¿CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN DE CRISTINA?

(Hernán Andrés Kruse)

Cristina Fernández de Kirchner es la figura política más importante de la Argentina en lo que va del siglo XXI. Más que Néstor Kirchner. Porque si bien es cierto que la primera presidencia se la debe a él, se vio obligada a soportar durante ocho largos y extenuantes años todo tipo de ataques, uno más artero y abyecto que el otro. Nunca en la historia contemporánea un presidente fue víctima de un proceso de esmerilamiento tan planificado y siniestro como lo fue Cristina Kirchner.

El calvario de Cristina comenzó en marzo de 2008. Hacía poco había ganado las elecciones presidenciales gracias a la buena gestión de su antecesor. El premio que recibió Néstor Kirchner le permitió a Cristina ser la primera mujer elegida presidente por primera vez desde el 25 de mayo de 1810. La oposición siempre la tuvo en la mira, fundamentalmente las mujeres, demostración palpable de una gran misoginia. En un orden jerárquico, las que más la odiaron-y siguen odiándola-han sido-y son-Elisa Carrió, Margarita Stolbizer, Graciela Ocaña, Patricia Bullrich, Laura Alonso, Chiche Duhalde y Gabriela Michetti. También la tuvo en la mira el monopolio mediático. Jamás deglutió su candidatura y mucho menos su predecible triunfo. Cuando estalló el conflicto por la 125, ese odio se expandió como un reguero de pólvora a lo largo y a lo ancho del país.

Por un simple aumento del nivel de las retenciones la corporación agraria desencadenó un conflicto que estuvo cerca de acabar con la presidencia de Cristina. Durante cuatro meses los tractores de la abundancia cortaron calles y rutas sin que provocara reacción alguna del diario La Nación, siempre propenso a enaltecer los valores republicanos. En esta oportunidad hizo mutis por el foro en una clara señal de apoyo a los campestres. La guerra que el “campo” le declaró a Cristina hizo florecer en amplios sectores urbanos los peores instintos. Un odio enfermizo se viralizó a través de los grandes medios de comunicación y fundamentalmente de las redes sociales. El país se partió en dos partes enemigas, irreconciliables, irreductibles. Cristina, por una cuestión de supervivencia, no cedió provocando la ira incontenible de los campestres, acostumbrados desde la época del general Roca a mandonear al presidente de turno.

La presidente logró sobrevivir a pesar de la traición de su vicepresidente. Pero quedó malherida. Sin embargo, poniendo en evidencia una notable capacidad de reacción, siguió al frente del Ejecutivo haciendo lo que mejor sabe: redoblar la apuesta. Poniendo en evidencia la sabiduría de aquello de que lo que no te mata te fortalece, Cristina sacó fuerzas de flaquezas obligando al Parlamento a trabajar con mucho ritmo con el objetivo de aprobar todos y cada uno de los proyectos que le enviaba la primera mandataria. En 2009 Cristina probó en carne propia lo que significó políticamente su enfrentamiento con los campestres. Las elecciones de medio término significaron un duro golpe político ya que a partir de diciembre la Cámara de Diputados quedó en manos del Grupo A, compuesto por enfervorizados legisladores anti K comandados por Carrió. Sin embargo, solo en una oportunidad obligaron a Cristina a tomar una decisión antipopular: el veto a la ley que consagraba el 82% móvil a los jubilados.

El 27 de octubre de 2010 falleció Néstor Kirchner. De repente Cristina se encontró ante una situación completamente inesperada. Jamás imaginó que su compañero de toda la vida dejaría este mundo a los 60 años. La vida la ponía a prueba como nunca antes lo había hecho. Una vez más, redobló la apuesta y siguió gobernando, pero esta vez en soledad. Su viudez y un repunte de la economía le permitieron ganar holgadamente las presidenciales de 2011. El establishment no salía de su asombro. Al día siguiente comenzó a preparase para una larga y cruenta guerra declarada por el orden conservador para impedir a como diera lugar la continuidad del kirchnerismo en 2015.

La segunda presidencia fue durísima para Cristina. El monopolio mediático y las redes sociales fueron creando un clima de hostilidad hacia la presidente verdaderamente inédito. El odio se había enquistado en el corazón de millones de argentinos fruto de una campaña mediática artera y sin límites éticos. En 2013 el oficialismo volvió a perder y muchos presagiaron el desmoronamiento definitivo de la mandataria. Una vez más, Cristina se recompuso y siguió gobernando siendo consciente de lo difícil que sería conservar el poder en 2015.

La campaña del odio terminó dando sus frutos. Millones de argentinos, carcomidos por ese terrible sentimiento, ingresaron al cuarto oscuro en octubre y luego en noviembre de 2015 para hacer escarmentar a Cristina. Macri fue en ese momento una figura decorativa. Pudo haber sido Michetti, Massa o quien fuera. Ese sector del pueblo sólo tenía en mente la destrucción de Cristina. Finalmente se produjo lo que se propuso el establishment: el odio puso a Macri en la presidencia de la nación.

