MARX Y EL DOBLE CARÁCTER DEL TRABAJO

(Hernán Andrés Kruse)

En el comienzo de “El Capital”, Marx hizo la importante distinción entre el valor de uso y el valor de cambio. También destacó que el trabajo que se expresa en el valor presenta caracteres diferentes al trabajo que crea valores de uso. Marx considera al “doble carácter del trabajo representado por la mercancía” el tema central de la economía política, el eje en torno al cual gira su comprensión.
Marx se sumerge en una de las cuestiones más áridas de su magna obra. Para que su exposición resulte lo más clara posible, se imagina que una levita vale el doble que 10 varas de lienzo. Al ser un valor de uso, la levita satisface una necesidad concreta del hombre. La creación de ese valor de uso implicó necesariamente una específica clase de actividad productiva, de trabajo útil, que se determina por su finalidad, su modo de operar, el objeto, los medios y el resultado. Para Marx, entonces, el trabajo se vincula estrechamente con la utilidad. La levita y el lienzo son valores de uso cualitativamente diferentes, sirven para fines diferentes. De igual modo, los trabajos que les dieron origen son también cualitativamente distintos. El trabajo del sastre es diferente al del tejedor. ¿Qué sucedería si no existiesen estas diferencias cualitativas? Si la levita y el lienzo no fuesen valores de uso cualitativamente diferentes y los trabajos a los que deben su existencia no fuesen también cualitativamente diferentes, no podrían intercambiarse como mercancías. ¿Qué sentido tendría, por ejemplo, intercambiar una levita por otra? Junto a los diversos valores de uso o mercancías, existe en la sociedad una enorme variedad de trabajos útiles. Se trata de la división social del trabajo, cuya existencia hace posible la producción de mercancías. En la India antigua, narra Marx, si bien existía la división social del trabajo, los productos que allí se elaboraban no eran mercancías. El mismo razonamiento cabe aplicar para lo que acontece en el interior de una fábrica. Allí los obreros intercambian sus productos individuales, pero tales productos no son mercancías. Sólo revisten el carácter de mercancías aquellos productos elaborados por los trabajos privados que son independientes entre sí.
La mercancía como valor de uso representa un determinado trabajo útil. Para que los valores de uso se enfrenten como mercancías deben contener trabajos útiles cualitativamente diferentes. En una sociedad que cobija a productores de mercancías, la diferencia cualitativa entre los diferentes trabajos útiles realizados por productores independientes los unos de los otros, se va desarrollando hasta configurar la división social del trabajo. “Como creador de valores de uso, es decir como trabajo útil”, enfatiza Marx, “el trabajo es, por tanto, condición de vida del hombre, y condición independiente de todas las formas de sociedad, una necesidad perenne y natural sin la que no se concebiría el intercambio orgánico entre el hombre y la naturaleza ni, por consiguiente, la vida humana”. Ahora bien, las mercancías consideradas como valores de uso contienen dos elementos combinados entre sí: por un lado, la materia suministrada por la naturaleza, y por el otro, el trabajo humano. En consecuencia, “el trabajo no es (…) la fuente única y exclusiva de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es, como ha dicho William Petty, el padre de la riqueza, y la tierra la madre”.
Luego de efectuar este análisis de la mercancía como valor de uso, Marx pasa a analizar la mercancía considerada como valor. Había estipulado al comienzo que la levita vale el doble que 10 varas de lienzo. Se trata, obviamente, de una diferencia meramente cuantitativa. Si, por ende, una levita vale el doble que 10 varas de lienzo, 20 varas de lienzo y la levita representan la misma magnitud de valor. Si se considera a la levita y al lienzo como valores, se está en presencia de objetos de igual naturaleza, de “expresiones objetivas del mismo tipo de trabajo”, pese a que los trabajos del sastre y el tejedor son cualitativamente diferentes. Si se prescinde de la utilidad del trabajo, sólo queda de él el ser un “gasto de fuerza humana de trabajo”. Si se prescinde de la utilidad del trabajo del sastre y del trabajo del tejedor-que implican actividades productivas cualitativamente diferentes-, sólo queda el esfuerzo físico y mental de ambos. En consecuencia, tanto el trabajo del sastre como el del tejedor, son trabajo humano, “gasto productivo de cerebro humano, de músculo, de nervios, de brazo, etc.” El sastre y el tejedor aplican de diferente manera la fuerza de trabajo humano, que es la misma en ambos. El valor de