original.
En el otro extremo del Mediterráneo el 24 de julio de 1974 el político griego Constantino Karamanlis asume provisoriamente el cargo de Primer Ministro de su país, poniendo fin a siete años de la “Dictadura de los Coroneles”. El coronel Georgio Papadopulus había instaurado una sangrienta dictadura de corte fascista, que reprimió al pueblo, sometió su estrategia externa a los Estados Unidos y amenazó en varias oportunidades con lanzarse a una guerra contra su vecina Turquía, por la conflictiva posesión de la otrora valiosa isla de Chipre -poblada por comunidades de los Estados enfrentados-.
El golpe provocado por la Guardia Nacional Chipriota -de origen griega- en contra del presidente de la república insular, Arzobispo Makarios, el 15 de julio de ese año acentuó la posibilidad del conflicto bélico con Turquía. La Junta de coroneles entregó el poder a los civiles ante la imposibilidad de hacer frente a la crisis externa y a la creciente presión de la oposición interna, aleccionada desde el exilio por la actriz Melina Mercuri, el cineasta Costa Gavras, el músico Mikis Teodorakis y otros intelectuales.
8- La Presidencia de Carter (1976)
La derrota en Vietnam y el “Caso Watergate” desprestigiaron al Partido Republicano de tal manera que las pretensiones de reelección de Gerald Ford para 1976 naufragarán ante el liberal georgiano James E. Carter. Los demócratas logran de esta manera su retorno a la Casa Blanca luego de ocho años de ausencia, para el período 1976/80, con la fórmula Carter-Móndale.
El nuevo presidente dará un giro en la política exterior, pese a continuar la “detente con Moscú”, al dar prioridad a la llamada “Política de los Derechos Humanos” haciendo referencia a los Acuerdos de Helsinki de 1975 firmados con la URSS. Tal situación lo lleva a agrias disputas con “dictaduras aliadas”, como las sudamericanas, la nicaragüense, la iraní, la filipina, etc. De todos modos estos choques eran amortiguados por los estrategas del Departamento de Defensa, que apañaban a tales gobiernos al considerarlos “bastiones contra la expansión comunista en el mundo libre”.
9- Rusia en la década del '70
Los continuos errores de la política externa de los Estados Unidos a lo largo de este decenio permitieron que la Unión Soviética creciera de tal manera que el Canciller Gromyko dijo en 1971 “…Ahora no es posible decidir ninguna cuestión importante sin la U.R.S.S.”
El avance estratégico y militar de las fuerzas del Pacto de Varsovia se deberá en primer lugar al fortalecimiento de la “Troika” dominante en Moscú, basada en la continuidad en sus cargos del citado canciller Gromyko y del jefe de estado Leonid Brezhnev durante todo el decenio, que se prolongará hasta el primer tercio de la década de '80.
La estrategia bélica soviética será elaborada por el almirante Gorshov, quien estructurará un plan tendiente a abandonar el concepto geoestratégico tradicionalmente continentalista, reemplazado por uno integral que dará paso a la expansión de la marina soviética hacia las cálidas aguas del Mediterráneo, el Atlántico Sur y el Índico a través de una megaflota de submarinos de propulsión nuclear con base en puertos seguros de África del oeste, el sudeste asiático y las bases árabes del Mediterráneo africano. El incremento de los gastos bélicos llevará a reducir las inversiones del estado soviético en bienes de consumo, creando un fenómeno subterráneo que hará eclosión en la próxima década: la reducción del nivel de vida popular, con consecuencias impensadas.
Si a este fenómeno le sumamos la continua estratificación social, que se acentuará en esta década, y la persecución de los opositores por parte del régimen, comprenderemos las raíces profundas de la Perestroika -Reforma- y la Glasnot -Transparencia-, llevada a cabo por Gorbachov desde mediados de la década del '80, que comenzará a desmontar el sistema soviético, ya que “un régimen totalitario en general no es vulnerable internamente hasta que intenta adoptar formas liberales”, como sostiene Johnson
10) La Revolución Islámica (1979)
Hacia febrero de 1979 una noticia, en cierto modo insólita, llegaba desde las lejanas tierras de Ciro y Darío: El Reino del Trono del Pavo Real dirigido por el Sha Mohammed Reza Pahleví era destruido por la prédica de un líder religioso islámico shiíta, el Imán Ayatollah Ruhollah Khomeini, que en poco tiempo levantando la bandera verde del profeta había pulverizado al aliado más seguro de occidente en el estratégico Golfo Pérsico, transformando a la zona en un polvorín que se mantendrá encendido durante toda la próxima década.
Lo concreto es que el Shá de Irán -ex Persia- había heredado de su padre Reza Kahn en 1941 un enorme territorio rico en petróleo, que continuó manejando de manera despótica durante casi cuarenta años. La estrategia occidental de posguerra le había asignado a Irán un doble papel vital: por un lado transformarse en muralla de contención a las ambiciones de Stalin en la zona (ver Capítulo II: Conflicto en Irán 1945/7), por otro lado, cumplir el papel de gendarme regional, frenando el surgimiento de regímenes extremistas Islamicos que pusieran en peligro el abastecimiento de petróleo a Occidente.
De modo que el permanente asesoramiento y apoyo en equipo bélico dado por Washington y las enormes ganancias devengadas por la exportación de hidrocarburos dió al Shá un potencial regional gigantesco que permitió lanzar a principios de la década del '50 un vasto plan de modernización y occidentalización del milenario país. Estas ideas chocarán contra el influyente y tradicional clero Shiíta que veía en el Shá a un peligroso individuo empeñado en abandonar las ancestrales tradiciones, entre las que el islamismo ortodoxo es uno de sus basamentos fundamentales.
En 1962 los clérigos de la ciudad santa de Qom, entre los que se contaba el Ayatollah Khomeini, comienzan a oponerse al laicismo del Shá y a difundir su prédica entre las masas fanáticas y hambrientas partidarias del Profeta, enemigas de cualquier heterodoxia en materia religiosa.
La represión anticomunista de la Savak -policía secreta del Shá- se extendió en las décadas del '60 y '70 a los fanáticos seguidores de Khomeini, que deberá exiliarse en Irak y Francia, aumentando así la popularidad del clero shiíta; transformando a estos santulones en los principales factores de desestabilización del régimen autocrático de Teherán.
Desde fines de 1978 los seguidores de Khomeini organizan una acertada campaña de desobediencia cívica en el Irán, basada en razones religiosas, logrando desplomar la estructura interna del Shá y obligando a Reza Pahleví a exilarse a Egipto. Para febrero de 1979 los altos mandos le quitan el respaldo a Shapur Baktiar -delegado de Pahleví- y apoyan a Khomeini, quien en medio del delirio popular regresa a Teherán y asume el poder el 11 de febrero declarando el establecimiento de la “República Islámica de Irán”.
Esta revolución comienza con una purga de partidarios del régimen depuesto, luego ampliada a todos los opositores, que eleva a más de 4.000 los muertos en los dos primeros años del gobierno del Imán. El pensamiento del líder revolucionario se concentra en estos párrafos: “No nos someteremos a la dominación de los Estados Unidos, ni al oprobio de Unión Soviética. Somos musulmanes y queremos vivir libres e independientes, aunque para ello debamos permanecer en la pobreza. Rechazamos la modernidad y el desarrollo que se consiguen implorando a las superpotencias”
Este proyecto anacrónico de sociedad, que no diferencia entre religión, estado y vida cotidiana, nos está mostrando la profundidad de la fuerza de la tradición que pervive a través de la fe religiosa como un modelo medieval en pleno final del siglo XX. Lo concreto es que el desarrollo de la República Islámica lo irá enfrentando con Moscú y Washington; con este último país, las relaciones se van agrietando, a partir del apoyo yanqui al exilado Shá y a su fortuna, de tal manera que el 8 de noviembre de 1979 un grupo de estudiantes radicales, con el apoyo oficial, ocupan la Embajada de Estados Unidos en Teherán tomando como rehenes a un conjunto de diplomáticos de ese país en protesta por el apoyo de Washington al Shá.
El gobierno de Carter, agotando las vías diplomáticas ordenó una acción militar secreta, que por errores de organización acabó fracasada, con los helicópteros destrozados en las arenas del desierto, envalentonando a Khomeini y ocasionando la posterior derrota electoral de Carter a manos de Reagan.
Discrepancias religiosas y geopolítcas con el régimen sunnita Iraquí, dirigido por Saddam Hussein, llevarán a la República Islámica a una larga y estéril guerra de casi nueve años en el Golfo Pérsico con su vecino, agregando de esta manera un nuevo conflicto a esta zona vital para el sistema industrial de las grandes potencias occidentales.
11) China invade Vietnam
El triunfo militar de Hanoi en el secular conflicto con Vietnam del Sur y los Estados Unidos le permitió capitalizar el armamento moderno, de origen yanqui, de sus oponentes con los cuáles estructuró una maquinaria bélica poderosísima al servicio de sus viejos proyectos hegemónicos en la península indochina. Para ello deberá tener en cuenta los intereses estratégicos de su ancestral rival, China, que a través de su apoyo a los Khmer Rouges de Pol Pot dominantes en Camboya tratarán de equilibrar al Vietnam reunificado.
A comienzos de 1979 blindados vietnamitas cruzan en forma perpendicular la antiquísima ruta Ho Chi Minh con rumbo a la frontera camboyana aplastando las resistencias del Khmer Rouges y ocupan Phnom Penh en pocos días.
El apoyo soviético a esta maniobra generará la inmediata reacción de Pekín a través de una irrupción militar en la frontera vietnamita, que rápidamente frena su avance al llegar a un acuerdo diplomático mediante el cual los camboyanos dirimirán entre sí sus cuestiones internas, sin la injerencia de Hanoi, Pekín o Moscú.
12) Rusia invade Afganistán
Este peculiar país montañoso de antiquísima tradición islámica, durante la segunda guerra mundial fue objeto de las apetencias de los ingleses, en su carácter de “Estado tapón” entre la estratégica India y la zona petrolera del Golfo Pérsico. La retirada táctica inglesa de su vasto Imperio en la posguerra incluyó también a Afganistán, permitiendo que los nativos accedieran a un autogobierno liderado por la ancestral monarquía de Kabúl, que tenía al Príncipe Mohammed Duad como hombre fuerte (1953).
Los estrategas de Moscú no tardaron en hacer buenas migas con Duad, e incluso lo apoyarán en el golpe militar de 1973 que abolió la monarquía y lo elevó al rango de presidente. Paralelamente la U.R.S.S. a fines de esta década creará el marxista partido Democrático del Pueblo, dirigido por B. Karmal, M. Taraki y H. Amín, que en 1978 tomará el poder en Kabúl designando a este último como Jefe de Estado.
Rápidamente el “triunvirato” comenzará una lucha interna por el poder, en 1979 Amín se sacó de encima a Karmal, nombrándolo embajador en Praga. En septiembre de ese año Taraki fue herido en un intento de expulsar a Amín del poder. El 17 de diciembre de 1979 paracaidistas soviéticos ingresaron al país apoyando al “resucitado” Karmal, que regresó escoltado por los rusos a Kabúl, ordenando el asesinato de su rival Amín.
Para fin de año el gobierno títere de Karmal sufre levantamientos de campesinos montañeses, que con la bandera del nacionalismo y el Islam comenzaron más de una década de lucha de guerrillas contra el “invasor ruso”. Este pequeño “Vietnam Soviético” hará sentir sus consecuencias en la política interna de Moscú en el próximo decenio, por el apoyo occidental a los Mujahidines, Luchadores de la libertad.
De esta manera la década del '80 comenzará para los estrategas moscovitas con este grave conflicto en las montañas afganas, al luchar el segundo ejército del mundo contra primitivos campesinos fanáticos -alentados por Khomeini- dispuestos a morir en defensa de la religión del profeta, contra estos invasores que recordaban en mucho a los soldados yanquis que una década atrás se desangraban en los arrozales de Indochina.
13) Nicaragua: El Sandinismo en el poder (1979)
Desde el surgimiento de Nicaragua a la independencia en el siglo XIX los Estados Unidos consideraron a este pequeño y pobre país como un integrante más de su “patio trasero”, es decir, una región donde Washington podía intervenir impunemente sosteniendo gobiernos de acuerdo con sus necesidades estratégicas, asegurando la explotación de los recursos naturales por parte de las voraces empresas transnacionales que actúan en la región.En medio de esa realidad surgirá en la década del '20 un patriota nicaragüense, Augusto Cesar Sandino, quien enfrentará valientemente una de las tantas intervenciones yanquis en Managua.
Los invasores, contando con la colaboración del Jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza, tramarán una patraña para engañar al “General de los Hombres Libres” asesinándolo en 1934. De todos modos la gesta de Sandino no se borrará fácilmente de la memoria colectiva, como tampoco las tropelías de la cipaya Dinastía Somoza que controlará al país como un feudo durante casi medio siglo.
A mediados de la década del '60 la oposición a Anastasio Somoza, -alias Tachito-, tercer descendiente de la familia, comenzará a agruparse alrededor del Frente Sandinísta de Liberación Nacional, que a través de una estrategia que combinaba la lucha política y militar, registrará un lento crecimiento que le permitirá a comienzos de la década próxima transformarse en un real obstáculo para una tiranía que se tornaba cada vez más impopular al son de una corrupción que contaminaba todos los resortes del poder (*) y que no vacilaba en ser fiel lacaya de la política hemisférica de Washington, amén de transformar su tambaleante economía en un verdadero “coto de caza” de los hombres de negocios del Tío Sam.
La guerrilla sandinísta a fines de 1974 dará un golpe espectacular apropiándose de la casa de José Castillo -conocido miembro de la oligarquía local- que le permite saltar a la popularidad nacional e internacional, y lograr la liberación de opositores encarcelados; aunque la feroz represión lanzada como respuesta congela su actuación por breve período.
Desde 1975 la estrategia del FSLN será aliarse con sectores de clase media para socavar el apoyo al régimen, mientras comenzaba una campaña de guerrillas urbana y rural que acorralará al gobierno, y lo obligará a potenciar la represión en todos los estratos de la sociedad nicaragüense.
El asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, propietario del diario La Prensa, en enero de 1978 significó el estallido de la revuelta a nivel nacional, al sumarse la burguesía nicaragüense a la oposición que culminará el 18 de julio de 1979 con la huida del dictador a Miami y la toma del poder por una Junta Provisional.
Esta Junta mostraba palmariamente la alianza que había derrotado a Tachito: junto a los sandinistas Daniel Ortega y Sergio Ramírez, se hallaban los conservadores Alfonso Robello, Violeta Chamorro -viuda del periodista- y Moisés Hassán. La puesta en marcha del modelo Sandinísta irá alejando a estos tres últimos del poder y los acercará a la incipiente administración republicana de Reagan al comenzar la década del '80.
Desde el poder, el Frente desarrollará un esquema de economía mixta en la que el Estado tendrá un rol trascendente, sobre todo en el manejo del comercio exterior, la minería y las finanzas.
La política exterior se inscribirá a favor del tercer mundo y en apoyo de Cuba y de la lucha de otros pueblos coloniales. Seguramente aquí residirá uno de los causales para el choque diplomático con Reagan a partir de la próxima década: Sería casi inconcebible que en los pragmáticos años ochenta esta revolución pudiera sobrevivir a todas las acechanzas del Tío Sam.
TERCERA PARTE
“Dedicada a los colectivos, donde leí decenas de libros
Pero a los colectiveros no…”
CAPITULO UNICO
“Todo lo sólido
se desvanece en el aire” ( C. Marx)
“EL FIN DEL SIGLO XX”
(1980/90)
En esta últma parte del trabajo estudiaremos los sucesos principales de la década del ’80, en los cuáles se producirá el agotamiento del modelo soviético como consecuencia indirecta de los cambios producidos en la economia mundial a partir de la crisis del petróleo y de la falta de adaptación a los mismos por parte de los herederos de la revolución de Octubre. Así mismo la historia universal comenzará a ingresar por la senda del neoliberalismo, que potencia el modelo hegemónico que se consolidará en la última década del milenio.
LA CRISIS DE LOS ‘70
“La coyuntura es poderosa, por que saca a la superficie
las contradicciones estructurales
y muestra el sentido de las tendencias en pugna”
Carlos Marx
Al comenzar la década de 1970 la economía de los países desarrollados se encontraba en una etapa de esplendor inigualable: a lo largo de toda la historia ninguna civilización había alcanzado un nivel de vida tan elevado. Si bien a esta situación solo habían llegado los países centrales, es innegable que resultaba cierta la confesión de Henry Ford: “Nosotros no repartimos regalos, pagamos altos salarios por que sabemos que el trabajador necesita consumir y de esta manera aseguramos nuestro porvenir”; ante la situación descripta ni el más pesimista de los mortales podía sospechar que se estaba asistiendo al ocaso de los “treinta gloriosos”, que basados en el circulo virtuoso fordista de acumulación y distribución sustentaron el Estado de Bienestar soñado por Keynes cuatro décadas atrás.
Según el analista holandés Van Der Wee algunos índices económicos, desatendidos en su momento, evidenciaban una acentuada desaceleración del crecimiento y el inicio de un impensado proceso inflacionario, que operando como lo hace el incremento de la temperatura en el cuerpo humano señalaban algún tipo de desajuste en el organismo.
La economía de los Estados Unidos, con el pleno empleo asegurado, registra a mediados de la década del ’60 una triplicación de los índices inflacionarios. El empresariado traslada estos incrementos al precio de los productos, con lo que se eleva el costo de vida y se genera un enorme malestar en los sindicatos. Dentro del modelo vigente estos pujan por lograr aumentos saláriales, con lo cuál el equilibrio entre los intereses del capital y del trabajo, paradigma keynesiano, estaba comenzando a alterarse.
El paulatino déficit de la balanza comercial norteamericana recalentó la situación, que se potenció a su vez por la sobrevaluación del dólar, llevando a varios economistas a recomendar alternativas recesivas que “bajen la temperatura de la economía”.A su vez las poderosas corporaciones capitalistas tampoco estaban dispuestas a aceptar una disminución en su tasa de ganancia. Toda la situación descripta evidenciaba que un recambio del paradigma macroeconómico se tornaba irreversible.
Para 1971 el presidente Nixon decidió tomar el toro por las astas al devaluar el dólar frente al patrón oro, licuando así una gran parte de los enormes gastos que generaba el conflicto de Indochina. La reacción de Europa Occidental y el Japón fue la de tomar distancia de la divisa estadounidense, manteniendo políticas activas que alejaran la posibilidad de una crisis profunda o de un contagio de lo que sucedía del otro lado del Atlántico.
El conjunto de estos factores incrementó la liquidez mundial, desatando una espiral inflacionaria para el bienio 1971/2. Ante este panorama al año siguiente las autoridades que dirigían la economía de los países desarrollados instrumentaron un giro copernicano en el manejo de la situación: se decidieron aplicar recetas de astringencia monetaria para tratar de frenar él desbande producido.
Este preocupante panorama se agravó radicalmente por el impacto adicional que producirá la crisis del petróleo en la economía occidental: a fines de 1973 la O.P.E.P. cuadruplicó los precios del barril de crudo y redujo en un 25% la producción de hidrocarburos Estas medidas buscaban presionar políticamente sobre Israel y sus aliados occidentales, luego de la derrota árabe en la guerra del Yom Kippur.
La guerra de Irak-Irán de 1980 volvió a incrementar el valor internacional del crudo; con lo cuál el precio del barril pasó de 2.5 a 41 dólares entre 1970 y fines de los ’80, haciendo ilusoria cualquier posibilidad de sostener en el tiempo el modelo de acumulación y distribución basado en el petróleo barato.
Este complejo cuadro económico hizo parir un nuevo concepto dentro del vocabulario económico: La estanflación, que combinaba perversamente el estancamiento, que evidenciaban todos los índices econométricos, con una irrefrenable oleada inflacionaria.
La crisis elevó la desocupación del 1,5 % (1960) al 4,2% (1974) en el mundo desarrollado, con lo cuál 7 millones de personas perdieron su empleo, se incrementó enormemente el costo del mantenimiento del complejo militar-industrial, se cuestionó la viabilidad del desarrollo económico sustentado en el combustible barato, se incrementó la inflación hasta el 15 % anual, se redujo en un 13 % la producción industrial, disminuyó en un 10 % el comercio internacional, el PBI se contrajo en un 4.7% en E. Unidos, en un 2.5% en Europa Occidental y en un alarmante 7% en el Japón. Una verdadera situación patética para el mundo desarrollado, que preanunciaba una catástrofe a corto plazo.
Paralelamente el boom del “oro negro” permitirá multiplicar por mil la riqueza de los países productores, que ante la inexistencia de un sólido sistema bancario propio trasladarán esas ganancias a Occidente: el mundo desarrollado se encontró a mediados de la década con una descomunal masa de dinero depositada por las riquísimas monarquías del Golfo en sus bancos: la friolera de 400.000 millones de U$D, los famosos petrodólares, lo que auguraba un problema financiero adicional a mediano plazo. La respuesta encontrada fue el festival de préstamos descontrolados a países del tercer mundo, que estallaría en 1982 cuándo México entre en cesación de pagos y ocasione la primera crisis de la deuda externa.
El gasto social de los países centrales no podía ser sustancialmente reducido en el contexto del modelo keynesiano, por lo que la situación avanzaba inexorablemente hacia un “cuello de botella” de imposible solución dentro de este paradigma. Este escenario cuajaba perfectamente con el diagnóstico y las propuestas del Neoliberalismo, cuyos teóricos habían aguardado pacientemente durante tres décadas para dar la dentellada mortal a sus enemigos académicos keynesiano
EL NEOLIBERALISMO
El intervencionismo estatal inaugurado por las exitosas políticas del New Deal había logrado sustentar cuatro décadas de continuo crecimiento económico en el mundo desarrollado, basado en él “circulo virtuoso” de producción y bienestar, condenando a los pensadores del Liberalismo Clásico al ostracismo académico y obligándolos a refugiarse en cenáculos marginales. Anderson nos cuenta que para 1947 el economista alemán Von Hayek convocó en Suiza a sus colegas que se oponían al modelo triunfante para comenzar a elaborar una “respuesta intelectual” al Estado de Bienestar.
En Mont Pélerin se reunieron Karl Popper, Milton Friedman, Von Mises, Walter Lippman y el anfitrión para elaborar el nuevo paradigma: conocido como Neoliberalismo, reelaboración de la propuesta de A. Smith, ó también Monetarismo, por la importancia que le asignarán al control por parte del estado de la emisión en la reducción del gasto público.
Los “teólogos” Neoliberales, partiendo de un individualismo ultramontano consideran que valores colectivos como la solidaridad y el igualitarismo atentan contra “la libertad de los ciudadanos y la prosperidad de todos, poniendo al mundo en el abismo del “Camino de Servidumbre”, parodiando el título de la obra de Hayek (1944).
La crisis de mediados de los ’70 era interpretada como la resultante del poder excesivo de los sindicatos y del movimiento obrero, que socavaron las bases de la acumulación privada con sus presiones reivindicativas de los salarios y del incremento constante del gasto social. Estos economistas sostenían que la continua emisión monetaria, necesaria para no alterar el esquema fordista disparaba el proceso inflacionario, generando una demanda efectiva que vigorizaba al sistema.
