Orgullosos del desastre

(Gustavo Rosa)
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Un editor del diario británico Financial Times preguntó en twitter cuál es la medida de política económica más loca del mundo y el 70 por ciento de sus seguidores votó por la deuda a 100 años que tomó Macri. Más que loca, inconcebible, como casi todo lo que ha hecho el Ingeniero desde su asunción. Y con el ‘casi’ para no sonar tan tajante. Desde nombrar dos jueces para la Corte y derogar leyes por decreto hasta eliminar pensiones y becas a pesar de haber prometido “no quitar la ayuda a nadie”. Desde impulsar la persecución al que se oponga hasta retroceder varios siglos con todas sus iniciativas. Los seguidores del periodista Robin Wigglesworth le erraron: lo más loco del mundo es seguir apoyando este disparate con pretensiones de gobierno que no para de destruir con cada paso que decide.

La deuda a 100 años es un extremo del absurdo. Así como los lectores de un medio europeo la encuentran alocada, los anonadados ciudadanos de este país deberíamos enloquecer las calles para condenarla. Y no sólo para manifestar nuestro descontento, sino para exigir que deshagan como sea este entuerto que condiciona el futuro de la peor manera. Además, para que el fiscal federal Juan Pedro Zoni se sienta respaldado en su decisión de imputar al ministro de Finanzas Luis Caputo, desafiando el poco apego que siente el Gerente de La Rosada SA por fiscales y jueces desobedientes. Según el dictamen, la emisión de este bono a 100 años es perjudicial para el Estado argentino, aunque algunos miembros del Gran Equipo salgan a ponderarlo. No sólo deberíamos enloquecer las calles para expresar nuestra disconformidad con un capricho tan doloso y respaldar al fiscal, sino para exigir al juez Ariel Lijo que no cajonee la causa y que impute también a los bancos que pergeñaron esta estafa.

También para poner un límite: en los últimos 18 meses, Argentina es el país emergente que más deuda en moneda extranjera tomó y para nada, porque no se invirtió para que la actividad económica repunte ni sirvió para bajar los intereses que impone la timba internacional. Cerca de 100 mil millones de dólares es la mágica cifra que alcanzó la pulsión endeudadora de los amarillos y crece todas las semanas, como si fuese una adicción incontrolable. A pesar de esto, el ministro Caputo dijo: “no me preocupa el nivel de endeudamiento”. Claro, porque la estafa de la deuda siempre cae sobre el pueblo y no sobre los que se benefician con ella. Que las pensiones a discapacitados y viudas, las becas a estudiantes y las jubilaciones estén en la mira del ajuste es el resultado de la despreocupación de los funcionarios que toman deuda al ritmo de sus latidos. Y no sólo eso: después de las elecciones legislativas, los despidos a estatales y privados se seguirán incrementando y los que queden deberán aceptar una flexibilización que los dejará al borde de la pobreza.

El electroshock del PRO

Locura es seguir apoyando la contradicción permanente que significa este cambio: prometían desarrollo y sólo promueven especulación; aseguraban unir a los argentinos y no paran de denostar a los que no son amarillos; se promovían como respetuosos de las instituciones pero no cesan de pisotearlas; juraban respetar “al que piensa distinto” pero recitan gansadas que entorpecen cualquier pensamiento; se mostraban como los pioneros del diálogo y el consenso pero aprietan a quien sea para imponer sus pesadillas. Locura es seguir creyendo que el Gran Equipo busca alcanzar la Pobreza Cero y la igualdad de oportunidades para todos.

Algunos lectores considerarán exageradas estas afirmaciones, pero un paneo sobre este año y medio inspiraría muchas más en el mismo sentido. Aunque Susana jure que Macri es honesto y Mirtha asegure que el empresidente no puede dormir por su preocupación por los pobres, se necesita mucha fuerza de voluntad para creer en sus buenas intenciones. En realidad, las buenas intenciones siempre están destinadas hacia los más ricos; para el resto, indiferencia y crueldad. Para los poderosos, miles de concesiones; para los más pobres, las consabidas promesas de los demagogos que se harán realidad en un futuro tan lejano que la espera será eterna. La punta de la pirámide social se llena mientras la base espera el derrame que nunca se producirá. Aunque ya se ha comprobado que este mecanismo sólo produce sequía, algunos alocados esperan una lluvia que sólo servirá para acrecentar la brecha.

En un apuro interpretativo, podría catalogarse la impronta de Macri como la de un Estado ausente, pero no: el Estado de Macri está bien presente a favor de esa minoría insaciable que siempre boicotea el bienestar de la mayoría. El Consejo del Salario fracasó por primera vez desde 2004 porque los empresarios se sienten alentados por los funcionarios a poner cada vez menos. Aunque los sindicatos exigían que el ingreso mínimo se sitúe en 15000 pesos para cubrir la canasta básica, el Gobierno impuso –otra vez por decreto- la exigua suma de 10000 que se hará realidad recién el año que viene. Total, si hay protestas, las fuerzas de seguridad siempre están disponibles para poner en acción sus impulsos represivos.

Lejos de avergonzarse por la desorganización de vidas que han desatado, se enorgullecen. El orgullo de recuperar los privilegios de una clase que ni en pesadillas padece una necesidad; de sumergir en la pobreza, el desamparo y la desesperación a una parte importante de la sociedad; de malgastar los fondos públicos para comprar vetustos aviones y buques de guerra cuando Ellos son los únicos que generan conflictos; de mantener presa a Milagro Sala como un castigo ejemplar para todo el que intente dignificar a los pobres; de contar con jueces y fiscales adictos que omitan castigar sus chanchullos y proscriban opositores con procesos incongruentes; de contar con medios apologistas que convenzan al público cautivo de que los desastres desplegados son necesarios para levantar al país; de reprimir las protestas sociales de manera bestial y controlar a los dirigentes gremiales; de no repartir kits para recién nacidos, netbooks, libros, medicamentos y vacunas.

De todo esto se enorgullecen todos los días. Por todo esto y mucho más se seguirán enorgulleciendo. Pero de lo que más se vanaglorian es de haber engañado a una parte de la población. No sólo se vanaglorian de esto, sino que lo siguen haciendo con total impunidad. Nada mejor que terminar con tanto orgullo burlón y tratarlos como lo que son: una despiadada banda que sólo hace negocios en su exclusivo beneficio.