IDENTIDAD CULTURAL: QUE ES Y PARA QUE SIRVE

(José Antonio Luna Neyra)

Muchas veces lo hemos expresado: sin identidad cultural no habrá desarrollo, porque ésta es como una huella digital que le permite a un pueblo o una sociedad identificarse, saber quien es, de donde viene y a donde va. Pero ¿Qué es en concreto la identidad cultural?

Es el sello característico de un pueblo, son sus costumbres y tradiciones, su comportamiento, su historia y geografía, su educación, su arte, sus conocimientos, sus logros, son sus idiomas y sus razas, es la energía que impulsa y permite el desarrollo de su sociedad y hace posible los cambios en la organización de su Nación y de su Estado.

Identidad cultural también es alma, espíritu, amor por lo nuestro, meta común y acuerdo en lo fundamental para lograr el desarrollo. Es identificación plena con el pasado, el presente y el porvenir de una sociedad.

Los países adelantados de Europa, Asia y Norteamérica, por ejemplo, alcanzaron su desarrollo en base a su identidad cultural, cada uno con su propia realidad, con su historia y geografía, con sus propios hábitos, razas e idiomas, con sus obras y sus propias metas, y, por tanto, con sus propias huellas digitales.

La mayoría de esos países para conseguir su desarrollo consolidaron primero su identidad nacional, su Nación, y luego consolidaron su Estado, aparato político de su Nación. Es decir, primero lograron su independencia nacional, económica, social, cultural y política gracias a que tuvieron burguesías nacionalistas, revolucionarias y modernas que luego construyeron su Estado moderno y su desarrollo.

La evolución del Perú fue al contrario, primero construyó su Estado mientras que la construcción de su Nación y su independencia continúan inconclusas y su burguesía no es nacionalista, ni revolucionaria, ni moderna, sino una especie de vasallo y testaferro de los grandes monopolios extranjeros (imperialismo)

Es que los peruanos, desde la invasión española, nos enfrentamos todos los días a una vieja cultura foránea que domina el país, vieja cultura que promueve sumisión y servilismo hacia lo extranjero, el desprecio a lo nacional. Durante la república la influencia más notable es la de los EE. UU. que ha ganado mucho dominio en nuestra economía y política, en nuestras costumbres y forma de pensar, porque nuestras clases dominantes así lo quieren y porque les conviene para continuar enriqueciéndose.

La identidad cultural se contrapone, pues, a los grandes intereses foráneos y, consiguientemente, a los intereses de nuestra burguesía dependiente, atrasada y antinacional. Pero, al mismo tiempo, es indispensable para lograr el desarrollo de nuestra sociedad. Esta es la gran disyuntiva que los peruanos tenemos que resolver.

De este apretado análisis se puede deducir que son los pueblos y no los grandes capitalistas los más comprometidos en construir y consolidar nuestra identidad cultural, lograr la liberación nacional, cimentar la gran familia peruana y proyectar su desarrollo, el desarrollo de toda la sociedad.

Por eso, las autoridades, los gobiernos y demás instituciones públicas sin identidad cultural, no servirán jamás para lograr esta tarea histórica y si no logramos cambiarlos por otras autoridades y otras instituciones con identidad, seguirán primando las culturas y los intereses extranjeros por encima de nuestra identidad cultural, de nuestro bienestar, de nuestra Nación y de nuestro desarrollo.

De allí la gran importancia que tiene incluir en los proyectos de desarrollo, la identidad cultural, la identidad nacional o regional. Desdichadamente, ni el actual gobierno que se autodenomina nacionalista, ni el Congreso ni el poder judicial, ni la mayoría de colegios y universidades, gobiernos regionales y municipales del país están comprometidos seriamente con esta tarea. La política servil, antinacional, mezquina, sin identidad y sin alma, sigue dominando este Estado viejo y obsoleto y esta Nación indefinida y fragmentada.

En Chimbote y Ancash no habrá desarrollo sustentable y solidario, si sus autoridades continúan contratando empresas foráneas para que ejecuten las obras, si contratan funcionarios y profesionales de otras regiones, si en sus colegios, universidades e institutos no se dictan cursos de historia y realidad regional, si los grandes empresarios se enriquecen en nuestra región pero tributan y guardan su dinero en otros lugares, si los gremios sindicales y profesionales y los periodistas y escritores apoyan a autoridades, instituciones y empresarios sin identidad cultural.