La solución propuesta apunta a instrumentar una serie de reformas estructurales, que buscaran “cortar la cabeza de la hidra”, garantizando los principios de mercado como verdadero bálsamo para “curar” la economía y retornar a la senda del crecimiento sustentable. Para el logro de estos objetivos el Estado debe focalizar su acción en el logro del equilibrio presupuestario, reduciendo la emisión monetaria y achatando el gasto social, de esta manera se crean las condiciones para establecer una tasa “natural“ de desempleo que a través del ejercito industrial de reserva “discipline” a los sindicatos en forma definitiva. Una fuerte reducción impositiva sobre las mayores ganancias, que obliga a equilibrar las cuentas incrementando los tributos sobre el consumo, y las rentas mas elevadas aseguraba el incremento de la tasa de ganancia empresarial. El efecto combinado de estas medidas completaba el escenario de “desigualdad necesaria” para un nuevo relanzamiento económico que hiciera olvidar rápidamente la crisis de los ’70.
El correlato de este “modelo económico” será el reemplazo del fordismo por un nuevo sistema que elevara significativamente la productividad: Aparece en escena el Toyotismo. Este nuevo esquema productivo, nacido en la automotriz nipona, abandona el sistema tradicional de volúmenes ilimitados de stock, reduciéndolos a niveles más compatibles con los de la demanda real existente, con lo cuál se reduce el capital necesario para desarrollar el proceso industrial. A su vez utiliza la “flexibilización” laboral como variable destinada a disminuir el “costo laboral”, abandonando la especialización taylorista, al crear “equipos de trabajo productivos” polivalentes destinados a cualquier tipo de operación fabril.
Como corolario de estos cambios se debe considerar el impresionante impacto que producen los nuevos avances tecnológicos, robótica, automatización é informática, en el proceso productivo que diluyen la clásica división social y técnica del trabajo, reduciendo significativamente la necesidad de operarios en los grandes centros productivos.Las propuestas neoliberales, pensadas originariamente para los países centrales, se van a aplicar por primera vez en un estado del tercer mundo: el Chile de Pinochet, que a través de un proceso represivo descomunal logra disciplinar la sociedad y demostrar que este ideario era exitoso para los sectores dominantes.
En el mundo desarrollado el paradigma neoclásico fue instrumentado por Margaret Thatcher en el Reino Unido y Reagan en los Estados Unidos durante la década de 1980. La nueva derecha rápidamente asimiló el ideario económico con el anticomunismo surgido en la batalla contra “el Imperio del mal” de este decenio. La “cruzada anticomunista” de Reagan necesitaba de una enorme cantidad de fondos para financiar los gastos armamentistas, por lo que la Administración Republicana debió abandonar rápidamente la premisa de equilibrio fiscal, triplicando el enorme déficit: todo era válido para torcer el brazo al oso ruso.
Sin animarse a desmantelar totalmente él “estado de bienestar” los gobiernos continentales europeos se dispusieron también a aplicar las propuestas en boga: durante la década del ’80 la derecha gobernante en los países nórdicos del continente fue más profunda en su implementación que sus colegas socialdemócratas mediterráneos. Tal vez el triunfo definitivo del ideario monetarista se produjo cuándo la Socialdemocracia del viejo mundo incorporó a sus programas las iniciativas del grupo de Von Hayek. Este ideario conocerá una expansión planetaria posterior, con la única resistencia del Japón, que finalmente lo aceptará.
El balance de las dos décadas de experiencia neoliberal puede contar en su haber con un rotundo éxito en la contención del proceso inflacionario, se redujo en un 50 %, duplicó la tasa de ganancia de las corporaciones, a costa de doblegar al movimiento sindical, incrementó la tasa de desempleo, del 4 al 8%, y cuadruplicó los valores bursátiles.
El imaginario ícono representativo de las secuelas del modelo triunfante debería ser un paisaje de yuppies que derrochan sin límite, frente a un contrapunto de homeless que esperan vanamente la ayuda del estado y que se resignan a la caridad pública. De todos modos los valores absolutos de crecimiento económico del período fueron altamente decepcionantes, ya que nunca se recuperó el crecimiento del P.B.I. logrado en las primeras décadas de la posguerra: en realidad durante los ’80 no se alcanzó ni la mitad de los guarismos producidos en los “treinta dorados”. Hobsbawn y Anderson coinciden en que la emergencia de un poderoso sector financiero, que aprovechó las condiciones para el desarrollo de la inversión especulativa creadas por este modelo, explica la situación analizada.
La disminución del rol activo del estado, y el consiguiente incremento del poderío de las corporaciones en el proceso económico, ayuda también a entender este avance de las operaciones financieras de carácter parasitario: Evidentemente la globalización estaba preparando su aparición en escena.
EL NUEVO PARADIGMA
Los cambios señalados como consecuencia del agotamiento del modelo fordista de producción y acumulación generaron las condiciones para la emergencia de un nuevo paradígma, al que los teóricos no aciertan a denominarlo unívocamente, se utilizan indistintamente neofordísmo, toyotismo ó posindustrialismo, aunque coinciden en señalar sus características principales:
• Creciente vinculación estratégica entre ciencia y tecnologia: Las empresas más poderosas invirtieron enormes capitales en la formación de “fábricas de científicos” que generasen el conocimiento necesario para alimentar el nuevo complejo tecnológico-productivo.
• Desarrollo ilimitado de las nuevas tecnologias: La informática, la robótica y la biotecnologia serán las “niñas mimadas” de la última etapa del siglo XX.
• Planificación de la producción industrial en función de la demanada puntual. Según la lógica toyotista del “just in time”, que permite un gran abaratamiento de costos.
• Descentralización de la organización del trabajo: Situación que apunta a la subcontratación, para disminuir costos.
• Flexibilización de la fuerza laboral: Disminución paulatina de los derechos laborales, en beneficio de las empresas, en función del avance tecnológico. Como señaló Marx: “Cuándo el capital enrola la ciencia a su servicio la mano rebelde del trabajo aprende siempre a ser dócil”.
• Desarticulación del Estado de Bienestar: Política destinada a reducir el gasto público y generar una monumental transferencia de ingresos.
• Interconexión del mercado de capitales: La informática permite la integración del negocio bursátil “en tiempo real”.
• Disminución de la intervención del Estado: El “mercado” ocupa el vacio dejado por el retoceso del estado en la regulación económica.
• Incremento de la circulación de capitales: Todo el mundo se transforma en el amplio espacio utilizado libremente por los capitales.
• Expansión de las Multinacionales: Escasas corporaciones, pertenecientes al Primer Mundo, concentran el grueso del stock mundial de inversiones.
Naturalmente que este proceso se irá dinamizando con diversas velocidades en función de la consolidación de este “capitalismo financiero”, que operará como sustento del avance del bloque occidental, a lo largo de la etapa final de la posguerra. Lógicamente que el hundimiento del “socialismo real”, a partir de 1990, va a permitir que todo el planeta se transforme en el escenario de aplicación del mismo; aúnque debe destacarse que la virulencia del mismo se incrementará en las regiones del tercer mundo, mientras que las grandes potencias van a limitar las secuelas de su implementación en sus territorios para evitar el desmoronamiento total del exitoso proyecto de inclusión social en el seno de las mismas.
REAGAN EN EL PODER
El último año de la presidencia liberal del demócrata James Carter se transformó en un verdadero calvario para el próspero empresario del maní de Georgia: a los serios problemas económicos se le agregará un conflicto de honda repercusión interna en las lejanas tierras persas. El 4 de noviembre de 1979 una multitud de “estudiantes” islámicos, que protestaba contra el asilo otorgado por el gobierno de Washington al depuesto Shá de Irán, ocupa el edificio de la Embajada norteamericana en Teherán apoderándose de 52 diplomáticos, a los que amenazan con matar en caso de que E. Unidos se niegue a entregar al monarca depuesto.
Durante seis meses la administración demócrata intentó vanamente resolver el incidente en forma diplomática, para conseguir el rédito político necesario con vistas a la reelección de Jimmy en el invierno de 1980. El fracaso de la misma llevó al Pentágono a desarrollar una acción de rescate aerotransportada, que terminó en un desastre: varios helicópteros se estrellaron en las arenas del desierto ardiente, con un saldo de ocho soldados muertos.
En este marco Ronald Reagan se impone en los comicios de noviembre y accede a la Casa Blanca, en Enero de 1981, dispuesto a poner en práctica la mentada “revolución conservadora”, que desde sus gobernaciones en California venía perfilando, destinada a recuperar el papel rector de Washington en el mundo de manera agresiva Este “halcón” Republicano desarrollará una firme política exterior, que haga olvidar el “síndrome Vietnam“ y la postura dubitativa de sus antecesores. Para ello comenzó tildando a la U. Soviética de “Imperio del mal”, postulando la necesidad de llevar a cabo una belicista “Cruzada de Occidente” que frenara el avance ruso; postulando que Moscú no estaba en condiciones financieras de soportar a largo plazo una despiadada carrera armamentista sin que se produjera un colapso en su economía.
Para ello apoyará a todas las fuerzas que se opongan a los intereses soviéticos en cualquier lugar del planeta: Contras en las húmedas selvas de América Central, Mujaidines en las inhóspitas montañas afganas, Gurkas serviles de Thatcher en archipiélagos helados del Atlántico sur, Juan Pablo II en el Vaticano ultramontano, Lech Walesa en los astilleros de Polonia, Israelíes en el ardiente Medio Oriente ó minúsculos micro-estados caribeños pro occidentales en la isla de Granada.
Sobre este modelo la CIA organizará una acción desestabilizadora sobre el líder libio Kadafi, apoyada por bombardeos sobre Trípoli que ocasionaron la muerte de 40 nativos y de una de las hijas de este, y un boicot al petróleo de ese país, que si bien no logró la caída del hombre fuerte frenó sus intenciones de influir en la guerra civil del Chad. Reagan en marzo de 1981 sobrevive milagrosamente a un atentado producido por un desequilibrado mental, John Hinckley, en la vereda del hotel Hilton de Washington: el cow-boy conservaba su buena estrella.
Ni siquiera el espacio escapó a la ofensiva del otrora actor de Holywood: a un costo de 20.000 millones de dólares de la época pretendió construir un cinturón de defensa antimisilística en el espacio, en el marco de la delirante “guerra de las galaxias”; las limitaciones tecnológicas y la explosión del trasbordador Challenger impidieron la concreción del mismo. La visión ultra conservadora y maniqueísta del presidente republicano se demostró en la política cultural cuándo los E. Unidos decidieron retirarse de la UNESCO en 1983 en disconformidad con las posturas liberales de la organización, a la que Reagan consideraba como funcional a “los enemigos de la libertad”.
En el plano interno los ocho años de gobierno conservador en Washington (1981-8) mostraron exitosos resultados en la aplicación del modelo neoliberal, a través de los reaganomics redujo la inflación anual del 12 % a menos del 4 %, disminuyó los impuestos a la clase alta, recortó fondos sociales en el gasto estatal, elevó la productividad, apreció el valor del dólar, exportando así inflación a Europa y América Latina, le torció el brazo a sindicatos rebeldes, por ejemplo el de los controladores aéreos, y aumentó la brecha entre ricos y pobres. Naturalmente que el déficit presupuestario no fue reducido, sino que contrariamente se triplicó: pasando de 60.000 millones de dólares (1981) a más de 200.000 millones (1985), con lo cuál se desdijo de su frase electoral favorita: “el gobierno no es la solución, sino el problema”.
LA U.R.S.S. EN LA DECADA DE 1980
En el verano de 1980 los moscovitas se preparaban para disfrutar de “los mejores Juegos Olímpicos” de la era moderna, pero la invasión a Afganistán en el año anterior fue aprovechada por Reagan y el bloque occidental para boicotearlos: 58 países decidieron no concurrir, quitándole brillo al evento; para el cuál el despliegue propagandístico oficial había invertido mas de mil millones de dólares en la “fiesta internacional de la paz”.
Occidente también decidió un embargo sobre los envíos de cereales para la URSS, que afectará la política alimenticia de Moscú y los niveles de consumo popular. En este aspecto se destacará la curiosa decisión de la Junta militar argentina del general Videla de no acatar esta medida, pese a su “pertenencia al mundo occidental y cristiano”, evidentemente los rublos ingresados por la venta de cereales le importaban más a Buenos Aires que el origen de los mismos. Así como a Moscú no le importaba el carácter “genocida” de su nuevo gran proveedor.
Los estrategas rusos prefirieron arriesgarse al desprestigio internacional antes que retirar los 100.000 soldados del Ejercito Rojo de las montañas de Kabul de acuerdo a los principios de la Doctrina Breznev, según la cuál Moscú no renunciaría jamás a ningún territorio conquistado; las complicaciones de orden deportivo de ese año serían un mal augurio para el porvenir de la Nomenclatura del Kremlin, aunque el monopolio de las medallas conseguida por los atletas locales contentara en ese momento a la gerontocracia de Moscú.
Al analizar la situación económica de la U.Soviética el mismo Breznev en sus últimos años comprendió las señales de la incipiente crisis: en dos discursos pronunciados en 1978 y 1979 incitó y amenazó a la burocracia, como suele ocurrir todos acordaron y prometieron enmiendas..... que nunca se cumplirían.
En noviembre de 1982 fallecía a los 76 años Leonidas Breznev poniendo fin a casi dos décadas de férreo control del poder junto al recientemente desaparecido Alexei Kosiguin. Los extensos y solemnes funerales oficiales, desbordantes de boato y ceremonial, que se desarrollaron en la Plaza Roja ocultaban una realidad bifronte. Aparentemente la Unión Soviética se encontraba en el momento de mayor poderío desde la revolución de Octubre, el arsenal nuclear ruso para esta década se estimaba en 25.000 ojivas, repartidas entre bombarderos, submarinos y mísiles intercontinentales, frente a las 20.000 con que contaba Washington que estaba en franco retroceso geopolítico desde fines de los ‘70; la otra cara “del oso rojo” mostraba una serie de graves problemas que amenazaban seriamente su futuro.
La economía soviética denotaba una parálisis preocupante que se reflejaba en los indicadores sociales: se redujo sensiblemente la expectativa de vida, se elevó levemente la mortalidad infantil, se triplicó el alcoholismo, la producción agrícola disminuyó, se alargaron las colas en los comercios y mermó la calidad de los bienes de consumo.
En este contexo la corrupción de los funcionarios del régimen se hizo más evidente, la “moral social” se relajó y “el nuevo hombre soviético cayó en el pesimismo” al acuñarse el ahora elogioso término veshism para referirse al “consumismo”, otrora aborrecido en las tierras de Stalin.
Comienza así un trienio traumático, donde se suceden dos ancianos y enfermos líderes que no llegan a tomar cabal conciencia de la herencia recibida en función del escaso tiempo en que permanecen en el poder: entre 1982 y 1985 Yuri Andropov y Konstantin Chernenko transitan por el Kremlin sin llegara abrir la “caja de Pandora”. Mientras el sistema político ruso no se consolidaba, Reagan redoblaba la apuesta al conseguir la reelección en 1984.
El vertiginoso y sucesivo fallecimiento de los sucesores de Breznev hacen posible el acceso a la máxima dirección del estado soviético de Mijail Gorbachov en marzo del año siguiente, quien al abrir la caja aceleró la rápida agonía de la Unión Soviética.
Paradójicamente las ventajas del aumento del valor del petróleo significaron para Moscú un verdadero “presente griego”, ya que el enorme ingreso de petrodólares, que permitió duplicar el valor de las exportaciones rusas a Occidente, ocultó la hondura y profundidad de la crisis estructural al permitir financiar un quinquenio de armamentismo, aunque se vaciaron las arcas de la economía real y se hipotecó el futuro al posponer las reformas imprescindibles en aras de sostener los gastos de la política exterior agresiva.
Concretamente el sistema de economía planificada se encontraba estancado por una gran obsolescencia estructural y un notable atraso tecnológico, puntualmente en informática y robótica, el espejismo armamentista había disminuido la cantidad y calidad de artículos destinados al consumo. La respuesta de la burocracia soviética consistió en restringir la distribución de estos productos entre la población, para evitar el rápido colapso, generando desabastecimiento de elementos básicos y creando una cuota de malestar social inédito desde la época de la guerra civil.
La gerontocracia del Kremlin, cuyo promedio de edad promediaba los 65 años, y la infinita burocracia soviética no estaban en condiciones de elaborar una respuesta sistémica que resolviera esta crisis terminal, para un modelo que durante 70 años había elevado notablemente el estándar de vida de su población.
Esta era la situación de la Unión Soviética al llegar al poder Gorbachov, que lleva a Hobsbawn a señalar al “socialismo real” como la verdadera é inesperada victima del crack que se produjo en el capitalismo en el final de la edad de oro cuándo sostiene. “Es una ironía de la historia que las economias socialistas fuesen las verdaderas victimas de la resolución capitalista de la Crisis del Petróleo”
Mientras tanto los estrategas del Ejercito Rojo comprobaban azorados que las tropas enviadas a Afganistán, 100.000 soldados, para sostener al leal caudillo local Babrak Karmal se empantanaban en este país montañoso ante la extrema resistencia de los Mujaidínes. Recordemos que esta intervención fue pensada como freno al avance de los ideales islámicos, potenciados desde Teherán, sobre las ricas repúblicas soviéticas musulmanas del Asia Central que amenazaba peligrosamente la frontera sur de la U.R.S.S.
La población nativa, de profunda convicción islámica, decidió enfrentar a los invasores recurriendo a la ayuda, insólitamente combinada de Irán y Washington: en la frontera pakistaní comenzaron a levantarse bases para la “guerrilla islámica”, desde las que comenzaron a infiltrarse en territorio afgano aprovechando la sinuosidad del territorio montañoso para combatir al Ejercito Rojo.
La CIA logró unificar a los distintos grupos étnicos locales, sobre todo a los Pashtunes y los Hazaras, para conformar una alianza de milicias nacionalistas sustentada en ideales comunes de fundamentalismo islámico: los Mujaidínes, luchadores de la libertad. Durante más de una década estos grupos combatieron exitosamente a los invasores, ocasionándoles la primera derrota de la guerra fría.
Este conflicto, además del drenaje de miles de millones de rublos, significó para Rusia un dramático impacto psicológico masivo solo comparable al “síndrome de Vietnam” que sufrieron los estadounidenses. Para 1992 las guerrillas islámicas ocupan Kabul, luego del retiro ruso, aunque rápidamente estallarán sangrientos enfrentamientos intestinos en un contexto de guerra civil permanente entre tribus de etnia diversa. Recién en 1996 uno de estos grupos, los Talibanes, estabilizarán el país al imponer su proyecto de República Islámica integrista, luego de derrotar a la Alianza del Norte.
Para fines de 1983 la intransigencia rusa hizo fracasar las conversaciones con la misión diplomática estadounidenses sobre la reducción de armamento convencional, Conferencia de Viena, y estratégico, en la Conferencia de Ginebra. La respuesta de la OTAN fue instalar 572 mísiles Pershing 2 y Crucero en las bases que poseía en Europa Occidental, para tratar de equilibrar los 360 mísiles de alcance medio de Moscú que apuntaban hacia el oeste.
Ambas potencias manejaban la hipótesis de “una guerra nuclear localizada” en Europa; lo que produjo multitudinarias manifestaciones pacifistas a ambos lados del Muro de Berlín. De todos modos los mayores problemas para la U. Soviética en esta década comenzarían imprevistamente en el riñón de su bloque militar: la ciudad de Varsovia.
POLONIA : ENTRE WALESA Y WOJTYLA
En el lejano 1763 la muerte del rey polaco Augusto II fue aprovechada por la astuta Zarina Catalina II para apoyar los planes del príncipe Poniatowski de ser coronado en Varsovia, iniciando la anhelada expansión rusa sobre este país del este de Europa. La población polaca nunca aceptó esta anexión y vertió sangre en múltiples oportunidades durante más de dos siglos de levantamientos estériles para librarse de sus opresivos vecinos. El rígido nacionalismo polaco se nutrió de una fuerte cuota de Catolicismo, que despreciaba la fe ortodoxa de los “salvajes del este”.
Volviendo al siglo XX digamos que Polonia para fines de la década del ’70 presentaba un panorama complicado: el tradicional sentimiento nacionalista y anti ruso aprovechaba todos los errores del gobierno de Varsovia para endilgarle el mote de “traidor”, con lo que potenciaba el peligro de una invasión “correctiva” soviética de acuerdo a la doctrina Breznev; la combativa clase obrera polaca dispondrá a sus anchas de la extendida red tramada por la poderosa iglesia católica para difundir su ideario reivindicativo teñido de nacionalismo.
Recordemos que la economia polaca se encontraba al comenzar la década en una profunda crisis económica, que se agravaba por un enorme endeudamiento externo contraído en forma irresponsable durante la época de los “préstamos baratos” surgidos luego desde la crisis del petroleo.
En 1978 en forma “casual” el Cardenal Karol Wojtyla, fervoroso anticomunista, llegó al trono de Pedro tomando el nombre de Juan Pablo II transformándose rápidamente en agente catalizador del caliente cuadro político polaco y coincidiendo objetivamente con los planes de la O.T.A.N. para desestabilizar el flanco más débil del Pacto de Varsovia.
Así mismo utilizará al cardenal Joseph Ratzinger, encargado del cuidado de la ortodoxia teológica, para apartar las visiones heterodóxas del seno de la Iglesia, con lo cuál cayeron en desgracia la “Teologia de la Liberación” y otras estructuras cuestionadoras del status quo del Vaticano.
La visita de Wojtyla a su tierra natal en 1979 envalentonó a los opositores, quienes en el invierno del año siguiente desarrollaron una serie de huelgas que tuvieron a los obreros de los astilleros Lenín de la ciudad de Gdansk, y a su novato líder Lech Walesa, como los instigadores principales de este movimiento de protesta que paralizó al país y a Edvard Gierek, Secretario General del oficialista P.O.U.P.
Los seguidores de Walesa no solamente planteaban reivindicaciones laborales, sino que abogaban por una serie de libertades que trascendían el tema salarial: libertad sindical, de prensa, de reunión, intervención activa en políticas laborales gubernamentales, etc.
De lo cuál se deduce que el grupo se estaba transformando en el embrión de una oposición política al régimen “ateo y pro-rusa” de Varsovia, que Washington y el Vaticano usarían como ariete para derribar la fortaleza más débil del “ Imperio del mal” en las tierras de Chopin; la Iglesia católica pondrá todo su poderoso arsenal, espiritual y material, para sostener el proyecto de Walesa: el sospechado Banco Ambrosiano aportará generosamente grandes suma de dinero para sostener “la cruzada polaca contra el ateísmo”.
El débil gobierno de Gierek ante el riesgo de una intervención soviética decidió bajar la tensión social aceptando las demandas rebeldes en el llamado Acuerdo de Gdansk: Legalización de los sindicatos independientes, libertad de expresión, liberación de presos políticos, reformas económicas, aumento de salarios y transparencia en el ejercicio de los cargos públicos (Agosto 1980).
Las rebosantes huestes de Walesa decidieron festejar la victoria conseguida con la creación de una federación nacional de sindicatos libres, a la que llamaron Solidaridad, logrando que el estado la legalizara para fines de ese año y que 10 millones de trabajadores la apoyaran al afiliarse al novedoso organismo. En mayo de 1981 los agricultores polacos consiguieron crear una federación similar en el campo.
Evidentemente la autoridad de Gierek no pudo resistir semejantes cambios: a comienzos de año fue reemplazado por el general Wojciech Jaruzelski. Mientras esto sucedía en su Polonia natal, el Papa Juan Pablo II sufre un atentado que estuvo a punto de costarle la vida: en mayo de ese año un fanático musulmán, el ciudadano turco Alí Agca, lo hiere de un disparo en la plaza de San Pedro acusándolo de predicar el catolicismo en tierras santas mahometanas; informes posteriores de la CIA acusaron al servicio secreto búlgaro del intento de magnicidio.