Fuera del poder Cristina conoció por primera vez en décadas lo que significa estar en el llano, sin fueros que la protejan de los embates de la justicia. Supo desde un principio que el juez Claudio Bonadio la tenía en la mira y que no la dejaría en paz un solo minuto. A pesar de ello, Cristina no bajó los brazos y se puso como meta ingresar al Senado en 2017 por la provincia de Buenos Aires. Para ello debió sortear una serie de obstáculos, el más grave y doloroso protagonizado por dirigentes que habían estado al lado suyo hasta el 9 de diciembre de 2015. Consciente de que el PJ no la apoyaría nunca, decidió formar el espacio Unidad Ciudadana. Pese a tener todo en su contra, tres millones de bonaerenses la votaron en las elecciones de 2017. La ex presidente estaba nuevamente en carrera. Quienes le habían extendido el certificado de defunción política se equivocaron groseramente.

Pese a perder Cristina quedó como la dirigente de la oposición mejor posicionada en el país. Sin embargo, ello no impidió que el grueso de los obsecuentes senadores del PJ se encolumnaran detrás de Pichetto, un dirigente que hace honor a las palabras de Groucho Marx: “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo éstos otros”. Al asumir la ex presidente contaba con una escuálida imagen positiva y una espesa imagen negativa. Pero con el correr de los meses el panorama cambió.

Cristina adoptó una inteligente táctica: se guardó a silencio. Mientras tanto el gobierno de Macri no se cansaba de cometer errores sumamente graves. Ello condujo al país a sufrir los embates de una feroz corrida cambiaria que devaluó el peso y obligó al presidente a pedir socorro al FMI. Ello explica la abrupta caída de la imagen positiva presidencial y el repunte paralelo de Cristina. Lo que era inimaginable a comienzos de 2018 se hizo realidad en pleno otoño: muchas encuestas señalaban que en un eventual ballottage Cristina estaba en condiciones de retornar a la presidencia.

Fue entonces cuando hizo eclosión el escándalo de los cuadernos K. Obviamente que se trata de una operación política que fue planeada con mucho tiempo de antelación y que el establishment aguardó el momento oportuno para dar a conocer tales cuadernos a la opinión pública. Pues bien, ese momento llegó cuando Macri está a punto de besar la lona. El objetivo es el de siempre: destruir a Cristina. ¿Lo logrará esta vez? Nunca hay que subestimar el poder de fuego del orden conservador pero si durante una década no lo consiguió, ¿pero qué lo haría en esta oportunidad? Cristina demostró poseer unas espaldas gigantescas que le permitieron resistir embates de una ferocidad inusitada. Soportó que se dudara de la verdadera causa de la muerte de su esposo y de que sus restos estuvieran en el ataúd presente en las exequias.

Cristina aguantará esta nueva embestida como siempre lo hizo: con estoicismo. Si hay quienes creen que ahora sí pasará a ser un cadáver político nuevamente cometerán un error. Hay Cristina para rato y a pesar del deseo inocultable de algunos de verla en prisión, seguramente se presentará el año que viene para dar pelea. Y como siempre sucede en democracia, las urnas tendrán la última palabra.

En su edición del 4 de agosto Página/12 publicó un artículo de Luis Bruschtein titulado “Querido diario”. Escribió el autor: “Un título del portal de Clarín informaba ayer: “Explosión en una escuela: hallaron abierta la perilla de una hornalla”. Es la versión del universo que se comunica con los cuadernos voladores. Ni siquiera cuadernos: las fotocopias, porque los cuadernos fueron. La mañosa versión de la realidad que se escribe en los medios oficialistas y en los laboratorios de los servicios de inteligencia viene anunciando que se acaban las desgracias en esa versión de la realidad, donde la única gran noticia sería el triunfo de la Justicia contra la supuesta corrupción, única posible y existente, que para ellos es la de la década pasada” (…) “Las muertes de la docente Sandra Calamano y del auxiliar Rubén Rodríguez por un escape de gas en la escuela 49 de Moreno conmovió a la comunidad, fue un golpe terrible de la realidad que perforó el relato del oficialismo sobre la pereza de los maestros argentinos a los que presenta como inútiles y haraganes” (…) “El impacto del hecho trágico reveló a Sandra y Rubén como los protagonistas de una épica desinteresada y oculta, una épica solidaria que el neoliberalismo oculta detrás del discurso mezquino y engañador del “a mí nadie me regaló nada, todo lo hice trabajando” (…) “Pero el título de Clarín se adelantaba a cualquier peritaje y sugería que habían muerto por su propio descuido: habían dejado abierta la perilla de una hornalla” (…) “Una de esas dos versiones contrapuestas de lo que pasa es hegemónica, difundida sobre los soportes poderosos que disponen las corporaciones mediáticas y las granjas de trolls del gobierno que infestan las redes. La otra discurre sobre los pocos medios críticos que logran sobrevivir al acoso permanente del gobierno y sobre los medios alternativos. Al revés de la visión hegemónica que se alimenta de lo virtual, el soporte principal, el insumo que alimenta y da vida al otro circuito es lo que sucede en la calle” (…) “La visión hegemónica puede impactar con relatos virtuales como el de los cuadernos que desde su no existencia provocan el encarcelamiento de 14 personas y 34 allanamientos. Las fotocopias fantasmas de los cuadernos que no se encuentran fueron entregadas por operadores mediáticos al juzgado que ha demostrado su interés parcializado contra la ex presidente Cristina Kirchner. Operadores mediáticos más operadores judiciales” (…) “Parecía que iban a aparecer los cuadernos, pero por algún motivo hasta ahora no aparecieron. A pesar de esa ausencia probatoria decisiva, hubo sobreactuación judicial y gran cobertura de las detenciones y del contenido de las fotocopias, que cualquiera puede sospechar de fraguado” (…) “Todo huele a un gran armado de los servicios de inteligencia amplificado por los medios oficialistas y sectores del Poder Judicial a los que el gobierno encargó la persecución de la oposición política” (…) “El pedido de allanamiento de los domicilios de Cristina Kirchner en Santa Cruz y en la CABA, y las versiones sobre el pedido de su desafuero basado en las fotocopias desnudan la verdadera intención de la campaña en el marco del comienzo del año electoral para un oficialismo que viene muy golpeado. Y trasluce la intención de llegar a un 2019 muy parecido al de Brasil con Lula encarcelado” (…) “El escándalo por los cuadernos voladores se disparó cuando la denuncia por los aportantes falsos de Cambiemos en la campaña electoral crecía y desgastaba la imagen de Vidal. Apareció en medio del desastre económico con picos inflacionarios y salarios y jubilaciones a la baja, después del acuerdo con el FMI y los tarifazos impagables” (…) “Esa aparición milagrosa (la de los cuadernos) fue una tabla de salvación que permitió a las corporaciones mediáticas hablar de otra cosa que no fuera la caída de imagen de Vidal y Mauricio Macri y el desastre de la economía” (…) “La única batalla que puede dar el gobierno de Cambiemos es en el plano virtual. Después de dos años y medio de una gestión desastrosa ya no puede engañar prometiendo el cielo y las estrellas. Nada de Pobreza Cero, ahora es Cuadernos Gloria”.

