ÁGUEDA CASTAÑEDA: Memoria de una gran amiga poeta.

(Rosina Valcárcel Carnero)

ÁGUEDA SILVIA CASTAÑEDA VECKARICH (Lima, 1948-1970), nace en Lima un año después que yo. Rebelde, idealista, vivió en la cuadra número 22 de la Avenida Iquitos en San Eugenio, Lince. Estudió en una Gran Unidad Escolar, internada varios años. Manejaba bicicleta veloz y temeraria. Juntas vendíamos libros en diversas tiendas y casas. Eran sus amigos íntimos: Federico y Leonidas Vélez y mi hermano Marcel. Hacia 1968 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para estudiar Letras. Fue una lectora infatigable de Alejandro Dumas, Xavier de Montepin, Emilio Zola, Franz Kafka, Oscar Wilde, entre diversos autores.

Le impresionó la obra Las uvas de la ira, Viñas de ira y Las viñas de la ira, es una novela escrita por John Steinbeck (1902-1968) y por el cual recibió el premio Pulitzer en 1940. Fue una obra muy controversial en el instante de su publicación, y resultó profundamente transgresora en su época.

Así mismo, amó Rayuela de Julio Cortázar, se sabía de memoria varios pasajes, recitaba “dientecito de ajo Rocamadour!”. (Rayuela, capítulo 68)

"Carta de la Maga a Rocamadour"

Bebé Rocamadour, bebé, mon bebé. Rocamadour:

Rocamadour, ya sé que es como un espejo. Estás durmiendo o mirándote los pies. Yo aquí sostengo un espejo y creo que sos vos. Pero no lo creo, te escribo porque no sabes leer. Si supieras no te escribiría o te escribiría cosas importantes. Alguna vez tendré que escribirte que te portes bien o que te abrigues. Parece increíble que alguna vez, Rocamadour. Ahora solamente te escribo en el espejo, de vez en cuando tengo que secarme el dedo porque se moja de lágrimas. ¿ Por qué, Rocamadour ? No estoy triste, tu mamá es una pavota, se me fue al fuego el borsch que había hecho para Horacio; vos sabés quién es Horacio, Rocamadour, el señor que el domingo te llevó el conejito de terciopelo y que se aburría mucho porque vos y yo nos estábamos diciendo tantas cosas y él quería volver a París; entonces te pusiste a llorar y él te mostró como el conejito movía las orejas; en ese momento estaba hermoso, quiero decir Horacio, algún día comprenderás, Rocamadour.

Y apreció Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

Admiradora del Che Guevara, de la Revolución Cubana y de los sueños libertarios. Tras desencuentros con sus padres buscó habitación en la Vivienda de nuestra universidad sanmarquina y ahí habitó los últimos dos años de su vida intensa.

La más cercana de sus amigas fue la poeta María Emilia Cornejo. También Gladys Acosta y Flor Guardia, entre otras. Nosotras tuvimos una amistad de novela. Éramos vecinas, tocayas, intercambiábamos libros, escribíamos poesía, nos narrábamos nuestras cuitas familiares, personales y literarias, montábamos bicicleta. Nos escribíamos cartas, casi como amantes, cuando ella estuvo internada durante los cinco años de Secundaria. La necesidad de comprender las cosas hondamente nos llevó a hallar salidas en otros espacios reales, en otros refugios, en otras idiosincrasias, entre el guevarismo y el budismo; entre la pasión y el fervor.