La crisis sindical y política se trasladó al campo económico, donde una combinación de alza de precios y disminución en la producción generó desabastecimiento de artículos esenciales para el consumo popular; la respuesta de Solidaridad fue el lanzamiento de un ambicioso plan de lucha, con huelga general incluida, que recalentó la situación global.
El general Jaruzelski en diciembre de 1981 provocó un golpe de estado que ilegalizó a Solidaridad, encarceló a sus dirigentes y se dispuso a gobernar con mano dura: ajuste económico, pedido de préstamos a sus aliados socialistas, ley marcial, etc.
Durante todo 1982 Polonia pareció volver a la situación anterior; en Moscú respiraban aliviados, en la cárcel Walesa analizaba los errores cometidos mientras le rezaba a la virgen minera de Chestochowa, Reagan y Juan Pablo II planeaban una nueva estrategia, y en Varsovia el dictador Jaruzelski planificaba el futuro de su gobierno. Todos estos personajes serían nuevamente convocados más adelante por el autor imaginario para representar otro acto de la eterna tragedia polaca.
AMERICA CENTRAL: LOS CONTRAS DE REAGAN
Al llegar al poder Reagan se encontrará con un panorama muy preocupante para sus proyectos estratégicos en América Central: el Sandinísmo señoreaba en Nicaragua utilizando el apoyo cubano para transformarse en un foco irradiador de políticas antiimperialistas en el viejo “patio trasero” del Tío Sam:
En las tierras volcánicas de El Salvador la tradicional oligarquía cafetera se encontraba desbordada por los ofensivas del insurgente Frente Farabundo Martí, Costa Rica se afirmaba en una ideología de raíz socialdemócrata que abogaba por el respeto a la autodeterminación de los pueblos de la región, México intentaba frenar la diplomacia intervencionista de Washington, y hasta el Panamá de Noriega criticaba también la injerencia del Depto. de Estado; Tan solo las dictaduras genocidas de Guatemala y Honduras se mantenían incólumes detrás de los “intereses hemisféricos” de Estados Unidos.
La investigación de Horacio Verbitsky, en Malvinas: “La última batalla de la tercera guerra mundial”, demostró que para guiar la política exterior de Washington bajo la era Reagan un selecto think tank integrado por el general Gordon Sumner (h), Francis Bouchey, David Jordan, Lewis Tambs y el académico de la Universidad de Georgetown Roger Fontaine elaboró el llamado Documento de Santa Fe, según el cuál “La Tercera guerra mundial ya ha comenzado y que contener a la URSS no es suficiente ... la distensión está muerta, Estados Unidos debe tomar la iniciativa ó perecer”....”El poder de EEUU descansa en la cooperación y el apoyo del Caribe y América del Sur”... “América Latina sufre la penetración del poder soviético.... (por lo que) ... se declara la necesidad de intervenir en los estados de Iberoamérica que ayuden y patrocinen la intrusión imperialista de potencias extracontinentalkes en una región que es territorio soberano de los aliados de Estados Unidos”.
Para ello es necesario reactivar los tradicionales lazos con las fuerzas armadas hemisféricas, potenciar el TIAR, abandonar la política exterior “crítica de la política de derechos humanos” a gobiernos aliados, desarrollada por la administración Carter, retornar a la Doctrina de la Seguridad Nacional y el “apoyo de militares de la región en el combate a la subversión”, naturalmente Nicaragua y El Salvador eran los próximos objetivos señalados por el Tío Sam.
Los estrategas del Pentágono planifican una política activa de intervención en la zona, que tendrá como objetivo central el armado de un “cordón sanitario” sobre Nicaragua. Para ello sostienen activamente al gobierno aliado de San Salvador incrementando en forma sustancial el apoyo bélico a su ejercito, con dinero, armamento y asesores, y al accionar clandestino de los Escuadrones de la Muerte, que a través del terror intimidan a la población y a los defensores de los derechos humanos: el Arzobispo Oscar Romero se transformará en 1980 en la victima emblemática de estos grupos; construyen modernas bases militares en Honduras y Guatemala, desde donde operarán fuerzas opositoras entrenadas en forma conjunta por la CIA y por oficiales argentinos, que exportaban los métodos de la guerra sucia rioplatense, ya desplegados en el golpe del narcotráfico de 1980 en Bolivia, llamados Contras sobre objetivos civiles nicaragüenses.
Estos grupos se financiaran con la venta clandestina de armamento a Irán, que se pondrá en evidencia cuándo una revista libanesa descubre las operaciones secretas desarrolladas por el coronel Oliver North con las autoridades de Teherán.
La oposición parlamentaria demócrata y los gobiernos de Europa occidental se opondrán tenazmente al despliegue de medios bélicos en acciones militares encubiertas desarrolladas contra el gobierno de Managua, apoyando las iniciativas diplomáticas del “Grupo de Contadora”, Panamá, Colombia, Venezuela y México, surgido en 1983 para mediar en el conflícto regional. Es de destacar que al año siguiente el Tribunal Internacional de La Haya condena a E. Unidos por “realizar acciones contra la seguridad nacional de Nicaragua, tales como minado de puertos, entrega de armamento y apoyo bélico a acciones paramilitares contra Managua”.
En octubre de 1983 en concordancia con esta política Reagan logró que seis pequeños estados caribeños, agrupados en la alianza militar Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO) le solicitaran apoyo bélico para derrocar al nuevo gobierno izquierdista de la minúscula isla de Granada, que luego de asesinar al centroizquierdísta Maurice Bishop, estableció preocupantes nexos con la Cuba de Fidel. Excusándose en la defensa de los intereses “del mundo libre” la fuerza invasora de más de 15000 soldados apabulló rápidamente a una pequeña guarnición cubana, que guardaba la seguridad en el nuevo aeropuerto que La Habana construía en Granada, restableciendo a las autoridades nativas aliadas de Washington.
Esta política agresiva de Washington, que fue escalando vertiginosamente a lo largo de toda la década del ’80, condicionó a la Junta de gobierno Sandinista en el desarrollo de sus planes de gobierno en función del enorme drenaje de divisas insumido por la defensa militar frente a la agresión de los Contras.
Si bien el ideario de Managua era más moderado que el de Fidel Castro en Cuba dos décadas atrás, los condicionantes señalados y algunos errores políticos potenciaron el perfil reformista, alejándolo de los ideales revolucionarios que enarbolaron durante lucha para derrocar al dictador Somoza. De todos modos produjo una auspiciante reforma agraria, duplicó los gastos en seguridad social, salud y educación, reduciendo así mismo sensiblemente el analfabetismo.
Para 1984 Daniel Ortega, jefe de la Junta de gobierno de Managua, será electo en forma democrática como Presidente del país con el 67 % de los votos, con la única abstención de los sectores ligados a los Contras; de todas maneras Washington no acepta la validez de los comicios disponiéndose a redoblar los esfuerzos para desalojar del poder a los Sandinístas.
EL GOLFO PERSICO EN LLAMAS
En los ancestrales territorios mesopotámicos donde sumerios, asirios y caldeos hicieron despuntar la historia hace más de siete milenios desangrándose por el control de la desembocadura del Tigris y el Eufrates las rivalidades regionales de Irán é Irak se potenciaron en esta década, volviendo a actualizar un conflicto por las mismas razones económicas que sus ancestros, aunque ahora el ascendente valor del petróleo fuera el detonante.
El ambicioso dictador Saddam Husein, y su partido Baath, controlaban con mano firme el poder en Irak desde fines de los ’70, dirigiendo a esta nación árabe sunníta, opuestos a cualquier tipo de fundamentalismo dentro de la fe musulmana, en medio de la euforia petrolera generada por la política de precios de la OPEP. Bagdad observaba atentamente el acelerado proceso de desmoronamiento que registraba el otrora poderoso ejercito de su vecino por efecto de las ejecuciones y purgas llevadas a cabo por la revolución de Khomeini en la leal maquinaria militar del Shá; Saddam creía posible apoderarse del estrategico estrecho de Shatt el Arab que controlaba las refinerías más valiosas del Golfo Pérsico.
Los planes elaborados por el cerebro gris de su gobierno, el leal Canciller Tarek Asís, tenían como objetivo político alcanzar el liderazgo regional, luego de la caída de Pahleví, potenciando de esta manera el viejo proyecto baathista de “unidad árabe”, ahora bajo la dirección de Bagdad. Estas ideas lo llevarán una década mas tarde a invadir Kuwait y enfrentarse a E. Unidos y Occidente en la “Guerra del Golfo” (1991).
La vecina República Islámica de Irán, de etnia mayoritariamente persa y de credo shiíta, se encontraba en plena ebullición revolucionaria, embarcada en un maniqueísta proceso de fundamentalismo religioso guiado por el Ayatollah Komeini que aspiraba a combatir por igual al Satán de Washington, concretado en la crisis de los rehenes, y al ateísmo de Moscú, cerrada oposición a la invasión soviética al islámico reino de Afganistán, al igual que a cualquier “blasfemia” dentro del campo musulmán: es decir el Sunnita S. Hussein.
La disputa se remonta a 1972 cuándo el Shá apoya a los Kurdos alzados contra Bagdad, que fue replicada por los iraquíes al sostener a guerrillas de Arabistán que intentaban la secesión de este territorio iraní. Durante el segundo semestre de 1979 y el primero de 1980 el conflicto fue ganando peligrosamente en intensidad en ambos lados de la frontera.
Saddam solicitó el apoyo bélico de Moscú para la ofensiva sobre el sur de Irán, tendiente a ocupar la zona en disputa en el estratégico estrecho, la respuesta positiva del Kremlin se fundaba en la postura solidaria demostrada por Teherán con los guerrilleros Mujaidínes que enfrentaban exitosamente en las montañas afganas al poderoso Ejercito Rojo.
En septiembre de 1980 Irak lanzó una demoledora ofensiva sobre el centro y el sur del país fronterizo; las defensas de Khomeini se vieron desbordadas por la magnitud del embate y la manifiesta inferioridad en que se encontraban, agravada por el descabezamiento de la cúpula de oficiales experimentados realizada por las purgas de la revolución islámica, por su adhesión anterior a la dictadura del Shá, sobre todo en la fuerza aérea iraní.
La respuesta desesperada de Teherán fue convocar a más de cien mil reservistas, llamados Pasdarhan, Guardianes de la Revolución Islámica, que operando como soldados-mártires lograron frenar a los iraquíes abortando los sueños de victoria rápida de Saddam: los cronistas de guerra narran escenas espantosas de decenas de Pasardhan inmolándose ante el avance de los tanques iraquíes ú operando como “hombres-bomba” sobre las líneas enemigas.
El desarrollo de este conflicto produjo un incremento en el precio del barril de crudo, que alteró nuevamente a la golpeada economía occidental, encendiendo una luz roja para los analistas de Washington y Moscú. Las fuerzas iraníes, con el apoyo de guerrilleros kurdos del norte de Irak que luchaban por su independencia, se recuperaron de la sorpresiva ofensiva enemiga logrando recuperar territorios ocupados, Korramshar, Abadán y Mehram, y estabilizaron la frontera en los límites originales en menos de seis meses, é incluso comenzaron a infiltrarse del otro lado de la frontera.
Cuándo la ofensiva iraní amenazaba con penetrar exitosamente en territorio iraquí la CIA y el Depto. de Estado no dudaron en brindar apoyo militar, incluído armamento químico, alimentos, medicinas y valiosa información satelital encubierta a Bagdad, para evitar la extensión de la “revolución islámica” en la región; este inestimable auxilio de Washington le permitió a Saddam frenar a las tropas de Komeini y lograr un equilibrio bélico en la frontera para 1984.
La dinámica bélica posterior osciló entre ofensivas limitadas y desbaratadas de ambos oponentes, la utilización de trincheras y gases tóxicos, y ataques a las ciudades a través de mísiles que ocasionaban miles de victimas inocentes.
Más de un millón de muertos fueron los mudos testigos de esta “guerra sin vencedores” que acabó en 1988 sin grandes alteraciones territoriales, con las economías exhaustas y con una marcada agudización de la pobreza en ambos pueblos: la combinación de fanatismo religioso é intereses petroleros y estratégicos llevaron al infierno a aquellos fieles que fueron llamados al frente de guerra con la esperanza de acceder al paraíso anhelado.
El costo económico del conflícto superó los 300.000 millones de dólares.
El balance de la región luego del conflicto mostraba a un poderoso Irak, reforzado ahora por la novedosa tecnología bélica adquirida en Occidente, utilizada también en salvajes operaciones de castigo contra los “traidores” kurdos luego de la firma de la paz con Teherán, que lo transformaba en el tercer ejercito del mundo, lo que le permitiría tres años más tarde invadir al Emirato de Kuwait ante la desesperación de los norteamericanos que le habían enviado armas modernísimas para el conflícto fronterizo; por el lado iraní la posguerra será opacada por el impacto ocasionado por la muerte de Khomeini y la lucha interna por la sucesión del santulón de Quom, aunque nunca olvidaran el apoyo de EEUU a sus enemigos.
EL CONFLICTO DEL ATLÁNTICO SUR
En el frío otoño de 1982 los archipiélagos y mares del Atlántico sur serán mudos testigos del insólito enfrentamiento bélico durante 73 días de dos sólidos aliados de los Estados Unidos: la decadente dictadura del general Galtieri, encargada del entrenamiento de los Contras en América Central, y el muy desprestigiado gobierno conservador de Margaret Thatcher, el mejor socio europeo de Washington.
Ambas administraciones intentarán un resonante éxito externo que ocultase los fracasos en la política interna. El gobierno de Galtieri apostaba a llevar a cabo un desembarco militar exitoso en las islas Georgias y Malvinas que desalojaran a las escasísimas tropas británicas, destinadas a la defensa del fin del mundo”, para luego pedir a la O.N.U. su intervención que lograra una salida diplomática al centenario conflicto austral. En caso de una hipotética respuesta militar de Londres se recurriría a la mediación de los E. Unidos, que no se negaría en función del apoyo prestado por Buenos Aires en América Central a la “Cruzada contra el comunismo” que Reagan llevaba a cabo exitosamente.
El coherente análisis de la Casa Rosada se derrumbará cuándo la intransigente premier de Gran Bretaña se resista a digerir la afrenta provocada por los argies exigiéndole al gobierno de Washington el apoyo necesario para recuperar los territorios, y lograr el rédito político para conseguir la reelección anhelada. El Departamento de Estado comienza a elucubrar el modo de cumplir con el viejo aliado histórico sin perder prestigio hemisférico, en un contexto jurídico en que el T.I.A.R. lo obligaba a operar en sentido contrario.
Mientras tanto el 2 de abril de ese año 6000 soldados argentinos recuperaban los territorios perdidos en 1833, la respuesta inmediata de Londres fue despachar una poderosa flota con 5000 efectivos equipada con tecnología bélica de última generación dispuesta a abortar los proyectos de la Junta militar.
En el plano diplomático el bloque latinoamericano, encabezado por Perú, intentó sin éxito el logro de una salida pacífica que evitara el derramamiento de sangre. La intransigencia de Londres y el esperado giro de Washington hicieron fracasar definitivamente esta estrategia y abrieron la puerta a la resolución bélica del mismo.
En el terreno bélico el plan inglés consistía en hacer valer su superioridad tecnológica en el teatro de operaciones a través de bombardeos de gran altura, bloqueo naval y desembarco posterior, que culminara con un avance terrestre desde el estrecho de San Carlos hasta la capital malvinense. El apoyo de E. Unidos, que incluía precisa información satelital, se sumaba al chileno que ya había logrado la diplomacia londinense.
La estrategia argentina se asentaba en el exitoso accionar de la aviación y en el despliegue de una obsoleta defensa estática de Puerto Argentino, que se demostraría absolutamente ineficiente frente a las oleadas británicas.Luego de un mes y medio de combates terrestres y aeronavales la superioridad bélica británica y la pésima actuación estratégica del generalato argentino definieron la guerra en su favor; la única carta alternativa que podía haber jugado Galtieri era la solicitud de ayuda a Moscú, pero las limitaciones ideológicas propias de estas dictaduras fascistas y el desinterés soviético lo transformaba en irrealizable.
Mientras las tropas de Jeremy Moore avanzaban exitosa é inexorablemente hacia Puerto Argentino, Port Stanley, según Londres, el general Menéndez insistía en su estrategia defensiva “estática”, elaborada al comienzo del conflicto y sostenida en la hipótesis de un ataque marítimo enemigo sobre la capital malvinense.
Finalmente el 12 de junio las extenuadas tropas del general Menéndez se vieron cercadas y sin capacidad bélica para continuar resistiendo, por lo que tuvieron que rendirse a los británicos en forma incondicional: la Unión Jack volvió a flamear en Port Stanley. Galtieri fue depuesto por sus generales comenzando la salida electoral que llevaría a Alfonsín al poder y Margaret Thatcher logró la reelección tiempo después. Terminaba así la guerra que Borges nunca pudo explicarse.
ISRAEL INVADE EL LIBANO
Para comienzos de 1980 el mundo árabe tomaba conciencia del fracaso de la estrategia petrolera de la O.P.E.P., tendiente a presionar a Occidente con el aumento del precio del crudo para lograr el retiro israelí de las zonas ocupadas en la guerra del Yom Kippur. Los distintos gobiernos árabes no lograban acordar una política consensuada de apoyo a “la causa palestina”, limitándose a sostener económicamente a los habitantes de los campos de refugiados y a la sufriente población de los territorios ocupados por Israel en dicho conflicto.
El triunfo electoral de la derecha nacionalista, del Likud de Menájem Begin, en las elecciones hebreas de mayo de 1977 agravaba la situación regional postergando en forma indefinida el viejo anhelo árabe de “arrojar los judíos al mar”.
Ante la situación descripta el líder egipcio Anwar el Sadat, sucesor del mítico caudillo panárabe Nasser, decidió dar un golpe de timón en la tradicional política exterior de El Cairo planteando ahora la imperiosa necesidad de lograr un acuerdo de paz con el histórico enemigo israelí tendiente a recuperar la península de Sinaí.Ante la mirada incrédula del mundo árabe Sadat decidió “quemar las naves” visitando Jerusalem en 1977 para entrevistarse con el “halcón sionísta” M. Begin: en una histórica alocución en el Knesset, el parlamento israelí, lé propuso a sus enemigos ancestrales la paz en la región a cambio del retiro israelí de las zonas ocupadas desde la guerra.
El rechazo de Tel Aviv ni siquiera pudo ser revertido en diciembre de ese año cuándo el Premier Begin devolvió la gentileza al visitar la capital de los faraones, pero logró romper el hielo de la ancestral desconfianza entre ambos vecinos. De todos modos los proyectos de Sadat se concretarían al año siguiente en el marco del Acuerdo de Camp David, la finca de residencia veraniega de Carter en Maryland, que bajo el auspicio de Washington, instará a las partes a cesar el estado de guerra, comprometiendo a Israel a devolver en forma gradual la península del Sinaí a Egipto a cambio de poder navegar libremente por el canal de Suez. En forma imprecisa se auspiciaba la “creación futura” de un gobierno palestino autónomo en la Franja de Gaza y Cisjordania, luego de la retirada del ejercito israelí. Begín y Sadat recibirían en 1979 el premio Nobel de la paz, cómo reconocimiento al consenso logrado.
Los históricos aliados árabes de Egipto no aceptaron la política conciliadora de Sadat, expulsando a su país de la Liga Arabe, acusándolo de “traidor a la causa palestina” y condenándolo a muerte. Tres años después la custodia presidencial, imbuida de ideas fundamentalistas, asesinó al audaz líder en El Cairo durante una parada militar.
La dirigencia radicalizada de la Organización para la Liberación de Palestina (O.L.P.), liderada por Yasser Arafat, desde su exilio en Beirut utilizaba la frontera sur del Líbano para atacar territorios ocupados por Israel, ocasionando permanentes escaramuzas entre ambas fuerzas y generando pequeñas “operaciones de castigo” en territorio libanés por parte de las tropas de Tel Aviv sobre los “santuarios” de los palestinos en los campamentos de refugiados.
Begin aprovechó el impacto que produjo en El Cairo en 1981 el asesinato de Sadat, y la inexperiencia política de su sucesor Hosni Mubarak, para violar lo acordado en Camp David al anexarse las alturas del Golán, antiguo territorio sirio. La respuesta egipcia fue dar por terminada la aceitada relación con Israel y reconciliarse con el mundo árabe. En abril de 1982 Begin reintegró el último sector del Sinaí a Egipto, pese a la oposición de los sectores ultra nacionalistas que habían construido colonias a lo largo de la península, que tuvieron que ser demolidas por el ejercito, pero aplazó sin fecha el reintegro de Gaza y Cisjordania argumentando que la política agresiva de la O.L.P. en la frontera libanesa ponía en riesgo la seguridad de Israel; en forma paralela anudaba una secreta alianza con el sector falangista cristiano del Presidente Gemayel tendiente a intervenir activamente en la guerra civil desatada en Beirut desde 1975.
En este país la llegada masiva de refugiados palestinos de la O.L.P. en 1970, expulsados violentamente por el rey de Jordania, alteró el precario equilibrio interno entre los ricos cristianos maronítas y las masas campesinas de musulmanes pobres que se aliaron con sus “hermanos islámicos” en desgracia. En junio de 1982 numerosas tropas israelíes traspasan la frontera libanesa aplastando la desesperada oposición de la resistencia unificada de palestinos y musulmanes nativos y avanzan en forma veloz hacia Beirut, en donde sitian al mes siguiente a 6000 guerrilleros de Arafat.
El plan de Begin apuntaba a expulsar a los hombres de la O.L.P. del Libano, consolidar un gobierno cristiano en el sur del país y desalojar a las tropas sirias que apoyaban a la fracción islámica de la guerra civil. En este punto neurálgico la presión diplomática internacional logra frenar la ofensiva israelí en el sector oeste de la capital con la promesa de evacuar a los sitiados guerrilleros rumbo a Túnez. Mientras tanto el presidente Gemayel cae asesinado en septiembre de ese año, generando como venganza el desarrollo de una brutal matanza de más de 800 refugiados civiles por parte de los cristianos maronítas en los tristemente célebres campos de refugiados de Sabra y Shatila, ante la pasividad cómplice de los militares israelíes.
Estos aberrantes sucesos generan un notable repudio internacional que congela en forma definitiva la ofensiva hebrea, obligando a Tel Aviv a iniciar la retirada y a la dimisión del “cerebro” de la misma, el ministro de Defensa Ariel Sharon. De todos modos la mayor parte de los objetivos estratégicos estaban cumplidos, incluso logran establecer una zona desmilitarizada en la frontera con el Líbano que garantiza la seguridad futura del norte israelí.
Al concluir la operación y ante la certeza de la responsabilidad hebrea en las matanzas establecida por organismos internacionales el deprimido Premier Begin renuncia a su cargo y es reemplazado por Yitzhak Shamir. Tropas de Francia y E. Unidos enviadas a la región como mediadoras de los bandos en pugna sufrieron diversos atentados por parte de la organización radical Jihad Islámica, financiadas por Irán, en los que sufrieron más de 350 bajas.
Arafat ante la derrota sufrida en El Líbano ingresa en una etapa de aparente ocaso en el liderazgo de la causa palestina, potenciada por el forzoso alejamiento de su patria impuesto por Tel Aviv. Para fines de 1987 en los territorios ocupados surgirá una nueva generación dirigencia más radicalizada que decide enfrentar al ocupante israelí como una novedosa táctica, la Intifada ó guerra de las piedras en árabe, que consiste en utilizar jóvenes y niños en actitud de permanente hostigamiento al personal y vehículos enemigos.
