MAESTROS EN LA ENSEÑANZA POÉTICA

(José G. Martínez Fernández)

Hacer un creador de poesía de alguna calidad es difícil, al menos que ese creador tenga el talento que doña natura hubiese puesto en él.

En todos los países existen maestros, verdaderos conductores de talleres, que intentan hacer de algunos creadores POETAS con mayúscula.

Difícil faena.

Recuerdo la anécdota de Ricardo Palma. Un joven que quería lucirse como aeda le preguntó la fórmula de hacer un poema. Don Ricardo, cuya sabiduría rompía muchos esquemas de la inteligencia humana, señaló al interesado de cuántas sílabas debía ser cada verso, de cómo debía construirse todo un poema y de que manera se podían lograr las asonantes y las consonantes en el mismo.

En la época de don Ricardo Palma poco se sabía de versos libres, de poemas a la usanza de Whitman, por ejemplo.

El joven interesado en ser artista de la bella poesía quedó aún en duda y preguntó al maestro peruano:

“Pero, en el medio…¿Qué debo poner en el medio?”

Le dijo entonces Palma algo así como: “Ah, ¿en el medio?. En el medio hay que poner talento”.

No es acercarse a un taller y a un gran conductor en el arte de enseñar ello para aprender a ser POETA, aunque sólo sea un creador “aceptable” y no un excelente bardo.

Digo todo esto porque hay decenas de miles de soñadores en todo Chile –como los hay en todo el planeta- buscando “aprender a escribir poesía”.

Allá en mi tierra, Arica, que por si sola es un poema, existen decenas de interesados en ser poetas y para saber si lo son recurren a los maestros de Arica que son muy pocos.

Arica tiene cerca de diez poetas aceptables y unos cinco excepcionales.

Y en maestría, conducción de poesía, se pueden citar a sólo tres:

Rodolfo Khan que, en su casa de Sotomayor, ha indicado el camino a muchos interesados en ser reales poetas y ha sido allí de donde ha surgido la mayor cantidad de vates “aceptables” de la ciudad.

La sabiduría de Khan impregna a sus contertulios. En su sencillo espacio, Khan entrega sus conocimientos sin egoísmo y se le quiere y se le admira por ello y por ser él también un gran poeta.

Otro maestro brillante es Luis Araya Novoa, ex profesor universitario, que otorga espacio a muchos que desean ser bardos. Sin embargo desde ese lugar han florecido un menor número de poetas de calidad “aceptable”, lo que no es responsabilidad del conductor que –también- es un excelente poeta.

Luis Araya Novoa argumenta y sus parlamentos son extraordinarios. Culto harta decir basta, Luis Araya tiene una sabiduría que quizá algunos no puedan asimilar para convertirse en POETAS de verdad.

El tercer maestro es Daniel Rojas Pachas, quien posee el don de integrar en su discurso una entrega vital para hacer comprender a sus contertulios lo que es la poesía, la buena poesía. Él también es un poeta de calidad.

Sorprende la cultura de Daniel Rojas Pachas, más aún cuando es dueño de mucha juventud y ya en esta juventud suya es capaz de “desmenuzar” los poemas como quien da un análisis muy profundo de una persona muy cercana.

Este profesor universitario es quien –en los últimos años- más ha difundido las letras de diferentes espacios del planeta desde su revista digital CINOSARGO y en Arica sólo tiene símiles anteriores en la revista TEBAIDA (ente vital en los años 70), y en la revista de poesía –impresa- PALABRA ESCRITA, que ya va camino al número 60.

Estos tres han sido los maestros de los que ya son poetas de algún valor en Arica y de los que sueñan con serlo.

En ellos está cifrado el futuro de las letras ariqueñas, en especial en Daniel Rojas por su juventud.

Ojalá no vaya a suceder con Daniel (aunque para él sería mejor) lo mismo que con Alicia Galaz y Óscar Hahn que se nos fueron de Chile rumbo a Estados Unidos y lo que también casi pasa con Luis Araya Novoa que estuvo a punto de irse por deseo de Óscar Hahn.

Si Daniel Rojas Pachas se nos va de Chile tendremos que buscar entre las piedras a una persona de cultura poética similar, a un maestro extraordinario, toda vez que, lamentablemente, Rodolfo Khan y Luis Araya ya tienen sus edades, y se nota ya el cansancio de estos dos adorables viejos sabios.