En su edición del 4 de agosto La Nación publicó un artículo de Eduardo Fidanza titulado “Escenarios para Cristina después de los cuadernos”. Escribió el autor: “A estas horas no se sabe qué curso tendrá en la justicia la denuncia originada en la ejemplar investigación de los periodistas de la nación, encabezados por Diego Cabot. Hasta ahora el juez ordenó allanamientos y la detención simultánea e inmediata de los sospechosos, entre los que se encuentran ex funcionarios, pero también importantes empresarios, lo que constituye una novedad en la Argentina, aproximando la escena al Lava Jato brasileño” (…) “Argumentos consistentes se han ofrecido, sin embargo, para distinguir la situación de estas dos figuras y la de sus naciones. Existen al menos cuatro diferencias. En primer lugar, la naturaleza del caso: Lula está doblemente sentenciado por un hecho acotado de dádivas; Cristina está sospechada de encabezar una vasta asociación ilícita que habría estafado al Estado por centenares de millones de dólares. Segundo, las justicias de la Argentina y Brasil exhiben una eficacia muy dispar ante la corrupción: mientras que en nuestro país los resultados son muy pobres, en el limítrofe se desarrolla un vasto, célebre e inédito proceso judicial contra la corrupción que ha llevado a la cárcel no solo a dirigentes políticos, sino también a funcionarios de distinto rango y a poderosos empresarios. Las dos razones restantes que diferencian a Brasil y la Argentina no aluden a la esfera judicial, pero muestran la distancia entre ambas sociedades” (…) “Según Andrés Malamud, el protagonismo de los uniformados se debe a que ellos tienen una valoración impensable para nosotros: se los considera garantes del orden antes que una amenaza autoritaria” (…) “La mayor capacidad de movilización de la clase media completa el cuadro de diferencias” (…) “Cristina provoca reacciones muy dispares entre los argentinos, que van desde la defensa tenaz hasta el más grande de los desprecios” (…) “En promedio, posee una valoración demoscópica estable, de alrededor de un tercio de la población” (…) “A grandes rasgos, el tercio de Cristina se compone de una base amplia de adherentes férreos que la apoyan por razones ideológicas y por reconocer su obra de gobierno” (…) “Además de eso, Cristina recoge a algunos desilusionados de Cambiemos, pero su ambulancia resulta poco atractiva e ineficaz porque ese contingente no quiere volver a sus brazos” (…) “A pesar de la erosión del oficialismo es difícil que logre la presidencia si se postulara, porque alzarse con los votos necesarios para alcanzarla no depende solo del malestar económico, sino de un vuelco improbable: que la votaran los que ya la sentenciaron, abandonándola en 2013” (…) “Si no es posible disputar la presidencia, se le abre un segundo escenario: ir presa y victimizarse, con una diferencia clave respecto de Lula: estaría a la sombra, pero sin encabezar la carrera presidencial. El tercer escenario de Cristina depende del aún incierto peronismo racional: podría ser valorada en ese espacio si abdicara de su proyecto de poder, o segregada si insistiera en él. En síntesis, un futuro entre herbívoro, aislado y penitenciario, muy parecido a la decadencia”.