La singular estrategia permitirá hacia el final de la década poner nuevamente en el tapete el conflicto central del Medio Oriente, aprovechando el desprestigio que sufrirá Israel ante las continuas violaciones a los derechos humanos sobre los jóvenes palestinos que la televisión occidental se encargará de llevar a la opinión pública. Para noviembre de 1988 el Consejo Nacional Palestino, reunido en Argel, decide crear un Estado Palestino integrado por los territorios de Gaza y Cisjordania, esta última cedida por el rey Hussein de Jordania, que estaban ocupados por Israel desde la guerra de los 6 Días. Con esta medida incrementó la presión diplomática sobre Tel Aviv, con la esperanza de obligarla a reiniciar las negociaciones. En los ’90 veremos la resurrección política del viejo caudillo palestino y el inicio de un enésimo acuerdo de paz entre estos enemigos ancestrales.
CHINA DESPUES DE MAO
En julio de 1976 el suelo chino se estremeció estrepitosamente en el mayor terremoto de su historia, que ocasionó más de 750.000 muertos; este sismo fue interpretado por muchos ancianos como el “negro presagio de los dioses” para un año que arrasaría además a dos de los mas reverenciados “padres fundadores” de la República Popular de 1949.
El 9 de septiembre de 1976 desaparecía en Pekín a los 82 años de edad el mítico “gran timonel” de más de 800 millones de chinos, Mao Tse Tung. Casi un millón de ellos acamparon durante varios días en la plaza de Tien An Men para despedir al anciano líder exhibido en un imponente sarcófago de cristal. Nueve meses antes había desaparecido su lugarteniente y compañero de ruta, el astuto Premier Chou En Lai.
Al llegar al poder Mao recibió un país en una situación social deplorable: Hobsbawn nos recuerda “el chino medio vivía con medio kilo de arroz ó cereales diarios, consumía menos de 80 gramos de té al año y adquiría un par de zapatos nuevos cada cinco años”; cuándo se despidió dejó tras de si un país mucho más justo y desarrollado: Se elevó al 96 % el índice de escolaridad, duplicó la esperanza de vida de la población, redujo sensiblemente el índice de mortalidad infantil, mejoró significativamente el suministro de vivienda, salud y ropa, aumentó el consumo promedio de calorías ingeridas por su población y elevó a China al rango de tercera potencia atómica mundial.
Con la desaparición de Mao y Chou el nuevo liderazgo se traspasaba al inexperto Hua Kuo Feng, mientras tanto la nueva situación encontraba al oficialista Partido Comunista fracturado en un ala izquierdista ,dirigida por la viuda de Mao, Jiang Qing, que se apoyaba en la “banda de los cuatro” que habían conducido la fracasada Revolución Cultural, y un sector derechista, encabezado por Deng Xiao Ping, que con el transcurrir del tiempo se mostraría como el más capaz para dirigir la transición.
Para octubre de ese año Deng logró que Hua se volcara a su favor encarcelando y juzgando a sus opositores: Jiang y su grupo fueron condenados a muerte en 1980, luego conmutada por la de cadena perpetua, con lo cuál el pleito interno quedaba definitivamente zanjado y expedito el camino para el inicio de la senda reformista que Pekín transitará en la década del ‘80 bajo la inspiración del nuevo delfín de China.
La nueva dirigencia comprendió rápidamente que los índices de crecimiento de la economía china estaban retrasados frente al Japón y a otros vecinos prósperos de la región, para no compararlo con los niveles de los inalcanzables países desarrollados.
Consideraban que los logros del maoísmo, pese a los enormes fiascos que también produjo, como la nefasta Revolución Cultural”, no alcanzaban para asegurar niveles de crecimiento anhelados para una gran potencia. La estrategia de Deng apuntó a la realización de una amplia reforma económica con medidas de “apertura capitalista”, que tomando algunos elementos “de mercado”, mantuvieran así mismo el control “central” del proceso económico en manos de la jerarquía del P.C.CH.
El sentido de estas reformas apuntaba a transferir y privatizar recursos desde el Estado hacia la más dinámica actividad privada, pero en la práctica nuevos grupos de intereses particulares se beneficiaron de ellas. Surgieron entonces fuertes desigualdades, expresadas en un desmoronamiento de la seguridad social, en el ensanchamiento de la brecha entre pobres y ricos, en el aumento de la desocupación y el éxodo de población rural a centros urbanos. Las lacras del capitalismo reaparecían en el horizonte chino.
Entre 1979 y 1984 en las zonas rurales se decidió aumentar el precio de los productos agrícolas para estimular el consumo y comenzó un ambicioso plan de desarrollo de la industria local y regional. Por un breve lapso mejoró la productividad agrícola, pero en el mediano plazo concentró enormes riquezas en pocas manos.
Desde 1984 en los centros urbanos se aplicaron una serie de reformas en las empresas estatales tendientes a otorgarles mas autonomía de gestión para optimizar su funcionamiento, lo que generó un aumento del desempleo, la consabida fusión de empresas y una mayor polarización social.
Este plan liberalizador produjo una legal, é ilegal, vía corrupción, transferencia de riquezas del dominio público a una pequeña minoría: los llamados “buscadores de renta”. La extensión para 1988 de estas medidas al comercio internacional, a través de “contratos” entre los diversos ministerios y empresas estatales con el exterior, generó un boom económico espectacular; su correlato fue el inicio de una inflación galopante y la consiguiente agudización de las desigualdades sociales para fin de esta década.
Para esta época surgió un nuevo sector de pobres y se incrementó la diferencia de ingresos entre las regiones “reformistas” y las del interior, que se mantenían “socialistas” dentro de la vasta geografía china. Como síntesis de las reformas de Deng se puede sostener que a lo largo de más de un quinquenio estas medidas elevaron notablemente la tasa de crecimiento del país, sobre todo en las regiones costeras, aunque generaron la paulatina reaparición de los típicos vicios del capitalismo en las tierras del Imperio Celestial: la prostitución, la pobreza y la violencia urbana que habían sido expurgadas por la República Popular desde 1949.
En el aspecto político se mantuvo inalterable el sistema de partido único y la intransigencia absoluta frente a cualquier tipo de apertura de sesgo liberal, pese a reducirse los excesos del maoísmo, como lo prueba la represión en 1987 al levantamiento nacionalista en el Tibet, fogoneado por el Dalai Lama desde su exilio hindú, y la matanza de cientos de opositores llevada a cabo por los tanques del Ejercito Rojo en la plaza de Tien An Men en junio de 1989 que puso fin a los reclamos estudiantiles de apertura política.
Un gran éxito en el plano diplomático y simbólico fue la firma de un tratado con la Gran Bretaña de Margaret Thatcher en 1984, que comprometía a Londres a la devolución de la colonia de Hong Kong, ocupada desde 1842, a cambio del respeto por parte de Pekín del sistema capitalista imperante en la ciudad-estado por un lapso de medio siglo.
Bajo el régimen especial de “un país, dos sistemas” las autoridades británicas se comprometieron a traspasar la soberanía de los 1076 km y más de 6 millones de habitantes de la zona a China para julio de 1997. Sobre esta base jurídica Deng comprometió también a Portugal en la devolución de la isla de Macao para 1999 y soñó con restituir Taiwan a la “madre patria” para el nuevo milenio
ESPAÑA: DEL GOLPE AL SOCIALISMO
El gobierno de Adolfo Suárez había timoneado exitosamente la transición pos franquista logrando que los sectores más duros del antiguo régimen aceptaran la amplia amnistía, que liberó a cientos de presos políticos, los acuerdos de gobernabilidad con el opositor Partido Socialista, la convocatoria a elecciones legislativas, la aprobación en 1977 de una moderna Constitución, el inicio de una auspiciosa reforma militar, la muy compleja legalización del Parido Comunista de Santiago Carillo, resistida por los nostálgicos del Generalísimo. Estos resonantes éxitos le permitieron triunfar en las elecciones parlamentarias de 1977, liderando a la Unión de Centro Democrático (UCD), derrotando al PSOE del ígnoto político andaluz Felipe González.
Durante este período Suárez logró sentar las bases del “Estado de las autonomías”, que inició la solución al problema regionalista catalán y vasco, pero no pudo solucionar la problemática del terrorismo de la ETA en el país vasco, este grupo triplicó su accionar en esta etapa. En 1979 las nuevas elecciones le otorgaron una victoria ajustada, pero comenzó allí su ocaso político al combinarse la lentitud en la solución de la situación económica y el lógico desgaste de un político que había brindado todo lo esperable de él: el 29 de enero de 1981 dimitió en forma irrevocable.
El 23 de febrero de ese año mientras el Congreso elegía al sucesor de Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, irrumpieron en el histórico edificio 300 militares al mando del teniente coronel Antonio Tejero dispuestos a secuestrar a los diputados é iniciar el primer golpe de estado de la España de fin de siglo. Este intento contaba con el apoyo del Capitán General de la región de Valencia, Milans del Bosch.
Estos recalcitrantes oficiales representaban al sector duro del ejecito y de la Guardia Civil que aprovechaba la conmoción política ocasionada por la renuncia de Adolfo Suárez para dar el golpe definitivo, ya se habían producido dos intentonas fracasadas en 1975 y 1982, a la “democracia disolvente” que entregaba España a “los brazos de los vencidos de la guerra civil.”La firme actitud del Rey Juan Carlos Iº , la lealtad de la cúpula militar, la movilización de los partidos democráticos y de la sociedad española lograron frenar el golpe obligando a la rendición de los amotinados.
La gestión de Calvo Sotelo se destiñó entre 1981 y 1982 abriendo la puerta al triunfo electoral socialista en octubre de ese año, con lo que la izquierda desplazaba a la derecha del poder luego de 43 largos años. España cerraba así un ciclo iniciado en 1975 con la muerte del “Caudillo por la gracia de Díos.”
El triunfo electoral de Felipe González le permitió al socialismo adjudicarse 206 escaños en el Congreso, frente a los 102 de la oposición de derecha y solamente 5 del comunismo. Con esta mayoría automática logró la aprobación de leyes progresistas, como la abolición de la censura, la legalización del divorcio, la despenalización del aborto y algunas otras que enterraban para siempre el pasado franquista é integraban a España a la “Europa democrática y civilizada”.
En el plano económico el gobierno expropió rápidamente el cuestionado holding Rumasa é inició una política salarial que si bien no contentó a los sindicatos, el socialista UGT y el comunista Comisiones Obreras, logró disminuir el desempleo y elevar sensiblemente el nivel de vida de la sociedad.
En política exterior se produjo un giro copernicano en los viejos ideales pacifistas del partido socialista al ingresar en la OTAN, a despecho de la prédica electoral de Felipillo, argumentando que ese era el precio para ingresar al mundo desarrollado, aunque lo hizo ratificar por un exitoso referéndum. Un gran éxito logrado por este heterodoxo político fue el ingreso de su país a la Comunidad Económica Europea, el 1º de enero de 1986, que le auguraba un futuro económico promisorio y que le permitió imponerse en las elecciones de ese año, asegurándose cuatro años en la Moncloa.
Como conclusión se puede afirmar que, renunciando a históricos principios ideológicos del socialismo, Felipe González logró consolidar el proceso democrático en España y mejorar sensiblemente la calidad de vida de sus ciudadanos, no se le pueden atribuir los mismos éxitos en la lucha contra el terrorismo de ETA.
EUROPA EN LOS ‘80
La profunda crisis económica que sufre este continente a mediados de la década anterior, ocasionada por el impacto alcista del boom petrolero y el agotamiento de los fordistas “30 gloriosos”, se tradujo en una cuadruplicación de la inflación, una triplicación de los índices de desempleo y una acentuada declinación general evidenciada por todas las variables económicas, que ocasionaba un malestar general. Luego de dos períodos de recesión aguda, 1973/4 y 1979/83, después de una era de crecimiento sin precedentes, recién en los últimos años de la década la inflación retrocedió y las finanzas se estabilizaron.
Dentro de este contexto las economías de Alemania y Francia marcharon a la cabeza del continente, un escalón más abajo se situaron Italia y Gran Bretaña, aunque en el caso inglés dejara terribles huellas en el tejido social la aplicación de políticas thatcheristas, mientras que España progresó notablemente con su ingreso a la CEE
En el plano agrario se visualiza el mayor logro de la economía europea, que pasó de una limitada producción para el consumo en la inmediata posguerra a transformarse en un sólido competidor de EEUU, Canadá y Australia. El éxito de la misma obedece a la puesta en marcha de la acertada Política Agraria Común (PAC), que a través de medidas de raíz proteccionista garantizaron el negocio de las carnes, la leche y los cereales en el viejo continente para los productores primarios. Naturalmente que la PAC perjudicaba a los tradicionales proveedores de productos agrarios, del Tercer Mundo, agravando sus economias.
De todos modos el aceitado mecanismo de consolidación de la Comunidad Económica Europa, acelerado durante esta década, permitió a esta región del mundo ir conformando un “mercado de 320 millones” en condiciones de posicionarse en un nivel potencial similar al de Japón y los EEUU. Para 1985 se logra un gigantesco paso en esa dirección al acordar la “Europa de los 12” un estricto cronograma tendiente a consolidar la “Unión Europea” en un plazo de 7 años, que se asentaba en las llamadas “cuatro libertades”: circulación sin restricciones de capitales, servicios, manufacturas y personas. Naturalmente que el proteccionismo regional era la política realmente aplicada tras la fachada “liberal” de las mismas. Para 1986 se firma el Acta Única Europea, que garantiza la definitiva unidad económica continental para fines de 1991.
En el plano político la gran novedad continental de la década fue el acceso al poder del Partido Socialista en Francia en 1981, de la mano de Mitterrand, quien durante el primer bienio desarrolló una política de reactivación económica basada en aumentos saláriales, reducción de la jornada laboral y la nacionalización de grandes bancos y conglomerados industriales galos.
Los índices económicos demostraron el fracaso de estas políticas, lo que produjo el “golpe de timón” de 1983 que llevó a París a implementar la llamada “modernización económica” y el lanzamiento de la “tercera revolución industrial” que consistía en adoptar rígidamente el ideario neoliberal, que campeaba orgulloso desde la otra orilla del canal de La Mancha.Este llamado giro ideológico “realista” del socialismo francés sería el primero de una larga serie de “travestismo” político que desde la segunda mitad de la década hasta la actualidad inundarán las páginas de la política europea y mundial: el “pensamiento único” comenzaba a rendir sus frutos.
En la Gran Bretaña las políticas “de mercado” desarrolladas por el Partido Conservador, de Margaret Thatcher, consiguieron reducir al 5% la inflación anual, al 6 % la desocupación y elevar el PBI en un 4% transformando nuevamente en “competitiva” la economía insular tras dos décadas de decadencia. La otra cara de estas medidas fue la pauperización de las clases bajas, sobre todo los inmigrantes de color, y paulatina desaparición del “Welfare State” en su tierra de origen, luego de doblegar a poderosos sindicatos, ej. Los mineros, que tan magistralmente se narra en la película “Tocando el viento”.
En el gobierno de Thatcher se producirá en mayo de 1981 la muerte del activista del IRA Bobby Sands, quien llevó a cabo 66 días de huelga de hambre en una prisión británica en el Norte de Irlanda en demanda del rango de “prisioneros de guerra” para los nacionalistas irlandeses encarcelados por Londres. La falta de respuesta a este pedido demostraba que “la dama de hierro” era absolutamente intransigente en sus posturas, aunque se tratara de la vida de este joven de 27 años, que llegó a ser electo diputado estando en prisión.
Para esta década se produce un marcado ascenso de los grupos ecologistas, que reflotando las ideas del naturalista alemán E. Haeckel, creador del término Ecología en el siglo anterior, abogan por un cuidado de la naturaleza amenazada por el impacto producido por más de 200 años de industrialismo.
El desastre de Chernobyl y la amenaza de utilizar el escenario europeo para dirimir la muy anunciada y no menos temida “guerra nuclear” entre Moscú y la OTAN reafirmaron la fuerza de los “partidos verdes”, que incluso llegaron a ingresar a los parlamentos d e Alemania, Holanda, Suecia y Austria.
Los ideales nacionalistas, y hasta separatistas en casos extremos como el vasco y el norte de Irlanda, comenzaron a despuntar en esta década en Europa preanunciando el estallido que se producirá a partir de 1990 como consecuencia de la implosión del bloque socialista.
Así mismo el ascenso del endémico terrorismo continental, sobre todo a través del IRA y de ETA, y la nueva problemática planteada por la complicada asimilación de los millones de inmigrantes de color que ingresaban como nueva fuerza laboral completaran el nuevo paisaje de la Europa Occidental durante este período.
Mientras tanto Europa Oriental en esta etapa continuó el preocupante derrotero soviético bajo Breznev y sus sucesores. La incapacidad por parte de la dirigencia socialista para realizar exitosas reformas políticas y económicas, que detuvieran la debacle, se agravó por la política de endeudamiento descontrolado que puso a los estados del Pacto de Varsovia al borde del colapso financiero para la segunda parte de los ’80.
La contracción del mercado soviético para esta etapa, que actuaba como receptor casi monopólico de las exportaciones del área, agudizó aún más la situación y que prácticamente diluyó el papel del Comecon, organismo de integración de la Europa Socialista, con lo cuál el colapso económico inminente preanunciaba la implosión del sistema vigente en el este del continente.
Esta década en el plano político verá la desaparición del líder albanés Enver Hoxha en 1985, considerado como el último stalinista ortodoxo, quien condujo su empobrecido país con mano férrea durante cuarenta años. Su gran mentor, el libertador y consolidador de la unidad de la Yugoslavia moderna Josip Broz, Tito, que apoyó a las guerrillas albanesas que luchaban contra Mussolini, había fallecido cinco años atrás; dejando tras de sí un próspero estado socialista, que se había distanciado de Moscú, pero también un conflicto étnico futuro que haría estalla en mil pedazos la creación del Mariscal en 1946.
Al año siguiente será asesinado en las calles de Estocolmo el Premier sueco Olof Palme, tradicionales defensor de los derechos humanos y de los exilados latinoaméricanos en su país. La falta de esclarecimiento del magnicidio dejó sin confirmar las hipótesis de los medios periodísticos referidas a un supuesto complot organizado por la CIA estadounidense ó la DINA de Pinochet.
AMERICA LATINA: LA DECADA PERDIDA
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) caracterizará a este decenio como “década perdida”, en función de una situación macroeconómica que evidenciaba un crecimiento exponencial de la deuda externa, un marcado estancamiento del P.B.I., una dramática caída de los niveles de inversión y un significativo desmejoramiento de los indicadores sociales. De esta manera la década del ’80 dejó pasar una interesante oportunidad de resolver los ancestrales problemas socioeconómicos de la región.
Todo comenzó cuándo la banca occidental, que contaba con un enorme stock de petrodólares, volcó una oferta descontrolada de préstamos “baratos” hacia las economías latinoamericanas en el lustro 1975/80. Este irresponsable proceso de endeudamiento regional va a condicionar toda la economía del hemisferio, agudizando los sempiternos problemas estructurales de subdesarrollo, al requerir por parte de los acreedores la aplicación de políticas neoliberales que van a agudizar la caída de los niveles de calidad vida de la otrora ascendente clase media y de los históricamente marginados sectores populares; incluso no podrán evitar la cesación de pagos de algunos estados de la región: México, Brasil y Argentina no podrán seguir honrando los compromisos de la deuda externa.
Las secuelas de las políticas de ajuste estructural en la región provocaran un alza de los niveles de precarización del empleo, una disminución de la estabilidad laboral, una constante terciarización en las tareas productivas, un incesante aumento de la población urbana que potenciará el hacinamiemnto en los barrios marginales asentados en los suburbios de las grandes ciudades, una fuerte perdida del empleo público, una disminución salarial del 24 % y un marcado descenso en la inversión bruta global.
El especialista argentino Julio Godio señala “Para 1990 el 20% de las poblaciones de América Latina captura el 80% de los ingresos, mientras que las masas populares solo reciben el 20% restante”. “La respuesta de las elites a la pobreza urbana y rural ha sido hasta ahora el aumento del control social y de la represión, sin plantear alternativas de desarrollo social”.
Luis Vitale ratifica esta realidad al señalar que América Latina triplicó el endeudamiento externo en la década, orillando los 500.000 millones de dólares para 1989, en solo dos años (1983/4) giró al exterior 77.000 millones de U$D, invirtió el 35% de los ingresos de sus exportaciones para dicho pago, se redujo a la mitad el PBI, se endeudó a cada latinoamericano en casi 1000 dólares y la inflación se elevó a más del 600 % anual.
Para octubre de 1985 en una convención del F.M.I. en Seúl el Secretario del Tesoro estadounidense, James Baker, anuncia la decisión de su gobierno de apoyar un plan de ayuda financiera diseñado por los bancos acreedores que consiste en el envío de 29.000 millones de U$D a lo largo del trienio 1986/8 a los países latinoamericanos endeudados para refinanciar un 30% de los intereses de la deuda.
Este “Plan Baker” obligaba a estos países a llevar a cabo una serie de reformas económicas dirigidas a recortar el gasto público, favorecer el ingreso de capitales extranjeros y eliminar todas las trabas para las operaciones financieras. La aceptación de esta propuesta, criticada fuertemente por sectores locales alejados del neoliberalismo, condicionará el futuro de la economía de la región y solamente servirá para potenciar las importaciones de los países centrales y reforzar la endeble solidez de los “papeles de la deuda” latinoamericanos en manos de acreedores en el primer mundo, por lo menos hasta la próxima crisis...
En el plano político muchas de las desgastadas dictaduras del hemisferio, que se habían enseñoreado por la aplicación de la Doctrina de la Seguridad Nacional en la década anterior, cedieron paso a gobiernos democráticos débiles que deberían hacer frente a la siniestra herencia dejada como “presente griego” por los Centuriones formados en la Escuela de Las Américas.
Para 1989 el economista estadounidense John Williamson, utilizando las recomendaciones del think tank de la “era Reagan”, elaboró las ideas fuerza del “Consenso de Washington” para aplicar en América Latina en la próxima década, avalado por el Banco Mundial, el Bid, el FMI y el Comité de la Reserva Federal de Estados Unidos.
Ellas sustentaban el ingreso al “paraíso de crecimiento y desarrollo” prometido por la utopía neoliberal, a través de la renuncia definitiva a la etapa de sustitución de importaciones y la consiguiente apertura económica; “el Estado mínimo” debía asegurar la democracia como primera condición política del modelo a desarrollar. Naturalmente que las secuelas de la aplicación de estos “consejos del primer mundo” agravarán hasta lo indeciblela situación socioeconómica de la región y vaciarán de legitimidad a sus sistemas políticos; pero este análisis excede los límites cronológicos del presente trabajo
Para conocer lo acaecido en esta década en la región desarrollaremos primeramente el devenir de Latinoamérica en este período a través del análisis del llamado “Patio Trasero” de la misma, es decir México y la cuenca del Mar Caribe; para luego pasar revista a la situación global de la América del Sur en esta etapa.
A) EL PATIO TRASERO
En el plano político la década se iniciara, en esta tradicional zona de influencia de los Estados Unidos, de manera trágica al reprimir sangrientamente la policía guatemalteca una ocupación pacífica por parte de campesinos de la embajada española en la capital de dicho país, que ocasionará 39 muertos entre españoles y nativos. Dos meses más tarde sicarios de la oligarquía salvadoreña asesinan al Arzobispo Romero, un emblemático cuestionador de la sistemática violación de los derechos humanos por parte de grupos paramilitares afines a los tradicionales intereses cafetaleros; además en las ceremonias fúnebres del magnicidio la policía local reprime a los asistentes, ocasionando 40 muertos.