En la revista Kachkanirajmi, primera etapa, N° 4, diciembre 1969, enero 1970, p. 25, le editamos un poema de su autoría ácido, dramático, leamos un párrafo:

Es de feria hoy mi rostro: / Déjame que te pinte, mamacita/ cereza, cereza rica en los labios de mamá / arcoíris en las ojeras, en sus ojeras…mamá. / ¿Por qué hay agüita en tus ojos?.../ yo arreglaré los pliegues de la falda de mamá / ti escarmena su pelo pintado, despacito / que por eso llora mamá, porque le duele. / ¡Ya no te dolerá mamacita, ya no llores¡) (…) ¡Domingo, domingón, Dominguín en la plaza! / los niños, sus globos, su alegría y el turrón / y la feria de mi rostro en una banca / y el ojo vigía del pueblo, comentando y señalando / a la puta que ha salido / en domingo a la plaza con sus niños / ¿Por qué hay agüita en tus ojos mamacita?/ ¡Toma, toma mi turrón!)

A los 21 años, en la etapa de gran ilusión, ocurre un suceso funesto. Peri Paredes, sociólogo, Martha Gutiérrez, antropóloga, César Herrera, su novio, y ella van de paseo a la playa Punta Negra. Fue el Viernes Santo 27 de marzo de 1970. Beben vino, fuman yerba. Águeda juega en la zona prohibida, desafía al mar y muere ahogada, al lado de su compañero César, quien intentó a toda costa salvarla vanamente. Fue una tragedia para los hermanos de Águeda: Carlos, Marco, Ulises, Ana y Omayda, y, para los hermanos de César: Kari, Hugo, Ramón; y, singularmente, para nosotros.

Gracias al escritor Alberto Escobar, Decano de la Facultad de Letras, los restos de nuestros amigos pudieron ser velados en la vivienda de nuestra Alma Mater. Hubo cantos diversos “El arriero va”, “Lloraré” de los Chalchaleros de Argentina y se sintió el calor de sus mejores amistades. El discurso anti-familia de Juan Ojeda, botellas de pisco, mantas andinas, llanto general.

Posteriormente escribieron poemas-ofrendas: POEMA PARA LOS 22 AÑOS DE AGUEDA*, una crónica de amor en la que la amante se sueña acompañada mientras entra sin retorno al Pacífico y la luz del cuarto del poeta está apagada, en Un Par de Vueltas por la Realidad (1971) de Juan Ramírez Ruiz. Y, también José Rosas Ribeyro.

Su muerte prematura nos condujo al caos, la desolación y la tristeza. Dejó un libro inédito, que inicialmente tuve en mis manos, luego Ana su hermana me lo pidió para leer, y finalmente la madre se quedó con la obra inédita.

Escribí un texto inspirado en ella y se editó en el libro Contradanza:

ÁGUEDA

Eres aún una muchacha solitaria en la playa. Algo de pisco, algo de yerba, entre dátiles y palmeras. Es marzo y sangras. Tus ojos en Punta Negra son piedra y son noche. Eres la Medusa perdida que baña su diminuto cuerpo, el diminuto cuerpo de la desesperación. Bajo el rastro de la lluvia tu nombre desaparece y ni peces ni ondinas acarician el arrecife ni la clara sal de tu cuerpo. Asomas tus ojos verdes de infanta y te veo vagar sonámbula en las plateadas olas marinas. Adónde vas, muchacha. ¿Adónde? Eres una caracola de nácar y Dios no existe.

*"Hay siete muertos que pesan más que haber leído a Brecht y a Ciro Alegría. De esta sección suelo releer la claridad descriptiva, casi cinemática, de 25 MINUTOS EN PUERTO SUPE, y POEMA PARA LOS 22 AÑOS DE AGUEDA, una crónica de amor en la que la amante se sueña acompañada mientras entra sin retorno al Pacífico y la luz del cuarto del poeta está apagada. En estas viñetas de soledad trashumante citadinos y viajantes son retratados con pinceladas precisas por un voz poética que en cada momento es consciente de su labor, porque en ILUSTRACION No 2 (ASUNTOS PUBLICOS) conmina “ama tu tenacidad/ama tu abnegación/ama tu amplitud”. Cualidades necesarias para abordar el poema UPDVPLR".

"La Poesía de Juan Ramírez Ruíz como Trayectoria Mito Poética" por Fredy Amílcar Roncalla