MARIO VARGAS LLOSA Y SU EX AMIGO SARTRE

MARIO VARGAS LLOSA Y SU EX AMIGO SARTRE

Por: Néstor Espinoza.

En un reciente y no jocundo artículo periodístico, el premio Nóbel Mario Vargas Llosa nos habla de Sartre y sus ex amigos. Nos dice que un libro del estante suyo se vio a sus pies en momentos que él ordenaba su escritorio. Y era éste, justo, el IV tomo de Situaciones de J.P. Sartre. Justamente el volumen en el que se consigna los debates y la actuación política sartreanos. Añade que lo encontró lleno de sus anotaciones juveniles y se puso a releerlo.

Don Mario confiesa que las ideas de Sartre marcaron su adolescencia y sus años universitarios. Pero que después de veinte años de leerlo y estudiarlo devotamente quedó decepcionado de sus vaivenes ideológicos, sus exabruptos políticos, su logomaquia y convencido de que el esfuerzo mental que le dedicó a sus obras de ficción, sus mamotretos filosóficos (Sic), sus polémicas, hubiera sido más provechoso consagrarlo a otros autores.

Ahora, en su relectura setentona del tomo en cuestión, encuentra que, en la polémica que sostuvo con Albert Camus, sobre el problema del Gulag estalinista, Sartre resulta siendo un confusionista y sofista (Sic). Camus rompió con Sartre por la cercanía de éste con el partido comunista.

Otro intelectual que se convirtió en ex amigo de Sartre fue el filósofo Maurice Merleau-Ponty, compañero de estudios de filosofía y cofundador de la revista Les Tempes Modernes.

El novelista remata su artículo lamentando que hoy los grandes debates sobre los grandes problemas del hombre han sido barridos por la banalización y la frivolidad y el oscurantismo académico.

Es una pena que el tomo caído no fuera el tomo II, el que, sin duda, estaba cerquita no más del IV, o que Don Mario no pasara a él luego de defenestrar el volumen IV. Pues en el segundo volumen de Situations, Sartre
consigna y sustenta sus puntos de vista sobre qué es la literatura, qué es escribir, por qué escribir, para quién se escribe y el compromiso del escritor.

Nos hubiera gustado que el novelista nos dijera qué sigue pensando hoy de estos tópicos, que son los que interesan primariamente a todo escritor, más que la actuación política ya inexistente de Sartre, así como él mismo. Pero ya sabemos de su consabida costumbre de usar el puesto de escritor para sus ataques políticos al socialismo en una cerrada y fundamentalista defensa del neoliberalismo.

Es una pena que la casualidad se aliara con Don Mario para que su relectura se fuera por el lado de su conveniencia. Aunque a nosotros eso de la caída del IV tomo más nos parece una más de sus ficciones (léase mentiras) en las que es ducho y cuya verdad oculta no es sino la gran diferencia entre el crítico y el criticado. La diferencia es que Sartre era, siguió siendo y murió socialista y renegó del Premio Nóbel; y Mario Vargas Llosa renegó de su socialismo juvenil y de Sartre, pero no del Premio Nóbel que lo recibió con un candoroso discurso sobre su vida doméstica y sin la mínima crítica al capitalismo neoliberal, del que se ha convertido en su puntual adalid.

De otro lado, es de una ligereza soberbia y de una espantosa vulgaridad calificar de mamotreto filosófico el gran esfuerzo intelectual de Sartre en "El ser y la nada" y "Crítica de la razón dialéctica", por dilucidar asuntos centrales de la filosofía occidental, como la dialéctica y la alienación, en contrapunto con sus más grandes pensadores, Hegel y Marx, máximos exponentes de las dos grandes filosofías, la del pensar el mundo y la de transformarlo.

Llama mucho la atención, o no debería llamarnos ya, esta tozuda desubicación vargasllosiana de atacar a Sartre de sofista, al padre putativo de la ira juvenil del 68 parisino, la que estalló cuando todavía regía en Europa la llamada sociedad del bienestar, ahora que esa sociedad ya es una embarcación que hace agua, con inminencia de naufragio y cuando el neoliberalismo cuenta con millones de indignados en el mundo. ¿Acaso esto también no es otro tremendo sofisma, así como lo es igualmente lamentar la ausencia de debates políticos serios y defender al sistema que nos ha llevado a esta situación de banalidad y frivolidad?

La crítica vargasllosiana al Sartre de su fugaz adicción juvenil es tardía. Ya en su momento a Sartre le llovieron críticas de todos los lados y de todos los colores. Frente a ello, Pierre Trotignon decía de Sartre: "Injuriado, calumniado, renaciendo de lo que las almas honestas creían ser sus cenizas, Sartre fue para nosotros el genio bueno creador”.

“Con Sartre nos hicimos humo y saltamos la cerca de la cultura burguesa. Hicimos nuestro todo aquello que se reprochaba y no renegaremos nunca de ese pasado, ya que ¿quién nos ha mostrado la libertad en esta sociedad cuya historia desde hace veinte años es una lenta agonía de los hombres libres? Sartre ha sido entonces nuestro maestro”:

"Puede verse que vamos más lejos que Sartre o a otro ritmo. El planteaba que la reflexión filosófica debía fundar una ética y un compromiso político, nosotros pensamos que, por el contrario, en el mundo siniestro de inquisidores y verdugos que se prepara, sólo una radical definición del individuo, sólo un compromiso político, es decir fundamentalmente un arraigamiento ético, hará posible el pensamiento filosófico. La vida será dura para nosotros.(…) hoy estamos condenados a las burlas, mañana a las persecuciones. Pero cuando llegue el momento caerán las máscaras y se verá lo que valen nuestros mequetrefes críticos de Sartre. También se verá la silueta de Sartre, sólida y derecha. Vieja verdad que enunciaba. Fichte pero que sigue siendo verdad: se tiene la filosofía del hombre que se es, y creo distinguir entre los adversarios de Sartre algo así como el murmullo de cánticos mal camuflados; bajo su lenguaje sereno y altivo, que mezcla los vocabularios técnicos de la lingüística, de la etnología, del psicoanálisis y de la ontología, se oye la vieja melodía de la servidumbre satisfecha" (Sic) •.

Finalmente, el novelista dice que su relectura de Sartre ha sido algo melancólica. ¿No será otra ficción o sofisma? ¿Cómo puede haber melancolía con las maletas llenas de tantos diplomas y premios que han llegado hasta el Nóbel, por renegar del socialismo y de Sartre y aplaudir el neoliberalismo? Y Don Mario, con todo este humor negro contra Sartre, ¿habrá tirado al tacho sus Situations"?