Para ordenar los principales acontecimientos sucedidos en esta década vamos a proceder a una recorrida regional, que dé cuenta de las particularidades propias de cada zona que se integran en un marco global clarificador. Este tour histórico lo iniciaremos por el México de López Portillo, quien aprovechando el alza internacional del precio del crudo desarrolló una política combinada de alto endeudamiento y desmedida expansión del gasto público que elevó significativamente los parámetros del crecimiento económico, 8% anual para el período 1976/82, mejorando la calidad de vida de la población, aunque elevó el endeudamiento nacional.
El desarrollo de esta política generó una incontrolada inflación, que licuó parte del crecimiento logrado y obligó al gobierno a nacionalizar la banca y al control de cambios, en un contexto de duplicación del valor del dólar. Su sucesor, el Licenciado Miguel de la Madrid, recibió un país con un elevado nivel de endeudamiento externo, que había pasado de 38.000 millones de dólares en 1979 a casi 78.000 millones para 1982. El desplome del precio del petróleo al comenzar la década agudizó el problema del pago de los servicios de la deuda, lo que generó para agosto de ese año la imposibilidad de cumplir con los servicios de la misma.
La “crisis de la deuda mexicana” alarmó profundamente a los acreedores al poner en la picota el alocado sistema de préstamos para el Tercer Mundo en los ‘70, y amenazando con la extensión del fenómeno a Brasil ó la Argentina, que también habían duplicado su nivel de endeudamiento.
Por estos motivos se puso en marcha un apresurado “salvataje de México” a través de una línea de préstamos de 3.000 millones de dólares por parte de los Estados Unidos, que quería evitar por motivos estratégicos el estallido económico de este país fronterizo, pero que obligaba a de la Madrid a establecer un ortodoxo ajuste de perfil neoliberal.
Las secuelas del mismo enterraron definitivamente el desarrollo económico anterior y hundieron a la clase media y baja azteca en la pobreza y la desesperanza; así mismo la dinámica de esta situación anticipó la crisis general que se apoderaría de la región y que daría motivos a la CEPAL para hablar de “década perdida”.
Para colmo de males el 19 de septiembre de 1985 un terrible terremoto asola el Distrito Federal de México ocasionando más de 4.000 muertos, decenas de miles de heridos y un sinnúmero de daños materiales. Lógicamente los sectores populares serán los que más demandarán ayuda del estado, además de la enviada por varios países.
La década del ’80 en México concluirá con las serias sospechas de la consumación de un nuevo fraude electoral, a la que el oficialista PRI estaba acostumbrado a realizar, en las elecciones de julio de 1988 donde el candidato “del régimen” Carlos Salinas de Gortari, el sucesor “designado” del presidente de la Madrid, derrotó en forma sospechosa al opositor de izquierda Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del mítico general, y al liberal Clothier.
Esta nueva contienda electoral mostrará como escenario político novedoso el indiscutible triunfo del P.R.D. de Cárdenas, pese al manejo de los guarismos por parte del gobierno, y la emergencia de un sólido y de auspicioso futuro partido de derecha que llegará al poder en el próximo decenio: la sólida hegemonía del PRI, que comenzó hacia 1929, empezaba a desmoronarse en la tierra de Pancho Villa.
Para abril de 1980 la Embajada peruana en La Habana será ocupada por miles de opositores al castrismo, que solicitan la libre emigración a La Florida. Castro aprovecha la situación para “sacarse de encima” a más de 125.000 cubanos, a los que consideraba “indeseables para la Revolución”, que incluía a presidiarios, homosexuales, enfermos y disidentes varios. La reacción de Carter ante el aluvión migratorio de “los Marielítos” es poner una serie de trabas al mismo, pese a tener que desdecirse de “la calurosa recepción para los que huyen del comunismo” que su país aplicaba desde 1959, dados los problemas sociales que tal número de “amantes de la libertad” generaba para Washington.
Cercana a Cuba la República de Haití presenciará en febrero de 1986 la caída del dictador sangriento Jean Claude Duvalier, heredero del cruel Papa Doc, quien monopolizó el poder a lo largo de quince años, a través de una estudiada operación política y militar de la CIA. De todos modos los grupos internos leales al dictador derrocado, los Tonton Macoutes, la guardia pretoriana de los Duvallier, y los militares le pusieron una serie de obstáculos a la transición a la democracia impidiendo el acceso pleno al poder del candidato opositor triunfante.
El sacerdote Jean Aristide, con un discurso propio de la católica Teologia de la Liberación, asustaba al arcaico establishment haitiano y a los estrategas de Washington que abogaban por la finalización de las dictaduras, que tanto servicio le habían prestado a E. Unidos en el pasado, y la llegada al poder de gobiernos democráticos moderados en la región en los ’80. Durante los últimos cuatro años de la década la Embajada norteamericana piloteará la transición haitiana, que culminará en enero de 1990 con el triunfo electoral de Aristide.
La situación de la América Central continental de la década de 1980 transcurría en el marco del enfrentamiento ya señalado entre el establishment nativo pro estadounidense y el sandinísmo, apoyado por sus aliados de la insurgencia salvadoreña y de otros grupos rebeldes regionales.
Justamente en Managua para septiembre de 1980 se recibirán jubilosamente las noticias provenientes desde la cálida Asunción que confirmaban el asesinato del odiado dictador Anastasio Somoza, exilado en la capital guaraní, por parte de un comando guerrillero del argentino Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP) infiltrado en el Paraguay de Stroessner, dirigido por el Capitán Santiago (Hugo Irurzún). La operación ideada por Gorriarán Merlo, que costó la vida a Irurzún, provocó una gran preocupación en la Junta Militar porteña ante la arriesgada operación del ERP en la frontera noreste del país; el descrédito internacional de la misma se agravará para fines de este año cuándo el arquitecto Pérez Esquivel, detenido y torturado por el régimen, sea galardonado con el premio Nobel de la Paz en homenaje a la labor de su “ Servicio Paz y Justicia” que realizaba una acción paralela a la de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en la denuncia internacional del genocidio de Videla y sus acólitos.
La buena nueva recibida en Nicaragua se oscureció rápidamente ante la ruptura de Eden Pastora, el mítico Comandante Cero, con la Junta Sandinista gobernante. Si bien Pastora no se pasará directamente a las filas de “los Contras”, punta de lanza de la estrategia de Washington en la región, la divergencia con sus antiguos compañeros de ruta ocasionarán un costo político para Ortega y su equipo gobernante. Pastora sufrirá un terrible atentado en su campamento guerrillero de La Penca, en el sur nicaraguense, organizado por el ministro del Interior Tomás Borge y ejecutado por los hombres de Gorriarán Merlo para mayo de 1984, del que salva la vida milagrosamente.
El conflicto centroamericano transcurrirá hasta 1987 por los senderos trazados por el accionar encubierto de la CIA a través de los Contras, las costosas operaciones defensivas del ejercito sandinista, las infructuosas ofensivas del Frente Farabundo Martí que no logran tomar el poder en El Salvador y las indiscriminadas matanzas de campesinos y opositores en Guatemala y Honduras. En este contexto la miseria y el hambre se enseñorean en la región, mientras no se encuentra una salida negociada a esta situación de empantanamiento que amenaza con transformar a América Central en un escenario de conflicto eterno.
Para este año el Presidente costarricense Oscar Arias presenta una propuesta de solución definitiva para la región, que le permitirá ganar el Premio Nobel de la Paz, consistente en una generosa amnistía política, un cese en las operaciones bélicas y el llamado futuro a elecciones. Pese a la oposición de los E. Unidos, los mandatarios de Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala deciden firmar en Esquipulas (Guatemala) el llamado Plan Arias en agosto de 1987, con lo que se pone en marcha el proceso de pacificación definitiva para la región que era avalado por la Unión Europea y los principales líderes sudamericanos.
La derrota electoral del Sandinismo en febrero de 1990, a manos de Violeta Chamorro, diluirá en forma ostensible la conflictividad regional, dando paso a un amplio proceso de democratización que no alterará las bases de la estructura socioeconómica de América Central perpetuando los niveles de pauperización de las masas campesinas.
En el istmo de Panamá el líder nacionalista General Omar Torrijos moría en forma sospechosa en un accidente aéreo en 1981, lo que le permite llegar a la comandancia de la Guardia Nacional, y por lo tanto al control del país, a su sucesor el general Manuel Noriega. Este controvertido personaje desarrollará una política exterior de tono crítico para con la política hemisférica de Washington, mientras en forma secreta se enredaba en turbias negociaciones y funcionales con los intereses de la CIA entre las cuáles la triangulación del tráfico de drogas lo tenía como uno de los principales accionistas.
En una poco explicitada aún “Operación Causa Justa” el presidente George Bush ordena para diciembre de 1989 el desembarco en Panamá de una fuerza de ocupación de 25.000 efectivos dispuestos a deponer a Noriega y extraditarlo a territorio estadounidense para ser juzgado por tráfico de estupefacientes, donde será condenado a 40 años de cárcel, a un costo de más de 500 panameños muertos y un sinnúmero de daños materiales.
Aparentemente algún “cortocircuito” entre Noriega y la CIA ó algún intento del panameño de “independizarse” en el manejo del narcotráfico regional, en el cuál estaría implicado el general cubano Ochoa, fusilado luego por orden de Fidel Castro, habrían determinado el viraje de EEUU respecto de su antiguo aliado.
B) SUDAMERICA
El Departamento de Estado al analizar la situación política y económica existente en el sur del continente para fines de la década del ’70 sostiene que las dictaduras militares, a las que habían ayudado a acceder al poder, no presentaban ahora un horizonte confiable para el diseño hemisférico de los Estados Unidos.
El severo problema planteado por el excesivo endeudamiento regional y el aniquilamiento del accionar de los grupos insurgentes en la zona convencieron al gobierno de Reagan de la necesidad de dar por finalizado el ciclo de las dictaduras militares, iniciando un vasto proceso democratizador que garantizara la impunidad de los responsables del genocidio de 50.000 opositores y el mantenimiento de los nuevos gobiernos democráticos dentro de la esfera estratégica norteamericana y de los parámetros económicos fijados por el FMI.
En Venezuela se mantenía la estabilidad democrática, consolidada por el Pacto de Punto Fijo (1960), que asegurando la alternancia de la social democrática Acción Democrática y el social cristiano COPEI en el poder le daba al país una imagen de solidez política atípica para la región. Este gran exportador de petróleo se había beneficiado enormemente por el alza mundial del precio del crudo, entre 1975 y 1983 percibió más de 100.000 millones de dólares, con los que financió durante la presidencia de Carlos Andrés Perez (1974/8) un gigantesco proceso de crecimiento económico que permitió elevar considerablemente el nivel de vida popular.
De todos modos el alto nivel de endeudamiento de la región también afectó a Caracas, que entre 1976 y 1985 llegó a cuadruplicar su deuda externa, sugestivamente un monto similar registraban los depósitos de particulares venezolanos en los bancos de EEUU.
Cuándo se produjo el descenso internacional de los precios del petróleo hacia 1982 la economía del país sufrió una severa crisis que abortó el sueño de una “Venezuela Saudí”, obligando al presidente Jaime Lusinchi (1984/8) a aplicar un severo ajuste que recayó en los sectores más humildes del país a lo largo de toda la década.
Para diciembre de 1988 Carlos A. Pérez volverá a la presidencia del país al derrotar al oponente del COPEI, Eduardo Fernández, en los comicios de ese año. Pérez logrará el éxito electoral a través de la positiva imagen dejada en su anterior gestión durante el boom petrolero, aunque ahora heredaba una pésima situación socioeconómica mediatizada por los más de 32.000 millones de U$D de deuda externa.
La vecina Colombia transcurrió el decenio de los ’80 a través de las presidencias alternadas de Conservadores y Liberales.El país mantuvo su tradicional base agraria con un gran incremento del sector cafetalero, superando al Brasil como primer productor mundial; en las recónditas selvas tropicales los “barones del narcotráfico” aprovecharán las ventajas naturales para multiplicar la producción de cocaína, que en general se envía a través de América Central en forma clandestina al ávido mercado estadounidense, para consolidar poderosos “Cártels de la droga” que monopolizan este multimillonario negocio: Pablo Escobar Gaviria, con su cártel de Medellín se transformará en el símbolo de estos poderosos grupos.
En muchos casos estos cártels rivalizarán entre sí, en este caso entre el de Medellín y el de Cali, generando horribles matanzas entre sus respectivos sicarios
En las zonas rurales colombianas la guerrilla de las FARC, establecidas desde dos décadas atrás, disputaban al gobierno el control de la región, mientras los grupos paramilitares, sostenidos por los terratenientes, causaban estragos entre la población campesina. En las grandes urbes la violencia crecía descontroladamente al sostenerse en verdaderas mafias, que generaban pingües ganancias mientras bañaban de sangre a toda la sociedad.
Para noviembre de 1985 el grupo insurgente M-19 se apodera en forma violenta del Palacio de Justicia de Bogotá en demanda de la liberación de guerrilleros detenidos y de la reanudación del proceso de paz con las autoridades. La respuesta del gobierno fue la de autorizar la toma del edificio por parte del ejercito, lo que provocó la liquidación del comando ocupante y la muerte inocente de varios magistrados. Cinco meses después el líder del M-19, Alvaro Fayad, caía bajo las balas policiales en las calles de Bogotá ocasionando el desmantelamiento del grupo.
El accionar violento de las guerrillas y el narcotráfico, en un contexto de gran marginalidad social generada por la elevada desocupación, y una progresiva disolución del poderío del Estado, infectado de corrupción, nepotismo y venalidad, ocasionará un incremento de la violencia urbana que elevará enormemente los niveles de criminalidad de Bogotá y de las mayores ciudades colombianas.
En el plano económico la duplicación del nivel del endeudamiento externo, el avance de la espiral inflacionaria y los consiguientes periódicos ajustes instrumentados por el gobierno aumentaron los niveles de pobreza, que agudizaron de esta manera la problemática de la violencia urbana y rural.
Esta violencia también abarcó el plano político al manifestarse en el asesinato de tres candidatos presidenciales para los comicios de 1990: el liberal Carlos Galán, el comunista Bernardo Juramillo y el líder del grupo guerrillero M-19, insertado ahora en el proceso democrático, Carlos Pizarro. En estos sangrientos comicios César Gaviria, del partido liberal, se alzó con el triunfo; en los mismos se destacó el ingreso de 19 diputados del partido creado por los insurgentes del M-19 al Parlamento nacional.
En el Ecuador la situación política y socioeconómica vivenciada en esta década no se diferenciará sustantivamente de la desarrollada en toda la región, con el agravante de la duplicación de la deuda externa, pese al alza de los ingresos petroleros que se eleva a más de 11.000 millones de U$D para 1988 y la consiguiente degradación en los niveles de pobreza y marginalidad de la población.
Como suceso relevante es digno de mencionar el secuestro en enero de 1987 del presidente socialcristiano León Febres Cordero, por parte de paracaidistas leales al detenido general Vargas Pazos, quien fue finalmente liberado luego de una trabajosa negociación. Para mayo de 1988 el candidato socialdemócrata Rodrigo Borja triunfa en los comicios para renovar al presidente, al derrotar al ascendente candidato populista Abdalá Bucaram, asumiendo la conducción de su país en el final de esta década.
El Perú milenario recibe a los ’80 con el retorno a la democracia, luego del agotamiento de la etapa del general Morales Bermúdez en el marco de la “Revolución Peruanista” de Velazco Alvarado, con la llegada al poder del sempiterno político centrista Fernando Belaúnde Terry.Durante su mandato (1980/5) el Perú agudiza la pésima situación económica heredada de su antecesor, agravada ahora por el estallido inflacionario típico de la región en esta época.
Para comienzos de 1980 desde Los Andes profundos, región de Ayacucho, comienza a operar el grupo insurgente Sendero Luminoso, extraño producto de la mixtura ideológica que realiza su creador el profesor Abimael Guzmán al combinar aspectos del ortodoxo ideario maoísta con una serie de ancestrales pensamientos milenaristas de raíz incaica, en acciones de gran violencia que afectan a las comunidades campesinas. La represión militar toma como modelo la llevada a cabo por la Junta militar argentina, incluso llegan asesores porteños a Lima, transformando a las zonas rurales del país en un verdadero infierno en el que los campesinos se encuentran entre dos fuegos.
La pésima gestión de Belaúnde Terry, que duplica el endeudamiento externo y agudiza las problemáticas sociales de los peruanos concluye para 1985, entregándole el poder a Alan Garcia candidato triunfante de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) en las elecciones, quien se dispone a aplicar una plataforma socialdemócrata en lo interno y de no - alineamiento en política exterior.
La experiencia aprista tuvo un bienio exitoso, en función de la aplicación de medidas expansivas del gasto público que elevaron moderadamente el nivel de vida de la población, durante esta etapa Alan Garcia llegó a romper los lazos con el FMI dejando de pagar la pesada deuda externa, aduciendo la incompatibilidad del cumplimiento de la misma con las pautas de crecimiento fijadas por su gobierno.
A partir de 1988 el gobierno perdió el rumbo económico, al no profundizar las reformas anteriores y mantener intactas las estructuras de la ancestral dependencia peruana, y el país ingresó en una oleada inflacionaria que agudizó la situación de los sectores sumergidos. A este marasmo económico se le agregó un quinquenio de violento accionar guerrillero por parte de Sendero Luminoso y del Movimiento insurgente Tupac Amarú, que para esta etapa operaba en Lima y otras grandes ciudades, que fueron contestadas por accionares genocidas por parte de las fuerzas armadas y grupos paramilitares financiados por la clase alta peruana, con un costo de 30.000 muertos y daños pérdidas materiales por 25.000 millones de dólares.
En este infernal contexto político, descreimiento popular en la clase política, social, multiplicación de los miserables “pueblos jóvenes” en las grandes urbes, económico, 8.000 % de inflación para 1989, y de seguridad, el accionar insurgente estaba en pleno auge, los partidos tradicionales, acusados de corrupción é inacción ante el desbarranque de la crisis, sufrieron un rápido proceso de erosión de sus históricos niveles de popularidad; Esta novedosa situación, que más adelante se extendería hacia toda la región, produce la aparición de noveles figuras provenientes de campos ajenos a la tradición política que disputarán el acceso al poder. Para las elecciones de abril de 1990 Se disputarán el triunfo el galardonado escritor Mario Vargas Llosa y su rival, el ignoto y ascendente ingeniero Alberto Fujimori; la segunda vuelta electoral favorecerá al candidato de “Cambio 90”, llevando al ahora popular “Chino” al Palacio de Pizarro.
Continuando con la recorrida por Sudamérica narraremos lo sucedido en Bolivia en este decenio, comenzaremos señalando que para julio de 1980 el gobierno de tipo parlamentario de la débil presidenta Lidia Gueiler será derrocado por un golpe militar encabezado por el General García Meza, que buscaba evitar el acceso al poder del candidato electo Hernán Siles Suazo quien se había comprometido a investigar profundamente una seria denuncia sobre la participación de altos mandos militares en turbios negociados relacionados con el narcotráfico. En los 155 años de vida independiente de Bolivia la dictadura de García Meza se había transformado en el 189º gobierno, lo cuál demostraba palmariamente la extrema debilidad de la institucionalidad democrática en este empobrecido país andino.
El llamado “golpe de la cocaína” había contado con el asesoramiento del fugitivo nazi Klaus Barbie y de varios oficiales argentinos, quienes participarían en la feroz represión de opositores, y con el financiamiento de los “Barones de la Coca” y del remanente de la tradicional “Rosca minera” del clan Patiño y, naturalmente, con el visto bueno de la CIA.
Los golpistas desataron una sangrienta persecución de disidentes que generó la muerte de decenas de opositores, entre otros la del joven y promisorio dirigente socialista Marcelo Quiroga Santa Crúz, afianzaron los lazos que los unían con las dictaduras regionales, que permitía una continuación del Plan Condor de los ’7O, se alinearon ortodoxamente con Washington y procedieron a “concentrar” el negocio del narcotráfico en pocas manos, a cambio de una generosa participación del generalato en dichas actividades.
El ala liberal de la administración Carter presionó para que el Departamento de Estado declarara el boicot a la emergente dictadura boliviana, que tuvo que dejar el poder dos años después en el marco de la nueva política hemisférica “democratizadora” de Washington.
Para octubre de 1982 el candidato electo Siles Suazo pudo acceder al poder, aunque debió abjurar de la mayor parte de sus promesas electorales y olvidarse para siempre de la planeada investigación sobre narcotráfico de la plana mayor de las FFAA del altiplano en el marco de la agudización de la crisis económica y el alto endeudamiento, dejados como macabra herencia por el “golpe de la cocaína”, que lo escoltarían en su acceso al Palacio del Quemado y condicionarían toda su gestión.
Las sucesivas presidencias de Siles Suazo, Paz Estensoro y Paz Zamora a lo largo de la década del ’80 van a mantener las estructuras heredadas, agravando de esta manera la tradicionalmente dramática situación económica y social del país.
Luego del triunfo electoral de Paz Estensoro el economista estadounidense Jeffrey Sachs le es “prestado” por el ex dictador Banzer al nuevo presidente para que aplique las reformas neoliberales que, con la excusa de frenar el proceso inflacionario, “disciplinen en forma definitiva a la sociedad boliviana” dentro de los marcos previstos por la clase dominante. La aplicación de este tratamiento de shock potenció una inusual transferencia de ingresos, que promovió un enorme nivel de desigualdad que sumieron al país en niveles de pobreza aún mayores que los históricamente acontecidos en este estado andino.
La difícil situación económica, la falta de expectativas alternativas a las del “modelo hegemónico” y la traición de las promesas electorales por parte de los candidatos triunfantes generaron un marcado y absoluto desprestigio de los dirigentes de los partidos tradicionales que hace posible la “reaparición democrática” del genocida general Banzer que llegará al poder por intermedio de las urnas en el final del los ’90. El único aspecto en el que Bolivia mostrará progresos en esta época será en los elevados niveles de producción de coca, base de la economía campesina de Cochabamba y de la región del Chiapare, que le permitirá acercarse a la generada anualmente Colombia.
Esta década finalizará en Bolivia cuándo las elecciones presidenciales de mayo de 1989 señalen un empate técnico entre el oficialista Gonzalo Losada y el ex dictador Hugo Banzer, obligando al Parlamento a definir la situación. Finalmente la Asamblea Legislativa lauda a favor de Losada, postergando el deseo de Banzer de retornar al Palacio del Quemado por vías democráticas.
El Chile de la salvaje dictadura de Pinochet durante la década anterior había aplicado a rajatabla los planes draconianos sugeridos por los economistas neoliberales y monetaristas de Milton Friedman, que disciplinaron a las fuerzas laborales de manera estructural, mostrando a esta experiencia como digna de ser imitada no solamente en el tercer mundo.
Esta versión interesada de la realidad ocultaba que el régimen había recibido en el decenio 1974/84 más de 20.000 millones de U$D en concepto de ingresos cupríferos, originados en la nacionalización del cobre realizada por el gobierno socialista del malogrado Salvador Allende.
También olvidan los gurúes de la economía, que batieron jubilosamente palmas por la “apertura” aplicada por la dictadura, del costo social de la aplicación del ajuste neoliberal, que redujo a la mitad el ingreso salarial, incrementó la desocupación en un 30%, ocasionó la quiebra de varios centenares de pequeños comercios y talleres artesanales y extranjerizó buena parte de la infraestructura económica del país. Así mismo quintuplicó el monto de la deuda externa entre 1973 y 1984, elevándola a más de 20.000 de dólares. Esta situación señalada también potenció la ascendente especulación financiera generó para principios de 1983 un profundo crack del sistema, ocasionando el derrumbe de varios bancos y la estafa a más de 130.000 pequeños inversionistas que habían confiado en el sistema de ahorro de Fondos Mutuos. De esta manera se evidenciaba el verdadero rostro de la economía de mercado puesta en marcha luego del trágico 11 de septiembre de 1973.
