Presidenciales ecuatorianas 2017. ¿Stalingrado o Waterloo? Fue Stalingrado.

Abril del 2017
Las elecciones realizadas en el país andino demostraron la falsedad del proverbio reaccionario que menciona el agotamiento o fin para el ciclo de los gobiernos emancipatorios (progresistas). La derecha pensaba que los momentos de alegría que le deparó diciembre de 2015 (triunfo de Macri en la Argentina y de la Mesa de la Unidad no muy democrática en las parlamentarias venezolanas) y la posterior deposición de Dilma Rousseff en Brasil irían conformando una América Latina unificada por el neoliberalismo y la subordinación imperial. El silencio de este editorial desde el último mes del 2015 se halla relacionado con la desesperanza en que nos sumió el triunfo del mamarracho que ocupa la Casa Rosada y habita la residencia de Olivos.
El polítólogo argentino Atilio Borón comparó la epopéyica lucha defensiva del pueblo soviético en Stalingrado contra la barbarie nazi con la que libraron sujetos subalternos andinos en dos vueltas. En la primera sólo falto medio punto para triunfar sin balotaje. En el comicio del 2 de abril sólo dos puntos separaron a vencedor y vencido. De haber triunfado Guillermo Lasso el resultado hubiere sido un Waterloo del siglo XXI, reedición de la batalla que acabó con el imperio napoleónico y abrió el camino a la restauración reaccionaria implementada en el Congreso de Viena. No importa en que ciudad se reuniese el congreso, lo que seguro se debatiría es como acabar con la Venezuela bolivariana, con la Bolivia de Evo, con la Nicaragua Sandinista y contra todo proceso emancipatorio que asome la cabeza. Para desgracia del imperio y sus seguidores y corifeos ganó un candidato independentista de nombre Lenin, por añadidira aunque con margen tan menguado que merece un mínimo análisis. En nuestra opinión la escueta diferencia se debió a cuatro causas principales. Ellas son
1) Un cierto conformismo y autocomplacencia en relación con lo construido, que llevó a los constructores y dirigentes del proyecto a creer que bastaba con lo logrado y su pregnancia para derrotar a la reacción.
2) Una cuestión de fondo desde el punto de vista sociológico: la dilución de las identidades propias de los sectores populares en la época actual- llamada por el fallecido científico polaco Bauman- sociedad de consumidores. La propensión al consumo lleva a ciertos sectores a dejarse seducir por el neoliberalismo y “su canto de sirena” contra el estado y los impuestos que cobra. Y no pueden ver que las gabelas que se recaudan sustentan sus posibilidades de consumir.
3) Los conductores del proyecto emancipatorio subestimaron el hecho que varios sectores de la izquierda y de los movimientos sociales e indígenas se alejaron de la revolución ciudadana.
4) Tampoco puede soslayarse la miopía, lindante con la ceguera, de los sectores mencionados en el punto 3 que llamaron a votar por Guillermo Lasso; como si los sectores populares pudieren esperar algo favorable de semejante personero de la reacción y el imperialismo. Aquí en nuestra Argentina está el vívido ejemplo con la presidencia Macri y como intenta mandar los derechos de los sectores populares al basurero de la historia.
Habida cuenta de lo antedicho se abren dos instancias: a nivel nacional la continuidad de la revolución ciudadana y sus logros. Desde el punto de vista internacional se logró un Stalingrado ecuatoriano, que ojalá preanuncie que las derrotas recientes de los proyectos emancipatorios sean sólo un respiro para tomar carrera y volver a disputar el control de nuestra América contra el imperio del norte.