toda mercancía, sentencia Marx, únicamente implica gasto de trabajo humano. Todo hombre común y corriente posee esa simple fuerza de trabajo. Al emplearla, trabaja. He aquí, para Marx, “el simple trabajo medio”, que cambia según los países, las culturas y las épocas históricas, pero que siempre existe en las sociedades. Cuando el simple trabajo medio se multiplica, surge el trabajo complejo. En consecuencia, un trabajo complejo pequeño equivale a múltiples trabajos simples. La experiencia se ha encargado de demostrar que diariamente se produce la reducción de trabajo complejo a trabajo simple. Una mercancía puede deber su existencia a un trabajo muy complejo; sin embargo, su valor la iguala con el producto del trabajo simple. La mercancía como valor sólo representa una específica cantidad de trabajo simple.
Al considerar a la levita y al lienzo como valores, se prescinde de la diferencia que existe entre sus valores de uso y, también, de las diferencias que se dan entre sus formas útiles, es decir, el trabajo del sastre y el trabajo del tejedor. La levita y el lienzo son, como valores de uso, el resultado “de la combinación de una actividad útil productiva”. El sastre utiliza la tela para efectuar una actividad que da como resultado la levita, mientras que el tejedor utiliza el hilado para efectuar una actividad que da como resultado el lienzo. Mientras que como valores, la levita y el lienzo sólo son “simples cristalizaciones análogas de trabajo” (…) “inversiones de fuerza humana de trabajo pura y simplemente”. Los trabajos del sastre y el tejedor, que son cualitativamente diferentes, forman parte de los valores de uso “levita” y “lienzo”. Considerados la levita y el lienzo “valores”, tales trabajos son pura y exclusivamente “trabajo humano”, con lo cual se hace caso omiso a tales diferencias cualitativas.
Sin embargo, la levita y el lienzo no son sólo “valores en general”, sino también valores que poseen una específica magnitud. La levita vale el doble que 10 varas de lienzo. ¿A qué se debe esta diferencia en la magnitud de valor? ¿Por qué la levita vale el doble que 10 varas de lienzo? Porque en las 10 varas de lienzo está contenida apenas la mitad de trabajo que contiene la levita. En relación con el valor de uso, explica Marx, el trabajo representado por la mercancía únicamente es relevante desde el punto de vista cualitativo; pero en relación con la magnitud de valor el trabajo sólo interesa cuantitativamente. En relación con el valor de uso, “lo que interesa es la clase y calidad del trabajo”. En relación con la magnitud del valor, lo que importa es “su cantidad, su duración”. Si la capacidad productiva de los trabajos útiles necesarios para la producción de X mercancía permanece invariable, su magnitud de valor aumentará si aumenta su cantidad.
Marx culmina su análisis del doble carácter del trabajo representado por las mercancías de la siguiente manera. Considera que hay una relación directamente proporcional entre la cantidad de valor de uso y la riqueza material, lo que significa que cuanto mayor sea la cantidad de ese valor de uso mayor será la riqueza material. Cinco levitas visten a cinco personas, mientras que una levita viste a una sola persona. Ahora bien, el aumento de la riqueza material puede correr paralelo con una disminución de la magnitud de valor que representa. ¿Cómo es ello posible? El doble carácter del trabajo lo explica, enfatiza Marx. La capacidad productiva alude siempre a la producción de trabajo útil. Se refiere específicamente a la eficiencia de una determinada actividad productiva útil, encaminada a una meta determinada dentro de un espacio de tiempo determinado. El rendimiento del trabajo útil, medido en la cantidad más o menos grande de productos, depende del ritmo en que incremente o disminuya su capacidad productiva. En relación con el trabajo que el valor representa, las modificaciones que se producen en la capacidad productiva lejos están de afectarlo. Durante el mismo período de tiempo, el mismo trabajo rinde idéntica cantidad de valor aunque su capacidad productiva se haya modificado profundamente. También puede arrojar diferentes cantidades de valores de uso, las que variarán en función de su capacidad productiva. “Como se ve”, culmina Marx, “el mismo cambio operado en la capacidad productiva, por virtud del cual aumenta el rendimiento del trabajo y, por tanto, la masa de valores de uso creados por éste, disminuye la magnitud de valor de esta masa total incrementada, siempre en el supuesto de que acorte el tiempo de trabajo necesario para su producción. Y a la inversa”.

Hernán Andrés Kruse
Rosario
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