La injerencia externa en esta etapa se concretará abiertamente cuándo la dictadura firme a mediados de 1985 un tratado con los EEUU, por el cuál cedía a la NASA una instalación de estudios climáticos y el aeropuerto de Mataveri, en la isla de Pascua, para su utilización por el transbordador Challenger a cambio de los “buenos oficios” de la Administración Reagan en el logro de una línea crediticia del F.M.I.
En el plano político al comenzar la década del ‘8O la dictadura militar del general Pinochet ante el manifiesto desprestigio de su régimen, que se encontraba acosado diplomáticamente y sumamente cuestionado en el plano interno, decide realizar una consulta popular, que era copiada de las llevadas a cabo por el Generalísimo Franco, que le redituara cierto respaldo popular.
Para ello convoca para el 11 de septiembre de 1980, en el séptimo aniversario del golpe sangriento que lo llevó al poder, un referéndum en el que se impone aplastantemente por el 69% de los votos asegurando la permanencia del dictador en la Casa de la Moneda hasta 1988.
Esta maniobra no logra generarle a Pinochet una gran cuota de credibilidad interna y externa en función de los serios cuestionamiento a la “pureza” de la consulta, pero al menos permite la legalización de la oposición moderada y demuestra que la dictadura comenzaba lentamente a abandonar su rígida postura anterior mostrándose ahora dispuesta a poner en práctica algún tipo de dialogo con ella. La política “democratizadora” del Departamento de Estado para la región tampoco era ajena a los cambios sucedidos en Santiago.
Durante toda esta década la oposición a Pinochet desarrollará un duro enfrentamiento con el régimen a través de una serie de manifestaciones y huelgas sucesivas en demanda de una salida democrática y un mejoramiento en la situación económica y en el respeto por las libertades civiles que ocasionan un significativo deterioro político para el gobierno, que reacciona endureciendo la represión a través del accionar de los Carabineros, cuerpo de policía militarizada.
En el plano externo se incrementan las denuncias por el genocidio perpetrado luego del golpe de 1973 y por la actuación de la DINA, policía secreta, en la persecución de opositores fuera de las fronteras del país, destacándose el asesinato del Canciller de Allende, Orlando Letelier, exilado en los E. Unidos.
Una buena noticia para Pinochet llegará en 1985 con la firma del acuerdo diplomático con la Argentina en el litigio sostenido con ese país en referencia a la soberanía en la zona del canal de Beagle. Este conflicto, que amenazó con desembocar en una guerra fronteriza en 1978, concluyó con la intervención de Juan Pablo II a través del cardenal Samoré que logró una solución favorable a Chile: el canal y la zona del archipiélago en su prolongación hasta el cabo de Hornos pasaron a control de Santiago, en una discutible resolución geopolítica.
De acuerdo a lo pautado por la Constitución de 1980, surgida de los resultados del triunfo oficialista en el referéndum de ese año, el régimen decide convocar nuevamente al pueblo en 1998 para plebiscitar a través de una consulta al general Pinochet en el poder hasta 1999. Esta vez la oposición se organiza más sólidamente y aprovechando la progresiva debilidad del gobierno se alza con una victoria por el 55% de los votos con la bandera de “No a la dictadura”. La derrota de la propuesta oficialista abre el camino para las futuras elecciones presidenciales de 1990, que supuestamente enviarán al pasado 17 años de feroz autoritarismo político y económico.
La política estadounidense de “democratización hemisférica” también llegó a las cálidas tierras guaraníes, donde se mantenía incólume el poder del feroz dictador Alfredo Stroessner, en un país que no abandonaba su tradicional esquema productivo agrario de perfil cuasi feudal y que aceitaba su economía a través del contrabando y las regalías ofrendadas por los diversos emprendimientos hidroeléctricos en carácter de socio minoritario del poderoso Brasil.
La larga permanencia de Stroessner en el poder, se mantuvo 36 años, se quebrará una cálida madrugada de febrero de 1989, cuándo las tropas de su consuegro el general Andrés Rodríguez irrumpieron a sangre y fuego en las unidades militares leales para deponerlo. La negativa a renunciar al cargo fue superada por la amenaza de “volar el despacho presidencial con una granada” por parte del coronel Oviedo, quien incursionaría en la política en la década entrante. De esta manera heterodoxa Paraguay se sumaba al “concierto democrático” regional, tal cuál deseaban en Washington.
En el vecino Uruguay la dictadura militar para 1983, que había asumido el poder como parte del autogolpe de Bordaberry diez años atrás, se encontraba jaqueada por la presión combinada del agravamiento de la situación socioeconómica, el “nuevo mandato de Washington”, la apertura política en Buenos Aires y el tradicional espíritu de activismo político de la sociedad oriental. El régimen decide concluir con el proceso dictatorial para 1984, a través del llamado a elecciones, previo acuerdo con el mayoritario Partido Colorado por el cuál se garantizaba la impunidad para los delitos de Terrorismo de Estado, conocido como “Pacto del Clúb Naval”.
Las manifestaciones multitudinarias en Montevideo y en los pocos centros urbanos que posee Uruguay fuera de la capital, las permanentes huelgas sindicales y el regreso al país del exilado opositor Wilson Ferreira Aldunate, jefe del Partido Blanco, radicalizaron la situación política acorralando al régimen que se preparaba para acordar la transición con el partido que resultara vencedor en los comicios de fines de año. Con el 40% de los votos el Liberal Partido Colorado, con Julio Maria Sanguineti como candidato derrota a su clásico oponente del partido Blanco y a la ascendente alianza de ideología izquierdista del Frente Amplio del general Seregni.
El país que recibe el nuevo gobierno se encuentra devastado por 12 años de dictadura militar que a través de una dura represión transformo a Uruguay en símbolo de exilio, tanto político como económico. Sanguineti comienza el proceso democratizador de la vida uruguaya liberando a los más de 200 presos políticos, que incluyó al jefe del grupo guerrillero Tupamaro Raúl Sendic, quien fallecerá tiempo después, luego el Parlamento restablece las libertades de prensa, sindical y de conciencia, anula la censura, comienza la investigación de las violaciones a los derechos humanos de la anterior dictadura y favorece el retorno de cientos de exilados.
Luego de un bienio de política económica expansiva, el gobierno de Sanguineti gira hacia el neoliberalismo desarrollando una serie de ajustes que deprimen la situación social del país y agravan la problemática del desempleo, lo que genera la primera oleada de exilio económico del renacimiento democrático.
En cuánto a la política de derechos humanos Sanguineti propone una amnistía para los militares y uniformados acusados de la desaparición de casi 300 opositores, luego de realizada la investigación pertinente; los sectores vinculados a la lucha en contra de la impunidad no pudieron imponerse en el plebiscito convocado por el gobierno, lograron solamente el 43% de los votos, para abril de 1989 con lo que la impunidad quedó legalizada. En septiembre de este año el partido Blanco llegará al poder, al vencer Luis Alberto Lacalle en los comicios presidenciales que le permitirán conducir el estado en el alba de la década de 1990. En estos comicios el Frente Amplio gana la Intendencia de Montevideo, con la candidatura del médico Tabaré Vazquez, llegando a una instancia ejecutiva luego de 30 años de creado.
La dictadura brasileña, que se mantenía en el poder desde 1964, tampoco puede escapar a los vientos democráticos que soplaban en toda la región al despuntar la década del ochenta. Recordemos que los militares de este cálido país durante dos decenios implementaron un modelo de crecimiento económico basado en el ingreso de gran cantidad de capitales foráneos destinados a la construcción de faraónicas obras de infraestructura, como autopistas, centrales nucleares, represas, fabricas y emprendimientos armamentísticos, que, si bien le dieron al país un nuevo perfil industrialista, incrementaron el endeudamiento externo hasta los 100.000 millones de dólares con el consiguiente nivel de dependencia financiera de los organismos internacionales de crédito. Así mismo no se quebró el tradicional esquema social “dualista”, que sintetizó en el adjetivo “Belindia” una realidad según la cuál un tercio del país vivía en condiciones similares a las existentes en Bélgica, mientras el 70% transcurría su cotidianeidad en forma similar a la de los habitantes de la India.
En el plano político la dictadura de Joao Figuereido llama a elecciones presidenciales indirectas para enero de 1985, en las cuáles la oposición, Partido del Movimiento Democrático Brasileño, unificada en torno del democristiano Tancredo Neves derrotará ampliamente al político liberal Paulo Maluf candidato del oficialismo, del Partido Democrático Social. En forma inesperada y sin haber llegado a asumir el cargo Neves fallece en abril de ese año, facilitando la llegada al poder de su compañero de fórmula José Sarney.
Sarney en los dos primeros años de su presidencia desarrolló una política económica expansiva, destinada a elevar el nivel de vida de las masas populares a través de un modelo centrado en el consumo. Paralelamente estructuró un programa de integración económica de los países de la Cuenca del Plata, el Mercado Común del Sur (Mercosur), a través del apoyo del presidente argentino Raúl Alfonsín.
La falta de sólido sustento para la política económica expansiva de Sarney generó una estampida inflacionaria que devoró los efímeros logros del bienio 1985/6, generando una oleada de protestas populares que se potenciaron ante el ajuste ortodoxo implementado por el presidente para estabilizar la situación. La crítica situación llevó a Sarney a declarar una moratoria unilateral y parcial de los servicios de la deuda externa, como medida destinada a descomprimir el ahogo político del gobierno; los grandes tenedores de bonos de la deuda brasileña temieron por sus activos y presionaron al F.M.I. para que accediera a renegociar con Brasilia los plazos y montos de dichos servicios.
Para 1989 el ignoto gobernador de Alagoas, el liberal Fernando Color de Melo vencerá en las elecciones presidenciales a Ignacio Lula Da Silva, popular dirigente sindical de los obreros de San Pablo, candidato izquierdista del Partido de los Trabajadores (P.T.). La plataforma del nuevo primer mandatario augura un período de neoliberalismo para el Brasil.
En la Argentina esta década comenzará con el anuncio del dictador Videla de su reemplazo para 1981 por el general Viola, en un contexto económico marcado por la crisis terminal del sistema financiero de la “plata dulce”, que ocasiona la caída del Banco de Intercambio Regional (BIR), hace temblar a otra decena de bancos y eleva la inflación a un 80% anual, con una deuda externa de casi 30.000 millones de dólares. Mientras tanto el contexto internacional adverso acechaba a la Junta Militar por las secuelas de la desaparición de cerca de 30.000 opositores, agravada por la entrega del Premio Nobel de la Paz al luchador por los derechos humanos Adolfo Pérez Esquivel.
La política económica del breve gobierno de Viola agudizará la situación social general al quintuplicar el valor del dólar, incrementar en un 20% el monto del endeudamiento externo y generar una trepada de la inflación a más del 130%; ante este acuciante panorama la oposición política moderada decide unificarse en la Multipartidaria, para presionar a la dictadura y lograr una salida electoral. Este adverso cuadro socioeconómico y el constante deterioro del poder de Viola llevan a la Junta Militar a desplazarlo del poder, y nombrar en su reemplazo al general Galtieri para fines de 1981.
La irresponsable aventura bélica en el Atlántico Sur, entre abril y junio de 1982, conducida por Galtieri y los comandantes en jefe de la marina y la aeronáutica hunde definitivamente al Proceso de Reorganización Nacional obligando a los centuriones a convocar a elecciones para octubre del año siguiente.
La etapa de liquidación de la dictadura será conducida por el general Bignone, en un contexto de enorme fragmentación del poder militar, de un marcado empeoramiento de la situación económica, con un nivel anual de 400% de inflación y un endeudamiento de más de 50.000 millones de U$D, y de enorme popularidad de los partidos políticos ante la próxima salida electoral.
Raúl Alfonsín, candidato de la U.C.R, logra derrotar al peronismo y accede al poder para el sexenio 1983/9 en el contexto socioeconómico señalado. El primer año de su mandato llevó a cabo el enjuiciamiento de las cúpulas del proceso, se enfrentó con la oposición sindical y desarrolló un amplio plan de libertades democráticas y de moderadas políticas activas.
Durante el trienio 1985/8 el gobierno produjo un giro total en sus políticas que lo llevó a aplicar modelos económicos ortodoxos (Plan Austral y Primavera), una despenalización de los militares condenados y procesados, potenciadas por sendos alzamientos castrenses, un acercamiento al ala sindical del peronismo y al Brasil de Sarney en el contexto del proyecto integrador del Mercosur. La caída de popularidad de la gestión de Alfonsín, en función de las medidas tomadas, potenciaba el ascenso electoral del opositor peronismo.
Para 1989 el enigmático gobernador riojano Carlos Menem arrasará en las elecciones presidenciales de ese año, debilitando aún más la última etapa de la gestión de Alfonsín. Justamente este año la acción conjunta de la hiperinflación, la presión del ala “nacionalista” de las fuerzas armadas, el quite de apoyo de los organismos internacionales y de los grupos económicos y financieros locales generaron un agravamiento de la crítica situación social que posibilitó estallidos populares y cuantiosos saqueos de comercios. Ante este panorama se negoció el adelantamiento de la entrega del poder a Carlos Menem.
ASIA Y AFRICA EN LOS ‘80
Esta década comienza en forma traumática en el continente asiático cuándo el primer día del año 1980 un centenar de manifestantes iraníes y afganos asaltan la embajada de la Unión Soviética en Teherán, intentando realizar un hecho similar al producido dos meses antes en la legación de los E. Unidos, como repulsa a la invasión rusa a Afganistán.
El personal diplomático fue puesto a salvo por las autoridades locales, evitando así que sufrieran un destino similar al de los norteamericanos por parte de “estudiantes islámicos”.
Tres meses más tarde fracasa en forma estrepitosa el intento estadounidense de rescatar a los rehenes de Teherán, al estrellarse en el desierto los helicópteros que formaban parte del operativo de recuperación del personal como vimos oportunamente. Las autoridades iraníes deciden dispersar a los 52 cautivos en diversas casas particulares de los suburbios de la capital para complicar cualquier futura operación estadounidense. Para la misma época en Kabul se producen serios incidentes en el que mueren más de 500 afganos que manifestaban contra la presencia militar rusa en su país.
En julio de 1980 las calles de Teherán desbordan de entusiasmo popular ante la noticia del fallecimiento del Shá, en su exilio egipcio a los 60 años de edad, y luego de haber dirigido con mano dura la forzada “occidentalización” del país durante casi cuatro décadas en las que persiguió ardorosamente a la teocracia islámica dirigida por Komeini.
Su desaparición auguraba una mejora en las relaciones entre la República Islámica y la administración norteamericana; de todos modos los sacrílegos festejos durarán poco tiempo ya que en el mes de septiembre la aviación iraquí bombardea los campos petroleros iraníes de Abadán, dando así comienzo a la guerra del golfo que consumirá cientos de miles de vidas, una enorme cantidad de recursos y un sinnumero de esperanzas durante casi un decenio.
La guerra fronteriza obliga a Teherán a recurrir a Washington en busca de repuestos para el armamento pesado de su ejército, modernizado en la década anterior con material de origen estadounidense, lo que es aprovechado por el Depto. de Estado para incluir la libertad para los rehenes en las negociaciones con Irán. Finalmente en enero de 1981 los cautivos son liberados, a cambio de la entrega del material solicitado, a la promesa de revisión del pedido iraní para recuperar los fondos de Pahlevi y al compromiso secreto de no vender armamento a Hussein.
En la península coreana la situación geopolítica se mantenía dentro de los parámetros de la guerra fría: Corea del Norte permanecía dentro de un rígido modelo político y económico stalinísta, que dirigido por Kim Il Sung se apoyaba en una férrea alianza con Moscú para amenazar constantemente a su vecino con el lanzamiento de “la guerra de la reunificación definitiva” y se negaba reiteradamente a los pedidos de la O.N.U. para verificar sus nueve centrales nucleares sospechadas de producir armamento atómico.
Seúl por su parte aplicaba un sistema político dictatorial de igual rigidez que en el norte, aunque en el plano económico señoreaba un capitalismo salvaje que generaba violentas reacciones entre los sectores populares.
Naturalmente que el apoyo estratégico de Washington a Seúl y el ingreso indiscriminado de capitales externos, que aprovechaban las altas tasas de acumulación y las liberales condiciones en que se movían, generaron un interesante nivel de crecimiento, cercano al 15% anual, basado en la repetida receta de “exportación barata masiva y salarios de hambre” de la que se aprovechó la corrupta clase dirigente y el gran empresariado, pese a la virulenta oposición de las masas trabajadoras.
En octubre de 1979 el asesinato del odiado dictador Park Cung Hee, fue aprovechado por el nuevo “hombre fuerte” Chun Doo Hwan para lanzar una feroz represión sobre la oposición. Para mayo de 1980 se produce una gigantesca rebelión popular en la ciudad de Kwangju en contra de la dictadura, sostenida por la clase media, potenciada por el estudiantado universitario y liderada por Kim Dae Jong; la policía se lanza a la ofensiva y ahoga en sangre a la revuelta democrática: las imágenes de la televisión occidental mostraban la indiscriminada represión gubernamental sobre las columnas estudiantiles, que produjo más de 200 muertos, generando el desprestigio internacional del gobierno de Seúl.
El hábil Chung se consolidó en el poder a lo largo de la década articulando los intereses yuxtapuestos del gran capital foráneo, de las elites corruptas nativas y de la geoestrategia de Reagan para la región; así mismo la permanente amenaza de invasión norteña le aseguraba la férrea lealtad de los mandos militares. En setiembre de 1983 la aviación soviética derribó un boeing civil de Korean Airlines, que sobrevolaba sospechosamente la isla rusa de Sajarín, ocasionando la muerte de 269 pasajeros. Este incidente reforzará el apoyo militar estadounidense a Seúl y al cuestionado Chung.
Para 1987 promediando el mandato irregular del dictador el gobierno decide apoyar para los próximos comicios presidenciales al leal general Roh Tae Woo como candidato del oficialista partido de la Justicia Democrática, é inicia una operación política tendiente a dividir a la oposición y asegurarse, de este modo, la permanencia en el poder. La reacción popular no se hizo esperar: los estudiantes y sectores de clase media se lanzaron a las calles nuevamente para protestar contra el fraude en ciernes, siendo reprimidos ferozmente por la policia
La situación se tornó tan crítica que la embajada de los E. Unidos decidió intervenir para evitar la probable desestabilización de su aliado estratégico, finalmente luego de una serie de medidas destinadas a distender a la oposición Woo se impuso en las fraudulentas elecciones de fines de 1987; la reacción de la oposición volvió a complicar la situación política en las calles de Seúl aunque sin poder quebrar el mandato iniciado por Roh Tae Woo. El inicio de los Juegos Olímpicos en la capital coreana en septiembre de 1988 le permitió al nuevo gobierno utilizarlos políticamente en su propio beneficio
En el archipiélago filipino desde 1965 gobernaba de manera despótica Ferdinando Marcos, quien en el marco de la guerra fría había sido elevado al poder por la CIA como reaseguro ante las amenazas de tomar el poder en las íslas por parte de guerrillas de orientación comunista y de grupos secesionistas musulmanes, estas últimas en la ísla de Mindanao.
Para ello se había creado una falsa historia según la cuál el dictador había liderado la resistencia armada contra los invasores japoneses en la década del ’40 en espera de la liberación de su país por parte de tropas estadounidenses, cuándo en realidad había sido un vulgar desertor y colaboracionista de los nipones.
Durante casi dos décadas este corrupto gobernante, y su ambiciosa esposa Imelda, transformaron a su país en el mejor aliado de Washington en el sudeste de Asia, enviando tropas a Vietnam y a otras misiones de interés para el Pentágono, a través de una estructura de poder asentada en la oligarquia nativa, la jerarquia de la mayoritaria Iglesia Católica y el alto mando militar.
La clase media filipina, en el marco de una aguda crisis económica y la evidente corrupción de las capas dirigentes, se fue alejando de Marcos y centró sus esperanzas en la figura del periodista liberal Benígno Aquino. Este desarrolló una vasta campaña de prensa contra el gobierno, que lo llevó a la cárcel y luego a tres años de exilio en Estados Unidos para los inicios de la década
En agosto de 1983, al regreso de su expatriación forzada, Aquino fue asesinado en forma alevosa en el aeropuerto de Manila por sicarios de Marcos a las ordenes del general Fabián Vert, que quisieron luego encubrir el homicidio, terminó de desprestigiar al régimen é hizo crecer las protestas contra el régimen autoritario ahora acaudilladas por su viuda Corazón Aquino.
Durante tres años la población filipina, con el apoyo de sectores del Episcopado Católico y de la mediana burguesia, se lanzó a las calles para lograr la caída de Marcos. Ante la amenaza de radicalización del proceso político el Departamento de Estado decidió “soltarle la mano” a su antiguo aliado y coordinar con los altos mandos militares el desalojo del poder del anteriormente endiosado “héroe nacional”.
Como intento de perpetuarse en el poder Marcos decide convocar a elecciones presidenciales para febrero de 1986, en las cuáles recurre a un escandaloso fraude para evitar el triunfo de la candidata opositora Corazón Aquino. La situación es aprovechada por Washington para acabar con Marcos, otorgandole luz verde a los generales Ponce Enrile y Fidel Ramos para derribarlo del poder.
Luego del golpe, y de la huída de la odiada pareja a Hawai, asume un gobierno provisorio dirigido por la viuda de Aquino, que recibe una nefasta herencia económica y un estado anarquico dentro de las fuerzas armadas que condicionaran su débil poder a lo largo de un lustro.
En la India al comenzar la década se produjeron acciones violentas de grupos secesionistas de la minoría Sikh en los ricos estados norteños del Punjab y de Haryana, que pugnaban por separarse de Nueva Delhi desde la independencia del pais. La premier Indira Gandhi decide frenar la acción separatista enviando al ejercito hindú a ocupar violentamente el Templo del Oro en la meridional ciudad de Amritsar, un verdadero santuario de los rebeldes, que ocasiona la muerte de más de 400 defensores del mismo.
En venganza por este hecho la escolta de Indira, inexplicablemente integrada por oficiales sikh, asesina a la Primer Ministra en una parada militar en octubre de 1984. El magnicidio provoca violentos choques entre hindúes y sikhs que generan casi 10.000 muertos en la capital y otras ciudades del país. Rajiv Gandhi, hijo de Indira, lo sucederá en el cargo y también será asesinado siete años después; continuando con la serie de asesinatos de altos dignatarios inaugurada por el fundador del país medio siglo atrás.
Para enero de 1989 se produce en el Japón la desaparición física del Emperador Hirohito, quien había liderado su país desde 1926.Esta figura histórica muy cuestionada por el rol jugado en la fase militarista nipona y durante la segunda guerra mundial había logrado insertarse exitosamente en la “etapa democrática” de Tokio acompañando simbólicamente, ya que había renunciado a su “orígen divino”, el excepcional desarrollo económico logrado. Su hijo, Akihito, lo sucede en el trono de la monarquia más poderosa de la tierra.
La década finalizará en este continente en febrero de 1989 cuándo las tropas soviéticas se retiren de Afganistán, de acuerdo a la nueva politica exterior establecida por Gorbachov en el Kremlin. De esta manera concluían nueve años de conflícto, que provocó más de 15.000 muertos, casi el doble de heridos en el Ejercito Rojo y una mancha eterna en el orgullo de Moscú; mientras tanto en Kabul las diversas facciones afganas se lanzan a una guerra intestina por el control del país.
El panorama de Africa de la década del ’80 presentaba un cuadro económico crítico, que agudizaba los sempiternos problemas sociales centrados en la alimentación escasa y el angostamiento de las perspectivas de futuro; la aparición y expansión del virus del sida complejizará la de por si crítica situación sanitaria del “continente negro”.
Desde el punto de vista político los países del continente gozaban de casi una década de independencia política, aúnque no habían logrado el desarrollo económico esperado, y en algunos casos se lanzaron a guerras civiles ó intertribales que los desangraron humana y financieramente.
Al comenzar la década, el 18 de abril de 1980, la mítica y centenaria colonia británica de Rhodesia llegaba a la independencia luego de una larga y complicada negociación con Londres, dejando atrás una década de lucha armada, que la transformará en el 50º estado libre del continente.
El nuevo país, presidido por su líder marxista Robert Mugabe, pasó a denominarse Zimbabwe y traspasó el poder a la mayoria negra nativa; la otrora dirigente minoria blanca, encabezada por el ex premier Ian Smith y apoyada por la racista Sudáfrica, pasaba a ser una minoria en el nuevo Parlamento de la flamante nación independiente.
Justamente las autoridades de Pretoria sintieron como un gran fracaso la independencia de Zimbabwe, aúnque no por ello flexibilizaron las duras condiciones del apartheid bajo el que sojuzgaban a la enorme mayoria nativa negra.
Durante décadas mantuvieron encarcelado al mítico líder del movimiento negro sudafricano Nelson Mandela, continuaron aplicando una durísima política racista que favorecía a la minoría blanca, apoyaron a los grupos guerrilleros derechistas que luchaban contra gobiernos izquierdistas negros en el marco de las diversas guerras civiles y regionales, mantuvieron excelentes relaciones con dictaduras fascistas sudamericanas y con gobiernos derechistas de Israel, y se respaldaron en la política exterior de Washington para evitar el “vacio diplomático” que le imponia la comunidad internacional.
Al noroeste de Sudáfrica el gobierno racista de Namibia, prácticamente transformado en protectorado sudafricano desde 1915 y defendido por más de 50.000 soldados de Pretoria, luchaba a brazo partido contra la guerrilla independentista y marxista del S.W.A.P.O. en encarnizadas estrategias de “guerra sucia” que diezmaban a miles de campesinos namibios
Los rebeldes contaban, a su vez, con el apoyo del gobierno de Angola y de “internacionalistas” cubanos, que en número de 50.000 sostenían al izquierdista gobierno del Movimiento Popular para la Independencia de Angola, M.P.L.A., que asentaba su poder en Luanda y lo protegian de los ataques de las pro-occidentales guerrillas de la U.N.I.T.A. y el F.N.L.A. Tal vez esta situación del sudoeste africano sea la que mejor ilustre la interacción mútua entre los conflíctos este-oeste y los del norte-sur.
Para diciembre de 1988 la conflictiva situación regional, que arrastraba más de una década y media de guerra civil é internacional, comenzó a perfilar una salida diplomática, a partir de un tratado entre las partes, por la cuál Sudáfrica retiraba las tropas de Namibia a cambio de un similar política de Cuba en Angola y ambos se comprometian a “garantizar el proceso de independencia de Namibia” para abril del año siguiente.
Para 1989 la distensión política en Namibia, y la “retirada de Cuba y Sudáfrica” potencian un principio de solución pacífica para la guerra civil angoleña entre el gobierno y las guerrillas del UNITA de Savimbi. Naturalmente que el giro en la politica exterior de Moscú a partir de Gorbachov, y el inicio de una etapa de disuasión con Washington que preanuncia el final de la guerra fría, aceleran la solución política de los conflíctos del sur del continente. En el caso angoleño entre 1989 y 1991 las distintas facciones internas en lucha llegarán a un acuerdo de paz, que frena la hemorragia económica y humana que la guerra civil había generado a lo largo de una década.
A su vez en la misma Sudáfrica para 1989 el Presidente De Klerk, sucesor del intransigente Botha, ante las presiones internacionales, las acciones violentas del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela y la disminución de la “ayuda roja” de La Habana y Moscú a los países fronterizos enemigos, decide dar un golpe de timón a la situación de su país iniciando una política de acercamiento a Mandela y los líderes opositores negros. Para comienzos de la década del ’90 las autoridades sudafricanas liberarán a Mandela, tras 27 años de encierro en las mazmorras racistas, legalizará al otrora archienemigo Congreso Nacional Africano y comenzará a desmontar el odiado apartheid: evidentemente una triste época se comenzaba a cerrar en el estado más austral del continente.
Para fínes de esta década comienzan en el ecuatorial Burundí los primeros incidentes, que se transformarán en impresionantes matanzas tribales tiempo después, entre la minoría privilegiada de los tutsis y la enorme mayoria marginada de los hutus. Los primeros contaban con el apoyo del gobierno y obligaban a sus vecinos a huir a la cercana Ruanda para salvar la vida; el inicio de la próxima década verá transformar en genocidio intertribal a este conflícto que despunta para fines de 1988.
GORBACHOV: EL FINAL DE LA U.R.S.S.
El 11 de marzo de 1985 el diario oficialista soviético Pravda anunciaba a sus millones de lectores que el especialista en derecho, de orígen caucásico, Mijail Gorbachov había sido elegido como sucesor del recientemente fallecido Constantin Chernenko como Secretario General del P.C.U.S.; con lo cuál llegaba al poder el más jóven miembro del Polítburó, quien contaba con 54 años, confirmando de este modo el intento de rejuvenecer las capas dirigenciales por parte de la Nomenklatura soviética.
El nuevo líder soviético premonitoriamente ya había anticipado en un discurso oficial en Londres en 1984 la decisiva impronta que su gestión dejaría en la historia rusa, cuándo sostuvo que... “Debemos llevar a cabo grandes transformaciones sociales y políticas en nuestro país”...
Al llegar a la cúspide del Kremlin Gorbachov se encontró, tal como vimos en el desarrollo de “La Unión Soviética en la década del ‘80”, con un pais que pese a hallarse en el punto más alto de su desarrollo militar y en la cúspide de su expansión geopolítica, evidenciaba una preocupante parálisis económica que afectaba el nivel de vida de la población soviética y un estancamiento manifiesto en el desarrollo de tecnologia de punta. Así mismo la corrupción de los funcionarios desprestigiaba al legendario régimen socialista ante la opinión pública, mientras la “herida sangrante” de la guerra de Afganistán horadaba el orgullo nacional de esta superpotencia.
Frente a este estado de cosas Gorbachov desarrollará un programa reformista, anclado en dos principios esenciales: la Perestroika, transformación ó reestructuración en ruso, que apuntaba a la reorganización económica en aras de mejorar la eficiencia productiva a través de la descentralización de las decisiones estrategicas, y, la Glasnot, transparencia en ruso, que centraba su accionar en la apertura política con un horizonte liberal y una transparencia en los actos de gobierno y una mayor libertad en el sistema político
Estas propuestas heréticas, para el ortodoxo contexto del Kremlin de la época, irán profundizandose en su aplicación a lo largo de sus seis años de gestión. Estas reformas radicales desmoronarán drásticamente el “dorado castillo socialista”, construído a lo largo de siete largas décadas y presentado por sus mentores como el “paraiso soñado”. De todos modos se debe señalar que este modelo socioeconómico, ahora anquilosado y con evidentes necesidades de cambio, había transformado en solo dos generaciones al anacrónico imperio feudal zarísta en una superpotencia que dirimía con E.Unidos el control del orbe en el ocaso del siglo XX.
Gorbachov comprendió rápidamente que el excesivo gasto armamentístico, incrementados en un 30% durante la década anterior, insumían el 15 % del P.B.I., operaba como una sangría permanente en la alicaída economia soviética, por lo que decidió acabar con la expansiva “Doctrina Breznev” en materia de política exterior y se dispuso a negociar con la odiada administración republicana del duro, y ahora incrédulo, Ronald Reagan una consensuada “finalización de la guerra fría” a través de la aplicación de la doctrina del “Nuevo Pensamiento”, como se la conocerá en la jerga soviética de la época. Para confirmar este giro político la Unión Soviética se compromete a retirar las tropas de Afganistán para el inicio de 1989, poniendo fín a una década de sangrienta intervención en este pais montañoso, é inicia contactos con Occidente para acordar una reducción de armamento nuclear y estratégico.
Esta postura explicará la inacción de Moscú ante el desarrollo de políticas “separatistas” en el Pacto de Varsovia y en la propia U.Soviética a principios de los noventa por parte de sus aliados ó de algunas de sus repúblicas, aúnque al común de los soviéticos le preocuparan más los problemas económicos que afectaban su vida diaria que la estrategia geopolítica elegida por los jerarcas para “derrotar al odiado capitalismo occidental”.
En el plano económico Gorbachov sostuvo la imposibilidad de “enmendar el sistema vigente” y, por consiguiente, dio vía libre a la Perestroika, con la excusa de incrementar la eficiencia de la economia y transformarla en un instrumento capaz de responder acertadamente a las demandas de la población de laURSS de finales de los ochenta. Naturalmente que la dinámica de las reformas, centradas en la adopción de mecanismos “de mercado”, produjeron una situación muy cercana a la paulatina “restauración capitalista” en las heladas tierras de Lenin con la excusa de conseguir un “mercado socialista”; es necesario reconocer que a los historiadores nos faltan aún elementos precisos para explicar acabadamente la resignación ó incapacidad con que los distintos estamentos del “poder rojo” aceptaron estos violentos cambios que en menos de 6 años transformaron una superpotencia en un estado empobrecido y cercano en los niveles de vida a cualquier país del tercer mundo.
La Perestroika comenzó con un “blanqueo” de la situación económica real, en los planos nacional, estadual, regional y, finalmente en cada empresa, con lo cuál se evidenciaba el incumplimiento concreto de los objetivos señalados en el Plan de Desarrollo, Gosplan, de engorrosa planificación centralista. Este último fue desactivado y reemplazado por ambiciosos objetivos puntuales, de imposible cumplimiento en el contexto señalado, que resaltaban así la “necesidad del mercado” como factor de eficiencia: Gorbachov le ganaba a la burocracia la batalla discursiva y publicitaria, que le garantizaba un cierto consenso popular inicial a su ambicioso programa.
Los resultados logrados elevaron la cantidad y calidad de los productos elaborados, aúnque se tornaron de dificil acceso para las grandes mayorias soviéticas en función de su elevado costo y del incipiente desempleo, hasta ahora desconocido en la U.Soviética. Naturalmente que el nuevo sistema potenció una enorme transferencia de ingresos en favor de los nuevos sectores que dirigían las reformas de mercado, en muchos casos verdaderas mafias, que controlaban el incipiente “mercado negro”, y que comenzaría a vislumbrar una preocupante estratificación social que superaba en mucho la tradicionalmente existente entre la Nomenklatura y el ciudadano común en épocas anteriores a las reformas.
Las consecuencias de las reformas aplicadas en la economia soviética del quinquenio 1985/90 mostraba una marcada profundización de la crisis, la misma que Gorbachov decía querer evitar, que se manifestaba en los señalados alzas de precios y en el desabastecimiento de artículos esenciales, lo cuál había comenzado en el final de la era Breznev.
La respuesta del grupo reformista era proponer “más mercado” y “ audaces privatizaciones” ante la crisis, cargandole a “la transición lenta” la causa de todos los males: como corolario podemos sostener que la aplicación de la Perestroika en la U.Soviética no cumplió con ninguna de las promesas hechas al común de la sociedad, aúnque enriqueció a una estrecha franja de funcionarios y especuladores que se apropiaron de los miles de trozos en que se desarticulaba la “anticuada economia estatal”
En el plano político la Glasnot, como señalamos, tenía como objetivo desarticular el ortodoxo sistema autoritario y estructurar un “nuevo orden político” de raigambre liberal, que tuviera en Occidente el espejo a imitar.
Para 1988 se diseñó un sistema electoral que permitía la llegada al poder legislativo de candidatos que no fueran necesariamente propuestos por el PCUS, que así perdió el monopolio del poder político. Por esta norma muchos “reformistas” y “renegados del oficialismo comunista” iniciaron su nueva carrera política, entre los que se destacaron el ascendente Boris Yeltsin, por la República Rusa, el luchador de los derechos humanos y Premio Nóbel Andrei Sajarov y un importante número de opositores al “antiguo régimen”.
Volviendo a la situación soviética señalemos que para finales de 1990 la Glasnot se encontraba en su fase exitosa de desarrollo, que auguraba el triunfo final, pero la Perestroika ingresaba en una zona gris en la que la mayor parte de la población no encontraba ventajas palpables de su implementación por lo que la figura de Gorbachov no podía superar el estancamiento de popularidad, lo que preanunciaba oledas de críticas a su gestión y a amenzas palpables a su poder. Como sostiene Hobsbawn “La distancia entre la retórica de la reforma económica y la realidad de una profundización de la crisis se ensanchaba día a día..... como un gigantesco petrolero averiado la U.Soviética sé dirigia hacia los acantilados de la desintegración”.
El Comité Central del PCUS comenzó a integrarse con aliados de Gorbachov, que aseguraban la venia a todo el proceso reformista. Naturalmente que la “apertura” alcanzó a la prensa, los partidos políticos, los sindicatos y las diversas organizaciones culturales, religiosas y científicas: evidentemente comenzaban a aparecer y crecer estructuras alternativas a las que durante 70 años controlaron a la Unión Soviética.
Dentro de ellas se destacaban tres grandes sectores: los que postulaban una profundización de las reformas y la adopción del capitalismo en el plano económico y el liberalismo en el político; un grupo minoritario de nostálgicos del stalinismo, ó cuánto menos de Breznev, que veían en Gorbachov a un “traidor”; y, finalmente un amplio grupo y heterogéneo sector que reivindicaba un nacionalismo de raigambre histórica, que engarzaba en el “mosaico de nacionalidades” que era la U.Soviética.
En octubre de 1988 Mijail Gorbachov aprovecha la renuncia de Andrei Gromyko al cargo de Jefe de Estado de la U.Soviética, por razones de edad a los 79 años, para lograr que el adicto Soviet Supremo lo designe como reemplazante en la máxima jefatura de Moscú. Así mismo el leal Vadim Medvedev accederá al segundo escalón del poder. Evidentemente se consolidaba su poder en el pináculo soviético, potenciado además por “el pase a retiro” de decenas de ancianos jerarcas de la “vieja guardia” y su reemplazo por jóvenes leales a los nuevos vientos.
En 1989 Gorbachov inició una controvertida gira diplomática de gran trascendencia por Cuba, China y Alemania Federal y la ísla de Malta, para entrevistarse con el flamante Presidente norteamericano George Bush.. Al líder reformista ruso no le fue tan bien cuándo visitó en abril de 1989 a Fidel Castro en La Habana, con la esperanza de convencer al mítico jefe de estado cubano de las bondades de la perestroika. Los jerarcas de la ísla caribeña decidieron ratificar el rumbo ortodoxo de su Reolución; con lo cuál quedaba claro que “la especial relación económica”, la URSS subsidiaba generosamente la economia insular, entre dos aliados de la guerra fría entraba en su cenit y La Habana debía comenzar a reestructurar su futuro.
En Pekin Gorbachov fue recibido con frialdad, en mayo de ese año, por un Deng Hsiao Ping inmerso en los contratiempos que planteaba la “revuelta estudiantil” que ocupaba la plaza Tien An Men en demanda de una apertura liberal. Un gran éxito diplomático logró Mijail al entrevistarse con el Canciller germano occidental Helmut Kohl en junio de este año, con el cuál acordaron una reducción de los niveles de conflícto entre la R.F.A. y “su protegida” la R.D.A.
Algunos analistas sostienen que Gorbachov no se opuso rotundamente a los sondeos de Bonn tendientes al mejoramiento de las relaciones entre los dos estados separados por el Muro de Berlín y al hipotético inicio de un futuro proceso de reunificación teutón: Moscú habría garantizado la neutralidad soviética ante este proyecto.
En diciembre de 1989 en Malta Bush y Gorbachov acordaron dar por finalizada la “guera fría” y comprometerse a celebrar dos reuniones futuras en Washington y Viena para reducir los armamentos convencionales que ambas potencias habian instalado en el continente europeo.
Frente a los movimientos políticos del este europeo, tendientes a liberalizar sus regímenes y a abandonar el Pacto de Varsovia, Moscú se compromete a “no intervenir y respetar las decisiones de sus habitantes”: evidentemente se consolidaba el retroceso soviético y se preanunciaba una nueva era en las relaciones internacionales. La dinámica politica de la década del ’90 confirmará el éxito completo del sector nacionalista, en función de la enorme cantidad de estados que surgirán al implosionar la URSS. La región báltica y las ricas repúblicas petroleras musulmanas del Asia Central marcharan a la cabeza del proyecto secesionista, que aprovechará la crisis estructural de la “Santa Madre Rusa” para concretar los centenarios anhelos independentistas.
La situación será aprovechada tambien por los grupos liberales y nacionalistas opositores al oficialismo en los “estados obreros” del este para desbordar al oficialismo é iniciar el proceso que llevará a la disolución del Pacto de Varsovia y a la recuperación plena de su independencia política; destacandose el “caso alemán” que logrará de esta manera la anhelada reunificación nacional. Dada la complejidad, y proyección futura de este intrincado fenómeno, lo trataremos con detalle en el próximo apartado.
Con todo señalemos que en 1989 el canciller soviético, Eduard Shevardnadze, había anunciado el retiro de las tropas rusas del este europeo para el año próximo y la disolución del Pacto de Varsovia; con lo cuál se potenció la tendencia autonomistas de los antiguos países aliados de Moscú. Posteriormente el canciler, conciente del agravamiento de la crisis económica, decide renunciar a su cargo y distanciarse del mentor de las reformas que llevaban a la URSS al abismo.
Para agosto de 1991 un acuerdo entre diversos sectores soviéticos de “la vieja guardia”, nostálgicos de Breznev, Stalin y el pasado glorioso de la URSS, decidieron acabar con Gorbachov ante la promesa de este de independizar voluntariamente a 15 repúblicas soviéticas, mediante el Tratado de la Unión; de él van a participar el vicepresidente Yanaiev, el premier Pavlov, el jefe de la K.G.B. Kriuchtkov, el ministro de Defensa Yazov y otros jeraracas del Kremlin.
En un confuso episodio decenas de tanques rodearon el Parlamenteo, mientras detenian a Gorbachov en su residencia oficial de Crimea. La resistencia al intento golpista en Moscú la encabezó el lider de la República Rusa Boris Yeltsin, quien luego de 80 dramáticas horas logró movilizar miles de manifestantes para abortar el intento golpista y transformarse en el nuevo dueño de la situación poítica. Aparentemente los golpistas no lograron aceitar una sólida alianza para tomar el poder y “retoceder las agujas del reloj” de la historia, su derrota fue el entierro definitivo de la Unión Soviética.
El retorno de Gorbachov lo mostró como un fantasma político, que no podía tomar ninguna medida sin el aval del ascendente Boris Yeltsin. De todos modos completó su obra política al disolver el P.C.U.S. y asegurar la independencia del resto de las repúblicas soviéticas, aúnque se intentó mantener una ficción de “unidad nacional” con la creación de la efímera Comunidad de Estados Independientes (C.E.I.) en enero de 1992 que reemplazará a la extinta U.R.S.S. Previamente habiendo comprendido la debilidad de su poder decidió renunciar a su cargo en diciembre de 1991, cuándo ya casi no existía el país del cuál se hizo cargo 6 años antes, é inició el amargo camino del retiro político.
TERREMOTO EN LA PERIFERIA RUSA Y EN EL ESTE
Lenín había sostenido acertadamente en su etapa de conspiración contra Nicolas II que “la Rusia Zarista era la cárcel de los pueblos” para referirse a la problemática de las Nacionalidades en este vasto estado imperial euro-asiático, que abarcaba un sinúmero de pueblos eslavos varios, turcos y árabes musulmanes, armenios, caucasianos, bálticos, chinos, y siberianos agrupados, en la era soviética, en quince repúblicas que teoricamente gozaban de autonomia y del derecho de secesión en la Constitución de la U.R.S.S, desde 1923.
Hasta 1987 este enorme conglomerado había convivido pacíficamente, más allá de algunas rivalidades regionales y cierto odio a los rusos de parte de “la periferia” que nunca se manifestaba con franqueza. Pero la nueva política oficial de la Glasnot permitía ahora sacar a la superficie la disidencia acumulada, mientras que las penurias económicas de la Perestroika desprestigiaban al “poder central” y potenciaban las tendencias centrífugas de los nacionalistas.
La desarticulación territorial soviética se inició en 1988 cuándo un conflícto regional entre armenios y musulmanes en el énclave de Nagorno-Karabaj, territorio del Cáucaso Azerbaijano, con una población mayoritariamente armenia, causó centenares de muertos y obligó al Ejercito Rojo a intervenir para frenar las matanzas; la decisión estrategica moscovita de dejar de inmiscuirse en la problemática de las diversas republicas no resolvió definitivamente el conflícto señalado y fue el punto de inicio de la debacle geopolítica.
Los grupos nacionalistas de las repúblicas Bálticas, Letonia, Lituania y Estonia, publicitaron las actas secretas del Pacto Molotov-Von Ribbentrop (1940) en la cuáles se demuestra “la anexión ilegal por parte de Moscú” de estos estados para fundamentar sus deseos independentistas.
La emergencia de nacionalismos anti-rusos en el territorio de la agonizante Unión Soviética generó tambien, como oposición a ellos, la aparición de un nacionalismo ruso que revalorizaba los ancestrales valores culturales de este enorme estado-nación
Las montañosas repúblicas musulmanas del Asia Central eran grandes proveedores de gas y petroleo para la URSS, a cambio de recibir productos industriales y modernizacioón occidental; su filiación musulamna le permitía mirar con simpatia a la Revolución Islámica de Komeini y con antipatia la “aventura afgana”, con lo que se transformaban en un permanente dolor de cabeza para las autoridades centrales moscovitas al pretender hacer uso del derecho de secesión. En el Caucaso los Chechenos, emparentados con las repúblicas citadas se sublevaron, sosteniendo su derecho a ser independientes de Moscú.
En el este de la unión las repúblicas de Ucrania, Bielorusia y Georgia los grupos nacionalistas azuzaban los elementos culturales propios para acentuar las diferencias con Moscú y predisponer a la población nativa a aprovechar la crisis en que se encontraba la URSS para iniciar el camino independentista.
La emergencia de nacionalismo anti-rusos en el vasto territorio de la agonizante Unión Soviética generó, como respuesta a ellos, la aparición de un fuerte nacionalismo ruso que revalorizaba los ancestrales valores culturales de este enorme estado-nación. Boris Yeltsin, en su versión moderada, y el general Lebed, en un contexto virulento y xenófobo capitalizaron este sentimiento mayoritario en la población rusa. Se debe destacar que en el nacionalismo de las repúblicas eslavas aparecieron componentes fascistas y antisemítas que oscurecian peligrosamente este bagaje cultural y político.
Los fracasos de Gorbachov, y su renuncia en 1991, fueron el momento propicio para aprovechar la crisis terminal soviética en aras de declarar la independencia por parte de estos 15 repúblicas.Para mediados de este año el vasto territorio de la ahora difunta URSS había sido ocupado por estos nuevos estados independientes.
La burocratizada dirigencia comunista de los aliados soviéticos del Pacto de Varsovia contemplaba azorada la enorme profundización de la crisis de la URSS y la apertura de un escenario propicio para el abandono por parte de Moscú de esa dirigencia en el contexto de la nueva política exterior de Gorbachov, que no vacilaba en “retirarse del este europeo” en aras de reducir el gasto bélico y congraciarse con Occidente. Asi mismo la heterogénea oposición interna a esos regímenes aprovechará la nueva situación para movilizar sus huestes cercando a la Nomenklatura nativa y apostando a su rápida caída.
Ya señalamos que el eslabón más débil de los “estados obreros” era Polonia, ver Polonia entre Walesa y Wojtila, donde la exitosa estrategia occidental acorraló a las autoridades comunistas, que intentaron con la dictadura militar del general Jaruzelski (1981) encauzar la situación y “poner en caja” al movimiento Solidaridad de Walesa.
Los errores de la dirigencia nativa, la profundización de la crisis económica interna, el desinterés de Moscú por conservar Polonia dentro de su hinterland y la exitosa actuación de la oposición, potenciada por la popular Iglesia Católica, obligaron a convocar a elecciones libres para diciembre de 1990, en las cuáles Lech Walesa logró un enorme triunfo y comenzó a acelerar el proceso de alejamiento de Moscú.
Si Polonia fue el caso con raíces más antiguas de descomposición del este europeo, sin ninguna duda la problemática alemana fue la más paradigmática del mismo en función del peso específico de la situación teutóna y del valor simbólico de la caída del Muro de Berlín y de la posterior reunificación del poderoso estado centroeuropeo.
La República Democrática Alemana era el mascarón de proa de los estados del Pacto de Varsovia, en función de su desarrollo económico y en cuánto a estándar de vida de su población, aúnque estaba muy alejada de los niveles de la Alemania Federal. Solamente había sido dirigida por dos líderes en sus más de cuatro décadas de existencia: Walter Ulbricht, y desde 1971 Erich Honecker, quienes rígidamente conducian su país en el marco de un permenente control de los disidentes a través de la temida Stasi (policia política).
La década del ’80 mostraba en Alemania Oriental los mismos problemas estructurales que sufría todo el bloque soviético: disminución de los niveles productivos, escasez de productos, alto endeudamiento, obsolescencia tecnológica, excesivos privilegios económicos de la gerontocracia del Politburó, y una postura ortodoxa y arrogante, reacia a cualquier atisbo de reforma política ó económica.
En las relaciones con Bonn mantuvieron una férrea negativa a mejorar las relaciones , decidiendose en cambio a profundizar el distanciamiento, política de Abgrenzung, con los “hermanos del oeste”, con lo cuál desaprovecharon la oportunidad de contar con ayuda financiera de la R.F.A. para paliar la crisis que estaban soportando.
Se opusieron tajantemente a las reformas de Gorbachov y no oyeron los acertados consejos enviados por Moscú respecto a la efervescencia y profundidad de la oposición interna al régimen, con lo cuál se encontraron sin una acertada respuesta política a la crisis terminal que estallará en el segundo semestre de 1989 y que ocasionará el hundimiento definitivo de Alemania Oriental. La realidad demográfica demostraba que en el quinquenio 1984/8 más de 150.000 ciuidadanos de Berlín huyeron al oeste, en clara oposición a la política global de Honecker.
Finalmente la crisis final estalló entre julio y agosto de 1989 cuándo millares de ciudadanos de Alemania Oriental ganaron la calle en protesta contra el régimen, se asilaron en embajadas occidentales ó huyeron al oeste en número de 350.000, produciendo una grave situación diplomática a ambos lados de la frontera.
Los opositores se lanzaron masivamente a protestar el 6 y 7 de octubre de ese año en Leipzig, Berlín, Mecklenburgo, Dresde y otras grandes ciudades orientales, exigiendo la caída del gobierno. El 17 de octubre el poder comunista se desmoronó ante la renuncia de Honecker y de su sucesor designado Egon Krenz, de acuerdo a las presiones internas del decadente Politburó, que no logró consenso suficiente para reprimir a los rebeldes.
El todavia popular y moderado alcalde de Dresde, Hans Modrov, se encargo de timonear la transición agónica de la Alemania Democrática que concluiría con su extinción en octubre de 1990 en el marco de la reunificación con el oeste.Para ello autorizó la apertura de las fronteras, con lo que se incrementó el éxodo, legalizó a la oposición, inició un profundo acercamiento con las autoridades de Bonn y prometió renunciar al final del proceso. El 10 de noviembre de 1989 muchedumbres inorgánicas comenzaron la demolición, casi artesanal, del Muro de Berlín; con lo cuál caía el símbolo más emblemático de la posguerra y de la guerra fría.
En la vecina Checoslovaquia el liderazgo político trató de congelar al país, desde el punto de vista político, ideológico y económico; mientras la oposición clandestina al régimen la encabezaban sectores intelectuales, liderados por el popular dramaturgo Vaclav Havel, habían elaborado la llamada “Carta de los 77” en la que reclamaban por la adopción de reformas liberales en lo político y lo económico. La dura represión oficial controló a la oposiciónhasta que los “vientos de la reforma” llegaron tambien a Praga.
Las presiones populares, y el debilitamiento del gobierno, generaron la pacífica transición que comenzó con la renuncia colectiva del Politburó y del Presidente Husák a fines de noviembre de 1989 y la asunción de un gobierno provisional liderado por Havel y el reaparecido Alexander Dubcek, caído en desgracia luego de la invasión soviética de 1968, que comenzó a estructurar un nuevo sistema liberal.
La transición pacífica, que pasó a la historia como “la revolución de terciopelo”, no pudo evitar que en 1993 este país se divida en dos nuevos estados: al oeste se constituyó la industrial República Checa, liderada por el mítico Havel y con capital en Praga; mientras en el este se creó la agrícola República Elovaca, lidrada por Vladimir Meciar y con Bratislava como capital.
En Rumania el poder dictatorialmente unipersonal de Nicolae Ceausescu se esfumó, en forma trágica, en muy poco tiempo y como consecuencia del “eco proveniente de los cambios en el este” y la negativa del régimen para iniciar reformas necesarias. Concretamente ante la ola de reclamos populares las autoridades reprimieron violentamente a través de la Securitate (policia política) masacrando a más de 4.000 opositores; frente a
esta situación y luego de tres días de enfrentamientos armados él ejercito rumano se sublevó en la navidad de 1989, juzgó en forma sumaria y ejecutó a Ceausescu y a su odiada esposa Elena y le cedió el poder a un Frente de Salvación Nacional, integrado por algunos hombres del régimen caído, que triunfó en las elecciones de mayo de 1990 é inició la transición política y económica
Bulgaria fue el único país del bloque oriental que vivió la experiencia de una “revolución desde arriba”, es decir un golpe ejecutado por los jerarcas del Politburó a fines de 1989 contra Todor Zhivkov,el anciano de 80 años que había gobernado el país desde 1956. El cambio politico fue elaborado para impedir un cambio radical en la situación, permitiendo de esta manera una negociación politica con la oposición moderada que garantizara la situación de los hombres del régimen a cambio del dictado de una Constitución democrática en 1991.
En Hungria en mayo de 1988 el líder comunista Janos Kádar fue reemplazado en el poder por Karoly Grosz, que representaba el intento del viejo Partido Comunista de ponerse a la cabeza de los cambios políticos y económicos. Para ello el PC decide disolverse y transformarse en un moderado Partido Socialista en busca de timonear la transición al nuevo sistema hasta 1991. A partir de allí disputarán el favor popular en diversas elecciones con el derechista Foro Demócrata del futuro presidente Aer Goncz, en el marco de un proceso pacífico y ordenado.
En Albania, el más pequeño, atrasado y aislado de los países de Europa Oriental, los cambios que estamos narrando no afectaron radicalmente su situación. La misma se mantenuvo en un oscuro quietismo durante la larga dictadura stalinista de Enver Hoxha (1944/85) y no preanunciaba cambios durante la gestión de su sucesor Ramiz Alia, quien hizo oídos sordos a las demandas populares que se hacian sentir en Tirana. Esta situación, y la pobreza endémica de este montañoso país, generó un caos social y económico que produjo el exilio forzado de millares de ciudadanos: Italia fue el destino elegido, pese a la negativa de las autoridades de Roma a recibirlos.
En Yugoslavia los cambios producidos en el este de Europa, en el final de la década del ’80, vinieron a sumarse como revulsivo necesario para agravar completamente la particular situación de esta federación de diversos pueblos balcánicos, generar su cruenta implosión é iniciar una larga guerra entre sus antiguos miembros a lo largo de toda la última década del siglo xx. La profundidad del conflícto ameríta un tratamiento especial para el mismo.
REQUIEM PARA YUGOSLAVIA
El Tratado de Versalles había creado el reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (Yugoslavia ó los Eslavos del Sur)en 1918 dentro de un contexto políticamente “artificial” ya que había reunido en este territorio a diversas regiones del extinto Imperio Austro-Hungaro, las católicas Eslovenia, Croacia, a las ortodoxas Serbia y Montenegro, a las musulmanas Bosnia-Herzegovina y a la heterogénea Macedonia.
Durante la segunda guerra mundial los diversos componentes de Yugoslavia lucharon en campos opuestos en el marco del conflícto internacional, hasta que las fuerzas Partizanas del croata Tito unificaron la resistencia contra los invasores nazis y, luego de expulsarlos del país crearon la Federación Socialista de Yugoslavia, que integraba en un plano de igualdad a las seis repúblicas señaladas.
Como señalamos en el capítulo I durante cuatro décadas Tito controló férreamente a la federación en el contexto de una arriesgada separación política de la U.Soviética de Stalin, mientras iniciaba el liderazgo del Tercer Mundo. El secreto de su larga permanencia en el poder, además de la natural capacidad de liderazgo demostrada, se asentaba en el peligro de disolución de la misma ó en la amenaza de una invasión soviética.
La muerte de Tito, 1980, preanunciaba una pronta disolución de la federación en función de las notables diferencias económicas entre el norte del país, relativamente industrializado, y el resto del mismo que no superaba el estadío agrario; las diferencias étnicas y culturales entre los diversos componentes de la misma se potenciaron con la crisis económica del este europeo en el final de esta década, que conspiraron contra la unidad de este estado balcánico.
La problemática separatista fue instalada en forma semi clandestina por los croatas a partir de 1980, pese a la decisión serbia de compartir el manejo político de la Federación (1984) con el resto de los socios a través de una dirección colegiada en la cuál el presidente de cada república debía dirigirla durante un año, de esta manera Yugoslavia pudo mantenerse unificada durante la década posterior a la muerte de su líder histórico.
La agitación general del este europeo llegó a Yugoslavia en 1989 de manera particular cuándo la minoría de musulmanes albaneses de Kosovo comenzaron a reclamar una mayor autonomia en su provincia, para la misma época el gobierno montenegrino fue derribado por la presión popular opuesta al mantenimiento de la federación, en Croacia y Eslovenia la dirigencia regional abogó por el giro hacia una economia de mercado y comenzó a madurar un proyecto de secesión en el marco de la disolución de la Federación.
Frente a estas realidades las autoridades serbias, lideradas por Slobodam Milosevic optaron por enviar tropas federales a Kosovo y desatender las demandas del resto de las repúblicas y pusieron en marcha un plan para consolidar un esquema centralista que debilitó aún más los lazos que mantenían unida a Yugoslavia, aúnque potenció el nacionalismo serbio alrededor de su figura.
En pocos meses del año 1991 la Federación Yugoslava se desintegró velozmente en función de las aspiraciones de las fuerzas centrífugas anti serbias que apostaban a ella y la intransigencia de Belgrado para intentar una solución realmente federal, parodiando a Carlos Marx podemos decir que luego de 46 años: “Todo lo sólido se desvaneció en el aire”... en la bella Yugoslavia.
Para junio de este año Milosevic trabó la legítima llegada a la conducción anual de la federación del croata Stipe Mesic, la respuesta inmediata fue la declaración unilateral de independencia por parte de Eslovenia y Croacia: tropas federales servias fueron enviadas a las repúblicas rebeldes, estallando así la primer guerra civil en los Balcanes.
La necesidad de luchar en dos frentes convenció a Milosevic de la conveniencia de reconocer la independencia eslovena, y poder centrar su poderío bélico en territorio croata. Este ancestral enemigo, dirigido ahora por el ultra nacionalista Franjo Tudjman, contaba con apoyo militar secreto alemán; mientras Serbia recibía armamento de su tradicional aliada Rusia. El sangriento conflícto costó 25.000 vidas humanas y concluyó en enero de 1992 con la intervención de fuerzas de la O.N.U., que separó a los bandos y logró que Belgrado reconociera la independencia de Croacia.La crisis regional fue aprovechada por Macedonia para secesionar y declarar su independencia en setiembre de 1991, con lo cuál de la antigua federación solamente se mantenían unidos Serbia y Montenegro.
Justamente en abril de 1992 la República de Bosnia-Herzegovina, de mayoria musulmana, resolvió declarar la independencia unilateral con apoyo croata; lo cuál fue rechazado radicalmente por Belgrado quien ordenó una violenta ofensiva sobre teritorio rebelde, con la excusa de apoyar a la minoría serbio-bosnia: se inició así una nueva fase de la guerra civil yugoslava.
Los serbios de Bosnia sometieron a feroces bombardeos a Sarajevo, capital de la república sublevada, y lanzaron campañas de “limpeza étnica” en decenas de aldeas. Milosevic apoyó esta política en aras de concretar su sueño dorado de la “Gran Serbia”; naturalmente que los musulmanes de Bosnia desarrollaron una política similar que transformó al país en un infierno, que se engulló 200.000 victimas (el 85% civiles), produjo la migración forzada de 4 millones de personas, sin diferenciar etnias, ni pensamientos políticos, y que se desarrolló ante la mirada atónita y cómplice de la comunidad internacional.
Finalmente en diciembre de 1995 se llegó a una precaria paz, luego de cuatro años de guerra genocida, monitoreada por la OTAN, la ONU y la Unión Europea. En ella Milosevic y Tudjman se comprometieron a reconocer la partición de Bosnia en dos estados independientes, uno de mayoria serbia y el otro liderado por los musulmanes, garantizando la libre migración de los grupos étnicos por ambas repúblicas. Una fuerza militar de 60.000 soldados de la O.T.A.N. aseguraba el cumplimiento de lo acordado.
BUSH Y LA TORMENTA DEL DESIERTO
Luego de cumplir con sus dos mandatos presidenciales sucesivos (1980/88) Ronald Reagan, el ejecutor de la Revolución Conservadora, decidió abandonar su carrera política para retirase a su rancho familiar en el estado de California. Pero antes de culminar su último período logró que su leal vicepresidente, George Bush, fuera la cabeza del binomio republicano para las elecciones de 1988, al que se integró Dan Quayle como compañero de fórmula. Frente a ellos el partido Demócrata enarboló la dupla integrada por el gobernador del estado de Massachusetts Michael Dukakis y el senador texano Lloyd Bentsen.
Las elecciones del 8 de noviembre de ese año, con la habitual abstención de la mitad del electorado, han provocado un relativamente ajustado triunfo de los republicanos con lo que se garantizaba la continuidad de las grandes líneas directríces en la mayor potencia planetaria, que ahora tendrá como meta el monitoreo del proceso de desarticulación de la Unión Soviética y planificar los futuros planes para la política exterior que consolide la “pax americana”; el único cambio a producirse será el reemplazo del “clan californiano” por los tecnócratas texanos y del conservador este norteamericano.
En la tradicional ceremonia de asunción del cargo, 20 de enero de 1989, Bush confirma la continuidad de la política reaganiana cuándo al despedir a su antecesor expresó “... debemos agradecerle por todas las cosas maravillosas que ha hecho por América y que le han valido un lugar privilegiado en la historia y en nuestros corazones”.... Nada señaló el nuevo presidente respecto a la herencia realmente recibida: un enorme déficit fiscal, un elevado endeudamiento y la terrible concentración económica que generaba un mayor grado de diferenciación en el seno de la sociedad americana.
La nueva administración republicana recibió una mala noticia cuándo un jurado de Washington condenó al Tte. Coronel Oliver North a la pena de 9 años de prisión al reconocerlo culpable de haber participado en el llamado “escándalo Irangate”, negociado por el cuál el dinero que había pagado Teherán para reabastecerse de armamento estadounidense, utilizado para su guerra contra Irak, era derivado al sostenimiento de los Contras nicaraguenses; por supuesto que el fallo no indagó en las responsabilidades políticas del entonces presidente Reagan.
La dinámica de los sucesos políticos en la U.Soviética y en el este europeo confirmaba las hipótesis más optimistas elaboradas por el Pentágono: para noviembre de 1989 se derribaba el Muro de Berlín y con él se caía también Alemania Oriental, mientras seguian un camino similar los “estado obreros” del Pacto de Varsovia, y Gorbachov continuaba en el poder desarrollando los planes previstos. Esta situación consolidó la situación de EEUU en la cumbre de Malta en diciembre de 1989, con los jerarcas soviéticos donde se decidió poner fín a la guerra fría tal como señalamos más arriba.Con el “frente europeo” consolidado Bush decidió mirar hacia el Caribe para desembarazarse, a fines de diciembre de este año, del ahora molesto aliado panameño, Manuel Noriega, tal cuál lo desarrollamos in extenso en “América Latina: El patio Trasero.”
La caída del bloque soviético había dado pie a aventurados teóricos, como Francis Fukuyama, a sostener que con ella “había terminado la historia” y que el capitalismo se erguía como el sistema dominante a perpetuidad, mientras la democarcia liberal (EEUU) se imponía como la consolidación definitiva de los sistemas políticos humanos. Por suerte mientras haya vida en la tierra habrá historia, y desde un remoto territorio arenoso se derrumbará la profecía de los “mercaderes del pensamiento”, que ganan miles de dólares por halagar al “Rey Sol”.
En el Medio Oriente la situación geoestratégica al comenzar la década del ’90 mostraba la preeminencia militar y política de Irak en la región, en función de su relativo éxito en la larga guerra contra su vecino iraní, que como ya analizamos se desarrolló a lo largo de ocho sangrientos años. Saddam Hussein emergió de la misma con un alto grado de endeudamiento, pero también con una notable potencialidad bélica y prestigio político en el mundo árabe.
Justamente la necesidad de divisas, que obviamente vendrían del petróleo, y el respaldo militar que le daban los modernos armamentos adquiridos en Occidente, envalentonó a las autoridades iraquíes para planificar una invasión del vecino Emirato de Kuwait.
Hussein argumentaba, no sin razón, que Kuwait había sido parte de su pais hasta que los británicos llegaron a la región y decidieron “rearmar la cartografia” del mundo árabe en el comienzo del s. XX. En realidad Bagdad apuntaba al Emirato como represalia por el apoyo económico de este micro-estado a Teherán en la primer guerra del golfo pérsico. Probablemente el próximo objetivo de Saddam, si lograba que la comunidad internacional digiriera la invasión a Kuwait, consistía en atacar Arabia Saudíta para consolidarse como el líder regional indiscutido.
En agosto de 1990 las inmensamente superiores fuerzas iraquies arrollaron a las, casi policiales, defensas kuwaitíes en pocas horas de acuerdo a lo previsto por los jerarcas de Bagdad. Alertados tempranamente por la CIA la familia gobernante y los altos dignatarios kuwaitíes pudieron huír a la protectora Arabia Saudíta.
Previendo una avance iraquí sobre la muy cuestionada, en el mundo árabe, monarquia saudita el Presidente Bush envió tropas a este país para intimidar a Hussein y “convencerlo” de la necesidad de respetar la frontera saudí: la “Operación Escudo del Desierto” contuvo exitosamente a los invasores. Además le permitió a Washington ganar tiempo para armar una alianza estratégica, en la que se esperaba incluir a paises árabes, para pasar a la ofensiva y expulsar a los iraquíes del emirato.
La comunidad internacional deploró la operación militar de Saddam, con la excepción de Arafat, potenciando los planes “de castigo” que el Pentágono elaboraba a paso redoblado. El precio del crudo explotó hasta los 41 U$D, casi duplicando su valor, con lo que se avecinaban negros nubarrones económicos para Occidente; lo cuál explica la premura con que las grandes potencias avalaron la alianza militar que perfilaba Bush para estabilizar la región.
Los Estados Unidos lograron que las potencias de Occidente apoyaron activamente los planes para “recuperar Kuwait y dar un escarmiento a Saddam”, a este bloque se sumará lógicamente Israel é inesperadamente Siria y Arabia Saudita; China mantuvo una actitud neutral, mientras Rusia y Japón apoyaban las acciones pero no enviaban tropas. Bush logró, con el sostén incondicional de Gran Bretaña, que la ONU impusiera sanciones económicas a Bagdad y que autorizara las operaciones militares luego del plazo máximo del 15 de enero de 1991 en caso de no retirarse de Kuwait.
El 23 de febrero las fuerzas occidentales pusieron en marcha la operación “Tormenta del Desierto” con fulminantes ataques aéreos y misilísticos que llevaban por objetivo el destruir los sistemas de radarización iraquíes, a través del uso masivo de tecnologia bélica de punta, para lograr de este modo el monopolio del espacio aéreo con el cuál poder lanzar las decisivas ofensivas terrestres y navales. Las centrales de comando y las grandes concentraciones de tropas estratégicas enemigas fueron tambien el objetivo de los exitosos raídes de EEUU y sus aliados, en los cuáles se lanzaron más de 400 misiles diseñados como “armas inteligentes”, guiadas por láser. La CNN solo mostraba pantallas con fondo negro y cientos de lucecítas que la atravezaban, la nefasta experiencia televisiva de la guerra de Vietnam para el público estadounidense no volvería a repetirse.
Absolutamente desbordado en todos los frentes Saddam decidió enviar misíles Scud sobre territorio saudí é isarelí, en este caso para forzar el ingreso de Tel Aviv al conflícto y, de este manera quebrar el “frente áraba” dentro de la alianza enemiga. También recurrió a derramar petróleo en el Golfo é incendiar pozos petrolíferos, para generar un alza en el precio del crudo que conspirara contra el apoyo occidental a la alianza bélica armada por EEUU. Todos los intentos fueron abortados por el arrollador avance de sus enemigos.
Tras cuatro días de exitosas operaciones terrestres y anfíbias la alianza occidental obligó a los iraquíes a retirarse de Kuwait y retroceder aceleradamente hacia el sur de su propio país al ser perseguidos por las tropas enemigas. La rápida derrota militar de Bagdad produjo la muerte de más de 100.000 civiles iraquíes, de casi 100.000 soldados, una enorme cantidad de heridos y la ruina material de buena parte del país. De todos modos el derrotado Saddam pudo controlar, aúnque a través de una sangrienta represión, que incluyó armas químicas y produjo miles de civiles muertos, varios levantamientos de las minorías kurdas y shiítas.
El costo económico del conflícto para la alianza occidental vencedora se elevó a más de 58.000 millones de dólares, equivalentes al 1 % del P.B.I. estadounidense, de los cuáles la mayor parte la financiaron los paises ricos que acompañaron a Washington en la guerra pero que no enviaron tropas, Alemania, Japón y otras potencias del oeste de Europa.
Los Estados Unidos demostraron en este conflícto que se consolidaban como la única super potencia para el final del siglo XX y que ingresaban en el nuevo milenio con un poder absoluto, aúnque con la pesada carga de transformarse en “los gendarmes del mundo”. En el golfo se repuso en el poder a la jerarquía kuwaití, depuesta por la invasión iraquí; mientras que en Bagdad Saddam permanecerá en el poder, pese a la derrota en lo que llamó “La madre de todas las batallas”, en función de la inexistencia de un reemplazante acorde con los intereses norteamericanos en un pais tan estrategico como políticamente inestable.